Hechos apócrifos de Andrés
José Luiz Izidoro
Resumen
La literatura de cuño cristiano, que se desarrolla en el contexto de la historiografía neotestamentaria, hace plausible una aproximación a las experiencias cristianas en el contexto del cristianismo antiguo, experiencias ampliamente variadas en su “significado” dentro del ámbito vivencial e interpretativo, y plural en su carácter étnico-geográfico. En este contexto histórico-literario, plural y diversificado, ubicamos la obra de Hechos Apócrifos de Andrés.
Abstract
The Christian literature which developed in the light of the New Testament history became plausible as an approximation of the Christians experience, in the context of the early primitive Christianity. Variations as to its “meaning” in the living and interpretative ambient, multiplied also in its ethnic geographical character. It is in this historical/literary context, which is diverse and varied, that we situate the work of “the Apocryphal Acts of Andrew”.
Experiencias cristianas primitivas y literatura intertestamentaria
Los escritos sagrados son reflexiones de experiencias vividas a lo largo de la historia, presentes en la memoria individual y colectiva de pueblos y culturas. Ciertamente, en la memoria de las comunidades cristianas primitivas del siglo uno al tres d.C., estuvieron presente muchas y variadas experiencias cristianas que son contempladas en la redacción de la literatura neotestamentaria.
En un primer momento del cristianismo primitivo encontramos los testimonios de aquellos y aquellas que estuvieron reunidos con Jesucristo. Posteriormente, a partir de la segunda generación de discípulos y discípulas, encontramos los grupos que van a expandir el cristianismo, a partir de un kerigma pascual anunciado. En la comunidad cristiana primitiva, Jesús, conocido como aquel que anunciaba y daba su testimonio, es decir, el portador de un mensaje, pasó a ser anunciado, ahora, como la Buena Noticia (evangelio). Según Rudolf Bultmann “conforme muestra la tradición sinóptica, la comunidad primitiva retomó la predicación de Jesús y continuó anunciándola. Y, en la medida en que lo hicieron, Jesús se volvió para ella el Maestro y Profeta. Pero, Él es más: es, al mismo tiempo, el Mesías; y así, ella pasa a anunciar –y eso es lo decisivo – simultáneamente a él mismo”.
El cristianismo, desde sus inicios, emprendió grandes esfuerzos individuales y colectivos para establecer, un posible perfil de Jesús que catalice las diversidades y las expectativas mesiánicas. El evangelista Lucas es enfático en apuntar los “intentos y variedades de escritos existentes para narrar los hechos que se cumplieron entre nosotros” (Lc 1,1).
Para Jacir de Freitas Faria, a partir de ese esfuerzo colectivo para trazar el perfil del Maestro, surgieron varios cristianismos, es decir, varias formas de interpretar a Jesús. Del “cristianismo de los dichos de Jesús (Q), pasando por el cristianismo de la sanación y del camino de Marcos; por el cristianismo de Jesús, Hijo de Dios, Mesías y seguidor del judaísmo de Mateo; el cristianismo de la salvación de los judíos y no judíos de Lucas; el cristianismo del discurso teológico elaborado y de las señales de Juan; el cristianismo de Jesús resucitado y glorioso de Pablo, entre otros cristianismos; hasta el cristianismo gnóstico, que muestra a Jesús, el resucitado que trae la salvación (Tomás, María Magdalena, Felipe)”.
Ivone Richter Reimer, al referirse a la diversidad de matices en el cristianismo primitivo dice que “este no es unísono; su armonía muchas veces está desafinada” . Para Reimer, hay muchos problemas referentes a las diversidades culturales y sociales de las personas que creían en Jesús como el Mesías judío esperado, así como también con relación a las expectativas de las personas que lo seguían a Él. Hay problemas de género, encontrados a partir de la vivencia de fe y de las afirmaciones contradictorias dentro de los escritos neotestamentários.
Según Philipp Vielhauer, “el cristianismo primitivo produjo un gran caudal de literatura propia, que sirvió para propagar por diversas vías la fe cristiana” . Son experiencias cristianas primitivas consideradas como células de un cristianismo germinal que, pasando de la oralidad, pasó a ser parte de la vasta literatura intertestamentaria.
Para Antonio Piñero, “en el momento de la configuración del cristianismo hubo algo muy distinto a la uniformidad y unicidad de doctrinas. La multiplicidad e incluso las contradicciones de ideas teológicas que abriga el Nuevo Testamento, algunas en puntos que son absolutamente fundamentales, nos induce, por ello mismo, a modificar la imagen que tenemos”.
Así consideramos, en ese vasto caudal de la literatura cristiana, las obras denominadas “apócrifas” y “gnósticas” , que contribuyen bastante a una aproximación a los orígenes del cristianismo antiguo.
Para Wilhelm Schneemelcher se vuelve difícil definir con exactitud el concepto del Nuevo Testamento apócrifo. No se puede definir el concepto “Nuevo Testamento apócrifo”, desde su contenido, como escritos que no fueron aceptados en el canon. Ambos son considerados trabajos variados y heterogéneos. Sin embargo, para una mejor comprensión de la literatura apócrifa neotestamentaria, es importante mantener la conexión entre ésta y los listados del canon. El orden “Evangelios, Cartas, Hechos de los Apóstoles y Apocalipsis no es una organización apócrifa con clave canónica, sino una hipótesis de trabajo práctico para facilitar la comprensión de tan compleja literatura”.
La totalidad del cuerpo apócrifo neotestamentario forma una colección de escritos del cristianismo antiguo que fue recopilado y que ha llegado hasta nosotros por caminos diversos y, a veces, de forma fragmentada. Siendo así, por estar situados al inicio del cristianismo, los escritos apócrifos neotestamentarios constituyen una importante fuente para los escritos canónicos y para la historia del cristianismo antiguo. Tales escritos nos proporcionan una visión mucho más amplia de las tradiciones del nacimiento del cristianismo y nos permiten una gran variedad en perspectiva de la teología cristiana en su periodo más antiguo.
