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Lucas 2,8-20: Análisis histórico-críticoUwe Wegner Resumen Abstract Para la exposición del método histórico-crítico, escogemos el texto sobre la anunciación de los ángeles a los pastores en Belén, Lucas 2,8-20. Analizamos este texto, considerando algunos de los pasos representativos del método en cuestión. 1. Crítica textual El examen del aparato crítico para nuestro texto no demostró variantes de peso, que mereciesen una consideración pormenorizada. Lo que nos llamó la atención fue solamente la re-introducción de Mariám como lectura original a partir de la 26ª. edición del Nestlé-Aland, al contrario de María (v.19). Esta decisión del Comité internacional responsable por la 26ª edición, no nos parece feliz. La calidad de los mejores manuscritos favorece claramente María. Además, también no se entiende por qué renombrados copistas habrían alterado Mariám secundariamente por María sólo aquí en 2,19, sin hacerlo coherentemente también en las demás referencias a Mariám dentro de Lc 1-2 (cf. 1,27.30.34.38-39.46.56; 2,5.16.34). 2. Consideraciones sobre la traducción El texto no presenta problemas notorios en cuanto al sentido del vocabulario o de las construcciones gramaticales. Llamamos la atención, únicamente para lo siguiente: v.8 : Este versículo hace referencia a vigilias de la noche (fylaké) en que los pastores guardaban sus rebaños. Había cuatro vigilias nocturnas de tres horas cada una. Iniciaban a las 18 horas y terminaban a las 6 horas de la mañana (cf. Mc 13,35). v.12 : La pesebrera (fátne) representaba el local donde normalmente se colocaba la ración para los animales. Este término, dependiendo del contexto, también puede significar “establo”, como en Lc 13,15. v.14 : La palabra eudokía es traducida por la Vulgata como “las personas de buena voluntad” (bonae voluntatis). La mayoría de las traducciones actuales, entretanto, interpreta el término como designando “favor”, “querer bien”, no refiriéndose, con todo, en nuestro versículo al favor inherente a las personas, y sí, a Dios. Es en este sentido que interpretan el término traducciones como las que siguen: “a los que son de su agrado” (CNBB), “ entre las personas del favor (de Dios)” (Novo Testamento interlinear grego-português :SBB), “a los hombres que él ama” (Biblia de Jerusalén), “a quien él quiere bien” (Almeida), “entre las personas sobre las cuales reposa el favor de Dios” (Léxico do N.T. grego/português, p.87). Este entendimiento es favorecido por el hecho de que también en los manuscritos de Qumrán se da el uso de eudokía en sentido semejante a la expresión bene retzono = hijos de su [sic de Dios] benevolencia (cf. 1 QH IV.32-33 y XI. 8-14). 3. Crítica literaria 3.1. Delimitación del texto El texto de 2,8-20 parece formar una unidad perfectamente delimitada de los textos anteriores y posteriores. El elemento más indicador de esta delimitación, es que sólo estos versículos relatan un acontecimiento directamente relacionado con “pastores” (poiménes). El texto ¡comienza (v.8), como termina con una mención a los mismos (v.20)! Ellos están en los campos, van a Belén y vuelven a los campos. Después de su retorno (v.20), se modifica el asunto: en el v.21 es abordada la temática del nombre que se da a Jesús y en los v.22ss. se presenta la narración de Jesús siendo conducido al templo. Es sólo en éste escenario de 2,8-20 en que son mencionados los pastores, en los relatos de la infancia y, por lo demás, en todo el Evangelio de Lucas (2,8.15.18.20). 3.2. Estructura Existe consenso sobre la estructura, sobretodo en la subdivisión mayor del texto en dos partes principales: la primera comprende los v.8-14 y aborda la revelación de los ángeles sucedida a los pastores en los campos de Belén. La segunda comprende los v.15-20 y tematiza lo que los pastores relatan a José, María y las demás personas dentro de la villa de Belén sobre la revelación de los ángeles. En detalles, podríamos subdividir las dos partes de la manera siguiente: I: 2,8-14 :Los ángeles revelan a los pastores la identidad del recién nacido II: 2,15-20: Los pastores como anunciadores de la revelación recibida en Belén
