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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

Elefantina – Memoria de “otro” culto

Sandro Gallazzi

 

Resumen
La contribución de la pequeña colonia militar judaica de Elefantina, a los confines entre Egipto y Nubia es muy importante para la investigación sobre la aparición y las características del monoteísmo sadoquita del segundo templo y con relación al surgimiento del libro sagrado. Y, de manera muy especial, nos deja entrever y saborear la posibilidad de una religiosidad capaz de dialogar con otras culturas, otras religiosidades, otros pueblos. Un Yahweh que pudiera residir en África, un arca de la alianza que podría estar siendo reverenciada en Etiopía, una celebración pascual sin sacrificios ni víctimas, nos dan un aliento amplio y profundo y, al mismo tiempo, nos desafían a creer más allá de nuestros dogmas y de nuestras cerradas y sucias esperanzas.

Abstract
The contribution of the small Judaic military colony of Elephantine, to the boundaries between Egypt and Nubian is very important for the research on the appearance and the characteristics of the sadocit monotheisme of the second temple and about to the appearance of the Sacred Book. And, in an all special way, it lets to glimpse us and to savor the possibility of a religiosity capable to dialogue with other cultures, other religiosities, other people. A Yahweh that can reside in Africa, an ark of the alliance that could be being reverenced in Ethiopia, a pascal celebration without sacrifices nor victims, give us a wide and deep encouragement and, in the same time, they challenge us to have faith besides our dogmas and our closed ones and soiled safeties.

Raíces. Esta palabra hace relación a savia, árbol, frutos. Las raíces sostienen, chupan, alimentan, se desparraman. Las raíces, en la mayoría de los casos, quedan escondidas, subterráneas, olvidadas. La gente acostumbra a encantarse con la belleza de la copa, con los colores de las hojas, con los sabores de los frutos y no los relaciona con las raíces. Debajo del suelo, por lo demás, muchas veces, está el alimento: zanahorias, veteraba, papas, mandioca, ‘cará’ (un tipo de papas), apio, rabanitos….vidas de la tierra para las vidas de los pobres.
En la Biblia también, es así: una grande copa, siempre da gusto vería; frutos dulces y, a veces, intragables, savia milenaria que alimenta esperanzas, luchas, pero que también sostiene dominaciones, exploraciones, racismos y separaciones.
El único tronco de los tres monoteísmos exclusivos y excluyentes –Judaísmo, Cristianismo e Islam – siempre en guerra, guerras santas, cruzadas,, símbolos de masacres, de violencias inauditas, de crímenes contra la humanidad, perpetrados en el nombre del único Dios, nunca capaces de llegar a ser “trinidad” y comunión.
Las raíces, por el contrario, se mezclan, se entrelazan, se agarran y se amarran unas a las otras, símbolo de un ecumenismo originario, base de un único tronco, a pesar de la individualidad aparente de sus frutos.
Descubrir y profundizar la presencia de raíces afro-asiáticas del mundo bíblico es más una contribución en la búsqueda por la unidad fundamental de la vida.
La lucha contra toda forma de racismo, de exclusión, de discriminación es justa y legítima en sí misma, no precisa del bautismo bíblico y, ni siquiera precisa de la Biblia. Exige, sí, de nosotros la deconstrucción de una lectura bíblica fundamentalista e irresponsable la cual, a lo largo de los siglos, legitimó la elección divina de un pueblo, la superioridad y la dominación de una raza sobre todas las otras, de una creencia sobre todas las otras, de una iglesia sobre todas las otras, de un dios sobre todos los otros.
Nada mejor que la reconstrucción de la historia, para deconstruir una ideología…
Es lo que me propongo realizar en este ensayo, recuperando un punto de la historia, casi siempre dejado de lado, por parecer poco importante o, quién sabe, por ser portador de una memoria diferente y, por eso, peligrosa: el culto a Yahweh en Elefantina, en los confines entre Egipto y Nubia.

