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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas |
Colosenses y Efesios – Desdoblamientos de la tradición paulinaPedro Lima Vasconcellos
Resumen Abstract
Introducción La carta a los Colosenses y aquella conocida como "a los Efesios" interpretan el legado paulino en una dirección bastante específica, diferente, por ejemplo, a aquella sugerida por las "cartas pastorales" (1 y 2 de Timoteo y Tito). Además de eso, el hecho de que se estudian conjuntamente ambas cartas se justifica por la sospecha de que la Carta a los Efesios fue escrita con base a aquella que tiene como destinataria a la comunidad de los Colosenses. Esto explica el camino que recorreremos en las páginas siguientes. Comenzaremos por el establecimiento de la autoría post-paulina de ambas, y la dependencia de Efesios frente a Colosenses. Después de eso, pasaremos a las consideraciones específicas sobre cada una de ellas, terminando con algunas reflexiones respecto al lugar de estas Cartas en el Nuevo Testamento y en el cristianismo de fines del siglo I e inicios del II. 1. Los textos no-paulinos Sería fácil argumentar, apelando a las discrepancias de contenido, que las cartas a los Colosenses y a los Efesios no pueden provenir del mismo autor de las cartas a los Romanos, los Gálatas, 1 Tesalonicenses e incluso Filemón. La abierta proclamación respecto a la abolición de las jerarquías sociales de Gal 3,28, no se adecua al conservadurismo de las recomendaciones de Col 3,1ss y Ef 5, 21ss. El entusiasmo apocalíptico – escatológico de 1Tes 5 y la reflexión respecto al bautismo como participación en la muerte de Cristo en Rom 6 no coinciden con la proclamación de Col 3,1 que habla de los cristianos como actualmente resucitados . Pero, el argumento debe priorizar la cuestión literaria. El estilo encontrado en Colosenses y Efesios dista de aquella que estructura las cartas paulinas. En el caso de Colosenses, “hay largas secuencias de construcciones genitivas, como “el reino del hijo de su amor” (Col 1,13), “la palabra de verdad del evangelio que llegó hasta ustedes” (1,5-6) […]. El autor gusta de combinar términos paralelos: “produciendo frutos y creciendo” (1,6), “oraciones y pedidos” (1,9). El autor también construye periodos largos, difíciles de comprender (¡la perícopa 1,9-20 es un único periodo!). Estas características lingüísticas son raras en las cartas auténticas de Pablo . El cuadro no es muy diferente en Efesios que “elaboró un lenguaje teológico más propio del periodo post-paulino, que aparecerá en sus estadios originales en Colosenses. El estilo literario de Efesios está aún más trabajado y embellecido que el de Colosenses” . Si el escrito de Efesio depende directamente de la carta a los Colosenses, entonces debemos concluir que su carácter post-paulino es inevitable. Estamos, por lo tanto, delante de dos escritos que, aunque lleven el nombre de Pablo, deben su autoría a otros personajes, cuyos nombres desconocemos. Son textos “pseudos-epígrafes” . 2. Efesios, escrita a partir de Colosenses Esta constatación es particularmente importante: Un ejemplo que ilustra, tanto la referida dependencia, como el hecho de que es Efesios que se inspira en Colosenses, y no al contrario, es el de las prescripciones de comportamiento dirigidas a las mujeres y sus maridos. En Col 3,18-19, las recomendaciones de cómo aquellas y estos deben comportarse son directas, objetivas. En Efesios 5,22-33 hay, en comparación con el paralelo de Colosenses, una ampliación de aquello que se espera de los maridos por sus mujeres y el amor de Cristo por su Iglesia. Este amor trascendente fundamenta el amor esperado de los maridos, así como justifican la subordinación de las mujeres a ellos. Nada de esto se encuentra en Colosenses . Si, a pesar de haber definido esta carta como pseudos-epígrafe, podemos suponer que ella fue dirigida efectivamente a la comunidad de Colosas, tal vez sea interesante saber algo respecto a esta ciudad: La carta a los Colosenses, escrita quizá por los años 80 del siglo I, se encuentra organizada de la siguiente manera: No es muy difícil percibir que la intención de la carta es alertar a la comunidad contra algunas especulaciones de “filosofía”, como la llama Col 2,8, filosofía que está sustentada en los “elementos del mundo” y no en Cristo. El problema se presenta cuando intentamos caracterizar dicha filosofía “según la tradición de los hombres”, dado que sólo tenemos, para tal tarea, el escrito que se pretende contradecir, esto es la propia carta a los Colosenses; por otro lado, el tema de crítica es bastante vago si lo comparamos, por ejemplo, con la argumentación de Pablo en las cartas a los Gálatas y la 1Corintios; finalmente, porque es difícil saber si el autor de Colosenses “está describiendo un grupo específico de adversarios o si está advirtiendo en términos generales, sobre problemas agudos posibles” . Además, ¡el autor comparte algunos de los puntos con el grupo que supuestamente combate! De todas