Apócrifos del Segundo Testamento

Jacir de Freitas Faria

Resumen

Situar y demostrar la importancia del estudio de los apócrifos del Segundo Testamento es el objetivo de este artículo. Éstos serán clasificados de forma pastoral y crítica. Su contexto nos revela las intrigas del cristianismo emergente que se comienza a institucionalizar. En este contexto, entra en juego el liderazgo femenino, las cuestiones de fe y el intento de formular un perfil de Jesús.

Abstract

This article seeks to situate and to show the importance of study of the apocryphal writings of the Second Testament. These are characterized both pastorally and critically. Their context makes clear to us the meanderings of emergent Christianity as it begins to become institutionalized. In this context, the leadership of women comes into play as well as questions of faith and the effort to shape the profile of Jesus.

Introducción

Poco a poco, el término Segundo Testamento se va volviendo familiar. Su uso se debe a un simple motivo de carácter ecuménico. Decir Nuevo Testamento puede ser exclusivo, es decir puede resaltar novedades del cristianismo, en detrimento de la anterior revelación.

En esta misma trayectoria de familiaridad están los apócrifos. Hace muy poco tiempo atrás, un simple cristiano sólo hubiera entendido el término como señal de textos falsos, con relación a los canónicos. El avance de los medios de comunicación social, alimentado por el suceso literario de la novela de romance “Código Da Vinci”, ayudó a popularizar los apócrifos y las discusiones emblemáticas de género y de dogmas de fe del cristianismo.

1. Apócrifos aberrantes, complementarios y alternativos

La literatura apócrifa del Segundo Testamento fue escrita entre los siglos I y VIII d.C. Ella reúne más de 60 libros, clasificados con las debidas diferencias, entre Evangelios, Hechos, Epístolas y Apocalipsis. Veamos algunos:

Evangelios

De María Magdalena; de Tomás; de Felipe; Árabe de la Infancia de Jesús; Armenio de la infancia de Jesús; Pseudos-Mateo; de la Ascensión de Santiago; Tránsito de María del Pseudos Milito de Sardes.

Hechos

De Pedro; de Tecla y Pablo; de Tomás; de Bernabé; de Pilatos; de Pedro; de Andrés.

Epístolas

De Pilatos a Herodes; de Pilatos a Tiberio; de los apóstoles; de Pedro a Felipe; de Pablo a los laodicenses; Tercera Epístola a los Corintios.

Apocalipsis

De Santiago; de Juan; de Esteban; de Pedro; de la Virgen; de Pablo.

Podemos también dividir los apócrifos del Segundo Testamento en tres grupos, a saber: aberrantes, complementarios y alternativos.

Los apócrifos aberrantes son aquellos que falsean o exageran la descripción de los hechos de la vida de Jesús y de sus seguidores. Como ejemplo de libros apócrifos aberrantes, podemos citar: Evangelio árabe de la Infancia de Jesús; La hija de Pedro; Evangelio Armenio de la Infancia de Jesús.

El segundo grupo es llamado complementario porque presentan datos que complementan los libros canónicos. En este grupo se sitúan, por ejemplo, Descenso de Cristo a los infiernos; Tránsito de María del Pseudo-Milito de Sardes.

Y los apócrifos alternativos son aquellos que ofrecen novedades, sea en su contenido, sea en la expresión de un pensamiento rechazado y condenado al olvido, por el pensamiento hegemónico de aquel entonces. Se destacan en este grupo el Evangelio de María Magdalena; Evangelio de Tomás.

2. Contexto de los apócrifos

No se puede negar que las disputas teológicas entre grupos y movimientos religiosos, así como el rechazo al liderazgo femenino, marcan el contexto de los apócrifos del Segundo Testamento. Varias cuestiones referentes a la Trinidad, a la cristología y a la salvación fueron tratadas por movimientos liderados por Ario, Nestorio, Marción, Pelagio, todos ellos miembros activos en la configuración del cristianismo en los cuatro primeros siglos de nuestra era.

Los gnósticos lucharon contra los llamados “eclesiásticos” que, según ellos, constituían una jerarquía eclesial ciega, que conducía a ciegos a la no-salvación. El gnosticismo fue una corriente de pensamiento que influyó al cristianismo emergente (120-240 d.C.) y que se extendió hasta el siglo VIII, en varias ramificaciones: en Palestina, Asía Menor, Egipto, Siria, Arabia, Persia y Roma . De acuerdo a los gnósticos, la salvación está en el conocimiento de sí mismo, de su origen y de su destino. La humanidad está dividida en tres clases: los paganos que no serán salvados, los cristianos comunes que siguen a la Gran Iglesia y los espirituales, es decir los verdaderos gnósticos que después de la muerte se unirán a su parte gemela, que los espera en la “plenitud divina”. Gnosis es una práctica interior, sin ritos o prácticas religiosas externas.