África en el horizonte de Israel

El África, de modo especial Egipto, Cush (Etiopía) y Put (¿Somalia?) siempre estuvieron en el horizonte – geográfico, comercial, militar y hasta cosmológico – de Judá y de Israel. Es importante considerar que África siempre estuvo también, en la “sangre” del pueblo de Israel. La simiente africana, desde antiguo, es elemento esencial de la “simiente santa, de la raza elegida, del pueblo escogido”.
Las relaciones con Egipto siempre marcaron la política palaciega, sobre todo de Judá. La corte judaica, muchas veces, se dividió entre los “pro” y los “contra” Egipto. Al lado o contra Egipto, combatieron los reyes de Judá. La desastrosa opción por Egipto llevó a la destrucción de Jerusalén, en el 587 aec.
En aquella ocasión, en contra de la alianza con Egipto, profetizó Jeremías, el cual, casi con certeza, participó de una acción a favor de Babilonia (Jr 38,19) la que reunió a personas como Godolías y otros nobles, la profetisa Hulda, muchos campesinos y varios empleados y funcionarios de palacio.
El capítulo 38 de Jeremías, el cual precede a la narración de la destrucción de Jerusalén, nos trae a la memoria de este conflicto interno que llevó a los nobles pro-Egipto a echar a Jeremías en una profunda cisterna lodosa y dejarlo morir de hambre.
Quien consiguió autorización del rey para sacar a Jeremías de la cisterna y organizó toda la acción, fue el eunuco Ebed-Melec (=siervo/ministro del rey) o el etíope (Jr 38,7-13). A él, Jeremías va, por eso, garantizar vida y apoyo:
“Vaya y hable a Ebed-Melec, el etíope, diciendo: Así dice Yahweh de los Ejércitos, el Dios de Israel: He aquí que yo traeré mis palabras sobre esta ciudad para el mal y no para el bien; y se cumplirán delante de ti, en aquel día. A ti, pues, yo te libraré en aquel día, dice Yahweh, y no serás entregado en manos de los hombres a quienes temes. Ciertamente te salvaré, y no caerás a espada, porque tu vida te será como recompensa, por cuanto confiaste en mi” (Jr 39,16-18).
Registramos que la presencia de cushitas / etíopes en la corte de Jerusalén, venía desde hacía bastante tiempo. El nieto de Selemias, hijo de Cush, prestará oído y sabrá dar importancia a las palabras de Jeremías, escritas y leídas por Baruc (Jr 36,14).
Hijo de Cush era, también, el profeta Sofonias que, algunas décadas antes de Jeremías, profetizó la destrucción de Jerusalén, ciudad llena de violencia y soñó un mundo nuevo al cual serán invitados a participar y celebrar los “adoradores” llegando de más allá de los ríos de Etiopía.
“Desde el otro lado de los ríos de Etiopía, mis adoradores, la hija de mi dispersión, me traerán ofrendas.” (Sf 3,10)
Este imaginario universalista de la salvación, se repite en otros textos post-exílicos:
“los príncipes llegan de Egipto; a Etiopía corren a extender las manos llenas para Dios (Sl 68,31; 68,4)”.
Lo mismo vale para lo contrario. Dios no se limita a ejercer su poder en la tierra de Israel. Él alcanzará a todos los pueblos de la tierra. Egipto, Patros, Etiopía, Libia están al alcance del poder del Señor para el bien y para el mal. Los pueblos de África hacen parte de la misma historia de Israel e Israel, a su vez, aparece conectada con todos estos pueblos. La misma historia revela para todos los pueblos el poder salvador y/o destructor de Yahweh (Is 43,3; 45,15; Ez 29,10; 30,4-6.9).
Esta ligazón, se consolida aún más cuando estos pueblos del África, son vistos por los profetas, como instrumentos en las manos de Dios para ejecutar sus designios (Jr 46,9).

