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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

Los excluidos en tiempos de crisis - Una parábola

Jorge Pixley

Resumen
Se hace una lectura de 2Reyes 6,24 a 7,11, el relato de cuatro leprosos durante un sitio de Samaria. La historia se lee como una parábola de la lucha de los/las excluídos/as del sistema económico y político, primero una lucha por la sobrevivencia y luego una lucha por la vida de la sociedad más amplia.

Abstract
A reading is given of II Kings 6,24 to 7,11, the story of four lepers during the siege of Samaria. The story is read as a parable of the struggle of those excluded by the economic and political system, first, a struggle for survival and then the struggle to save the lives of the larger society.

2Reyes 6,24-7,11 es un relato dramático sobre la suerte de cuatro leprosos en tiempos de grave crisis económica y política en Israel. Los leprosos no podían entrar en la ciudad (Samaria) por su misma condición, y tuvieron que refugiarse a como podían fuera de los muros donde probablemente dependían de la caridad de los campesinos que traían sus productos al mercado. Al no poder entrar en la ciudad ni tener campos donde producir estaban condenados a una exclusión del proceso de la producción de la vida. Esta fue seguramente la suerte que les cupo a la gran mayoría de quienes tuvieron la desgracia de sufrir diversos tipos de manchas de la piel que eran calificados de lepra. En tiempos normales estas personas sobrevivían apenas al margen de la actividad económica, de la cual estaban excluidos/as. Pero nuestro texto no habla de tiempos normales. En tiempos de crisis muchas cosas se trastocan, y de esto trata nuestra historia.

Todo se debió a una fuerza exterior. Ben-hadad, rey de Aram, juntó una tropa y subió y puso a Samaria bajo sitio. Sitio es bloquear las entradas y salidas de la ciudad de modo que sus pobladores queden aislados. Como las ciudades dependen para sus alimentos del comercio con los productores del campo, la estrategia de los atacantes es causar su rendición por hambre y sed sin tener que entrar en combate.

La gravedad de la situación se ilustra con el reclamo de una mujer al rey de Samaria. La situación se resume en las palabras de la mujer en 2Reyes 6,28-29: “esta mujer me dijo: trae a tu hijo y lo comeremos hoy, y el mío lo comeremos mañana. Cocimos a mi hijo y nos lo comimos; al otro día le dije: trae a tu hijo y lo comeremos, pero ella lo ha escondido”. Se le reveló al rey - no nombrado - de esta manera la gravedad de la situación por la que pasaba su pueblo, desgarró sus vestidos y se vistió de sayal. Esto era en señal de su luto, de su protesta a Dios y de su incapacidad de resolver. Este breve relato sirve para hacernos saber el colapso de sistema económico de Samaria bajo la presión del ejército enemigo. Manda el rey una delegación donde Eliseo, no para suplicar a Dios sino para protestar ante él por la desgracia que Dios le ha enviado a él y a su pueblo. La respuesta de Eliseo es sorprendentemente optimista: “mañana a esta hora estará la arroba de flor de harina a siclo y las dos arrobas de cebada a siclo en la puerta de Samaria” (2Reyes 7,1).

Y en este momento el relato cambia de escenario, pasando adonde los cuatro leprosos viven fuera de la puerta de la ciudad, seguramente entre la basura que se tiraba del muro. Ellos los excluidos de la sociedad, así como los pobladores de la ciudad pasan hambre y saben que la muerte está próxima. En su situación, atrapados entre el muro y el ejército arameo, no tiene escapatoria, como tampoco la tenía la gente en la ciudad que un día gozó de su participación en el sistema de producción de la sociedad. Sus discusiones terminan en lo siguiente: “¿Por qué estarnos aquí hasta morir? Si decimos: vamos a entrar en la ciudad, como hay hambre en ella, allí nos moriremos, y si nos quedamos aquí moriremos igual. Así que vamos a pasarnos al campamento de Aram; si nos dejan vivir, viviremos, y si nos matan, moriremos” (2Reyes 7,3-4). Es una apuesta de posible sobrevivencia de gente sin recursos propios para vivir.

