Larry José Madrigal Rajo

Resumen
El análisis del texto sobre José en casa del eunuco Potifar, desde una perspectiva de género y masculinidades, conecta directamente con la construcción de género del personaje, rastreada en otros lugares del ciclo de Jacob. El artículo intenta ofrecer nuevas luces interpretativas que permitan una deconstrucción en clave de género, no sólo de los personajes literarios masculinos presentes en el relato, José y Potifar, sino de la relaciones de poder y violencia planteadas entre José, la mujer de Potifar y otros hombres. En José es posible identificar una masculinidad sobreviviente.

Abstract
The analysis of the text about Joseph in house of the eunuch Potifar, from a perspective of gender and masculinities, tunes in directly to gender construction of the character, traced in other places of Jacob's cycle. The article tries to offer new interpretive lights that allow a deconstruction in key of gender, not only of the literary masculine characters, José and Potifar, but of the relations of power and violence raised between Joseph, the woman and other men. It’s possible to identify in Joseph, a surviving masculinity.

 

1 - Introducción

Cuando leo este famoso relato protagonizado por José, el hijo de Raquel y Jacob, ocurrido mientras él servía en la casa de Potifar, me siento personalmente involucrado y dividido entre la interpretación tradicional, que paradójicamente me conecta con la búsqueda de modelos diferentes de masculinidad y una interpretación nueva, que tristemente me conecta con el modelo hegemónico de masculinidad, sus dispositivos de poder y sus acciones legitimadoras. No puedo ser neutral o simplemente objetivo. Los entresijos del poder en el género son demasiado complejos como para hablar del chico bueno y la chica mala. Hago mi lectura desde un trabajo de género y masculinidades, trabajando con hombres de escasos recursos, interpretando el texto desde la socialización hegemónica que se nos impone a los hombres para ser hombres y la sobrevivencia que implica la existencia de hombres que han resistido esa socialización y viven otras formas de ser hombres.

El relato contrapone magistralmente la versión de ella versus la versión de él. La palabra de un varón versus la palabra de una mujer. Al final, el relato deja sentada su posición: prevaleció la palabra de la mujer y el varón fue castigado, pero no se hizo justicia, pues era el varón quien decía la verdad. Es la versión del que cuenta el relato, nada neutral. Por el narrador, varón, sabemos que quien miente es la mujer y no el varón. Intentaremos cruzar algunas informaciones sobre José, presentes el ciclo de Jacob, ubicando sus roles de género para estudiar narrativamente el episodio.

La reflexión en torno al modelo hegemónico de masculinidad y la identificación de masculinidades sobrevivientes a ese modelo, me permite leer con nuevos ojos a José, sus circunstancias y a la mujer sin nombre a la que se le contrapone. Ni para salvarlo, ni para condenarlo. Quizá sólo para entender algunas claves con las que se construyó su masculinidad. Masculinidad sobreviviente porque a pesar de todos los dispositivos de socialización, logró sobrevivir y desarrollarse de manera diferente a la esperada.

 

2 - La ropa y la huida - Un episodio extraño

En la magistral composición de esta novela se puede percibir la presencia de recuerdos ancestrales, leyendas que ligaban la presencia de Israel en Egipto. Estos recuerdos se ligaron en las tradiciones yahvista y elohista forjando versiones acerca de la razones vitales de su llegada a Egipto. El redactor final, con mano artística, logra articularlas con José como personaje principal, sin apenas rastro de la operación, en un relato continuado, bien articulado desde el inicio hasta el final en escenas o capítulos (no siempre correspondientes a los de nuestras biblias). Se ha sugerido esa redacción en la época de Salomón (970-931 e.c.), aunque también se la ha ubicado en un poco más tarde, durante Jeroboam I (931-910 e.c.). En estos casos, el texto vendría a justificar el contexto de la monarquía. Acerquémonos al texto en cuestión, que hemos colocado íntegro para facilitar su lectura intentando recuperar ciertos énfasis que muchas veces por razones literarias no notamos en nuestras Biblias.