El templo de Yhw en África

Para profundizar esta relación es importante conocer la memoria del único templo de Yahweh fuera de la tierra de Israel que fue levantado en África , por una colonia militar judía, en la isla de Elefantina, o isla de Ieb (=elefante o marfil) como le llamaban, los egipcios, o la isla de las Flores, como fue llamada, posteriormente, por los árabes.
Esta isla, situada en el Alto Egipto, en los confines con Nubia, cerca de Asuam –la griega Syrene- enseguida encima de la primera catarata del río Nilo, tenía una gran importancia estratégica desde el punto de vista comercial y, sobre todo, militar, en las rutas que unían a Egipto con el resto del África. Era el lugar de embarque y desembarque del intenso comercio entre Egipto y Etiopía. Allí se encontraban, también, las minas del famoso granito que los egipcios emplearon para sus monumentales construcciones.
Sabemos que allí, también, florecía el culto al Dios egipcio Khnun, el cual era representado como una cabeza de carnero.
 En lo referente a la comunidad judaica, poco sabemos y lo que sabemos está sumergido en las polémicas, sobre todo, cuando los pocos elementos que tenemos, son analizados a partir de posiciones ideológicas y/o teológicas preconcebidas, como acostumbra a suceder al hablarnos de las relaciones que se establecieron con las comunidades africanas, junto a las cuales, convivieron los israelitas.
Es así fácil oír hablar de sincretismo, de religión judaica que se degradó al contacto con los cultos africanos y, hasta, de anti-semitismo, una vez que los moradores locales, llegaron a destruir el templo judío.
En este pequeño ensayo, me posicionaré respecto de algunas de las cuestiones más intrigantes, al respecto de esta comunidad. Es claro que tengo la conciencia de que no podré ir más allá de la formulación de hipótesis, que no podría probar con seguridad.
Haré esto a partir del contenido de varios papiros encontrados, a partir del siglo XIX y que son conocidos como papiros de Elefantina. Son escritos en arameo: se trata de cartas privadas, listas de productos, contratos y textos jurídicos e históricos. Entre ellos se hallan nueve columnas con la historia de Aikar. Ningún texto bíblico fue encontrado en las áreas de Elefantina.
Lo que más incomoda a los estudiosos es la evidente asociación de una o más divinidades femeninas al culto yavista. Al lado de Yhw aparece la diosa ‘Anat o ‘Anat-Betel o ‘Anat-Yhw. Incluso así, la comunidad de Elefantina tenía clara conciencia de estar practicando en su templo, un culto israelita y, así era reconocido por las autoridades persas.
Ésta es la razón por la cual, varios historiadores defienden que el origen de la comunidad, debe ser atribuida a una colonia militar de israelitas del norte, establecida por los Asirios, a finales del siglo VIII, cuando, después de destruir Samaria, ellos ocuparon Egipto, por una década, más o menos.
Quedaría, así, justificado el culto sincrético e idolátrico en los moldes de los habitantes de Samaria (2Rs 17,24-29). Lo difícil, en este caso, es entender la razón por la cual los asirios habrían entregado la seguridad de la importante frontera egipcia a soldados de una nación derrotada de los cuales no se podría esperar una gran fidelidad, sobre todo, en un lugar tan lejano .
Esta afirmación se basa también en el presupuesto –más ideológico que histórico- que en Judá, sobre todo después de la reforma de Josías, el culto yavista debía ser monoteísta y, por esta razón, más puro y perfecto. El culto de Elefantina sería así, un resquicio pre-deuteronómico, con fuertes influencias cananeas.
Otra hipótesis es que la comunidad de Elefantina estuvo formada por los judíos que se habían refugiado en Egipto, después del asesinato de Godolías (Jr 43,4-7). Jeremías fue forzado a ir con ellos.
Otros, en fin, dicen que el origen de esta comunidad tiene que ver con la conquista de Egipto por parte de Cambises, que fue el segundo emperador persa, en 525/524 aec.
Es difícil y, probablemente, inútil, definir mejor.
Posiblemente, todas las hipótesis son correctas y deberían estar coordinadas entre sí para reconstruir la historia de esta comunidad israelita – judía que se estableció a más de 1000 km. de la orilla del mar.
La fuerte presencia de mercenarios extranjeros en el ejército egipcio, es testimoniada desde el siglo VIII aec. No es posible negar o afirmar la presencia de israelitas entre estos mercenarios.
Durante el reinado de Manasés, tuvo lugar una fuerte migración de judíos hacia Egipto, la cual se consolidó con el debilitamiento del dominio Asirio y el consecuente fortalecimiento de la independencia de Egipto.
Esta migración podría explicar la presencia de la comunidad judaica en Elefantina, aunque no tengamos todavía ninguna información al respecto de la construcción de un templo en esta época.
Un documento muy posterior, la carta de Aristea, recuerda que tropas judaicas , estaban al servicio del faraón Psamético II en la guerra contra el rey de Nubia, que sucedió antes de la destrucción de Jerusalén. Una inscripción griega encontrada en Abu-Simbel confirma esta noticia. Es probable que parte de estos mercenarios haya sido dejada en Elefantina.
Otra inscripción encontrada en una estatua egipcia que se encontraba en el Louvre, nos habla que, durante el reinado del faraón Ofra –poco después del 586 aec.- hubo un motín de los mercenarios palestinos, griegos y sirios que se encontraban en Elefantina.
Nada, todavía, pues, que relacione esta comunidad al funcionamiento del templo de Yhw.
En seguida, por lo demás, en tiempos de Cambises, resulta que esta colonia militar, estaba compuesta casi exclusivamente por judíos y que ya poseía un templo que el conquistador hizo cuestión de no destruir, al contrario de los demás templos de los alrededores.
Es probable que la colonia heterogénea, dejada en la isla por Psamético II, haya sido sustituida, después del motín, con un núcleo de judíos que se refugiaron en Egipto, después de la catástrofe del 586. A partir de este núcleo se inició la comunidad de la cual hablan los papiros.
La presencia judaica en la isla de Elefantina tuvo inicio a fines del siglo VIII; pero la colonia judía del templo de Yhw. solo tuvo comienzo, posiblemente, después de la destrucción de Jerusalén.
Encontramos una señal de eso en los textos proféticos del exilio, los únicos que recuerdan directamente la tierra de Siene (Asuam) y la tierra de Patros, el Atlas Bíblico de Yohanan Aharoni identifica la tierra de los Patros con la región cercana a Ieb/Elefantina .
“Convertiré la tierra de Egipto en desierto, en completa desolación, desde Migdol hasta Siene, hasta las fronteras con Etiopía.” (Ez 29,10; 30,6; ver, también, 29,14 y 30,14)
Mucho más significativos, son los textos de Jeremías 44 que conservan la memoria de la profecía de Jeremías a los judíos que se habían refugiado en Egipto, después del asesinato de Godolías.
“Palabra que vino a Jeremías, acerca de todos los judíos moradores de la tierra de Egipto, en Migdol, en Tafnes, en Menfis y en la tierra de Patros.” (Jr 44,1).
Estas cuatro localidades, señalan un itinerario hacia el norte (Migdol) hacia el extremo sur (Patros) de Egipto, pasando por Tafnes y Ménfis.
Hay una dificultad, que es necesario resolver: esta reconstrucción histórica no consigue explicar el uso del arameo en los papiros encontrados, toda vez que los que llegaron del arrasado reino de Judá, hablaban el hebreo, aunque no era demasiado puro. El arameo fue la lengua de los exiliados en Babilonia.
La presencia de judíos traídos por Cambises y por él protegidos, puede ser una explicación a esta dificultad.
La colonia militar a las puertas de Nubia era sumamente importante para la protección de las fronteras australes del imperio persa.
El papiro 30 de la edición Cowley –que, por muchos aspectos, puede ser considerado el más importante de la colección- confirma esta reconstrucción. En las líneas 13 y 14 afirma:
“En los días de los reyes de Egipto, nuestros padres construyeron este templo en la fortaleza de Ieb y cuando Cambises vino a Egipto, encontró este templo erguido. Destruyeron los templos de los dioses de Egipto, sin embargo nadie damnificó este templo”.