formas, sirve como sugerencia la siguiente síntesis, para los adversarios criticados por la carta: El culto correspondiente a tales convicciones y prescripciones es difícil de ser definido. Pero, continúa Vielhauer, lo que se lee en Col 2,18 alude “a una consagración, a un rito de iniciación y a una ‘visión’ de las potencias angelicales, o sea a una experiencia visionaria”. La expresión que se lee en 2,23 (“culto voluntario” sería un término de uso de los propios adversarios combatidos en la carta, “para designar su culto como aquel al que se adhiere por libre decisión” . De allí se entiende el grado de colaboración y el cuidado con que el autor de Colosenses elabora su escrito. Particular atención merece aquí el famoso himno de Col 1,15-20. Aceptando que se trata de un poema asumido por el autor de Colosenses, se tiene la impresión de que éste le adicionó al menos tres añadidos . El primero de ellos es, justamente, la lista de potencias en 1,16ss (las visibles…autoridades): con ello, el autor quiere garantizar que tales potencias serán vistas como subordinadas a Cristo . De hecho, el realce del lugar del Hijo es una característica importante de la carta (2,9-10.15). Su señorío se presenta en la segunda parte del himno, cuando una segunda adición especifica que Él es la cabeza del cuerpo: más que el cosmos o las potencias gobernantes, el cuerpo es la Iglesia, que ya se ha extendido, trascendiendo la realidad local de la comunidad (yendo, por lo tanto, mucha más allá de donde fue Pablo). El señorío de Cristo viabiliza, “por la sangre de su cruz” (este es el tercer añadido) la reconciliación cósmica. Se supone una situación de conflicto, que envuelve las cosas del cielo y de la tierra, talvez inspirada en las matrices apocalípticas. Sin embargo, estas son apenas matrices: ahora lo que cabe es vivir una reconciliación que ya ha ocurrido (en esto también está lejos de Pablo: Cf. 1Cor 15,21ss; Rom 8,35-39). Esta perspectiva escatológica ‘realizada’ que marca la perspectiva con que fue escrita la carta (que una vez más nos distancia de Pablo), acaba por ser traducida en una postura muy específica con relación a la sociedad circundante. Si se puede imaginar que el grupo señalado por la carta tendió a una actitud de distanciamiento, no se le atribuiría cualquier responsabilidad en ese mundo y con relación a sus instituciones, la exhortación de Colosenses no va en el sentido de una inserción de la comunidad en la sociedad. Es en este cuadro que debe ser avalada la primera elaboración de una Haustafel (código de conducta doméstica) cristiana, en Col 3,18 -4,1 . Tal código de conducta: Finalmente, el autor de Colosenses espera que el apego a la tradición fijada en Pablo, sea lo que lo diferencie de sus adversarios y legitime la identidad comunitaria que él predica . En este sentido, la pseudos-epigrafía no desempeña más que un papel literario, pero confiere un peso peculiar a la argumentación de la carta. 4. La carta a los Efesios Al respecto de este escrito, que ya fue considerado como una síntesis más completa y más desarrollada del mensaje paulino (lógicamente cuando todavía se creía que había salido de la pluma de Pablo), podemos ser más breves, pues varios de los movimientos que en ella se manifiestan ya se habían desarrollado en la carta a los Colosenses. Por lo tanto, nos fijaremos en aquello que es específico de este escrito. Si los destinatarios de Colosenses son dudosos, como ya vimos, se puede tener certeza de que la referencia a “los efesios” en Ef 1,1 es secundaria: la tradición manuscrita testimonia fuertemente el reconocimiento de que tal expresión es una interpolación posterior . Por otro lado, no parece existir en Efesios (¡continuaremos llamando de esa forma al referido escrito!) la urgencia de una cuestión específica, como vimos en Colosenses. Los temas son más genéricos. Estas dos constataciones parecen sugerir que Efesios podría tener en mira muchas comunidades, trascendiendo, por tanto, de las particularidades de cada una de ellas. Efesios revela un proceso de sedentarización en las comunidades de tradición paulina (o de los grupos al interior de ellas). El escrito, surgido probablemente en la última década del siglo Primero, intenta afirmar fundamentos válidos para todas las comunidades, para ir más allá de las diferencias y particularidades locales (a diferencia de Colosenses, aquí la palabra “iglesia” no es utilizada en singular): lo que se pretende es “manifestarse sobre la situación general en el periodo post-paulino, teniendo en cuenta las iglesias que habían florecido a partir de la misión paulina y que conocían y usaban las cartas de Pablo”. Más específicamente, Efesios se dirige a comunidades que habían sido “profundamente afectadas por una interpretación cósmica de las Escrituras, por el apocalipticismo como mensaje que buscaba posicionar la iglesia en el calendario escatológico y por el gnosticismo sincretista” . El esquema de la carta es simple y claro: A pesar de que el texto no trata de cuestiones