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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

 

EL JUICIO DE DIOS A LAS TRANSNACIONALES
Apocalipsis 18
Dagoberto Ramírez Fernández

 

1. La situación actual

 

La mayoría de los países del Tercer Mundo viven, en este momento, bajo la imposición, desde las empresas y la Banca Internacional , de un modo económico neo capitalista liberal. Hasta donde podemos entender, la polí­tica económica dictada desde los países del Norte deja las utilidades del sistema en manos de las grandes empresas transnacionales. Por su parte, los países del Tercer Mundo han sido condicionados para dedicarse a ser solamente monoproductores o proveedores de materias primas, y a una industria menor subsidiaria y complementaria de la gran industria.

Con el paso del tiempo, la aplicación de este modelo económico dejó a los países del Tercer Mundo con el peso de una tremenda deuda externa, que ha llegado a ser imposible de pagar. Muchos estudios se han hecho sobre los orígenes y lo injusto de esta deuda, que han merecido también la consideración de las iglesias 1. Hasta el momento no hay soluciones de fondo. Por el contrario, su solución se complica dado que esta deuda es sólo una expresión de la gran crisis financiera internacional. Sin embargo, lo que hace mucho más grave e injusta esta situación es que su peso recae, mayor­mente, en los países pobres, que no han decidido sobre este proyecto eco­nómico y solamente sufren los efectos en el deterioro de la calidad de vida de sus pueblos. Los efectos sobre la vida de los pueblos son enormes: falta de trabajo, bajos salarios, escaso poder adquisitivo de los sectores sociales medios y bajos. Como consecuencia de esto tenemos graves problemas de alimentación, educación y asistencia sanitaria en estos mismos sectores. Por otro lado, y en proporción inversa, los sectores sociales altos, ligados al modelo económico, han visto incrementadas sus utilidades en una forma que no se conocía hasta ahora. Como es fácil darse cuenta, la separación entre estos sectores sociales de la sociedad es cada vez mayor, lo cual es una clara evidencia de lo injusto que resulta la aplicación de esta política econó­mica.

Las vías de solución a la crisis son difíciles y preocupantes, incluso en aquellos países en donde se ha originado la situación 2. No es de nuestra competencia y preocupación discutir este asunto desde el ángulo político-económico. Más bien nos preocupa analizar las condiciones en las cuales la Iglesia de Jesucristo pueda y deba decir y hacer algo en defensa de la vida de los pueblos sometidos, especialmente de aquellos sectores que están siendo mayormente afectados por la crisis. Muchos sectores sociales, agrupaciones políticas y gremiales y organismos de Derechos Humanos, han levantado su voz para reclamar justicia. La Iglesia no ha sido ajena a esta protesta de denunciar lo injusto del sistema, lo artificioso de la deuda; la incapacidad material de pagarla y los efectos desastrosos sobre la vida y la calidad de ésta de la mayoría de la población en todos los países.

Todos estos sectores sociales, políticos y gremiales, en su afán de denunciar la injusticia del sistema, no han sido escuchados. Por el contrario, la mayoría de las veces no han sido ni siquiera tolerados, siendo más bien calificados de enemigos ideológicos y de antipatriotas por sus respectivos gobiernos. Se les ha contestado con la violencia, la represión, la cárcel, la tortura, el exilio y hasta la muerte.

La Iglesia debe participar en este proceso de lucha, en cuanto pretenda ser encarnación del amor y la justicia de Dios entre los seres humanos. Como hemos dicho, la Iglesia no ha quedado fuera de ésta situación y-en muchos casos ha hecho oír su voz. Sin embargo, está voz profética —debemos confesarlo— no ha podido ser de toda la Iglesia. Existen sectores, al interior de ella que se encuentran, si no comprometidos, por lo menos estructuralmente atrapados en el sistema. De este modo, el peso y el costo de la denuncia han caído sobre aquellos sectores eclesiales más comprome­tidos con los pobres. El precio pagado por estos cristianos y comunidades cristianas fieles al evangelio, ha sido la acusación, la sospecha ideológica, la censura y el silencio de sus voceros. Por otro lado, asistimos a una consolidación y adecuación de las estructuras eclesiales, bajo el supuesto de defender la ortodoxia de la fe, para ponerlas a tono y en relación a todo un sistema económico al cual nos referimos. Importantes estudios hay sobre, este aspecto 3.

En lo panicular de nuestra América hispanolusitana, debemos rendir un homenaje a todos aquellos cristianos que han ofrendado sus vidas por la causa de la justicia del Reino, en esta situación de opresión. Los casos son muchos para mencionarlos; por lo demás, ya son de sobra conocidos. La sangre de numerosos cristianos laicos, sacerdotes, pastores y obispos ha sido derramada en esta lucha, al lado de muchos líderes sociales, políticos y sindicales. Todos ellos han caído víctimas de un sistema económico injusto e idolátrico, que sacrifica tantas vidas cada día.

Es sobre el trasfondo de esta situación contemporánea que nos propo­nemos examinar las Escrituras. Nuestra lectura del texto sagrado se contra en el mensaje del libro del Apocalipsis, particularmente el capítulo 18. Dos elementos conforman el telón de fondo de nuestra lectura. Primero, el propósito de mostrar de qué modo la situación política, y en particular la situación económica en el Imperio Romano, constituye el fundamento so­cial sobre el cual se elabora el mensaje teológico del capítulo 18. Segundo, sobre esta situación social descubrimos las condiciones en las cuales la comunidad cristiana elabora su mensaje, que constituye un testimonio profético que trasciende la historia.

El mensaje del libro de Apocalipsis es un llamado a la perseverancia y a la fidelidad de los cristianos en una situación de persecución. Esta persecución se generó en una situación muy concreta. El Imperio Romano se constituyó paulatinamente, desde el siglo I antes de Cristo en adelante, como un sistema político militar que tomó en sus manos el control del poder económico y social, en todo el vasto territorio en el cual asentó su Imperio. En este paulatino avance político-militar fue subyugando a muchas naciones, pueblos y pequeños reinos locales, que no pudieron resistir militarmente al avance de sus ejércitos. Estos tuvieron, por consiguiente, que someterse al poder político e incorporarse al sistema social y económico que se les impuso después de la derrota. Por otro lado, aquellos que se rebelaron frente a esta situación, sufrieron la persecución y la muerte. El texto del Apocalipsis está escrito desde la experiencia de aquellos sectores que resistieron al poder del Imperio Romano. Esta resistencia no fue militar. Podemos decir que fue más bien una resistencia político-religiosa de aquellos sectores de conversos a la fe cristiana que, con el trasfondo del monoteísmo judío, no inclinaron su rodilla ante las pretensiones de divinización que el Imperio quería imponer. Es la respuesta de aquellos que rindieron su vida, antes que, someterse al poder idolátrico. El texto del Apocalipsis es el testimonio de aquellas comunidades cristianas perseguidas que osaron denunciar este poder y resistirlo en desobediencia a él, y en fidelidad a su Señor.

