La encarnación – Factor de crisis en las comunidades joánicas

César Carbullanca Núñez

Resumen
El artículo presenta el tema de la crisis que acontece en una comunidad joánica, narrada en 1Juan, intentando contextualizar estas luchas internas dentro de la historia de la escuela joánica. Consecuentemente con esto, la reflexión busca comprender el conflicto en el contexto de las diversas cristologías que coexistieron en estos grupos y por consiguiente la crisis se presenta como el esfuerzo por pensar más cabalmente la propia identidad de la fe cristiana en la Encarnación. Para esto el artículo desarrolla el estilo “nosotros” presente en el evangelio y en la 1Juan. A partir de esto se describe la particular conciencia de unidad de Cristología y ética que presenta la comunidad de testimoniar la realidad de Encarnación y de la muerte de Cristo y su verificación en el amor al hermano. Posteriormente el artículo desarrolla el carácter profético del estilo “nosotros”, mostrando que el autor ha comprendido el conflicto en el contexto de la creencia apocalíptica de los signos precursores, de la llegada de los anticristos y seudoprofetas antes del fin.

Abstract
The article presents the subject of the crisis that occurs in a johannine community, narrated in 1John, trying to place these internal fights within the history of the johannine school. Consequently with this, the reflection looks for to understand the conflict in the context of the diverse christologies that coexisted in these groups and therefore the crisis appears like the effort to think more exactly the own identity of the Christian faith about the incarnation. For this the article develops to the style “we” presents in the gospel and the 1John. From this one describes to the particular conscience of unit of Christology and ethics that the community presents to testify of incarnation and the death of Christ and its verification in the love to the brother. Later the article develops to the prophetic character of the style “we”, showing who the author has understood the conflict in the context of the apocalyptic belief of the precursory signs, of the arrival of the antichrists and pseudoprophets before of the end.

1. Introducción

Una afirmación fundamental que nos da la 1Juan para descubrir a los anticristos y falsos profetas es la venida en la carne del Hijo de Dios. Este criterio de discernimiento en ningún caso ha nacido ya maduro y ni ha sido comprendido de la misma manera por las comunidades joánicas. La cuestión de la correcta interpretación (orto-doxa) está dirigida en 1Juan no a sujetos ajenos a la propia comunidad sino que se realiza en el seno de ella. La primera experiencia de fe de la comunidad joánica se presenta como una fe histórica en el sentido que el credo de ella está referida a una profundización de sus contenidos cristológicos. En efecto, el criterio dado de la encarnación no surge como un dato ya cerrado y terminado en la historia de la dogmática eclesial, sino que antes y hoy sigue siendo un misterio por pensar. Por consiguiente, la encarnación del Hijo es uno de aquellos pozos donde debemos alimentar nuestra práctica eclesial hoy en día en Latinoamérica.

El título del artículo utiliza la expresión “crisis”; por eso, debemos decir algunas palabras para aclarar el término. Por una extraña paradoja la historia de los escritos pertenecientes a las comunidades joánica está vinculada desde sus orígenes a corrientes heterodoxas del cristianismo naciente. Por ejemplo, es un hecho que el evangelio fue utilizado primeramente por los gnósticos y sólo posteriormente fue aceptado por la Iglesia entre sus libros canónicos. Pero este mismo dato, se puede apreciar en los mismos inicios de la comunidad joánica. Desde sus comienzos la crisis en las comunidades joánicas adquiere unas características particulares en cuanto presenta diversas “cristologías”, expresión de variados factores como la procedencia de los grupos involucrados, las convicciones de diverso tipo y cultura. Además expresa la conciencia histórica de que ella ha debido enfrenta en diferentes momentos de su trayectoria histórica el desafío de re-formular el envío y la Encarnación del Hijo. Por tanto, el conflicto en la comunidad joánicas está vinculado desde un comienzo a la cuestión de la crisis de su propia identidad. En algunos momentos de su historia la crisis viene a causa de una confesión de Jesús como el profeta-Mesías como Moisés según Dt 18,15.18, impulsada por seguidores de Juan Bautista o samaritanos. En otros, por una visión de Jesús como theios aner, taumaturgo divino que manifiesta la gloria de Dios, posiblemente vinculado a un entorno judeo-helenista y finalmente por la reacción contra la expulsión de los cristianos de la sinagoga por los judíos, afirmando para ello una cristología de la pre-existencia contra la figura de Moisés. Esto muestra evidentemente que la comunidad joánica fue una comunidad que atravesó varias y diferentes crisis en su trayectoria, no sólo en relación a la defensa de su fe con grupos externos, sino principalmente en relación a la integración de grupos procedentes de distintas regiones y culturas y que eran portadores de diversas tradiciones religiosas.

