Ministerios, diakonía y solidaridad en la literatura lucana (Lucas y Hechos)
Franklyn Pimentel-Torres
Resumen
En este artículo el autor hace un análisis de tres términos directamente relacionados con la praxis de las comunidades cristianas: ministerio, servicio y solidaridad. Parte del hecho de que, según la literatura lucana, la divinidad cristiana asume un ministerio y un servicio solidario. Lo mismo hace Jesús durante su ministerio público. Posteriormente a la muerte de Jesús, también sus discípulos y discípulas asumen diferentes ministerios de servicio y solidaridad. Termina el artículo haciendo una actualización socio-pastoral de la reflexión realizada para la vida de las comunidades cristianas de base de hoy.
Abstract
In this article the author makes an analysis of three terms directly related with the practice of the Christian communities: ministry, service and solidarity. It leaves of the fact that, according to the lucan literature, the Christian divinity assumes a ministry and a solidarity service. The same thing makes Jesus during their public ministry. Later on to Jesus' death, also their pupils assume different ministries of service and solidarity. He finishes the article making a pastoral application bring up to date of the reflection carried out for the life of the Christian communities of today.
Introducción
En un mundo en el que crece el individualismo en las relaciones y en las estructuras sostenidas por el proyecto neoliberal excluyente, es de vital importancia reflexionar sobre el estilo de vida de las primeras comunidades cristianas, con la intención de buscar luz y orientaciones para la vivencia de las congregaciones y comunidades cristianas de hoy.
La reflexión sobre los ministerios asumidos en las diferentes comunidades de fe es un elemento fundamental para la realización de los servicios que se conviertan en una expresión de solidaridad sobre todo con las y los excluidos de nuestras comunidades y sociedades latinoamericanas y caribeñas.
1. Una divinidad que asume un ministerio y un servicio solidarios
En la literatura lucana se presenta a la divinidad cristiana como alguien que ejerce un ministerio de servicio y solidaridad, en favor de aquellas personas que se sienten sin esperanza, mal vistas y rechazadas por la sociedad.
Isabel, la madre de Juan el Bautista, proclama, después de saberse embarazada, que el Señor se fija en ella, pone en ella su mirada para quitar la afrenta, el oprobio, la vergüenza que tenía entre la gente de su pueblo (1,25). Isabel cree en una divinidad que es capaz de fijarse, de poner sus ojos, que le preocupa la situación de una mujer, pobre, vieja, que ya no tenía esperanza de tener descendencia. La llegada de su hijo supuso una nueva primavera para su vida. Su existencia recobró nuevo sentido. Por eso los vecinos y sus parientes oyeron, dice el texto, que “El Señor había engrandecido su misericordia con ella y se regocijaban con ella” (1,58). Es por tanto una divinidad con capacidad de sentir con la situación de la mujer excluida.
María, la madre de Jesús, es una mujer servidora, que asume un ministerio de servicio; se va a la región montañosa de Judea, donde su prima Isabel, para asistirla durante los últimos tres meses de gestación (1,56).
María, llena de alegría, proclama su fe en la divinidad que inspira su vida. Tal como lo había experimentado anteriormente Isabel, María siente que hay una divinidad que pone sus ojos sobre las personas que se involucran en su proyecto de servicio y solidaridad. Por esto María proclama que éste puso sus ojos sobre la pequeñez de su servidora (1,48). Por esto, María puede sentirse felicitada por todas las generaciones.
La divinidad tiene sentimientos humanos de misericordia para quienes le “temen”; es decir, para quienes le aman y se identifican con su proyecto de vida en abundancia para todas las personas y en especial para las y los débiles, empobrecidos/as y excluidos/as.
La misericordia divina es un elemento fundamental para comprender las motivaciones del servicio que realiza la divinidad cristiana, comprometida con la calidad de vida de todas las personas excluidas y marginadas.
La divinidad tiene un ministerio político; no sólo se fija en las necesidades personales, como en el caso de María e Isabel, sino que tiene en cuenta la violencia estructural que ejercen las y los poderosos sobre las y los humildes. Por eso esa divinidad está comprometida con la causa de los/as débiles. Él es poderoso. Pero no utiliza su poder como las demás divinidades identificadas con el poder imperial del faraón de Egipto y de los demás reyes del Medio Oriente que siempre orientan sus políticas para favorecer los intereses de su familia y de sus allegados y allegadas (quienes son de su partido, de su grupo, de una religión al servicio de la opresión). Más bien utiliza “el poder de su brazo” para enfrentar a los poderosos y defender la causa de las personas humilladas, empobrecidas y excluidas por éstos. La divinidad es capaz de desbaratar los planes de los soberbios (el griego original dice que la divinidad “dispersa a las y los arrogantes en sus pensamientos y su corazón”) cuando éstos traman la opresión y la muerte a destiempo de las y los débiles y de sus profetas y defensores.
La divinidad cristiana, tal como es presentada en Lucas (1,51-53) tiene tanto poder que es capaz de destronar a los poderosos y en su lugar colocar a las y los pequeños y débiles (1,52). Y por si no estuviera claro quiénes son estos pequeños y pequeñas, se dice a continuación que la divinidad colmó de bienes a las y los hambrientos y despidió vacíos a los ricos (1,53).
Es una divinidad que adopta como hijo a un pueblo llamado Israel, a quien socorre porque tiene memoria de su actuar misericordioso en la historia de ese pueblo. Es una divinidad que habla con los “padres de familia” de Israel, representados por Abrahán y mantiene su misericordia de generación en generación (1,54-55).
Zacarías, el padre de Juan el Bautista, al contemplar la maravilla de poder tener un hijo en su vejez define las características del Dios de Israel (1,68ss). De nuevo, habla del Dios que visita, que interviene en su pueblo, liberándolo, rescatándolo, dando vida (es un Dios go‘el), y hace suscitar un poderoso Salvador en la casa de David. Es una divinidad que salva y libera de los enemigos, que tiene compasión de su pueblo, tal como lo hizo con los/as antepasados, de acuerdo a la alianza (1,72) de vida, de bienestar y de amor que hizo con ellos y ellas.
La divinidad requiere que las y los creyentes se involucren en su Proyecto de vida abundante, de salvación y liberación. Por eso pide servir a su proyecto con “santidad y justicia” (1,75).
La divinidad nos trae la luz de un sol que ilumina a quienes viven en las tinieblas y que guía los pasos del pueblo por el camino de la paz, es decir de la vida plena.
2. Personajes del NT que anteceden a Jesús y que ejercen un ministerio
María de Nazareth e Isabel realizan el significativo servicio de gestar en su vientre a dos profetas comprometidos con el proyecto salvador y liberador de Dios. Dan a la luz a Juan el Bautista y a Jesús de Nazaret, cumplen un ministerio fundamental para la historia de la salvación.
Ambas mujeres embarazadas, María e Isabel, se hacen compañía durante, al menos tres meses, hasta que ocurrió el nacimiento de Juan el Bautista. María deja su casa de Nazaret, aun estando en estado de gestación y se va a servir y a acompañar a Isabel que estaba en un estado de gestación que requería un mayor cuidado, si tenemos en cuenta su avanzada edad (1,56).