Las razones de un conflicto

Como ya hablamos, en el templo judío en la fortaleza de Elefantina, el culto a Yhw estaba asociado al culto de la diosa ‘Anat y de otras divinidades e, incluso así, era clara la convicción de que estaba siendo practicado un culto israelita. El templo no era concebido como algo en competencia con el de Jerusalén. Podría ser considerada la idea del campo militar, sagrado que, en cuanto permanente, tenía también un santuario permanente.
Este templo era memoria de una religiosidad popular más antigua, presente en Judá y en Israel, y de la cual se separó la comunidad de los repatriados que se formó en el exilio.
Los defensores de la antigua religiosidad fueron, de esta manera, excluidos organizativa y jurídicamente del nuevo judaísmo creado por Esdras y Nehemías, en base a una precisa Torá.
Sobrevivió una religiosidad aramea, que continuó existiendo y que, a pesar de tener mucho en común con el judaísmo, fue causa de varios conflictos.
Por los papiros, sabemos que en Elefantina, al lado de Yhw o Yhw Sb’t, aparecen apellidos como Betel, Harim-betel, ‘Ashinbetel y las figuras femeninas de ‘Anat o ‘Anat-betel. Aparece también un juramento que invoca a ‘Anat-Yhw o a ‘Anat de Yaho.
Conocemos los nombres de estas divinidades, por las ofrendas dadas en su honor. Estos dioses se asientan, según su orden jerárquico, a la mesa puesta para ellos, por los devotos de la fortaleza judaica.
El papiro 22 de la edición de Cowley, fechado en 419 aec., trae la lista de las ofrendas en dinero, hechas en su honor por los miembros de la colonia militar:
“Estos son los nombres de la tropa judaica que ofreció dinero para el Dios Yhw: cada uno, dos siclos de plata…”
Siguen los nombres de los firmantes. El primer nombre es el de una mujer y aparece acompañada por 123 otros nombres, en su mayoría de hombres. La oferta era mayor del medio siclo exigido por Ex 30,15 y del tercio de siclo, cobrado por Ne 10,33.
Las últimas líneas del papiro, explicitan:
“Dinero que llegó en este día a las manos de Yedoniah , hijo de Gamaryah, no más de Phamenoth. Dinero: keresh XXXI, siclos VIII, de los cuales, para Yhw keresh XII, siclos VI; para Ashim-betel, keresh VII; para ‘Anat-betel keresh XII.”
Esta realidad religiosa encuentra, una vez más, un fundamento en las palabras de Jeremías a los judíos en Egipto, en Migdol, en Tafnes, en Menfis y en la tierra de Patros. Esta profecía afirma, respecto al culto no monoteísta que, según Jeremías, provocó y seguiría provocando el furor de Yahweh.
“¿Por qué me irritan con las obras de sus manos, quemando incienso a otros dioses en la tierra de Egipto, adonde fueron para residir, para que ustedes mismos se eliminen y para que se vuelvan objeto de desprecio y de oprobio entre todas las naciones de la tierra?
“Olvidaron ya las maldades de sus padres, las maldades de los reyes de Judá, las maldades de sus mujeres, sus propias maldades y las maldades de sus mujeres, maldades cometidas en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén?” (Jr 44,8-9).
Quemar incienso. Maldades. Ninguna mención de sacrificios de animales.
La polémica explota cuando el pueblo explicita a quién y cómo estaban dando culto antes, en la tierra de Judá y, ahora en Egipto:
“Quemaremos incienso a la Reina de los Cielos y le ofreceremos libaciones, como nosotros, al igual que nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes hemos hecho, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén; teníamos hartura de pan, prosperábamos y no veíamos mal alguno.
Sin embargo, desde que cesamos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de ofrecerle libaciones, sentimos falta de todo y fuimos consumidos por la espada y el hambre.
Cuando quemábamos incienso a la Reina de los Cielos y le ofrecíamos libaciones, ¿acaso, le hicimos panes que la retrataban y le ofrecimos libaciones, sin la aprobación de nuestros maridos?” (Jr 44,17-19)
Es culto de mujeres para la Reina de los Cielos, culto no sacrificial, hecho de incienso, de comida y de bebida, culto para la hartura y la fertilidad, culto popular, que dispensa a sacerdotes y templos, celebrando en la ciudad y en el campo .
Reina del Cielo era uno de los nombres con que era llamada la diosa ‘Anat, a la que se ofrecía culto, en Elefantina, junto con Yhw. En Egipto era considerada la hija de Rá y en los textos ugaríticos era llamada como hija de El, esposa de Ba’al.
‘Anat era la diosa del rocío, de la fertilidad, del amor sexual, de la caza y de la guerra. Su culto era originario de la región de Siria y de Canaán, desde el tercer milenio aec. Y su nombre aparece en los textos ugaríticos, acádicos, aramáicos y hebreos.
Su culto fue llevado a Egipto antes de la invasión de los hicsos y tenía su centro en Menfis y en Tanis.
Alcanzó un gran prestigio durante el reinado de Ramsés II, el cual adoptó a la diosa guerrera ‘Anat como su guardia personal, durante las batallas.
En Líbano, en Siria, y en Palestina, el culto a ‘Anat continuaba persistiendo en los medios populares, incluso en época cristiana.
Es comprensible que en la isla Elefantina, ‘Anat, la diosa de la guerra y de la fertilidad, encontrase su lugar de culto como reina de los cielos, junto con Yhw, de acuerdo con los “votos” hechos por los judíos al profeta Jeremías.
“ Ustedes y sus mujeres no solamente hicieron por su boca, sino también que cumplieron por sus manos sus votos, a saber: Ciertamente cumpliremos nuestros votos, que hicimos, de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de ofrecerle libaciones.
Confirmen, pues, perfectamente, sus votos, sí, cúmplanlos.” (Jr 44,25)
Las amenazas de destrucción y de muerte que salieron de la boca de Jeremías no fueron capaces de impedir el cumplimiento de estas promesas. Elefantina es memoria de esto. Memoria de una religiosidad no excluyente y de un yavismo todavía no monoteísta, del cual el personal de Elefantina habla libremente en sus correspondencias con la comunidad de Jerusalén.
En 419 aec. –más de 150 años después- después de las misiones de Esdras y Nehemías y de la reconstrucción de Jerusalén, cuando la Torá recibía su redacción final monoteísta, por manos de los sacerdotes del segundo templo, pues un papiro de Elefantina todavía testifica esta realidad, cuando invoca “los dioses” para que concedan la paz a sus hermanos.
