
REINO DE DIOS O REINO DEL DINERO
José Cárdenas Pallares
No creo que ningún funcionario importante de alguno de los grandes bancos del mundo vaya a leer este artículo. Si por casualidad llegan a leerlo, lo más seguro es que se ría de él, y en el mejor de los casos, me juzgue un ingenuo.
Este artículo está pensado como una conversación con cristianos y con no-cristianos, que toman en serio la causa de Jesús. Más que una experiencia académica, quiere ser un testimonio de fe de alguien que se empeña en querer a Dios con toda su mente, y que, gracias a El, no ha podido apagar ni disimular su hambre y sed de justicia.
Quiero compartir mi visión de fe y de esperanza en estas tierras nuestras marcadas por la explotación salvaje y su hija, la miseria.
I
a) El primer episodio de la vida pública de Jesús relatado por Lucas, es su enseñanza en la sinagoga de Nazaret (4:16-30). Según los otros dos sinópticos, no fue así. Hubo otros sucesos anteriores a éste. Poro sin salir de nuestro evangelio, por el versículo 23 de este capítulo vemos que Lucas estaba al tanto de que el ministerio en Cafarnaún precedía a la visita de Nazaret.
Sin embargo, no sólo por la colocación, sino por la declaración general sobre la misión de Jesús, “la escena se convierte en un ilustración primordial de lo que Jesús decía cuando enseñaba en las sinagogas, e interpreta su ministerio como un todo” 1. Esta clase de enseñanza es la que Jesús seguirá exponiendo en las sinagogas (4:43-44).
O sea, que para Lucas éste es el centro de la predicación de Jesús.
Este pasaje probablemente es fruto de la redacción del evangelista, dado que el texto citado por Jesús se coteja muy bien con la LXX en puntos donde ésta difiere del texto hebreo: no hay más que un nombre divino y se habla de ciegos que recuperaron la vista.
Además no se habla del día del desquite del Señor, y en lugar de que se hable de vendarlos corazones desgarrados, se cita Is. 58:6 en donde se trata de poner en libertad a los oprimidos.
Por otra parte,
...en la sinagoga la lectura principal era la de la Torá, y de ésta Lucas no dice nada, ni de la función del traductor arameo, que interrumpía regularmente la lectura del texto hebreo 2.
Asimismo, no se acostumbraba dividir los textos sagrados, ni mezclarlos para su lectura en público. “La clase de homilía atribuida a Jesús no es la que se debería esperar en tales ocasiones”, pues ya no se trata de descubrir el sentido del texto y de animar a ponerlo en práctica, sino de que Jesús se presenta a sí mismo como el cumplimiento de la palabra profética 3.
Por lo tanto, no nos encontramos enfrente a las mismísimas palabras y hechos de Jesús, sino ante la visión lucana de Jesús.
b) Lo que para Marcos es el sumario de 1:14-15 con su llamado a la conversión y la proclamación de la cercanía del reinado de Dios, es para Lucas la interpretación atribuida a Jesús de Is. 61:1. Lo que para Marcos es el episodio de la sinagoga de Cafarnaún, en donde la enseñanza poderosa de Jesús se manifiesta en el rescate de un hombre de las fuerzas demoníacas (11:21-28), es para Lucas la presentación de Jesús de Nazaret (4:16-30). Es todo un programa y una visión de la obra entera de Jesús.
Desde un oscuro rincón del Imperio, oscuro incluso en la colonizada Palestina (Jn. 1:46), Jesús pronuncia sus primeras palabras en público; pero no son suyas, sino que retorna las de un antiguo profeta para indicar que entiende su misión en la línea de esta gran corriente generadora de esperanzas, y que lo que a él le interesa es realizar el encargo de Dios para bien de su pueblo. En sábado, Jesús anuncia la libertad a los cautivos, da la vista a los ciegos, anuncia la liberación a los oprimidos y proclama el año del Señor. El sábado, el día en que debían celebrar de manera especial la liberación de la esclavitud, que Dios provocó—Dt. 5:15—, Jesús caracteriza su misión, fruto de la unción del Espíritu Santo del Señor, como causa de alegría para el pobre, porque sacar al pobre del hambre y de la humillación es la mejor manera de dar gloria a Dios (Le. 6:1-5, 6-11).
Y aquí comienzan las dificultades: Jesús anuncia la buena nueva a los pobres que no son pobres, pues ser pobre no es ningún mérito, al contrario, puede ser fruto del vicio, de la ignorancia o de la pereza, y se podría continuar usque ad nauseam con toda esta clase de malabarismos retóricos.
Como para Lucas el sordo es el que no puede oír, y el renco es el que no puede caminar bien, y el leproso es el que tiene dañada la piel, así también para él, el pobre es el que medio vive, el indefenso ante las arbitrariedades, el explotado. Pobres son aquellos a los que Zaqueo está dispuesto a repartirles sus bienes, no espirituales, sino los que haya conseguido con el robo y la extorsión (19:8).
Pobres son aquellos con los que no quiso compartir su patrimonio, el mandatario que deseaba poseer la vida eterna (18:18-23).
