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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

De la palabra al compromiso - Implicaciones de una lectura bíblica que toma partido

Samuel Almada

Resumen
El artículo destaca algunos aspectos relacionados con la exégesis y la hermenéutica bíblica desde la perspectiva de la tradición evangélica, enfocando también el valor de lo comunitario y ecuménico en la práctica de lectura de los textos bíblicos. Se aborda la tensión entre la clausura y apertura de los textos, se revisan principios clásicos como la centralidad de la Biblia en la tradición evangélica y los métodos histórico-críticos. Se postula una compaginación entre método científico y lectura confesional, se ofrecen pistas para el diálogo ecuménico e intercultural desde la lectura bíblica, y finalmente se exploran implicaciones y compromisos a partir de la palabra liberadora.

Introducción

Ciertamente toda exégesis, científica o no, está determinada por el contexto de vida del lector, por sus inquietudes y preguntas existenciales que determinan su perspectiva de lectura (eiségesis). De esta manera ninguna exégesis puede ser absolutamente objetiva o de validez universal. En primer lugar, el propio peso de la realidad que nos rodea es lo que condiciona y determina en gran parte nuestro horizonte de comprensión y nuestras preguntas; y resulta irresponsable intentar cualquier tipo de exégesis o interpretación de un texto sin tener en cuenta este aspecto fundamental. Esto tiene mayor vigencia hoy en un contexto de mayor flujo de información planetaria y de globalización en materia de comunicaciones.

De tal manera, hoy no podemos ignorar que nuestro contexto latinoamericano sigue dominado por un cuadro de pobreza, dispersión y desencanto que marca nuestra perspectiva de lectura y comprensión. Esta situación de vida determina a su vez nuestra búsqueda de cambio y articulación de proyectos de vida sustentables, y nos estimula a asumir responsabilidades en las decisiones que comprometen nuestro propio destino.

Así mismo, debemos reconocer que las situaciones de pobreza y marginación son el producto de una historia antigua y actual de opresión e injusticias que es muy difícil revertir rápidamente; y donde se mezclan factores y agentes externos e internos. El resultado fue el debilitamiento del tejido social donde existía e impidió la integración de diferentes sectores de la sociedad a un proyecto productivo y de distribución equitativa de los bienes y beneficios. En consecuencia, también se vió afectado el imaginario social y sus posibilidades de establecer ideas y proyectos alternativos viables. Por ejemplo, si los pueblos originarios de América Latina no son consultados o no participan plenamente de los pactos sociales, es natural que se opongan a cualquier tipo de proyecto por más bueno que parezca; y ésta es una de las razones principales que llevaron a una imposibilidad crónica de establecer acuerdos y concretar proyectos que sean ampliamente representativos. Así, los movimientos de liberación actualmente deberían poner el foco en la integración plena de los diferentes actores de nuestra sociedad y en la articulación de proyectos que se basen en el diálogo y tomen en cuenta los procesos sociales y culturales propios, lo cual a su vez es una manera más pertinente de participar en un mundo globalizado.

Tener en cuenta el contexto de vida como punto de partida para la lectura de un texto y sus proyecciones sobre la vida comunitaria, converge con el principio teológico y hermenéutico que comprende a Dios como el Dios de la historia que se revela en los acontecimientos del mundo y de los pueblos, y no sólo en la Palabra ya dicha.

Hablamos de comunidad lectora o receptora pues en última instancia todo texto existe gracias a una comunidad viva que lo recibe, lo transmite y también es moldeada por el texto recibido. De esta manera, el lector se encuentra incluido dentro del texto y forma parte del mismo; y a su vez, es interpretando sus textos como dicha comunidad se interpreta a sí misma.

Si la referencia al autor y al Sitz im Leben de un texto constituye su “trasfondo”, la comunidad lectora se encuentra en lo que denominamos el “adelante” del texto; y aunque estos dos planos se implican mutuamente, el “adelante” siempre supera al “trasfondo” y comanda la perspectiva y los modos de aproximación al texto; y como toda lectura se hace desde un contexto determinado lo relevante es el mensaje para la vida de quien lo recibe.