Se trata del llamado “papiro pascual” (el papiro 21 de la edición Cowley) de 15,5 cm por 28, conteniendo 11 líneas escritas en arameo que Hananiah, envió a Yedaniah en la fortaleza militar de Ieb, informando de una orden del rey Darío II a Arsames, sátrapa de Egipto.
Lo que no es fácil de explicar, es la razón del conflicto religioso que llevó a los sacerdotes del Dios Khnun a pedir y obtener de las autoridades de Asuam, la destrucción del templo de Yhw en 411 aec.
“En el año XIV del rey Darío, en cuanto Arsames había viajado junto al rey, los sacerdotes del Dios Khnun, en la fortaleza de Ieb, hicieron un pacto con Widarnag, que era superintendente, en estos términos: -El templo del Dios Yhw que se halla en la fortaleza de Ieb, sea retirado de allá. Más tarde, este Widarnag, el maldito, envió una carta a su hijo Nephayán, jefe de la fortaleza de Syene, diciendo: -El templo que está en Ieb en la fortaleza, sea destruido. Más tarde, Nephayán condujo a los egipcios y a otras tropas hasta la fortaleza de Ieb; con sus armas ingresaron a este templo y lo arrasaron hasta el suelo. Quebraron las columnas de piedra que allí estaban. Igualmente destruyeron las puertas de piedra…talladas, que se hallaban en el templo. Aprovecharon sus puertas y los marcos de estas puertas eran de bronce y el tejado todo de cedro con el resto de la decoración y las otras cosas que allí estaban, ellos quemaron todo por el fuego; y los cálices de oro y de plata y todo lo que estaba en el templo, ellos se lo llevaron para sí.” (Cowley 30, líneas 4 a 13)
¿Cuáles son las razones de este conflicto religioso, después de casi un siglo y medio de convivencia pacífica?
Una explicación que me parece lógica es atribuir este conflicto a una orden que había venido directamente de la corte persa, en el 419 aec., de parte de Darío II, cuya memoria está guardada en el llamado papiro pascual que llegó hasta nosotros, bastante dañado y cuya reconstrucción permanece incierta .
“ Y ahora, este año, el 5° año del rey Darío, fue enviada la palabra del rey para Arsames, diciendo: -En el mes de Nisán, será la pascua para la fortaleza judía. Contarán, entonces, catorce días del mes de Nisán y la Pascua faraónica, y de 15° días al 21° día de Nisán, serán siete días de panes ácimos. Sean puros y presten atención. No trabajarán en el 15° día y en el día 21°. Tampoco, beban nada fermentado; y de todo lo que tiene fermento, no coman, del 15° día de Nisan, después de la puesta del sol hasta la puesta de sol del día 21°, durante siete días.”(Cowley 21, líneas desde la n° 3 hasta la n° 9)
¿Cuál fue el interés de Darío en ordenar la celebración de la Pascua a la colonia judía de Elefantina? Es difícil de saber. Es posible pensar que haya sido fruto de las presiones hechas por la comunidad de Jerusalén, recién fortalecida por las misiones de Esdras y Nehemías, los cuales implantaron un monoteísmo único y excluyente, en los moldes de la diáspora babilónica.
Es la época de la consolidación del grupo sadoquita en el poder y de la redacción final de la Torá.
Todo indica que el culto de Elefantina, no debe haber complacido a las autoridades judías de Jerusalén y de Babilonia. De ahí la orden explícita del rey Darío para que la colonia militar se alinease con todos los demás judíos La orden de Darío debe haber sido cumplida al pie de la letra.
Al incienso y a las oblaciones, el culto de Elefantina incorporó, también los sacrificios de los corderos pascuales.
Ésta debe haber sido la chispa que hizo estallar el conflicto. El cordero era el animal sagrado del Dios Khnun, dado culto por la población egipcia y representado como una cabeza de carnero. En aquella región, fueron encontrados los restos embalsamados y devotamente sepultados de muchos carneros.
La matanza de muchos corderos en ocasión de las celebraciones pascuales, debió haber provocado una reacción violenta. Aprovechándose de la ausencia del sátrapa Arsames, defensor de los judíos, los sacerdotes de Khnun levantaron a la población egipcia, que, en un ímpetu de revuelta, destruyó el templo de Yhw y lo saqueó.
Tres años después, la comunidad de Elefantina aún se lamentaba:
“Hasta hoy, vestimos con saco y ayunamos; nuestras mujeres se volvieron como viudas; no nos perfumamos con óleo, no bebemos vino. Desde entonces hasta este día del año XVII del rey Darío, oblación, incienso y holocausto no fueron celebrados en este templo.” (Cowley 30, líneas 20-22).
La comunidad dirigió una carta a Yehohanan, el sumo sacerdote de Jerusalén:
“Antes de esto, en el tiempo de esta maldad, enviamos una carta a ti, Bagoas, nuestro señor y a Yehohanan sumo sacerdote y a los sacerdotes de Jerusalén y a Ostan, hermano de Hanani y a las autoridades de Judá. Ellos no enviaron una carta de respuesta.” (Cowley 30,17-19)
El silencio de los sacerdotes de Jerusalén es bien significativo: ¿cómo podían ellos favorecer la reconstrucción de un templo en total contradicción de la Torá?
Finalmente a la segunda carta, respondieron Bagoas, gobernador de Judá y Delayah, hijo de Sanabalat –el cual debía ser ya muy viejo- gobernador de Samaria y antiguo adversario de Nehemías. Los dos autorizaron la reconstrucción del templo y del altar y permitieron el culto no sacrificial, de acuerdo a la antigua costumbre:
“para que el templo sea reconstruido en su lugar como en el pasado y sean ofrecidos oblación e incienso sobre este altar como, antiguamente, era costumbre hacer”. (Cowley 32, 8-11).
Un altar sin sacrificios –como era costumbre hacer antes de la orden de Darío- a fin de poder convivir en paz ¡con los vecinos egípcios! Las autoridades civiles supieron dar el paso ecuménico que los sacerdotes no habían conseguido lograr.
Las autoridades de Judá y de Samaria aparecen juntas, incluso después del cisma samaritano y coinciden con las exigencias de la longeva colonia judía de Elefantina.
No sabemos cómo acabó la historia de Elefantina. Un fragmento de carta, fechada en el 405 aec. (Cowley 34) habla de graves desórdenes con víctimas humanas. Es probable que, en el 404 aec., cuando Egipto se liberó de la dominación persa, la fortaleza judía quedó desamparada y puede haber sido objeto de reacción de parte de los egípcios.
Tenemos un último papiro (Cowley 35) fechado en el 400 aec., ¡Después de esto, nada más!