Para esto el artículo desarrolla dos aspectos, el primero es una perspectiva diacrónica, es decir, toma como punto de partida un análisis de los textos del evangelio y de 1Juan, en donde aparece el estilo “nosotros” que se puede observar en el evangelio y en las cartas joánicas. Este análisis considera la historia de la redacción joánica según lo muestra J. A. Robinson quien sostiene que el prólogo y el epílogo del cuarto evangelio han sido escritos posteriormente al cuerpo del evangelio y a 1Jn, y por tanto, el estilo “nosotros” representa una redacción tardía del evangelio, posiblemente contemporánea a 1Jn y a Jn 21. La segunda es una perspectiva sincrónica, en el sentido que esta redacción en 1Jn está vinculada a una particular conciencia profética que posee la comunidad y que considera ser transmisora de las enseñanzas desde el principio. A la luz de estas notas, el conflicto en las comunidades joánicas se presenta como una cuestión de legitimación profética de una correcta interpretación de la encarnación.

 

2. La cristología de los adversarios

Al comienzo de este apartado es importante subrayar que la historia de la comunidad joánica refleja una serie de acentuaciones y tendencias cristológicas, las que expresan convicciones y tensiones de comunidades cristianas. La interpretación de estas variadas cristologías, desde doctrinas posteriores, resulta anacrónica. Una adecuada comprensión histórica de la cristología joánica impide hablar de “herejes” o “cismáticos” , al menos exige ser prudentes a la hora de estereotipar determinadas tendencias dentro de esta comunidad. El concepto de herejía y ortodoxia es más bien tardío y habría que considerar que en la historia del cristianismo primitivo existieron múltiples modelos cristológicos que convivieron entre sí, más o menos pacíficamente. Teniendo presente lo dicho, diversos investigadores mencionan la existencia en 1Jn de una cristología docetista o gnóstica defendida por cristianos calificados por el autor de 1Jn como “seudoprofetas”. Al respecto es importante hacer notar que los orígenes del docetismo es una cuestión discutida. Al igual que ocurre con la gnosis, existen antecedentes de este tipo de pensamiento en la literatura judía del cambio de era.

Las principales notas de esta cristología son las siguientes:

  • Niegan que Jesús sea el Mesías (ver 1Jn 2,22 ) “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo?”.
  • Todo el que confiesa que Jesucristo ha venido en la carne es de Dios (ver 1Jn 4,2-23).

La negación de Jesús como el Mesías está en consonancia con la disputa con los judíos en el evangelio de Juan. Y refleja un conflicto con un grupo externo. En cambio la negación de la venida del Cristo en la carne es un criterio para identificar a los anticristos (2Jn 1,7): “Muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo”. Es posible que se trate en este caso de creyentes de la comunidad joánica que comprendieron la Encarnación de Cristo como “manifestación de su gloria” (ver Jn 1,14b; 2,11); de acuerdo a una particular visión, al modo de los hombres divinos que se conocían en el Asia Menor. Esta cristología se puede vincular también a grupos joánicos que defendían una cristología del profeta escatológico según el modelo de 11QMelquisedec, en donde el profeta escatológico es descrito como un ángel, enviado celeste que realiza el juicio sobre el mundo en el día del juicio. En estas dos cristologías la Encarnación del enviado es comprendida en sentido “funcional”, es decir como “manifestación” de un ser divino. La historia humana es presentada desde un esquema trascendente familiar a círculos de judíos heterodoxos. Algunos autores como Kümmel señalan que se trataba de “un movimiento gnóstico-entusiasta el que ofrecía una cristología docetista” . Pero señala que la variedad dentro de la gnosis cristiana la que 1Jn combate no puede ser unida a los nombres de la historia de la herejía. Por otra parte se ha querido mostrar repetidas veces que la herejía que combate 1Jn es Cerinto, pero 1Jn no muestra trazos del punto de vista y características de Cerinto. También es necesario tener en consideración lo señalado por E. Schillebeeck “... el movimiento que en la historia de la Iglesia posterior será llamado docetismo tiene sus orígenes en círculos judíos, no en greco-romanos. Así por el libro de Tobías nos enteramos de que un ser celeste, un ángel puede tomar figura humana y, una vez cumplida su misión, abandonarla” (ver Mc 6,14.16). En el judaísmo tardío existe la creencia que los ángeles son enviados por Dios y asumen forma humana, la cual dejan o se transforman, luego de realizar la misión que Dios les ha encomendado.