“El significado de un texto es cada vez un acontecimiento que nace del punto de intersección entre las obligaciones que un texto impone, lo cual está determinado en gran parte por su Sitz im Leben, y las expectativas diferentes de una serie de comunidades de lectura e interpretación que los presumibles autores del texto considerado no podrían anticipar.” En este sentido, una hermenéutica atenta a la historia de la recepción de un texto siempre será consciente y respetuosa de la polisemia irreductible del mismo y de su reserva permanente de sentido.

1. Perspectiva de una comunidad lectora

Perspectiva evangélica

Definimos nuestra perspectiva de acercamiento al texto como evangélica en referencia al contexto de las iglesias y del pensamiento evangélicos. Esto significa asumir algunos presupuestos teológicos generales en el marco de la historia, las tradiciones y la identidad evangélicas; por ejemplo, podemos señalar la centralidad de la Biblia en el debate teológico y la orientación de las prácticas; en América Latina predomina la organización congregacional y la autonomía de las congregaciones locales; la historia está marcada por la disidencia frente a la religión dominante y las influencias de ésta en el poder de los Estados nacionales. De diversas maneras, los evangélicos hemos expresado el derecho a ser diferentes, lo cual muestra un grado considerable de convicción y compromiso con las creencias y prácticas sostenidas.

En los últimos veinte años, el número de evangélicos en América Latina ha crecido significativamente y también la cantidad de denominaciones, lo cual refleja un proceso dinámico de cambios y transformaciones al interior del mundo evangélico. Esto, a su vez, ha provocado crisis en la identidad evangélica y ha llevado a un replanteo profundo de sus perspectivas de inserción e interacción con el mundo, lo cual presenta desafíos concretos para la reflexión teológica y la lectura de la Biblia. Uno de los desafíos particulares y actuales del mundo evangélico es pasar de la disidencia y la protesta a un papel más protagónico y comprometido en la vida pública y social, y la colaboración en la elaboración de nuevos paradigmas sociales y culturales. 

Perspectiva comunitaria

La lectura comunitaria de los textos guarda afinidad con las características de la historia de la recepción del texto de la Biblia por parte de las diversas comunidades lectoras de diferentes épocas; y también sintoniza con el proceso de producción del texto como obra colectiva, lo cual es una característica de la mayoría de los libros bíblicos. Los diversos tipos de lectura e interpretación de los textos que se fueron estableciendo en la tradición judía, como el midrás, fueron surgiendo de la reflexión en el seno de la comunidad y no del trabajo de especialistas.

La profecía, por ejemplo, es una expresión que se produce en el seno de una comunidad, no es la predicación de un alienado. En la mayoría de los casos se debe hablar también de autoría colectiva, pues la composición de los textos refleja un largo proceso en el cual intervienen diversas comunidades, sectores y personas, de diferentes lugares y épocas. Por tanto, es pertinente hablar de la profecía como fenómeno comunitario; ya su vez, cuando la comunidad receptora encarna el mensaje profético y se transforma en portadora del mismo, podemos hablar de comunidad profética.

La lectura comunitaria de la Biblia es una modalidad ampliamente desarrollada en los ambientes evangélicos y en muchos aspectos es semejante a lo que se conoce como lectura popular o de base. Esta modalidad implica conceptos ideológicos particulares sobre los modos de producción del conocimiento y también sobre los modos de participación y organización del grupo.

La perspectiva comunitaria se opone a la individualista, pero la participación y el papel de los individuos son fundamentales para la conformación de la comunidad, que requiere de la solidaridad individual y voluntaria. Es importante comprender la responsabilidad individual como base de un proyecto comunitario, en el cual los intereses individuales y sectoriales estén subordinados al interés común. Lo comunitario presupone una forma de organización horizontal en la que se distribuyen equitativamente el conocimiento y otros bienes. Las jerarquías y prioridades se deben establecer atendiendo preferencialmente la situación de los más débiles y desfavorecidos.