Una vida interesante

Conocemos otros elementos de la vida cotidiana en la colonia judía de Elefantina, sobre todo, a través de una importante colección encontradas en un saco postal de cuero de los persas.
Sabemos, así, que la colonia estaba dividida en “deghel” (insignia, bandera). Eran grupos organizados con sus banderas. (Fue así en el desierto, según Nm 2, 2-3.) Cada grupo recibía el nombre del oficial que lo comandaba. Fueron encontrados nombres persas y babilónicos de los comandantes lo que podría demostrar que, a pesar de que la colonia militar sea judía, sus comandantes eran nombrados por el emperador y escogidos entre sus oficiales
Los que pertenecían a un deghel tenían obligaciones militares. Los demás pertenecían a la ciudad, la qiryah: eran los civiles y no tenían servicios militares por cumplir.
Otros papiros, sobre todo un pequeño grupo que venía de un archivo familiar, nos permiten conocer mejor algunas cuestiones jurídicas, las que hablaban respecto, sobre todo a la gestión de los bienes inmobiliarios.
Se habla de préstamos pequeños, a intereses muy altos (de 25% al 60%); se habla de dotes nupciales.
La mujer era, jurídicamente, más emancipada que en Palestina: participaba en primera persona, en los negocios comerciales, recibía donaciones entre vivos, inclusive la herencia. Y –lo que era inadmisible en Judá- la mujer podía tomar la iniciativa de pedir el divorcio.
Es difícil afirmar con total seguridad, pero es evidente que la presencia de un culto a una divinidad femenina, debía abrir a las mujeres espacios sociales que eran impensables a partir de un culto exclusivamente monoteísta y masculino.
La manera de celebrar refleja, siempre, el modelo de sociedad que tenemos en la cabeza y en el corazón.
A respecto de esto –y recordando el nombre de la mujer que encabeza la lista de los donativos religiosos de la cual hablamos- es interesante notar cómo las costumbres de la colonia de Elefantina se aproximan de la realidad de los cultos egipcios y de Etiopía, donde las “sacerdotisas” tenían un papel significativo y un poder político decisivo.
En Elefantina fueron hallados, también, papiros históricos y literarios. Poseemos una versión en arameo de la trilingüe inscripción, que Darío I mandó esculpir en Bisutun. Este papiro debe haber sido enviado, directamente, por el palacio de los persas, siempre celosos de su autoridad.
Fueron encontradas también nueve columnas de una redacción aramea de la historia de Aikar, muy difundida en la antigüedad, y cuyo recuerdo aparece, también, en el libro de Tobías (Tb 1,22).
No fue encontrado ningún fragmento de textos bíblicos. La duda va a permanecer: ¿había y se perdieron? O este hecho prueba que todavía no existía una colección de textos canónicos para la lectura de la comunidad ¿y ni el concepto de libro sagrado?
Es una pregunta intrigante para la historia del texto bíblico. ¿Hasta qué punto debe ser considerada verdadera la afirmación del segundo libro de los Macabeos que atribuyó a Nehemías la creación de una biblioteca y la colección de los “libros de reyes y de los profetas, los escritos de David y las cartas de los reyes sobre las ofrendas(2Mc 2,13)?
El esfuerzo de Nehemías para la composición del libro sagrado, parece no haber tenido influencia alguna en la comunidad de Elefantina.

