El Evangelio de Judas - ¿Traidor o libertador?
Jacir de Freitas FariaResumen
El descubrimiento y la traducción del Evangelio de Judas despertaron polémicas sobre su papel en la historia. ¿Habría pedido Jesús a Judas que lo traicionase? ¿Cuál es el significado de este descubrimiento y de la traición de Judas? ¿Cuál es el contexto del Evangelio de Judas? ¿Deseó Judas ser traidor para volverse libertador? ¿Cuál es la importancia de este descubrimiento para el cristianismo? Estas preguntas serán respondidas a lo largo del análisis del personaje Judas, en los textos apócrifos y en el evangelio que lleva su nombre.
Abstract
The discovery and translation of the Gospel of Judas gave rise to fierce debates concerning the historical role of Judas. Did Jesus ask Judas to betray him? What is the significance of this discovery and of Judas’ betrayal? What is the context of the Gospel of Judas? Does Judas cease to be a traitor and become a liberator? What is the importance of this discovery for Christianity? These questions are answered through an analysis of the figure of Judas in apocryphal texts and in the gospel that bears his name.
1. Judas en los fragmentos apócrifos
El descubrimiento del Evangelio de Judas no es la primera información que tenemos sobre este personaje importante en la historia del cristianismo. Otras historias fueron conservadas sobre él. Como veremos, ellas no van al encuentro de los relatos del Evangelio de Judas.
Algunos fragmentos de textos coptos, llamados así porque fueron encontrados en esta lengua, considerada un dialecto del griego hablado en Egipto. Estos fueron escritos entre los siglos V y VII de la Era Común. Las historias de Judas contadas en estos textos son:
a) En la multiplicación de los panes, Judas fue el último en distribuir los panes a la multitud.
b) En un fragmento titulado La historia de la mujer de Judas, cuenta que ella, considerada mala, recibía el dinero que Judas robaba de la bolsa común de los apóstoles. Él no daba el dinero a los pobres, sino a su mujer, que se alegraba con esta actitud. Cuando Judas llegaba a casa sin dinero, ella se burlaba de él. La mujer de Judas era tan perversa, según el texto, que fue ella quien sugirió a Judas entregar a su Maestro Jesús a los judíos a cambio de dinero. Judas aceptó la sugerencia de la mujer y con ello entregó su alma al demonio. El texto liga la acción de la mujer de Judas con la de Adán que se dejó llevar por Eva. Judas recibió el dinero de los judíos y se lo llevó a su perversa mujer. El texto termina bruscamente. Este texto quizá quiso transferir a la mujer la culpa de Judas, lo que era importante en la visión machista de la época.
c) En esta misma línea de transferir la culpa de Judas a su mujer, otro fragmento apócrifo cuenta que en el día en que Judas entregó a Jesús y recibió 30 monedas de plata, el hijo de José de Arimatea, de apenas 7 meses, que era amamantado (criado) por la mujer de Judas, no quiso alimentarse más. José de Arimatea fue a casa de Judas. El niño, entonces, dijo: -“Ven, padre mío, y tómame de las manos de esta mujer, que es una fiera salvaje”. Oyendo esto, el padre se lo llevó consigo.
d) Significativo y contrario al evangelio de Judas, hay un fragmento apócrifo que narra el encuentro de Jesús con Judas, después de la muerte. Cuando Jesús murió, él descendió a la mansión de los muertos, antes de resucitar. Allí Él salvó a muchos. Encontrándose con Judas, Jesús le dijo: “¿Qué ventajas encontraste entregándome? Sufrí todos los dolores para salvar a una criatura, pero ¡ay te ti, Judas! Caerá sobre ti un doble anatema y una doble maldición”. El texto termina diciendo: “la parte de Judas es la misma del diablo. Su nombre fue borrado del libro de la vida. Su destino no está en el número de los vivientes. Su memoria fue destruida, apagada su estrella. Con él, Satanás recibió también su condenación, pues estaba cubierto de desprecio. Fue removido de su puesto y robada su corona. Extraños tomaron sus bienes y lo revistieron de maldición. Fue contaminado como agua sucia. Le fue robado su hábito de gloria. La luz de su lámpara fue apagada, su casa fue abandonada. Sus días fueron abreviados. Cansada fue su vida. No hubo más paz. El dolor vino a su encuentro. Fue agarrado por las oscuridades, se volvió herencia de los gusanos. Está cubierto de pudrición”.