locales, sería ingenuo pensar que no nació con objetivos concretos. Parece que la cuestión central está en la relación entre judíos y paganos dentro de una misma iglesia, con parámetros distintos a aquellos leídos en las cartas de Pablo (incluso porque esa relación ya no es más objeto de polémica). ¿Cómo pensar en la unidad eclesial? El camino sugerido por la carta a los Colosenses o la crítica a las prácticas sectarias, no es adoptado por el autor de Efesios: este acentúa la unidad como un gran misterio que Dios crea en su Iglesia; ésta no se restringe ni geográfica, ni étnicamente. Si nos fijamos, por ejemplo, en el capítulo 2, podemos notar que, al mismo tiempo, hay una dependencia de la tradición y de la problemática de las cartas paulinas (el autor de Efesios conoce varias de ellas) y una distancia con respecto a las mismas. La Iglesia reúne a toda la humanidad y unifica las dos partes antes separadas: judíos y paganos. En este sentido, Efesios interpreta y da nuevo sentido a la reconciliación de la que se habla Col 1,19: de dos pueblos, la sangre de la cruz hace uno solo (Ef 2,14ss). Inclusive las relaciones al interior de las familias deben ser pensadas armoniosamente, incluso en los términos jerárquicos, a partir de la comprensión de Efesios del respeto a la Iglesia, como ya fue mencionado (Ef 5,22-33) . Un lugar secundario ocupa, en comparación con Colosenses, la problemática referente a las potencias, a pesar que como tema se encuentra presente. El punto es que desaparece del horizonte la escatología apocalíptica, con lo cual la terminología que definía a las potencias pasa a designar a las fuerzas maléficas, a las que es preciso combatir, en vista de la salvación personal, después de la muerte (Ef 6,10ss). Conclusión Aquí hemos hecho una presentación sumaria de los dos escritos, intentando insertarlos en el ambiente del cristianismo paulino, una y dos generaciones después de la muerte del gran apóstol. Ahora es el momento de concluir, haciendo la pregunta por la recepción de ambos escritos, en la tradición cristiana subsiguiente y su lugar en el Nuevo Testamento. Los escritos deutero-paulinos (Colosenses y Efesios son algunos de ellos) surgieron en contextos en los cuales la memoria de Pablo era intensamente disputada. El hecho de que esos y no otros escritos fueran incorporados al Nuevo Testamento, no se dio de forma lineal, consensual o inevitable. ¿Por qué Colosenses y Efesios, en las duras disputas de los siglos II y III, respecto a la formación del Canon, fueron reconocidos como dignos representantes del pensamiento paulino? Primeramente, se debe reconocer que tanto Colosenses como Efesios, pese a los aspectos críticos, tenían elementos que se volvieron objeto de particular atención de los grupos gnósticos del siglo II, particularmente las objeciones sobre las potencias (sin contar que Marcio, el gran abogado de la causa paulina en ese periodo, aceptó tales escritos como auténticos). El recurso de la tradición asentada en los apóstoles pone de manifiesto aquello que Bauer denomina el tercer polo de autoridad que progresivamente se fue imponiendo en el cristianismo (los otros dos son la escritura judía y el propio Jesús) . A los apóstoles se recurrió explícitamente en ambientes marcados por conflictos en torno de lo que serían las doctrinas verdaderas (Jud 17; 2Pe 3,1ss; aparte del Nuevo Testamento, véase la carta a Policarpo). En este contexto se debe avalar la referencia de Ef 2,20, según la cual la Iglesia se encuentra fundamentada en los profetas y en los apóstoles. Que esos escritos tuvieran un papel destacado en el proceso que llevaría a las definiciones doctrinales y a los conceptos de organización eclesiástica (cuestiones cruciales, bajo las cuales fue pensado el canon) no debe quedar en duda. Al respecto de Colosenses, una vez más la síntesis de Vielhauer (más allá de la inconveniencia de usar un término como “ortodoxia”, a inicios del siglo II) es precisa; se trata de un… En cuanto a Efesios, se destaca la mística eclesial que emerge de dicho escrito; para su autor, “¡la iglesia es la marca del ministerio y de la muere de Cristo!” . Pero también la postura acomodada y, al mismo tiempo, antisectaria (lo que significa anti-extática), expresada de forma diferente, pero complementaria por ambos escritos, les garantiza un lugar en el canon neotestamentario. Las Haustafeln encontradas en ellos, a un solo tiempo repelen las tendencias ascéticas (del grupo señalado por Colosenses y otros que podían pretender justificar, en Pablo, sus opciones) y señalan el desafío de insertarse en medio de las estructuras sociales (a saber, la familia patriarcal y la esclavitud). Las ponderaciones teológicas, mejor explicadas en Efesios, indican la compatibilidad entre el orden cósmico y las jerarquías sociales. Los entusiasmos apocalípticos deberían ser (aún no lo eran) cosa del pasado. Bibliografía ANDERSON, Ana Flora, “O povoe os poderes do imperio”, en Estudos bíblicos, Petropolis, Vozes, vol. 23, 1989, p. 61-72.