  1. José fue llevado a Egipto y lo compró un egipcio llamado Potifar, eunuco de faraón y jefe de la guardia. Lo compró a los ismaelitas que lo habían traído con ellos.
  2. YHVH asistió a José, que llegó a ser un hombre afortunado, mientras estaba en la casa de su señor egipcio.
  3. Éste echó de ver que YHVH estaba con el y que YHVH hacía prosperar todo lo que tenía en su mano.
  4. Y halló José gracia en sus ojos y entró a su servicio, y su señor lo puso al frente de su casa y todo cuanto tenía le entregó en su mano.
  5. Desde entonces le encargó de toda su casa y de todo cuanto tenía. YHVH bendijo la casa del egipcio en atención a José, extendiéndose la bendición de YHVH a todo cuanto tenía en la casa y el campo.
  6. El mismo dejó todo lo suyo en manos de José y, con él, ya no se ocupó personalmente de nada más que del pan que comía. José era apuesto y de buena presencia.
  7. Tiempo más tarde sucedió que la mujer de su señor se fijó en José y le dijo: “acuéstate conmigo”.
  8. Pero él rehusó y dijo a la mujer de su señor: “mira, mi señor no me controla nada de lo que hay en su casa; todo cuanto tiene me lo ha confiado
  9. Y él no es más importante que yo en esta casa, no me ha vedado absolutamente nada más que a ti misma, pues eres su mujer. ¿cómo pues voy a hacer esta canallada pecando contra Dios?”
  10. Ella insistía en hablar a José, día tras día, pero él no accedió a acostarse y estar con ella.
  11. Hasta que cierto día entró él en la casa para hacer su trabajo y coincidió que no había ningún hombre de la casa ahí dentro,
  12. Entonces ella le asió de la ropa mientras le decía: “acuéstate conmigo”. Pero él, dejándole su ropa en la mano, salió huyendo afuera.
  13. Entonces ella, al ver que le había dejado la ropa en su mano, salió también afuera y empezó a gritar a los hombres de su casa:
  14. “¡Miren!, nos ha traído un hebreo a reírse de nosotros. Ha venido a mí para acostarse conmigo, pero yo he gritado
  15. y al oírme levantar la voz y gritar, ha dejado su ropa a mi lado y ha salido huyendo afuera”.
  16. Ella depositó junto a sí la ropa de José. Cuando regresó su señor a casa,
  17. le repitió lo mismo: “Ha venido donde mí ese siervo hebreo que tú nos trajiste, para reírse de mí,
  18. pero yo he levantado la voz y, al oírme gritar, ha dejado su ropa a mi lado y ha salido huyendo afuera”
  19. Al oír su señor las palabras que le decía su mujer: “Esto ha hecho conmigo tu siervo”, se incendió su ira.
  20. El señor de José mandó que lo prendieran y lo metió en la cárcel, en el sitio donde estaban los detenidos del rey. Y allí se quedó, en la prisión.
  21. Pero YHVH favoreció a José y lo cubrió con su misericordia. Y le concedió gracia a los ojos del capitán de la prisión.
  22. Y el capitán de la prisión dejó en mano de José todos los presos y todo cuanto hacía le entregó en su mano a José.
  23. El capitán de la prisión no atendía nada de cuanto le correspondía porque YHVH hacía prosperar todo lo que él [José] hacía.

Al leer este texto por primera vez parece que nos llegan con fuerza tantas interpretaciones –inclusive desde una perspectiva de género - que ven en esta historia a la mujer seductora y tentadora y a un casto José. La chica mala y el pobre chico. La iconografía artística abunda en retratos donde una libidinosa mujer agarra a un joven José que resiste e intenta escapar. Una segunda lectura, comunitaria y un poco más informada, levanta algunas preguntas provocadoras: ¿qué es lo que pasó exactamente en esa habitación? ¿cómo es que José controlaba todo lo de la casa y sin embargo no sabía que la mujer estaba sola? ¿a quién debemos creer: a la mujer que dice que intentaron violarla o al varón que dice que ella lo provocaba? ¿porqué aferrarse a una ropa como prueba?

