Introducción – Re-imaginando la masculinidad: caminos diversos para la reflexión sobre la relación Biblia, género y masculinidad
Francisco Reyes Archiva y Larry José Madrigal Rajo
En la calidez que nos ofreció el ambiente de la Universidad Bíblica Latinoamericana, varios hombres participantes en la asamblea de RIBLA en San José, Costa Rica, al detectar que tenemos caminos recorridos de intuiciones y preguntas en género, inquietudes, encuentros-y-desencuentros con varias de nuestras colegas mujeres y experiencias de acompañamiento y formación populares muy concretas que tocan el tema de la masculinidad, nos entusiasmamos con la posibilidad de una reflexión pionera desde la Biblia que pudiera pautar y dialogar temas fundamentales en género y masculinidades. Así nació este número.
Nos planteamos, en dicha asamblea, como propósito fundamental de esta reflexión aportar a la desconstrucción del imaginario (y/o estereotipos) social hegemónico de la masculinidad, que se corresponde a la ideología dominante y excluyente, para comenzar a construir un imaginario más humano y justo desde una perspectiva popular. Conscientes que esa ideología dominante, y por tanto ese imaginario de masculinidad, se sustenta fuertemente en razones religiosas, cristianas, como legitimación última de su supuesta naturalidad y permanencia.
Por eso lo primero que hicimos fue levantar algunas preguntas y provocaciones que han sido el trasfondo inmediato o la razón de ser de este número: ¿Qué comprendemos por masculinidad y por virilidad? ¿Masculinidad o masculinidades? ¿Cuál es o ha sido la función social de la masculinidad? ¿Hay un mínimo común que defina, en caso de haberlas, las diferentes masculinidades? ¿En qué consiste una masculinidad dominante y cómo condiciona la lectura de los textos bíblicos, al texto mismo como al lector? ¿Esta masculinidad es homogénea o podremos encontrar diversas expresiones de ella? ¿la masculinidad hegemónica está en crisis? ¿Qué es lo que se pretende al decir que la masculinidad hegemónica está en crisis y que hay grupos de hombres intentando vivir de otro modo su masculinidad? ¿Podemos hablar de una masculinidad alternativa, humanizadora o liberadora? ¿Qué características tendría? ¿Hasta qué punto o en qué medida los textos bíblicos son androcéntricos? ¿Hay sólo un tipo de androcentrismo?
Como parte de este trabajo nos interesa también reflexionar específicamente sobre algunas de los personajes masculinos presentes en la Biblia para rescatar las figuras de varones que nos muestran la posibilidad de vivir una masculinidad en “contravía”, mucho más humana y humanizadora. También nuestro interés se coloca en aquellas figuras (antitipos) o personajes bíblicos que expresan una vivencia hegemónica de la masculinidad, para establecer, por vía de desconstrucción, aquellos rasgos que nos han conformado y desde ahí alumbrar alternativas. Nos interesa, en últimas, presentar otra forma de leer la Biblia desde los varones en clave de género. Aunque esto implique asumir y cuestionar cosas que no son agradables o que son conflictivas tanto en el texto como en nuestras vidas.
Nos interesa también entrar a analizar, desde nuestra perspectiva muy concreta, las maneras como se va construyendo ese imaginario, especialmente sus puntos débiles, y la manera como “victimiza” o deshumaniza a los mismos varones.
¿Qué nos mueve a plantear un número de RIBLA con este tema? Una de las razones que nos mueve es la conciencia de que las estructuras y las prácticas de dominación tienen, dentro de otros componentes, una dimensión de género y en concreto una dimensión intrínsecamente masculinista, que las ayuda a fundamentarse y a justificarse. Siempre cruzada por una dimensión teológica – religiosa. Creemos entonces que todo proceso de liberación debe pasar por una transformación de la masculinidad dominante o hegemónica.
Muchos de los varones que trabajamos en el ámbito bíblico y a nivel popular igualmente bebemos, de una u otra manera, de las prácticas y estructuras de la masculinidad dominante. Esto genera verdaderos conflictos o tensiones en el ámbito de las relaciones humanas, sea con nuestras esposas o compañeras, con los hijos/ hijas, con los compañeros/ compañeras de trabajo.
Otro aspecto que nos mueve a plantear un número de RIBLA con esta temática es ver el avance de las reflexiones sobre masculinidad en las Ciencias Sociales en general y del trabajo concreto de instituciones con grupos de varones, en contraste con la ausencia de estos estudios y prácticas en los ámbitos religiosos- eclesiales y teológicos.