Hemos querido analizar el capítulo 18 del Apocalipsis por estimar que en él se reflejan, de alguna manera, las características del poder político y la expresión del proyecto económico que lo sustentaba. Sistema que ador­nado con características “religiosas”, sobre la base de la supuesta condición divina del Emperador, era santificado y reclamaba la sumisión de todos los súbditos del Imperio. Puede ser que el análisis de este texto nos arroje alguna luz sobre la situación de subdesarrollo de los países del Tercer Mundo. Es posible también que ilumine nuestra experiencia de pueblo creyente y per­seguido, a causa de su fe en Jesucristo, que le anima a no someterse al do­minio político y económico de un poder imperial.

II. Exégesis

Para el estudio del texto que nos ocupa, seguimos la división del texto de Apocalipsis que ya empleamos en estudios anteriores 4. Según esto, el capítulo 18 se encuentra en el cuarto septenario ( 14.6 a 19.8) bajo el tema general del combate escatológico. Este combate va a tener su desenlace en el quinto septenario, con el tema de la victoria final de Dios sobre los poderes malignos y la glorificación de los mártires. Ambas secciones se relacionan. Primero el combate escatológico, la persecución y el martirio de los santos, y luego la victoria final de Dios y sus ángeles.

Queremos decir con esto que la lectura del capítulo 18 debe hacerse con espíritu optimista (cf., por ejemplo, 1.8 con 22.7). La victoria final ya está asegurada ( 19.9 a 22.5), pero antes es preciso pasar por el martirio del cordero y sus seguidores. No es un sacrificio en vano ni una muerte inútil. Se trata del ministerio profético de la comunidad mesiánica que enfrenta su misión en medio de los poderes opresores de este mundo, con fe y espe­ranza. En efecto, nos parece que el énfasis del capítulo 18 se pone en la denuncia profética que la comunidad hace de los poderes terrenos opuestos a Dios. El mundo de los seres humanos en 14.6 a 19.8 se caracteriza por ser una situación de permanente conflicto, en el cual hay opresión, persecución y martirio para los fieles. Se trata de ofrecer una visión en la que la historia está sujeta al poder de las fuerzas que se oponen a Dios y su proyecto salvífico. Sin embargo, luego se nos quiere decir en la sección siguiente ( 19.9 a 22.5) que este mundo de conflictos y sufrimientos verá la gloria, el triunfo final de Dios y la glorificación y reivindicación de los santos mártires.

La sección que empieza en 14.6 nos ofrece, primero, la proclamación del inminente juicio de Dios y el cántico de triunfo de la comunidad de los salvos (capítulo 14). El capitulo 15 continúa la visión con los fieles que entonan el cántico de Moisés y del cordero. Luego, los ángeles (capítulo 16) reciben las copas de la ira de Dios y las derraman, simbolizando con ello las calamidades que caerán sobre los seguidores de la bestia. Todo este estilo nos recuerda las plagas de Egipto. Ahora se nos quiere anunciar las calamidades que vendrán sobre la tierra en los últimos tiempos, en el tiempo escatológico, en el esjatón.

Nos detendremos un poco más en el capítulo 17, puesto que constituye el preludio para comprender el capítulo 18. Ambos van en unidad de sentido y en estructura literaria hasta 19.8.

Tenemos lo siguiente:

Tema: La Caída de Babilonia. Siete visiones ( 17.1 a 19.2).

1) 17.1-6a —La gran ramera. Sistema Político Imperial.

a) 2) 17.6b-18 — La bestia. El poder político y sus aliados.

3)18.1-3 — El ángel proclama la caída de Babilonia.

b) 4)18.4-20 —Exultación y lamento sobre la caída de Babilonia (Roma).

5)18.21-2 —Destrucción final y cántico de los santos.

6)19.1-5 —Himno de Acción de Gracias a Dios.

c) 7)19.6-8 —Himno de las bodas del cordero y su esposa.

Se puede percibir, con cierta claridad, la secuencia de las ideas que se quieren desarrollar, la relación y el paso de la una hacia la otra. El primer paso, es presentar a Babilonia como símbolo literario del poder imperial romano. Se trata de un sistema político total, omniabarcante, que tiene aliados que le ayudan, participan y se benefician de su política, aunque luego, en su caída, le han de abandonar. Esta expresión de poder absoluto significa persecución y muerte para los fieles que se oponen a él, pero que finalmente vencerán (17.14). El segundo paso (capítulo 18) describe la estructura y las características del poder económico. Ahora se trata de denunciar el sistema económico que el poder político ha instaurado. Se trata de un proyecto económico-comercial que tiene socios subsidiarios, los cuales participan del poder central, solidarizan con él, le apoyan y también usufructúan. No obstante, así como participan en los beneficios de esta política imperial, también juntamente con aquél caerán a la hora del juicio. Esta alianza económico-comercial, como en el capítulo 17, también significa persecución, miseria y muerte para los fieles. El tercer paso (o acto) es el triunfo final de Dios y sus santos mártires (capítulo 19) que entonan, ya en la consumación del esjatón final y concluida la caída del poder político-económico, un cántico de triunfo y de acción de gracias.

En el capítulo 17, el poder político es caracterizado como la gran ramera (tes pornés tes megales, 1b). Su condición de tal se manifiesta en el grado de relaciones que mantiene con otros poderes, en donde no vale otra razón que no sea la acumulación de poder. En este proceso de acumulación de poder político persigue a aquellos que se oponen a sus pretensiones imperiales, es decir, a los santos (v.6) y al cordero (v. 14). El texto anuncia, finalmente, su ruina futura (l6ss) a causa del juicio de Dios.

Sobre estos antecedentes en el discurso total del Apocalipsis, conviene leer ahora el capítulo 18.

Tenemos el siguiente esquema del capítulo en el marco de lo que ya ade­lantamos:

1) 1-3 Teofanía (a): un ángel del ciclo

2) 4-20 Teofanía (b): una voz del ciclo

3) 21-24 Teofanía (c): un ángel con poder.

El tema es la caída, ahora efectiva, de Babilonia, es decir, de Roma, la gran ramera del capítulo 17. La caída se explica en detalle. En (1), vs.1-3, un ángel desciende del cielo y predice la caída de Babilonia. Aunque se trata de un acontecimiento futuro, se presenta como un acontecimiento ya ocurrido (“ha caído”, epesen aoristo 2 ). En (2), vs.4-20, tenemos la segunda teofanía angelical. Esta vez se trata de una voz desde el cielo que habla en dirección a la tierra, en un mensaje dirigido al “pueblo mío” (láos mou). En este mensaje se exhorta al pueblo a salir de la gran ciudad, para no ser arrastrado en su ruina. Se describen alianzas que conforman el poder económico. Sin embargo, este poderío económico tiene bases débiles, ines­tables, ya que se construye solamente sobre el interés de cada uno de los aliados de obtener lo mejor para cada cual. Todo esto crea una situación que merece el juicio de Dios, por cuanto no se busca el bien de la humanidad total sino de algunos grupos particulares, con exclusión de otros. En estilo profético se anuncia la caída del imperio cuando su poderío económico sea socavado y, consecuentemente, sus alianzas destruidas. Hay tres ayes en el discurso que proclaman esta caída (vs. 10, 16, 19). Esta segunda teofanía termina con un llamado a la alegría de los santos apóstoles y profetas, por la caída del poder imperial y él triunfo de la justicia divina. En (3), vs. 21-24, tenemos la tercera teofanía. Un ángel, con gestos simbólicos, describe la destrucción del poder imperial y todas las señales que acompañarán esta caída. Finalmente, se explica una vez más el argumento teológico que justifica la caída: es el juicio de Dios frente a un sistema político económico que en su existencia misma sacrifica no sólo a la humanidad, sino que, además, lleva a cabo la persecución de los profetas y santos del pueblo de Dios.