Juan el Bautista realizará un ministerio guiado por el Espíritu (1,15) y tendrá un ministerio de reconciliación popular, de hecho “hará que muchos de la nación de Israel se vuelvan al Señor su Dios” (1,16). Como profeta, al estilo de Elías, Juan tendrá la misión de ayudar a recomponer las relaciones intrafamiliares, reconciliando a los padres/madres con los hijos e hijas (1,17).
Zacarías, habla de su hijo como profeta que prepara el camino del Señor y anuncia el proyecto de salvación, que incluye el perdón y la liberación de los pecados (1,77). Más adelante, Lucas define el ministerio de Juan como un predicador que recorre los lugares junto al río Jordán, invitando a la conversión para el perdón de los pecados (3,3).
En su predicación Juan intenta sacudir las conciencias dormidas, presentando la conexión que debe existir entre vida religiosa y compromiso ciudadano y socio-político. Por eso, no tiene reparos en llamar a su gente “raza de víboras” (3,7), que quieren dormirse en los laureles, creyendo que son hijos e hijas de Abraham y que por eso ya están salvados y salvadas. Pues de lo que se trata es de dar frutos de amor y justicia (3,9). Y esos frutos se muestran en la capacidad de compartir la comida, el vestido con quien no los tiene (3,11), en no abusar de la gente ni tratarlos con violencia en el caso de los cobradores de impuestos y de los soldados, puestos por el imperio romano para imponer sus reglas de juego (3,13-14).
Juan Bautista, como profeta, no tiene miedo en denunciar las injusticias cometidas por los poderosos de su pueblo. Por eso enfrenta, de forma decidida, a Herodes Antipas, denunciando todo lo malo que había hecho (3,19); entre estas acciones malvadas estaba la de tener entre sus concubinas a la mujer de su hermano Filipo. Esta denuncia le costó la vida al Bautista.
3. Jesús realiza un ministerio de servicio desde y con las y los empobrecidos y excluidos
En el texto en el que se habla del anuncio del nacimiento de Jesús, podemos descubrir un residuo de la teología monárquico-sacerdotal que produjo muchos textos del AT, que consideran a la divinidad judía como el principal rey de Israel. Se dice que Jesús, “será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo, y Dios, el Señor, lo hará Rey, como su antepasado David, para que reine por siempre sobre el pueblo de Jacob. Su reinado no tendrá fin” (1,32-33).
La tradición que llegó a Lucas, provino, probablemente, de aquellos círculos judíos que creyeron que Jesús era el príncipe real, quien les iba a liberar del dominio de los romanos y que restauraría la monarquía davídica que se había interrumpido desde principios del siglo VI a.C. En esa tradición, tal como ocurría en otros pueblos del Medio Oriente, el Rey era considerado como hijo del Dios principal. En Israel, hijo del Dios Yahveh.
En el momento en el que el infante Jesús es presentado en el templo Simeón habla del ministerio que asumirá en el futuro el niño; es decir, habla de su misión. Con su mirada clarividente habla del niño como una señal de contradicción, ante el cual las personas quedan al descubierto, al desnudo, sin caretas. Su misión tiene que asumir la conflictividad y el dolor. Hasta la familia de Jesús, y en concreto su madre, tendrá que enfrentar una realidad dolorosa; por eso se afirma: “esto va a ser para ti como una espada que atraviese tu propia alma” (2,35).
A los 12 años Jesús acompaña a su madre y a su padre al templo de Jerusalén. Suponemos que haya realizado la ceremonia judía del bar mitzvah, que era celebrada a esta edad y en la que el padre de familia le entregaba, de forma simbólica, el rollo de la Torá, al niño o a la niña, diciéndole que hasta ese momento le había enseñado a guardar la ley de Dios y que a partir de entonces, él o ella, se convertía en responsable de guardarla y practicarla por sí mismo o por sí misma. De esta manera, Jesús aprendió tan bien la lección, que al regresar su familia a Jerusalén decidió quedarse en el templo de Jerusalén dialogando con los maestros de la ley. Cuando es interrogado por su madre y padre sobre su conducta, simplemente expresa su conciencia de estar realizando su ministerio: “¿por qué me buscaban, no saben que tengo que ocuparme de los asuntos de mi Padre”? (2,49).
3.1 El diablo tiene también su ministerio
Lucas reproduce el texto de la fuente Q que habla de las tentaciones realizadas por el diablo a Jesús (4,1-13). El diablo realiza una tarea con la que intenta persuadir y seducir a Jesús. Mientras el Espíritu de Dios lo lleva al desierto para prepararse a la misión que se le había encomendado, el diablo aprovecha la ocasión para hacer su trabajo e intentar disuadirlo para que no asuma su ministerio, su servicio.
La primera tentación está dirigida a una persona hambrienta (4,2). Esta está dirigida a convertir en pan, las piedras. De otras maneras, a comer sin trabajar, resolviendo las necesidades básicas de forma mágica. Jesús rechaza la tentación usando un texto de Dt 8,2-4.
En la segunda tentación el diablo oferta poder y riquezas, a cambio de adorar al diablo, de quienes son - según señala el texto - las riquezas. Por esto, él la da a quien quiere; a quienes se involucran en su proyecto. Jesús, de nuevo, rechaza la tentación, utilizando otro texto de la escritura (Dt 6,13).
La tercera tentación buscaba probar a Dios, al pretender obligarlo a enviar a sus ángeles a proteger a Jesús, cuando éste se tirara hacia abajo, desde la parte más alta del templo. Jesús rechaza, por tercera vez, la tentación, aludiendo, de nuevo, a otro texto de la Escritura.
El texto señala, al final, que el diablo no se dio por vencido, sino que se alejó hasta encontrar otro momento oportuno (kairós) para continuar realizando “su ministerio” de seducir a Jesús y convertirlo en su discípulo y seguidor de su proyecto.
3.2 Jesús realiza un ministerio de servicio en la vida pública
El texto de Lc 4,14-30 ha sido considerado por las y los estudiosos de la Biblia como un escrito propio lucano, que se considera un texto básico para entender la obra lucana en su conjunto. En él Jesús expresa su convicción de ser guiado por el Espíritu para dar buena nueva a las y los pobres, para dar la vista a los ciegos, poner en libertad a la gente oprimida y anunciar el año de la gracia del Señor (Lc 4,18-19). Está consciente de asumir un ministerio de servicio y de solidaridad que beneficia a quienes están en condiciones más desfavorables en la sociedad.
Debemos destacar que Jesús considera su ministerio como un servicio integral a las personas empobrecidas, excluidas, oprimidas. No se trata de un discurso que se queda en el ámbito meramente religioso, sino que incide en toda la vida de las personas.