2. El contexto del Evangelio de Judas
Si los textos anteriores están fechados entre los siglos V y VII, el Evangelio de Judas y su traducción al copto son de una época bien anterior. La existencia de un tal evangelio de Judas es ya conocida desde el año 180 d.C. cuando San Ireneo, Obispo de Lyon (la Galia Romana) menciona en su tratado Contra las herejías este evangelio, catalogado como perteneciente a un grupo de heréticos, llamados los cainitas, originarios de los gnósticos. Para Ireneo, este evangelio es ficción. También San Epifanio, Obispo de Salamina, en el 375 mencionó el Evangelio de Judas, clasificándolo de la misma forma que Ireneo.
La datación del Evangelio de Judas recae hacia el siglo II, en torno al año 150. El manuscrito encontrado recientemente es fechado entre el inicio del siglo III e inicio del siglo IV.
El contexto del Evangelio de Judas remite a los gnósticos, grupo que influenció el cristianismo emergente (120-240 e.c.) y se extendió hasta el siglo VIII, en varias ramificaciones: En Palestina, Asía Menor, Egipto, Siria, Arabia, Persia y Roma . Valentino, un teólogo del siglo II de la era cristiana volvió notoria la influencia recibida por los gnósticos y divulgó el pensamiento gnóstico en sus obras. En el año 381 d.C., cuando el emperador Teodosio I reconoció oficialmente una única rama del cristianismo como ortodoxia católica en el imperio romano, los gnósticos y otros tantos grupos considerados “heréticos” fueron perseguidos y aniquilados.
Un grupo de gnósticos vivían de forma cohesionada y sectaria, por lo que no les faltó resistencias adversas del mundo cristiano. Ellos tenían un modo propio de comunicarse y llevaban una vida ascética. Aquellos que entraban en el grupo pasaban por un bautismo ritual. Los gnósticos creían que los seres humanos estaban divididos entre gnósticos y no gnósticos. Ser gnóstico era lo mismo que “ser capaz de alcanzar el conocimiento”. Gnosis es un sustantivo griego que significa “conocimiento” de modo profundo. Según el mito gnóstico de los orígenes, un Salvador celestial fue enviado para “despertar” a la humanidad gnóstica, para darle el conocimiento (gnosis) de sí mismo y de Dios, para liberar las almas del destino y de la esclavitud del cuerpo material, y para enseñarles cómo escapar de la influencia de los malévolos “gobernantes”. Para contraponerse al mal espíritu de esos gobernantes, un buen espíritu fue derramado sobre los gnósticos. Conforme a la manera como reacciona y adquiere conocimiento, el alma escapa y retorna a Dios o se reencarna en otro cuerpo; un “castigo eterno” especial está reservado a los apostatas de la secta. Así, los gnósticos defendían que la salvación era adquirida a través del conocimiento de Dios.
Algunas corrientes gnósticas creían que Dios, en su esencia, tenía el elemento femenino y masculino. Dios es visto como “Madre-Padre”.
Siendo Set, hijo de Adán, el modelo ancestral, cada gnóstico procuraba vivir en la contemplación y en el ascetismo, negando la materia, el cuerpo que aprisiona el alma, la cual debe ser liberada. Jesús era el gnóstico perfecto. Las mujeres eran maestras y sacerdotisas en algunos grupos gnósticos, aunque consideraban, bajo la influenza de las filosofías de la época, que la materia creada era femenina. Grupos gnósticos llegaron a ser hostiles a las mujeres. Miembros de este segundo grupo llagaron a poner en boca de Pedro el pedido de Jesús de que expulsase a la mujer Magdalena, de en medio de ellos, pues ellas no eran dignas de la vida (Evangelio de Tomás, 114).
Los gnósticos enseñaban que cada persona podía alcanzar la salvación a través de la armonía y de la búsqueda interior. No eran necesarias las instituciones y sus prácticas ritualistas para llegar a la salvación. Como consecuencia de esta visión, la salvación tenía un carácter más personal que colectivo. No importaba tanto la visión mesiánica y revolucionaria que el cristianismo defendía. Y, en este contexto de liberación espiritual es donde podemos entender la negación del cuerpo. Los docetas y encratistas, grupos originarios de los gnósticos, enseñaban, respectivamente, que la encarnación de Jesús era sólo aparente, y que la abstinencia sexual y la virginidad era camino seguro de salvación. El sufrimiento de Jesús en la cruz no podía, según los gnósticos, salvar a aquellos que se adherían a la Iglesia de Cristo. Por ese y otros motivos, la Iglesia peleó férreamente contra los gnósticos, relegándolos a la herejía. Con ello, lo que era bueno y malo del gnosticismo fue condenado al ostracismo.