Algunos autores hablan de los adversarios del autor de 1Jn como “entusiastas”, participantes de algún tipo de cristología ligada a un conocimiento de la divinidad. En estos círculos religiosos posiblemente contextualizados en ambientes paganos establecieron contacto con la tradición joánica, conservando alguna terminología de esta tradición como por ejemplo, el término “comunión” (koinonía) y “permanecer” (ménein). Ellos pertenecen probablemente a la facción de los adversarios (ver 1Jn 1,6; 2,6), entendida como una comunión de tipo mística la cual excluye la comunión con los hermanos. El criterio de la venida en la carne del Hijo, expresa que para el autor de 1Jn, el conocimiento verdadero de Dios radica fundamentalmente en Cristo encarnado. La relación entre cristología y ética es subrayada fuertemente por el autor de 1Jn. Los adversarios poseen una impronta ligada a la gnosis en cuanto se trata de un tipo de saber “yo lo conozco” (ver 1Jn 2,4) que según el autor de 1Jn no guarda los mandamientos. Al igual que otros círculos religiosos de judíos helenistas heterodoxos, los adversarios dicen “el que dice estar en la luz”, pero esta comunión con Dios no se traduce en una conducta ética con su hermano.

 

3. El estilo “nosotros” en el evangelio y en la 1Juan

Los escritos del cuarto evangelio y 1Jn son reconocidos como pertenecientes a lo que se ha denominado “escuela joánica”. Esta vinculación integra diversos elementos: terminología, temas y estilo que comparten ambos textos. Uno de los aspectos más interesantes de los cuales vinculan la 1Jn al evangelio lo tiene las secciones “nosotros”. El texto de 1Jn opone la expresión “si decimos…” (ver 1Jn 1,6.8; 2,4.6.9) a la expresión “nosotros” del cual el autor se hace representante. La glosa representa una “innovación de sentido” por tanto expresa una toma de postura ante una afirmación anterior. Ella no se explica por sí sola sino que es una relectura de un texto previo y por tanto para comprenderla es necesario remitirse a otro texto del cual se desmarca y pretende superarlo.

El estilo “nosotros” refleja la re-interpretación posterior de la comunidad joánica en un estadio tardío de la redacción del evangelio la cual expresa una distinta comprensión que la comunidad desarrolla con el correr de su historia. Este estilo habla en el evangelio tanto en boca de Jesús (ver Jn 3,11), en la de los judíos, adversarios, de los propios cristianos contemporáneos al redactor y hasta en forma anónima (ver Jn 19,35). Esta re-interpretación está ligada a la cuestión de dar testimonio de “lo que hemos visto y oído”. Este lema recorre el evangelio de Juan y 1Jn expresando la comprensión que tuvo la comunidad joánica de la encarnación. Al realizar un recorrido por los escritos joánicos podemos apreciar distintas tonalidad de esta misma labor hermenéutica del estilo “nosotros” que nos pueden ayudar a re-pensar nuestras actuales opciones de fe.

 

3.1 El estilo “nosotros” en el cuarto evangelio

En el prólogo del evangelio ya encontramos en la glosa de 1,14 un ejemplo de esta re-interpretación: “y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre”. Este “nosotros” corresponde, según R. Bultmann, a “la comunidad la cual habla no es a causa de una idea y de una norma eterna ya constituida sino por una historia concreta y por su tradición” . El versículo ha recibido distintas interpretaciones a través de la historia más reciente. E. Käsemann sostenía que este versículo representa una glosa del evangelista, preguntándose qué carácter tenía, sí representaba la cristología del evangelista o su punto de partida. Esto último no puede ser ya que en todo el evangelio no se vuelve a hablar de la Encarnación de la palabra. De la misma manera J. Painter afirma que “el verbo se hizo carne” es una adición del evangelista. Esta re-interpretación que realiza la comunidad a la cristología que circula en la comunidad cristiana expresa una ruptura epistemológica que profundiza la comprensión del ministerio de Cristo. Es muy posible que este versículo represente un punto de llegada de la cristología joánica, mostrando una glosa del evangelista o de un posterior redactor. Si colocamos en paralelo el v.14 con el prólogo de 1Jn 1,1-4: “lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos tocante al verbo de vida2 - la vida fue manifestada, y la hemos visto; y os testificamos y anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y nos fue manifestada -,3 lo que hemos visto y oído lo anunciamos también a vosotros, para que vosotros también tengáis comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo”, tenemos un arco semántico que se vincula a través del estilo “nosotros”, común tanto al prólogo de Jn como a 1Jn, en los cuales se presenta el misterio de la encarnación de manera semejante, y que a su vez refleja un crecimiento en la comprensión de este dato del evangelio. Esta nueva comprensión indica que el “envío del Hijo” no acontece como un ser divino que se pasea sobre la historia humana manifestando su gloria sino como un paso en la verificación mediante la ética del amor al hermano.