Todo el capítulo muestra en su composición el uso de la literatura profética. Específicamente se emplean el estilo de Isaías 13,21.1-10, de Ezequiel capítulos 26-28 y Jeremías 50,51. En la profecía veterotestamentaria hay un trasfondo histórico que sirvo para su empleo en Apocalipsis 18. Por ejemplo, el primer Isaías (1-39) es de redacción pos explica, en tiempos do la dominación de los persas, cuando Babilonia ya ha caído bajo el dominio de éstos. Lo mismo ocurre con el Deutero-Jeremías. En cuanto a Ezequiel (26-28) se utiliza la colección de oráculos contra Tiro, que en el siglo VI había llegado a ser una gran potencia naviera comercial en todo el Mediterráneo. Esta literatura profética sirve al redactor de Apocalipsis 18 para hablar de “Babilonia” y referirse a Roma, ya que ambas llegaron a ser potencias imperiales político-militares y de gran poderío económico.

Con todo este material veterotestamentario, se elabora este discurso profético en género literario apocalíptico. Se habla por medio de símbolos que representan situaciones históricas reales. Estos símbolos transmiten un mensaje profético de denuncia que, debidamente descodificado por los lec­tores, tiene la fuerza de anunciar el juicio de Dios y traer aliento y esperanza para los profetas, al mismo tiempo que demanda una respuesta de fe de éstos.

¿Qué significa este discurso? ¿Qué mensaje quiere comunicar a los cris­tianos de su tiempo? ¿Qué nos puede decir a nosotros hoy? El mensaje tiene tres partes. Primero, la denuncia del poder político opresor. En segundo lugar, se propone denunciar el poder económico sobre el cual se fundamenta el poder político. En tercer lugar, a estos temas en el plano del discurso social, se suma el tema teológico que es la denuncia de la persecución y martirio de los fieles y el anuncio del juicio de Dios.

Una primera aproximación a la exégesis del texto, pone en evidencia la importancia del fetiche económico en la denuncia del poder imperial. Sin dejar de lado otros elementos que surjan en la consideración del texto, es importante destacar en la exégesis la denuncia del poder económico.

A) Primera teofanía, vs. J-3:

El anuncio de un ángel del cielo

Dicen estos versículos:

1 Después de esto vi otro ángel descender del cielo,

que tenía gran poder, y la tierra fue iluminada con su gloria.

“Gritó con voz potente diciendo:

“¡Cayó, cayó la gran Babilonia !

Ha llegado a ser habitación de demonios,

guarida de todo espíritu inmundo,

y habitación de toda clase de aves inmundas

y de toda clase de bestia inmunda y detestable.

3 Porque del vino del furor de sus fornicaciones

han bebido todas las naciones, los reyes de la

tierra han fornicado con ella, y los mercaderes

de la tierra se han enriquecido en la potencia

de su lujo desenfrenado”.

En los vs. 1 a 2a el redactor comienza el discurso profético con una teo­fanía. Un ángel desde el ciclo, es sinónimo de Dios que se revela para mostrar su poder (exousía) y su gloria (doxes). Se percibe el dualismo que caracteriza el discurso apocalíptico. Esta escena acontece en el cielo (desde Dios) hacia la tierra (mensaje a los seres humanos). A continuación aparece el oráculo profético. En 2b a 3, Babilonia la grande es Roma en cuanto poder imperial, cuya ruina se anuncia. Aun cuando se trata de un anuncio pro­fético, llama la atención que se expresa en pasado (epesen aoristo). Se trata de una profecía ex-eventu, que en el texto quiere representar un aconte­cimiento como será expresado entonces en el esjatón. El profeta habla desde el futuro y escenifica el acontecimiento. Paralelos literarios se encuentran en Is. 21.1-10, especialmente cf. v.9b: “¡Cayó, cayó Babilonia, y todas las estatuas de sus dioses se han estrellado contra el suelo!”; también en Jr. 9.10; Is. 13.2lss.; 34.11-14; Baruc 4.35. Aparece, también, como género litera­rio de lamento en Am. 5.2, Lm. 2.21, Jr. 50.2b.

Se enumeran las razones para su caída. Fundamentalmente se trata de su poder, que se explica en cuanto ha logrado incorporar a su estructura po­lítica otros estados menores. Estos poderes subsidiarios son mencionados en el v. 3: “todas las naciones” (panta ta etne); “los reyes de la tierra” (oi basileis tes ges) y, finalmente, “los mercaderes de la tierra” (oi emporoi tes ges).

En Is. 13.19, Babilonia es llamada “la flor de los Reinos”. Muchas pequeñas ciudades-estados habían sido incorporadas políticamente al poder imperial, a través de alianzas comerciales. Aquí ocurre lo mismo en la época romana.

Se califica la moralidad de estas alianzas con expresiones tales como “habitación de demonios” (katoiketerios daimonion), “guarida de todo es­píritu inmundo” (psilake pantós pneumatos akazartou), “habitación de toda clase de aves inmundas” (orneou akazartoy) y “bestias inmundas” (zetiou akazartou).

Se trata, por consiguiente, no de una alianza de iguales. El lugar (Ba­bilonia) se describe como un espacio en el cual hay corrupción. El territorio imperial es guarida, habitación, albergue de todo tipo de corrupción. Nacio­nes, reyes y mercaderes han participado de toda clase de transacciones comerciales y convenios económicos, caracterizados en el texto como be­ber del “vino del furor de sus fornicaciones” (porneías). Pero, además, han participado de la vida licenciosa de quien tiene grandes riquezas, “lujos y deleites desenfrenados” (tou strenous autes eploutesan). En este lugar se cobija la corrupción, se la ejercita y se la posibilita. La actividad comercial que allí se despliega compromete irremediablemente a naciones, reyes y. mercaderes. Estos no pueden escapar al compromiso que significa este tipo, de alianzas. Estas ciudades y estados son socios menores del Imperio y. su, actividad es subsidiaria y dependiente con respecto al poder central.

Sabemos que el Imperio Romano adoptó desde sus comienzos (siglo 1 a .C.), en todos sus dominios, una política de dominación llamada Pax Ro­mana o Pax Augusta. Según este sistema, se aplicaba un política de bienes­tar común para todos los pueblos que habían sido sometidos al Imperio por vía do la guerra. Cada ciudad o estado podía participar de la “seguridad” y protección que el Imperio proveía, pagando los tributos que éste exigía.

El Imperio garantizaba, ciertamente por vía de los altos tributos que co­braba para sostener su sistema, la existencia de caminos como vías de comunicación expedita y libres del bandidaje, acuñación de monedas, libre comercio, cultura, etc.