Perspectiva ecuménica

La perspectiva ecuménica presupone una lectura bíblica abierta al diálogo entre diversos enfoques y énfasis, pero también que permita y estimule el intercambio con comunidades de lectura de otros libros, sagrados o no, e incluso con los que no tienen libro. Si la Biblia, que es una de las principales referencias del mundo evangélico, no nos ayuda a participar de un diálogo franco y abierto con todos, deberíamos replantearnos nuestros propios paradigmas teológicos y de lectura bíblica .

En el contexto de un mundo más interrelacionado, la perspectiva ecuménica es aun más necesaria y pertinente; sin embargo para muchos sectores evangélicos sigue siendo problemática pues es percibida como cierto relativismo que impide cualquier pretensión de verdad, y por tanto no se capta como un espacio de afirmación de valores y creencias que lleven al compromiso y el fortalecimiento de la participación en la comunidad.

Conviene recordar que en cierta manera el ecumenismo es hijo del protestantismo y quizás el espacio donde el protestantismo ha hecho uno de sus principales aportes al cristianismo; parte de la herencia de los reformadores fue su esfuerzo para alcanzar una catolicidad o policatolicidad.

Lo ecuménico también implica la afirmación de valores universales como la libertad de conciencia y de expresión, la justicia, los derechos humanos, el derecho a la vida. Lo ecuménico requiere de una disposición y actitud favorables al diálogo, y hay que ser conscientes de que un verdadero diálogo produce transformaciones en todos los participantes y enriquece de diversas maneras. Por último, la perspectiva ecuménica también requiere de toma de posición y compromiso. No se puede dialogar sobre ningún tema si los diferentes interlocutores no definen sus posiciones e ideas, o no son coherentes en su praxis. Por tanto, al contrario de lo que se piensa en algunos casos, la perspectiva ecuménica afirma y fortalece la identidad de los interlocutores, su historia y sus tradiciones, y es desde ese lugar particular donde cada interlocutor debe articular las ideas y proyectos que aporta al diálogo.

2. El texto de la Biblia y la palabra de Dios: clausura y apertura

Cuando nos referimos al texto de la Biblia se piensa en algo más o menos “fijo”, “clausurado”, cuyo desarrollo se ha acabado con su última redacción y posterior canonización; y a esta idea también han contribuido la exégesis moderna y los métodos histórico-críticos. La tradición escrita, aunque representa cierta determinación o limitación, nunca fue concebida como una forma de clausurar el sentido de los textos o interrumpir su carrera, sino todo lo contrario, ya que la fijación de un texto permite y propicia nuevas aperturas e interpretaciones. “Anunciar la clausura de un texto es como pronunciar un elogio fúnebre sobre una persona viva. El elogio puede ser fiel y apropiado, pero no por eso es menos torpe y prematuro”.

No debemos desconocer que parte de esta tendencia hacia el “congelamiento” y la “clausura” de los textos vino y viene dada por la pretensión de algunos sectores de monopolizar el derecho a la interpretación de los mismos, y así ejercer un control sobre otros sectores y otras comunidades lectoras. Los fundamentalismos bíblicos, el literalismo, el concepto de inerrancia y otros tipos de lectura reduccionista o excluyente, reflejan dicha tendencia. Por otro lado, debemos ser conscientes de que toda lectura de un texto, en un contexto y en una situación determinada, implica necesariamente una forma de “clausura”, pero no para erigirse en excluyente o único criterio de verdad, sino para que sea pertinente y relevante para la situación específica; y en todo caso, dicha clausura a su vez propicia nuevas aperturas.

Afortunadamente siempre hubo y hay maneras de abrir los textos y producir nuevas lecturas. Diversas tradiciones y enfoques de épocas y lugares diferentes han enriquecido el espiral virtuoso de la interpretación y el sentido de los textos. Por ejemplo, la tradición judía habla de una Torá escrita acompañada de una Torá oralmente transmitida. No hay separación entre las dos; la segunda constituye un prolongamiento de la primera y le da vitalidad y capacidad de llenar el espacio temporal .