Pedro Lima Vasconcello Este artículo amplía las consideraciones desarrolladas en un trabajo anterior, que expuse, en líneas generales, de las cartas neo-testamentarias no paulinas (excepto las atribuidas a Juan): “Memorias y desafíos – los caminos de las comunidades y las demás cartas del Nuevo Testamento”, en Pedro Lima Vasconcellos (organizador), A história da palabra II, Paulinas/Siquem,, Sáo Paulo/Valencia, 2005, p.111-115. Una variante de ese argumento, que lo vuelve más sutil, se refiere a la perspectiva teológica de afirmaciones encontradas en Colosenses y Efesios, muy semejantes a la terminología encontrada en las cartas paulinas. Basta con un ejemplo: Col 1,13 afirma que el pueblo cristiano fue transportado “para el reino del Hijo de su amor”. Pablo nunca habla de un reino del Hijo, sino de Dios, e insiste en la participación futura (no presente) en este reino. Cristo, como cabeza del cuerpo (Col 1,19; Ef 1,22) no aparece en la eclesiología en 1 Corintios, por ejemplo; en ésta no se destaca la cabeza: la comunidad es el cuerpo de Cristo, lo que incluye también a la cabeza (1Cor 10,17.21; 12). Para mayores detalles, Helmut Koester, introdução ao Novo Testamento, São Paulo, Paulus, vol. 2, 2005, p. 283. El término “pseudos-epígrafe” designa la autoría atribuida en forma ficticia a personajes destacados, por lo general ya fallecidos. José Comblin, Epístola aos efésios, Petropolis, Vozes, 1987, p. 12. Véase allí, en las páginas siguientes una lista bastante ilustrativas de pasajes en que los paralelos entre Colosenses y Efesios son evidentes (tenemos otra lista en Raymond Brown,, introdução ao Novo Testamento, São Paulo, Paulinas, 2004, p. 823. Otro argumento que refuerza la convicción de que, a pesar de que Efesio dependa de Colosenses, ambos escritos deben su origen a autores distintos, elude a “contactos en cuanto a una misma terminología, a pesar de la diferencia de ideas”. Un ejemplo es el término “misterio” que en Col 1,26-27 designa a la salvación de Cristo, en tanto que en Ef 3,3 se refiere a la incorporación de los paganos a la Iglesia. Y al mismo tiempo pone una dificultad adicional para que se reconozca que la carta, incluso no siendo de Pablo, sí habría sido dirigida a una comunidad de Colosenses. Philipp Vielhauer, Historia de la literatura cristiana, Salamanca, Sígueme, 1991, p. 209-210 (no trascribimos algunos términos griegos que el autor presenta a lo largo de su obra). Sumemos a este sumario, bastante amplio, la inevitable resonancia política de tales potencias; sus nombres (1,16) no deben dejar margen a dudas. De todas formas, la lectura de la descripción de los opositores descritos en Colosenses nos hace recordar a los adversarios “judaizantes” de Pablo, en Galacia y Filipos, aunque aquí, “las dimensiones cósmicas [y aumentaríamos, políticas] de dichas observaciones [los preceptos de ley] son más explícitas”, (Helmut Koester, Introdução ao Novo Testamento, p. 284). Raymond Brown anota bien que los adversarios del autor de Colosenses tendían a ver a Cristo como inferior a las potencias, pues Él era “carne, mientras que los principados eran espíritus” (Introdução ao Novo Testamento, p. 796). Recuérdese que, en este sentido, Colosenses “crearía escuela”. Además de la Haustafel de Efesios, que depende directamente de aquella, tenemos 1Pe 2,13ss; 1Tim2,8-15; 6,17-19 y otros ejemplos en las cartas de Clemente romano y de Ignacio a Policarpo. Aquí se debe mencionar, lo mismo que el pasaje, la inusitada interpretación que el autor de Colosenses hace del martirio de Pablo (1,24): ¡las tribulaciones de Cristo están incompletas, y son los sufrimientos de Pablo que las completan! Para un rápido panorama a este respecto, véase Philipp Vielhauer, Historia de la literatura cristiana, p. 221-223.
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