En este contexto histórico-literario plural y diversificado situamos la obra de los Hechos Apócrifos de Andrés.
Hechos Apócrifos de Andrés: escasez de fuentes e intentos para la reconstrucción de los textos originales
Existe escasez de material auténtico y original de los Hechos Apócrifos de Andrés. Esto se debe a las numerosas reelaboraciones que la tradición sufrió. Sin embargo, según Antonio Piñeiro y Gonzalo del Cerro, “las leyendas y tradiciones sobre el apóstol Andrés son, tal vez, más variadas y numerosas que las de ningún otro de los apóstoles. Andrés fue, en efecto, el primero de los apóstoles que fue llamado por Jesús al apostolado (Jn 1,35-39). Andrés ocupa en la lista de los apóstoles un lugar de privilegio (Mt 20,2-4; Lc 6,13-16; Mc 3,16-19 y Hch 1,13)”.
Aun con la escasez de fuentes originarias y auténticas, algunos autores tratan de emprender un importante camino de reconstrucción de los textos originales de los Hechos Apócrifos de Andrés.
Textos básicos para la reconstrucción de los Hechos Apócrifos de Andrés
Nos disponemos a seguir los textos básicos, descubiertos en las investigaciones de Flamion (cap.I: Textos occidentales [3-55]; Textos bizantinos [56-87]), que según Antonio Piñero y Gonzalo del Cerro son “esenciales para la reconstrucción de los Hechos Apócrifos de Andrés” .
a. Textos occidentales
La carta que escriben los eclesiásticos de Acaya y que Bonnet (Bonnet en AAA, II-I 1-37) publica en el primer lugar de los textos relativos al apóstol Andrés.
El título latino en la edición de Bonnet es Passio sancti Andreae apostoli, y en griego Martirion tou aggiou apostolou Andreou (martirio del santo apóstol Andrés). Es una especie de carta encíclica dirigida para todos los presbíteros y diáconos de las iglesias de Acaya y a todas las iglesias que están en el Oriente y en el Occidente, en el sur y en el norte, establecidas en el nombre de Cristo.
La Pasión latina (M. Bonnet, Passio sancti Andreae apostoli, Anboll 13, 1894, p. 374-378), que depende directamente de la carta anteriormente citada, de la que es casi un resumen. Es una obra que perteneció al conjunto de las pasiones de los apóstoles, como las que circulaban con el nombre de Abdias.
El librode los milagros de S. André, Apóstol, de Gregorio de Tours (siglo VI). El santo obispo de Tours nos dejó una obra de mucho valor para el conocimiento de los primitivos Hechos Apócrifos de Andrés, pues se trata de un resumen de aquellos Hechos. Este resumen es recogido casi en su totalidad en el libro III de Ps. – Abdías, sobre los prodigios de los apóstoles.
b. Textos bizantinos (griegos)
El Martyrium Andreae alterum: la edición de los Hechos apócrifos de Andrés de Lipsius-Bonnet presenta dos martirios de Andrés. El Martyrium alterum presenta dos formas bastante divergentes, la de los códices P y Q de París.
El Martyrium prius (texto de Lipsius-Bonnet, AAA, II-I 46-57; en Prieur, 684-703) es para Bonnet un testimonio valioso para la reconstrucción de los Hechos primitivos.
La denominada Narratio es un nuevo relato del martirio de Andrés, así llamado por Bonnet, que lo publicó en Analecta Bollandiana (M. Bonnet, Analecta Bollandiana 13, 1894, p. 365ss).
Vida de Andrés, por Epifanio, el Monje, es un relato de la vida, de las acciones y del final del santo e ilustre Protocleto de los Apóstoles, Andrés. La obra fue escrita a principios del siglo IX por un monje del monasterio de Calistrato, de Constantinopla, que se denomina a sí mismo monje y presbítero. Epifânio trata de armonizar los datos bíblicos sobre Andrés, cuya familia era pobre y analfabeta. Frente a Pedro, de temperamento vivo, Andrés era de carácter dócil y tranquilo (PG 120, cerca de 221-223 d.C.).
La Laudatio, de Nicetas de Paflagonia, del siglo IX - la denominación de esta obra está tomada del título latino que es traducción del griego. Notamos que, para el autor de la Laudatio, la obra va a tratar de hechos y viajes. Por sus numerosas coincidencias con el Martyrium prius se pensó que ambos textos dependían de una fuente común, que no sería los Hechos de Andrés, sino una copia parcial de esta obra que empezaba con la entrada del Apóstol en Patrassa (Prieur, AA, 15-17).
El recuerdo de Andrés, de Simón Metafrastes es un nuevo documento bizantino sobre las leyendas del apóstol Andrés, su ministerio y viajes (Lipsius, Apokr. I, 570; Bonnet, Supplementum codicis apocryhi, 1895, VIII).
En la perspectiva de la reconstrucción de los Hechos Apócrifos de Andrés también es considerable, fundamentalmente, el pápiro copto de Utrecht n.1. Para Piñero y Del Cerro, estas obras son esenciales para la comprensión y la recuperación de los matices originarios de la mencionada obra.
“En el año 1956, G. Quispel publicó una traducción y un comentario de un fragmento de los Hecho Apócrifos de Andrés, que contenían sucesos narrados en el c. 18 de la Vida de Andrés de Gregorio de Tours (G. Quispel, “Unknown fragment of the acts of Andrew” (El fragmento desconocido de los Hechos de Andrés), VigChr 10, 1956, p.129-148”.
La relativa escasez de fuentes originales y auténticas de los Hechos Apócrifos de Andrés, posibilitaron una vasta literatura que contempla la pluralidad de opiniones y comentarios, resultado de las investigaciones respecto a las fuentes existentes, como las mencionadas anteriormente, y a la intuición del investigador, marcado por su realidad socio-cultural.