En el contexto de la sinagoga de Nazaret Jesús declara, después de haber leído el texto de Is 61,1-3, que en su persona se cumple lo que anunciaba el profeta Isaías (4,21). Esto provoca reacciones encontradas en la gente. No obstante, prevalece el de la incredulidad de que el muchacho del pueblo pudiera aplicarse tal profecía. Jesús se da cuenta de la situación y recuerda a la gente que algo parecido pasó con dos antiguos profetas, Elías y Eliseo, quienes también tuvieron problemas para ser acogidos en su tierra. Al final quieren linchar a Jesús. No obstante, el evangelista señala que Jesús siguió su camino, como señalando que todavía no había llegado el momento en el que el profeta Jesús fuese asesinado de forma violenta, como ocurriría más adelante.
Esta conciencia sobre la misión de Jesús viene expresada, también, en la respuesta que da Jesús a las personas enviadas por Juan el Bautista para cuestionarlo sobre su identidad (7,20). El texto señala que en esos momentos Jesús realizaba algunas acciones propias de su servicio de y su ministerio solidario con las y los necesitados. Entonces Juan señala (7,22): “vayan y díganle a Juan lo que han visto y oído. Cuéntenle que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de sus enfermedad; los sordos oyen, los muertos vuelven a la vida y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.”
Debemos destacar la conciencia que tenía Jesús de que su predicación y su praxis iban a provocar conflictos que tenían que ser asumidos. Su propuesta de vida alternativa, presentada como “Reinado de Dios”, tenía que provocar la reacción de los reyes de este mundo y de quienes no pueden sostener su estilo de vida, sino sobre la base de la injusticia y la explotación de los hermanos y hermanas más débiles y excluidos.
Jesús enfrenta no sólo a las personas responsables de la opresión y la exclusión, sino que se enfrenta con los mismos espíritus malignos o demonios que mantienen oprimidas a las personas. Es por eso que estando en la sinagoga de Cafarnaún (4,31-37) un espíritu maligno pregunta a Jesús las razones por las que se mete con ellos. Y reconocen que Jesús puede destruirlos, ya que, según señala el espíritu maligno, es el “Santo de Dios” (4,34). Y la gente reconoce que Jesús hablaba (4,32) y enseñaba con autoridad (4,36).
En 7,11-17 Lucas nos narra un hecho ocurrido en un pueblecito llamado Naín, en donde Jesús revivió a un muchacho, hijo único de madre viuda, en el momento preciso en que lo llevaban a enterrar. Jesús pone su mirada en la madre del muchacho, siente compasión por ella y lo primero que sale de sus labios es una palabra de aliento: “no llores” (7,13). Luego Jesús se dirige al muerto, invitándole a levantarse; el muerto recupera el habla y Jesús se lo entrega a su madre. Y la gente asombrada exclama: “un gran profeta ha aparecido entre nosotros/as… Dios ha venido a visitar a su pueblo” (7,16 ).
3.3 Jesús asume un ministerio que sale en defensa de la mujer excluida
En el evangelio lucano encontramos varios textos en los que Jesús realiza acciones solidarias en favor de mujeres despreciadas, enfermas y excluidas de la sociedad por diferentes motivos. En 7,36-50, se narra el hecho sucedido mientras Jesús se encontraba en la casa de un fariseo que le invitó a comer. La mujer entra, y como un gesto de cortesía y de arrepentimiento comienza a ungir los pies de Jesús con perfume. Y aunque el fariseo critica, en sus adentros, la acción, Jesús, con una comparación traída de la vida, intenta hacer entender al maestro de la ley, cuál es la mejor forma de reaccionar ante la presencia de la mujer que reconoce su pecado. El Maestro galileo defiende a la mujer, le perdona los pecados, reconoce su fe y le manda a ir en paz a su casa (7,50).
Probablemente, para la sociedad, la mujer de este relato seguirá siendo la mujer prostituta, excluída. Para Jesús es una persona que, por su fe, se puso en el camino del cambio, de la liberación. Para la mujer arrepentida de su estilo de vida, éste ha sido un día de liberación y de salvación. Por eso se puede ir reconciliada y en paz a su casa. El fariseo, cegado por el impulso de seguir unas normas que no tienen en cuenta las necesidades concretas de las personas, sin embargo, sólo se queda en la crítica y no llega a alcanzar la felicidad y la paz que Jesús propone.
Las mujeres, en el evangelio lucano, no sólo son servidas por Jesús, sino que ellas mismas comparten el ministerio del Maestro (8,1-3). Algunas que han recibido los beneficios de su ministerio liberador, se convierten en soporte de la misión evangelizadora, pues “le servían con sus bienes” (8,3).
En 13,10-17 se nos narra la curación en día sábado de una mujer que durante 18 años estuvo poseída por un espíritu que la mantenía enferma y tan encorvada que no podía alzarse y ni siquiera mirar a las personas de frente. Mientras el Maestro está enseñando en la sinagoga, fija su mirada en una mujer que por su talante físico le llamó a la atención. Jesús la llama y si que medien palabras previas le dice: “mujer, quedas libre de tu mal” (13,12). La toca y enseguida la mujer se endereza. Recupera su palabra y su dignidad y se pone a dar alabanzas al Dios de Jesús que se ha acordado de ella y la ha liberado, trasgrediendo las rígidas leyes de la celebración del sábado, en el judaísmo post-exílico.
Jesús, una vez más, tiene que enfrentar la reacción de los observantes de la ley, representados por el presidente de la sinagoga, que consideran que es más importante observar la ley del sábado que curar a una persona que estaba “atada por Satanás desde hacía 18 años”. No obstante, la reacción de la gente confirma la acción favorable de Jesús a favor de la mujer encorvada: “toda la gente estaba feliz por tantas maravillas que él hacía” (13,17).
En una ocasión en que Jesús estaba en el templo, se da cuenta de que a la hora de la ofrenda se hace evidente, una vez más, las diferencias que existen entre las clases enriquecidas y las más excluidas. La ofrenda de los ricos es bien vista. De hecho, según la mentalidad de entonces, ellos son los bendecidos por Dios, por esto pueden dar dinero abundante. La viuda, en cambio, desprotegida por ser mujer y por ser viuda, sólo echa lo que necesita para vivir. Y contrario a lo que se creía, Jesús declara que ella realmente aportó más que los demás, porque compartió todo lo que necesitaba para vivir, probablemente los recursos que necesitaba para comer ese día (21,1-4).
3.4 Un ministerio al servicio de la gente considerada como pecadora
El evangelio lucano, en 15,1-3, nos habla de la cercanía de Jesús hacia la gente de mala fama que se le acercaban para oírlo. Mientras tanto era criticado porque recibía a los pecadores y comía con ellos y ellas; es decir porque se juntaba con quienes se consideraban más necesitados y necesitadas de la misión salvadora y liberadora de Jesús.
Jesús defiende su ministerio de cercanía a la gente considerada pecadora por la “buena sociedad”, porque “hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos y que no necesitan convertirse” (15,710).
Jesús defiende la importancia del servicio de buscar cada oveja perdida, aunque la mayoría (las noventa y nueve) permanezcan en el redil (15,4-6).