En este arco vemos que la cristología de la pre-existencia se presenta en Jn 1,14 y en 1Jn 1,1-4 como una fe en la presencia real del logos en la historia; a esto se debe que el autor de 1Jn la expresión “palparon nuestras manos” es similar a la que encontramos en Jn 20,27. Para Barret “el único significado posible es que ‘nosotros’, la Iglesia, los cristianos’. Somos nosotros los que realmente hemos contemplado la gloria de Cristo, cuando habitó entre nosotros…la iglesia es heredera de los apóstoles y de su autoridad”. Es significativo al respecto que en 1Jn no encontramos ninguna reflexión acerca de la gloria de Jesús, sino que el discurso está centrado en torno a la realidad de la Encarnación en cuanto lo visto y oído. Tampoco existe mención de la cristología de la pre-existencia. Cristo se presenta afirmado como Hijo de Dios y Mesías. En cambio si aparece integrada la muerte de Cristo. Por tanto es posible que la expresión de Jn 1,14.16 halla que considerarla en la misma dirección que la del prólogo de 1Jn en donde se subraya “lo que han palpado nuestras manos” como un dato de la realidad de la Encarnación llevada a cabo por el Hijo de Dios. Se trata como se ha subrayado enérgicamente por U. Schnelle de una cristología antidocetista, que recalca la realidad de la Encarnación y muerte del Hijo de Dios.

Las dos glosas siguientes se refieren a las expectativas mesiánicas de judíos y de samaritanos. En el texto de Jn 3,11 Jesús mismo habla a Nicodemo en “estilo nosotros” : “De cierto, de cierto te digo que de lo que sabemos, hablamos, y de lo que hemos visto, testificamos; pero no recibís nuestro testimonio”. Para el cuarto evangelio, el mismo Jesús habla a nombre de la comunidad joánica a los judíos contemporáneos de ésta . Nicodemo representa a los judíos que creen a medias en las señales de Jesús. Bultmann equivocadamente había pensado que éste “nosotros” proviene de la fuente mandea, pero es más factible que sea la comunidad creyente que da testimonio de “lo que sabemos y hemos visto”, esta es la experiencia de la salvación en Cristo. Este testimonio de la comunidad expresa que la fe joánica es una fe fundada en una experiencia de salvación histórica no espiritual ni aparente. En el texto de Jn 4,22 “vosotros adoráis lo que no conocéis pero nosotros adoramos lo que conocemos pues la salvación es de los judíos”. Jesús mismo interpreta a nombre de la comunidad joánica y expresa un cierto rasgo anti samaritano, extraño sin duda al resto del evangelio. Bultmann considera a ésta como una glosa del redactor eclesiástico. Es importante notar que mediante estas re-interpretaciones la comunidad se desmarca de las expectativas mesiánicas que van contra su fe. La glosa expresa de esta manera una superación de las antiguas posiciones que tenía la fe en Jesucristo. En etapas anteriores de su historia la comunidad había comprendido a Jesús a la luz de Moisés, con esta re-interpretación se desmarca expresando que él es más grande que Moisés.

La glosa del siguiente texto Jn 19,35 “y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis”. Es una glosa anónima del redactor final , quien subraya la realidad de la muerte de Cristo, dirigida a los lectores contemporáneos del redactor. No presenta la primera persona plural, pero muestra que se trata de una re-interpretación que busca subrayar la realidad del hecho. Este dato es interesante porque nos muestra que uno de los aspectos fundamentales de la ruptura de la comunidad joánica con el entorno judío y cristiano fue dar testimonio no sólo de la realidad de la Encarnación sino también de la muerte del enviado (ver 1Jn 3,16; 5,3). Para esta comunidad la realidad de la muerte de Cristo expresó una nueva manera de entender el amor y el conocimiento de Dios.

Un texto fundamental es Jn 21,24-25 donde se señala que el “nosotros” corresponde a la comunidad del discípulo amado por Jesús: “este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero”. Este “nosotros” representa la comunidad que confiesa que el origen del evangelio escrito es producto del testimonio del discípulo amado. Es la propia comunidad de éste la que se hace garante de la tradición que de él procede. Para Barret “la precisión nosotros” debe tomarse con la mayor seriedad, porque atestigua que hubo una Iglesia apostólica cuya existencia confirma y ratifica el testimonio de los Apóstoles” .

En estas breves notas podemos realizar el siguiente recuento:

El estilo “nosotros” expresa la pertenencia a una tradición que se alimenta y profundiza su conocimiento de Cristo. En primer lugar expresa una reacción a una cristología que no considera suficientemente la realidad de la encarnación. Posiblemente expresa una corrección a la misma tradición joánica que concibe el envío del hijo en términos de un theios aner. Por tanto, esta toma de postura implica un volver a pensar la fe cristológica en un nuevo contexto, desde una comprensión más radical de la ruptura que significaba la fe en Cristo. En donde las antiguas categorías ya no expresaban suficientemente bien la fe de la comunidad. Este estilo pretende subrayar la realidad del hacerse carne y de la muerte del Hijo. Además, representa una conciencia de superación de la crisis planteada a propósito de la divinidad de Jesús en contraste con las expectativas judías y samaritanas, y por consiguiente implica una relectura de tradiciones mosaicas y anti-templo tanto de judíos como de samaritanos. Junto con esto, la tradición joánica mediante esta expresión se hace conciente de su propio proceso de transmisión.

