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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

Lidia, la vendedora de púrpura, una alternativa de economía doméstica

Aida Soto B.

Resumen
La Biblia contiene ejemplos de economía doméstica, desde la agricultura hasta la artesanía, como ejes de producción integral, de carácter familiar. El caso de Lidia nos muestra la mujer que asume su papel como dirigente de la casa, tanto en lo material, como en lo espiritual.

Abstract

The Bible contains some examples about domestic economy in agriculture and other activities such as handcrafts. These cases are usually the center of a whole familiar production. Lidia’s story shows us a woman undertaking her role by rulling her house materialy and spiritualy.

 En la actualidad se hace un replanteamiento de la economía como generadora del desarrollo social. Ahora los teóricos apuntan a una economía que contribuya al desarrollo personal y colectivo como respuesta a las propuestas globalizantes del mercado.

En los esfuerzos por estar a la cabeza de los avances tecnológicos, los individuos sienten el peso de la competitividad que poco a poco los va llevando a una angustia que los desestabiliza física, emocional y espiritualmente. Los convierte en robots que producen y producen de manera desaforada, atomizando su integralidad.

Manfred Max Neef propone una perspectiva económica de “abajo hacia arriba” que recupere lo que tradicionalmente ha tenido rango de marginal. Considera que la respuesta, en parte, puede estar en la cotidianidad donde las prácticas productivas se entroncan con estrategias colectivas de supervivencia, identidades culturales y memoria popular. Es como volver a sistemas de producción agrícola o artesanal a nivel doméstico, que permitían el desarrollo integral de la persona.

La Biblia tiene muchos ejemplos de esta forma de producción colectiva. Lo que se haría actualmente sería resignificar y redimensionar estos esquemas para hacerlos viables dentro de nuestros modelos económicos, modelos que respondan a las necesidades humanas. Entendidas las necesidades no como limitadas a la subsistencia, sino a través de la doble condición existencial: como carencia y como potencia.
 
No únicamente con la sensación de “llenar un vacío”, sino que el aguijón de la necesidad motive, esto es, potencie la búsqueda de recursos en las personas a todos los niveles: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad, de manera sinérgica. Un ejemplo de ello es la lactancia materna que al responder a la necesidad de subsistencia estimula la satisfacción de afecto, protección e identidad, otro ejemplo que nos ofrece Neef , es el de los programas de autoconstrucción que responden a la necesidad de subsistencia y estimulan a su vez la satisfacción de entendimiento, participación y afecto.
 
En la Biblia tenemos el caso de Lidia, la vendedora de púrpura, Hechos 16,11-15, de ella se nos dice que dirigía el almacén del negocio familiar , negocio que funcionaba en la casa.
Vivía en una colonia romana, era gentil, procedente de Tiatira, lugar donde se practicaba con especialidad el arte de teñir de púrpura, como se infiere de una inscripción recientemente descubierta allí; y aún en la actualidad (hoy se conoce con el nombre de Akissar) exporta grandes cantidades de género escarlata, perpetuando así la industria de Lidia.

Dentro del sistema grecorromano las mujeres podían ejercer funciones de cabeza de familia, esto es, podían comprar o arrendar viñedos, casas, huertas y olivares para trabajarlos por su cuenta o dirigir la industria casera. Esto no reñía con las ideas del cristianismo ni del judaísmo tal como lo constata Proverbios 31,10-31. Estas actividades permitían a las personas un desarrollo de sus potencialidades de manera sistémica.
 
Recordemos que en los tiempos bíblicos el hogar constituía un centro importante de formación, era escuela y a la vez centro religioso. La casa de la mujer era lugar de vida donde se practicaba la solidaridad y se recuperaba la memoria como identidad.

A través de la historia la mujer ha sido protagonista de la resistencia, en la medida en que han querido someterla y oprimirla; ella ha recuperado su visibilidad, como es el caso de Lidia, y ha asumido su liderazgo tanto en lo económico como en lo religioso. No así la “mujer virtuosa” de Proverbios 31, que lo es en cuanto se le valoriza desde su relación con el hombre, su marido que es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra.