3.5 El ministerio de la conscientización social sobre el peligro de las riquezas no compartidas
Es el evangelio lucano, y el Jesús lucano, el que más insiste sobre el peligro que representa para la vida cristiana el deseo de acumular bienes, de acapararlos, despojando a las y los más pobres de los mismos. Por eso Jesús señala: “cuídense ustedes de toda avaricia; porque la vida no depende del poseer muchas cosas” (12,15). Y pone la parábola de aquel rico que tuvo una gran cosecha y pensó que podía dedicarse a vivir de sus bienes durante muchos años: comiendo, bebiendo, descansando, y gozando de la vida… Pero ese mismo día Dios le anunció que perdería la vida y que todo su esfuerzo sería en vano. ¿De qué le servirían los bienes acumulados? (12,21).
Jesús advierte a sus discípulos y discípulas de no imitar a los fariseos, que son amantes del dinero, y les hace una invitación muy explícita: “les aconsejo que usen las falsas riquezas de este mundo para ganarse amigos, para que cuando las riquezas se acaben, haya quien los reciba a ustedes en las viviendas eternas” (16,9).
En la parábola de Lázaro y el rico, expuesta por Jesús (Lc 16,19-31), se critica al rico por su estilo de vida de lujo y de derroche, mientras que no se apiada de la situación del pobre Lázaro, hambriento y enfermo que había sido tirado en la puerta principal de la casa del rico, esperando que tal vez se compadeciera de él y le diera al menos algo de comer.
Al cerrar el telón de la vida terrenal la situación de los dos personajes cambia diametralmente. El que no tenía puesto en la mesa del rico, ahora ocupa el puesto de honor en la mesa junto a Abraham. Y aunque el rico quisiera participar, ahora ya no puede, porque hay un abismo que le impide pasar al otro lado en donde están Abraham y Lázaro.
En definitiva, la parábola es una invitación urgente a judíos y cristianos enriquecidos para que se conviertan a tiempo y atiendan a las necesidades de las y los empobrecidos, antes de que pierdan la oportunidad de vivir la solidaridad con las y los empobrecidos y débiles.
En Lc 19,1-11 nos encontramos con la narración del encuentro entre Jesús y Zaqueo. No sabemos lo que hablaron Jesús y Zaqueo durante su conversación en la estadía en su casa. Lo que sí sabemos son las consecuencias de esta visita: “voy a dar a los pobres la mitad de todo lo que tengo; y si le he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más” (19,8). Zaqueo, por ser jefe de los cobradores de impuestos, había tenido la oportunidad de enriquecerse porque seguramente había cobrado en impuestos más de lo estipulado por el imperio romano. Así que, como señalan algunos y algunas comentaristas, Zaqueo iba a necesitar tomar dinero prestado para poder cumplir con su promesa de dar la mitad de sus bienes a las y los pobres y devolver cuadruplicado lo que había robado.
Tómese en cuenta que Zaqueo no simplemente dice que va a dar una limosna a los pobres, como suele suceder con aquellas personas o instituciones enriquecidas a costa del sudor de las y los excluidos y que después le dan una limosna para querer disimular el robo, la concentración de los recursos y la expropiación de los bienes de los más débiles. Zaqueo sabe que la mayor parte de sus bienes son el fruto del robo y la extorsión. Es por eso que Jesús expresa que con la decisión de Zaqueo ha llegado la salvación a su casa (19,9) y también a todas aquellas personas que fueron despojadas y extorsionadas por él y a las y los pobres que recibirán parte de sus bienes.
El ministerio de solidaridad de Jesús llega hasta el extremo que él considera su muerte como expresión de entrega. Por eso en la oración que hace sobre el pan, en la cena de despedida, dice: “esto es mi cuerpo, entregado a muerte a favor de ustedes…” (22,19). Luego, en la oración que hace sobre la copa, señala: “esta copa es la alianza nueva sellada con mi sangre, la cual es derramada a favor de ustedes” (22,20).
En las apariciones del Jesús resucitado (24,13ss) éste se sigue mostrando como alguien que realiza un ministerio al servicio de su comunidad. A los discípulos de Emaús, que vienen desanimados por el camino, el resucitado les acompaña, les anima y les ayuda a entender las Escrituras (24,25-27).
El servicio de ponerse en el camino de una persona; el darse tiempo para escuchar las causas por las que se ha perdido la esperanza, el saber discernir sobre las mejores estrategias para el acompañamiento de una persona o de una comunidad que ha perdido la esperanza… es una tarea que requiere capacidad de discernimiento para ofrecer el servicio adecuado que requiere la comunidad.
Sus palabras eran tales que fueron capaces de estimular el corazón de los peregrinos de Emaús (24,32). El resucitado vuelve a compartir la mesa. No es un extraño; es alguien tan familiar como para compartir la mesa en donde se renuevan las fuerzas para retomar el ánimo, para volver a la comunidad y continuar anunciando el mensaje, para seguir proponiendo los valores y el estilo de vida de Jesús de Nazaret, crucificado por los sectores del poder económico-político y religioso y resucitado por la fuerza del Dios de la vida.
4. El ministerio de los discípulos y las discípulas de Jesús
En la literatura lucana encontramos abundantes textos que nos hablan de ministerios, de servicio y de solidaridad, destacando la propuesta del Jesús lucano de una priorización de ese servicio a la gente más necesitada, empobrecida y excluida de la sociedad, por diversos motivos.
El evangelio lucano nos narra que después de una pesca considerada como milagrosa realizada por los discípulos en el lago de Galilea, Jesús les anuncia que en adelante, quienes hasta entonces habían sido simples pescadores, considerados socialmente como gente impura, despreciable, serán en el futuro “pescadores de seres humanos” (5,10). Se trata de un cambio significativo en el trabajo. Si antes la tarea era fundamentalmente luchar diariamente por conseguir el sustento propio y de la familia, ahora se trata de buscar el Reino de Dios y su justicia, con la conciencia de que todo lo demás vendría como consecuencia….(12,31).
Las mujeres, en el evangelio lucano comparten el ministerio evangelizador de Jesús (8,1-3). Estas se convierten en soporte de la misión evangelizadora, pues “le servían con sus bienes” (8,3).
Quienes ejercen el ministerio tienen el desafío de romper con la imagen tradicional de la familia patriarcal judía. Desde ahora la verdadera familia del discípulo o de la discípula serán aquellas y aquellos que compartan la misión de construcción del Reino de Dios y se involucran el mismo. Por eso hasta la madre de Jesús y sus familiares más cercanos tienen que convertirse en discípulos o discípulas que escuchen la Palabra y la hagan práctica cotidiana en sus vidas (8,21).
