
LA DEUDA EN LA REFORMA SOCIAL DE NEHEMÍAS
(Un estudio de Nehemías 5:1-19)
José Severino Croatto
El texto de Neh. 5, poco aprovechado a nivel querigmático, es de una gran riqueza teológica, que aflora de su núcleo socio-político y económico. Por un lado, se puede comparar la acción del gobernador de Judá, Nehemías, con las reformas sociales de Urukagina de Lagas (rey sumerio del siglo XXV a.C.) o de Ammisaduqa, penúltimo rey de la gran dinastía babilónica (c. 1830-1531), cuyo máximo exponente fuera Hammurapi (1). Por el otro, nos recuerda las proclamaciones de los reyes de Mesopotamia sobre gestos de justicia en favor del pueblo (Nabucodonosor 1; títulos y epítetos que los reyes se daban a sí mismos) 2). En tercer lugar, el lector de la Biblia no deja de sentir la contraposición entre Neh. 5 y I Sm. 8: aquí se describen las prácticas opresivas de los reyes (imitados por los gobernadores y jefes de Judá de la época persa); allá se destaca la administración diferente del gobernador Nehemías.
Pero aparte de estas comparaciones, si se mira el texto de Neh. 5 desde la situación actual del Tercer Mundo, el tema de la deuda surge de él con un relieve que no tiene sin esa óptica, y de hecho no lo tuvo en los comentarios bíblicos tradicionales. A primera vista, parece que hay una dispersión de temas. Y de hecho, la crítica literaria puede mostrarnos que los vv. 14-18 son de otra mano (el hebreo del v. 14a supone que le precedía otro texto). Además, la presentación del “caso” en los vv. 1-5, expone diversos abusos en el interior de la comunidad judía del siglo V.
El texto mismo, sin embargo, se mueve sobreabundantemente en el nivel económico, trasladándose aquí y allá al político, al social y al ideológico, construyendo una cadena-de-sentido sobradamente clara; en ese nivel económico de base, la pluralidad de figuras y conjuntos figurativos (en sentido semiótico) pueden concentrarse, creemos, en el núcleo semántico de la deuda. Por su parte, la agrupación de los temas en torno a un “proyecto” económico-social resulta más visible por la estructura manifiesta del texto.
Vamos a proceder de la manera siguiente: comenzaremos con una descripción del texto para poner de relieve algunos de su rasgos; luego veremos cómo sobresale el tema de la deuda y un proyecto de reforma, destacando algunos temas nuevos; entonces será el momento de presentar la estructura manifiesta del texto total para visualizar sus relaciones internas; por último, haremos un registro de los lexemas según las instancias económica, social, política e ideológica en que se mueven. Las conclusiones tocarán la cuestión de nuestra relectura del pasaje de Neh. 5.
I. El texto y su contenido
Neh. 5 tiene un lugar “redaccional” (nivel de la composición del libro actual); literariamente, este pasaje “corta” la narración del conflicto con Samballat, iniciado en 2:10 y que (con algunos otros cortes) pasa de 4:17 a 6: 1ss. El contexto del capítulo 5 es indefinido; desde el punto de vista narrativo, uno lo esperaría en algún punto del capítulo 7. El redactor quiso de cualquier manera, según se puede entrever, situar la reforma de Nehemías antes de la solemne lectura de la Ley (8-10), e incluso de la dedicación de las murallas, demorada hasta 12:27ss.
Los vv. 1-5 exponen la situación de crisis de la comunidad judía (¿de Jerusalén solamente?). La queja no es por una dominación externa (como en 9:36s), sino “entre hermanos” (v. 1); tampoco entran en escena los samaritanos. Todo sucede entre una comunidad de “judíos” que, el texto supone, están divididos socio-económicamente. La opresión interna está expresada por tres locutores (portavoces del pueblo y sus mujeres, cf. v.. 1a) (3). Unos señalan que sus familias son numerosas (4) y no tienen qué comer; otros, que deben empeñar los medios de producción primarios (campos y viñas) y secundarios (casas) para conseguir alimento. Es una primera forma de endeudamiento. Los terceros dicen que deben pedir prestado dinero “para el impuesto del rey” (5). Se introduce, la única vez, el factor de la dominación externa, implacable como se sabe. Los ricos podían pagar tales impuestos, pero los pobres debían someterse a una nueva deuda para pagar la del tributo imperial. Es posible que el v. 4b (sin concordancia), quiera aclarar que la forma de pago del préstamo era la entrega de campos y viñas.