Llama la atención que el texto inicia con el favor de Potifar a José, luego de su pena (v.4), y termina con el favor del capitán de la prisión hacia José, luego de su pena (v.21). En ambos casos han dejado en la mano de José todas sus responsabilidades. En medio del relato, incluso como chiste y genial correspondencia literaria, José dejó en la mano de la mujer su ropa [y su cargo] (v.12).

 

3 - La versión de él versus la versión de ella

Literaria y escénicamente, el punto culminante del relato dentro de la casa es la ropa (beged) en la mano de la mujer de Potifar , mientras José sale huyendo. No sabemos el tipo de ropa al que se refiere pero si ella está usándola como prueba incriminadora, probablemente se trate de una prenda íntima, algo que no es túnica (kettonet) o prenda superficial, sino cercano a la piel. Si este es el caso, ¿cómo puede sacársela simplemente a José, si éste se resistía?, ¿no será que José se la ha sacado intencionalmente?.

Cualquiera puede pensar que el morbo y la especulación gratuita nos mueven a tales preguntas. Pero cuando se trata de la versión de una mujer contra la de hombre, en asuntos tan delicados como un intento de violación, hasta los detalles más ínfimos cuentan. Normalmente los abusadores, especialmente los que actúan en el ámbito doméstico, planean sus actos con lujo de detalle, estudiando a la víctima y ganándose la confianza de ella y su entorno. Tanto en caso de ser descubierto como en el de chantaje emocional a la víctima, el argumento siempre es “tu palabra contra la mía” porque no hay más testigos (dice el narrador: [lit.] “y-no-había hombre de-los-hombres-de la-casa”, 39,11).

Notemos que el narrador nos informa sobre el supuesto acoso antes de la escena y coloca en boca de la mujer las mismas palabras que más tarde encontramos en boca de Amnón, cuando la violación de Tamar (2Samuel 13,11): “acuéstate conmigo” . Tamaña osadía para una mujer poderosa que, sin embargo, se enfrenta a un esclavo también muy poderoso (dice José: “no hay mayor en la casa [su señor] que yo” 39,9). No parece ser el humilde y prudente José que nos hemos imaginado en los relatos tradicionales del “joven que venden”. Lo cierto es que José no dice nada sobre esto después del incidente. El narrador no coloca ninguna palabra en la boca de José. No sabemos cómo se defendió o justificó. Es la versión del narrador versus la versión de la mujer. La versión más íntima de José no la conocemos y nos importa mucho, visto el historial con el que nos los vienen pintando: de joven diferente, violentado y vendido, a favorito de un eunuco y esclavo poderoso.

Se nos plantea –es verdad que con palabras muy bien trabajadas- que la mujer está mintiéndole a los hombres de la casa, cuando les dice que fue él quien vino para “acostarse conmigo”, que gritó a grandes voces y que en su huida, dejó su ropa a su lado, mentira que supuestamente repite, con matices, a su esposo. Es interesante cómo ella sale gritando “a-los-hombres-de-la-casa”:
“¡Miren!, nos ha traído un hebreo a reírse de nosotros. Ha venido a mí para acostarse conmigo, pero yo he gritado.”

Y más tarde, un poco más serena y quizá no cambiando la versión, sino temiendo la reacción, explica lo sucedido al esposo recién llegado, omitiendo lo de acostarse:
“ha venido donde mí ese siervo hebreo que nos trajiste, para reírse (tsajaq) de mí” (v.17).

