El hijo pródigo y los hombres gays – Una relectura de Lucas 15,11-32, en la perspectiva de las teorías de género y de sexualidad.
André S. Musskopf
Resumen
El artículo discute las relaciones entre los personajes de la parábola del Hijo Pródigo. Se inicia con la discusión respecto a la aplicación de las categorías de género en el estudio de los textos bíblicos, y también sobre la necesidad de ampliar estos conceptos con los estudios sobre la sexualidad. Después se hacen algunas consideraciones exegéticas, donde el artículo analiza el texto desde la experiencia de los hombres gay, usando la historia de Henrique como espejo. Se pregunta por lo motivos de la salida del hijo y hace una relación con la migración sexual, cuestionando la interpretación moralista de su experiencia y la culpabilización de sus actos, el retorno como negación de sí mismo y la aceptación como posibilidad para nuevas relaciones.
Abstract
The article discusses the relationship between the characters in the parable of the Prodigal Son. It starts with a reflection about the applicability of gender categories in the study of biblical texts, and also the need to widen the discussion with the studies about sexuality. After some exegetical considerations, the article analyses the text from the experience of gay men using Henrique’s story as a mirror. It asks for the reasons why the son left and makes the connection to sexual migration, questions the moralist interpretations of his experience and the blaming of his acts, the return as a denial of oneself and the acceptance as a possibility for new relations.
Biblia, categorías de género y masculinidades
La introducción a este volumen ya trae una reflexión sustancial sobre la comprensión del tema de las masculinidades, la utilización de las categorías de género y el curso seguido por la teología bíblica feminista, de las cual somos deudores. En este sentido, considero necesario hacer algunas consideraciones que serán importantes para acompañar el camino que propongo para la interpretación de Lucas 15, 11-32, así como para posesionar algunas cuestiones metodológicas importantes para este ejercicio.
Algunos presupuestos de esta lectura, están dados por la metodología de la lectura popular de la Biblia y su búsqueda por la relación entre la vida (experiencia) y el texto bíblico, dentro de una perspectiva hermenéutica que huye de la búsqueda de verdad del texto en sí, para indagar por su verdad con relación a quien lo interpreta; y las categorías de género, que especifican esta experiencia, buscan no tanto las formas, cuanto las relaciones de género que ocurren en el texto; más que las formas, ellas se relacionan con aquello que comprendemos como relaciones de género liberadoras en nuestro contexto. En este sentido, el texto no es un fin en sí, sino un elemento dialógico-relacional en el proceso de concientización y transformación de la realidad.
La utilización de las categorías de género, en el estudio de las masculinidades, tiene aspectos innovadores pero, al mismo tiempo, limitados. Por un lado, los hombres que se han apropiado de este referencial, están haciendo análisis diferenciados de los procesos de construcción de la identidad masculina, cuestionando aquellos aspectos de estos procesos que los deshumanizan, y ensayando nuevas posibilidades de ser hombre. Por otro lado, las teorías de género se han mostrado, muchas veces, limitadas cuando no se articulan con los estudios en el área de la sexualidad. Como afirmé en otro lugar:
“Las reflexiones sobre género, desvinculadas de las reflexiones sobre la sexualidad, desarrolladas en el ámbito de los Estudios Gays y Lesbianos y de Teoría Queer, corren el riesgo de crear otras identidades estáticas, pretendidamente liberales, cuando, en el fondo, excluyen una multiplicidad de posibilidades, tanto en relación al propio papel social desempeñado por los hombres y las mujeres, cuanto por la vivencia de su deseo expreso, a través de la sexualidad”.
Para hacer este ejercicio, es importante no perder de vista lo que varias biblistas feministas ya aportaron: los textos bíblicos fueron concebidos, seleccionados, canonizados e interpretados dentro de un contexto, y a partir de una ideología patriarcal, o sea desde la perspectiva de la experiencia de hombres que representan aquello que viene siendo llamado “masculinidad hegemónica”. Además de ello, se puede decir que este contexto también es heterocéntrico, a pesar de las dificultades para aplicar los conceptos contemporáneos al mundo bíblico. De cualquier forma, el sexismo y la misoginia, característicos del patriarcado, están íntimamente relacionados con la homofobia y el heterosexismo, con importantes consecuencias para la lectura e interpretación de los textos bíblicos, desde las categorías de género y sexualidad.
Abordar la Biblia y las masculinidades, utilizando la metodología de la lectura popular y las claves hermenéuticas de las teorías de género y de la Teoría Queer, significa demostrar y criticar la estructura patriarcal, en cuanto hombres con una experiencia diferenciada. Significa leer el texto a partir de nuestra experiencia, en cuanto hombres que buscan claves liberadoras para aquellos aspectos de la construcción social y sexual de la masculinidad que han marcado nuestros cuerpos y que nos deshumanizan y deshumanizan nuestras relaciones. Es necesario hacer una lectura sin apología, sin disculpar los textos y las relaciones opresivas que se dan en su contexto, sino buscando en ellos, formas de resistencia a este sistema opresor.
El punto de partida asumido e este artículo es el de la experiencia de hombres gays. En este sentido, no busca validación para la homosexualidad a través de las varias estrategias hermenéuticas adoptadas por muchos teólogos gays, sino que, como afirma R. Goss, “es el horizonte o lugar social de donde yo entro en el texto, el tono queer y el sorbo para entrar en mi propio mundo queer, de significados y prácticas cristianas empoderadas” . O como afirma G. D. Comstock:
“Las historias bíblicas, en su mayoría, giran en torno a las preocupaciones y el control de los hombres poderosos y de aquellas personas que los sirven; y yo estoy convencido ahora, que leerlos apologéticamente, sin crítica o protesta, significa permitir que ellos me disminuyan, significa que me acomode a ellos. Queriendo o necesitando aprobación, comprensión, un lugar, una conexión dentro de este denso documento o dentro de mi familia ampliada, frecuentemente oscureció el impacto de ser excluido de ellos. Por eso, tengo que encarar el hecho de que si encuentro algún enlace, alguna conexión con ellos, este debe ser encontrado en el hecho de reconocer y darme cuenta de esta exclusión”.