En 2,8-14 aparece realzada la “gloria” de Dios (v.9+14). En la parte de 2,15-20 se destaca la identificación del pequeño, recién nacido, como siendo el Salvador, el Cristo, el Señor. El verbo usado para este realce es “ver” : “..y veamos los acontecimientos que el Señor nos dio a conocer” (v.15); “ y viéndolo, divulgaron lo que se había dicho respecto a aquel pequeño” (v.17); “regresaron entonces los pastores, glorificando a Dios por todo lo que habían oído y visto…” (v.20). 3.3. Uso de fuentes Lc 2,8-20 forma parte del complejo mayor de los capítulos 1-2, titulado “El evangelio de la infancia, según Lucas”. Una comparación de este evangelio de la infancia con el de Mateo (Mt 1-2) muestra que ambos relatos poseen, al lado de una serie de divergencias, simultáneamente un gran número de puntos en común, como la afirmación de la virginidad de María, el noviazgo de ésta con José, la concepción de Jesús por obra del Espíritu, el nacimiento de Jesús en Belén, entre otros. Esto parece indicar hacia la existencia de una tradición común a Mateo y Lucas acerca del origen de Jesús, incluso anterior a la formación de sus evangelios. Esta tradición debe haber evolucionado, separadamente, en los dos núcleos de traducción de Mt y Lc, hasta ser incorporada por los respectivos evangelistas en sus evangelios. Se discute, en relación a las diversas partes de Lc 1-2, si hay un núcleo primitivo de historias, al cual se habrían agregado secundaria y gradualmente otros elementos textuales. En la investigación hay poco consenso sobre esto. Generalmente la parte concerniente al texto de Lc 2,8-20 es considerada como historia incorporada a Lc 1-2, en un estadio posterior. Uno de los argumentos usados para esta tesis, es que 2,8-20 no pertenece al núcleo de traducción original de las historias de infancia, común a Mt y Lc, por no tener paralelo en Mateo. 4. Análisis redaccional El análisis de la redacción intenta por indicios en el texto que vuelvan probable a su formulación y origen por parte del evangelista. Como Lc 2,8-20 es materia exclusiva de Lc y no tenemos, por lo tanto, la fuente en la cual Lucas se basó para reeditar este tramo, los elementos redaccionales necesitan ser extraídos de observaciones y estudios hechos sobre el estilo y las tendencias redaccionales del tercer evangelista, deducidos, sobre todo, de su manera de proceder en relación a los textos de Marcos. Tales observaciones, por lo general, pueden ser encontradas en comentaros bíblicos. Un estudio específico de la redacción hecha por Lucas en los fragmentos de su materia exclusiva y de la fuente Q es de J.Jeremías, titulado Die Sprache des Lukasevangeliums (El lenguaje del evangelio de Lucas). Jeremías es de la opinión de que, teniendo en vista el gran número de semitismos en 2,8-20, el trozo como un todo, es ciertamente anterior al tercer evangelista. Entre los v.8-15, él constató que Lucas estilizó el contenido de su fuente en algunos pocos detalles. Pero, en relación a los v.16-20, entiende que la presencia de un número significativo de “lucanismos” (términos, expresiones y sintaxis típicamente lucanos) apunta hacia una interferencia mucho más significativa del evangelista en la fuente por él usada . Incluso así, Jeremías no llega a sugerir que el fragmento sea una composición autónoma de Lucas en su totalidad, una vez que el trabajo redaccional no sólo crea nuevos textos, como igualmente, sustituye fuentes usadas por fragmentos nuevos, estilizados con sintaxis y vocabulario propios, sin contenido, alterar sustancialmente el contenido. Aisladamente, el versículo que más acostumbra a ser interpretado como composición propia y creación del tercer evangelista es el v.19. Normalmente se argumenta que Lucas lo compuso a partir de la noticia que su fuente le diera en Lc 2,51, realmente, los indicios para tal suposición están en gran número. El carácter fuertemente redaccional del v.19, se evidencia por el empleo de:
Sintetizando: a lo largo de todo el fragmento de Lc 2,8-20 se encuentran evidencias de una estilización lucana, siendo ésta más destacada entre los v. 16-20. En este último fragmento es probable que el v. 19 sea, todo él, composición del tercer evangelista. Lo que permanece difícil de determinar con exactitud, es el grado más exacto en que Lucas (a) sólo sustituyó palabras o expresiones de su fuente por otras más adaptadas a su estilo, o (b) creó él, propiamente, ciertas partes del texto, procurando interpretar el evento a su manera y destacar aspectos de lo ocurrido que él pensaba como importantes. 