No sea que él creyera que fue ella la provocadora… por vestirse así, por no cuidarse, por buscona… con un esclavo. Total, en los contextos patriarcales de ayer y hoy, la culpa de las agresiones sexuales es colocada en la víctima, siempre que se supere la incredulidad ante el testimonio que da. En efecto, su señor “se incendió de ira” (v.19).

Es la mujer vista por el varón, actuando como tal en un contexto de mucho poder. En los casos de violencia de género es frecuente encontrar las mayores posibilidades de agresión entre hombres que se ven favorecidos por contextos de poder y episodios fundamentales de violencia sufrida. La agresión es ejercida contra mujeres, contra otros hombres y contra sí mismos. Aunque los hay, son sustancialmente menores los casos de mujeres en estas mismas condiciones.

 

4 - Hablando de ropas - Una túnica de mangas largas en el pasado

Nos interesa mucho indagar sobre José y la construcción de su masculinidad. Un poco antes de este episodio, siempre dentro del ciclo de Jacob, se nos reportan datos de mucha relevancia viendo a José como varón. De él se dice que es “hermoso de formas y hermoso de ver” y son exactamente las mismas palabras que antes se han utilizado para describir a su madre, Raquel (Gn 29,17). También se nos relata (Gn 37,3) que era el favorito de su padre y que éste le había distinguido regalándole una “túnica de mangas largas” (kettonet passim), cuyo uso encontramos mencionado solamente para Tamar (2Samuel 13,18), princesa real. José no trabajaba en el campo como sus hermanos y era retenido por su padre Jacob en la casa. Se nos reporta que por esa preferencia llegó a ser aborrecido por sus hermanos.

Más tarde, son sus mismos hermanos (¡por lo menos 10!) quienes conspiran para matarle y exactamente el punto culminante de su plan fue desnudarle (vayyafeîû) la túnica y echarle mano, antes de tirarlo al pozo (bor, Gn 37,24). Un triste y dramático episodio de violencia ejercida contra José, con marcados tintes de humillación sexual y de género, aparte de las secuelas traumáticas que pueden suponerse. José fue violentado, humillado y tirado desnudo al pozo . No adaptarse al modelo hegemónico de ser varón puede acarrear violencias y traumas terribles para cualquier hombre, especialmente aquellos percibidos como diferentes, como femeninos… Es la homofobia, es decir, aquel comportamiento de extrema aversión y odio hacia las personas homosexuales y hacia todo aquello interpretado como no suficientemente masculino.

 

5 - Más tarde - más ropajes

¿Qué significan estas alusiones a su vestimenta? ¿porqué importan tanto?. Algunas opiniones plantean que las ropas son mencionadas en todo el ciclo de Jacob porque tienen un alto contenido simbólico de filiación emocional entre hombres . En este caso, más que entre hombres, parece de alto contenido simbólico para José.

Resulta llamativo encontrar los ropajes de José al inicio de cada episodio donde se nos narra una situación de vida. Sea por ropas que le arrebatan (la túnica de mangas largas, la ropa interior del episodio en casa de Potifar) sea por las ropas con las que se adorna su nueva situación (las ropas de fino lino blanco con que lo viste faraón Gn 41,42; las ropas con que regala a sus hermanos, enviándoles a su padre con la noticia que está vivo, en Gn 45,22, en franco recordatorio del triste día de la noticia de su muerte, con la ropa ensangrentada). El narrador hiló muy fino (siendo hombre) para no perder estos detalles de las tradiciones que articulaba. Aunque las ropas son vehículo de estatus y deseo, en este caso también lo son de eventos traumáticos y por lo tanto, también símbolos de sanación al iniciar lo nuevo. Pero las ropas también indican mudanzas y tránsitos entre roles de género pasivos y activos, femeninos y masculinos, según el consenso social, de la época idealmente narrada, del narrador y del público de hoy. ¿es posible semejante tránsito? ¿son fijos y definitivos los roles de género? ¿cambian y se mueven?.