De este modo, el Imperio logró consolidar y ampliar su poder por medio de esta política de alianzas con las ciudades helenistas en toda la costa del mar Egeo, especialmente Grecia y Asia Menor. El eje central del dominio político-económico descansaba en esta política de alianzas. Con el propósito de garantizar la estabilidad de este sistema, el gobierno imperial utilizaba a los veteranos de guerra para colocarlos como gobernadores en las colo­nias, posibilitando así la dominación política por la vía miliar y, también, económica 5. Paulatinamente, este sistema permitió la injerencia de Roma en todos los gobiernos locales. Aun cuando éstos mantenían cierta autonomía, en determinados casos, en el sistema jurídico por ejemplo, se debía apelar a Roma.

Este sistema creó una red de relaciones de dependencia entre el Imperio, cuya cabeza estaba en Roma, y las colonias y estados menores sometidos militarmente. Esta dependencia alcanzaba los ámbitos de la vida política so­cial, económica y militar de los pueblos. En la mayoría de los casos, las alianzas se hicieron entre el Imperio y las clases altas de esos pueblos, que normalmente no resistían ni eran partidarias de la resistencia por la vía mi­litar a la dominación. Por el contrario, su opción fue negociar con el Imperio y establecer relaciones comerciales. De esta manera, las aristocracias lo­cales incrementaron sus riquezas y su hegemonía interna, al costo de tener que aceptar, yen el peor de los casos participar, de la represión que se ejercía sobre las clases inferiores, que eran las que soportaban con su trabajo la pesada carga de los impuestos. Muchos llegaron a perder sus tierras, y aun sus familias, por causa de las deudas impagables, por lo que fueron some­tidos a la esclavitud. En no pocos casos, perdieron la vida ante la desesperada situación de tener que resistir por la fuerza la exacción tributaria y el despojo de sus bienes.

En estos versículos se trata, entonces, de un juicio moral a un sistema económico-político que “sedujo”, es decir, atrajo, incorporó y comprome­tió a muchos estados menores en toda la cuenca del Mediterráneo. Se esta­bleció un proyecto político y económico monopólico global, que hizo rica y poderosa a Roma pero que, también, hizo participar de las riquezas a otros estados menores y colonias.

La voz del ángel desde el cielo constituye, en el texto, el discurso profé­tico que se elabora desde la situación de la comunidad de los santos mártires creyentes, que ponen en boca de Dios su clamor. Esta denuncia profética tiene tres dimensiones: política, económica y religiosa. El enemigo de la comunidad perseguida es el Imperio Romano, en cuanto poder político he­gemónico. El sistema imperial impone su proyecto económico y maneja la red de relaciones comerciales a lo largo de todo el Imperio. El tercer ene­migo que se denuncia de la comunidad, es el culto imperial. El Imperio Ro­mano, en uso del poder político acumulado y para sostener su poderío, bajo Domiciano, por ejemplo, exigió el pago de tributos con mucha severidad. Esta exigencia fue mucho más marcada para con los judíos, debido a la antipatía que este emperador tenía hacia ellos. Esto se debía a que los judíos, por el carácter monoteísta de su religión, no aceptaban el pago de tributos a un poder humano con pretensiones divinas. Esto se entendió como rebel­día y “ateísmo” frente al Imperio. Sufrieron fuertes castigos y persecución a causa de ello. Lo mismo le ocurrió a la comunidad cristiana. El testimonio profético del Apocalipsis es el de una comunidad que rechaza las pretensiones de divinidad del Imperio y del Emperador. Ellos sólo reconocieron a Jesu­cristo como kirios y debieron sufrir la persecución a causa de esto. De este modo, queda claro cómo los tres elementos confluían para explicar el por­qué del discurso profético de denuncia frente al poder imperial: el poder político, el factor económico y el ideológico-religioso.

B) Segunda teofanía, vs. 4-20:

Una voz desde el cielo

Dice esta parte:

4 Oí otra voz desde el cielo que decía:

“Salid de ella, pueblo mío, para que no se hagan

cómplices de sus pecados y para que sus plagas

no les alcancen;

5 porque sus pecados han llegado hasta el ciclo,

y Dios se ha acordado de sus maldades.

6 Denle a ella, como ella les ha dado y ustedes

páguenle el doble según sus obras; en la copa en

que ella preparó prepárenle el doble.

7 Cuando ella se ha glorificado y vivido en placeres,

lo mismo dadle de tormentos y llanto;

porque en su corazón dice, como reina estoy sentada,

no soy viuda ni veré el llanto.

8 Por lo tanto en un día vendrán sus plagas, muerte,

llanto y hambre y en fuego será quemada, porque

mayor es Dios el Señor que la juzgó”.

9 Llorarán y estarán de duelo sobre ella, los reyes

de la tierra que han fornicado con ella

y se dieron a los deleites con ella.

10 Cuando vean el humo de su incendio se quedarán a

distancia a causa del terror por su tormento

diciendo:

“¡Ay, ay! Babilonia, la gran ciudad,

la ciudad poderosa, porque en una hora ha llegado

tu juicio”.

11 “Los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamento

por ella, porque nadie compra ya sus cargamentos;

12 cargamentos de oro, plata y piedras preciosas, perlas,

lino, púrpura, seda y escarlata, toda clase de maderas

fragantes y toda clase de objetos de marfil, y toda

clase de maderas preciosas, bronce, hierro y mármol;

13 canela, especies, perfumes, mirra, incienso y vino,

aceite, harina y trigo, bestias de carga, ovejas, ca­ballos

y carros, esclavos y mercancía humana.

14 Y los frutos que codiciaba tu alma

se apartaron de ti

y toda magnificencia y esplendor

se han terminado para ti

y nunca más aparecerán.

15 “Los mercaderes de estas cosas y los que se han

enri­quecido a causa de ellas, quedarán a distancia a

cau­sa del temor ante el suplicio, llorando, lamentándo­se

y diciendo:

16 “¡Ay, ay, la gran ciudad,

que vestía de lino, púrpura y escarlata,

resplandeciendo de oro, piedras preciosas y perlas,

17 que en una hora ha sido arruinada tanta riqueza!”.

Todos los capitanes y todos los oficiales de barcos, y

marineros y todos los que se ocupan en trabajos del mar,

18 quedaron a distancia y gritaban al ver la humareda

de sus llamas, diciendo: “¿Quién como la gran ciudad?”.

19 Echaron polvo sobre sus cabezas, gritaban llorando,

lamentándose y diciendo:

“¡Ay, ay, la gran ciudad,

en cuya riqueza se enriquecieron todos los que

tenían naves en el mar;

que en una hora ha sido asolada!”.

20 Alégrate sobre ella, oh cielo

y los santos, apóstoles y profetas

porque Dios os ha hecho justicia en ella.

En el v. 4a. tenemos la introducción redaccional, mediante la cual el visionario nos entrega la segunda parte de su oráculo profético de denuncia contra el poder imperial. En el primer oráculo, era un ángel quien descendía desde el ciclo hacia la tierra para anunciar el juicio de Dios. Esta vez se trata de una voz que habla directamente desde el ciclo, sin descender. Es la voz de Dios que habla dirigiéndose a su pueblo. Se ha cambiado de un oráculo de juicio a uno de exhortación. En los vs. 4b a 8, esta exhortación de Dios está dirigida a su pueblo (pueblo mío: o laos mou), es decir, a la comunidad de los santos, apóstoles y profetas (v. 20). Esta exhortación contiene tres elementos fundamentales.