Historia de la interpretación
El texto sobre el cual queremos detenernos en este artículo (Lc 15,11-32), seguramente es uno de los más conocidos en la Biblia. Usado en la catequesis de los niños y en las predicaciones en los púlpitos de las iglesias, lo hace un texto muy conocido en su contenido y en la simbología que usa. No hay grandes dudas sobre el mensaje transmitido por esta parábola: es la historia de un padre y de sus dos hijos; el más joven, visto como un rebelde, ingenuamente pide la parte de la herencia que le corresponde, sale de la casa del padre y se va a descubrir que la vida fuera de la casa es cruel; el se comporta irresponsablemente, llegando a la ruina y pasa por innumerables humillaciones que lo hacen tomar la decisión de retornar a la casa de su padre; el padre, en lugar de imponer su autoridad y poder, recibe al hijo con los brazos abiertos, sin resentimientos y organiza una fiesta para conmemorarlo; El hijo mayor, al saber lo que ha pasado, se rebela contra la benevolencia del padre, pues no se siente reconocido.
De hecho, el mensaje transmitido parece muy claro: el hijo joven pasa por un proceso de aprendizaje que lo llevará a la conversión, haciéndolo retornar a la casa del padre; el hijo mayor también necesita pasar por un proceso de conversión, aunque esto signifique liberarse de la rigidez del sistema al cual está sirviendo. Los hijos, cada uno a su modo, representan posturas que necesitan ser corregidas, el uno por despreciar la casa del padre y abandonarla y el otro por su falta de compasión y flexibilidad. El padre es el gran héroe de la trama. Él es el modelo de quien da libertad a sus hijos y que los acoge cuando las cosas salen erradas. Su postura está asociada a la imagen de un Dios compasivo.
En su carácter parabólico, remitiendo a una verdad que está más allá de la historia que narra , los comentaristas han apuntado a una novedad que el texto sugiere: dentro de la estructura patriarcal, donde el padre detenta el poder sobre todo y todas las personas, este padre rompe con los lazos patriarcales y, en compasión, recibe al hijo que lo renegó. Pero, ¿será que de hecho hay una subversión del modelo de familia patriarcal en este texto? ¿Quién es el que rompe con esta estructura? El objetivo de este artículo es mirar el texto a partir de las relaciones que se dan en él, dentro del contexto de estudio de las masculinidades, y apuntar las posibilidades de resistencia al sistema patriarcal / heterocéntrico.
Algunas introducciones (exegéticas)
Como afirmamos antes, no hay grandes disputas sobre el significado del texto en estudio. Los comentaristas concuerdan que el tema central es la necesidad de arrepentimiento y conversión para el ejercicio del discipulado y la abundancia del amor gracioso y misericordioso de Dios. En general se ubica el texto dentro del bloque que va de Lc 9,51 – 19,28 y se afirma que este bloque trata sobre las características del seguimiento de Jesús, dichas durante el trayecto a Jerusalén. Específicamente en el capítulo 15, con su “tríptico parabólico”, Jesús habla a las “grandes multitudes que lo seguían” (14,25), a los “publicanos y pecadores que se aproximaban para oirlo” (15,1) y “a los fariseos y escribas que murmuraban” (15,2), predicando el papel de cada uno de esos grupos en su relación con Dios. Su foco es aquello que está “perdido”, y la importancia que tiene para Dios.
Los dos primeros relatos (o parábolas) preparan el terreno para la parábola del hijo perdido. La primera (v. 3-7) trae un ejemplo del mundo del campesino pastor de ovejas, y la segunda (v. 8-10) del mundo doméstico de las mujeres. Su función es mostrar a los escribas y fariseos la importancia de los/las “perdidos/as” para el Reino de Dios, contradiciendo la acusación que estos han hecho a Jesús: de que come con pecadores y publicanos (15,2b). Según los comentaristas, estas dos primeras parábolas, que tratan de “objetos perdidos”, son llevadas a su cúspide en la parábola del Hijo Pródigo, por su carácter humano y por contrastar la experiencia de los dos hijos con la misericordia del padre, aquí identificado con Dios, y la felicidad delante del arrepentimiento y retorno.
El tema central del capítulo 15, entonces, está en el arrepentimiento y en la conversión de aquellos/as que están “perdidos”. Eso se hace más fuerte en el final de las dos primeras parábolas: “Les digo a ustedes que habrá mayor júbilo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (15,7); “A ustedes les afirmo que, de igual modo, hay júbilo delante de los ángeles de Dios, por un pecador que se arrepiente” (15,10). Pero, la parábola del Hijo Pródigo amplía esta necesidad de arrepentimiento para aquellos/as que se sienten justos/as y cumplidores/as de la ley, representando la intransigencia y el moralismo del hijo mayor, que ejemplifica la postura de los escribas y fariseos. Ambos/as necesitan arrepentirse y convertirse, cambiar de camino.
Frente a esto, nos preguntamos cuál es la novedad de analizar este tema desde las categorías de género y sexualidad, como propusimos antes. Haremos el ejercicio y lo evaluaremos al final.