El Evangelio de Judas fue escrito por un grupo de gnósticos que se auto-llamaban cainitas, nombre derivado de Caín, hijo de Adán. Ellos consideraban a Caín y a Judas Iscariote como modelos de gnósticos. Caín y Judas representaban el lado malo del dios creador. Ellos mataron el bien (Abel y Jesús) para que ellos pudiesen vencer el mal. Los gnósticos cainitas eran considerados uno de los grupos más libertinos de la época. La inspiración en Judas tenía como objetivo encontrar la salvación. Judas, al traicionar a Jesús o aceptar el pedido de traición, habría cumplido su papel en la historia cristiana: revelar el conocimiento que salva. Así, la traición de Judas estaría en función de Jesús, de su liberación. Judas tuvo la capacidad de conocer la verdad sobre el misterio de salvación traído por Jesús. Y fue por ello que él consumó el misterio de la traición.
3. Judas en el Evangelio de Judas
Considerado texto perdido hasta 1978, cuando fue descubierta una traducción del texto original griego al copto, en las proximidades de la ciudad de El Minya, en el Alto Egipto, el Evangelio de Judas consta de 26 páginas. Este material fue vendido en Europa, llegó a los Estados Unidos y allí permaneció en un cofre durante 16 años. En el 2001, se inició su proceso de restauración y traducción.
El libro presenta temáticas del pensamiento gnóstico, puestas en boca de Jesús, de Judas y de los apóstoles. Varios diálogos se centran en Jesús y Judas, el maestro y el discípulo. Este procedimiento era normal entre los gnósticos. Otros evangelios apócrifos tienen el mismo género literario. Veamos algunos pasajes del evangelio y su comentario .
Judas y el discípulo predilecto
El evangelio de Judas comienza afirmando que el texto se trata de un “relato secreto de la revelación que Jesús dijo, en conversación, a Judas Iscariote, durante una semana, tres días antes de la celebración de la Pascua”.
Entre los gnósticos era común este tipo de procedimiento: el maestro revela secretos a sus discípulos predilectos. Otros apócrifos gnósticos dicen que Jesús reveló secretos a María Magdalena, a Tomás, etc. Este último, que en los canónicos duda de la resurrección de Jesús, en los apócrifos recibe la revelación de tres secretos de Jesús. Los otros apóstoles le piden que se los revele, pero Tomás se niega, diciendo que cosas terribles ocurrirían si él revelase tales secretos. También en los evangelios canónicos Jesús revela o explica cuestiones, para los apóstoles en particular. Quien no hacía parte del grupo próximo a Jesús tenía dificultades para entender sus enseñanzas. Juan, en los canónicos, es considerado el Discípulo Amado predilecto. Sin conocer este modo de procedimiento literario judaico de aquel tiempo, esto es, apuntar a un discípulo predilecto del maestro, no podremos entender el alcance de este tipo de revelación en el Evangelio de Judas. Por lo tanto, basándonos sólo en el Evangelio de Judas no podremos decir que él era el discípulo amado.
La revelación de Jesús, para Judas, está situada en la semana de Pascua, tres días antes de esta magna fiesta del judaísmo. El número tres sitúa el hecho en la esfera de lo divino. Se trata de un simbolismo.
Jesús no aparece en forma humana y ríe
La escena siguiente del Evangelio de Judas habla del ministerio de Jesús en la tierra. Es interesante que aquí se dice: “Frecuentemente, él no se aparecía a sus discípulos como él mismo era, sino que se aparecía a ellos como un niño”. Para los gnósticos, lo humano, lo histórico de Jesús no cuenta, sino sólo lo sublime, la realidad superior de donde venía. Presentarse como niño quiere expresar que él está abierto y puro para recibir el conocimiento que conduce a la salvación. El Evangelio apócrifo gnóstico de Tomás 22 dice que el reino es semejante a los niños que se amamanta. Este mismo tipo de relación aparece en los evangelios canónicos. El detalle en el Evangelio de Judas es el propio Jesús, que se presenta en forma de niño. Esta condición le posibilitaba revelar secretos que iban más allá del fin de los tiempos. Esta otra realidad, según los gnósticos, era llamada de Plerona, realidad de donde Él provenía. Como gnóstico perfecto, Jesús tenía el poder de salvar a todos los que Él conocía.