Concluyendo

La contribución de esta pequeña colonia militar judía en los confines entre Egipto y Nubia, es muy importante para la investigación sobre el surgimiento y las características del monoteísmo sadoquita del segundo templo y al respecto de la aparición del libro sagrado.
Contribuyó, también, a conocer mejor cuál es la relación de los reyes persas con el fenómeno religioso de los diversos judaísmos presentes, en Judá y en la diáspora.
Pero, de manera toda especial, nos deja entrever y saborear la posibilidad de una religiosidad capaz de dialogar con otras culturas, otras religiosidades, otros pueblos.
Un Yahweh que puede residir en África, un arca de la alianza que podría estar siendo reverenciada en Etiopía, una celebración pascual sin sacrificios ni víctimas, nos da un aliento amplio y profundo y, al mismo tiempo, nos desafían a creer más allá de nuestros dogmas y de nuestras cerradas y sucias seguridades.

Bibliografía (usada para este artículo)

RICCIOTTI, Giuseppe, Storia d’Israele, Torino, S.E.I., 2 vols.,1964, 1091 p.

MEIER, Johann, Il giudaismo del secondo templo, Brescia, Paideia, 1991, 379 p.

 

Reproducimos los textos reconstruidos de los papiros citados, según una versión de G. Ricciotti y destacamos en negrita, el texto que existe en el papiro, y , en itálica, el posible texto reconstruido.

 

El papiro pascual (Cowley 21)

  1. A mis hermanos
  2. Yedaniah y sus colegas de la fortaleza judía, su hermano Hananiah. Den los dioses prosperidad a mis hermanos
  3. Y ahora, este año, el 5° año del rey Darío, fue enviada la palabra del rey para Arsames, diciendo:
  4. En el mes de Nisán, será la pascua para la fortaleza judía. Contarán, entonces, catorce
  5. días del mes de Nisán y la Pascua faraón, y del 15° día al 21° día de Nisán
  6. serán siete días de panes ácimos. Sean puros y pongan atención. No trabajen
  7. en el 15° día y en el 21° día. También, no beban nada fermentado; y todo lo que tenga que ver con el fermento,
  8. no coman, del 15° días de Nisán después de la puesta del sol hasta la puesta de sol del 21° día, durante siete.
  9. días, no esté entre ustedes; no introduzcan dentro de sus casas, más bien manténgala en lo escondido durante estos días.
  10. Sea hecho como mandó el rey Darío.
  11. A mis hermanos Yedaniah y sus colegas de la fortaleza judía, de parte de su hermano Hananiah

La carta de Yedaniah a Bagoas (Cowley 30)

  1. A nuestro señor Bagoas, pehah de Judá tu siervo Yedoniah y sus colegas sacerdotes de la fortaleza de Ieb. De felicidad
  2. tuya nuestro Señor el Dios del cielo cuide con abundancia y en todo tiempo te haga encontrar el favor del rey Darío
  3. y de los hijos del palacio real mil veces más del que ahora y te dé una larga vida y tú ¡seas feliz y firme en todo tiempo!
  4. Ahora, tu siervo Yedoniah y sus colegas así hablan: en el mes de Tamuz, en el año XIV del rey Darío, en cuanto Arsames
  5. había viajado hacia el rey, los sacerdotes del Dios Khnun en la fortaleza de Ieb, hicieron un pacto con Widarnag, como superintendente
  6. era, en estos términos: El templo del Dios Yhw que está en la fortaleza de Ieb, sea quitado de allí. Más tarde, este Widarnag
  7. maldito envió una carta a su hijo Nephayan, jefe de la fortaleza de Syene, diciendo: el templo que está en Ieb
  8. en la fortaleza sea destruido. Más tarde Nephayan condujo a los egipcios y otras tropas hasta la fortaleza de Ieb con sus armas
  9. entraron en este templo y lo destruyeron hasta el suelo. Rompieron las columnas de piedra que allí estaban. También las puertas
  10. eran V, de piedra, hechas en piedras talladas, que estaban en el templo, ellos las destruyeron. Sus puertas aprovecharon y los marcos
  11. de estas puertas eran de bronce y el tejado todo de cedro con el resto de la decoración y las otras cosas que allí
  12. estaban, todo lo quemaron por el fuego, y los cálices de oro y de plata y todo lo que estaba en el templo ellos se lo llevaron
  13. para sí. En los días de los reyes de Egipto nuestros padres construyeron la fortaleza de Ieb y cuando Cambises vino a Egipto
  14. encontró edificado este templo. Destruyó todos los templos de los dioses de Egipto, pero nadie damnificó este templo
  15. Después de esto, nosotros con nuestras mujeres e hijos nos vestimos de saco, ayunamos y oramos a Yhw, señor del cielo
  16. que nos hizo ver el triunfo sobre Widarnag, -cachorro- Sacaron las argollas de sus pies y sus tesoros desaparecieron y todos
  17. los que tramaron el mal contra este templo fueron muertos y nosotros vimos el triunfo sobre ellos. Antes de esto, durante el tiempo de esta maldad
  18. enviamos una carta a ti, Bagoas, nuestro señor y a Yehohanan, sumo sacerdote y los sacerdotes de Jerusalén y a Ostan hermano
  19. de Hanani y a las autoridades de Judá. Ellos no mandaron una carta de respuesta. Desde el mes de Tamuz del año XIV de Darío
  20. hasta hoy, nos vestimos de saco y ayunamos; nuestras mujeres se volvieron como viudas; no nos perfumamos con óleo
  21. ni bebemos vino. Desde entonces hasta este día del año XVII del rey Darío oblación, incienso y holocausto
  22. no fueron celebrados en este templo. Ahora tus siervos Yedoniah y sus colegas y los Judíos, todos los habitantes de Ieb hablan:
  23. Se fuera del agrado de nuestro señor Bagoas, que este templo sea reconstruido –ya que no nos dejan hacerlo- y las personas
  24. objeto de tu bondad y de tu amor, aquí en Egipto, sea enviada una carta respecto del templo del Dios Yhw
  25. para reconstruirlo en la fortaleza de Ieb, como antes había sido construido y podamos ofrecer oblación, incienso y holocausto
  26. en el altar del Dios Yhw en tu nombre, y nosotros oraremos por ti, en todo tiempo, nosotros, nuestras mujeres, nuestros hijos y los Judíos
  27. todos de aquí. Si fuera encontrada la manera de reconstruir este templo, será para ti merecimiento frente a Yhw Dios
  28. del cielo, mayor de quien reofreciera holocaustos y sacrificios por el valor de mil talentos. Respecto al oro
  29. instruimos a nuestro enviado. También enviamos noticias en carta a Delayah y Shelemyah, hijos de Sanabalat pehah de Samaría
  30. También de todo lo que fue hecho contra nosotros, Arsames nada sabe. En el día 20 de Marheswan del año XVII del rey Darío.