5. Análisis de las formas El análisis de las formas de nuestro fragmento, depende, inicialmente, de la respuesta a una pregunta preliminar: ¿2,8-20, formó parte original del complejo mayor de las “historias de la infancia” de Lucas? Una respuesta con un alto grado de fundamentación, no es ya posible. Anteriormente, ya nos habíamos inclinado a entender que, por falta de un paralelo de Lc 2,8-20 en las “historias de la infancia” de Mateo, este fragmento podría ser aumentado a Lc 1-2 en un estadio de la tradición posterior. Por eso, creemos más correcto examinar Lc 2,8-20 separadamente, bajo el punto de vista formal, incluso reconociendo los varios hilos de ligazón que se presentan entre 2,8-20 y el complejo Lc 1-2 como un todo, de entre los cuales destacamos:
Considerando, específicamente, el texto de Lc 2,8-20, Klaus Berger, en su más reciente libro sobre las formas en el NT, encuadra nuestra historia dentro del género relatos de visiones y audiciones . Para este autor, tales historias generalmente vienen estructuradas mediante dos niveles diferenciados de narraciones: en un primer nivel se relatan situaciones concernientes a los receptores de la visión y de la audición: dónde se encuentran, qué están haciendo, el temor que acarrea la aparición, eventuales órdenes de procedimiento dadas en la visión y su respectivo cumplimiento o no (cf. los v.8-9. 15-20). En un segundo nivel, es narrada la visión propiamente dicha, generalmente seguida de una o más audiciones (cf. los v.10-14). Berger también llama la atención por el hecho de que dentro de las visiones y audiciones, muchas veces aparecen adicionalmente otros géneros literarios definidos. En el caso de 2,8-20, se puede constatar todavía, la presencia del género de la “proclamación” en 2,11, y de la “aclamación” en 2,14. Mirando atentamente hacia el contenido del texto, queda relativamente fácil determinar el objetivo que el relato de esta visión y audición a los pastores, tuvo dentro de 2,8-20. El relato tiene como propósito:
Los ya citados investigadores Schürmann y Schneider no hablan directamente del género de “visiones y audiciones”, pero caracterizan el conjunto de los textos de Lc 1-2 como narraciones “homologéticas” , es decir, “confesionales”. Todas ellas se orientan a resaltar la confesión: el pequeño de Belén, es ¡Dios en medio de nosotros!Schürmann destaca, en especial, el papel de los ángeles en tales narraciones homologéticas: son ellos, a los cuales cabe destacar la relevancia de personas y acontecimientos como “escatológicos”, es decir, de importancia fundamental y decisiva para el presente y el futuro. Las observaciones de los varios autores se complementan. Podemos concluir afirmando: en Lc 2,8-20 se trata de una visión y audición experimentada por pastores, con el objetivo de destacar la confesión de que el pequeño Jesús es el Mesías y Salvador. 6. Cuestiones de historicidad Lc 2,8-20 ha generado varias dudas relativas a la historicidad del suceso narrado. En la investigación, las posturas van desde los que defienden Lc 2,8-20 como narración histórica, hasta aquellos que contestan a la historicidad, sea en aspectos aislados, sea pues, del texto como un todo. A continuación, analizaremos brevemente los principales argumentos que dieron origen a la contestación de su historicidad y lo hacemos destacando tres de sus principales aspectos: 6.1. La intermediación de los ángeles como anunciadores de la revelación Ciertos investigadores/ras entienden que la mención de los ángeles es, en Lc 2, 10-14, un mero recurso literario para expresar lo que, de parte de Dios, quería ser trasmitido referente a la mesianidad del pequeño nacido en Belén. Los ángeles eran, en la apocalíptica judaica un recurso muy usado para expresar verdades reveladas por Dios. Es flagrante cómo, en los relatos de la infancia de Lc y de Mt, se hace amplio uso de este recurso (cf. Lc 1,11-20.26-38; 2,9-14; Mt 1,20ss; 2,13.19-20). Para I. Maisch los ángeles no serían seres históricos, diferenciados, intermediarios entre Dios y la humanidad, “señales del propio Dios”, “aspectos del propio ser de Dios” : ellos serían empleados para señalizar como divinos, ciertos reconocimientos histórico-salvificos, a ejemplo del reconocimiento de Jesús como Salvador. Tal toma de postura se puede respaldar en:
Otros pensadores/ras ya acentúan los aspectos que favorecen una existencia personal de los ángeles, como mensajeros y siervos de Dios, destacando, sobre todo, tres detalles, a saber:
Incluso no siendo ya posible optar, con carácter definitivo por una de las dos concepciones como normativa para nuestra narración, entendemos que la alusión directa en el v. 15 a los acontecimientos que “el Señor nos dio a conocer”, más el carácter esencialmente “confesional” del género de los “relatos de visiones y audiciones”, en nuestro texto, favorecen la tesis de Ingrid Maisch, según la cual los ángeles retratan en Lc 2,8-20 meramente aspectos “del propio ser de Dios”, en el caso de 2,11, aspectos concernientes a su revelación de Jesús como Señor y Salvador. 6.2. La identificación de Belén como lugar del nacimiento de Jesús La localización de Belén como lugar del nacimiento de Jesús, hace mucho tiempo, levantó la sospecha de no ser histórica. Generalmente se argumenta, que son sólo las historias de la infancia en Mt y Lc que se refieren a este pueblito como lugar del nacimiento del Mesías (Mt 2,1.5.6.8.16; Lc 2,4.15) y que estas historias podrían estar interesadas en hacer coincidir la ciudad natal del Redentor con la ciudad profetizada en la Biblia a este respecto (cf. Mq 5,2 con Mt 2,4-6). De hecho, Jo 7,37-44 parece excluir Belén como ciudad natal de Jesús y el epíteto “Nazareno” cf.Mc 1,24; 10,47; 14,66; 16,6; Lc 4,34; 18,37; 24,19) o el genitivo “de Nazaret”, seguidamente aplicado al mismo (Cf. por ejemplo, Mt 21,11), sugieren Nazaret más que Belén como el lugar de su nacimiento (cf. también Mc 6,1-6). Aunque la evidencia de un mayor número de textos apunte más hacia Nazaret que hacia Belén, como ciudad natal de Jesús, existen algunos hechos que relativizan parcialmente esta tendencia. De entre ellos, sean citados los dos siguientes:
“A los defensores tanto de una (sc Nazaré) como de la otra (sc Belén) opinión, se les podría sugerir que ponderen cuán poderosas habrán sido las razones que llevaron a los evangelistas a descolocar el lugar del nacimiento de Jesús hacia Belén, que para el rey davídico tiene una importancia muchísimo menor que el lugar teológico constituído por Jerusalén” El texto de Lc 2,8-20 relata una gran alegría “para todo el pueblo”. Se trata del nacimiento del Salvador. Después de la revelación de los ángeles, los pastores van a Belén, identifican al pequeño y divulgan su verdadera identidad, así que “todos los que lo oyeron, se admiraban de las cosas referidas por los pastores” (v.18). Y los pastores, cuando regresan a sus campos, lo hacen glorificando y alabando a Dios por todo lo que oyeron y vieron (v.20). Estas visión y audición espectaculares, así se supone, deben haber sido objeto de muchos comentarios y divulgaciones, también en los días siguientes. Considerando que Jerusalén no queda sino a 7 km de Belén, se debe presuponer que la inaudita noticia haya sido divulgada temprano también en la capital. Lo curioso, con todo, es que en el relato de Mt 2,1ss tanto la visión, cuanto a la audición a los pastores, son completamente desconocidas por parte de los jerosolimitanos. Herodes, los principales sacerdotes, los escribas, todos las ignoran. ¿ Qué ocurrió con la maravillosa revelación a los pastores? ¿Es posible que una tal noticia haya tenido un impacto tan limitado que, semanas o meses más tarde, era (todavía) totalmente desconocida en Jerusalén? Esto es temerario. H. Schürmann, por estas y otras razones, ve en el total desconocimiento del suceso ocurrido a los pastores en Mt 2,1ss fuertes motivos para considerar la narración como no histórica. Conclusión: los argumentos presentados, permiten concebir el texto de Lc 2,8-20 como un relato sustancialmente “confesional”, cuyo objetivo era el de identificar en el nacimiento del pequeño en el pesebre, el rayar de una nueva aurora para la humanidad. El fragmento quería asegurar que, por tras de una señal tan banal como el de una criatura envuelta en pañales y dejada en un pesebre, se escondía, en verdad, la redención tan anhelada de “todo el pueblo”. Por ser una identificación tal, nada obvia, la narración se sirve del recurso de los ángeles para la proclamación de su veracidad divina. El recurso a los pastores y al habitat de los campos como a los destinatarios y el lugar de la revelación, puede haber sido influenciado por el hecho de describir el AT a David y su casa, a partir de los cuales vendría el Mesías, como oriundos de los campos y de la actividad pastoril (cf. 1 Sm 16,1-13; 17,15.28.34ss; Sl 78,70; Mq 4,8). Como en cada uno de los argumentos más arriba citados, hubo también razones que pudieran ser cotejadas a favor de la historicidad de Lc 2,8-20, la posibilidad de esta narración de retratar sucesos ocurridos conforme a lo descrito, no puede ser descartado por completo. Sin embargo las evidencias parecen apuntarnos más claramente por la primera hipótesis. 