Estando en Judea, con sus discípulos, Jesús rió durante la oración sobre el pan, en la Oración de Acción de Gracias o Eucaristía. Los discípulos le preguntaron por el motivo de la risa: “Maestro, ¿por qué te estás riendo de nuestra Acción de Gracias? Nosotros hicimos lo que está correcto”. Jesús les explicó que su risa era porque ellos, los discípulos, rezaban a un “dios” distinto al de Él. Y les dijo algo más: “ ¿ustedes me conocen? En verdad les digo a ustedes, ninguna generación de las personas que están entre ustedes me conocerá”.
Judas: el discípulo capaz de conocer
La continuidad del episodio anterior nos muestra que los discípulos están irritados y comienzan a blasfemar. Jesús, percibiendo que ellos no son capaces de “conocer” lo que Él está explicando, porque el dios de ellos los lleva a esta situación, pide a alguien de entre ellos, que sea fuerte, perfecto y suficiente, para que se presente delante de él. En ese momento, Judas Iscariote entra en escena. Los otros no son capaces de realizar tal acto, de presentarse delante de Jesús. Judas, dice el texto: “era capaz de pararse delante de él, pero no podía mirarlo a los ojos, y desvió su rostro”. Judas tomó la palabra y le dijo a Jesús: “Yo se quien eres tú y de donde vienes. Tú eres del reino inmortal de Barbelo. Yo no soy digno de pronunciar el nombre de quien te envió”.
Jesús, percibiendo la capacidad de conocer de Judas, lo llamó aparte y le prometió revelarle los “secretos de los misterios del reino”. Jesús, por lo tanto, debía estar preparado, porque sufriría mucho por tal revelación. Cuando Judas preguntó a Jesús por el tiempo de revelación, él desapareció.
Después de esta afirmación respeto a Judas, hay una larga descripción de una nueva aparición de Jesús y de su conversación con los apóstoles sobre el pensamiento gnóstico: los inmortales, eternidad, generaciones. Hay también la narración sobre una visión del Templo y de sus sacerdotes. Jesús dijo a los discípulos que los sacerdotes “plantan árboles sin frutos en su nombre y de forma vergonzosa”. Este relato contra el poder hegemónico del cristianismo de la época aparece también en otros textos gnósticos, como el Apocalipsis de Pedro 79, 22-30, refiriéndose a los obispos y diáconos, los llama “canales sin agua”. Estos relatos revelan el pensamiento gnóstico que afirmaba que no era necesaria la jerarquía eclesial para llegar a la salvación. Bastaba un camino personal, sin estructuras eclesiásticas. Todos los poderes, eclesiásticos o no, eran considerados por los gnósticos como malévolos. Ellos podrían impedir la liberación de los gnósticos y, por lo tanto, debían ser combatidos.
4. Secretos revelados por Jesús a Judas
A continuación, el Evangelio describe los secretos que Jesús revela a Judas, en un diálogo sostenido por ellos. Siguiendo el pensamiento gnóstico, Jesús expone a Judas la condición de la raza humana: ella debe morir para liberarse del cuerpo terrestre; necesita conocerse a sí misma y a Dios y volver, liberada, a su origen; posee malos gobernantes. Jesús también explica a Judas la visión que él tuvo, habla de Adán, Set, Ángeles, Cosmos, caos, los bautizados en su nombre, etc. Cuando más conoce Judas, mejor está preparado para cumplir con su misión en la tierra. Destacamos aquí algunas revelaciones importantes de Jesús, con relación a la persona de Judas, y su destino:
1. Judas es superior a todos los bautizados. Al afirmar esto, Jesús dice que los “bautizados” cometen el mal y ofrecen sacrificios a un Dios no verdadero. Este tipo de revelación fue preparado en el relato del evangelio, de modo que Judas pudiera ser reconocido por Jesús como una tarea especial entre los humanos.