Leyendo desde la experiencia
La salida
Henrique creció con el sentimiento de que había algo erróneo en él. Bromas en la escuela, reclamos del padre que quería que él se interesase por cosas más masculinas, eran algunas de las cosas que lo incomodaban. En la adolescencia la situación empeoró. No se interesaba por muchas cosas que sus amigos hacían, y se sentía presionado a participar de ellas para no ser excluido del grupo y no ser ridiculizado. Estudiaba mucho, soñaba en crecer y conquistar el afecto y el respeto de las personas, siendo alguien de éxito. En la pequeña ciudad en la que vivía, eso significaba tener un buen empleo, casarse y tener hijos. Como le gustaba estudiar concluyó que para ello debería ir a la universidad y prepararse bien. A los 18 años tenía un buen empleo y la promesa de un ascenso profesional, pero decidió dejarlo todo e irse a la capital a estudiar. No tenía grandes conflictos con su familia y tenía el respeto de la comunidad. Muchas personas opinaban que debía seguir en su empleo, ya que tenía oportunidad de crecer. Pero la salida del ambiente familiar y conocido le descubría un mundo de posibilidades para él.
La parábola del hijo pródigo comienza sin dar muchas explicaciones. El hijo más joven pide su parte de la herencia y parte a una tierra distante. No sabemos nada de las relaciones familiares, y apenas más tarde el texto hablará de la compasión del padre y de la envidia del hermano mayor y de su presteza en seguir la estructura familiar tal como era concebida entonces. El hijo mayor trabajaba como siervo de su padre, cuidando lo que en gran parte sería suyo, cuando su padre muera, dado su derecho de primogenitura.
El texto no tiene interés en dar informaciones sobre las relaciones de esta familia. En este sentido, deja abierta la posibilidad de imaginar, un ejercicio tan importante para las teólogas feministas y los teólogos gays/ queer. En verdad, las lagunas de información del texto, sobre varios aspectos de las relaciones familiares, son siempre llenadas por los ejercicios de imaginación, más aún cuando comentaristas no lo explican. Wenzel, por ejemplo, afirma que “la alegría que [el hijo más joven] experimenta en la casa del padre, en nada se compara con el vacío dejado por la experiencia de sentirse extranjero” . B. J. Essex afirma que “este jovencito estuvo fuera por todo ese tiempo (no sabemos por cuanto tiempo) y haciendo sólo Dios sabe qué (nosotros tenemos nuestras sospechas)” . D. L. Tiede afirma que “el hijo más joven camina en dirección a los problemas, y todo el mundo lo sabe” . A. Stöger afirma que “la vida en la casa del padre, con sus órdenes e instrucciones, se volvió pesada para el hijo que buscaba su autonomía y que deseaba vivir a su libre arbitrio” . Todas estas sospechas y suposiciones son fruto de la imaginación de los/as comentaristas, ya que estas informaciones no vienen dadas en el texto. La diferencia es el punto de partida que se asume para hacer la lectura y cómo se usan las informaciones que se dan.
De cualquier forma, no sabemos cuales son los motivos que llevan al hijo menor a pedir su parte de la herencia y salir a una tierra distante. La historia de la interpretación nos lleva a cuestionar su carácter, ya que la conclusión del texto lo presenta como alguien irresponsable. Apenas conocemos que la estructura familiar, en la cual estaba envuelto, seguía los patrones patriarcales tradicionales. Por ser el más joven, su parte de la herencia es menor con relación a la de su hermano y el padre abre su mano para darle más, sin necesidad. Al recibir su parte de la herencia, según el patrón social, es como si el hijo muriese, por eso es que al volver a la casa del padre, éste afirma: “este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida” (15,32b) .
A partir de ello, podemos definir algunos de los aspectos de la estructura familiar. En el mundo greco-romano, el oikos es la estructura familiar donde el pater familias tiene autoridad y poder sobre todos los otros miembros de la familia. Es una estructura jerárquica que no presupone el diálogo, sino la obediencia de los diferentes grados de la estructura familiar . Por más que apuntemos a la benevolencia y apertura del padre, que reparte sus bienes y los pone a disposición del hijo, en primer lugar es el hijo quien rompe con la familia. Él decide recorrer sus propios caminos, lejos de la vigilancia y el poder del padre, del pater familias. Talvez fuera él irresponsable o quisiera vivir otra experiencia; se sentía inquieto, preso en el contexto familiar. Lo cierto es que la parábola no presenta ninguna resistencia de parte del padre, ningún intento de persuadirlo, ningún diálogo sobre su decisión, aparentemente inesperada .
Henrique no vive en una estructura familiar greco-romana, sin embargo su familia no estaba exenta de preconceptos y división jerárquica de poderes. Por ello se siente enclaustrado en su familia y en su comunidad. Quiere ir a tierras distantes, a buscar algo que no sabe bien que es. Quiere conocer las posibilidades, quiere descubrirse, tener la libertad de conocerse a sí mismo y crecer como persona.
Henrique consiguió un empleo en la capital y luego hizo amigos en la universidad. Comenzó a salir y conocer la vida de una gran ciudad. Terminó acercándose a Antonio y se hicieron grandes amigos. En una de sus conversaciones sobre la universidad y la vida en la ciudad, Antonio le contó a Henrique que era gay. Henrique se asustó, pues no sabía mucho lo que eso significaba, pero le gustaba mucho Antonio; y, al poco tiempo, fue entendiendo que eso no hacía mucha diferencia. Más aún, comenzó a salir con Antonio a recorrer ambientes gays y empezó a descubrirse a sí mismo. El sentimiento de que él era diferente, de que no se adaptaba, tan fuerte durante la niñez y adolescencia, comenzaba a tener sentido. Él también era gay y estar lejos de su familia, en el anonimato de una gran ciudad, le permitía asumirse como homosexual, no sin que eso signifique conflictos.