La tradición cristiana relaciona la Biblia con la palabra de Dios, no hay referencia a un texto o escritura de Dios; en este sentido la  Escritura señala y se refiere a la palabra de Dios y no al revés. La palabra implica la oralidad y la escritura implica los textos; ahora es imposible reducir la palabra a un texto, y esta es una de las razones por las cuales un texto guarda una polisemia irreductible y una reserva permanente de sentido. Un texto siempre puede decir más de lo que dijo o dice.

El concepto de palabra de Dios aplicado a la Biblia nos brinda nuevas pistas para comprender la tradición escrita como horizonte de lectura siempre abierto, no acabado con la última redacción. La palabra pertenece a la órbita del espíritu, por eso podemos hablar de la Palabra de Dios como palabra permanente, palabra viva, la cual es imposible reducir a un texto.

3. La centralidad de la Biblia en el debate teológico

Rescatamos este principio heredado de la reforma, pues es un símbolo de la identidad evangélica que se manifiesta en el papel central que juega la Biblia en el debate teológico y la orientación de las prácticas de la comunidad. La Biblia resulta así una especie de espejo o parámetro (canon = caña de medir, medida) a través del cual la comunidad se mira y se interpreta a sí misma; es un punto de encuentro y una base para el diálogo y los acuerdos de la comunidad; es una fuente de autoridad y un criterio de verdad.

El principio hermenéutico evangélico de sola scriptura también implica considerar el texto de la Biblia como un todo, una unidad; el establecimiento de un canon tiene que ver con esta idea. La Biblia está constituida por diferentes partes que hablan de la misma cosa pero de diferente manera. Los ejes principales que estructuran el gran relato de la Biblia como totalidad son la justicia, el amor y la fidelidad, la esperanza, la alianza, la profecía, la presencia de Dios como gracia, el juicio, la libertad ; y esto también alumbra y orienta la lectura fragmentaria o de las partes.

Esta perspectiva hermenéutica evangélica ha enriquecido generaciones de cristianos y ha estimulado el diálogo hacia dentro y hacia fuera de la comunidad; pero conviene prestar atención a algunas implicaciones de este principio para que no derive en prácticas reduccionistas o autoritarias.

En primer lugar, el principio de sola scriptura no implica que todo el mundo debe aceptar este parámetro o que haya una sola manera de interpretar la Biblia. Las lecturas de tipo literalista y/o excluyente que sostienen algunos sectores evangélicos no responden a este principio, antes bien son el producto de posiciones radicales frente a situaciones existenciales que experimenta la comunidad. Conviene recordar que los reformadores, junto con este, también sostuvieron otros principios igualmente importantes que tuvieron y siguen teniendo gran influencia en las tradiciones evangélicas posteriores (sola gratia, sola fides, solo Cristo).

En segundo lugar, la afirmación de este principio a veces intenta ocultar o disimular los lentes o “prejuicios” con los cuales el lector se aproxima al texto. Es obvio que no se puede leer un texto en el vacío y en todo caso conviene tomar conciencia del bagaje cultural, ideológico y personal que condiciona nuestra lectura. Esto a su vez nos permite ponderar y mejorar nuestros criterios de lectura y su articulación con la vida de la comunidad.

En tercer lugar, no se debe cortar la relación esencial del texto con la comunidad viva que lo recibe y lo transmite. Por ejemplo, en la exégesis cristiana es importante considerar seriamente la relación entre el texto de la Biblia hebrea (Antiguo Testamento) y su comunidad de origen, el pueblo de Israel. Actualmente cualquier tipo de aproximación al texto bíblico también debe considerar su relación con la comunidad de fe que lo recibe y lo transmite (ver lo que se dice más abajo sobre la lectura confesional de los textos bíblicos). 

4. Metodología crítica y lectura sociopolítica de la Biblia

Una expresión concreta de que el principio hermenéutico de la reforma de sola scriptura propició nuevas perspectivas de acercamiento a la Biblia, es el hecho de que los reformadores estuvieron entre los principales impulsores del incipiente estudio crítico de la Biblia, algo que luego se continuó profundizando en diferentes tradiciones evangélicas, desarrollando lo que se conoce como los métodos histórico-críticos que guardan vigencia hasta nuestros días en el marco del estudio científico de la Biblia .