Reconocemos como otra motivación el hecho de constatar que los imaginarios sobre la masculinidad están igualmente presentes en la Biblia y en la interpretación en la misma, fundamentando y justificando muchas veces las relaciones asimétricas entre varones y mujeres. En ese sentido, el proceso de desconstrucción/construcción de las masculinidades pasa por un proceso similar con relación a los textos bíblicos y a las figuras masculinas normalmente idealizadas en la Biblia y en la interpretación que se ha hecho de ella.
Como un abrebocas queremos plantear algunas reflexiones o modo de respuestas a las preguntas iniciales, un mínimo común desde dónde queremos abordar el tema de la masculinidad y Biblia, conscientes de que estamos iniciando un camino, que la mayoría de los planteamientos puedan tener más un carácter heurístico que conclusivo. El interés es motivar la reflexión del tema, con las limitaciones que este intento pueda tener.
¿Qué comprendemos por masculinidad?
Lentamente y quizá por influencia benéfica de la reflexión de género de muchas mujeres, fuera y dentro de las iglesias, se habla con más frecuencia de la masculinidad. Esa reflexión nos recuerda que “género” es la manera de construir las relaciones sociales articulándolas en dos polos, masculino y femenino, según los datos biológicos visibles, especialmente genitales, interpretados al nacer. Así, según nacemos con pene, somos etiquetados como hombres y se nos asigna un patrón de vida, un modelo socialmente definido y aceptado de comportamientos, valores y expectativas para ser hombres. Es la masculinidad asignada.
La masculinidad así asignada, independientemente de culturas y geografías, y asumiendo rasgos propios locales, va siempre unida a determinadas cualidades, sobre todo asociadas con la fuerza, la violencia, la agresividad, la potencia, la inteligencia y la idea de que es necesario estar probando y probándose continuamente que se "es hombre", que se ha logrado alcanzar el modelo definido de ser hombre. Este modelo definido no admite contrapuntos o alternativas, prevalece, se convierte en estereotipo. Es la masculinidad hegemónica. Desde este modelo hegemónico de masculinidad, se mide e interpreta a los hombres. Por supuesto, si este es un patrón de medida, no todos los hombres tienen éxito en adecuarse a esas medidas, inclusive físicas, con las que se mide su masculinidad. Esta masculinidad hegemónica que nos moldea afecta nuestra manera de interpretar nuestra lectura de los textos sagrados, nuestras prácticas eclesiales y por supuesto, nuestras convicciones religiosas y opciones políticas desde ellas.
Sin embargo, la realidad cotidiana nos va indicando otras cosas. Son muchos los hombres que no pasan el examen de la masculinidad hegemónica. Razones físicas, políticas, económicas, étnicas, sexuales, nos van abriendo el campo de visión para darnos cuenta de los hombres que al no caber en el modelo, exageran ciertas cualidades para disfrazarse de exitosos hombres hegemónicos (compulsiones), ocultando sus emociones y sentimientos o que generan situaciones caóticas como medidas extremas de autoafirmación y control sobre los demás (violencia, irresponsabilidad sexual, etc.). El modelo hegemónico, presentado como fuerte, inteligente y perenne, cuasi sagrado comienza a evidenciar las fisuras y por tanto su crisis.
¿Crisis masculina? ¿Dónde?
¿Significa esto que los hombres desaparecemos? Probablemente no, seguimos siendo varones y por mucho tiempo, incluso generando situaciones problemáticas. Pero lo que está verdaderamente en crisis es el modelo hegemónico de ser hombre: la masculinidad hegemónica. Esta masculinidad tiene fisuras, grietas, fallas dentro de las cuales y posibilitándose con ellas, muchos hombres descubren maneras diversas de ser hombres. Si esto es posible, no hay un modelo de masculinidad, sólo hay masculinidades, muchos modos de ser hombre. Estos modos de ser hombre y por lo tanto de masculinidades nos llevan a plantear que además del modelo hegemónico hay tantas formas masculinas de seguir reproduciendo los modelos tradicionales, como formas masculinas de crear nuevas relaciones de equidad y autodesarrollo.
Dentro de estas formas de ser hombre se incluyen grupos, quizá todavía minoritarios, pero muchos más de los que sospechamos, que se reúnen para reflexionar sobre su masculinidad, para compartir experiencias y buscar salidas a sus problemas. También se encuentran grupos de hombres que trabajan muy de cerca de grupos organizados de mujeres, entre otros, los que pudieran llamarse profeministas; los grupos de padres y de apoyo parental; los grupos de hombres gays; los grupos de hombres en las Iglesias cercanos a los ideales de participación e igualdad en la gracia propiciados por mujeres (womanekklesia) y muchísimos hombres que todavía no se encuentran con otros, pero que tienen la íntima convicción de no ser lo que dicen que somos (“machos”), y más aun, haber sobrevivido de milagro a las terribles demandas sociales para cumplir el modelo.