“Los testimonios tardíos, como la Narratio, la Laudatio, la Vida de Andrés, de Epifanio el Monje y la Recordación de Andrés de Simón Metafrastes, tienen varios aspectos en común: (1) Son re-elaboraciones de las leyendas de San Andrés, recogidas en la tradición; (2) Como obras muy posteriores, dependen de textos más antiguos y son testimonio de ambientes distintos a los originales; (3) Su carácter hagiográfico (tipo de biografía que consiste en la descripción de la vida de un santo), insiste en los aspectos laudatorios (que encierran alabanzas) del personaje, más que de una eventual historicidad de los sucesos narrados o en la reproducción fiel de los datos de la tradición”.
Piñero y Del Cerro presentan como posibilidad algunos matices que ellos consideran más próximos a la autenticidad de los textos originales de los Hechos Apócrifos de Andrés. Esos matices están presentes en la reconstrucción de los Hechos Apócrifos de Andrés.
“De una tradición riquísima en matices, solamente poseemos y consideramos auténticos los siguientes textos que sirven de base a esta edición: (1) los dos códices griegos, esto es el H (Jerusalén), Patriarcado 103, pergamino del siglo XII y el S (Santa Catalina, Sinaí), griego 526, en pergamino del siglo X; (2) El códice Vaticano griego (V) 808, en pergamino, siglo XI; (3) El códice C, Ann Arbor 36 de la Universidad de Michigan, en papel, siglo XIV-XV; (4) El Martyrium alterum de dos códices P, esto es, Paris, Biblioteca Nat. del Patriarcado, pergamino, siglo XIV.2, Jerusalén, Son Sabas 30, Biblioteca del Patriarcado, pergamino, siglos X-XI. 3 y Q Paris, Biblioteca Nat., griego 1539, pergamino, siglo X-XI, cuyo contenido coincide en lo fundamental con el H, S y C; (5) También los fragmentos coptas del Papiro de Utrecht y el de la Biblioteca Bodleiana”.
Carácter literario de los Hechos Apócrifos de Andrés
Por la amplitud y diversidad de la literatura inter-testamentaria no estaría bien afirmar que se trata de un único y determinante género literario. Tampoco estaría bien estipular opiniones de que siempre una única fuente literaria determina absolutamente el origen de una obra literaria. Omitimos, de ese modo, la dinámica y la fluidez presentes en el proceso de construcción de los géneros literarios. Así mismo, se hace importante reconocer, como fuente literaria de los Hechos de Andrés, no solamente los Hechos canónicos de Lucas, sino también los géneros literarios que permean la vasta literatura novelesca e historiográfica grego-romana.
Antonio Piñero y Gonzalo Del Cerro al mencionar a Flamion, o.c. (p.145-177); y Prieur, La Segunda Sección, consagrada al “Estudio del texto” (p. 157-285), consideran la posibilidad de la participación del carácter general de la obra canónica de Lucas (Hechos de los Apóstoles) en los Hechos Apócrifos de Andrés, no obstante las discrepancias y diferencias existentes en la construcción literaria de ambas obras. Para ellos los Hechos Apócrifos de Andrés participan claramente del carácter general del libro canónico de los Hechos de Lucas. Misión y dispersión de los apóstoles; viajes misioneros, predicaciones y milagros.
Otros autores como James Montague Rhodes, también presentan otros elementos constitutivos de la obra de los Hechos Apócrifos de Andrés, que comúnmente los encontramos en la obra lucana canónica de Hechos de los Apóstoles, como por ejemplo: enfrentamiento de Andrés con los filósofos, bautismo, ofertas dadas luego de los milagros y la no-aceptación de las mismas por Andrés, acusación de Andrés por hablar contra el templo y contra las antiguas leyes de Tesalónica, el nombre de Dios (Señor, Jesús Cristo) . Para Piñero y Del Cerro , que tenga aspectos que recuerdan a las novelas helenistas, a las vidas de personajes ilustres o que haya elogios de filósofos, no va contra la apreciación general de su conexión con la Escritura y concretamente con el libro de los Hechos canónicos. Hay también una sustancial diferencia de cualidad y hasta de intención entre los Hechos Apócrifos y los Hechos de Lucas. Los Hechos de Lucas tiene como finalidad demostrar el cumplimiento de la promesa hecha por Jesús y recogida por Lucas en Hechos 1,8: “Seréis mis testigos en Jerusalén y en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra”, mientras que en los Hechos Apócrifos de Andrés la persona del héroe ocupa un primer plano. Es como una novela religiosa, una novela cristiana.
Los Hechos Apócrifos de Andrés tienen un carácter retórico evidente, más visibles en los pasajes oratorios y, en particular, en las numerosas y largas plegarias puestas en boca de su protagonista. En conclusión, aunque los Hechos de Andrés pueden tener como modelo básico a los Hechos canónicos de los Apóstoles, eso no significa que su autor no cedió a sus propios criterios personales y a las influencias literarias de la época (novela griega –pensamiento y letra de los escritos canónicos cristianos).
Autor, fecha y lugar de los Hechos Apócrifos de Andrés
En cuanto a la autoría, fecha y lugar de composición de los Hechos Apócrifos de Andrés no existe un consenso. Cabe pensar en un cristiano conocedor de la lengua griega, influenciado por las ideas cristianas como autor de los Hechos de Andrés, que escribió aproximadamente entre los años 150 y 200 d.C., en Patrassa, en la provincia de Acaya (Grecia). Patrassa es considerado el lugar de los últimos sucesos en la vida de Andrés, así como lugar de su martirio y de su tumba.