La Iglesia procuró, en varios intentos, definir la lista de los libros inspirados. Una lista fue presentada en el año 150, otra en el año 200, otra más en el 398, pero sólo será en el Concilio de Trento (1546) cuando quedó definida la lista de libros inspirados.

3. El contenido de los apócrifos

Encontramos en los libros apócrifos valores que la piedad popular conservó como “dogma de fe”. Si no fuese por los apócrifos del Segundo Testamento no sabríamos los nombres de los abuelos de Jesús, de los tres reyes magos, de los dos ladrones crucificados con Jesús, del soldado que abrió el lado derecho de Jesús con la lanza, así como las historia de Verónica, de la infancia de María, la consagración y la asunción al cielo, de las travesuras del niño Jesús, del descenso de Cristo a los infiernos.

Los Evangelios Apócrifos rebaten la interpretación de que María Magdalena era prostituta, y la presentan como compañera, esposa/ consorte y amada de Jesús, personificación terrena de la gnosis/sabiduría, intérprete y confidente de Jesús. La relación matrimonial entre Magdalena y Jesús divulgada por los gnósticos puede ser comprendida como encarnación de una realidad espiritual, prefigurada en el amor humano. Magdalena representa el espíritu femenino que se une espiritualmente al masculino, Jesús. Así, la unidad que existía inicialmente en el Pleroma es reestablecida en el casamiento de los espíritus gnósticos.

María, la madre de Jesús, tiene su historia contada en 15 evangelios apócrifos, de forma completa, desde la concepción hasta su asunción al cielo. Por ello podemos decir que la piedad popular mariana, tan fuerte a lo largo de los siglos, encuentra aquí su fuente. Ella aparece como madre y apóstol de su Hijo. En los canónicos, María no es tan destacada. Es, sí, la mujer profeta y liberadora, pero no tanto la madre y apóstol. Así como los canónicos releen a Jesús en la historia de Israel, los apócrifos releen a María en la trayectoria de Cristo. En los apócrifos, Jesús resucitado se aparece primero a María y no a Magdalena. Estos textos defienden también la virginidad de María y su asunción a los cielos.

Jesús, en las parábolas del Evangelio de Tomás, es presentado como revolucionario y cercano a los campesinos excluidos del imperio romano. Su predicación es contra este imperio. Las parábolas de los viñadores (Tomás 65) muestra que nos viñadores no eran homicidas como en Mt 21,33-46, sino que cumplen su rol de defender a su pueblo contra Roma. Sin embargo, vale la pena aclarar que esta no es la tónica mayor sobre Jesús en los apócrifos. Él es, sobre todo, el gnóstico perfecto, que propone la integración del ser humano a Dios, y la búsqueda del conocimiento como camino de Salvación. Jesús gnóstico es un predicador incansable del retorno a la realidad espiritual superior. Aceptar su propuesta dentro del corazón es vivir la experiencia del resucitado, liberado del cuerpo y en camino a la realidad de la luz. En el Evangelio de Judas, Jesús pide a Judas que sacrifique al hombre que lo reviste. Jesús cumple la sublime misión de liberar a Cristo. El mito gnóstico de la creación dice que Cristo es un ser metafísico que descendió para unirse a Jesús de Nazaret. Jesús es la encarnación de Cristo preexistente. Judas actúa gnósticamente. Él no estaría “matando” a Cristo, sino a Jesús, propiciando así el sacrificio redentor del Salvador. Considerar esta revelación como verdadera sería negar la historicidad de Jesús de Nazaret. Por otro lado, hay que preguntarse: ¿Judas no es una ficción que ayuda a transferir la culpa de la muerte de Jesús a los judíos?

Pedro es el líder de los apóstoles que recibe el encargo de conducir la iglesia, pero también es un personaje controvertido. Él tenía una hija que se llamaba Petronila. Ella rezó para quedar enferma y así evitar que nadie pudiera casarse con ella. Este episodio debe ser leído en el contexto del gnosticismo encrático, que predicaba la negación de la sexualidad.

4. Conclusión

Los libros canónicos y apócrifos revelan la disputa teológica por el perfil de Jesús. Sabemos que los relatos sobre Jesús son una ínfima parte de aquello que él hizo o dijo, puesto que Él nada escribió. La selección de los hechos que fueron escritos está relacionada con la experiencia de la comunidad. Nunca sabremos, de hecho, toda su historia, pero tenemos siempre fragmentos e interpretaciones de ella. El desafío es reconstruir ecuménicamente a Cristo, en los varios modos de describir el evento Jesús. Además, hay que saber que los apócrifos siguen siendo importantes para la tradición de la fe, esto aunque nunca reciban el nombre de canónicos. Ellos continúan siendo actuales y relevantes.

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Jacir de Freitas Faria
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Cf. Jacir de Freitas Faria, Vida secreta dos apóstolos e apóstolas nos Atos Apócrifos, Petrópolis, Vozes, 2005.

Cf. Jacir de Freitas Faria, O outro Pedro e a outra Madalena segundo os apócrifos, Petrópolis: Vozes, 3ª edición 2004, p. 16.