 

3.2 El estilo “nosotros” en 1Juan

El estilo “nosotros” remonta su autoridad al “comienzo”, en algunos casos se refiere al comienzo del mundo (1Jn 3,8) en otros casos se refiere posiblemente al ministerio terreno de Jesús, específicamente con relación al mandato del amor (ver 1Jn 2,24; 3,11; 2Jn 5). El autor establece un criterio que vincula la cristología a la ética “nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida en que amamos al hermano” (1Jo 3,14)… “en esto sabemos que amamos, que aquel dio su vida por nosotros y nosotros debemos por los hermanos dar la vida” (1Jo 3,16). Esto refleja una constante en el conflicto entre el estilo “si decimos…” y el estilo “nosotros”. Para el autor de 1Jn el criterio de la ética se desprende del hecho que el Hijo se ha encarnado y nos ha mostrado el amor de Dios (1Jn 4,10). Esto expresa claramente una ruptura que lleva la fe en la Encarnación de Cristo a su verificación ética en la historia. El criterio del amor al hermano está en relación al envío del Hijo, nosotros no sabemos quién es Dios y qué es el amor sino por medio de la encarnación y por el amor real al hermano. El nosotros sostiene la fe en la Encarnación del Hijo porque de esta manera fundamenta la dimensión ética del conocimiento y de la comunión con Dios.

Además el autor señala el criterio de escuchar a los dirigentes de la comunidad “el que es de Dios nos escucha, el que no es de Dios no nos oye” (4,6) en esto reconocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error. Sobre todo aparece la primera persona plural en el mandato de amor “amémonos unos a otros” (4,7). El sujeto de esta sección es la comunidad “no en que nosotros hayamos amado a Dios sino que Éste nos amó a nosotros”. El sujeto es siempre la comunidad no el cristiano en particular, la conducta del cristiano está basada en el amor divino. En contraposición al estilo “si decimos…” de los adversarios, la experiencia de la comunidad está marcada por una ética del amor mutuo. En el texto de 1Jn 4,14 señala el autor una idea querida para el evangelista: “nosotros afirmamos y hemos testimoniado que el Padre ha enviado al Hijo para salvar al mundo”, esta confesión cristológica expresa la conciencia de que el amor es un movimiento que nace en Dios y despierta en el hombre la respuesta ética.

En resumen. Podemos decir que el estilo “nosotros” es común, tanto al evangelio como a la primera carta joánica. Es posible que este estilo “nosotros” sea un re-interpretación redaccional del último redactor eclesiástico del evangelio que representa a la tradición, que en el evangelio se identifica con la enseñanza del discípulo amado. El estilo nosotros se presenta en el evangelio como alguien que introduce glosas aquí y allá para acentuar, modificar, y expresar alguna idea que considera determinante, como es la fe en la realidad de la encarnación. En segundo lugar, el estilo “nosotros” por un lado habla de “vosotros” en el evangelio para referirse a “los judíos” adversarios externos a la comunidad joánica. Pero a diferencia del evangelio la 1Jn no se enfrenta con los “judíos” sino con adversarios internos. En 1Jn los adversarios son descritos mediante la introducción “si decimos…”, a este estilo se opone las afirmaciones del autor señalando el “nosotros” de la tradición. Los falsos cristos han salido desde nosotros, son parte de la misma comunidad joánica que entabla una amarga disputa con “anticristos”, “impostores”, etc. El estilo “nosotros” se considera portador autorizado de la tradición de la comunidad joánica (ver Jn 3,11; 1Jn 1,1). El autor entrega un criterio fundamental, la unión de la cristología con la ética del amor al hermano. Quizás este último punto sea el más significativo y característico de este comentador. Su escrito pretende ser una transmisión de la auténtica tradición del origen, a esto se debe su reiterada expresión “desde un comienzo”, por eso subraya en reiteradas ocasiones la expresión “en el principio”. En esto podemos decir que responde a la misma perspectiva teológica del discípulo amado del cuarto evangelio, quien se considera el garante de la tradición de la comunidad joánica (ver 1Jn 1,1; 2,7.13.14). Posiblemente el “nosotros” del evangelio no corresponde en todas las oportunidades que aparece a la misma generación de discípulos de la comunidad joánica pero si ambos son miembros de ésta y se consideran a sí mismos como portadores de la verdadera tradición.