El texto de Hechos Apócrifos de Andrés
A continuación presentaremos, en forma de síntesis, el texto en español de los Hechos Apócrifos de Andrés, de la edición crítica bilingüe (griego-español), preparada por Antonio Piñero y Gonzalo Del Cerro , que corresponde a los capítulos 1-50 (Martirio del santo e ilustre Protócleto Andrés Apóstol y 51-65 (Martirio de San Andrés, apóstol y protócleto). La primera parte (capítulos 1-50) se refieren a la llegada de Estrátocles a Patrassa, las sanaciones y a los hechos realizados por el bienaventurado Andrés, los acontecimientos relacionados a Maximilia, Estrátocles, Euclia, Efidama y Alcman, la prisión del bienaventurado Andrés, por parte del impío Egeates, las conversiones realizadas por Andrés y los discursos del mismo en la prisión. La segunda parte (capítulos 51-65) se refieren al martirio de Andrés, de la prisión a la cruz, culminando con la muerte y sepultura del apóstol y la plegaria final del autor.
Llegada de Estrátocles a Patrás
Una vez que Estrátocles, hermano de Egeates, solicitó al emperador una licencia del servicio militar para dedicarse a la filosofía, volvió de Ponto de Italia hasta Patrassa. Su llegada causó un gran alboroto.
La curación de un endemoniado
Uno de los servidores (Alcmán) de confianza de Estrátocles yacía inmovilizado, atacado por un demonio. Estrátocles se compadeció y se entristeció al verlo en esa situación. Maximila, esposa de Egeates, intervino a favor del servidor poseído por el demonio. En ese momento se acercó Andrés y le dijo: “hay magos que no pueden hacer nada y que hasta desengañan al joven. Y hay otros que vemos como charlatanes. ¿Por qué estos no pueden expulsar de este joven ese terrible demonio? Pues son sus congéneres”.
Después de una breve oración de Andrés, el demonio emitió una voz humana diciendo: “Huyo, hombre, siervo de Dios, no sólo de este joven, sino también de toda la ciudad”. Así Alcman se levantó de la tierra y se puso a caminar con Andrés.
Conversión de Estrátocles
Maximilia tomó a Andrés de la mano, y junto a Estrátocles entró en su habitación. Con ellos fueron también los hermanos que allí estaban. Egeates, hermano de Estrátocles y esposo de Maximilia, se comportaba como un blasfemo extremo y se encontraba en una situación lamentable en lo que se refiere a los bienes más importantes. (Egeates era rico en fortuna y en poder, pero era un desposeído en los bienes espirituales, que eran los más importantes).
Andrés comenzó a decirle a Estrátocles: “Sé muy bien que estás impresionado con lo que ocurrió (la curación de Alcman). Da a luz al hijo que llevas y no te abandones solamente a los dolores de parto. Considera vanas todas tus prácticas religiosas anteriores, rechaza en silencio a tus dioses fútiles de antes, sufre ante la idea de convertirte en vagabundo en busca de instrucción. ¿Cuál era tu filosofía pasada? Ahora reconoce que era vana y que era vacía y rastrera.
Estrátocles dejó escapar un gran gemido y respondió: “Hombre de grandes dotes de adivinaciones y verdadero ángel de Dios, no me separaré de ti hasta que me conozca a mí mismo y haya condenado todo aquello que me demostraste con relación al tiempo que estaba perdiendo en cosas vanas.
Propiedad del bautismo
Dijo Andrés: “Hermanitos, si guardan esta señal (bautismo) de Dios, les alabarán entre los suyos”. Al aparecer esta visión luminosa en vuestras almas, sobre todo cuando se vean liberadas de sus cuerpos las fuerzas punitivas, los poderes malos, los magistrados terribles, los ángeles de fuego.
Y así, los hermanos se regocijaban y se reunían de noche y de día, en el pretorio, junto a Maximila.
Egeates
Llegó el procónsul, era el día del Señor. Mientras tanto, los hermanos se congregaron en su habitación (del procónsul) y escuchaban a Andrés. Maximila se perturbó con el aviso de la llegada de su esposo. Andrés dijo, dirigiéndose al Señor: “Señor Jesús, que no pueda entrar Egeates en esta habitación, hasta que tus siervos salgan de aquí sin problemas, pues están reunidos por tu causa”. Así, pues, cuando entraba el procónsul Egeates, este sintió unos dolores en el vientre y se sentó en una silla, permaneciendo allí mucho tiempo. Así, no pudo ver a ninguno de los hermanos que salían delante de él. Andrés, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos decía: “Jesús cubrirá vuestra apariencia delante de Egeates, para que vuestra parte invisible quede afirmada delante de él”. Después de esto, Andrés se persignó y salió.
Episodio de Euclia
Maximila, como quería vivir castamente, mandó a llamar a una criada que se llamaba Euclia, mucho más bonita, y le dijo: “Recibirás de mí todos los favores que requieras, si tú estás de acuerdo conmigo”. Maximila adornó a Euclia y la mandó que ocupase su lugar en la cama, con Egeates. Éste tenía relaciones con Euclia como si fuese su esposa Maximila, y luego ella (Euclia) se retiraba para su habitación. Esta situación se mantuvo por mucho tiempo; mientras tantos, Maximila descansaba y se regocijaba en el Señor, sin abandonar a Andrés.
Euclia hizo público su acuerdo con Maximila y lo demostró con pruebas a Egeates, volviendo a tener relaciones con el mismo, en presencia oculta de sus consiervos. Egeates, que debía castigar a Maximila, sin embargo la protegió de las calumnias y lo que hizo fue castigar con todo furor a Euclia, amputando sus pies, manos, lengua, dejándola como alimento y juego para que los perros se la coman, y los siervos que se aprovecharon de la situación fueron crucificados.
Egeates y Maximila
En aquel día Egeates no comió nada, estaba furioso y triste en su interior, por el cambio de actitud de Maximila con relación a él. Después de llorar y reprobar a sus dioses, se dirigió al lugar donde estaba su mujer Maximila y, postrándose a sus pies, le dijo entre lágrimas: “Abrazo tus pies, yo que soy tu marido hace ya doce años, a ti, a quien siempre he considerado una diosa, Es comprensible que hayas cambiado pasajeramente, ya que tú también eres humana. Así que si existe algo a causa de otro hombre, yo te la perdonaré y te la guardaré. Y si es algo aún más difícil, yo pondré rápido remedio, pues estoy decidido a no contrariarte en nada”.