7. Análisis de contenido La riqueza del contenido de Lc 2,8-10 no puede ser explorada en todos sus pormenores en el corto espacio de este ensayo. Por esta razón, seleccionamos para el análisis únicamente algunos aspectos que nos parecen relevantes. 7.1. La actividad de los pastores Los pastores son presentados como estando en los campos y en vigilias nocturnas. En las cercanías de Belén, en dirección al desierto, había campos de pastos para los rebaños. La época del pastoreo era anterior al invierno, es decir, antes del final de noviembre/inicio de diciembre. Los pastores se alternaban en vigilias, en función de eventuales ladrones o de animales salvajes (cf.Jo 10,8-12), que podrían causar daños o pérdidas a sus rebaños. 7.2. La aparición y proclamación de un ángel La aparición de ángeles es testimoniada en varios sucesos del AT y del NT. Por pertenecer a la esfera celeste, irradian también parcialmente la “gloria” divina (cf. Hch 9,3; 12,7; 22,6; 26,13; Ap 1,12-19). El v.11 da la razón de la alegría grande proclamada por el ángel: es el nacimiento de un Ungido, Salvador y Señor. El nacimiento ocurre en la ciudad de David, que era Belén (cf. 1Sm 17,12) y del cual, según la profecía de Mq 5,2, sería el que habría de reinar en Israel, para muchos, el Mesías. Ese Mesías es interpretado con otros dos títulos: Salvador y Señor. Se trata de títulos atribuidos comúnmente, a los soberanos y emperadores del mundo greco-romano y oriental. En el AT, “Señor” (kyrios) es referencia constante para Dios. “Salvador” (sotér) es epíteto para ciertos juicios, considerándose sus acciones libertarias, mas también para el propio Dios, en textos como Hch 3,18; Sl 23,5 y 24,5. (En el NT, “Salvador” es usado para Dios en Lc 1,47 y 1Tm 1,1). En definitiva: el Mesías, personificando títulos divinos, hace presente la salvación de Dios en la historia. Se discute, si con el uso de tales atributos divinos el texto tuvo, en su origen, una intención polémica, en el sentido de contrastar el Salvador Jesús con los demás salvadores del imperio romano y de otros imperios que, a veces, se consideraban dioses. El texto, es verdad, no indica de forma más clara una tal intención. Sin embargo ella nos parece implícita, por la simple razón de que fueron usados éstos y no otros atributos con los cuales se saluda la venida del Mesías. 7.3. Aparición y alabanza de la milicia celestial En el v. 13, se junta al ángel una “multitud del ejército celestial”. La concepción de un “ejército” celestial es atestiguada en textos como 1Rs 22,19; Dn 7,10 y Mt 26,53. Para ciertos investigadores la idea fue influenciada a partir de la implantación de una monarquía israelita, con ejército permanente. El carácter completamente diferente de este “ejército” de ángeles (cf. el plural “ángeles”, en el v. 15), si lo comparamos a un ejército normal, sobresale por su función en el texto: alabar y proclamar, en lugar de guerrear y exterminar. La milicia proclama la glorificación a Dios y la paz en la tierra entre la humanidad de su benevolencia. Hay en esta alabanza una estrecha correlación entre las dos proclamaciones: la glorificación de Dios, cuando asegurada en fe y perseverancia, inhibe la auto-glorificación del ser humano, llevando a la concordia y a la fraternidad. Por el contrario, cuando a Dios no es prestada la debida gloria, las personas se transforman ellas mismas, en señores y salvadores, generando la disputa, la envidia y la guerra. La glorificación de Dios y la paz entre la humanidad, son los dos aspectos concretos de salvación que el texto deja entrever como beneficios del “Salvador, que es Cristo, el Señor” (v.11). Conviene recordar la comprensión del contenido que encierra la palabra “paz” para las personas de la época de Jesús: la paz no es sólo ausencia de guerras, sino que comprende todo el conjunto de beneficios indispensables para que las personas puedan vivir su vocación de hijos e hijas de Dios y, en consecuencia, de hermanos y hermanas entre sí. El v.14 amplía, de cierta manera, la perspectiva restricta al pueblo judío del v. 10. Pues como Mesías, la venida de Jesús puede haber representado una alegría especial para el pueblo judío, que aguardaba y necesitaba de su Ungido. Sin embargo, en el v. 14b la proclamación de la milicia celestial va mucho más lejos. Ya que, allí, es proclamada la paz en la tierra a las personas que son objeto de la benevolencia divina. Ahora bien, la benevolencia divina no está restringida a un único pueblo, como bien lo sitúa el apóstol Pablo (Rm 3,29-30). 