En su libro, A mobilidade da senzala feminina, Ivone Gebara presenta y analiza la problemática de las mujeres pobres del noreste brasileño y su vocación para el éxodo, para el movimiento. Ella describe el contexto patriarcal y opresivo en el cual estas mujeres viven y del cual huyen, emigrando a otros lugares. Con todos los aspectos específicos que esta movilidad supone, Gebara nos ayuda a pensar más allá de los motivos puramente económicos que hacen que las mujeres se trasladen de un lugar a otro, buscando “una vida mejor”. Ella nos habla del carácter de género y sexual de esta migración de mujeres que quieren romper, conciente o inconcientemente, con el sistema opresivo patriarcal .
Al analizar la comunidad gay en Brasil, Richard Parker pone su desarrollo dentro del contexto económico, político y cultural más amplio de las migraciones ocurridas en Brasil en los siglos XIX y XX. El rápido crecimiento poblacional a finales del siglo XIX y la acelerada urbanización e industrialización en el siglo XX, transformarán las estructuras de la sociedad brasileña. Por eso, “en la mayor parte de los últimos cincuenta años (…), la principal fuente de abastecimiento de la fuerza de trabajo industrial era la migración interna” . Pero, así como Gebara, el interés de Parker es incrementar un elemento que pasa desapercibido en las investigaciones sobre la migración en Brasil: el tema sexual. Como Parker muy bien lo acentúa, las motivaciones para estas migraciones no son singulares, sino complejas. Así mismo, es importante no perder de vista la cuestión sexual en la decisión de las personas de mudarse de un lugar a otro. Pues, según él, “para muchos hombres gays o bisexuales, cuestiones ligadas a la sexualidad, hacen parte de la decisión de mudarse y de las experiencias que viven después de realizarse dichas migraciones” .
En el contexto de estas motivaciones está, como en la historia de Henrique, el sentimiento de inadecuación, la dificultad de la familia para lidiar con las diferencias en su estructura patriarcal, la búsqueda de una mejor vida, más libre, pues:
“en la medida en que la vida urbana se construye dentro del imaginario social, como un lugar de relativa libertad y oportunidad, como una alternativa a la característica opresora de la vida en el interior o en las pequeñas ciudades, tal vez se deba esperar que estas imágenes se traduzcan en libertad” .
Como una afirmación complementaria, no sabemos cuáles son los motivos que llevan al hijo menor a salir de su casa; estamos concientes que lidiamos con una parábola, con un objetivo pedagógico, por lo que no buscamos descubrir lo que de hecho pudo ocurrir, pues no se trata del relato de un hecho concreto. Estamos usando la imaginación, a partir de la experiencia de hombres gays, para intentar encontrar un mensaje que tenga sentido en el contexto de esta experiencia. Por eso, ¡prosigamos!
La vida fuera de casa
Henrique entró de cabeza en el mundo gay de la capital. Salía casi todas las noches y volvía por la mañana. Fue a saunas, bares, clubes nocturnos. Conoció muchas personas y tuvo muchos encuentros sexuales. Algunos con hombres a los que nunca más vio, otros fueron enamoramientos fugaces. Fue asaltado varias veces, andando por calles oscuras, en medio de la noche, incluso por un hombre que conoció en un club nocturno y que lo llevó a su apartamento. Una noche fue abordado por la policía y agredido verbalmente, ante la sospecha de que era gay. Gastaba todo su dinero en ropa que estaba a la moda, en bebidas y eventualmente el drogas que usaba con sus amigos. Faltó al trabajo algunas veces; cuando no llegaba atrasado, cumplía sus tareas a medias, lo que terminó resultado en un despido. Su rendimiento académico cayó drásticamente, y en algunas materias reprobó por exceso de faltas. El nuevo mundo, lleno de seducciones, que estaba conociendo, y la inexperiencia e ingenuidad de Enrique lo llevaron a situaciones peligrosas y muchas veces deshumanizantes. El dinero que su padre mandaba, a duras penas alcanzaba para pagar la universidad y el alquiler.
El texto de Lucas 15 no nos revela explícitamente lo que ocurrió con el hijo menor, después de que salió de la casa de su padre. Apenas nos dice que “despilfarró todos los bienes viviendo de manera desenfrenada” (v. 13b). Su situación se vio agravada por la situación económica del país, que pasó por “una gran hambre”, haciéndolo pasar necesidades, hasta terminar cuidando cerdos, al punto que “deseaba comerse los algarrobos que comían los cerdos; pero nadie le daba nada” (v. 16). De acuerdo a D. L. Tiede:
“Cómo despilfarró el dinero no nos queda claro, aunque el hermano mayor diga que se lo gastó con prostitutas (v. 30). Cuando la RSV dice que vivió disolutamente, está traduciendo un término que es un tanto vago y que se traduce por “viviendo en forma no saludable” (del griego: asotos). Ciertamente esto no es bueno, él se jugó toda su herencia. Pero no es tan siniestro como el hermano mayor y muchos/as interpretes imaginan”.
Hay una tentativa del mismo texto –y aún más fuerte en la historia de la interpretación, de culpar al hijo menor por su desgracia. Su propio hermano mayor hace una suposición de cómo su hermano vivió su sexualidad, para así sustentar su indignación y establecer la culpa. La única acusación que presenta el texto radica en el hecho de que ha despreciado el dinero con prostitutas (pornon elten) . En ningún momento del texto se pregunta por los motivos que llevaron al hijo a salir de la casa del padre, y más aún que lo llevaran a involucrarse en situaciones que lo iban a perjudicar, hasta hacerlo vivir una vida “no saludable”.
Hombres gays, como Henrique, conocen bien de estas acusaciones. En el cuaderno “Iglesia y homosexualismo”, Arzemiro Hoffmann presenta “algunos casos de personas [ministros] que fueron acusadas (o encontradas) en prácticas homosexuales”. Veamos los casos:
Caso I. Un ministro fue encontrado mientras intentaba seducir a menores de edad (pedofilia). (...)
Caso II. Un ministro fue encontrado con un compañero, en su propio apartamento, en cierta ocasión que su esposa estaba de viaje (...)