 

6 - Ropas entre eunucos

El final de los primeros reportes sobre José, plantea su venta a unos hombres que a su vez lo venden en Egipto a Potifar, eunuco de faraón y capitán (sar) de la guardia (Gn 37,36; 39,1), por lo que se entiende que era alto funcionario de la corte, quien seguía la costumbre de comprar esclavos.

En oriente, los hombres que ejercían funciones delicadas, por ejemplo, cuidando el harén real, habían sido castrados, y quizá sea la razón por la que el término denote tanto eunuco como funcionario (Gn 37,36; 40,2.7, etc.). Puede ser también que la designación de eunuco se usara para señalar un cargo habitualmente ocupado por un hombre mutilado. Según Josefo, la castración no era practicada por los judíos, ni sobre los hombres ni sobre los animales (Ant. 5,8.40), y la Ley se oponía, desde su espíritu, a tal práctica en Israel (Dt 23,1; Lv 22,24). De hecho, se trataba de una costumbre que se tenía en el trato de los cautivos (Herodoto 3,49; 6,32), no solamente sobre los aún niños, sino también, según parece, en la época misma de la pubertad. Por otra parte, queda el hecho de que había eunucos casados, como Potifar (Gn 39,1.7) puesto que las esposas eran vistas como posesión y estatus.

Los eunucos adquirían frecuentemente elevados cargos y una gran autoridad. Aparte de Potifar, en el contexto de José se menciona al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos, a quienes José servía en la cárcel por encargo del capitán (Gn 40,2). Los eunucos ejercían ciertas funciones en la corte de Babilonia (Dn 1,3); servían en presencia del rey de Persia, eran guardianes de las puertas del palacio (Est 1,10; 2,21); un eunuco era el supervisor del harén real (Est 2,3, 14); otro estaba al servicio de la reina (Est 4,5). En la corte de Acab y en la de Joram, su hijo, había también eunucos; Jezabel tenía eunucos a su servicio (1R 22,9; 2R 8,6; 9,32).

Aunque los eunucos estaban legalmente excluidos de la congregación de YHVH (Dt 23,1), también los había en Judá, así como en la corte de David (1Cr 28,1). En los días postreros de la monarquía, había también eunucos en la corte de los sucesores de Josías (2Reyes. 24,15; 25,19, y Jer 29,2).

Todos los eunucos en Judá, o la mayor parte de ellos, eran extranjeros (Jer 38,7). El copero de Herodes el Grande era eunuco, lo mismo que el funcionario que le servía las comidas y que su mayordomo y había un eunuco al servicio de Mariamne, la esposa favorita de Herodes el Grande (Ant. 15,7; 16,8). Candace, la reina de Etiopía, tenía un eunuco como tesorero, quien luego de su conversión, fue bautizado por Felipe (Hch 8,27-37).

Es precisamente esta tradición de presencia en las tradiciones, muchas veces de rechazo, la que respalda la visibilidad de Potifar como eunuco. A su servicio estaba José y más tarde, también al servicio de los dos eunucos de faraón, uno de los cuales es el que le recomienda al mismo (Gn 41,9-13). José aparece pues legitimado y promovido por medios hombres, no hombres u hombres incompletos, sin descendencia y para Israel (al menos hasta Isaías 53) fuera de la asamblea santa. Hombres con poder, pero con serias fracturas de modelo hegemónico.

Un texto de la tradición rabínica, el Talmud, es revelador cuando comenta el texto de la Toráh, llenando muchas lagunas de información que el relato no nos brinda directamente: "Rab dijo: Potifar lo compró para él; pero vino el ángel Gabriel y lo dejó impotente [a Potifar], y luego Gabriel lo mutiló; por esto se llamaba en principio Potifar, pero finalmente se llamó Poti-fera" . El comentario del comentarista Rashi, in situ, es: “'para él': para tener relaciones sodomitas con él [con Yusef] a causa de su belleza”.