El hecho de considerar que hay sólo una masculinidad en singular, una única manera de ser “hombre y caballero” dondequiera, nos impide generalmente darnos cuenta de la variedad y gran riqueza de la experiencia de la masculinidad. Cuando se cae en la posición de señalar que sólo hay una forma de masculinidad, se corre el riesgo de volverse fundamentalista y por lo tanto, caer en la intolerancia. El hecho de juzgar que sólo hay una masculinidad y que ésta es la "correcta" deja a una gran cantidad de hombres, (por no decir a la mayoría) fuera de lo "correcto". Juzgar a los hombres o a las mujeres desde esa forma maniquea nos lleva a formas de discriminación desde las más sutiles, hasta las más burdas y que van en contra de los derechos humanos (de hombres y de mujeres). Especialmente dolorosos son todavía los casos de centros de diversión y de otro tipo, en los cuales no se permite la entrada a las personas por no llenar requisitos (gente "bien" o gente "bonita") de feminidad o masculinidad socialmente impuestos por los grupos hegemónicos, cayendo así en el campo del racismo y la intolerancia a los diferentes, llámense éstos: afeminados, gays, lesbianas, campesinos, negros, inmigrantes, mujeres, etc. En fin, grupos minoritarios (y en nuestro continente, inmensamente mayoritarios) como serían los pobres o las mujeres.
Sin embargo y a pesar de que estamos en una sociedad patriarcal -de la cual no somos ajenos y en la cual estamos inmersos- en que el amplio abanico de la masculinidad se ve reducido a sólo una opción pública (la correcta) y a otras clandestinas y/o privadas o solamente aceptadas por minorías o pequeños grupos cerrados, tornan muy difícil la elección consciente de pertenecer a un grupo cuyo referente no sea el "correcto" el "normal" o el "bueno”, el exitoso, el hegemónico.
¿Masculinidades?
Frente al orden de la dominación masculina se pueden identificar un amplio abanico de estructuras imaginarias y de vivencias de la masculinidad. En un extremo de este abanico podemos encontrar posiciones queestán completamente dominadas por la razón falocrática, que asumen los arquetipos masculinos dominantes con todo y sus sombras, asimilándolos y asumiéndolos sin fisuras, sin cuestionarlos, tratando incluso de mejorarlos. Estas posiciones siguen siendo una fuente inagotable de violencia física y psíquica ejercida contra las mujeres, y contra los mismos varones. En el otro extremo se pueden encontrar perspectivas que ponen en cuestión tanto la razón falocrática como los arquetipos masculinos dominantes, denunciando la injusticia que sostiene la razón masculina hegemónica y poniendo en cuestión los fundamentos ideológicos de su dominación o los imaginarios sociales que la justifican. Se trata de posiciones conscientes de su dimensión política y que buscan integrar las políticas por la igualdad y la redistribución socioeconómica con las políticas por el reconocimiento de género, étnico, nacionalistas, etcétera.
Este amplio abanico de masculinidades se complejiza si se tiene en cuenta la relación de género con las categorías como clase, raza, edad, sexualidad, etc. Este es el enfoque que le queremos dar, en gran medida porque estamos convencidos que en la práctica se entrecruzan estos factores, dando la posibilidad de hablar de masculinidades y no sólo de “masculinidad” en singular como pretende un discurso esencialista y dominante de masculinidad.
Algunos estudios contemporáneos sostienen precisamente que en este momento nos encontramos al término de un período histórico en que se está acabando el dominio establecido por el arquetipo del hombre-rey, surgiendo el momento, propicio para la aparición de movimientos reivindicadores de lo masculino. Hay que estar alerta porque se puede llegar a los excesos; es decir, a la formación de movimientos dogmáticos e ideológicos que no buscan la equidad y la justicia, sino reivindicar un supuesto pasado o prácticas de los hombres que “sí son buenas”, extirpando “lo malo” y manteniendo finalmente el esquema bipolar de asignación de géneros. No todo discurso de masculinidad toma en cuenta la reflexión y práctica de muchas mujeres ante la equidad y los derechos humanos, ante la reflexión de género.