En el siglo pasado, los métodos histórico-críticos tradicionales también se vieron enriquecidos por nuevas aproximaciones al texto bíblico provenientes de la lingüística. Sin perjuicio de lo que hemos dicho sobre la estrecha relación entre el texto y la comunidad receptora, y la pertinencia de los métodos histórico-críticos, la lingüística ha aportado una perspectiva complementaria que enfatiza la sincronía del texto con aproximaciones de diferente tipo, entre las que podemos destacar el estructuralismo y el análisis semiótico de los textos. Esto ha brindado nuevas perspectivas para la comprensión de los textos y ha sido un paso significativo hacia el enriquecimiento del sentido, la apropiación de aquellos y su relectura.

Actualmente, un aspecto insoslayable de la metodología crítica está constituido por la lectura sociopolítica y económica del texto, que al igual que los métodos histórico-críticos tradicionales trabaja sobre lo que hemos denominado más arriba el trasfondo o el atrásdel texto. La lectura sociopolítica y económica permite discernir en los textos aspectos sociales, ideológicos y de poder que están presentes en el contexto de producción de dichos textos, y de tal manera ofrece criterios y parámetros útiles y pertinentes para iluminar el contexto sociopolítico del lector actual (el adelante del texto), enriqueciendo el espiral hermenéutico.

La lectura sociopolítica y económica estimula una lectura comprometida y ofrece una mayor conciencia sobre el criterio de subjetividadcon el cual comprendemos nuestra propia realidad y leemos nuestros textos. Este aspecto se manifiesta con claridad en la propia historia de la Biblia y las diferentes formas de utilización de la misma por parte de distintos grupos o sectores de cristianos. No es lo mismo leer la Biblia desde la posición de los ricos y poderosos, que de la posición de los pobres y oprimidos; no es lo mismo utilizar la Biblia para justificar y sostener políticas inhumanas, sembrar guerras y destrucción, y apropiarse de lo ajeno, que para reclamar el derecho a una vida digna, el fin de toda opresión y la solidaridad entre los pueblos. Mientras unos leen en la Biblia que Dios quiere paz y seguridad; otros leen que Dios demanda justicia y liberación; todo depende de quién, cómo y en qué condiciones la lee.

5. Método científico y lectura confesional

Todos los métodos mencionados más arriba se encuadran en lo que frecuentemente se denomina el estudio científico de la Biblia, mientras se ha visto excluida de dicha categoría la lectura desde el ángulo de la fe o lectura confesional de la Biblia. En primer lugar, debemos reconocer que la perspectiva de lectura confesional es constitutiva de la Biblia y ha sido fundamental en la recepción, transmisión y vigencia del texto, y por tanto un enfoque necesario y central a la hora de considerar y ponderar nuestros métodos de aproximación. Además, si hemos afirmado que todo método implica cierta subjetividad, y se puede también hablar de “ciencias” humanas y sociales, igualmente podemos aceptar la lectura confesional en el diálogo científico o académico.

Sería imposible leer, por ejemplo, el relato del éxodo y la liberación del país de la esclavitud sin considerar o comprender el lenguaje de la fe que expresa la presencia de Dios que interviene en la historia de su pueblo para salvarlo. Dicho relato tiene un valor teológico insoslayable, y aun los relatos “más históricos” son interpretados para expresar una dimensión de fe.

Las posiciones irreconciliables, hasta hace poco tiempo, entre la metodología científica y el enfoque desde la fe posee diversas vertientes. Una de ellas es el dominio alcanzado en la época moderna por el paradigma científico y su racionalidad positivista que fue invadiendo diferentes ámbitos del saber en el Occidente cristiano; y creyendo superar de esa manera el oscurantismo y la superstición alimentados por expresiones religiosas que dominaban anteriormente, fue excluyendo a Dios, la teología y las hipótesis confesionales del paradigma científico. Si bien es cierto que la religión fue perdiendo su papel dominante con el auge de la ilustración y de la ciencia moderna, también es cierto que el oscurantismo y superstición siguió vigente; y por otra parte, no es menos cierto que la racionalidad científica también recurrió a la fe para afirmar muchos de sus axiomas y paradigmas fundamentales.