Este estado de pobreza y endeudamiento obliga a las familias a autodestruirse: los deudores deben entregar a sus hijos e hijas como esclavos (v. 5a), hecho que se da sobre todo con las mujeres (comp. I Sm. 8:13) (6). No hay manera de evitarlo; para colmo, los familiares dados en esclavitud deben trabajar en campos y viñas que ya fueron empeñados.
Son notables las semejanzas y diferencias entre Neh. 5 y I Sm. 8:11-17. Por un lado, se parecen las practicas de orden económico que se refieren a la agricultura, y la esclavización de personas; sin embargo, se diferencian en que frente a los procesos de endeudamiento de Neh. 5, en 1 Sm. 8 se establecen las reglas de la “expropiación” de los medios de producción y el trabajo forzado de los súbditos en los dominios del rey, además de la tributación en especie. La situación de la comunidad judía post-exílica es, por tanto, de penuria diferenciada: hay personas con muchas deudas (internas y externas), para cuyo pago sólo pueden entregar sus bienes de producción, sus viviendas, hasta el extremo de tener que dar sus hijos como esclavos para que trabajen para otros. Círculo infernal que impide toda salida. Se manifiesta el “sistema” económico-político, refrendado jurídicamente, que es generador de pobreza e injusticias y que profundiza las diferencias sociales.
El v. 6, en el que Nehemías empieza a hablar en primera persona, sirve de transición. El v. 7 identifica por primera vez a los actores del desequilibrio social, que pertenecen al plano político y administrativo: los nobles-notables (hõrini) y los oficiales (s e gânîm, cf. acádico sakun). En adelante, serán los destinatarios concretos del discurso de Nehemías. El v. 8 establece una interesante comparación que nos da un dato desconocido por otras fuentes: Nehemías recuerda a sus interlocutores que los hermanos judíos que habían sido “vendidos” a otros países, fueron “comprados” luego y por eso están ahora en Judá. Si la expresión no es retórica, indica que los repatriados del exilio provenían tanto del edicto de Ciro como del esfuerzo de sus hermanos que los “compraron” con dinero. Ahora bien, la crítica del gobernador pone a la vista la incoherencia de la práctica actual de volver a “vender” a aquellos hermanos otrora “comprados”. Irónicamente, ahora serían vendidos al mismo Nehemías y colaboradores, quienes volverían a comprarlos. El versículo es interesante porque el léxico de “compraventa” es el eje sobre el que discurre toda la comparación. Desde el punto de vista ideológico, tales actitudes son contrarias al temor de Dios (y a sus leyes) y al buen nombre que él merece entre los pueblos (v. 9b).
La reforma de Nehemías, expresada como propuesta más que como decisión perentoria, está señalada en los vv. 10-12a. Sobre ella volveremos en el parágrafo siguiente.
Los vv. complementarios 14-18 retoman a un pasado reciente, para indicar dos prácticas muy diferentes, que ya no se refieren a la opresión al estilo de los abusos de los vv. 1-5, sino a la sensibilidad social de Nehemías frente a la dureza de sus antecesores en los cargos. Nehemías no solfa usar su derecho “al pan del gobernador” (v. 14), mientras que lo exigían sus antecesores, agregando otras condiciones (v. 15) que resultaban en una forma de opresión del pueblo. El ejemplo del propio Nehemías es profundizado en el v. 16 (no se apropió de campos) y en el 17, en el que él recuerda que todos los gastos del personal corrían por cuenta propia y no del “pan del gobernador”.
El capítulo termina con una jaculatoria (v. 19, y cf. 3:36s; 6:14; 13:14.22.29.31b).