El evangelio lucano nos habla de dos envíos misioneros que Jesús hace. Primero se envía a los Doce (9,1ss) y luego, ampliando el equipo misionero, a otros/as 72 discípulos y discípulas. En ambos envíos se hace alusión en primer lugar a la misión a realizar: se trata de anunciar el Reino de Dios, que va acompañado del poder para curar las enfermedades y expulsar los malos espíritus que esclavizan a las personas (9,1-2.6; 10,9.11); y se les envía porque hay una urgencia, pues la “cosecha es abundante, pero los obreros y obreras son pocos y pocas” (10,2). La misión se tiene que realizar en medio de situaciones difíciles y complejas; por eso son enviados y enviadas como “corderos en medio de lobos” (10,3).
Los misioneros y misioneras deben tener un estilo de vida simple, tal como corresponde a la misión realizada en medio de gente excluida por diversos motivos, y empobrecida. En el envío de los Doce, se les dice: “no lleven nada para el camino: ni bolsa colgada del bastón, ni pan, ni plata, ni siquiera un vestido de repuesto” (9,3). A los 72 se les hacen unas exigencias parecidas: “no lleven monedero, ni bolso, ni sandalias, ni se detengan a visitar a gente conocida” (10,4).
En el ministerio puede haber dificultades. De hecho ya Jesús había prevenido a sus enviadas y enviados, advirtiéndoles sobre los posibles obstáculos que encontrarían en el camino (10,3). Una de esas dificultades puede ser la falta de acogida del mensaje anunciado y de los mismos enviados de Jesús. Ante esta situación no hay que desanimarse ni echarse atrás; es preciso continuar, sin dejar de hacer saber que, a pesar del rechazo que pueda presentar un determinado grupo, el proyecto del Reino se sigue anunciando y se siguen realizando las acciones de solidaridad (curaciones, liberación de espíritus malignos…) que confirman que el proyecto del Reino de Dios se sigue desarrollando, a pesar de las dificultades encontradas. El sacudirse el polvo de las sandalias en el pueblo que no quiere aceptar el mensaje, es un signo simbólico de que el rechazo no va a impedir que se siga avanzando y se continúe el anuncio del mensaje de vida de calidad a otros pueblos.
En el ministerio puede darse el hecho de que los enviados y enviadas no entiendan del todo cuál es el servicio que deben realizar. Es en ese momento cuando es necesario un liderazgo comunitario identificado con el Proyecto del Reino, que sea capaz de recordar las exigencias del compromiso ministerial asumido. En la ocasión en que la gente que seguía a Jesús estaba hambrienta, hay una propuesta de los discípulos para que se despida la gente (9,12). Pero Jesús no está de acuerdo con esa propuesta e invita a los discípulos a dar de comer a la gente (9,13). Y los que querían desentenderse de la gente, luego se convierten en sus servidores de la mesa del pueblo, cuando el pan es multiplicado, da para todos y todas, y hasta sobra (9,15b).
En el texto de las bienaventuranzas, según la versión lucana, Jesús se dirige a discípulos y discípulas, empobrecidos y empobrecidas, que han asumido su ministerio en el proyecto del Reino. En ocasiones no podrán ni siquiera satisfacer las necesidades básicas; podrán sufrir hambre; en ocasiones las dificultades les llevarán a expresar su malestar e impotencia llorando; recibirán el odio de la gente, la expulsión, los insultos; e incluso llegarán a considerarles como unos delincuentes, tal como hicieron con los antiguos profetas, “a causa del Hijo del Hombre” (6,22).
En la realización del ministerio encomendado es necesario hacer un esfuerzo para no buscar beneficios ni prestigios personales, ni poder que no esté al servicio de la misión. Es por eso que es necesario hacerse pequeño, como un niño o una niña, marcado por la sencillez y el deseo de servicio.
Los discípulos y discípulas que quieran seguir al Jesús de Nazaret tendrán que tener en cuenta que el ministerio tiene sus exigencias; en ocasiones tendrán que compartir la dureza de la misión y, como sucedió con Jesús, no tener donde “reclinar la cabeza” (9,58); en otras ocasiones tendrán que liberarse de las ataduras que impone la propia familia que impiden realizar el ministerio con toda la entrega que éste demanda, y habrá que “dejar que las y los muertos entierren a su muertos y a sus muertas” (9,60). En otras situaciones será necesario tomar decisiones radicales que supongan dar un giro en la vida, porque, según las palabras del Maestro, “Quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios” (9,62).
Los discípulos y discípulas de Jesús tendrán que diferenciarse de la práctica del grupo de los fariseos, y de los sacerdotes y otros ministros ligados a las prácticas del Templo, pues existe la tentación de que las y los discípulos de Jesús pierdan su identidad y se conviertan en seguidores y seguidoras de la religión del templo. Por ello tienen que están atentos y atentas a:
- Vivir en transparencia, entre lo de dentro y lo de fuera, entre lo interior y lo exterior (cf. 11,39-40).
- No imitar a quienes son seguidores y seguidoras de la religión del Templo, que promueve las prácticas cultuales, pero descuidan la práctica del amor y la justicia (11,42).
- No buscar los primeros puestos, ni buscar la propia fama (11,43) en la realización del ministerio.
- No imponer cargas pesadas a la gente que las y los líderes no asumen (11,46).
- Pretender disimular y esconder la práctica de persecución y asesinato de las y los profetas (11,47-48).
- No adueñarse de las “llaves del saber”, sino compartir el saber como posibilidad de crecimiento y de empoderamiento comunitario (11,52).
Una de las actitudes fundamentales de quien ejerce un ministerio debe ser la práctica de los valores de la compasión, el amor y la solidaridad. Por eso, en la parábola del Buen Samaritano (10,25-37), mientras que los ministros del templo, el sacerdote y el levita, se limitaron a ver, tomar el otro lado de la carretera y seguir su camino (10,31-32), es el considerado despreciado y descendiente de inmigrantes e impuro, el samaritano, quien es capaz de realizar todo un proceso que lo lleva a asumir la práctica solidaria con el herido que está en el borde del camino que va de Jerusalén a Jericó: ver al herido, acercársele, curar sus heridas y vendarlas, montarlo sobre su propio animal, llevarlo a una posada, encargarse de cuidarlo hasta su restablecimiento (10,34-35). Es por eso que Jesús dice al Maestro de la ley: “vete y haz tú lo mismo” (10,37).
Uno de los elementos que más es destacado en el evangelio lucano es la prevención de que quienes ejercen un ministerio de servicio en la comunidad se dejen llevar por el ansia de acumular riquezas, imitando la conducta de quienes buscan los bienes y recursos sin importar los medios utilizados para ello. La propuesta es despojarse de lo que se tiene y compartirlo con los más necesitados y excluidos, a quienes pertenece lo que algunos y algunas acumulan usando todos los medios para cometer tal injusticia.
Al compartir la vida y la mesa, Jesús propone que sus discípulos y discípulas se conviertan en servidores y servidoras de la mesa de las y los pobres e impedidos sociales. Dicha acción no quedará sin recompensa en la resurrección de las personas justas (14,14).