Por qué la palabra de Pablo caló tan hondo en el corazón de Lidia? Suponemos que la total adhesión de Pablo a Jesús le permitió reconocerlo como “Señor nuestro”, Romanos 8,38-39, y su fuerza liberadora, llevándolo a confesar en Gálatas 3,28 “no hay distinción entre varón y mujer” , por eso ella se sintió identificada con el discurso y acogida en su totalidad.
Desde entonces su casa también fue la de Pablo y asumió su rol de servidora del Reino.

La mujer como motora del sistema económico no quiere seguir siendo útil únicamente en el ámbito de lo privado, si en la época de los Hechos lideraba la economía de la casa, generalmente lo hacía desde su condición de inferior, como veíamos, a partir de su relación con el hombre. Pero esto no impidió que algunas mujeres se apropiaran de los distintos roles, responsabilidades, servicios y poder de decisión. Así quedó expresado en algunas cartas de Pablo y en el libro de los Hechos: Febe, Priscila, María, Junia, Dorcas y muchas más, desempeñaron un papel destacado dentro de la Iglesia.

El liderazgo de Lidia

Las mujeres autodependientes, que no necesitan a los hombres para actuar, requieren del coraje para revitalizarse a través de los esfuerzos, capacidades y recursos de cada una. Lidia actúa desde sí misma y desde su espacio, su casa. “De la casa de la mujer va a salir algo totalmente nuevo e increíble.” No es nada fácil cambiar la forma en la que se percibe la mujer que ha sido siempre marginada, debe esforzarse para responder a un poder que la agobia, la explota y la lleva a autodegradarse. Debe, por lo tanto, crear lazos de solidaridad, organizarse, resistir la crisis mediante la autogestión, tomando los recursos locales, ir de lo pequeño, lo micro, a lo más extenso, lo macro. Este es un proceso de permanente construcción, no se da de la noche a la mañana.

Lidia es líder por excelencia, se presenta como jefa de hogar, de condición modesta, que debe trabajar arduamente para subsistir, recibe a Pablo en su casa, no porque sea rica como afirman algunos comentaristas, sino porque apela a su fidelidad al Señor. También lidera una Iglesia doméstica. Lidia y los de su casa aparecen al principio, en los vv.14-15, y al final, en el v.40. Lidia hace posible la construcción de un nuevo orden económico y religioso a partir de su acción protagónica, siendo sujeta de su propio desarrollo y el de quienes interactúan con ella.

 La industria de la púrpura

La púrpura se extraía, de manera primitiva, de una o más especies de mariscos. Gracias a diversos procedimientos se obtenían muchos tintes. Por ejemplo existía el cárdeno, esta era una púrpura azulosa o cérulea, obtenida también de otra especie de marisco. Como cada marisco producía sólo unas cuantas gotas de materia colorante, la púrpura más fina tenía un precio muy alto.

El color escarlata o carmin, era producido por el insecto llamado cochinilla. Este se pulverizaba, se le agregaban otros productos, se disolvía en agua, se calentaba y posteriormente se filtraba. Estos procedimientos se repetían para alcanzar niveles altos de calidad .

Karen Jo Torjesen nos presenta cómo estaba distribuido el trabajo de la obtención de la púrpura en casa de Lidia. Nos dice que el almacén se encontraba en la planta baja y que el trabajo se realizaba en la parte trasera. Es así que al parecer existía en el ambiente un olor peculiar que provenía de las tinas dispuestas para teñir la púrpura.

Estas incomodidades no reñían con la ganancia que obtenían a todos los niveles: su autonomía, la integración que les permitía desarrollar una identidad de pertenencia al núcleo familiar y la configuración como sujetos de su propio desarrollo. Aquí tenemos un ejemplo de compromiso personal que involucra lo afectivo, lo intelectual, lo físico y lo espiritual.


La autogestión como respuesta económica

En las propuestas económicas para América Latina, sobresalen las de carácter alternativo al sistema globalizante. En ella se pretende un nuevo ordenamiento de escala de valores, en el cual la persona cuente en todas sus dimensiones: Físico, psicológico y espiritual.

En Colombia tenemos muchos ejemplos de economías autogestionadas que han permitido esa integralidad. Gran parte de ellas es liderada por mujeres. Mujeres que por diversas circunstancias son “cabeza de familia”, están desempeñando el papel de proveedoras de su casa y tienen que recurrir a su capacidad creativa para hacerle frente a la situación.