7.4. Ida de los pastores a Belén y testimonio sobre la identidad del pequeño Con la proclamación de los v. 10-14, el ángel y la milicia celestial cumplieron su misión como mensajeros de Dios y portavoces de su mensaje de identificación del pequeño como el Mesías esperado. Siendo así, pueden “alejarse en dirección a los cielos” (v. 15). Con la desaparición del ángel y de la milicia celestial, la narración se concentra en la tarea destinada a los pastores: atribuir en Belén la veracidad de aquello que el ángel anunció y testimoniar a María, José y a los demás la verdadera identidad de Jesús como Salvador. La narración describe la ida y la llegada de los pastores en Belén y la confirmación de la señal descrita por el ángel, es decir, una “criatura envuelta en pañales y dejada en una pesebrera”. Esto que había sido dado al conocimiento de los pastores (egnórisen:v.15), y éstos dan al conocimiento de José y María en Belén (egnórisan: v.17). Ellos dan, por así decir, su testimonio, bajo el impacto de lo que habían oído en los campos. En Belén, con todo, se encuentran bajo el impacto de aquello que, concretamente, ven frente a sí. Lo que el ángel anunció, se encontraba ahora frente a sus propios ojos. Por esto, los pastores, cuando vuelven a sus campos, glorifican y alaban a Dios por todo lo que habían oído y visto (v.20). No hay duda: la narración quiere destacar que sus ojos estaban pudiendo confirmar en Belén aquello que a sus oídos había sido dado a conocer a cielo abierto, en los campos. 7.5. Reacción de María El tercer evangelista destaca en el v.19 el hecho de María , la madre de Jesús, tener guardadas todas estas palabras en su corazón. María, en este caso, se comporta a semejanza de Daniel, frente a la revelación de su sueño (cf.Dn 7,28; vea también 1Sm 21,12, de David) Quien guarda y reflexiona las palabras, testimonia, de esta manera, la importancia que les confiere. 8. Análisis teológico Para concluir este ejercicio de análisis histórico-crítico, evaluamos al final un poco de la riqueza teológica encontrada en el texto. Destacamos tres aspectos teológicos, entre otros tantos, que podrían ser analizados. 8.1. Jesús, el Salvador y Señor de la humanidad La teología del v.11 es pretenciosa: afirma que el nacimiento de Jesús representa nada más ni nada menos, que la plenitud de la salvación. La salvación y el Salvador anunciados en Lc 1,47.68-69. 71.74.77-79 acontecen en el “hoy” salvífico de Dios , vinculado al nacimientote Jesús. Este dato representa, así, un divisor de aguas. Al igual que el v.11 no explica el contenido concreto de la salvación, la lectura de los cánticos de María (Lc 1,46-55) y de Zacarías (Lc 1,68-79) permite visualizar en qué dirección podría estar concebida la salvación vinculada al pequeño: el redentor viene para salvar a personas y pueblos de las manos de sus enemigos y de los que les odian (1,71.74) y para redimirlos de sus pecados (1,77). Como agente de Dios, derribará los tronos de los poderosos, llenará de bienes a los hambrientos y dispersará a los soberbios (1,52-54). Para un pueblo que yace en las tinieblas y en las sombras de la muerte, su venida representará una luz y su presencia abrirá caminos de paz (1,79). Así como “Salvador”, también el atributo de “Señor” es rico de sentido. Sólo que con este segundo atributo se destaca más el sentido de pertenencia y de obediencia que debe ser prestada a Jesús, como sugieren textos, como por ejemplo, de Rm 6,16 y 14,8-9.Tener a Jesús como “Señor” no significa otra cosa que aceptar el discipulado bajo su orientación. 