Maximila le dijo: “Amo, Egeates, amo. Lo que amo no tiene nada de las cosas del mundo. De noche y de día e inflama y me quema de cariño. Tú no puedes ver, y menos aún separarme de él. Déjame seguir mis relaciones con él, a mí que solamente en él encuentro descanso”.
Así, el procónsul Egeates se retiró delante de ella, loco y sin saber que hacer, pues no podía hacer nada contra Maximila, por ser ella de una familia mucho más ilustre que la de él.
Uno de los esclavos de Egeates le hizo conocer lo que estaba ocurriendo con Maximila: “Hay aquí un extranjero viviendo que es famoso, no sólo en la ciudad, sino en toda Acaya. Realiza grandes prodigios y curaciones. Predica una religión como verdadera. Mi señora conoció a ese extranjero, guiada por Ifidama. Maximila y Estrátocles, tu hermano, confiesan que hay un solo Dios, al que ellos conocieron por medio de ese hombre”. Mientras caminaban Egeates con su criado, éste vio de lejos a Andrés y lo trajo del pescuezo hasta donde el procónsul. El procónsul dijo: “Enséñame cuál es la fama que te rodea o la fuerza tan grande que tienes, siendo tan pobre, de apariencia tan simple y ya anciano, teniendo admiradores ricos y pobres, y hasta niños, según tengo entendido”.
Andrés es apresado
Poco después, Egeates entró en su casa y comunicó a Maximila: “Te traigo esta noticia para ti: apresé a Andrés. No escapará, morirá miserablemente”.
Después de permanecer allí una hora la fidelísima Ifidama, vio abierta la puerta de la prisión y sintiéndose llena de confianza dijo: “Jesús, por favor, entra conmigo junto a tu siervo”. Y así entró, sin ser sorprendida por nadie, y encontró al apóstol que estaba hablando a los que estaban presos, a quienes trataba de confirmar con exhortaciones en la fe en el Señor.
Discurso de Andrés en la prisión: la vida nueva del cristiano
“No somos seres tirados por tierra, pero sí reconocidos por ser de semejante magnitud; no somos del tiempo, para luego ser disueltos por el tiempo; no somos producto del movimiento, que en sí mismo se vuelve a desvanecer, ni somos causa de la vida (terrena), nosotros que vamos hasta la muerte. Somos aspirantes a una grandeza; somos propiedad del que luego tendrá misericordia de nosotros; somos del mejor, por eso huimos de lo peor; somos del hermoso, por quien huimos de lo que es feo; del justo, por quien rechazamos lo injusto; del misericordioso, por quien abandonamos al que no tiene misericordia; del que salva, por quien reconocemos al que destruye; de la luz, por quien rechazamos la oscuridad; de uno, por quien nos separamos de la multiplicidad de las cosas; del celestial, por quien conocemos las cosas terrenas; del que permanece, por quien vimos las cosas que no permanecen. Preferimos dedicar a Dios, que de nosotros se compadece, una digna acción de gracias”.
Andrés y Maximila
Maximila, en la hora de costumbre, en compañía de Ifidama fue a ver a Andrés. Colocó las manos del apóstol Andrés sobre sus ojos y acercándoselas se las besaba, luego comenzó a contarle todas las exigencias de Egeates.
Dijo Andrés a Maximila:
“Ya sé, Maximila, hija mía, que tú estás dispuesta a resistir contra todo lo que promete la unión carnal, deseando separarte de una vida repugnante e inmunda. Yo te confirmo Maximila: no cedas a las amenazas de Egeates; no te conmuevas frente a sus discursos; no tengas miedo de sus vergonzosos consejos; no quieras entregarte a sus inmundos y perversos encantamientos, pues sabes que tenemos un Dios que se compadece de nosotros. Consérvate casta, pura, santa, inmaculada, íntegra, libre del adulterio, fuerte delante de las tempestades, inquebrantable, sin llanto, invulnerable, inmune al escándalo, indiferente a la obras de Caín. Por lo tanto, Maximila, si actúas así yo descansaré tranquilo, Pero, si tú actúas de manera distinta a lo que te he dicho, yo seré castigado por tu culpa, hasta que tú misma reconozcas que yo desprecié la vida de un alma indigna. Ama a Jesús, no seas vencida por el Maligno y ven en mi ayuda”.
Andrés y Estrátocles
Le dijo Andrés:
“En cuanto a ti, Estrátocles, ¿Por qué lloras de esa manera y gimes tan escandalosamente? ¿A qué viene esa tristeza? ¿Hay alguien en ti a quien yo considero como mío? ¿Será que hablé estas cosas en vanos? Estrátocles, ese hombre que hay en ti, y que otra vez lloró, dice que no”.
Tomándolo Estrátocles por la mano, le dijo: “Tengo lo que buscaba; encontré lo que deseaba; poseo lo que amaba ; descanso en aquel que esteba esperando”.
Estrátocles respondió a Andrés:
“No creas, beatísimo Andrés, que hay otra cosa que me atormente fuera de ti. Pues las palabras pronunciadas por ti, parecen flechas de fuego disparadas contra mí; cada una de ellas me alcanza, incendiándome y abrasándome en tu amor. Necesito de tu misericordia y ayuda para poder hacerme digno de las semillas que tengo de ti”.
Último discurso de Andrés en la prisión
Maximila volvió a su casa y se dirigió al pretorio. Egeates esperaba la respuesta de Maximila, respecto a su propuesta (el retorno de Maximila a él), pero ella la rechazó. Egeates, entonces, se decidió por la muerte de Andrés y prevaleció la idea de la crucifixión.