2. Judas, tú serás maldecido y reinarás sobre ellos. Judas revela a Jesús una visión que tuvo: “Me vi a mí mismo, cuando los Doce discípulos me apedreaban y me perseguían”. Judas es puesto en oposición a los otros discípulos, que lo apedrean. Judas también pregunta a Jesús por su propio destino, y por qué él había escogido entrar en aquella generación. Jesús le dijo: “tú serás el décimo tercero, serás maldecido por generaciones, pero reinarás sobre ellos. El objetivo aquí es valorar la figura de Judas, al colocar en boca de Jesús estas revelaciones sobre él. Judas va a superar a otros apóstoles porque él va a cumplir el papel de liberar a Cristo del cuerpo de Jesús. Veamos lo que esto significa en el próximo secreto”.
3. Tú, Judas Iscariote, debes “sacrificar al hombre que me reviste”. Al igual que en todo el texto del Evangelio de Judas, en esta sección faltan sustantivos. Jesús justifica su pedido a Judas, diciendo que él está bien preparado, que su ira ha sido aplacada, que su estrella ya está brillando lo suficiente. Para los gnósticos, cada ser humano está revestido de un “hombre” que debe ser liberado, de modo que pueda volver a las raíces de donde viene. Jesús estaba prisionero en un cuerpo. Judas tenía que cumplir la sublime misión de liberarlo, de modo que la llamarada divina presente en Jesús, pudiese brillar y, así, él pueda volver al pleroma (realidad superior). El mito gnóstico de la creación dice que Cristo es un ser metafísico que descendió para unirse a Jesús de Nazaret. Jesús es la encarnación de Cristo preexistente. La acción de Judas de sacrificar o traicionar a Jesús es perfectamente comprensible dentro de la visión gnóstica. Él no estaría “matando” a Cristo sino a Jesús. En este punto del Evangelio de Judas se encuentra la polémica creada en torno a este descubrimiento. Pero eso no es una novedad. Estudios sobre el gnosticismo ya nos dieron evidencias de este modo de pensar, en otros textos. Considerar esta revelación, que no se consolidó a lo largo de la tradición cristiana, como verdadera, es negar toda la historicidad del misterio de la encarnación de Cristo en medio de nosotros, y es negar la liberación que Él vino a traernos. Por otro lado, es una pena que el cristianismo apuntara mucho a la idea de la muerte en cruz, como sufrimiento y liberación de los pecados. En la otra punta de la línea, si este secreto (entregar a Jesús para liberarlo del cuerpo) hubiese sido la misión de Judas, el cristianismo no se habría afirmado como una religión universal. Estamos, en verdad, frente a una ficción. Y ahí tenemos que coincidir con San Ireneo. Un hombre considerado malo, así como Caín que mató a su hermano, generando la violencia en los orígenes, no puede ser considerado ejemplo de salvación. Para los gnósticos, muchos de ellos cristianos, esto era posible. Respetamos ecuménicamente la opinión y basta.
4. Judas es la estrella que muestra el camino. En secuencia con el relato anterior, Jesús le dijo a Judas: “levanta los ojos y ve a la nube, y a la luz dentro de ella, y a las estrellas de alrededor. La estrella que muestra el camino es tu estrella”. Judas aquí es presentado como la estrella que muestra el camino. Con ello, él estaría cumpliendo el papel de liberar a Jesús y de traer la salvación para todos, a través de la traición. En el evangelio canónico de Jn 13,26-30, Jesús declara que uno de los 12 lo traicionaría. Pedro le pide que diga quién es el traidor. Jesús declara a Judas Iscariote como el traidor, al entregarle un pedazo de pan untado en la salsa, y decirle: “Haz pronto lo que tienes que hacer”. La explicación no convincente del texto es que Judas debía comprar lo necesario para la fiesta que tenía que ofrecerse a los pobres, ya que Judas cuidaba de la bolsa común de los apóstoles. La pregunta que queda es, ¿Cuál es la relación de esta información de la comunidad de Juan, que a su vez tuvo influencia en los gnósticos, con el Evangelio de Judas, que dice que Jesús pidió a Judas que lo traicionase? ¿Había necesidad de que Jesús señale al traidor? Volviendo al Evangelio de Judas, la historia de Judas como estrella que muestra el camino, termina diciendo que Judas entra en una nube luminosa. Lo que ocurre después no lo sabemos porque el texto original se destruyó. Se menciona una voz que sale de la nube y algunos la oyen, pero no se relata cuál es su contenido. Judas es exaltado por Dios, en Jesús. Este tipo de escena ocurre con Jesús glorioso. Un tal BarKoba, que significa “hijo de la estrella” fue proclamado, en el 135 de nuestra Era, como el Mesías del pueblo judío, hecho que fue desacreditado posteriormente. Una estrella guió a los reyes magos hasta Belén para adorar a Jesús, considerado por ellos, el Rey de los Judíos.