Primero, hay un llamado al pueblo a salir de la ciudad. Hay un llamado semejante en Jr. 50. 8ss., en donde se invita al pueblo a emigrar de Babilonia. Algo semejante tenemos en Jr. 5 1.6, 49-50. En Jr. 50.16 se exhorta a los agricultores a abandonar Babilonia y retomar cada uno a su pueblo. También en Is. 13.14. En el Apocalipsis, esta invitación debe interpretarse como una invitación a tomar distancia no sólo geográfica sino, además, a apartarse y no mezclarse en la política económica que sustenta el Imperio Romano. Involucrarse en este proyecto, pese a las ganancias que se puedan obtener, o a causa de ellas, es caer en pecado y hacerse partícipe del juicio de Dios, juicio que sólo debe caer sobre el poder imperial (v.20). Notemos la lectura teológica del factor económico en el texto, al catalogarlo como pecado y sujeto al juicio de Dios. Esta economía es pecaminosa en cuanto acarrea miseria para muchos y, además, significa persecución y muerte para la comunidad de los fieles. El pecado, así caracterizado, llega al cielo (v.5), es decir, para Dios no ha pasado desapercibido ni es algo de lo cual el Señor pueda desinteresarse. Por el contrario, constituye la médula de una situación pecaminosa que debe ser castigada. Dios lo tiene muy presente, no lo pasa por alto ni lo olvida (ennemoneusen v.5), por cuanto es expresión de injusticia entre los hombres (adikémata) que debe ser remediada.

En segundo lugar, la otra acción a la cual se llama al pueblo es a retri­buir el mal, el sufrimiento que este sistema le ha ocasionado. Pagarle el doble de sus obras, prepararle la copa, son expresiones de la lex talionis. Por ejemplo, en Jr. 50.29, 5 1.34-40. En Is. 14.8, la retribución se expresa en términos de inversión de situaciones. A mayor pecado, mayor debe ser la distancia. El pecado se hace mayor cuando se pretende ostentar poder y autoridad en estado absoluto, sin reconocer ningún otro tipo de poder superior. A esto se refiere la expresión de “sentarse como reina”, sin cono­cerla soledad y el desamparo (viudez), sin el sufrimiento (llanto). Se puede leer en Jr. 51.5, la viudez como soledad y desamparo (cf., además, Is. 47.8-11). Algo parecido se dice en los Oráculos Sibilinos 5.168-71 con referencia a Roma. Se trata del pecado de orgullo y soberbia que emana del saber que se tiene el poder político y económico total.

Finalmente, termina esta exhortación al pueblo a salir de la ciudad, con una apelación al justo juicio de Dios. Esto se hace al más puro estilo apo­calíptico: quemar con fuego bajo el poder superior. En este caso se refiere al poder de Dios el Señor (kirios o zeos) que ejercita su justicia definitiva en el esjatón.

Los vs. 9-20 continúan el discurso profético. El estilo literario nos re­cuerda nuevamente los oráculos proféticos del Antiguo Testamento.

Todos estos versículos conforman un discurso de denuncia frente al ejercicio del poder económico y de cómo éste se expresa, en este caso, por la vía del comercio. De nuevo tenemos el factor económico como el ele­mento básico que constituye el pecado del poder imperial, y que merece el juicio de Dios. Hay tres sectores político-económicos comprometidos. Los reyes de la tierra (v.9) (oi basilcis tes ges), “los mercaderes de la tierra” (v. 11) (oi emporoi tes ges); y los armadores navieros (kubernetes y oi epi topon pleon), los que trabajan en el mar (v. 17).

Todo el discurso de denuncia del poder económico del Imperio, se dirige ahora a los socios y consorcios menores que se encuentran dispersos por todas sus fronteras (a eso se refiere la expresión “de la tierra”, tes ges).

Como en Is. 14.18, la expresión “reyes de las naciones” se refiere a los pequeños países satélites o ciudades-estados, dominados política y eco­nómicamente (cf. vs. 3 y 9).

También en Ez. 26.16-18 y 27.9b, se hace mención de los “príncipes del mar” como aquellos gobernantes de las islas y ciudades que comerciaban con Tiro.

Conviene detenerse a analizar los diversos artículos o mercaderías mencionados que, además de ejemplificar la gran amplitud del comercio de la época, constituyen un valioso dato histórico de lo que era el comercio de entonces. Un listado semejante a la de los vs. 11-13 aparece en Ez. 27.1 2ss., en donde se menciona el comercio con Tarsis.

Se enumera una serie de productos que se vendían en todo el mundo co­nocido de entonces, y que mayormente se concentraban en los puertos de Asia. Hay piedras preciosas y objetos de lujo, especies y perfumes. Todos estos elementos evidencian la suntuosidad, la opulencia de las clases altas de la sociedad romana. Este dato es ya indicativo de una fuerte estratifi­cación social, en donde hay ciertos sectores de la aristocracia que concen­traban en sus manos la mayor parte del poder económico, situación que les permitía llevar una vida fácil y licenciosa.

Además, se menciona una serie de metales (oro, bronce, hierro, made­ras, mármol, etc.). La existencia y el tráfico de metales nos indican el grado de avance en cuanto a la industria metalúrgica, el trabajo de los metales, que eran ya elementos estratégicos puesto que con ellos se podían fabricar armas para la guerra, aunque también herramientas para la industria artesanal y para el cultivo de la tierra. Tener el monopolio de estos metales, sería signo constitutivo de poder económico. Así mismo, la comercialización de ellos permitía obtener un gran porcentaje de utilidades.

En un tercer nivel está el comercio que hace a la alimentación: vino, aceite, harina, trigo, ovejas, etc. Es otra dimensión del poder económico y comercial. Quien posee estos productos puede obtener cierta utilidad; no obstante, quien intermedia en la comercialización obtiene mayores utilidades, sin tener que producirlos. Las tierras de cultivo hablan sido, en muchas par­tes, expropiadas por vía del despojo que constituía el alto tributé a la tenen­cia de tierra. Al perder sus tierras los campesinos pobres, éstas pasaron a manos de terratenientes que las acumularon y las hicieron producir a bajo costo, utilizando mano d'~ obra barata obtenida de los mismos campesinos que habían perdido sus tierras. Estos campesinos empobrecidos debieron emplearse para pagar sus deudas y tratar de sobrevivir. La acumulación de los productos alimenticios es una actividad monopólica que permite manejar el nivel de los precios, los cuales debidamente comercializados producen, a su vez, ingentes riquezas.