En el análisis del texto resulta sorprendente encontrar que Potifar, capitán (sar) de la guardia, luego de escuchar la versión de su mujer, decide como castigo enviar a José a prisión. Más adelante nos enteramos (Gn 39,20-40,2) que esta prisión (beyith ha-cohar) resulta ser donde estaban los detenidos de faraón, incluyendo los eunucos, pero en esa casa “halló gracia en sus ojos [del capitán (sar)]” y éste “pone todo en su mano” y se despreocupa porque todo prospera con José ¡exactamente igual que con Potifar! (39,4) ¿no será porque la prisión estaba en la misma casa de Potifar (“la casa del capitán de la guardia, la prisión, el lugar donde estaba detenido José”) y el encargado era el mismo Potifar, capitán (sar) de la guardia? (40,3). Parece que Potifar tenía fuertes vínculos emocionales con José, que trascendieron las serias acusaciones de la esposa.

 

7 - ¿Qué tipo de hombre es éste?

Por lo que hemos visto y lo que sabemos ocurrió después, José es “un esclavo que gobierna una casa, un prisionero que gobierna una prisión y un inmigrante que gobierna el imperio” . Un varón diferente que es favorecido por varones poderosos, que sin embargo (a excepción de faraón), no son hombres completos, según la norma.

Desde un análisis de género y masculinidades que parte de la realidad plural y diversa en la que los hombres son socializados y forzados a actuar, no podemos reducir nuestra interpretación a una mirada tradicional y dicotómica de los géneros, en donde existen límites claros para lo que se espera de cada uno. Ni todas las mujeres actúan como se espera, ni todos los varones resultan ser los machos exitosos que se espera que sean.

Desde esta mirada, la historia de José es un típico relato de las contradicciones y violencias sufridas y ejercidas en la construcción masculina. José se ve como un hombre que ha sobrevivido a muchos intentos por encarrilarlo en lo que debe ser y no es, y que sin embargo, lucha por ser, queriendo demostrar su virilidad, su masculinidad, en un contexto donde tiene más poder como varón.

No es inocente o culpable, es el producto de un largo proceso de construcción de la masculinidad por el que es transeúnte entre la sobrevivencia y la hegemonía. Es responsable por sus actos de violencia y tiene la capacidad de evitarlos o continuarlos, de sanarlos y asumirlos. Resulta increíble que estando en la prisión, José finalmente aluda a lo que le ocurrió de joven “tampoco aquí hice nada para que me pusieran en el pozo (bor)” (Gn 40,15). Brota la situación traumática fundamental con la que comenzamos a ubicarle en el ciclo.

Mucho después de nuestro relato, nos llegan informes sobre José y sus hermanos, reencontrándose en Egipto: a José le ha sido dada como esposa, Azeneth la egipcia, tiene dos hijos, se encuentra con sus hermanos (se ha cumplido el sueño, los hermanos se arrodillan frente a él) y José les trata con dureza fingiendo sequedad, reprime sus emociones y llora a escondidas, incluso a gritos y finalmente cuando todo se descubre, abraza y cubre de besos y regalos a sus hermanos, y les viste de ropajes (Gn 42-45) para que vuelvan donde su padre con la noticia que no murió en el pozo, sino que está vivo. Más tarde llegará toda la familia a vivir a Egipto.

Y es exactamente esa última noticia la que nos hace reconocer a un varón diferente, sobreviviente de muchas violencias, personales y sociales, intragenéricas y familiares. Un varón que desde el no-poder del fondo de un pozo y luego de la venta de su cuerpo intenta generar otros comportamientos masculinos, otros poderes. Pero en el ejercicio dinámico de esos poderes, cede a la tentación de ejercerlos sobre una mujer a través de uno de los más antiguos mecanismos de dominación: la violencia sexual. Es la no simultánea y compleja tríada de la violencia: violencia contra las mujeres (la agresión sexual), contra otros hombres (violencia sufrida en su juventud) y contra sí mismo (represión de sus comportamientos).