II. Las deudas y el proyecto de Nehemías
La acusación de Nehemías a los nobles-notables y oficiales, en el v.7, constituye un eje-de-sentido especial. En primer lugar, porque sintetiza a nivel literario y redaccional el informe de los desórdenes sociales señalados en los vv. 1-5 . Y en segundo lugar, por su contenido, que se reduce al tema de la deuda: “una deuda impone cada uno de vosotros sobre su hermano”. El texto hebreo usa dos veces el lexema ns' “prestar (con interés)”, en los dos extremos de la frase, como para enfatizar la idea: massã'… nõs e ' îm. No hace falta, como hacen muchos comentaristas y traductores, cambiar na' (“prestar”) por ns' (“cargar”), una metáfora que globaliza la situación de los vv. 1-5 (Biblia de Jerusalén: “¡Qué carga impone cada uno de vosotros a su hermano!”). No hay apoyo textual para ese cambio. Por lo demás, en 1-5 no se trata de expropiaciones (cf. Is. 5:8) ni de trabajo forzado para el rey (I Sm. 8:11-17), sino de hipotecas de todos los bienes (campos, viñedos, casas) para conseguir comida (v. 2) y para pagar la deuda al imperio persa (v. 4); en otras palabras, se contrae una deuda para comer y para pagar otra deuda. Recuperar los bienes hipotecados exige pagar las deudas. ¿Y cómo se pueden pagar en este círculo vicioso de “endeudarse para pagar deudas”? El extremo de la situación consiste en pagar mediante la entrega de los hijos (fuerza de trabajo joven) como esclavos (v. 5b), cuyo trabajo no remunerado tiene un equivalente en dinero (Dt. 15:18). Sólo la llegada de un año sabático (lb. vv. l2ss.) podía traer la liberación de los esclavos.
La propuesta de Nehemías está expresada en los vv. 10-12a, y se desarrolla en tres partes:
a) Nehemías reconoce que también él y su gente prestaron dinero y cereales; no obstante, anticipa su gesto de “dejar esta deuda” (10b); el cohortativo del verbo “dejar” indica una voluntad decidida.
b) A sus interlocutores les exige (un imperativo reforzado con la partícula -nã') la devolución inmediata (“hoy”) de los campos, viñedos, olivares (este término se añade ahora) y casas (v. 11a). Este inciso se refiere al v. 3.
Se trata de una real condonación de deudas, porque eran bienes tomados en prenda por dinero prestado. Sin embargo, como los pobres también habían pedido préstamos en dinero para pagar el tributo al rey persa (v. 4a), Nehemías reclama de los acreedores que los condonen (v. 11b). El texto hebrero contiene un detalle que generalmente no es observado, si bien puede tener un gran interés para nosotros: ¿qué significa (hãsibû) m e 'at hakkesep...? El verbo m e ' at es el constructor de me' â “cien”; la propuesta de modificar el texto en massa' t (“deuda-préstamo de”) tiene sentido, pero no base; peor es la sugerencia, basada en los LXX (apò tou arguríou), de convertir m e ' at (“de/de entre”) para traducir: “y parte del dinero”. Nehemías pediría así una condonación parcial, mínima tal vez. Lo mismo entienden quienes traducen el texto actual por “una centésima (parte) del dinero” (Biblia de Jerusalén, en nota). Estas interpretaciones “generosas” suponen que perdonar algo de una deuda, ya es un gran gesto. ¿Por qué no entender el texto como suena: “devolvedles hoy sus campos, sus viñedos, sus olivares y sus casas; y el ciento (por uno) del dinero... que les habéis prestado”? No hay ningún caso conocido en que me' a signifique “la centésima (parte)”, aunque algunas veces es multiplicativo: cien veces (cf. Qo. 8:12; Pr. 17:10). ¿Será una fórmula retórica el “ciento por uno” (cf. Le. 8:8) en nuestro pasaje? ¿O se puede entender como una propuesta de máxima, que implica la restauración de las personas afectadas por la pobreza del endeudamiento? El devolver “el ciento (por uno)” es una forma de invertir los términos del enriquecimiento previo de los acreedores. El texto, además, agrega al dinero los rubros “trigo, vino y aceite”, todos bienes de consumo, apropiados por los acreedores tal vez durante mucho tiempo. ¿No tiene sentido entonces que Nehemías les pida que devuelvan “el ciento (por uno)” del dinero y de los bienes de consumo producidos por las tierras empeñadas (vv. 3-4)? La devolución así es satisfactoria, y cubriría el deterioro acaecido desde el momento de hacerse las hipotecas, permitiendo a su vez a los deudores su propio proceso productivo. El texto dejaría entender que los acreedores se han enriquecido sobradamente; y señala con claridad que pueden económicamente hacer lo que Nehemías les reclama.