 

4. Conflicto y función profética en 1Juan

Esta discusión acerca del estilo “nosotros” toma en el cuarto evangelio un carácter profético en cuanto actualiza en boca de Jesús lo que acontece a la comunidad. Este carácter profético se expresa de diversas maneras. En el evangelio, Jesús habla a la comunidad joánica actual no al auditorio del pasado. Esto se aprecia particularmente en los dichos amen de Jesús, así por ejemplo en Jn 3,11: “de cierto, de cierto te digo que de lo que sabemos, hablamos, y de lo que hemos visto , testificamos; pero no recibís nuestro testimonio”. Es a las autoridades judías en conflicto con la comunidad joánica a la que son dirigidas estas palabras de Jesús. En otros casos este carácter profético de las palabras de Jesús adquiere el carácter de profecía ex eventu como en Jn 16,2 “os expulsarán de las sinagogas, y aún viene la hora cuando cualquiera que os mate pensará que rinde servicio a Dios”. Está declaración profética del Jesús joánico dirigida a una comunidad que ya ha sufrido la excomunión de la sinagoga e incluso ha sufrido el martirio de algunos de sus miembros y debe hacer frente a la tarea de constituirse sobre sus propios fundamentos. También encontramos que el carácter profético de las palabras de Jesús se muestra en que éstas se cumplen del mismo modo que las palabras de la Escritura (ver Jn 18,39; 19,36-37)

E. Lohmeyer había ya hablado de “autoridad profética” del “nosotros” en la 1Jn (ver 1Jn 1,1.2; 4,14), y que coincide con el estilo “nosotros” de parte del cuarto evangelio (ver Jn 1,16; 3,11.33; 4,22.42; 6,69; 21,24). Este carácter profético adquiere el valor de testimonio y de transmisión de la tradición que la comunidad actualiza. Esto quiere decir que la transmisión de “lo que hemos visto y oído” no tiene el sentido de una transmisión inerte sino que es verdaderamente una re-interpretación de lo que se ha sido testigo (ver Jn 1,18). Esto es particularmente importante subrayarlo si consideramos que los adversarios son llamados “seudoprofetas”, “mentirosos”. Por consiguiente es posible que el autor de 1Jn sea conciente de una función profética, pero que no menciona en vista del mal uso que de ésta hacen sus adversarios.

Todavía más elocuentemente claro es esta característica del autor de 1Jn si consideramos que uno de los elementos distintivos de la primitiva profecía cristiana es la doctrina; la función profética es más amplia de lo que habitualmente se acepta, y se extiende: ella va desde dictar leyes, entonar cantos, exhortar y adoctrinar a la comunidad. Este último aspecto se muestra en 1Jn en relación con la perspectiva apocalíptica que domina este escrito.

a)         La crisis es entendida por el autor de 1Jn desde el trasfondo de la apocalíptica judía. Por ejemplo en 1Jn 2,18: “18Hijitos, ya es el último tiempo. Según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestara que no todos son de nosotros”. Con esto nos expresa que para el autor de 1Jn la crisis está entendida como un signo de “los últimos días”. Esta identificación de los tiempos es una característica típica del profetismo cristiano. Además el autor cree, de acuerdo a la mentalidad apocalíptica, y común al cristianismo primitivo que este fin de la historia está precedido por signos, uno de los cuales es la venida del anticristo, estos signos confirman a los cristianos de la comunidad joánica que es la última hora. El profeta adoctrina no una teoría abstracta, sino que entrega criterios éticos, el amor al hermano y realiza una hermenéutica de la historia que ayuda a su comunidad a descubrir e identificar en la historia que vive el momento salvífico. En efecto así como ocurre en Qumrán, la aparición de muchos apóstatas, mentirosos, impostores es una de las señales de los últimos tiempos. La crisis que sufre la comunidad es considerada en este marco ideológico . En este contexto, es interesante considerar la distinta manera que adoptó las comunidades joánicas de asumir la cuestión del criterio de ortodoxia. A diferencia de las comunidades paulinas que adoptaron los modelos organizativos imperantes en el mundo romano, las comunidades joánicas asumieron una vía doctrinal para discernir a los seudoprofetas, al verdadero del falso espíritu de Cristo. Para Schnackenburg en cambio no hay una experiencia profética en 1Jn y señala que el “nosotros” refleja la condición de testigos y la fuerza de la tradición . Nos parece que el carácter profético que muestra el autor de la carta no está en oposición a la tradición sino precisamente el estilo “nosotros” es profético en cuanto se considera responsable de actualizar el mensaje de vida.