Pobre es Lázaro, que ni siquiera consigue las migajas de la mesa del rico y al que los perros lamen las llagas (16:19-21).
Pobre es la viuda, que a diferencia de los ricos, sólo puede echar unas moneditas en la alcancía del templo (21:1-3).
Pobres son aquellos que están en el mismo nivel que los inválidos, los ciegos y los rencos, los que no pueden hacer negocios en aquella sociedad agrícola (14:18-21). Son los que ni siquiera pueden corresponder un favor (14: 12s.).
El pobre vale socialmente lo que valen los ciegos, los rencos, los leprosos y los sordos (7:22). ¿0 habrá rencos y leprosos espirituales en el universo lucano?
Por eso, “los pobres, a los que se les anuncia la buena nueva, no pueden separarse de las otras categorías en función de las cuales se define la misión del ungido... Esto es aún más significativo, porque Lucas suprimió una de las categorías mencionadas por Is. 61:1, “curar a los de corazones desgarrados”, y la sustituyó con otro grupo: “poner en libertad a los oprimidos” 4. De esta manera suprime todo el equívoco.
Para los judíos del tiempo de Jesús, la ceguera, como para nosotros, era muy temida. Para ellos no había pena más dura, ni sufrimiento más hondo, que la ceguera (Midrash de Sal. 146:5 al 146:8). El ciego era considerado como un muerto (T.B. Nedarim 64 b).
Para la mayoría de los ciegos, la mendicidad era la única manera de sobrevivir (Mc. 10:46; Lo. 14:13 s. 21; Jn. 9:8).
En cautivo— aijmalõtos —es claro su sentido. Basta ver Lc. 21:24 y Ap. 13:10. Sin embargo, no se trata, en primer lugar, de prisioneros por delitos comunes, ni siquiera de prisioneros de guerra. Lo más probable es que se trate, antes de todo, de presos por motivos económicos.
El mundo que describe Lucas es una sociedad piramidal, en la que el pobre vive agobiado por muchas cargas y presiones. Se la pasa en la escasez y rodeado de obligaciones económicas y fiscales. Tenía que pagar impuesto al Emperador (20:20-26; 23:2), expuesto a la arbitrariedad de los militares (Mt. 5:41). A las autoridades de Jerusalén, debía mandar el diezmo de sus magras cosechas (11:42:18:12; Mt. 17:24-27). Debía pagar largos dividendos al patrón (20:10), que, a menudo, se pasaba de duro con el trabajador (19:21). Sufría extorsiones por parte de los funcionarios públicos (3:12-14, 18:11; 19:8). No era raro que los dirigentes religiosos se aprovecharan de la gente, sobre todo de la más débil (11:39; 20:47). Además, corrían el riesgo de que los ladrones los dejaran sin nada en el campo o en el camino (6:29; 10:30; 11:21-22).
“La pobreza era un hecho básico de la vida en Galilea —Mc. 10:46; 12:41-44; Jn. 9:1 5. Por eso no es de extrañar que Lc. haga frecuentes referencias a gente con hambre (1:53; 3:11; 4:25; 6:3,21; 9:13; 12:29; 14:l3s.; 15:17; 16:21) o con carencias notables (8:34; 11:5).
El desempleo era grande (Mt. 20:1-7). Muchas tierras pertenecían a dueños que ni vivían en el lugar (20:9ss.) y que sólo estaban interesados en aumentar su capital sin trabajar (Mt. 25:14 ss.). Por eso, en tal clase de sociedad son frecuentes las deudas (6:34: 7:41-42; 16:1-9), y ante la imposibilidad de saldarlas, los deudores acaban en la cárcel (12:58-59; Mt. 18:28-29).
Para esta gente que sufre una situación de dolor y de miseria, la salvación significa ante todo el cese de sus sufrimientos. Jesús proclama que ha sido ungido por el Espíritu que está sobre él (4:18 a), lo dirige (4:1, 14), ha descendido sobre él (3:22) para enviarlo a proclamar la alegría al pobre, la libertad al prisionero, o sea, a las víctimas del dolor, del desprecio, de la usura y de la explotación (Is. 58:6s.), y esta proclamación es efectiva, pues es obra del espíritu de Dios.
Por lo tanto, la obra de Jesús sólo puede significar alegría para los más explotados, para los más pisoteados. Su misión es acabar con lo que amarga la vida de los pobres, de los ciegos, condenados a la miseria y al desprecio (Mc. 10:46ss.; Jn. 9:lss.); de los presos por no pagar las deudas con sus intereses onerosos; de los prisioneros de guerra y de los esclavizados por la imposibilidad de saldar deudas que los intereses volvieron exorbitantes.
c) Muchos admiten que Jesús devolvió la vista a los ciegos, y no sólo en sentido metafórico; que salvó a la gente del desprecio, sin embargo no admiten que haya sacado a los presos de la cárcel, ni aliviado las necesidades del pobre.
A lo más, aceptan como casos aislados la multiplicación de los panes, la curación de las hemorragias, la defensa de sus discípulos que por hambre arrancan espigas en sábado, las curaciones del hombre de la mano seca, de la mujer encorvada y del hombre hidrópico. Lo mismo ocurre con la purificación del leproso, la resurrección del hijo único de la viuda de Naín y la curación del paralítico que llevan en camilla. Incluso admiten el hecho de que él, rechazado por pobre en Nazaret, no pudo hacer ahí ningún milagro.
