
Salmos para el camino
Anotaciones hermenéuticas a partir de los Salmos 120 y 121
Milton Schwantes
Resumen
Los Salmos 120 y 121 encabezan los “salmos de las subidas” (Salmos 120-134). Ambos están entre sí en tensión, porque el primero da énfasis a lo social, y el segundo a lo personal. Al interpretar esta diferencia entre estos dos salmos, se pretende caracterizar, en este breve ensayo, los énfasis exegéticos en debate en la actual lectura bíblica latino-americana.
Abstract
Psalms 120 and 121 heads the "rising or pilgrimage Psalms" (Psalms 120-134). Both are in tension because the first one emphasizes social aspects and the second one personal or individual ones. When dealing and interpreting the existing differences between these two Psalms, this brief essay pretends to characterize and to shape some exegetical emphasis of the current Latin-American reading of the Bible.
Los Salmos 120-134 se nos presentan como un conjunto, bajo el mismo título “salmos de subida”/xir ha-ma‘alot, de idas a Jerusalén. Su secuencia contiene una estructuración temática. No es por casualidad que el Sal 120 tenga una perspectiva tan clara en sus contenidos sociales. Se paroxima al Sal 130, Hasta en los detalles del lenguaje. El Sal 121 se diferencia, en mucho, de los contenidos de la canción que le precede. Pero su asunto tiene allá sus proximidades al Sal 131. Aunque el Sal 121 sea diferencia mucho del Sal 120, ambos contenidos se complementan: uno, el primero, da cuenta de los contenidos históricos, el otro de la protección y de la bendición provenientes de los fenómenos dela propia creación, de la naturaleza, como diríamos nosotros. En rigor, el Sal 122 también integra esta parte introductoria de la colecció de estos “salmos de la subidas”. Pero, en el contexto del presente ensayo, nos limitaremos a los dos primeros cánticos.
Soy extranjero – Salmo 120
1Canto de subida.
A Javé grité en mi angustia y me oyó:
2Javé, arranca mi vida de los labios de engaño,
de la lengua de mentira.
3¿Qué es dado para ti
y que te será acrecentado, lengua de engaño?
4¡Flechas de guerrero, afiladas con brasas de retama!
5¡Ay de mí!
Ya que soy extranjero (em) Mesec;
habito con las tiendas de Cedar.
6Demasiado habita mi vida con el que odia la paz.
7¡Yo paz!
- y he aquí que hablo -
¡Ellos para la guerra!
Un salmos agitado y militante encabeza la colección. Exige “paz”, sí, en el objetivo y en el horizonte de la justicia.
El estilo de estos versículos es nervioso. Las frases algunas veces quedan a mitad. No llegaron a estar bien completadas. Eso dificultad la comprensión de algunos detalles.
Las opresiones son amenazantes. Está en juego la vida. En medio del salmo está un “¡ay!”. ¡Equivale a desgracia!
Este “¡ay¡”, esta desgracia, proviene del “engaño” y la “mentira”. Y este engaño no es solo conversación contra esta persona ‘desgraciada’. Están en juego acciones concretas. En este caso, las menciones a los “labios” y “lengua” necesitan entenderse como partes de un todo, como todo el cuerpo de la gente opresora. Por eso, Javé tiene que “arrancar” al salmista; no bastaba ya defenderlo con palabras solamente. Y, por eso, es necesario reaccionar con fuerza y poder: ¡con flecha afilada! La cuestión es de vida o muerte. El texto es, pues, ‘nervioso’. El que ora está muy agitado. ¡Hay “demasiado” peligro!
Se puede percibir los motivos de tanto “aprieto”, de gran angustia. El problema es que quien sufre “engaño” y “mentira” es un “extranjero”. Lo expresa el v.5; lo considero como muy importante para entender el salmo.
Hay traducciones, como la de João Ferreira de Almeida, que entiende que el salmista sea un “peregrino”. Pero, el problema no es este; no se trata que los cantores del salmo están de paso por Mesec y Cedar. Allá ellos son “extranjeros”, por lo tanto allá “habitan” y viven.
Los hijos de Israel también fueron extranjeros en las tierras del faraón. Trabajaron y sufrieron como esclavos y esclavas en Egipto.