Finalmente, y no por ser menos importante, está el negocio de los es­clavos. La esclavitud constituyó la actividad económica más importante en el siglo I antes de Cristo y hasta comienzos del siglo II 6. En el orden social romano, los esclavos conformaban la clase más baja en la escala social. A tal grado alcanzó el comercio de esclavos, quede su existencia dependía, en gran medida, la economía romana. La mayoría de los esclavos en el Imperio provenían de Siria y Asia Menor; también de Grecia, Judea, África y las provincias occidentales. Josefo dice que cerca de 97.000 judíos fueron hechos esclavos por Tito en la toma de Jerusalén, en el 70 d.C. (Bell. 6.420). Muchos de éstos fueron enviados para trabajar en Egipto (Bell. 6.418). Así como éste, hay muchos otros ejemplos que señalan la importancia comercial del tráfico de esclavos en esta época.

La referencia al sistema esclavista en el v. 13, se puede comprender ana­lizando tres expresiones en los vs. l3b y 14. En primer lugar, tenemos los simples esclavos (somáton) destinados al trabajo del campo, el servicio doméstico en las casas aristocráticas. Otra clase de esclavitud la constituye la expresión psijas anztrópon (cf. Ez. 27.13). Probablemente se trata de aquellos esclavos de condición social o cultural más elevada, como pedago­gos, literatos, artistas, etc., quienes eran destinados a la educación de los hijos de las familias aristocráticas. Una tercera categoría de esclavos era la de aquellos cuyos cuernos relucientes, bien formados y alimentados, cubiertos de adornos resplandecientes, eran destinados al circo, a los espec­táculos en la corte imperial y a los prostíbulos.

La enumeración de todos estos elementos constituyentes de la economía y el comercio de la época, nos permite deducir los diferentes grupos sociales que conformaban la sociedad romana en todo el territorio del Imperio. Del mismo modo, nos permite inferirla manera cómo esta riqueza se acumulaba, se distribuía, y quiénes eran los que la usufructuaban. Por lo tanto, a partir del análisis de los lexemas económicos en el texto, podemos proyectamos y sacar consecuencias acerca de la producción, la acumulación de las rique­zas y su distribución. En segundo lugar, la conformación de clases y grupos sociales que genera este sistema económico. Finalmente, la práctica social de cada uno de estos grupos. Es evidente en el texto desde qué sector social viene la denuncia y contra quiénes va dirigido el juicio. Frente a esta situa­ción de injusticia, se apela a la justicia de Dios.

Toda la denuncia profética se expresa también en esta sección en térmi­nos de lamentación, para destacar la destrucción total del poder imperial y de todos aquellos que se han beneficiado con él. El cántico está entretejido con tres ayos (tremos, en griego, del hebreo quinoth), recurso literario muy propio de la literatura profética, trasladado al Nuevo Testamento; por ejem­plo, Ez. 24.6ss, 26.l7ss; Ls. 5.8; Jr. 22.13, 50.2b; Am. 5.16; Mi. 11.21; Lc. 6.24.

v.10. “¡Ay, Ay! Babilonia, la gran ciudad (e megále),
la ciudad poderosa (isxura)
que en una hora ha llegado tu juicio” (Krisis).
v. 16. “¡Ay, ay la gran ciudad (e megále),
que vestía de lino, púrpura y escarlata,
resplandeciendo de oro, piedras preciosas y perlas,
que en una hora ha sido arruinada tanta riqueza!”.
v. 19. “¡Ay, ay la gran ciudad (e megále),
en cuya riqueza se enriquecieron
todos los que tenían naves en el mar;
que en una hora ha sido asolada!”.

El primer ay se refiere al juicio sobre el poder político. Se denuncia la estructura de poder en la cual se ha convertido el Imperio, cuya cabeza está en Roma, y de cómo ha sometido a muchas naciones. Juntamente con esta denuncia, se anuncia el juicio escatológico inminente de Dios que viene sobre este poder absoluto.

En el segundo ay se denuncia el poderío económico sobre el cual se sus­tenta el Imperio, el lujo y la ostentación que le acompañan. Frente al juicio de Dios, las riquezas acumuladas tienen escaso valor y duración.

En el tercer ay, la denuncia recae sobre la expansión del poder eco­nómico hacia los estados y reinos que han participado de este poder, y la red de relaciones de dependencia que ha creado. Termina el lamento con el jui­cio inminente que acompañará su destrucción.

Toda la sección 4-20 concluye con un cántico de consolación a los fie­les: “Alégrate cielo” (var. añade “sobre ella”; para destacar la inversión de situaciones que se produce con la consumación del juicio de Dios) 7. Hay gozo en el cielo, que luego es acompañado por el gozo en la tierra. Mención especial merecen los santos apóstoles y profetas. La razón de este gozo total es “porque Dios ha juzgado (ékrinen) vuestra causa (kríma) en ella”. Finalmente, en el juicio escatológico se reestablece la justicia divina. Esta justicia tiene dos dimensiones: primero, la condenación de los injustos, el poder imperial romano; y segundo, la reivindicación de los justos.

C) Tercera teofanía, vs. 21-24:

Un ángel con poder

21 Y un ángel poderoso levantó una gran piedra de

molino y la arrojó al mar diciendo:

“Con esta misma fuerza será derribada

Babilonia, la gran ciudad, y nunca será hallada”.

22 Y voz de arpistas, músicos, flautistas

y trompeteros,

nunca más se oirá en ti;

y ningún artesano de cualquier oficio

se hallara nunca más en ti,

ni ruido de molino se oirá más en ti.

23 Luz de lámpara no alumbrará más en ti,

ni voz de esposo y de esposa se

oirá más en ti;

porque tus mercaderes eran los más grandes

de la tierra;

porque en tus hechicerías

se extraviaron todas las naciones.

24 en ella fue encontrada

la sangre de los profetas y santos

y de todos los que fueron sacrificados

sobre la tierra.

Termina este discurso de denuncia profética contra el poder imperial con una tercera teofanía. Esta vez es un ángel poderoso (isxurtòs). Notemos que en 10b el término “poderoso” se aplicó a “Babilonia” (Roma), símbolo del poder temporal. Ahora el poder se transfiere a quien verdaderamente lo posee, es decir: Dios. Se reitera una vez más la caída de Roma, para decir lo que ya no será ni habrá más en ella. Para ello se utiliza como recurso literario el tema de la destrucción de Babilonia, y de cómo ésta es arrojada al Eufrates en Jr. 51.63. La imagen de la piedra de molino como símbolo de juicio se encuentra también en Ez, 26.12, y en el Nuevo Testamento en Mt. 18.6 y paralelos. No habrá más alegría, fiestas ni regocijo en su territorio (22a). Tampoco habrá trabajo, ni industria (texnítes, téxnes) (22b). Se augura la decadencia del proyecto económico. Las consecuencias de esta crisis caerán sobre el mundo laboral y significarán el final de todo progreso tecnológico.

Dentro de esta decadencia está incluida, también, la crisis que afectará al campo y su producción. “Ruido de molino” (foné múlou), se refiere a la crisis en la producción de los cereales. El imperio se enorgullecía de ser gran productor y distribuidor de éstos (cf. vs. 11-13).

Las tinieblas cubrirán la gran extensión del imperio (23a). Esta expre­sión aparece en Jr. 25:10. Allí el profeta denuncia en términos parecidos cómo será la caída de Babilonia. Allí tampoco habrá gozo ni alegría.