En América Latina, donde la experiencia religiosa siempre fue significativa, en los últimos años la perspectiva de la fe en la lectura de la Biblia se vio reforzada tras cierto cuestionamiento y desencanto en los países centrales con relación a los paradigmas que sostenían la racionalidad científica moderna. En este proceso también se fueron atenuando las posiciones mutuamente excluyentes y antagónicas de las aproximaciones científica y confesional a la Biblia, y hoy existe una mayor apertura para avanzar hacia nuevos paradigmas dialógicos y complementarios. Este asunto lo podríamos encuadrar en la misma línea de pensamiento que desarrolla Ricoeur en una de sus últimas reflexiones: La Critique et la Conviction ; allí se establecen algunas relaciones dialógicas y recíprocas que son válidas y oportunas para nuestra reflexión; por ejemplo entre la crítica y la convicción, la emancipación y la lealtad, la claridad y lo difuso, el rendir cuenta y el decir no (poner límite), entre cambiar y tener un punto fijo.

6. Lectura bíblica ecuménica e intercultural

Si bien es cierto que la lectura confesional debe hacerse en estrecha relación con la comunidad de fe, lo cual implica una clausura y una afirmación de la identidad; esto no significa que debemos aislarnos en nuestro criterio o transformarlo en criterio único. Al contrario, es justamente a partir de nuestra lectura (interpretación, clausura) y de la afirmación de una identidad particular que podemos ir al encuentro del otro y que podemos dialogar.

Para algunos no es posible entablar un diálogo ecuménico o intercultural que tome como punto de referencia a la Biblia; y si bien es impertinente imponer a otros un criterio de verdad o una fuente de autoridad determinados (como es para los cristianos la Biblia), no será renegando de nuestras convicciones o excluyendo la Biblia como vamos a aportar al diálogo y al entendimiento con otras religiones y culturas. La Biblia es una plataforma válida desde nuestra identidad y cultura para hacer un aporte al diálogo, aunque debemos recordar que no es un libro que se lee en el vacío, sino que está relacionado estrechamente con una comunidad viva y también viene mediado por los criterios de interpretación de sus lectores.

Por tanto, una forma responsable de encaminarnos hacia un diálogo ecuménico e intercultural es a partir de hacernos cargo de nuestra historia y tradiciones, con su potenciabilidad pero también con su carga de complejidad y de contradicciones. También implica una relectura de nuestro bagaje y la definición de posiciones teológicas e ideológicas que orienten nuestro compromiso. Finalmente, requiere de una actitud abierta a la voz del espíritu que nos permita exponernos al diálogo y a la mirada del otro, para recibir al que es diferente como a un verdadero enviado de Dios.

7. De la palabra liberadora al compromiso

La lectura de la Biblia en clave liberadora acompañó el movimiento de la teología de la liberación desde sus comienzos y fue uno de sus recursos fundamentales. Una de las características de este movimiento es que se extendió fuera de las iglesias alcanzando las universidades, movimientos obreros y otros actores sociales; también sirvió de inspiración en otros continentes para iluminar y acompañar diferentes movimientos de liberación, ofreciendo alternativas para la teología y la lectura bíblica realizada en los países centrales.

Con el pasar de los años dicho paradigma empezó a mostrar algunas limitaciones y dificultades para responder a los cambios sociales y culturales con sus nuevos desafíos, sin embargo conviene retener lo principal de su intuición original. Su pertinencia viene dada por la situación social en América Latina que lejos de mejorar, en muchos aspectos y para la mayoría, está peor que hace treinta años. 

Dada esta realidad, volvemos a afirmar que la Biblia pertenece preferencialmente a los pobres y oprimidos, quienes tienen la perspectiva más adecuada para releer el querigma bíblico. Un desafío actual en esta línea de pensamiento es la emergencia de nuevos sujetos y situaciones que reclaman su derecho de interpretar y de ser interpretados por la Biblia: pueblos originarios, culturas afroamericanas, perspectiva ecológica y de vida sustentable, perspectiva de género. Esto representa una oportunidad de recrear el mensaje bíblico y de ofrecer novedades de sentido que aporten a contextos y situaciones específicas. La lectura como producción de nuevos sentidos ha sido fundamental en la conformación de la misma Biblia y en la historia de su recepción, y es la manera de transmitir una palabra viva, relevante y pertinente en todo tiempo.