Igualmente, nuestros cantores son “extranjeros”, residentes en Mesec, “con las tiendas de Cedar”. Son trabajadores y trabajadoras huéspedes junto a los habitantes de estos lugares, Mesec y Cedar. Allá –cual jornaleros de un día– son pastores de ovejas, guardadores de rebaños, porque el término “tiendas” indica esta condición de vida de pastoreo, como también lo indica a la región a la cual corresponde Mesec y Cedar. Estos lugares se deben situar al nordeste de Palestina, en el interior de Siria.
Nuestros salmistas “extranjeros” deben estar siendo explotados en sus ‘salarios’ y en sus jornales diarios. Se puede ir a leer las historias de Jacob junto a Labán para ejemplificarlo (Gn 29-31); al final también ahí estamos al nordeste de la Palestina, en tierras siro-arameas. En este sentido, se puede entender lo de “labios de engaño”, “lengua de mentira” y “lengua de engaño” (v. 2-3). No se paga nada a la gente de afuera, ni se garantiza la sobrevivencia de los “extranjeros”. Se los hace deudores interminables. Por los cálculos de los señores de las tiendas, sus “extranjeros” siempre están debiendo. En la práctica, se los mantiene como esclavos.
Por eso, nuestros cantadores sufren durísima enemistad. Se les hace una verdadera “guerra” (v.7). Sus adversarios los odian, odian la paz (v.6). Sus labios y sus lenguas forjan robos en serie; y promueven la confrontación radical.
Además, el salmista no está mucho menos animado con la confrontación real. Se pregunta sobre lo qué hacer con esta gente engañadora. Sus respuestas son flechas bien afiladas, afiladas en la mejor brasa, la de madera de retama (v.4). El hierro afilado en el calor de la brasa de retama es especialmente eficiente. Con puntas de flecha, afiladas en brasa de retama, se pretende enfrentar a los adversarios espoliadores. El lenguaje es, sin ninguna duda, beligerante. ¡El salmista está preparado para lo que se dé y venga! Pero, la preferencia es por el no uso de las armas. Pues, usar armas, de acuerdo al Salmo 125,3, “extender la mano a la iniquidad”.
Por eso, esta gana de defenderse aún con flechas, desea la “paz” (v. 7). Obviamente “paz” aquí no es ausencia de conflicto, ni es calma aparente. Antes bien, la “paz” es similar a la justicia. Tiene el sentido de dignidad.
Por lo tanto, no es por casualidad que la frase que encabeza el salmo esté tomada de los símbolos del éxodo: “a Javé grité en mi angustia y me oyó”. ¡Esta frase tiene su raíz en el éxodo!
Y ella se repite. En el Sal 130, el canto que encabeza la segunda parte de nuestro cancionero (Sal 130-134), se repite la misma afirmación:
“a Javé grité en mi angustia y me oyó”. – Sal 120,1
“de las profundidades grité a ti, Javé: ¡Señor, oye mi voz!” – Sal 130,1
Nuestro Sal 120, como todo el cancionero, ¡están amasados en el éxodo! En la vida sufrida de estos pastores esclavizados, se revive la epopeya de Moisés.
Se desea la “paz”, pero una paz asumida en el conflicto con quien nos pone en aprietos, angustia.
Sí, el lenguaje del Sal 120 es militante de verdad. Es una oración que predispone para la confrontación. El objetivo y el horizonte del Sal 121 es diferente.
Dios –mi socorro, mi guarda— Salmo 121
1Canto de subida.
Levanto mis ojos para los montes: ¿de dónde vendrá mi ayuda?
2Mi ayuda (viene) de junto a Javé, el que hace el cielo y la tierra.
3No dejará que vacile tu pie.
No dormitará el que te guarda.
4Sí, no duerme,
no duerme el guardia de Israel.
5Javé es tu guardia:
Javé es tu sombra a tu derecha.
6De día el sol no te molestará, la luna de noche.
7Javé te guardará de todo mal,
guardará tu vida.
8Javé guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre.
El tono cambió. Cambió por completo. De la militancia del salmo anterior, el Sal 120, se pasa a algo como una canción de cuna. Del grito pasamos a la maravilla de la protección. El Sal 120 fue provocador, pero el Sal 121 es consolador. No hay horizontes, sin que ambas perspectivas se completen e integren. Amén.
Estamos en camino. La “salida”, la partida quedó atrás; la “entrada”, la llegada en Jerusalén, mencionada al comienzo del próximo salmo (122,1-2), está al frente. La jornada está en pleno movimiento.