Maximila volvió a la prisión, en compañía de Ifidama, Andrés estaba hablando:
“Yo, hermanos, fui enviado como apóstol por el Señor a estas latitudes, para recordar a todos los hombres que están viviendo en males pasajeros y que se divierten con fantasías nocivas. Siempre rogué para que se liberen y busquen las cosas duraderas. Todo esto está ocurriendo por culpa de un alma no educada, que se desvió a lo natural (cuerpo, materia). Felices son aquellos que escuchan atentamente la palabras de predicación”.
Y continuó el bienaventurado Andrés:
“lo que va a ocurrir conmigo no debe perturbarlos, pues no ocurrirá solamente conmigo, sino también con todos aquellos que lleguen a amara a Jesús, que lleguen a creer en Él y den testimonio de Él. Aguardemos todos, alegremente, hasta el fin y huyamos de la realidad humana, para que ella misma se manifieste como en su naturaleza, cuando nosotros emprendamos el vuelo hasta nuestra patria”
A partir del capítulo 51 comienza el Martyrium alterum según la terminología de Bonnet (Acta Apostolorum Apocrypha, II 1,58-64): “Martirio de San Andrés, Apóstol y Protocleto”.
Andrés, condenado a morir en la cruz
El bienaventurado Andrés pasó toda la noche dialogando con sus hermanos sobre los hechos de nuestro Señor Jesús Cristo y de la salvación del alma. Egeates mandó llamar a Andrés, que estaba en la prisión y le dijo:
“Llegó el final de tu proceso, hombre extranjero, extraño a la vida presente, enemigo de mi casa, ruina de toda mi familia. ¿Por qué llegaste a lugares extraños y corrompiste, poco a poco, a una mujer que, al mismo tiempo, intentaba agradarme? Ella misma me informó que ahora no encuentra más alegría que en ti y en tu Dios”.
Y así, Egeates ordenó que azotasen siete veces a Andrés. Luego lo entregó para que lo crucificasen, ordenándoles a los verdugos que no le quebrasen las articulaciones para que, según se creía, el castigo durase mucho más.
Saludo a la cruz y crucifixión
Andrés, separándose de todos, se aproximó a la cruz y dijo en voz alta:
“Alégrate, oh cruz; sí, alégrate de verdad. Sé muy bien que ahora descansarás, después de cansarte de estar tanto tiempo clavada esperándome. Reconozco tu misterio, por el cual estás clavada en la tierra. Por lo tanto, oh cruz pura, luminosa y toda llena de vida y resplandor, recíbeme, que ya estoy en extremo cansado”.
Vinieron los verdugos, y apenas le amarraron los pies, sin clavarle las manos, ni los pies, tampoco le rompieron las articulaciones para que, en cumplimiento de las órdenes de Egeantes, Andrés fuese atormentado y, durante la noche, devorado por los perros.
Entonces Estrátocles preguntó a Andrés:
“¿Por qué sonríes siervo de Dios? ¿Acaso tu sonrisa no nos hace lamentar y llorar porque quedaremos privados de ti? Respondió Andrés: ¿No voy a reírme, hijo Estrátocles, de la vana estrategia de Egeates, con la que dice que se venga de nosotros? No acaba de convencerse de que somos inermes a sus maquinaciones”.
Exhortaciones de Andrés, desde la cruz
Andrés pronunció un discurso en común para todos, pues allí había también gentiles
“Hombres que están presentes, mujeres, niños, ancianos, esclavos y libres y todos los que van a escuchar: si creen que la muerte es el fin de esta vida pasajera, salgan ya mismo de este lugar. Y si consideran la unión del alma y del cuerpo como si se tratase de la misma alma, de modo que después de su separación ya no exista nada, ustedes tienen pensamiento de fieras y deberían ser contados entre los animales salvajes. Si piensan que son solamente lo que aparecen, y nada más que eso, son esclavos de la ignorancia. Si creen que esta luz nocturna es la única que existe, y ninguna otra, son de la misma naturaleza que la noche. Si, por tener un cuerpo perfecto, creen que son dichosos, son realmente unos desgraciados. Si sus éxitos externos los hacen felices, son en verdad unos miserables.
¿Qué orgullo pueden sentir en su exterior, cuando sus almas interiores son esclavas, vendidas a los deseos? Les ruego, pues, a todos ustedes, que cambien esta vida penosa, loca, presuntuosa, vacía, corruptible, efímera, esclava del tiempo, súbdita de borracheras, avaricias, familiar de la cólera, aliada de los crímenes, gobernadora de la enemistad, guía de las pasiones, señora de los adulterios, y se esfuercen por acoger mi alma que a toda prisa se va, más larga que la palabra, que el cuerpo, que la ley, que el tiempo, que los placeres amargos e impíos. Yo voy a preparar los caminos a los que están de acuerdo conmigo y están dotados de fe y de amistad con Dios. Escojan, pues, hombres, cuál de estas posturas prefieren, dado que todo depende de ustedes”.
Andrés estuvo hablándoles durante tres días y tres noches, y ninguno se cansó en absoluto, y ninguno se separó de él.
El pueblo intervino en favor de Andrés y reprobó la acción criminal de Egeates, sin embargo Andrés le dijo a Egeates:
“¿Por qué vienes hasta nosotros Egeates? Ahora Egeates, enemigo de todos nosotros, ¿por qué estás oyendo, sosegado y tranquilo, si no puedes hacer nada de lo que estás tramando? Yo y mis congéneres nos apresuramos a ir a aquello que es nuestro, dejándote para que seas lo que eres y lo que tú mismo ignoras sobre ti”.
Muerte y sepultura del apóstol Andrés
Y como de nuevo Egeates pretendía liberar a Andrés, por causa de la presión de toda la ciudad, el apóstol dijo:
“Señor, no permitas que yo sea liberado, una vez que estoy atado sobre este madero. Jesús, no me entregues al Diablo. Padre, que no me desate el adversario. Recíbeme Cristo, a quien deseé, a quien amé, a quien conozco, a quien poseo, de quien soy. Acógeme, para que por mi salida hasta ti se pueda realizar el encuentro de todos mis hermanos, cuando descansen en tu grandeza.