Las consecuencias de este desastre político y económico alcanza­rán igualmente a las estructuras sociales (23b). Se prevee la desintegración de la familia. Lo mismo en Jr. 7.34, 16.9 y 25.10. Véase también este ele­mento en los discursos apocalípticos de los sinópticos (Mc. 13.12, Mt. 10.21).

Por último, se indica cual es la causa fundamental de esta hecatombe. Se trata de un factor económico (23b). Las grandes empresas navieras, encargadas de transportar la producción de toda la cuenca del Mediterráneo,~ entrarán en crisis porque ya no habrá qué transportar, puesto que tampoco habrá producción. Esta crisis del proyecto económico es catalogada como farmakeía, que se traduce como hechicería, magia o encantamiento. El fetiche económico, en cuanto objeto de culto idolátrico, ha cautivado a, naciones y reyes de la tierra. Los “santos apóstoles y profetas” (vs. 21 y 24) no cayeron bajo este hechizo, y por eso sufrieron la persecución y la muerte. Debido a ello, la ruina del sistema económico es causa del juicio escatológico de Dios. En medio de este sistema se ha derramado la sangre de los ino­centes; profetas y santos fueron sacrificados (esfagménon). Se trata de una clara referencia a las matanzas de Domiciano, a fines del siglo I. Esta per­secución se dirigió contra todos aquellos que se atrevieron a rechazar el culto imperial.

D) Síntesis

La estructura del capítulo nos ofrece, en síntesis, los siguientes elementos para su lectura interpretativa:

A) Primera Teofanía. Juicio al poder político

hegemónico que se consolida en función de las alianzas económicas.

1. Teofanía. Un ángel con poder.

2. ¡Cayó Babilonia la grande! (Poder político).

3. Naciones, reyes y mercaderes (alianza político-económica).

B) Segunda Teofanía. Exhortación a la fidelidad y

denuncia del pecado.

4 Otra voz desde el cielo, llamado al pueblo santo.

5,6,7,8. Juicio de Dios. El pueblo debe apartarse de

toda forma de pecado en el Imperio.

9-20. —Denuncia del poder económico idolátrico que corrompe y sacrifica al pueblo.

—Anuncio de su caída inminente.

—Gozo en los cielos y alegría en la tierra.

—La justicia de Dios que se impone en el juicio escatológico.

C) Tercera Teofanía. Juicio escatológico y reivindicación

de los fieles.

21. Un ángel poderoso en un gesto simbólico denuncia

la caída del poder imperial.

22-23. Consecuencias de la destrucción del poder

político-económico.

24. Denuncia del poder y su culpabilidad en el

sacrificio de los profetas y santos.

El texto se mueve entre la denuncia del pecado económico, el anuncio del juicio divino y la reivindicación de los fieles. El pecado aparece enunciado en tres dimensiones: política, económica y religiosa. Estos tres elementos circulan en la lectura del texto, y ofrecen elementos importantes para su interpretación.

III. Hermenéutica

Al concluir la parte exegética, podemos decir que el texto nos ofrece, cuando menos, tres niveles de lectura. Un primer nivel político, un segundo nivel económico y el tercero, religioso. Conviene analizar brevemente estos tres niveles y ver cómo se relacionan, de tal modo que su sentido sea significante también para nosotros hoy. Para los efectos de su significación, debemos mantener separados el aspecto socio-histórico del literario. El texto, en cuanto literatura, proviene de una situación histórica. No obstante, al transformarse en texto escrito, en cuanto literatura, gana independencia de lo histórico y puede proyectarse, en este caso, a la situación contemporánea que queremos iluminar con su significado.

En cuanto a los socio-histórico, es claro, de los datos que podemos ob­tener, que se trata de un oráculo profético en género apocalíptico, desde la perspectiva opresión-persecución. Se refiere a las comunidades cristianas de fines del primer siglo, que en su dispersión misionera debieron luchar contra las pretensiones hegemónicas del Imperio. Sabemos que éste tenía un proyecto de dominación político-militar, el cual a su vez se sustentaba sobre un proyecto económico. Esto significó doblegar y someter a muchas pequeñas ciudades, estados y colonias en todas las fronteras del Imperio, en Asia Menor y la cuenca del Mediterráneo. Este proyecto de dominación, en su búsqueda de legitimación social, elaboró una ideología de dominación que asumió características religiosas. Esto es lo que se conoce como la divinización del Imperio. El César debía ser reconocido como Señor (Kirios), puesto que representaba a la divinidad. La divinización del César no era sólo de su persona, sino en cuanto resumía en sí el proyecto de do­minación del Imperio. Todo el sistema Imperial era considerado divino, es decir, querido por los dioses, y todos debían someterse a él. Rechazar al César como señor era excluirse del Imperio y su sistema. Era colocarse fuera de la Ley. Tal fue la situación de las comunidades cristianas. Rechazaron las pretensiones de divinidad que el César y el Imperio tenían, dado que ellos sólo reconocían a Jesucristo como Señor (Kirios). Esto les colocó fuera de la legalidad imperial. Fueron perseguidos, torturados y martirizados. Su resistencia constituía una amenaza para el sistema imperial, por lo tanto, debían someterse o desaparecer. Esto es una síntesis en cuanto a los ele­mentos socio-históricos que subyacen en el texto y su contexto.

En lo que se refiere al aspecto literario, al, analizar los códigos lingüísticos en el texto descubrimos que predomina el tema de la economía. Los lexemas con significación económica, abundan: mercaderes, mercaderías, comprar, vender, enriquecerse, riquezas, naves, una larga lista de metales, piedras preciosas, etc. Todo esto nos habla del mundo de la economía, el comercio, la producción y la distribución; los que venden, los que compran, el trabajo (esclavos, artesanos, oficios), etc. Estos elementos circulan en el discurso del texto para explicar que la denuncia profética está dirigida, fundamen­talmente, a un proyecto económico de dominación que explota a unos y enriquece a otros.

Si bien es cierto predomina lo económico en el texto, el aspecto polí­tico está presente, también, y muy ligado al anterior. No se entiende uno sin el otro. Ya dijimos al comienzo de este trabajo, que la denuncia del poder político está fuertemente presente en el capítulo 17. No obstante, aquí aparece en función del proyecto económico. Los símbolos del poder po­lítico aquí son, en primer lugar, “Babilonia”. Babilonia, como símbolo del poder hegemónico, como poder político-militar, está en el centro de esta lectura política. Subordinados a este poder aparecen otras expresiones, que dicen relación a poderes dependientes: “las naciones”, “los reyes de la tierra”. Estos representan a las ciudades-estados y las colonias, que habían sido comprometidas en la amplia red política-económica del Imperio. Junto a estas expresiones aparecen “los mercaderes de la tierra”. De este modo, queda claro cómo se relacionan el poder político y el económico. El pro­yecto de dominación se funda en un proyecto económico de producción, explotación y comercialización. Sobre la base de este proyecto económico, se consolida el poderío político-militar del sistema dominante.