b)         Para D. Aune 1Jn 4,1-3 el autor advierte contra falsos profetas; esto sugiere que el mismo autor de la carta fue considerado como divinamente inspirados. Él cree que el criterio para distinguir la verdadera profecía es si el profeta reconoce que Jesús el Cristo ha venido en la carne. Por tanto, en cuanto el autor de 1Jn si lo reconoce, entonces se constituye en un profeta auténtico. Aune se pregunta si falsos profetas es otra manera de denominar a falsos maestros (ver 2Ped 2,1). Posiblemente sea así. Sostiene Aune que la polémica sostenida en 1Jn 4,1-3,6 está señalada contra “estos profetas que llevan a apoyar una forma desviada de enseñanza opuesta a la del anciano por medio de la profecía” . En efecto, el autor se dirige a una parte de la comunidad joánica la cual se ha visto estremecida por estas luchas internas. La finalidad del autor intenta dar criterios éticos y hermenéuticos para realizar un discernimiento y poder juzgar la presencia de los anticristos.

El autor de la carta identifica la presencia del anticristo como aquellos que niegan la realidad de la Encarnación de Cristo. Pero el autor también habla del anticristo como una figura particular entre otros anticristos o seudoprofetas. Subraya su presencia actual. No como un signo por venir, sino que ya está actuando en el mundo. En el texto de 2Jn 7 se dice: “muchos engañadores han salido por el mundo”, con este término se suele considerar a falsos profetas o magos que ofrecían señales prometiendo la salvación o la felicidad al pueblo. La venida de seudoprofetas y falsos Mesías es una de las reiteradas advertencias que encontramos en los evangelios. Pero además es posible que con esto se esté indicando que estos engañadores, según el autor del escrito, no tienen un origen humano –“han salido al mundo”–, sino sobrenatural; que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne.

 

5. Conclusiones

En continuidad con la historia de las comunidades joánicas, esta comunidad, a la que se dirige este escrito, es una comunidad en crisis, dividida en facciones. El autor del escrito describe mediante el estilo “nosotros” la tradición de la cual él es portador. Los adversarios son cristianos señalados mediante un estilo “si decimos…” y por un tipo de cristianismo entusiasta, que comprende la Encarnación de manera posiblemente “funcional” en comparación a la manera como la comprende el autor de este texto. Es posible que esta cristología tuviese una visión de Cristo como un ángel o un enviado divino, según se puede apreciar en los textos de Qumrán. Además parece cierto que esta cristología acentuaba un cierto carácter gnóstico en cuanto predomina un interés por conocer las cosas divinas descuidando la ética de la vida cristiana.

Mediante el estudio de las glosas que se expresan en el estilo “nosotros” podemos afirmar que el autor de 1Jn sostiene por un lado el argumento de la tradición desde el “comienzo”, de acuerdo a esto establece un elemento de continuidad entre lo dicho y la tradición de la comunidad del discípulo amado. Posiblemente también esto refleja que los adversarios hayan introducido nuevos elementos en la comprensión de la fe cristiana. El estilo “nosotros” subraya algunos criterios fundamentales como la consecuencia ética de las afirmaciones cristológicas realizadas por sus oponentes como el conocimiento y la comunión con Dios, el vivir en la luz, la impecabilidad. El autor establece como criterio definitivo de discernimiento la vinculación entre Cristología y ética. Este criterio de comprobación de la verdadera identidad del cristiano radica en la confesión de la venida en la carne del Hijo de Dios. Este criterio entendido históricamente representa una ruptura, un factor de discernimiento para comprender una verdadera praxis cristiana. Lejos de ser entendida como una confesión puramente nominal, la Encarnación expresa una orientación de la fe en Dios hacia la ética, la cual se verifica en la práctica de la verdad y del amor a los hermanos.

El estilo “nosotros” refleja, finalmente, tanto en Jn como 1Jn una conciencia profética al transmitir y actualizar los mandatos y palabras del Señor. El autor de 1Jn entrega criterios éticos y doctrinales para comprender y discernir una identidad cristiana situada. En este sentido 1Jn presenta un modelo de consecuencia histórica que se desprende de los postulados cristológicos que confiesa la comunidad creyente.

 

César Carbullanca Núñez
Avenida San Miguel 3605
Talca
Chile
carbullanca@yahoo.com

Cf. I. ELLACURIA, Historicidad de la salvación cristiana, p.343-372, en I. ELLACURIA y J. SOBRINO (editores), Mysterium liberationis - Conceptos fundamentales de la Teología de la Liberación, Madrid, Trota, 1990.

Cf. J. A. Robinson, “Relation of the prologue to the Gospel of St. John”, en NTS 9 (1963), p.124-125; J. PAINTER, “The Opponents in 1John”, en NTS 32 (1986), p.50.