Quienes pertenecen a las clases enriquecidas también están invitados e invitadas a convertirse en servidores y servidoras del Proyecto del Reino y servidores y servidoras de las personas excluidas y empobrecidas. Por eso en la parábola de Lázaro y el rico insensible ante el dolor del hermano enfermo y empobrecido, se presenta el cambio drástico de la suerte de ambos personajes cuando están en el lugar de los muertos (16,23-26). Y la parábola parece hacer una invitación urgente a la gente enriquecida de las comunidades, a las que se escribe el evangelio lucano, para que no imiten la conducta del rico insensible y sepan compartir sus riquezas con las y los excluidos.
Lucas reproduce el texto que habla de aquel hombre importante y rico que preguntó a Jesús qué tenía que hacer para conseguir la vida eterna, y se mostraba como un cumplidor de los mandamientos de la ley (18,18). Sin embargo, ante la propuesta de Jesús de que se despojara de sus bienes, los pusiera al servicio de los pobres, y siguiera a Jesús en el Proyecto del Reino, donde las y los empobrecidos tienen un puesto de honor, entonces se echa para atrás. Y entonces Jesús comenta la dificultad que tienen las y los ricos para convertirse en discípulos y discípulas del proyecto del Reino.
Zaqueo el publicano, enriquecido a costa de los impuestos pagados por la gente más pobre del imperio, se convierte en el modelo del servidor de las y los empobrecidos, al declarar que le dará la mitad de sus bienes a las y los pobres y que si a alguno ha extorsionado, le devolverá cuatro veces más (19,8).
En el proceso de realización del ministerio es importante discernir, cuáles son los dones que la divinidad ha puesto en nuestra vida, como el “dinero” que sabemos manejar y del cual tendremos que dar cuenta (19,11-27). Lo importante es saber ponerlo a producir para sustentar el Proyecto del Reino. No valen las excusas de quienes por miedo sólo están en posibilidad de devolver lo mismo que le ha sido entregado. Y es que la realización del servicio ministerial exige capacidad de riesgo y creatividad para buscar los medios necesarios para que la gente pueda tener calidad de vida.
5. El ministerio y la diakonía en los Hechos de los Apóstoles
5.1 El ministerio lucano
El autor de la obra lucana ya había hablado sobre su servicio como escritor cristiano de los primeros tiempos del cristianismo (1,1-4). Señaló en la introducción a su primera obra que investigó cuidadosamente lo que sucedió en los inicios del cristianismo. Y recogió los datos a partir del testimonio de quienes fueron testigos oculares de lo sucedido. Todo este trabajo está en función del servicio de la Palabra y del fortalecimiento de la fe de las comunidades, representados por Teófilo (el amado de Dios). (1,3-4). Al comenzar el texto de Hechos, Lucas recuerda su ministerio realizado al escribir su primer libro, como elemento que parecería explicar el motivo por el cual continúa escribiendo (Hch 1,1).
5.2 Misterio de Pedro y compañeros
El ministerio de la comunidad primitiva estuvo guiado por el Espíritu Santo. Por eso desde el inicio del libro de los Hechos, Lucas señala: “en una ocasión en que estaba reunido con ellos les dijo que no se alejaran de Jerusalén y que esperaran lo que el Padre había prometido” (Hch 1,4).
Después de la venida del Espíritu Santo, el autor de Hechos pone a Pedro, como uno de los líderes del grupo, asumiendo el ministerio de proclamación de la Palabra y señalando que se están cumpliendo las palabras del profeta Joel, según las cuales el Espíritu sería derramado sobre cualquier persona, tanto jóvenes, como adultas, quienes se convertirán en profetas (Hch 2,17). En la palabra que proclama Pedro hay una exhortación que se parece a la de Juan el Bautista: “Aléjense de esta generación perversa y sálvense”.(Hch 2,40).
El ministerio de la Palabra realizado por Pedro y Juan va acompañado, como en la vida de Jesús, de acciones solidarias a favor de la gente necesitada. Por esto cuando suben al templo y encuentran al tullido de nacimiento que llevaban todos los días a la puerta del Templo para que pidiera limosna, Pedro le dice resueltamente: “míranos… No tengo oro ni Plata, pero te doy lo que tengo: En nombre del Mesías Jesús, el Nazareno, camina” (Hch 3,4-6).
La realización del ministerio de Pedro y Juan, hecho en nombre del Jesucristo asesinado por los poderes establecidos, pero resucitado por la fuerza del Dios de la vida, provoca la reacción adversa de quienes fueron los responsables de la muerte del nazareno que continúa viviendo en la palabra y la práctica de sus seguidores y seguidoras. Por eso los jefes del pueblo preguntan con qué poder han realizado el milagro de poner andar al tullido (Hch 4,7). Y Pedro, con valentía profética (parusía), no duda en responder con claridad: “este hombre que está aquí sano delante de ustedes ha sido sanado por el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien ustedes crucificaron, pero a quien Dios ha resucitado de entre los muertos” (Hch 4,10). Y ante la orden de los jefes del pueblo de que dejaran de hablar de lo sucedido en la persona de Jesús, Pedro y Juan responden decididamente: “nosotros no podemos dejar de habla de lo que hemos visto y oído” (4,20).
En la comunidad de Jerusalén había dos tipos de integrantes: los judíos nacidos en la tierra de Palestina y los judíos nacidos en la diáspora, llamados “helenistas”. Entre ambos grupos surgió un conflicto, por la falta de atención a las viudas de los helenistas (Hch 6,1-7). El conflicto se resuelve eligiendo a siete hombres con unas características concretas: buena fama, llenos del Espíritu y sabiduría (Hch 6,3), para la atención de la mesa de las viudas. Mientras tanto el grupo de los Doce se dedicaría al ministerio de la Palabra y la animación de la oración. Se comienza el proceso de división de ministerios en función de la comunión y del servicio comunitario (koinonía y diakonía).
En el grupo de los cristianos helenistas, judíos nacidos en la diáspora y probablemente que habían regresado a vivir en la tierra de Palestina, hay un grupo de personas que no sólo asume un ministerio al interior de la comunidad, sino que también asumen el ministerio de la predicación e interpretación bíblica. Entre estas personas tenemos a Esteban (Hch 6,8-15.48-60) quien tiene que realizar su ministerio en un contexto conflictivo. En su ministerio se combina la predicación de la Palabra con la realización de prodigios y señales milagrosas (Hch 6,8-11). Esteban entra en conflicto con algunos judíos de la sinagoga llamada de los libertos y otras personas llegadas de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia (Hch 6,9). Su predicación denuncia la actitud de los judíos ante el mensaje que se les anuncia: “ustedes son un pueblo de cabeza dura, y la circuncisión no les abrió el corazón ni los oídos. Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo, al igual que sus padres y madres” (Hch 7,51). La reacción de los judíos fue tan violenta que terminan apedreando y matando a Esteban (Hch 7,57-60).