Y con los horrores de la violencia de género, sus perversos mecanismos de poder y sus dispositivos de control, no puedo dejar de identificar el dolor de tantas víctimas sobrevivientes que han sufrido, junto al maltrato y la culpa por la recriminación, la condena del resto de la sociedad, a veces de sus mismas familias, de ser ellas las provocadoras de la violencia… por tentadoras, por seductoras, por libertinas.

Según el discurso imperante, los agresores casi nunca han tenido la culpa, “han cedido a la tentación”, a la liberalidad de las conductas de mujeres irresponsables que les han provocado a lo indebido, al delito, al pecado. Supuestos inocentes a los que irresponsablemente se ha obligado a liberar la bestia interior que por naturaleza tienen.

Es difícil sacar conclusiones. Todavía estamos en un campo poco explorado críticamente. Hablar de masculinidades da miedo y ansiedad, provoca rechazo, no da gusto. No se quiere dejar las seguridades de lo establecido y menos identificar que lo dicho por siempre tiene muchas grietas de sentido y de prácticas. No todo cae dentro de los moldes de género contrapuestos o complementarios dictados para hombres y mujeres. Hay más preguntas que respuestas y ya esto desafía una epistemología patriarcal fundada sobre respuestas y certezas.

Con José tenemos planteamientos abiertos a lectores y lectoras de hoy que se identifican con sus sufrimientos o con la difícil situación de honor y seguridad de Zuleika (el nombre con el que las tradiciones coránica y rabínica han nombrado a la esposa de Potifar). Ni santos ni diablas, ni diablos ni santas, sólo seres humanos. Y desde las masculinidades, es a varones como José a los que se da el favor divino. José es un hombre desviado de los roles tradicionales de género, que desvía nuestra atención hacia otras masculinidades posibles, ni perfectas ni quizá mucho mejores, sólo diferentes… sobrevivientes… transeúntes… transgresoras… construyendo la diferencia.

 

Larry José Madrigal Rajo
4º calle Oriente 23
centro histórico 01116
San Salvador, El Salvador, Centro América
larryjose@gmail.com

He usado como base la traducción de la Nueva Biblia de Jerusalén, destacando algunas palabras y construcciones gramaticales de modo más literal.

Por ejemplo, el excelente artículo de Mercedes García-Bachmann “La excepción que confirma la regla - La mujer de Potifar y el acoso sexual (Génesis 39)”, en Ecce Mulier - Homenaje a Irene Foulkes, San José, SEBILA, 2005. La autora asume la interpretación tradicional acerca de la iniciativa sexual de la mujer de Potifar, planteándola como acoso, para más tarde planear una coartada que incrimine a José, haciendo notar cierto paralelo a la violencia sexual sufrida por Tamar en 2Samuel 13 (p.67). También Nelly Furman, en su trabajo asume el supuesto del deseo sexual e iniciativa de la mujer de Potifar ante José, aunque matizando desde la intersubjetividad que provoca la pieza de ropa abandonada: prueba de culpa, prueba de descargo o prueba de infidelidad (vea Nelly Furman, “His Story Versus Her Store - Male genealogy and female strategy in the Jacob cycle”, en Alice Bach (editora), Women in the Hebrew Bible - A reader, New York/London, Routledge, 1999. Finalmente, Elaine Neuenfeldt, en un sorprendente giro a su análisis sobre el caso de Tamar (2Samuel 13), dice que “[José] también sufre asedio sexual de la mujer de faraón”, conferir Elaine Neunfeldt, “Violencia sexual y poder - El caso de Tamar en 2Samuel 13,1-22”, en RIBLA, vol.37 (2000), p.39-49.