c) Los oficiales acreedores responden: “devolveremos (nâsîb, retomando los términos de la propuesta, v. 11a)... y no reclamaremos...” (v. 12a). ¿Cumplieron luego su palabra? ¿Fue sólo una promesa de ricos para salir del paso? Nehemías, en todo caso, se asegura jurídica y religiosamente de la ejecución de la promesa, comprometiendo por juramento a los sacerdotes que harían cumplir lo prometido (v. 12b), si no es que el juramento no es pedido a los mismos interesados (7). El contexto es de alianza (comp. Esdras 10:3-5, esp. el v. 5: la frase es la misma que en nuestro pasaje). Ahora bien, en la realización de alianzas era costumbre incluir un rito simbólico de disuasión de toda transgresión (comp. Jr. 34:18-20): en este caso, el gesto consiste en sacudir los pliegues (los “bolsillos”) del manto (cf. el símbolo y su explicación en el v. 13).
A todo esto, no debemos olvidar que estamos en plena asamblea popular: vv. 7b y 13b. Un asunto que interesa al pueblo que trae la queja (v. 1a), no se resuelve en la intimidad de los poderosos. El discurso crítico de Nehemías se desarrolla en asamblea (vv. 8-11), lo mismo que la promesa de los acreedores (v. 12a) y la toma del juramento (v. 1 2b- 1 3a). La mención de la asamblea (vv. 7b y 13b) sirve de inclusión a esta parte central del capítulo.
¿Qué significa la conclusión del v. 13b: “hizo el pueblo según esta palabra”? La expresión parece referirse al cumplimiento de una promesa (cf. y. l2b: Esdras 10:5b). El pueblo era el que levantó la queja y no el incriminado. ¿O la frase es general, y está diciendo que el pueblo “hizo la misma cosa”, es decir, el gesto simbólico de sacudirlos bolsillos del manto? Habría sido un gesto impresionante, visual y auditivamente (8).
La gravedad de todo este asunto está en que una comunidad de hermanos ha sido herida. Veremos en IV la relevancia del lexema “hermanos”. La situación apuntada en los vv. 1-5 no es de ayuda mutua, de asistencia de los ricos en favor de los necesitados, sino de aprovechamiento de aquéllos a costa de éstos. La riqueza engendra más pobreza en forma de deuda. Contra esta perversión previene Lv. 25:35-55, en una serie interesante de leyes que empiezan “si tu hermano se empobrece...”. Se prohíben el interés, la usura y el tratamiento de esclavo hacia los hermanos que deben trabajar para pagar deudas. Nehemías va más lejos aún, pidiendo una condonación generosa y restauradora.
III. La estructura manifiesta de Nehemías
Un texto comunica no sólo por las palabras y frases, sino también por la posición de las mismas dentro de un todo cerrado. Este comentario se refiere al texto diagramado que se adjunta. El vocablo “pueblo” sirve de inclusión tanto entre los vv. 1-13 (ya observada) como entre 1 y 19 (temáticamente, entre 1 y 18b). El centro de la narración es ocupado por los acreedores, no obstante el marco de la misma indica que el pueblo es el referente principal, el que es oprimido (situación inicial del relato) y el que resulta beneficiado por las decisiones tomadas (situación final). El cuadro de situación (vv. 1-5+6) contiene varias inclusiones que lo cierran: el “clamor” (1 y 6); los “hermanos” explotadores (v. 1b) son nuestros “hermanos”, de la misma carne (5a); nuestros “hijos” numerosos y carecientes (v. 2) son iguales que los “hijos” de aquéllos, sin embargo son esclavizados (v. 5). La secuencia es “hermanos-hijos-hermanos-hijos”.