Cf. R. EDWARS, “Why Study the Johannine Epistles?”, p.112, en B. LINDARS (editor), The Johannine Literature, Sheffield, Sheffield Academic Press, 2000; R. SCHNACKENBURG, Das Johannesevangelium 1-4, Freiburg, Herder, 1979, p.46-60; R. SCHNACKENBURG, Die Messiasfrage im Johannesvangelium, p.240-264, en J. BLINZER y O. KUSS-F. MUSSNER (editores), Neutestamentliche Aufsätze - Festschrift für Prof. Josef Schmid zum 70. Geburtstag, Verlag Friedrig Pusten Regensburg, 1963; J. ASHTON, Understanding the Fourth Gospel, Oxford, Clarendon Press, 1991, p.160-174; R. BROWN, La comunidad del discípulo amado - Estudio de la eclesiología joánica, Salamanca, Sígueme, 1991, p.165-175; G. SCHTRECKER, Theology of New Testament, New York-Berlín, Walter de Gruyter, 2000, p.483.

Cf. J. PAINTER, The Opponents in 1John, p.48.

Cf. U. SCHNELLE, Antidocetic Christology in the Gospel of John, Minneapolis, Fortress Press, 1992, p.63-70.

W. KÜMMEL, Introduction to the New Testament - revised edition, SCM Press, 1987, p.440-441.

Cf. EDRWARS, The Johannine, p.156-157.

E. SCHILLEBEECK, Cristo y los cristianos, Madrid, Cristiandad, 1982, p.339.

Cf. D. FRANKFURTER, Elijah in Supper Egypt - The apocalypse of Elijah and Early Egyptian Christianity, Minneapolis, Fortress, 1993, p.122-123; Ch. A. GIESCHEN, Angelomorphic Christology - Antecedents & Early Evidence, Leiden, Brill, 1998, p.161-169.

Cf. J. A. T. ROBINSON, The Relation of the prologue to the Gospel of St. John, p.124-125; E. LOHMEYER, “Über Aufbau und Gliederung des ersten Johannes-briefes”, en Zeitschrift für die neutestamentliche Wissenschaft/ZNW, 27 (1928), p.225-263; J. GNILKA, Teología del Nuevo Testamento, Madrid, Trotta, 1998, p.253.325-326; E. SCHWEIZER, Theologische Einleitung in das Neue Testament, Göttingen, Vandenhoeck & Ruprecht, 1989, p.143.

R. BULTMANN, Das evangelium des johannes, Göttingen, Vandenkoeck & Ruprecht, 16. edición, 1959, p.46.

Cf. E. KÄSEMANN, “Aufbau und Anliegen des johannesichen Prologs“, p.155-180, en E. KÄSEMANN, Exegetische Versuche und Besinnungen, Göttingen, Vandenhoeck & Ruprecht, 6.edición, 1970.

J. PAINTER, “Christology and the History of the Johannine Community in the Prologue of the Fourth Gospel”, en NTS 30 (1984), p.468.

Cf. J. PAINTER, The Opponents in 1John, p.65. Ésta es la posición de Painter; R. BROWN, Giovanni, Assisi, Cittadella Editrice, 5.edición, 1999, p.42-44.

Ch. K. BARRET, El evangelio según san Juan, Madrid, Cristiandad, 2003, p.217

Cf. nota 5.

R. BROWN, Giovanni, p.172-173.

Cf. D. AUNE, Prophecy in Early Christianity, p.164-165.

Cf. R. BULTMANN, Das evangelium des Johannes, p.139. Nota 6 a pie de página p.555.

Cf. Ph. VIELHAUER, Historia de la literatura cristiana primitiva, Salamanca, Sígueme, 1981, p.469.

Ch. K. BARRET, El evangelio según san Juan, p.897.

Cf. D. AUNE, Prophecy in early Christianity and the ancient Mediterranean World, Gran Rapids, William b. Eerdmans Publishing Company, 1991.

Cf. D. AUNE, Prophecy in Early Christianity, p.164-165.

Cf. J. BLANK, Krisis - Untersuchungen zur johanneischen Christologie, Freiburg, Lambertus-Verlag, 1964, p.56-63; R. BULTMANN, Das Evangelium des Johannes, p.104. U. MÜLLER, Die Geschichte der Christologie in der johanneische Gemeinde, Stuttgart, KBWVerlag, 1975, p.26.

E. LOHMEYER, “Über Aufbau und Gliederung des ersten Johannes-briefes“, em Zeitschrift für die neutestamentliche Wissenschaft/ZNW 27 (1928), p.233.

Cf. J. PAINTER, The Opponents in 1John, p.51.

Cf. R. SCHNACKENBURG, Cartas de San Juan - Versión, introducción y comentario, Barcelona, Herder, 1980, p.94.

Cf. D. AUNE, Prophecy in Early Christianity, p.224-225.

D. AUNE, Prophecy in Early Christianity, p.225.