Al hablar de lo masculino es indispensable hablar de lo femenino en el sentido histórico, ya que el movimiento feminista, ha influido de una manera sólida en el surgimiento de movimientos de reflexión y práctica de masculinidades alternativas, no en el sentido de movimientos de revancha, sino en el sentido de un aprendizaje, de diálogo, de intercambio fructífero, de revelarse a un modelo único de masculinidad impuesto por la ideología predominante y que tanto ha costado a los hombres y mujeres.
Y aunque esto es un peligro, hoy por hoy, especialmente en el mundo de los países pobres, muchos hombres toman la decisión de cambiar o simplemente de aceptar las fisuras del modelo, gracias a la acción de mujeres cercanas, amigas y críticas, que facilitan la labor de autoconocimiento. Aunque es importante reconocer también que las propias experiencias, que se mueven en esa paradoja entre el poder y dolor, especialmente por su carga deshumanizante tanto en la propia vida de los varones como en las relaciones con las otras personas, han sido un motivo más para emprender un cambio. No se trata necesariamente de una masculinidad alternativa, o nueva masculinidad, como única opción a la hegemónica, sino más bien de asumir la diversidad existente de las masculinidades, en un proceso transversal desde la interioridad de cada varón hasta los discursos ideológicos y los imaginarios.
¿Cuál es la relación con los estudios de género desde la perspectiva bíblica?
Estas reflexiones asumen el hecho que las mujeres empezaron mucho antes que los hombres a descubrir que no hay sólo una forma de ser “ellas”. Hay diferentes formar de ser mujer y no existe tal concepto único “mujer” sino más bien que ello está mediado por otras situaciones vitales como raza, clase, religión, educación. Mientras ellas avanzaban los hombres nos quedábamos aprisionados en nuestra torre fuerte masculina, en nuestro modelo de "ser hombre”. Hasta fechas recientes ha comenzado a hablarse y verse también que hay otras formas de "ser" de la masculinidad que son válidas, no correspondientes al modelo hegemónico actual.
Esto último es igualmente válido para la interpretación bíblica. Muchas eruditas bíblicas reflexionando desde América Latina y el Caribe tienen ya una respetable producción y líneas de pensamiento crítico muy diversas y definidas, todas abordando explícita o implícitamente, la masculinidad hegemónica. Muchas de sus intuiciones, hallazgos e instrumentos están a la base del trabajo que algunos biblistas varones estamos intentando hacer en la perspectiva de género.
Nuestras colegas mujeres nos llevan un largo trecho y varios hombres estamos aprendiendo de su militancia, de su pasión y de sus errores, y por supuesto, de sus aciertos, entre otros, el de "atreverse" y “sospechar”, características reivindicadas por el feminismo y retomados en la crítica bíblica desde el género. Este número de RIBLA refleja precisamente este proceso de aprendizaje. Proceso en el que indudablemente han influido otros factores como la crisis del sistema proteccionista capitalista y su transformación a un sistema de libre mercado, las experiencias de dolor y frustración de tantos hombres, los mismos aportes de los estudios de la masculinidad que se han venido desarrollando en los últimos años especialmente en el campo de las ciencias humanas y, finalmente, los encuentros, conferencias, grupos de apoyo y redes que se han tejiendo alrededor del tema de las masculinidades.
Pero, ¿qué es lo que se pretende al decir que la masculinidad hegemónica está en crisis y que hay grupos de hombres intentando vivir de otro modo su masculinidad? Rotundamente no se pretende luchar "contra" las mujeres o el feminismo, ya que no les vemos como movimientos antagónicos, sino al contrario, como grupos coincidentes en cuando menos dos puntos básicos: el de ampliar los conceptos de democracia y de igualdad, tanto en la sociedad como en las Iglesias, y en el objetivo de tratar de "construir una explicación teórica que les permita transformar sus vidas" de una forma menos dolorosa y desde la práctica en lo cotidiano, para forjarse nuevas identidades, que como hombres impidan seguir siendo opresores o cómplices y nos permita abrir nuestras posibilidades para el cambio, para la realización personal y colectiva, para proclamar con libertad y gracia que “todas las cosas han sido hechas nuevas en Cristo”.
Concluyendo, nuestro interés indudablemente es vincularnos de una manera más consciente y sensible en las reflexiones sobre género, desde nuestra propia perspectiva como biblistas. Nuestro silencio al respecto y sobretodo nuestro desprecio a este tipo de reflexiones nos hace cómplices de tantos sufrimientos y opresiones injustas causadas precisamente por la interpretación dominante de las relaciones varones – mujeres, adultos – niñas y niños. Es por tanto un imperativo moral lo que nos mueve a entrar por este camino.
Francisco Reyes Archila
frarchila@gmail.com
Larry José Madrigal Rajo
larryjose@gmail.com