El resultado es: “nuestros hijos/hijas son esclavos de sus hermanos”. Situación ésta que tiene su causa en el orden económico, muy destacado en estos versículos. A nivel estructural, el lector debe leer tres veces el conjunto “nuestros campos y nuestras viñas” (vv. 3a.4b.5b), que se relaciona con el hambre, con la deuda externa individual (en el centro) y con el trabajo de esclavos. Mirado el texto así de cerca, produce un impacto retórico notable. Es un texto compacto y macizo (9).
La situación expresada en A es contrapuesta por la breve conclusión de A'. “Todo lo que hice por este pueblo” supone cumplido el trámite para revertir la situación, dato que no es narrado en el texto. Por eso la importancia de este final de contrapunto.
Consideremos B y B'. B (v. 7) especifica por primera vez a los causantes de la crisis social, que no son los ricos en general, sino las autoridades políticas que colaboran con Nehemías. En B' se vuelve a mencionar a los oficiales de otrora (10), que no se comportaban como los de ahora (B). B y B' se oponen, por tanto. Esta relación de oposición queda subrayada por el “vosotros” del v. 7 frente al “ellos/yo” de 17-18.
La reprensión de Nehemías contra los oficiales actuales se profundiza en C (v. 8), creando una oposición entre “nosotros” (compradores) y “vosotros” (vendedores). En C', la crítica a funcionarios anteriores que también habían oprimido al pueblo (v. 15a) se contrapone con el propio ejemplo de Nehemías en una administración bastante larga (vv. 14.15b-16). Este juego de suboposiciones (en C') se expresa así:
 a gobernador (Nehemías): “no comí el pan del gobernador” (14)
 b gobernadores (anteriores): “oprimieron al pueblo (de varias formas)” (v. 15ª)
b' sus servidores: “también oprimían al pueblo” (v. 15a b )
a' yo (Nehemías): “no hice de esta manera” (15b); “no adquirí campo alguno” (16).
B-C, como conjunto, destaca ejemplos opuestos, lo mismo que B'-C', sólo que la segunda vez se refiere al pasado como testimonio en favor de Nehemías.
La relación entre D y D' os más bien lexemática: “pa1abra=cosa/hacéis' (v.9a) se reflejan quiásticamente en “hizo/esta palabra” del v. 13b. En D' (vv. 12b- 13) el vocablo haddãbar hazze aparece tres veces.
Los vv. 10-12a constituyen el centro del capítulo y el programa de reforma propiamente dicho. En E y E' se expresan dos locutores diferentes: el “nosotros” de Nehemías y sus colaboradores (E, v. 10), quienes también habían prestado dinero y trigo pero desisten de cobrar la deuda, precede y motiva el “nosotros devolveremos” de los actuales abusadores de las necesidades del pueblo (E', v. 12a). Que Nehemías haya otorgado préstamos en dinero y alimentos (v. 10a) no lo equipara a los otros, que se hicieron dueños especialmente de los medios de producción y de vida (campos... casas). De cualquier manera, E y E' muestran dos deseos: una remisión de deudas normales como ejemplo (E), y otra de bienes y deudas creadores de injusticia y empobrecimiento. Esta diferencia la pone de relieve todo el capítulo (oposiciones entre la crisis provocada por los “nobles-notables y oficiales”, y el buen ejemplo de Nehemías y su administración) y, especialmente, la convergencia de E y E' en el centro de todo el capítulo y del proyecto reformista de Nehemías (X, v. 11). En primer lugar, se exige a los “hermanos” (v. ib) abusadores, la devolución de los medios de producción (campos, viñedos, olivares (11), las viviendas, y luego el dinero y los productos del campo (trigo, vino, aceite) que corresponden al primer terceto de “campos/viñedos/olivares”.