Caso III. A un ministro nunca se lo encontró en ningún tipo de relación, aunque sus actitudes causaban un ambiente de sospecha en la comunidad. Debido a su personalidad complicada, prepotente y exhibicionista, nunca permaneció mucho tiempo en una misma parroquia.
Caso IV. Un ministro, con actitudes altamente sospechosas, trata de relacionarse con los más pequeños en el grupo de jóvenes, exponiendo a las pequeñas al ridículo. Usó su estatus ministerial para abrir créditos, pero fue mal pagador.
Relacionada a sus interpretaciones de textos específicos, el análisis de estos casos lleva al autor a concluir que “queda evidenciado que la Iglesia no debe recomendar la ordenación de personas homosexuales practicantes, al ministerio eclesiástico” . Sería impresionante, si no fuese tan común y popular, este tipo de comprensión moralista y reduccionista de la experiencia de hombres gays. Quien tiene el mínimo conocimiento e interés por comprender los procesos de descubrimiento, aceptación y construcción de la identidad gay, necesita preguntarse por los motivos que llevan a esos hombres a actuar de determinada manera. No cabe aquí dar una explicación de este proceso, ya que hay una basta literatura que reflexiona este tema. Basta afirmar que las vulnerabilidades, a las cuales muchos de estos hombres están expuestos, están intrínsecamente ligadas al sistema heterocéntrico que estructura las sociedades occidentales. El miedo al prejuicio de la discriminación y de la violencia, la falta de modelos positivos, la invisibilización del mundo gay, circunscrito a ghettos y locales y espacios marginales en la sociedad, son algunos de los factores que generan dichas vulnerabilidades .
Los juzgamientos apresurados y pre-conceptuales sobre la experiencia de los hombres gays como Henrique, relacionando todas las situaciones adversas en que acaban envueltos, como consecuencia lógica de su forma de vivir la sexualidad, pueden muy bien ser identificados con la culpabilidad del hijo menor del texto de Lucas. La lectura hecha desde la experiencia de hombres gays quiere saber cuáles son los motivos por los cuales él decidió salir de la casa y cómo acaba envuelto en un modo de vida no saludable. Usar la imaginación y la experiencia gay para hacer esta lectura, puede llevarnos a una identificación entre los hombres gays y el hijo pródigo.
El retorno
La vida de Henrique se volvió un verdadero infierno. Todo lo que había imaginado conquistar al salir a la capital se había ido agua abajo. Estaba desempleado, le iba mal en los estudios y sentía que el hecho de ser homosexual estaba ligado con su desgracia. Oró a Dios pidiendo que lo librase de esta condición, para que le ayude a reconstruir su vida, a casarse, a tener hijos, a conseguir un buen empleo, a ser respetado, tal como siempre había imaginado. Cuando más intentaba huír de su homosexualidad, más sentía que el deseo por los hombres era parte de sí mismo. Enamoraba chicas, y se sentía un farsante porque las engañaba intentando mentirse a sí mismo. Su situación económica iba de mal en peor. No conseguía empleo y se vio sin dinero, ni para comer. Hacía tiempo que había salido de su ciudad y nunca más volvería. Su nueva vida en la capital parecía incompatible con la vida en la casa de su padre y con la vida en su ciudad de origen. Pensó en volver a la casa de su padre, donde no pasaría necesidad, pero no sabía cómo lidiaría con su homosexualidad. Tal vez la única salida fuese volver y esconderle a su familia su realidad, pero eso significaría abdicar a su sexualidad o vivir una doble vida, de mentiras.
Las dificultades enfrentadas por el hijo menor de Lucas 15, en consecuencia con la forma como conduce su vida lejos de la casa del padre, hacen que él se arrepienta de su iniciativa y se niegue a sí mismo. Él se siente perdido, frustrado y sin ninguna posibilidad que no sea el retorno. Imagina que a su vuelta, el padre reaccionará dentro del sistema patriarcal. Por eso su objetivo es respetar el sistema, y antes de ser negado por el padre, el se niega a sí mismo como hijo: “Padre, pequé contra el cielo y delante de ti, ya no soy digno de ser llamado tu hijo, trátame como uno de tus trabajadores” (v. 18b-19).
La opción de volver a la casa del padre es impensable para muchos hombres gays. Frente al miedo al rechazo y la relativa libertad y tranquilidad que experimentan lejos de la familia, este retorno se vuelve impracticable. En la experiencia de Henrique, y de otros hombres gays, sin embargo, esta parece ser la única salida. Frente a la situación que vive, la opción más viable parece ser volver “al closet”, negarse a sí mismo y vivir una heterosexualidad ficticia, que impediría la confrontación con la familia y una posible expulsión. Para muchos es difícil imaginar una apertura de parte de la familia, especialmente del padre, aquel que, por lo general, expresa el modelo de masculinidad, que se traiciona cuando se asume la homosexualidad.
El hijo menor de Lucas 15, al salir de la casa del padre en busca de su identidad, acabó negando y perdiendo aquello que fundamentaba su identidad hasta entonces. Él perdió su estatus de hijo y se volvió en un extranjero; más aún, al tener que trabajar cuidando cerdos, negó también los preceptos de su religión . Para M. Armange, “caer en sí” representa la auto-perdición del hijo. Es necesario perdonarse a sí mismo, para estar preparado para recibir el perdón del padre. Según este autor, “el joven percibe el error que había cometido al abandonar a su familia, aquella que tenía toda la abundancia para ofrecerle” . Perdón, arrepentimiento y conversión caminan juntos. En la experiencia de los hombres gays y en los discursos de la mayoría de las iglesias eso significa negar su sexualidad y, en última instancia, su identidad.