Hay el problema de que el pie venga a vacilar (v.3). Sol y luna son problemas (v.4), el sol porque atormenta cualquier caminante en Palestina, la luna porque a la noche, cuando se duerme al aire libre, y bajo la luna, se puede uno perjudicar.
Pienso, pues, que, de hecho, se trata de una oración para un descanso nocturno, durante la caminata a Jerusalén, donde se llega en el Sal 122. En forma típica se mira hacia la jornada diaria realizada, y se espera poder continuar por el camino bajo la protección de Dios.
El asunto es este, la protección de Dios en la jornada y en el descanso. Se celebra a Javé como al Dios que guarda, cuida, protege. La frase que celebra a Javé como al guardián protector atraviesa el salmo como si fuera un refrán:
No dormirá el que te guarda.
No dormita, ni duerme el guardián de Israel.
Javé es tu guardia:
Javé te guardará de todo mal, guardará tu vida.
Javé guardará tu salida y tu entrada.
Javé guarda porque no duerme. En cuanto a los que están en camino a Jerusalén duermen, Javé actúa como guardia que jamás le da sueño. Javé es una especie de guardia nocturno. El guardia de la noche coincide con el protector.
Javé protege, es la sombra protectora principal y paradigmáticamente en tres ámbitos específicos:
Protege el pie. Eso se refiere al camino, a las irregularidades del terreno y tal vez a las muchas piedras que había por toda parte en los caminos de Palestina.
Protege del sol. Eso se refiere a la dureza de caminar bajo el sol escaldante en las tierras resecas de verano, tiempo en el cual se realizan las fiestas en los templos.
Protege de la luna. Eso se refiere precisamente a los problemas de la noche, espacio especial que atiende el salmo. Dormir a la intemperie bajo la luna puede proporcionar al peregrino noches de insomnio.
Más allá de eso, la promesa es de que Javé protege de “todo mal” (v.7). Este mal resume los casos ya mencionados de dificultades con el camino (pie), con el sol y la luna. Pero también puede estar aludiendo a un peligro mayor para los caminantes: los asaltantes.
Eso nos conduce al inicio (v. 1-2). Allá, a la vista de los montes, crecen las ansias por el “socorro”. En seguida se piensa, por ejemplo recurriendo al Sal 125,1 que estos montes son lugares desde donde Dios protege a quien camina por los valles. En este caso, Jerusalén sería uno de estos montes protectores.
A pesar de ello, tengo mis dudas sobre esta interpretación. Ya que, el lugar de Javé es los cielos que él ha creado (v. 2ª: “Javé, el que hace los cielos y la tierra”, ver el Sal 124,8). ¡Allá, en los cielos es donde mora Javé! (Sal 123,1).
Me parece, pues como posible, que estos montes para donde mira nuestro salmista (v. 1), son más bien lugar del “mal”, del peligro, del asalto. Contra este mal, Javé es el socorro. En concreto, el socorro se identifica con la protección, con el guardia.
El Sal 121 desea mucho socorro, guardia y protección. ¿Pero, contra quién? En mi interpretación de arriba eso queda aclarado: es el socorro contra los peligros del camino, del día y de la noche. Contra ellos, el Sal 121 representa una evocación grandiosa.
¡No hay camino sin protección!
Los dos salmos que hemos visto difieren en cuanto al contenido. Uno da énfasis a cuestiones sociales, el otro, a los aspectos personales. En esta tensión se sitúa, en estos días, la teología latinoamericana. En ella, hay metodologías que ponen su acento en los análisis estructurales y en los conflictos sociales, y otras que dan la primacía a los anhelos personales y que buscan caminos propios o conjugados. Parece que el anhelo es que la cuestión de los pobres deje de ser hegemónica y prevalezcan los énfasis personales; pero la vida cotidiana nos lanza de nuevo hacia los sufrimientos sociales. ¡Es como si estuviésemos en tensión entre el Sal 120 y el Sal 121!
Milton Schwantes
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Brasil
En cuanto a la interpretación y a la bibliografía, véase la tesis doctoral de María Cristina Campusano Ventura, Opressão e resistência reveladas pelos corpos peregrinos - Um estudo de gênero, classe e etnia a partir dos Salmos de Subida (Salmos 120-134), São Bernardo do Campo, UMESP, 309p. (Tesis de doctorado)
Este “tu”, en hebreo se refiere a un femenino, lo que muestra que lo que está en juego es la lengua.
O “mucho”, “lleno”, “pleno”.
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