Este versículo central merece algún comentario más. Aquí no se emplea el vocablo “préstamo-deuda (massã)”, ni la expresión “condonar las deudas” u otra semejante. No obstante, la hipotecación de los campos y. demás bienes es a cambio de dinero o alimentos para subsistir (v. 3). Para recuperare los campos, los pobres deben pagar sus deudas; lejos de poder hacerlo, deben vender a sus propios hijos e hijas como esclavos (v. 5). La deuda que sí deben pagar es el tributo imperial, para lo cual deben contraer nuevas deudas (v. 4, ¡clarísimo!). La deuda internase hace impagable, generándose un círculo de endeudamientos. El v. 11 señala además una ironía digna de atención. Los acreedores han prestado a los pobres no sólo dinero, sino, también “trigo, vino y aceite”, aquellos productos que justamente los campesinos debían producir para-ellos. Pero los producen para los acreedores (que tienen los campos en hipoteca o expropiados), quienes se los “prestan”. ¿Cómo podrían devolverlos?
De ahí que si el v. 11 no habla de “condonar las deudas” sino de devolver, es por una razón muy honda. Es la única manera de rehabilitar a los pobres: que tengan sus propios medios de producción. Si éstos ya no están hipotecados, significa que no hay deudas. También el v. 11b indica más que una condonación de deudas: si así fuera, los deudores no deberían devolver dinero y alimentos. En cambio, ¡son los acreedores quienes tienen que “devolver” estas cosas que ellos mismos dieron en préstamo! ¿Cómo se devuelve lo que se presta? Estos bienes fueron dados en préstamo a cambio de garantías, hipotecas o expropiaciones, de tal forma que fueron producidos por los mismos que ahora los reciben. Son de ellos, y Nehemías les exige que se los “devuelvan”, y con creces (el ciento por uno, probablemente), por el daño provocado y para dar tiempo a que los campesinos recomiencen su propio ciclo productivo. Nada extraño, entonces, que este v. 11 esté en el centro de la estructura manifiesta del capitulo y del proyecto reformador de Nehemías.
IV. Los cuatro lados del texto (12)
No es el caso poner de relieve todos los vocablos o frases que se refieren a las instancias económica, social, política e ideológica. De hacerlo, el lector observaría la prevalencia del nivel económico (préstamo-deuda, tributo del rey, pan del gobernador, comprar, vender, campos..., empeñar-hipotecar, prestar, dinero, siclo, etc.) con términos que recurren en el interior del texto. Lo importante es notar la interrelación que se teje en el texto entre los distintos niveles. Un ejemplo: el hecho de que la clase dirigente de Jerusalén (nivel político) preste dinero o bienes de consumo (nivel económico) con hipoteca de bienes de producción (nivel económico-jurídico), engendra esclavos y pobres (nivel social) en el interior de una comunidad explícitamente llamada de “hermanos” (nivel ideológico). En sentido contrario: la memoria de ser una misma carne y el temor de Dios (vv. 5.9.15b), operan ideológicamente sobre Nehemías (quien escucha el clamor de los oprimidos) y sobre los responsables de la crisis (que son todos de la clase política, dirigente), para que condonen las deudas y devuelvan los bienes empeñados' (nivel económico) para deshacer las diferencias sociales.
Para distinguir cada una de las instancias, hay que recorrer el texto entero. Ello significa que no son independientes entre sí, sino que se entrecruzan para generar el “sentido” del texto total. Es evidente que en la cúspide predomina el nivel político, ya que la reforma es llevada adelante por Nehemías en una instancia de poder como es la de gobernador. De otra manera no se hubiera podido hacer una reforma social de base económica, por cuanto los opresores —aunque “hermanos” (v. 1b)— pertenecían a una clase social con poder político y económico. Es el caso de hablar de la función “salvífica” del poder usado para defender a los oprimidos, que lo son porque otro poder los subyuga.
Para concluir este parágrafo, hay que señalar otro hecho significativo que el texto “dice” implícitamente. La iniciativa de Nehemías es sólo de un segundo tiempo. El primer actor, el que levanta una queja o protesta, es el pueblo (v. 1), incluyendo a las mujeres. El dato es sociológicamente relevante. ¿Se le habría ocurrido a Nehemías hacer la reforma sin ese clamor del pueblo? Según el v. 6, parece que no. También en Ex. 3:7.9, el proyecto de liberación de Yavé sucede al grito de los oprimidos. El poder político de Nehemías hace posible y viable la reforma, sin embargo la iniciativa no viene de arriba sino que surge de abajo. Es un hecho socio-político digno de atención. El poder político es una mediación que en este caso sirve para los intereses del pueblo.