Así, pues, los leprosos se acercaron al campamento de los arameos para lanzarse sobre la misericordia de los soldados extranjeros. Pero, ¡sorpresa la suya! Encontraron un campamento abandonado de prisa, como si el enemigo hubiera recibido la noticia de un inminente peligro y hubiera salido en desbandada sin tomar el tiempo de recoger su equipaje ni su almacén de alimentos y bebidas. En la locura que nos contagia a todos, los leprosos comenzaron a recoger y atesorar plata y oro, escondiéndolo para uso futuro cuando su necesidad inmediatamente era comida y no oro ni plata. Ni siquiera nos informa el narrador si encontraron comida en el campamento abandonado, aunque quisiéramos pensar que lo encontraron y que se dieron un banquete allí mismo entre los enseres de los arameos.

Llegó sin embargo un momento de reflexión para estos pobres hombres acostumbrados a ser excluidos de su sociedad y a no ser tomados en cuenta por nadie. Les quedaba algo de sentido de solidaridad con su comunidad y se dijeron, “No está bien lo que hacemos; hoy es un día de albricias (basorah, buenas nuevas), y si nosotros estamos callados hasta el lucir de la mañana incurriremos en culpa; así pues, vayamos, entremos y anunciémoslo a la casa del rey” (2Reyes 7,9). Dicho y hecho. Anunciaron su hallazgo a los centinelas, quienes pasaron la noticia al personal del rey. Por supuesto, el rey no tomó como fidedigna la noticia de unos leprosos y envió espías para saber si la información de estos desechos de la sociedad era válida.

¿Cómo hemos de leer un texto como éste? No es histórico, pues ni siquiera nombra al rey de Samaria, y Ben Hadad fue un nombre común de los monarcas de Damasco. Los dos son, como en los cuentos, un X y una Y. Además, en la historia ‘científica’ de los sucesos las acciones de los excluidos no cuentan. El relato tiene ciertos valores como moraleja, pero sus lecciones no carecen de ambigüedad: las acciones de los leprosos son encomiables, pero ¿cómo calificaremos a las mujeres que se disputan sus hijos? ¿Es la primera honesta porque sacrificó a su hijo para espantar el hambre? Y la segunda, ¿debió matar a su hijo para sostenerlas otro día más? Si aceptamos esa lógica, el homicidio se vuelve justificable en situaciones extremas. Tampoco parece ser una alegoría, pues carece de los artificios que uno espera en la alegoría para que corresponda a su significado “verdadero” que es externo al relato.

Creo que la mejor manera de leer esta historia es como una parábola, independientemente de la intención de los escritores. La parábola es un relato que tiene su propia lógica interna como relato y que busca con sus virajes inesperados en un relato que no sigue las reglas comunes a la vida para llamar la atención sobre situaciones y oportunidades en la vida. Así cuando Jesús cuenta la parábola del sembrador, la aparente falta de cuidado al sembrar no deja de producir un resultado muy positivo por la acción oculta de Dios en la semilla que cae en terreno fértil (Marcos 4,1-9 y paralelos). O, la parábola del “buen samaritano” dramatiza la falta de solidaridad en la religiosidad del sacerdote y el levita que demuestran menos sentido de caridad que el samaritano que es un hereje del punto de vista oficial.

Pues bien, nuestra historia podría llamarse la parábola de los “buenos leprosos”. Nos muestra cómo en momentos de crisis de la producción (economía) y crisis de la conducción (política) los excluidos pueden ser los llamados a sacar adelante la sociedad. No deja de poner sobre éstos ciertos reclamos éticos, actuar para el bienestar común. Llama a los excluiacdos a actuar en función de la vida de todos, y no solamente para asegurar la sobrevivencia propia. Sin duda, la mayoría de los latinoamericanos, como también de los africanos y los asiáticos, somos excluidos del mercado global. No tiene que ser motivo de desesperación, sino de renovada lucha por la sobrevivencia en las grietas del sistema. Un día puede llegar el momento de ser la levadura de toda la sociedad si podemos cultivar nuestro sentido de obligación para el bien común.

Por supuesto, una parábola no demuestra nada. La realidad no es necesariamente como la presenta la parábola. Pero sirve para llamar la atención a las rupturas en la lógica dominante y la posibilidad de que irrumpa sobre el escenario algo radicalmente nuevo. Es suficiente en estos momentos oscuros de desesperanza.

Jorge Pixley
790 Plymouth Road
Claremont, California 91711
USA

 

 
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