5. Conclusión
El Evangelio de Judas termina, después de una laguna en el texto, cuando se habla de que él entró en una nube luminosa, de forma inesperada. Dice apenas que los escribas y sumos sacerdotes se habían preparado para aprehender a Jesús durante el momento de su oración. Ellos se encontraron con Judas y le preguntaron porqué estaba allí, y afirmaron que él era un discípulo de Jesús. Judas respondió a sus preguntas, recibió el dinero de ellos y entregó a Jesús.
Judas tuvo el papel de entregar a Jesús, pero no traicionarlo. Jesús le pide que realice tal acto. Como vimos en el evangelio de Juan, la reflexión parece estar en la misma línea. ¿No estaremos delante de un fatalismo? Judas no tuvo la libertad de decidir. Si aceptamos este tipo de reflexión, tendríamos que aceptar que también la muerte de Jesús fue un fatalismo. Él tenía que morir y punto. No. Jesús no tenía que morir en la cruz. Su muerte fue consecuencia de su actitud revolucionaria y liberadora.
El descubrimiento del Evangelio de Judas se vuelve importante para el cristianismo, en la medida en que nos permite volver a discutir el papel de Judas en la historia del cristianismo. El documento encontrado en aquella época puede ser verdadero, pero no lo es su pensamiento. Obras de ficción también fueron escritas en aquella época. Y es dentro de su contexto que ellas deben ser comprendidas.
Por otro lado, hay algunas preguntas que permanecen: ¿Por qué los evangelios canónicos presentan a Judas como traidor? ¿Si Jesús era tan conocido por qué haría falta un delator? ¿Jesús no era un líder muy conocido en el imperio romano? ¿o todo gran personaje necesita de un gran traidor?
El nombre Judas no remite a los judíos. Judas habría sido colocado en la lista de los apóstoles para decir que los judíos traicionarían a Jesús. La figura de Judas fue creada para estigmatizarlos como traidores.
Como vimos, los fragmentos apócrifos sobre Judas intentan transferir su actitud de traidor hacia su mujer. Además, Jesús resucitado, se encuentra con Jesús después de su muerte y lo maldice por la traición cometida. Basándose apenas en un libro apócrifo, no podemos sacar conclusiones exacerbadas. El contexto de cada escrito necesita ser analizado. No queda duda que el Evangelio de Judas hace parte de una corriente de pensamiento que, si el cristiano no tiene fundamentos, la tomaría por verdadera. Al inicio del cristianismo había varias corrientes de pensamiento. Una se volvió vencedora en las disputas teológicas.
El Evangelio de María Magdalena, también traído a colación en los tiempos modernos, debe ser analizado desde otra perspectiva. En él encontramos a una mujer que fue destruida en su liderazgo por los hombres del poder hegemónico. Ella es la mujer que tanto amó a Jesús y a la que Jesús tanto amó.
Con el Evangelio de Judas estamos llamados a repensar su papel en la historia de la humanidad cristiana. ¿Por qué este hombre tiene que cargar una culpa tan pesada? Quemar a Judas en nuestro tiempo, ¿no sería usar la violencia contra el pueblo judío e incluso contra el Judas de hoy? La violencia genera violencia. Un Judas puede generar otros Judas. Judas somos todos nosotros, cuando traicionamos el proyecto del evangelio, la vida en su esencia.
El Jesús histórico que predicó la liberación del ser humano de toda y de cualquier vil opresión, no podía haber pedido que lo traicionen. El Evangelio de Judas nos puede ayudar a comprender o nos puede dar luces para estudiar el gnosticismo, pero no puede cambiar el curso de la historia cristiana. Sin embargo, vuelvo a decir, urge repensar el papel de Judas.
Jacir de Freitas Faria
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