Otro desafío es poner el foco del debate y de la acción en nuestras propias posibilidades para el cambio y para superar la historia de injusticias y desigualdades, articulando un discurso coherente con los procesos y dinámicas propias de nuestra realidad social y cultural. Siguiendo aquella pauta citada más arriba sobre la revelación de Dios en la historia y los acontecimientos, la praxis es el punto decisivo a partir del cual se fundamenta la palabra dicha. Es también allí donde se prueban las ideas, y donde se debe demostrar la validez y eficacia de la teoría. En el esquema de la hermenéutica liberadora, la praxis ocupa un papel esencial en la producción de sentido y el enriquecimiento del círculo hermenéutico.

Sobre el compromiso: convicción, ética y misión

El compromiso es el primer paso para comenzar a andar el camino de la liberación. En primer lugar, hablamos de la convicción pues es un constitutivo esencial del compromiso y de la  ética, y también representa un énfasis significativo de la confesión evangélica. La convicción es la identificación con las ideas y creencias a las cuales se adhiere, es un reflejo de honestidad intelectual que no siempre resulta obvio. En el pensamiento evangélico, la convicción está íntimamente relacionada con el acto o experiencia de fey es una expresión básica de pertenencia a la comunidad; por eso se habla del “bautismo de creyentes”, se utiliza preferentemente el término “creyente” para referirse al cristiano y en general hay menos espacio para la adhesión nominal. Esta posición también involucra la “experiencia de conversión” y una tendencia hacia la diferenciación y disidencia con la mentalidad del “mundo”, lo cual a su vez representa un potencial significativo para el cambio que quizás todavía no ha encontrado un cauce definido y no está suficientemente aprovechado.

En segundo lugar, afirmamos la necesidad de una ética consecuente y coherente con las ideas y creencias que sostenemos, algo que tampoco siempre resulta obvio. El término hebreo halajá, que significa camino o recorrido, nos ilustra esta idea de la ética como la conductaconcreta a través de la cual expresamos e interpretamos la palabra. La ética no alude a lo que se debe o se debería hacer, sino a lo que se hace efectivamente, los hechos, que habitualmente son más elocuentes que las palabras.

En tercer lugar, la misión sería casi una consecuencia de la convicción, la ética y el compromiso, pero conviene desarrollar un poco más el concepto pues para algunos el término es conflictivo y puede resultar confuso. Lamentablemente muchas veces se ha utilizado el término misión para referirse a la práctica de la imposición de ideas y al proselitismo compulsivo; lo cual tiene suficiente fundamento histórico como para provocar el rechazo de muchos. Pero en todo caso, no deberíamos dejar caer la idea o el concepto básico de misión pues tiene una carga altamente positiva y constructiva, ya que implica el compromiso con las ideas y el involucramiento en acciones de transformación.

El concepto de misiónestá estrechamente relacionado con el de ecumenismo, y en ambos casos es igualmente perjudicial la falta de definiciones como la indiferencia. A veces da la impresión que para algunos expresar las creencias propias, tomar posiciones o tener un punto de referencia, no es compatible con la apertura al diálogo y la tolerancia. Tolerancia no es aceptar cualquier cosa, sino la capacidad de escuchar y comprender particularmente al que piensa diferente, para establecer un diálogo y buscar juntos los puntos de encuentro y cooperación.