No hay nada en el texto que permita concluir que el hijo menor deseaba volver a casa por algún motivo que vaya más allá de la necesidad de satisfacer sus necesidades básicas. El joven reflexiona: “¡cuántos trabajadores del mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí muriéndome de hambre!” (v. 17), lo que es perfectamente justificable. Las relaciones y las estructuras familiares no son, en ningún momento, calificadas como afirmativas ni como opresoras. Para los hombres gays, la opción entre una vida marginal y una posible/probable necesidad de adecuación a un modelo patriarcal, definidor de los papeles masculinos, los pone frente a una encrucijada.
Henrique, por fin, decidió volver a la casa del padre. Para su sorpresa, éste lo recibió con los brazos abiertos. No hizo ningún tipo de pregunta. Se sintió inmensamente feliz con el regreso del hijo después de tanto tiempo, e invitó a toda la vecindad a una fiesta con buena comida. Su hermano Claudio, cuando supo de la fiesta, no le agradó mucho la idea. Siempre había creído que Henrique era medio irresponsable, por eso no había aprobado la idea de que su hermano fuera a la capital a estudiar, dejándolo solo a él para ayudar al padre. A más de ello, el dinero que el padre enviaba cada mes para pagar la universidad y el alquiler en la capital había hecho falta en el presupuesto de la familia, haciendo que Claudio tuviera que posponer su sueño de comprarse una moto. Claudio confrontó todo esto con su padre, y se negó a aparecerse por la fiesta.
No sólo el hijo menor sorprende con la actitud del padre en la parábola del hijo pródigo. El hijo mayor llega a confrontar al padre y a acusarlo de ser injusto con él. Esta también puede ser la experiencia de la mayoría de los hombres gays que revelan su identidad sexual a los miembros de su familia. Ostracismo, negación, silencio y hasta violencia, suelen ser muy comunes. Romper con el sistema heterocéntrico implica una reconstrucción de la estructura familiar y comunitaria, que parece estar más allá de las posibilidades de la mayoría de las familias.
De hecho, la postura del padre, recibiendo al hijo de vuelta en su casa, tiene un potencial subversivo de la estructura familiar patriarcal. Él da la libertad para que el hijo vaya a experimentar el mundo –aunque parece callarse a la hora de dar recomendaciones y ayudar al hijo a vivir esta experiencia positivamente. Él también lo recibe de vuelta sin restricciones cuando el hijo ve que sus intentos se han frustrado . Él parece que cuestiona, o por lo menos flexibiliza, la estructura familiar patriarcal frente a la actitud del hijo mayor, cuya rebeldía se justifica por el deseo de mantener y reforzar esta estructura. Según B. J. Essex “el hijo mayor de esta parábola nos representa a todos/as, que nos sentimos sustituidos por la acogida de aquellos/as que nosotros creemos rechazados por Dios” . Desde el punto de vista de las relaciones, esto significa cuestionar los patrones patriarcales y heterocéntricos, basados/as en la acogida de Dios.
El texto termina sin resolver la cuestión. No sabemos lo que hijo mayor hizo después de confrontar al padre y de no participar en la fiesta; no sabemos cómo siguió la relación del hijo menor con su padre y su hermano, de qué forma las relaciones siguieron siendo construidas y reconstruidas. Esta apertura del texto es para la respuesta y la experiencia de quien lo lee, lo que permite imaginar y construir nuevas relaciones en nuestras vidas.
¡Qué comience la fiesta! – La posibilidad de nuevas relaciones
El objetivo de este artículo no es hacer una reconstrucción histórica de Lucas 15,11-32, para presentar evidencias de homosexualidad del hijo pródigo. Su objetivo es hacer una relectura de este texto a partir de las relaciones que se dan en el texto, en términos de género y sexualidad. En este sentido, su primera afirmación, con base a las informaciones que el propio texto presenta, es que la estructura familiar que se presenta es esencialmente patriarcal. Tanto así, que todos los personajes son hombres, aquellos que de hecho importan en el contexto familiar, y la trama se desarrolla alrededor del tema de los derechos (la herencia) que estos hombres tienen dentro de dicha estructura. En el mundo patriarcal de las masculinidades hegemónicas, los hombres detentan el poder y son ellos los que de hecho importan.
En este contexto, esencialmente patriarcal/masculino, nos encontramos con la decisión de uno de ellos de romper con este sistema. Este rompimiento no es tratado con mucha importancia por los otros hombres, pero es el motor central de toda la trama. Es el retorno, y la forma como es recibido por el padre, lo que rompe la estructura patriarcal, causando la rebelión del hermano mayor. La forma como su vida fuera de casa/de la familia se presenta, pero principalmente se interpreta por los/as comentaristas, es la consecuencia lógica de la traición a esta estructura. Sus opciones equivocadas generan consecuencias desastrosas y su única salida es el regreso a la “seguridad” de la estructura familiar.
Gran parte de los/as comentaristas sugieren que la forma como este hijo desatinado es recibido por el padre presupone un cambio en la forma como esta estructura es comprendida. Rompiendo con la jerarquía, el padre acepta y acoge al hijo, en amor. Esta, sin dudas, es una interpretación válida e importante, y también parece estar de acuerdo con la postura de Lucas, con relación a la estructura familiar (Véase Lc 8,19-21).
Los hombres gays, por lo general, son vistos como traidores de la masculinidad hegemónica. Por la forma como construyen su identidad y por el potencial en la creación de nuevas relaciones que esta construcción engendra, son excluidos del universo patriarcal masculino heterocéntrico y castigados severamente por ello (por otros hombres y también por mujeres) .Las adversidades enfrentadas, fuera de este sistema, son imputadas como culpa por “su opción” subversiva. Por ello, hacer una relectura de Lc 15,11-32, desde la experiencia de hombres gays, implica hacerle otras preguntas al texto, respecto a las relaciones que se presentan y a la posibilidad de construcción de nuevas relaciones.