8.2. Mediación de la revelación divina: los pastores Varios comentaristas bíblicos se muestran intrigados con los agentes escogidos por Dios para recibir la revelación sobre la identidad del pequeño y la llevaron adelante. La pregunta es: ¿Por qué escogió Dios justamente pastores en este caso? Tanto en el AT cuanto al NT hay conciencia del trabajo de los pastores junto a los rebaños, no notándose ninguna especial discriminación de esta función (cf. Mc 6,34;14,27; Lc 11,23; 15,4; 19,10; Jo 10,12.14; 1 Pe 2,25, etc.), únicamente la constatación de que, así como hay buenos, existen también malos pastores (Jo 10, 12.14). En textos rabínicos, los pastores son encuadrados en las listas de profesiones despreciables: eran considerados como deshonestos y ladrones “y lo que todavía es más grave, robaban la renta de los rebaños. Por este motivo fue prohibido comprar de ellos, leche o cabritos”. Ejercer la profesión de pastor implicaba la pérdida del derecho de poder ser juez; también implicaba en valorar su testimonio como no válido para efectos legales. Si las apreciaciones rabínicas sobre los pastores eran vigentes en la época de Jesús, la elección justamente de este grupo de personas, no deja de ser significativo: los primeros testimonios de la mesianidad del pequeño serían, justamente, personas despreciables y sin ciudadanía plena, por ser inválido su testimonio jurídicamente. ¿Qué habría Dios querido señalar con tal elección? Que el tesoro de Su revelación viene mediado por tenues vasos de barro, a quien Dios confiere el privilegio de esta mediación, a despecho de todos sus límites, flaquezas e imperfecciones. Lo que parece quedar claro, de cualquier forma, es que Dios no necesita de un “atestado moral o profesional” de nuestra parte, para transformarnos en ¡evangelizadores o evangelizadoras! El lo hace de manera absolutamente soberana, a pesar y a despecho de todas nuestras limitaciones. 8.3. El signo para la identificación : una criatura envuelta en pañales y puesta en una pesebrera El signo escogido por Dios es algo extremadamente banal y corriente. No hay nada de extra-ordinario, de portentoso, de milagroso que pudiese evidenciar, en un realce, una identidad salvífica a través del mismo. “Salvadores” acostumbran nacer en palacios, en medio del lujo y del brillo, y en capitales. En el caso del nacimiento de Jesús, no hay nada de esto. Belén, inclusive, era una humilde aldea en las cercanías de Jerusalén. El signo escogido por Dios para la identificación del Salvador es, por las razones ofrecidas, extremadamente ambiguo. Éste es sencillo, simple, banal, y, por encontrarse prácticamente en todos los lugares, fácilmente confundible. Nos parece que Dios está queriendo señalar dos cosas:
Uwe Wegner Así, por ejemplo, G. Schneider, Das Evangelium nach Lukas –Kapitel 1-10, Gütersloh, Echter Verlag, 1977, p.76.
Cf. Joachim Jeremias, Die Sprache des Lukasevangeliums, Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1980, p.80-84. Ejemplos de redacción lucana son: Las expresiones “gran alegría” y “para todo el pueblo”, en el v.10; el título cristológico “Salvador”, y el adverbio “hoy” en el v.11; la expresión “milicia celestial” en el v.13; las expresiones “unos a los otros” y “estos acontecimientos” en el v. 15. Cf. Joachim Jeremias, Die Sprache des Lukasevangeliums, p.85-89. Entre los v.16-20 la única referencia segura de la tradición, es para Jeremias el empleo de la forma semítica Mariam (2,16), al contrario de la forma helenizada María, como en 2,19. Otro indicio, no tan fuerte, de la tradición sería el empleo de admirarse sobre con el verbo thaumázo, seguido de perí con genitivo (v.18). La mayoría de los términos, expresiones y construcciones gramaticales entre los v.16-20, entretanto, puede ser fácilmente deducida como de la autoría del propio redactor, como muestra en detalles el estudio de Jeremías. Ejemplos: pseudo (ir apresuradamente) que, con la excepción de 1 Pe 3,12, es exclusivamente empleada por Lucas en el NT: Lc 2,16; 19,5-6; At 20,16 y 22,18; réma/rémata (acontecimiento/s), empleados en 2,17.19 y que sólo la estadística ya evidencia como lucanos: ocurre 19 veces en Lucas, pero ¡sólo 5 en Mt y 2 en Mc!; glorificando a Dios (v.20), una expresión que aparece 8 veces en Lc (¡1 vez en Mc y 2 veces en Mt!) y que el tercero de los evangelistas acrecentó dos veces su fuente en Mc (cf.Lc 5,25 con Mc 2,12 y Lc 18,43 con Mc 10,52). Para las narraciones del cap.2, H. Schürmann, Das Lukasevangelium – Erster Teil, Freiburg:Herder,1969,p.145, sugiere lo siguiente: “lugar vivencial”: “considerándose su contenido teológico, puede suponerse como “lugar vivencial” una comunidad en Judea, alrededor de la década de los sesenta, cuyas esperanzas políticas y mesiánicas reconocían y aguardaban a Jesús como