Después de decir estas cosas y glorificar al Señor, entregó su espíritu, durante su acción de gracias.
Después de la muerte del bienaventurado, y mientras llorábamos y nos lamentábamos (¿será el autor de la obra un testigo ocular de los hechos?) por tener que separarnos del bienaventurado, Maximila y Estrotocles desataron el cuerpo del apóstol y lo bajaron de la cruz, ofreciéndole los cuidados necesarios para la sepultura.
Maximila escogió una vida casta y tranquila, sin aceptar a Egeates. Guiada por el amor de Cristo, vivía beatíficamente en compañía de los hermanos. Egeates, no pudiendo convencer a Maximila para que permanezca con él, se levantó una noche, escondido de todos se lanzó de una gran altura y murió. Estrátocles, que era hermano de Egeates, según la carne (heredero natural), no tocó la fortuna dejada por éste, diciendo: “Encomiendo a Jesús mis bienes y rechazo todo lo que a eso es contrario”.
Plegaria final del autor
“Y aquí termino mis felices relatos de los hechos y misterios. Ruego que escuchen lo que fue dicho. Ruego por los que cambiaron de disposición en virtud de lo que se dijo. Que vivan en comunión total, y que Dios abra los oídos de todos, a fin de que resulten aceptables todos sus dones en Cristo Jesús, Señor nuestro; a Él, como al Padre, gloria, honor y poder, con el santísimo, bueno y vivificante Espíritu, ahora y por siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Consideraciones a los Hechos Apócrifos de Andrés
El género literario de la obra de los Hechos Apócrifos de Andrés está impregnado por su entorno socio-político-cultural. Eso se vuelve notorio en las acciones de rebeldía del bienaventurado Andrés contra la postura arrogante y prepotente de la autoridad de Acaya (Grecia), y su benevolencia a los que son curados y exorcizados en nombre de Jesús Cristo. Son acciones que fueron ideadas por el contexto de las literaturas greco-romanas de la época, con fuerte influencia de la filosofía platónica, del gnosticismo y de los pensamientos y escritos cristianos. Según Manfred Hornschuh:
“El tema central de los Hechos Apócrifos de Andrés es el movimiento de un mundo cuyas características son transiciones e ilusiones, multiplicidades y movimientos, y la realización verdadera del ser está en el retorno al uno, es decir a Dios. Esta concepción corresponde exactamente al Platonismo del mejor periodo, para lo cual todo el movimiento filosófico del autor estaba próximo”.
Para Piñero y Del Cerro,
“Existen una serie de conflictos muy marcados, como el ‘antes’ y el ‘ahora’; el ‘tiempo de los falsos dioses’ y el ‘hombre nuevo renovado’; la ‘oscuridad’ cede el lugar a la ‘luz’; las ‘potencias maléficas’ ceden su lugar a los ‘dones de Dios’; el ‘cristiano’ ‘pertenece a la trascendencia’ y está sobre la materia, el tiempo, el movimiento; el hombre es cautivo del cuerpo’ y la muerte causa su desaparición, es decir es ‘cuerpo y alma’; prefieren el amor de Dios antes que las hipocresías de las falsas filosofías y enseñanzas; prefieren el hombre interior que su apariencia”.
La fuerte tendencia encrática en los Hechos Apócrifos de Andrés, no entran en ningún pre-juzgamiento actitudinal, eso se observa en la conversión y postura de Maximila, delante de su esposo Egeates: “El amor por la vida de castidad perfecta es, en Maximila, tan exagerado que ‘queriendo vivir castamente’ no tiene dificultades en provocar una situación tan irregular como la de utilizar a su esclava Euclia para que la sustituya en sus obligaciones conyugales” . Sin embargo, esta actitud de Maximila no puede ser generalizada como el “sentido común” de todos los y las convertidos y convertidas, sino como una opción vivida en circunstancias especiales.
Maximila, junto a Estrátocles, se vuelven ejemplos de conversión y aceptación del mensaje de salvación que, confesando un solo Dios, se adhieren al camino propuesto por el apóstol Andrés, que culminará en un lugar preparado por el apóstol, esto es, la patria celestial.
La muerte, en los Hechos Apócrifos de Andrés, se vuelve una liberación del cuerpo para que “vuele hasta nuestra patria” , pues, ‘la muerte no es el fin de esta vida pasajera’. Se confirma así la convicción del apóstol en el carácter salvífico del kerigma cristiano, anunciado por él. Siendo así, la cruz, el dolor, la prisión y la muerte del apóstol Andrés son situaciones equivalentes a la vida y a la muerte de Jesucristo, con la cual él se identifica, confía y promete a sus seguidores.
La veneración a la cruz, por parte del apóstol Andrés, es uno de los momentos cruciales de su vida. Es como una aproximación al ‘misterio salvífico de Dios’, a quien une su vida, en plena comunión con la comunidad.
Así como Jesús, en el evangelio canónico (Mt 27,59-60) es bajado de la cruz, preparado y sepultado por José de Arimatea, su discípulo, Andrés también es desatado de la cruz, preparado y sepultado por sus discípulos Maximila y Estrátocles.
La muerte suicida de Egeates confirma la actitud encrática de Maximila, en su fidelidad y perseverancia a las enseñanzas del bienaventurado Andrés. El destino trágico de Egeates es la consumación de las amonestaciones y exhortaciones hechas por Andrés, en la cruz, a lo largo de tres días y tres noches a las mujeres, niños, ancianos, esclavos y libres. Se debe aniquilar la ‘corrupción’ del cuerpo, la apariencia, la presunción, placeres, crímenes, pasiones, adulterios y exaltar el camino del discipulado, dotados de fe y de amistad con Dios. Egeates es ‘dejado ser lo que es’, a partir de aquello que él mismo ignora de su ‘ser’, mientras que Andrés y sus discípulos (as) irán a lo ‘que es de ellos’, a lo eterno, a lo invisible, al Uno, a Dios.