En Bogotá, en la zona de Bosa, existe una microempresa de productos naturales. Allí trabajan aproximadamente 15 mujeres. Tienen un laboratorio rudimentario, cocina, empaques y demás insumos para la fabriación y distribución de sus productos. Las ganancias son repartidas equitativamente. Todas laboran en el lugar en que viven, así no tienen problemas de desplazamiento que les ahorra tiempo y dinero. Participan de talleres de formación laboral y personal, conforman un grupo de amigas que comparten las dichas y tristezas de cada día, han ganado el respeto de los suyos y han aprendido a vivir solidariamente.

Otro grupo se ha organizado para fabricar muñecos, allí sin tanta tecnología, diseñan, trazan y cortan creativamente muñecos que luego distribuyen en los almancenes. Las mujeres han demostrado tener una gran capacidad de organización y sensibilidad hacia sus propias necesidades.

Otro caso concreto nos lo presenta la señora Myriam Rojas, artesana de Zipaquirá, que con su trabajo de macramé, técnica de tejido en nudos, elabora chales, vestidos, manillas; y para ello emplea a 70 tejedoras que le colaboran para tener a tiempo la cantidad de trabajo que le solicitan de diferentes partes del mundo, como México, Madrid y otros lugares. Sus únicas herramientas son las manos, un ladrillo cubierto con papel y las patas de una silla que le sirven de telar. Con un espectacular despliegue de creatividad, Myriam comienza su día tejiendo los hilos con los que ha conquistado el reconocimiento internacional por su labor.

Vemos así un proyecto de producción doméstica que desde lo local, lo micro, conquista lo macro, generada por una forma alternativa de organización productiva y de actividad laboral, que dan origen a una sorprendente diversidad de estrategias de supervivinecia.

 Conclusiones

La Biblia contiene ejemplos de economía doméstica, desde la agricultura hasta la artesanía, como ejes de producción integral, de carácter familiar. El caso de Lidia nos muestra la mujer que asume su papel como dirigente de la casa, tanto en lo material, como en lo espiritual.

Hoy somos invitados a resignificar en nuestra cotidianidad esos mismos elementos de producción organizada. El sitio de trabajo como lugar de encuentro, en el cual se produce un proceso de identidad y valores propios, donde se establecen reglas de juego que contribuyen al sentido de pertenencia, que aglutina a los integrantes en un quehacer común.

Debemos oponernos a los sistemas opresores que exaltan la globalización y el neoliberalismo como lo salvadores de la economía. La globalización puede ser palanca de progreso pero también significa el desquiciamiento de las economías emergentes y de su estabilidad social, como sucede en Colombia.

Intentemos mediante pequeños avances mejorar la calidad de vida. Los principios de sentido del respeto, la justicia, la solidaridad, la participación efectiva, la no violencia, la conciencia de los límites humanos, de la propia transitoriedad, la convicción de que la tierra nos ha sido entregada como préstamo para nuestros hijos, y que es más importante el ser que el tener.

Sobrevivimos gracias a la laboriosidad de nuestros campesinos, ellos abastecen nuestros mercados y nos prodigan lo necesario, a pesar de ser explotados y perseguidos. Las mujeres “cabeza de familia” nos dan ejemplo de supervivencia y de empeño organizándose para ser autodependientes, potenciando sus recursos, elaborando proyectos simples que alcanzan gran cobertura pero se insertan en la realidad local.

En la Biblia encontramos la fortaleza necesaria para motivarnos a buscar los recursos en nuestro lugar, con nuestra y gente y mediante nuestros propios esfuerzos creativos.

Aida Soto B.


Manfred Max NEEF, Desarrollo a escala humana, Bogotá, CEPAUR, 2000, p.52.

Manfred Max NEEF, Desarrollo a escala humana, p.48.

Karen Jo TORJESEN, Cuando las mujeres eran sacerdotes, Madrid, El Almendro, 1996, p.61.

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Diccionario bíblico, p.66.

Sandro GALAZZI, Por una tierra sin mar, sin templo, sin lágrimas, Córdoba, Tiempo Latinoamericano, 1996, p.92.

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