Hacia una ideología profética movilizadora

La ideología profética es un condimento esencial de la hermenéutica y el movimiento de la liberación. Aquí podemos señalar tres dimensiones pertinentes del profeta bíblico que destaca Croatto en una de sus obras : el crítico, el concientizador y el intérprete de los tiempos. La profecía es en primer lugar una crítica del pecado y la mentira en medio del pueblo; por tanto denuncia la maldad y la injusticia en todas sus formas y demanda la conversión y el cambio de actitud. La profecía es un factor de conscientización de la persona inauténtica y alienada, desenmascara lo que es falso y ubica en la realidad; por ejemplo desenmascara el falso culto a Dios y los engañosos anuncios de paz. La profecía interpreta los tiempos y discierne la historia, por eso afecta a lo político y a los factores de poder. La profecía tiene también un papel fundamental en la orientación y la elaboración de propuestas, y proclama el establecimiento de Alianzas. La fuerza del profeta está en la Palabra, no en su poder político, económico, militar o sacerdotal; y en ese sentido no es un jefe o caudillo popular. La autoridad de la Palabra viene del espíritu de Dios que se manifiesta en la comunidad, de acuerdo a lo que dijimos más arriba en el marco de la perspectiva comunitaria.

El ámbito privilegiado de aplicación de la ideología profética movilizadora es la educación y la cultura, que es donde también se refleja la crisis moral y de humanidad que nos afecta como sociedad. Los procesos de transformación y mejoramiento de las condiciones de vida están íntimamente conectados con la educación y la cultura, pues se trata de producir un verdadero cambio desde abajo; desde donde saldrá una mejor distribución de la riqueza, políticos obedientes a la voz del pueblo soberano y una integración más justa con el mundo.

Esto también lleva a resignificar la acción política y social, en un contexto donde gran parte de la dirigencia política está devaluada y contaminada con hechos de corrupción, y el sistema de representación está en crisis. Es fundamental reivindicar la política como espacio para el ejercicio de la libertad y reivindicación de derechos ciudadanos, que implican una mayor presencia y protagonismo de la sociedad en el control de la gestión pública.

Samuel Almada
Camacuá 282
1406 Buenos Aires
Argentina
sea@isedet.edu.ar

Esta pauta fundamental está más ampliamente desarrollada y explicada por J. Severino Croatto, Liberación y libertad - Pautas hermenéuticas, Buenos Aires, Mundo Nuevo, 1973, p.8 y 17.

Esta es una definición propuesta por André LaCocque y Paul Ricoeur en Penser la Bible, Paris, Éditions du Seuil, 1998, p.9 (traducción propia). También tomamos de allí algunos conceptos sobre el papel que juega la comunidad lectora en la determinación del significado de un texto (ver p.12-13).

Algunas pistas para la reflexión sobre un diálogo ecuménico aporta Raimon Panikkar, “¿Es universal el lenguaje cristiano?”, en Los caminos inexhauribles de la Palabra (homenaje a J. Severino Croatto), Buenos Aires, Lumen-ISEDET, 2000, p.585-607.

Cf. A. LaCocque y P. Ricoeur, Penser la Bible, p.10-11.

Idem., p.10.

Cf. J. Severino Croatto, Hermenéutica bíblica, Buenos Aires, Lumen, 1994, p.92.

Ver por ejemplo las pistas exegéticas y hermenéuticas desarrollas por Friedrich D. E. Schleiermacher y otros, en F. Schleiermacher, Hermeneutik, Heidelberg, H. Kimmerle, 1959 e 1974; edición francesa: Herméneutique, Genève, Labor et Fides, 1987.

La Critique et la Conviction - Entretiens avec François Azouvi et Marc de Launay, Calmann-Lévy, 1995.

Un repaso actual y más detallado de esta  historia, y algunas consideraciones valorativas de la misma se pueden leer en el artículo de Néstor Míguez, “Lectura Latinoamericana de la Bíblia - Experiencias y desafios” en Cuadernos de Teología XX (2001), p.77-99, y también en Juan José Tamayo y Juan Bosch (editores), Panorama de la teología latinoamericana,Estella, Verbo Divino, 2001.

Ver propuesta de Pablo Richard sobre este asunto en “Hermenéutica - Camino de encuentro con la Palabra de Dios - Diez principios teóricos sobre la Lectura Comunitaria de la Bíblia”, Los caminos inexhauribles de la Palabra, p.539-541.

Ver Liberación y libertad - Pautas hermenéuticas, Buenos Aires, Mundo Nuevo, 1973,p.77-91.

 

 
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