al mesías davídico”. Cf. Klaus Berger, As formas literárias do Novo Testamento, São Paulo: Loyola, 1998, p.255-262. Lo que sigue se basa en este autor. Cf. I. Maisch, “Anjos nos campos de Belém?” (Lc 2,9-15), en Como ler a Biblia ,São Paulo: Paulinas, 1983, p.61-65. Como ejemplo de su posición, Maisch cita el caso de los ángeles de la Guarda – éstos son “reales” para ella, solamente en la medida en que expresan la guarda que el propio Dios concede a cada persona (p.65). Cf. posición semejante en E. Beck, O filho de Deus veio ao mundo, São Paulo; Paulinas, 1982, p.134: “a linguagem do Novo Testamento sobre apariciones de ángeles y sus mensajes...sirve como instrumento de composición y de estilo, que encuentra su aplicación todas las veces que el mundo de Dios, irrumpe en el mundo de los hombres.”. Así en textos como Gn 16,7ss (cf. el v.9 con el v.13); 22,11ss; 48,15-16; Éxodo 13,21 (con 14,19). En otros textos, con todo, se distingue más claramente entre Javé y su ángel: cf. Gn 24,7; Ex 23,20; 33,30-31. Cf. G. Kittel, art. Ángelos, en Theologisches Wörterbuch zum Neuen Testament, Stuttgart: Kohlhammer, vol.1, 1933, p.80-81. Como ejemplo, cf. el excurso sobre ángeles ofrecido por K.H. Rengstorf, Das Evangelium nach Lukas, Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1974, p.43-45. Cf. para detalles, Uwe Wegner, “Pode sair algo bom de Nazaré?” (João 1,46) – Origens nebulosas de nosso Salvador, en Estudos Teológicos, São Leopoldo, Facultade de Teologia, vol.35, n.1, 1995, p.39-51. Algunos autores, con todo, entienden referencias contenidas en el Tárgum de Jõnatas sobre Gn 35,21, en el Tárgum de los profetas sobre Mq 4,8 y 5,1 y en la Michná como indicios de una vinculación del Mesías con los pastores en Belén, probablemente ya presente en la época del primer siglo: cf. E. Beck, O filho de Deus veio ao mundo, p.170; H. Schürmann, Das Lukasevangelium, vol.1, p.108. Cf. H. Schürmann, Das Lukasevangelium, p.115. Íntimamente relacionado con la localización de Belén, como lugar del nacimiento de Jesús,se encuentra también el texto de Lc 2,1-7, según el cual José y María, habrían ido a Belén en función de un censo general “bajo Quirino, gobernador de Siria” (Lc 2,1ss). Esta noticia también ha sido históricamente cuestionada, pues si Jesús nació bajo el dominio de Herodes(muerto el 4 a.C.), difícilmente José habría ido hacia Belén antes de esta fecha, considerándose que Judea fue incorporada a la autoridad tributaria plena de los romanos, solamente a partir del exilio de Arquelao, hijo de Herodes, en 6 d.C. Así siendo, también la noticia del nacimiento de Jesús en Belén, de la manera cómo es contada e introducida en Lc 2,1ss., se encuentra sujeta a diversos cuestionamientos en cuanto a su historicidad: cf. para detalles, E. Beck, O filho de Deus veio ao mundo, p.162-165 y los comentarios en general. Fragmentos de la inscripción de Priene, que exalta el nacimiento del emperador Augusto, pueden darnos una mejor idea de cómo la proclamación de los v. 11 y 14 podría fácilmente haber evocado asociaciones anti-imperiales: “este día, que es el día natalicio del Emperador, dio al mundo un nuevo rostro. Este mundo habría sucumbido si, en aquel que nació en la fecha de hoy, no hubiese brillado para todos los hombres una común salvación…La Providencia que vela sobre cada vida, acumuló a este hombre con tales dones, para la salvación de los hombres, que fue enviado como Salvador para nosotros y para las generaciones futuras. Él pondrá término a todas las guerras…Con el día natalicio de dios se inicia para el mundo el evangelio que está ligado a su nombre” (Extraído de E. Beck, O filho de Deus veio ao mundo, p.46). En Lc 2,10-11, el ángel “evangeliza” que la salvación ¡depende de otro que el emperador! María recibe consideración especial en las historias de la infancia en Lucas. Sólo en el cap. 2, es referida en 2,7.16.19.34.51; en el v. 16 aparece mencionada antes de José, lo que, por sí solo, ya le confiere notabilidad. El “hoy” (griego: sémeron) como día especial de la intervención divina, ocurre también en pasajes del AT, a ejemplo de Dt 26, 16-19 y Sl 95,7-8. El propio Jesús confirma que en su persona acontece el “hoy” de la intervención divina decisiva: Lc 4,21. Cf. Joaquim Jeremias, Jerusalén no tempo de Jesús, São Paulo: Paulinas, 1983, p.403-414 (citación de la p, 406).
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