Como camino de la comunidadcristiana de Acaya, Maximila escogió una vida casta y tranquila, no aceptando a Egeates, sino guiada por el amor de Cristo.
El aspecto teológico en la obra de los Hechos Apócrifos de Andrés se destaca a partir del carácter de salvación. La salvación es comprendida a partir de la aceptación de Dios salvador (Jesús, Cristo, Señor, Dios, etc.). Dios ofrece al ser humano un nuevo camino de salvación, que se da a partir del mensaje de Jesús, transmitido por sus apóstoles, en este caso Andrés.
La misión itinerante del bienaventurado apóstol Andrés es caracterizada por los grandes prodigios (discursos, apologías, milagros, curaciones, conversiones, etc.) como lo observamos en la obra lucana de Hechos de los Apóstoles, sólo que con fuerte énfasis en la ‘persona de Andrés’, propio de la novela griega de los grandes héroes. En esta misión también se enfatiza la elevación del ser humano, más allá de su corporeidad, es decir de la superación de una vida penosa, presuntuosa, vacía, corrupta, llena de cólera, crímenes, enemistades, pasiones, adulterios, para pasar a una vida que va más allá de la palabra, que el cuerpo, que la ley, que el tiempo, que los placeres amargos e impíos. En esto consisten las características de lo hermoso, mejor, justo, misericordioso, luz, atribuidos por Andrés a los que pertenecen al Uno, a Dios; en oposición a las fuerzas punitivas, los poderes malos, los magistrados terribles, los ángeles de fuego, los demonios feos y las energías impuras que no pertenecen a la señal del cielo. Ellos saldrán corriendo y se refugiarán en la oscuridad, en el fuego.
Los Hechos Apócrifos de Andrés nos permiten visualizar y experimentar la vasta literatura en el contexto del cristianismo primitivo. Se trata de la misión de los apóstoles de Jesucristo en el comienzo de la era cristiana. Ampliamos así el horizonte de la literatura bíblica, en el contexto neo-testamentario, volviéndola más enriquecedora en el camino de la fe y de la misión de la Iglesia cristiana.
Bibliografía
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José Luiz Izidoro
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Iguape/SP
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Jeso_nuap@hotmail.com
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Aurelio de Santos OTERO, Los evangelios apócrifos, Madrid: La Editorial Católica, 1963: apó krípto (algo escondido, oculto). Este término servia antiguamente para designar los libros que se destinaban exclusivamente al uso privado de los adeptos a una secta o iniciados en algún misterio. Después, esta palabra vino a significar “libro de origen dudodo”, cuya autenticidad se impugnaba. Entre los cristianos se designaba con este nombre a ciertos escritos cuyo autor era desconocido y que desarrollaban temas ambiguos”.
Marcel SIMON y André BENOIT, Judaísmo e cristianismo antigo - De Antíoco Epifânio a Constantino, São Paulo: EDUSP, 1987, p. 279: “Gnosticismo: como un movimiento religioso no cristiano, probablemente pre-cristiano, que al principio nada tuvo que ver con el cristianismo, pero que con él convergirá al comienzo de nuestra era, dando origen al gnosticismo cristiano. Por otro lado, el movimiento mantuvo una existencia propia, deviniendo más tarde en el maniqueísmo”.
Wilhelm SCHNEEMELCHER, New Testament Apocrypha, Philadelphia/Londres: Westminster/John Knox Press/James Clarke & Co., vol. 1, 1991, p. 51.
Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 2004, p.109.
Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, p. 110-111. “J. M. Prieur: colección Corpus christianorum de Brepols; J. Flamion: Les Actes primitifs d’André d’aprés les textos; M. Bonnetpone como base el códice V 808 (peri imaz): uno de los fragmentos más típicos e importantes de los hechos primitivos; M. Erbetta, que ofrece todos estos textos y referencias de otros menos significativos, como la Vida de Andrés por Epifânio el Monje es la traducción completa de las Virtutes Andreae, de Gregório de Tours; M. Hornschih, en Hennecke-Schneemelcherde 1964, escoge la opción de seleccionar dos distintos fragmentos de aquellas partes que considera auténticas. Así lo hace después de los textos del papiro copta de Utrecht y del códice V 808 en la parte que se denomina Texto reconstruido del martirio. Se sirve de diversos fragmentos de los martirios I y II, de Narratio, de la Laudatio y de la Epístola griega.
Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, p. 115-120.
Protócleto (Jn 1,37-42; Mt 4,18-20; Mt 10,12; Lc 6,14; Mc 1,16-18): significa el primer llamado (Jn 1,37-42). El título hace referencia al hecho de que Andrés había sido el primero de los apóstoles en ser llamado por Jesús. Andrés tenía el mérito de haber llevado a su hermano Pedro hasta su Maestro.
Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, p. 120-122.
Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, p. 124.
.Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, p. 125.
Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, p. 126.
James MONTAGUE RODHES, Apocryphal New Testament, Oxford: At the Claredon Press/University Press, 1955, p. 338-362.
.Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, p. 126-133.
Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, p. 141-144.
Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, p. 157-235.
Manfred HORNSCHUH, apud E. Hennecke (edited by W. Schneemelcher), New Testament Apocrypha, London: SCM Press, vol. 2, 1975, p. 393-395.
Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, p. 136-137.
Antonio PIÑERO y Gonzalo DEL CERRO, Hechos Apócrifos de los Apóstoles - Hechos de Andrés, Juan y Pedro, p. 138: “La tendencia eucrática tiene su fundamento en la concepción ortodoxa, por lo tanto inspirada en el gnosticismo, de la consubstancialidad del espíritu con la divindad y de la pertenencia del cuerpo al diablo (demiurgo)”.