Otro cristiano helenista, Felipe, realiza su ministerio al servicio de la proclamación de la Palabra. El libro de los Hechos nos dice que un ángel del Señor le sugiere salir al encuentro de un funcionario de la reina de Etiopía. Felipe se acerca, parte de su situación concreta, al preguntar al funcionario si entendía el pasaje de Is 53,7 que estaba leyendo. El misionero le explica todo lo relacionado con la vida, muerte y resurrección de Jesús. Al final el funcionario pide ser bautizado. El texto dice que el funcionario, “prosiguió, pues, su camino con el corazón lleno de gozo” (Hch 8,39). Felipe, por su parte, fue enviado por el Espíritu para seguir su proyecto evangelizador en la zona de la costa palestinense (Hch 8,40).
El cap.10 del libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta el ministerio realizado por Pedro en la zona de la Sefela palestina, en la zona de Joppe (la actual Tel Aviv) y en Cesarea Marítima, zona habitada fundamentada por gente no judía.
El Espíritu, por medio de visiones, prepara a dos personajes importantes, Pedro y el oficial romano Cornelio, para que se pueda romper la cerrazón judía que creía que el mensaje de salvación era un bien exclusivo de los judíos, y se abriera el ministerio a las y los que no eran judíos/as.
Como preparación para realizar el ministerio en medio de los gentiles Pedro tiene una visión en la que se les presentan unos animales considerados impuros en la tradición religiosa judía. Se les invita a matar y a comer de dichos animales. Pedro reacciona rechazando dicha propuesta (Hch 10,14). Pero la voz del cielo responde: “lo que Dios ha purificado no lo llames tú impuro” (Hch 10,15). De alguna manera el Espíritu está preparando a Pedro para la misión en medio de los gentiles.
Pedro sabe que según las normas del judaísmo no está permitido a un judío juntarse con ningún extranjero ni entrar en su casa (Hch 10,28). Sin embargo las exigencias del ministerio le han hecho cambiar de mentalidad: “a mí me ha manifestado Dios que no hay que llamar profano a ningún ser humano ni considerarlo impuro…. porque Dios no hace diferencia entre las personas” (Hch 10,28.34).
Mientras Pedro está hablando a quienes se congregaron en la casa de Cornelio bajó el Espíritu Santo sobre quienes escuchaban la Palabra (Hch 10,44). Y los creyentes de origen judío, que habían venido con Pedro, se quedan asombrados de que se les regale el Espíritu también a los no judíos. Y luego son bautizadas las primeras personas que no eran judías (10,47-48).
Cuando Pedro regresa a la comunidad de Jerusalén tiene que explicar los motivos que les llevaron, a él y a sus compañeros, a entrar en contacto con gente pagana, y a entrar en casa del pagano Cornelio, constatar la presencia del Espíritu en los paganos y la realización del Bautismo. Las palabras de Pedro fueron tan convincentes que “cuando oyeron esto se tranquilizaron y alabaron a Dios diciendo: ‘también a los que no son judíos les ha dado Dios la conversión que lleva a la vida’” (Hch 11,18).
5.3 El ministerio de Pablo y sus compañeros y compañeras
Pablo de Tarso, judío de la diáspora, es uno de los principales personajes del grupo de cristianos y cristianas provenientes de la diáspora judía, colectivo significativo al interior del cristianismo primitivo.
El libro de los Hechos nos presenta al Pablo joven realizando el ministerio de guardar la ropa de quienes estaban apedreando a Esteban (Hch 7,58). Luego se nos presenta como alguien que tiene un ministerio al interior del judaísmo de perseguir a las y los cristianos considerados como una secta que estaba traicionando los principios del judaísmo. Saulo, por tanto, es un creyente comprometido con su religión.
En el camino de Damasco Pablo tiene su encuentro con Jesús (Hch 9,3-6) que le invita a ponerse en contacto con la comunidad cristiana de Damasco. Allí es acogido por la comunidad, con la intervención de un discípulo llamado Ananías, quien le explica la misión que se le ha encomendado: “hermano, Saulo, el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo” (Hch 8,17). Y el texto nos dice que el Pablo perseguidor, se convierte en predicador de un nuevo evangelio: “Saulo permaneció durante algunos días con los discípulos en Damasco, y en seguida se fue por las sinagogas proclamando a Jesús como el Hijo de Dios” (Hch 9,19b).
En la iglesia de Antioquía, Pablo, junto a su compañero e instructor comunitario Bernabé, recibe la misión evangelizadora en medio de los gentiles (Hch 13,1-3). Realiza el primer viaje misionero junto a Bernabé y luego hace otros tres con diferentes compañeros y compañeras de misión.
En cada uno de los viajes misioneros realizados por Pablo se caracteriza por realizar una misión en medio de situaciones difíciles, con el rechazo de grupos de judíos que lo acusaban de ser un traidor a la causa del judaísmo. Pablo, sin embargo siempre mantuvo clara su opción por la causa del Evangelio (cf. 1Cor 9,16-23), promueve la solidaridad mutua al interior de las comunidades (Rom 15,26; 1Cor 16,1; 2Cor 8,10) y tuvo la valentía y el coraje de enfrentar las dificultades y adversidades que le sobrevinieron como consecuencia de su compromiso con la causa evangélica.
En un discurso de despedida a los ancianos de Éfeso Pablo define el estilo de su misión evangelizadora en las comunidades y las actitudes y valores que le han guiado en su ministerio: “he servido al Señor con toda humildad, entre las lágrimas y las pruebas que me causaron las trampas de los judíos. Saben que nunca me eché atrás cuando algo podía ser útil para ustedes. Les prediqué y enseñé en público y en las casas, exhortando con insistencia tanto a judíos como a griegos a la conversión a Dios y a la fe en Jesús, nuestro Señor.” (Hch 19,19-21) Y continúa diciendo Pablo, más adelante: “de nadie he codiciado plata, oro o vestidos. Miren mis manos: con ellas he conseguido lo necesario para mí y para mis compañeros y compañeras, como ustedes bien saben” (Hch 20,33-34). Y finalmente les hace un llamado comunitario a la solidaridad con la gente excluida y necesitada: “con este ejemplo les he enseñado claramente que deben trabajar duro para ayudar a las y los débiles. Recuerden las palabras del Señor Jesús: ‘hay mayor felicidad en dar que en recibir’” (Hch 20,35).
6. Aplicación socio-pastoral para la vida de las iglesias
En nuestro artículo hemos ido analizando elementos de la literatura de Lc-Hch relacionados con las tres palabras claves que articulan el hilo conductor de nuestro trabajo. Ahora intentamos resumir, de una forma breve, algunas líneas de acción para la acción socio-pastoral en las iglesias cristianas, sin que hagamos diferencia entre las diferentes congregaciones y denominaciones cristianas.
- Mantener la fe en una divinidad que se caracteriza por tener los ojos abiertos ante lo que sucede en la vida cotidiana de las y los excluidos, por estar presente en su pueblo y que está al servicio de la gente más excluida, dispuesta a ayudarle a recobrar la esperanza y asumir un ministerio y un compromiso socio-político que busque mejor calidad de vida para las y los excluidos.
- Seguir asumiendo los pequeños servicios cotidianos a la gente que nos necesita, como lo hizo María de Nazaret.