V. Conclusión
A simple vista, un texto bíblico como el de Neh. 5 no parece tan rico. Tal vez por estar donde está (una obra poco usada), o porque su contenido parece agotarse en el hecho puntual del pasado. No es un texto profético, ni una “ley” o código. No obstante, como hecho histórico, al menos en su núcleo, es más sugerente e interrelaciona mejor los distintos niveles o instancias que hemos comentado. En normas como las de Dt. 15 no se capta, por ejemplo, la acción popular que presiona sobre las instancias políticas en favor de un cambio social.
A nosotros hoy en América Latina, un texto como el de Nehemías nos sugiere muchas cosas: que el “grito” del pueblo oprimido puede generar cambios; que los opresores tienen el poder de su parte, pero un poder conflictivo, inseguro, caduco; que los pobres de la tierra no tienen miedo de reclamar sus derechos; que puede haber una instancia política que use el poder para los que no lo tienen, y por eso son oprimidos; que el testimonio de los buenos gobernantes es una condición para pedir cambios a otros (recuérdese la argumentación testimonial de Nehemías en los vv. l4ss.). Hay otra “punta” en el texto, que tiene que ver con la temática de este número de RIBLA, a saber, que la deuda de los oprimidos forma una cadena sin fin de nuevas deudas, haciéndose impagable. Neh. 5:11 propone cortar por lo sano (condonar todo el peso de la deuda) y algo más...: rehabilitar al oprimido, “devolviéndole” lo que parecía que se le “prestaba”. ¿No se dice aquí y allá que la deuda externa latinoamericana ya está pagada con creces, y que los acreedores deberían “devolver” abundantemente lo que aparentemente “prestaron”? Neh. 5 da qué pensar...
Nehemías 5:1-19
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1 Un gran clamor se suscitó entre la gente del pueblo y sus mujeres contra sus hermanos judíos. 2 Unos decían: “nosotros, con nuestros hijos y nuestras hijas, somos numerosos como para obtener grano para comer y vivir”. 3 Otros decían: “Nosotros tenemos que empeñar nuestros campos, nuestras villas, y nuestras casas para conseguir grano durante el hambre”. 4 Otros decían:
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A
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“Hemos pedido prestado dinero para el impuesto del rey, (a cuenta de) nuestros campos y nuestras viñas”. 5 Ahora bien, nuestra carne es como la de nuestros hermanos; como sus hijos son nuestros hijos, sin embargo nosotros forzamos a nuestros hijos y a nuestras hijas a ser esclavos, y hay entre nuestras hijas las que fueron forzadas; y no podemos hacer nada, pues nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a otros”.
6 Yo me indigné mucho al oír su clamor y estas palabras.
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B
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7 Tomé decisión en mi corazón de reprender a los notables y oficiales, y les dije: “Una deuda impone cada uno de vosotros sobre su hermano”; luego ordené contra ellos una gran asamblea
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C
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8 y les dije: “Nosotros hemos adquirido a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones según nuestras posibilidades, y he aquí que ¡vosotros estáis vendiendo a vuestros hermanos para que sean vendidos a nosotros!”. Ellos callaron, sin encontrar palabra.
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D
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9 Dije entonces: “No es buena la cosa que hacéis; ¿no debéis acaso caminar en el temor de nuestro Dios para evitar el desprecio de las naciones, nuestros enemigos?
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E
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10 También yo, mis hermanos y mi gente, les hemos prestado dinero y trigo, pero olvidemos esta deuda.
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X |
11 Devolvedles hoy mismo sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas, y el ciento (¿por uno?) del dinero, del trigo, del vino y del aceite que les habéis prestado”.
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E' |
12 Dijeron ellos: “Devolveremos, y no les reclamaremos; haremos exactamente como tú dices”.
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D' |
Entonces convoqué a los sacerdotes, y les hice jurar que harían según esta palabra. 13 Luego sacudí los pliegues de mi manto, diciendo:
“¡Así sacuda Dios a todo el que no mantenga esta palabra, (dejándolo) sin casa y sin sus bienes! ¡Así sea sacudido y quede vacío!”.
Toda la asamblea dijo: “¡Amén!”, y alabó a Yavé. E hizo el pueblo según esta palabra.