B. J. Essex, al utilizar las interpretaciones psicológicas freudianas y jungianas, afirma que la premisa de esta parábola es la búsqueda de la reconciliación y la integridad de la familia. Según este análisis, tanto el hijo menor, cuanto el mayor, están alienados en la familia, lo que puede ser reconstruido por el amor sin medida del padre . También J. Rius-Camps habla de “una nueva relación afectiva” sobre la forma como el padre recibe al hijo menor . Pero, la pregunta que los hombres gays le hacen al texto es: ¿Qué tipo de relaciones nuevas se establecen entre estos hombres? ¿Qué tipo de concesiones tienen que hacer para ser reintegrados a la familia? ¿De qué forma este acuerdo familiar será reconstruido? Las respuestas a estas preguntas no están dadas por el texto. Ellas necesitan construirse con coraje y osadía, para enfrentar el machismo, la supremacía masculina, el heterosexismo de las relaciones. Es necesario salir del lugar cómodo del moralismo y pensar en la concreción de las nuevas relaciones que se establecen con el regreso del hijo pródigo. Como ese padre que está abierto a acoger al hijo, que según D. L. Tiede “[está] lleno de compasión (...), [sale] ‘corriendo’ por la puerta, esto es, abandonando todo decoro delante de sus siervos/as, de sus vecinos/as, de sí mismo y de Dios, hasta abrazarlo y besarlo (…) ¡Hasta olvidarse de la moralidad!” .
Es necesario comprender que el proceso de salida no es simplemente una traición a la familia, sino, muchas veces, la parte necesaria en el proceso de construcción de la identidad de los hombres gays. Pues, como afirma R. Parker, sobre las comunidades gays en Brasil:
“En la medida que se vuelven más prevalecientes, las subculturas y comunidades gays crean, para muchos hombres, la posibilidad de imaginar una vida nueva y diferente, y claramente estimulan a algunos hombres a moverse. Las estructuras que sustentan esas comunidades, a su vez, refuerzan a estos hombres que se pusieron en movimiento – ofreciéndoles acceso a redes de amistad, oportunidades de empleo, opciones de residencia y otras cosas de este tipo” .
También es importante no perder de vista los riesgos y peligros que esta salida y estos ghettos pueden presentar a estos hombres que salen, sin saber bien en busca de qué. La salida puede estar llena de posibilidades, pero también llena de riesgos.
En el contexto de las relaciones entre estos tres hombres, eso significa pensar en qué tipo de conversación es necesaria. No es la simple conversación del hijo más joven que, arrepentido por su iniciativa liberadora, regresa a los lazos y ataduras de un sistema familiar cerrado, sino la conversación del sistema familiar que necesita, de hecho, mostrarse como un lugar seguro, con abundancia no sólo material, sino también de afecto, al punto de acoger una nueva construcción de identidad.
Si el padre representa a Dios en el imaginario simbólico que este texto proclama, la consecuencia directa es la posibilidad de una imagen de Dios fuera del patrón heterocéntrico. No sólo un Dios-padre-heterosexual, que benevolentemente acoge al hijo “pese” a su experiencia, sino un Dios que participa de estas relaciones, mezclándose con ellas, dejando abierta la posibilidad de múltiples identificaciones y construcciones.
O sea, la experiencia narrada en el texto de Lucas, asperjeada en la experiencia de Henrique y de muchos hombres gays, permite la visualización de la construcción de las identidades masculinas y el cuestionamiento de un patrón único de masculinidad. El dejar abierta la trama, al final del relato, llama al lector/a a que imagine nuevas posibilidades de relaciones entre los hombres y Dios. Por otro lado, también convoca al cuestionamiento por la ausencia de mujeres, y cuál es su papel en la ecología de las relaciones que incluye y sobrepasa el universo de estos hombres.
Los desfiles Gays, que se desarrollan en todo el mundo, reúnen a millones de personas, en lo que se configura, posiblemente, como el mayor movimiento social organizado en la actualidad, son una manifestación política de esta comunidad que lucha por salir de la invisibilidad y por tener derechos que garanticen su dignidad. A pesar de ser criticadas por muchas personas, estos desfiles se configuran como una gran fiesta, cuya principal marca es la diversidad, respetada y experimentada en alegría y diversión. Es significativo que el texto en estudio termine en una fiesta que marca la reconciliación y la posibilidad de nuevas relaciones. Es esto lo que el movimiento gay y la parábola del hijo pródigo nos sugieren. Pues entonces, ¡qué comience la fiesta! .
André S. Musskopf
rua Antunes Ribas 61 ap.302
São Leopoldo/RS
93030-250
Brasil
asmusskopf@hotmail.com
Referencias bibliográficas
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TIEDE, David L., Luke – Augsburg Commentary on the New Testament, Minneapolis: Augsburg Fortress, 1998. p. 272-281
Debo la inspiración y provocación para el estudio de este texto a Marcos Armange (véase datos bibliográficos a continuación, al final del presente artículo) quien compartió su estudio de esta parábola, desde la perspectiva del perdón y las conversaciones que tuvimos al respecto.
Estas afirmaciones presentan, de forma extremamente simplificada, aquello que se ha venido desarrollando en América Latina en las últimas décadas, y que es bastante evidente para cualquier lector/a familiarizado/a con la Teología de la Liberación, Lectura Popular de la Biblia, Educación Popular y Teología Feminista Latino-Americana. Poner estas afirmaciones aquí, busca prevenir que se pierda este referencial para abordar cuestiones no tan prácticas.
A. S. MUSSKOPF, Quando sexo, gênero e sexualidade se encontram, p. 11. Véase también A. S. MUSSKOPF, Identidade masculina e corporeidade – Uma abordagem queer, donde presento el contexto de los cambios de términos de las masculinidades frente a la “crisis del macho”, y las limitaciones de los principales abordajes sobre este tema en la actualidad, al ver centrado su análisis a la experiencia de los hombres heterosexuales.