La respuesta de Bagoas (Cowley 32)

  1. Pro memoria de Bagoas y Delayah; dijeron
  2. a mí. Pro memoria, esto es: Tú debes hablar en Egipto
  3. frente de Arsames respecto de la casa del altar del Dios
  4. del cielo al cual fue construido en la fortaleza de Ieb
  5. en el pasado antes de Cambises,
  6. al cual este maldito Widarnag destruyó
  7. en el año XIV del rey Darío
  8. para que sea reconstruido en su lugar como en el pasado
  9. y sean ofrecidos oblación e incienso sobre
  10. este altar como antiguamente
  11. era costumbre hacer.

Sandro Gallazzi
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Otro templo, posterior, será construido en Leontópolis, siempre en Egipto, por el sadoquita Onías IV, el cual huyó del enfrentamiento con el Imperio Griego, después del asesinato de su padre, Onías III, antes de la revolución de los Macabeos.

2 Rs 17,6 nos dice que Asiria “transportó a Israel hacia Asiria; y los hizo habitar en Hala, junto al río Gozã, y en las ciudades de los medos”. No había ninguna mención a Egipto o África.

Aunque nunca comprobada y revestida de áureas legendarias, no podemos, sencillamente, descartar toda la tradición popular de que el arca de la alianza, esté, actualmente en Etiopía. No quedan dudas de que la desaparición del arca de la alianza, continúa siendo un misterio interesante. Existe una primera tradición por la cual, el arca habría sido llevada hacia Etiopía por Menelik, el hijo que Salomón tuvo con la reina de Sabá, etíope. Una segunda tradición afirma que el arca habría sido retirada del templo de Jerusalén por el impío rey Manasés y guardada por los levitas, los que, posteriormente, la habrían llevado hacia África. La tradición que tiene puntos en común con la tradición judaica es que el arca habría sido escondida por Jeremías (2Mc 2,4-7) y, posiblemente, llevada por él hacia África, cuando acompañó a los judíos hacia Egipto. La tradición del arca en Etiopía, confirma su presencia a partir del 410 aec. Una hipótesis, nunca confirmada, afirma que el arca de la alianza habría quedado en Elefantina; por cerca de 170 años habría sido la razón de la construcción de un templo fuera de la tierra de Israel y, cuando el templo fue destruido por los vecinos, el arca fue llevada hacia Etiopía. ¿Leyendas? ¿Fantasías? El pueblo aumenta, pero no inventa.

La fuerte actuación del partido pro-Egipto en la corte de Jerusalén, en el tiempo de Joaquín y de Sedecías, podría explicar el por qué de soldados judíos junto al ejército egipcio. Es menos probable, mas no imposible, que se tratase de judíos tomados como esclavos por el faraón Necao cuando derrotó a Josías.

Is 49,12 habla de la tierra de Sinim, la que podría ser muy bien Siene. La Vulgata lo tradujo por tierra del extremo sur.

AHARONI, Yonathan y otros, Atlas Bíblico, Río de Janeiro, CPAD, 1999, p. 125, tab. 164.

Yedoniah aparece aquí como “tesorero”, en el papiro de pascua, como destinatario del mensaje de Darío y es el autor de la carta al gobernador Bagoas. Probablemente, él era el etnarca de la colonia judía de Elefantina. Los nombres, claramente teofóricos, presentes en los varios papiros, testimonian el yahvismo de este grupo.

Un keresh corresponde a 20 siclos leves.

En muchas excavaciones hechas en tierra de Israel fueron encontradas estatuitas que representan una mujer desnuda, de grandes senos y rico peinado. La fecha de las estatuitas es del inicio del primer milenio, aec. Se trata de una diosa femenina de la fecundidad muy cultivada en la religión popular hebrea. Este descubrimiento confirma que, en la religión popular, Yahweh podría tener una compañera. La religión popular israelita sería parecida a la de los cananeos. Vale recordar que en Kuntillat Ajrud, un puesto de avanzada judío, del siglo IX-VII aec en el desierto del Negev, al lado de Yhw o Yhwh Shomron aparece, también la “sua Asherah” .

Sigo la reconstrucción realizada por el biblista francés Pierre Grelot.

La colección Pritchard registra que los judíos de Elefantina se obligaban también a pagar a Arsames, mil medidas de sorgo.

Ésta es una razón más, que explicaría el uso de la lengua aramea en los papiros.

 

 

 
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