Agradezco a mis colegas Rosa Gutiérrez, Ada López, Ale Vega, Deysi García y Walberto Tejeda, quienes formaron un espontáneo grupo de reflexión en el contexto del programa de Masculinidades del Centro Las Casas y me animaron con sus sospechas y hallazgos.

Valga mencionar que hemos interpretado este texto mediante “bibliodrama”, con la clase de metodología bíblica del Instituto Bíblico de Los Angeles, Cal., para detectar sus movimientos y énfasis corporales. Ahí se mencionaba, desde la migración a los Estados Unidos, como a veces hay tremendas confusiones por no hablar la misma lengua patrones y empleados… Interesante observación que nos hace pensar en los detalles cotidianos, no siempre considerados por la crítica bíblica y que son poderosos deseos de sentidos para la lectura comunitaria de la Biblia. De gran inspiración para esto es el trabajo de Tânia Mara Vieira Sampaio, Movimentos do corpo prostituído da mulher - Aproximações da profecia atribuída a Oséias, São Paulo,UMESP-Loyola, 1999, p.15-16.

Expresión imperativa que sólo encontramos aquí (v.7.12.14) y en la cita indicada de 2Samuel.

Por violencia de género entendemos “cualquier acción o conducta, basada en género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”. Me gustaría profundizar y reflejar mejor el fenómeno de la violencia de género, insistiendo que la muerte, daño o sufrimiento puede provocarse desde y realizarse en las esferas económica, política y simbólica, tanto en lo público (la calle, el trabajo, la escuela, la Iglesia, etc) como en lo privado (las relaciones íntimas, lo doméstico), cfr. Larry José Madrigal, “Los hombres asumimos nuestra responsabilidad: Las Masculinidades en la prevención de la violencia de género”, en Comité de expertas y expertos - Materiales para la prevención de la Violencia de Género, San Salvador, OXFAM América/CBC, 2006.

weraŒheŒl haŒyat≈â yefat≈-toŒ’ar wîfat≈ mara’eh

Blue Letter Bible, "Dictionary and Word Search for 'pac (Strong's 06446)'’". Blue Letter Bible - 1996-2002. <http://www.blueletterbible.org/cgi-bin/words.pl?word=06446&page=1>

Como nota de horror, el texto precisa que “y se sentaron a comer pan” (Gn 37,25), en la escena del incidente.

Nelly Furman, “His Story Versus Her Store”, p. 121.

Nuestra propia experiencia en la asesoría de procesos de sensibilización de género con hombres, nos muestra este nomadismo de roles de género entre varones, lo cual hemos encontrado documentado y desarrollado en: Judith Butler, Cuerpos que importan - Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”, Buenos Aires, Paidós, 2002. p.32-35.

Aunque la palabra saris (Gn 37,36; 39,1) puede significar igualmente “eunuco” que “funcionario”, resulta de entrada interesante que muchas de las traducciones disponibles elijan “funcionario” en lugar de “eunuco”, lo que puede ser un eufemismo porque tenemos otros ejemplos donde la acepción eunuco es clara (Is 56,3). Esto influye tanto que cuando presenté el texto a algunos de mis colegas, hubo sorpresa y cierta ansiedad cuando descubrieron que el “funcionario” de faraón puede ser leído como eunuco. Yo prefiero traducir eunuco.

(TB Sotá 13b) Dando a entender que "Poti-fera" significa que estaba mutilado porque "fera" provendría de "farua", que es "destrozado" en hebreo (Rashi, Ramban a Bereshit [41,45]).

Theodore W. Jennings Jr., Jacob’s Wound - Homoerotic Narrative in the Literatur of Ancient Israel, New York, Continuum, 2005. p.193-194.

Larry José Madrigal. “Masculinities - Hopes for change in fractures of the establishment”, en Mireya Baltodano, Myra Blyth et al., Celebrating change - Exploring quality and equity in church service, Geneva,WCC Gender and Diakonia workgroup, 2006.