Ahora podemos incorporar los elementos teológicos que remiten a una lectura eclesiológica del texto. Ya dijimos que éste constituye un oráculo profético de denuncia de un sistema político-económico que corrompe, des­truye y conduce a la muerte. Aniquila no sólo a quienes explota sino que, al mismo tiempo, acarrea la destrucción del sistema mismo. Quien habla en el texto, lo hace desde Dios yen favor de la comunidad de los santos mártires perseguidos por el sistema. La fidelidad a Jesucristo, el Señor, se constituye en factor de resistencia a la dominación. La respuesta de la comunidad no es la propuesta de un nuevo modelo político o económico; ésta no es su función. Su función es de denuncia profética para alertar sobre los peligros a que conduce un sistema semejante. El rechazo a la imposición del modelo político-económico imperial se hace a partir de la vida de fe y obediencia militante de la comunidad. La fe es, entonces, factor de resistencia teológico-liberadora frente a la imposición de una ideología de dominación, disfrazada de una supuesta prosperidad económica y estabilidad política como la que pretendía imponer el régimen.

La consecuencia de esta resistencia es la persecución, la acusación de ateísmo frente a las pretensiones de divinización del sistema, y el rechazo del culto idolátrico que se quiere imponer. Finalmente, el texto declara la reivindicación de los fieles como expresión de la justicia de Dios en el esja­tón. Desde luego que el martirio de la comunidad no es en el sentido estoico. El sufrimiento y el martirio de la comunidad tienen sentido de juicio contra el opresor. Es una resistencia militante en el sentido de ser una denuncia activa. La persecución y muerte del inocente, ponen en evidencia el pecado del sistema injusto que crucifica a los explotados y acarrea su juicio.

El discurso profético del texto llama a la comunidad a resistir la dominación. Tres elementos constituyen la esencia de esa resistencia activa: apartarse, denunciar y anunciar. La ética de la resistencia habla de apartarse del pecado de un sistema económico que seduce y despierta la codicia y la ambición de poder en muchos. Es un poder que prostituye, corrompe y lleva a la práctica de una vida licenciosa por parte de un sector, mientras para otros significa la miseria y la muerte. Se trata de denunciar un sistema que es, en esencia, contrario a la justicia de Dios. La comunidad cristiana no puede rendir culto idolátrico a un sistema que sacrifica, hechiza y condena a la perdición a quienes explota para conseguir la riqueza y que, además, destruye a aquellos que se suponen beneficiados. En síntesis, se trata de apartarse del sistema; de denunciar lo injusto de sus propuestas, lo falso y engañoso que es en el fondo al ofrecer seguridad, paz y progreso. Por último, al denunciar este modelo económico como pecaminoso, se anuncia el juicio de Dios que ha de destruir finalmente tan injusto sistema.

La respuesta de la comunidad que se propone en el texto, es una ética de la resistencia profética activa. Se espera, como es típico en la literatura apocalíptica, una solución al problema en el esjatón final. Sólo allí se ma­nifestará en su plenitud la justicia de Dios. Mientras tanto, es necesario re­sistir en la forma que se indica: apartarse, denunciar y anunciar. El anuncio de la caída del sistema de dominación se hace —en el lenguaje del texto— desde la consumación. Se habla de la caída del sistema desde el esjatón, como algo que ya ha acontecido (“ha caído”; “vino tu juicio”; “han sido consumidas sus riquezas”; “ha sido desolada”; “Dios ha hecho justicia”; etc.).

Pudiera ser que la propuesta del texto a la comunidad de los fieles, tenga alguna relevancia para el papel profético de la Iglesia en nuestro tiempo. En todas las épocas la comunidades son llamadas a apartarse de cualquier sistema polí­tico-económico que no tenga como finalidad última el bienestar de toda la humanidad. Esta es la meta del Reino de Dios: paz, justicia y bienestar para todos los hombres. Es función de la Iglesia, en cuanto comunidad de Jesu­cristo, denunciar las intenciones ocultas de cualquier sistema que pretenda la hegemonía total por la imposición de un sistema económico que asume características idolátricas. Pertenece a la esencia de la Iglesia, anunciar el juicio de Dios para el pecado; el evangelio de la justicia final y reivindicativa de Dios para su pueblo que sirve con fidelidad, y el shalom definitivo para toda la humanidad.

 
1 Nos referimos especialmente a algunos trabajos aparecidos últimamente, que demuestran la preocupación de las Iglesias sobre el tema. Por ejemplo, Dossier CMI Resource Material 1. CIPD, “The Debt Crisis. A Cali to Action and Solidarity”. August 1988. Dossier CML Resource Material2. CPID, “Taking a Stand: Highlights from the Ecumenical Hearing”. February 1989. Hinkelammert, F. J. La deuda externa de América Latina. El automatismo de la deuda externa. Editorial DEI, Costa Rica, 1988. Hinkelammert, F. J. La fe de Abraham y el Edipo Occidental. Editorial DEI, Costa Rica. 1989, Ed. Christian Aid 1988, Banking on the Poor. Ed. en español en Offset Qori Llama, Sucre (Bolivia) Negociando a costa de los pobres. Ética de la deuda del Tercer Mundo.

2Cf. Documento de Santa Fe. “Fundamentos de una nueva política exterior de perspectivas” (Mayo de 1980) y Documento de Santa Fe II. “Una estrategia para América Latina en los noventa”.

3 Ezcurra, Ana María. Iglesia y transición democrática. Ofensiva del neoconservadurismo católico en América Latina. Puntosur Ed., Buenos Aires, 1988. Ezcurra, Ana María , Intervención en América Latina. Los conflictos de baja intensidad. IDEAS Ed., Buenos Aires, 1988.

4 Cf. Ramírez, D. “La idolatría del poder. La iglesia confesante en Apocalipsis 13” en: Ribla 4 (1989).

5 Cf. Gager, John G. Kingdomand Comununity. The Social World of Early Christianity. Prentice Hall, Inc. USA, 1975. El autor se refiere al orden de los “ecuestres”, que a la vez que eran los capitalistas, comerciantes e industriales tenían además, por delegación de Roma, la responsabilidad de velar por los intereses económicos del Imperio en las colonias. Como es obvio, esta supervisión se extendía al plano político-ideológico, ya que debían estar atentos a cualquier movimiento o sublevación que atentara contra la estabilidad del sistema.

6 Op. cit, Gager, págs. 91-111.

7 El tema de la inversión de las situaciones sociales es típico en la literatura profética y sapiencial, como expresión clara del carácter radical que adquiere la justicia de Dios; por ejemplo, 1 Sm.2.7; II Sm. 22.28; Eco. 10.14; Job 12.17-25; Ez.21.31. En el Nuevo Testamento aparece especialmente en los sinópticos, por ejemplo, Mc. 10.31; 9.35. 10.44; Mt. 23.12; Lc.2. 14. Se pueden confrontar algunos trabajos tales como Gcin, A. Les pauvres que Dieu aime. Ed. Cerf, Paris, 1968. Este autor propone que el tema de la inversión de situaciones como expresión de la justicia de Dios, habría surgido de los círculos de los “pobres de Yahvé”. Ver también Haniel, E. “El Magnificat y la inversión de las situaciones” en: Selecciones de Teología 79(1981), 231 ss.; Ruiz G. “El Magnificat: Dios está por los que pierden” en: Selecciones de Teología 79 (1981), 228ss.

 

 
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