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a |
14 “Además, desde el día en que (el rey) me ordenó ser su gobernador en el país de Judá —desde el año veinte hasta el treinta y dos del rey Artajerjes, durante doce años— ni yo ni mis hermanos comimos del pan del gobernador,
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C' |
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15 en cambio los gobernadores anteriores que me precedieron oprimieron al pueblo, tornando de ellos, en concepto de pan y vino, cuarenta siclos de plata;
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b' |
b' también sus funcionarios oprimían al pueblo;
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a' |
pero yo no obré así, por el temor de Dios. 16 Además, me esforcé en la obra de esta muralla sin comprar campos, con toda mi gente allí en la obra en forma solidaria.
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B' |
17 A mi mesa se sentaban los judíos y oficiales en número de ciento cincuenta, sin contar los que venían a nosotros desde los países de alrededor.” 18 Cada día se aderezaba un toro, seis ovejas escogidas, y aves, y cada diez días, toda clase de vinos en abundancia, pero con todo esto nunca reclamé el pan del gobernador, porque pesado era el trabajo que agravaba al pueblo.
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A' |
19 ¡Acuérdate, Dios mío, para mi bien, de todo lo que hice por este pueblo !”. |
1 Ver, en la breve nota aparte, F.R. Kraus, Ein Edila des Königs Ammi-saduqa von Babylon (Brill, Leiden, 1958).
2 Cf. W.G. Lambeit, “Nebuchadrezzar King of justice”: Iraq 27 (1965) 1-11; A. Gamper, Gatt als Richter in Mesopotamien und im Alten Testatnent (Universitätsverlag Wagner, Innsbruck 1966); M.J. Seux, Epithètes royales akkadiennes et sumériennes (Letouzey et Ané, París, 1967), pág. 22.
3 El lector puede seguir el texto diagramado, que se adjunta en la pág. 37. Nota de la editorial: repárese en las relaciones que se establecen en el texto, tales como: clamor, pueblo, hermanos/ellos, hijos/hijas, adquirir/vender/comprar, hacer, yo.
4 A no ser que haya que leer õr'bîm en lugar de rabbîm (cf. v. 3a); la frase sería mejor, sintácticamente; sin embargo, sería extraña la práctica supuesta por tal lectura.
5 Es la única vez que aparece middâ “impuesto-tributo” (compárese con el acádico mandattu >maddatu>hebreo middâ ).
6 No hay razón para entender el femenino nikkãstôt por “deshonradas” (cf.Biblia de Jerusalén), ya que es el mismo verbo de 5a que se refiere a hijos-hijas. La opresión de la mujer tiene más manifestaciones que la del varón, por eso la especificación del texto.
7 Más que juramentar a los sacerdotes, el texto parece referirse a los mismos destinatarios del compromiso: “llamé a los sacerdotes (como testigos) y les hice jurar (a los acreedores) que harían según esta palabra (o promesa)”. Para una expresión parecida, también en contexto de alianza, ver Esdras 10:5.
8 “Hizo la misma cosa/hizo según esta palabra” son equivalentes, ya que dãbãr significa tanto “palabra” como “cosa”.
9 Esta impresión se refuerza atendiendo a la redundancia (=frecuencia) de los sufijos de la primera persona plural en boca de los locutores de los vv. 2-5 (16 veces, sin contarlos tres “nosotros” y los cinco sufijos verbales en el hebreo). En el caso de los sufijos nominales, se trata de los “hijos/campos nuestros”, es decir, de la comunidad que habla.
10 El texto en el v. 17a dice “judíos y oficiales”, que algunos exegetas corrigen en “notables (hõrîm, en vez de y e hûdîn) y oficiales”, según la fórmula del y. 7. Creemos que es mejor la lectura del TM.
11 Los “olivares” están indicados solamente en este pasaje, justamente en el centro, tal vez para subrayar el alcance de las hipotecas.
12 Para otros estudios sobre Neh. 5, cf. L. Alonso Schökel, “‘Somos iguales que nuestros hermanos'. Para una exégesis de Neh. 5,1-13”: Salmanticensis 23(1976) 257-266. |