Véase E. S. FIORENZA, Discipulado de iguais, p. 171-199; G. D. COMSTOCK, Gay theology without apology, p. 27-48.
Sobre la utilización de conceptos como homosexual/heterosexual y otros términos relacionados en la interpretación de textos bíblicos desde una perspectiva gay/queer, véase A. S. MUSSKOPF, Talar Rosa, p. 128ss; A. S. MUSSKOPF, Bíblia, cura e homossexualidade; y también R. GOSS, Queering Christ, p. 204-220.
R. GOSS, Queering Christ, p. 215. Sobre las diversas estrategias hermenéuticas gay/queer Cf. A. S. MUSSKOPF, Queer: Teoria, hermenêutica e corporeidade.
Cualquier comentario sobre este texto, concordaría con los trazos generales de esta interpretación, aunque generalmente resulten aspectos específicos de la parábola. B. J. ESSEX, Bad boys of the New Testament, p. 25, trae un balance rápido de estas interpretaciones.
Todos los comentarios mencionados en las “Referencias Bibliográficas” apuntan a esta interpretación.
Para una breve interpretación de la función de la “parábola” véase B. J. ESSEX, Bad boys of the New Testament, p. 25.
Como afirma D. L. TIEDE, Luke, p. 277: “esta es una historia humana. Su poder y fuerza emergen de la realidad de sus personajes”.
Cf. J. I. WENZEL, O caminho do seguimento no evangelho de Lucas, p. 44; Carlos MESTERS y Mercedes LOPES, O avesso é o lado certo, p. 76ss; A. STÖGER, O evangelho segundo Lucas, p. 13ss; J. RIUS-CAMPS, O Evangelho de Lucas, p. 181ss.
Cf. B. J. ESSEX, Bad boys of the New Testament, p. 28s; A. STÖGER, O evangelho segundo Lucas, p. 59; D. L. TIEDE, Luke, p. 273;
Cf. R. GOSS, Queering Christ, p. 212ss. El autor se refiere al uso de las categorías “Fantasía” (Dorothee Soelle) y “hermenéutica de la actualización creativa” (E. S. Fiorenza) por el teólogo gay Robert Williams en Just as I am.
Para informaciones sobre los procedimientos para repartir la herencia, según las leyes judías, véase M. A. ARMANGE, A experiência do perdão, p. 6; A. STÖGER, O evangelho segundo Lucas, p. 66; B. J. ESSEX, Bad boys of the New Testament, p. 31; M. D. GOULDER, Luke, p. 613.
Para estudios sobre la estructura familiar greco-romana véase: M. J. STRÖHER, “A igreja na casa dela”, p. 18-19; M. J. STRÖHER, Caminhos de resistência nas fronteiras do poder normativo, p. 151-156; L. W. COUNTRYMAN, Dirt, greed & sex, p. 147-167; E. S. FIORENZA, As origens cristãs a partir da mulher, p. 322-359.
Cf. D. L. TIEDE, Luke, p.277ss. El autor habla de la falta de sensibilidad del padre que no dialoga con el hijo que desea partir, ni lo escucha cuando el retorna.
D. L. TIEDE, Luke, p. 278 (RSV = Revised Standard Version). Según el autor, refiriéndose al uso de la “Parábola del Hijo Pródigo”, en este texto, “la palabra ‘pródigo’ se refiere primariamente al desperdicio extravagante de la herencia del hijo”; el título tradicional llama la atención sobre la inmoralidad del hijo, y con ello, tal vez se refuerza una interpretación moralista. Sin embargo, en este caso, la interpretación del hijo menor tiene la última palabra. Él termina la moral de la historia, que ha sido bien preparada” (p. 276). Según B. J. ESSEX, Bad boys of the New Testament, p. 29, el término asotos “se presenta sólo tres veces más en el Nuevo Testamento y el significado se refiere a entrarse a vicios y a la falta de disciplina moral (Cf. Ef 5,18, Tit 1,6; 1Pe 4,3). El texto no explica las actividades del joven rapaz, en sus detalles, sin embargo, él puede estar envuelto en borracheras, concupiscencia, farras y relajo total”.
M. D. GOULDER, Luke, discute el texto de Lc 15,11-32 en comparación con Mt 21,28-32 (la parábola de los dos hijos), y afirma que sustituye la expresión “publicanos y meretrices”, en 15,1 “tal vez porque pensase que ‘meretrices’ era un poco fuerte para los miembros de la iglesia” (p. 603), introduciendo “meretrices” en las palabras del hermano mayor: “el primer hijo, símbolo de los pecadores de Mateo, está ‘perdido’ –es decir él lleva una vida pecaminosa. Pornai en Mt 21,31-32 puede, perfectamente, tener su lugar en esto (15.30)” (p. 610).
Véase, por ejemplo, L. K. GRAHAM, Discovering images of God, para um estudo não-moralista da experiência gay.
Esta interpretación parece ser el consenso, inclusive por parte de teólogos gays que mencionan el texto. Véase, por ejemplo, R. GOSS, Jesus acted up, p. 73; L. W. COUNTRYMAN, Dirt, greed & sex, p. 183.
B. J. ESSEX, Bad boys of the New Testament, en su análisis del texto enfatiza, justamente, el papel del hijo mayor, haciendo referencia a “la eterna disputa entre hermanos” tan común en los relatos bíblicos (p. 24.31-32).
Sobre la relación entre homosexualidad masculina y los modelos de masculinidad, véase A. S. MUSSKOPF, Uma brecha no armário, p. 77-119.
Cf. B. J. ESSEX, Bad boys of the New Testament, p. 34-36. Ella se basa en las obras de Mary A. Tolbert y Dan O. Via.