- Ser capaces, como Juan el Bautista, de realizar el ministerio de sacudir las conciencias dormidas y domesticadas, y continuar proponiendo el proyecto alternativo del Reino de Dios.
- Tener claro, como Jesús, cuál es la misión que se debe asumir en función del Proyecto del Reino y quienes son sus destinatarios y destinatarias.
- Resistir las tentaciones del demonio, encarnado en los grupos del poder económico, político o religioso que nos tientan para que abdiquemos de los valores que guían nuestras vidas y nuestro compromiso y nos convirtamos en sus discípulos y discípulas.
- Definir el lugar de compromiso socio-pastoral en medio de la gente excluida por motivos de clase, de género, de etnia, de procedencia…
- Convertirse, como comunidad, en un espacio de denuncia permanente sobre la brecha social que separa a ricos y pobres, y sobre el lujo con que viven los grupos enriquecidos de la sociedad, llamándoles a la continua conversión.
- Abrir las puertas del Evangelio a todo tipo de personas, sin importar su proveniencia o su cultura, aunque esto suponga asumir los conflictos que se generan al interior de la comunidad de fe.
- Dejarse guiar por el Espíritu y vivir en continuo proceso de discernimiento para descubrir por dónde van las orientaciones del Espíritu desde los retos que plantea la realidad.
- Optar por dedicarnos al ministerio de la Palabra inserta en la Vida, y al servicio del acompañamiento comunitario.
A modo de conclusión
Nos hemos detenido a profundizar sobre la relación entre ministerio que se asume, el servicio ligado al ministerio y la vivencia del valor del amor solidario en todo este proceso.
Hemos hecho un recurrido analizando cómo los diferentes personajes han vivido los valores de la disponibilidad, del servicio y de la solidaridad. Hemos comenzado por la divinidad cristiana, luego hemos analizado los personajes que preceden al ministerio de Jesús: Isabel, María, Zacarías, Juan el Bautista… Nos hemos fijado en el ministerio de Jesús y finalmente en el servicio realizado por las y los discípulos de Jesús, haciendo especial mención a Pedro, Juan, Esteban, Felipe, Pablo de Tarso.
Creemos que este discurso no se puede quedar en la academia. Tiene que hacerse vida en la praxis cotidiana de nuestras comunidades de fe y de compromiso ciudadano. Las y los teólogos y biblistas tenemos el ministerio de acompañar a quienes se dedican a hacer teología bíblica y que serán multiplicadores y multiplicadoras en sus respectivas comunidades de fe.
Hemos concluido haciendo alusión a unas diez líneas de acción que creemos podrían ser útiles para ser asumidas como criterios válidos para nuestra praxis de fe y de compromiso con la transformación de unas realidades de injusticia y exclusión que deben ser cambiadas, en el intento por colaborar, desde la opción de fe comprometida, con la construcción de “otro mundo posible”.
Franklyn Pimentel-Torres
Apartado 2388
Santo Domingo
República Dominicana
ptfranklyn@yahoo.com.mx
Bibliografía consultada - Aguirre Monasterio, Rafael. 2001. “Pobres y ricos en el cristianismo primitivo”, en Reseña Bíblica 29, 33-40; Bornkamm, Günther. 1978. Pablo de Tarso, Salamanca: Sígueme; Bottini, Giovanni C. 1992. Introduzione all’opera di Luca, Jerusalem: Franciscan Printing Press; Cahiers Evangile. 1980. Los Hechos de los Apóstoles, Estella: Verbo Divino; Caravias, José L. 1985. El Dios de Jesús, Cuenca: EDICAY; Castillo, José M. 2004. “La utopía secuestradas”, en Concilium 308,39-46; Conti, Cristiana. 2003. “El amor como praxis - Estudio de Lucas 7,36-50, en RIBLA 44, 71-86; Corona, Raimondo (editor). 1988. Il Vangelo secondo Luca, L’Aquila; Cothenet, Edouard. 1981. San Pablo en su tiempo, Estella: Verbo Divino; Fernández de Oliveira, José. 1994. El incómodo y magnífico Jesús de Nazaret, Bogotá: San Pablo; Fitzmyer, Joseph A. 1987. El evangelio según Lucas, 3 vols., Madrid: Cristiandad; Gallazi, Sandro. 2003. “Pues estoy en medio de ustedes como ¡aquel que sirve! (Lc 22,27)”, en RIBLA 44, 103-123; George, Augustin. 1979. El evangelio según San Lucas, Estella: Verbo Divino; Gourgues, Michel. 1991. El evangelio a los paganos, Estella: Verbo Divino; Gourgues, Michel. 1990. Misión y comunidad. Hch 1-12, Estella: Verbo Divino; Guijarro, Santiago. 1998. La buena noticia de Jesús, Quito: Verbo Divino; Kingsbury, Jack D. 1992. Conflicto en Lucas - Jesús, autoridades, discípulos, Córdoba: El Almendro; Knight, George W. 1997. “Luke 16,19-31 - The Rich Man and Lazarus”, en Review and Expositor 94, 277-283; Messi Metogo, Eloi. 2004. “¿Está Dios del lado de los pobres y de la justicia?”, en Concilium 308, 39-46; Mesters, Carlos y Mercedes López. 2000. Querido Teófilo - Encuentros bíblicos sobre el evangelio de Lucas, Estella: Verbo Divino; Mesters, Carlos. 1999. Un proyecto de Dios y la práctica liberadora de Jesús, Quito: Verbo Divino; Míguez, Néstor O. 2003. “Entrevistas en Jerusalén - Relatos en torno del relato lucano de la pasión”, en RIBLA 44, 144-158; Pikaza, Javier y Calle, Francisco de la. 1980. Teología de los evangelios de Jesús, Salamanca: Sígueme; Pimentel-Torres, Franklyn. 2003. “El abismo que separa y que rompe la fraternidad (Lc 16,19-31)”, en RIBLA 44, 87-102; Ramos, Adela. 2003. “Las mujeres en el evangelio de Lucas”, en RIBLA 44, 71-86; Richard, Pablo. 1998. El movimiento de Jesús después de su resurrección y antes de la iglesia - Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles, Quito: Verbo Divino; Richard, Pablo. 2003. “El evangelio de Lucas - Estructura y calves para una interpretación global del evangelio”, en RIBLA 44,7-31; Reimer, Ivoni Richter. 2003. “Lucas 1-2 bajo una perspectiva feminista… y la salvación se hace cuerpo”, en RIBLA 44, 32-52; Ruiz, Carlos. 2003. “El camino de Emaús (Lc 24,13-35)”, en RIBLA 44, 159-166; Salas, Antonio. 1993. Evangelios sinópticos - Jesús: proclamado del Reino, Madrid: Paulinas; Schottroff, Luise y Wolfgang Stegemann. 1981. Jesús de Nazaret, esperanza de los pobres. Salamanca: Sígueme; Theissen, Gerd. 2005. El movimiento de Jesús - Historia social de una revolución de los valores, Salamanca: Sígueme.