No obstante, ¿serán reglas aisladas tantos casos? ¿Y su actitud ante el más débil (Mc. 9:34-36)? ¿Y su sentido de grandeza, y su visión de autoridad (Mc. 10:42-45; Le. 22:24-27)?
Pero, sobre todo, conviene tener en cuenta la actitud de Jesús ante el dinero y demás bienes materiales. Para Jesús, la tierra es regalo de Dios, muestra de su providencia (12:22ss.). Es cierto que los bienes materiales son objeto de la oración de petición, pero se piden para todos, no se piden lujos ni acumular capital, ni mucho menos para uno solo. Se pide para todos el pan de cada día (11:3).
El desapego de Jesús ante los bienes es total (8:57-58), pues el bien sumo para él es el reinado de Dios y su justicia (12:31). Para él, quien sólo piensa en acumular bienes es un tonto y un pobretón ante Dios (12:13-21). Los bienes no son para acapararlos, sino para compartirlos con los que no pueden devolver el favor, o sea con los pobres, con los ciegos, con los enfermos y con los lisiados; en una palabra, con los excluidos por la crema de la sociedad como inútiles, como estorbos por carecer de poder (14:12-14; 18:22). Solamente así los bienes dejarán de ser perecederos (12:33-34). Al banquete del Reino son invitados los que no pueden donar nada (14:21). Por otra parte, el Dios de Jesús tiene una visión económica anti-utilitaria; al muerto en vida, al que ha perdido todo el honor, lo llena de honores y hace un gasto enorme con él (15:11-32).
El dinero, según Jesús, es para gastarlo en el que sufre (10:25-37; 11:41). De lo contrario, es un estorbo insuperable para la entrada al Reino (18:24-25).
En esta vivencia de fe no hay lugar ni para la usura, ni para otra clase de explotación o de opresión. Con esta clase de vida se acaba lo que causa hambre o cárcel al necesitado.
Esta misión, que aporta alegría y liberación al pobre, Jesús la considera como el cumplimiento de una gran esperanza (4:21). Como la realización del año agradable al Señor, o sea del jubileo,
…del que ni el Antiguo Testamento, ni la literatura intertestamentaria, ni fuente secular, narran que se haya puesto en práctica. Eran leyes que concernían a todo el país. Su finalidad era que el pobre aplastado por las deudas recuperara la independencia económica y no recayera en el círculo del endeudamiento 6.
Del jubileo se ocupan varios libros de la Biblia, por ejemplo: Lv. 25:7- 18; Dt. 15:1-18; Jr. 34:8-22 e Is. 61:1-2, citado por Jesús en su presentación en Nazaret. La razón de esta ley ideal es aceptar a Dios como rey en todas las esferas de la vida y, por lo tanto, como alguien que está contra todo lo que aplaste y encadene a sus hijos. Es una confesión de fe en Dios rey, que cuida de los que nadie cuida y da a quienes los dueños postizos de la tierra quitan todo (Sal. 113:7; 140:13; 145:8-21; 146:5-10; Le. 1:52-53). No se trata de defender la bondad de los pobres y oprimidos, sino de aceptar la fidelidad y la justicia de Dios.
Y con Jesús llega el momento en que este ideal se vuelve realidad.
De hecho, con la enseñanza y la obra de Jesús podemos ver claramente cuál es el proyecto de Dios y qué ofrece éste a los pobres, la mayoría de los habitantes de la tierra.
d) A estas alturas me parece más que claro que el proyecto del FMI (Fondo Monetario Internacional) y demás fuentes de poder económico, son el polo opuesto a la visión que de Dios y de Jesús, su palabra definitiva, nos presenta Lucas. Y, por consiguiente, como cristiano, tengo que oponerme a él con todas mis fuerzas, con toda mi inteligencia y con todo mi corazón.
II
a) Esta visión es compartida por una comunidad de lengua griega, anterior a Mateo y a Lucas, pues ambos nos transmiten casi con las mismas palabras la pregunta del Bautista, la respuesta de Jesús y la bienaventuranza relacionada con la respuesta (Mt. 11:3-6; Lc. 7:19b, 22, 23).
Lo más probable es que estas palabras no sean ni de Juan ni de Jesús, sino de una de las primeras comunidades de habla griega.
La pregunta del Bautista no corresponde a su visión de un juicio inminente, en el que Yahvé mismo, sin necesidad de intermediario alguno, juzgará con todo el rigor de su justicia (3:7-9). Entonces, “¿Cómo pudo llegar a pensar que su bautizado fuera el juez universal, que está a punto de incendiar todo con su ira justiciera (3:16b-17)?” 7. Además, “al no indicarse cómo reaccionó el Bautista a la respuesta, nuestra fuente nos deja en claro que su formulación no la ocasionó un interés biográfico” 8.
Por otra parte, la respuesta de Jesús supone la aceptación general de que el terrible Día del Señor “debe estar precedido por una primera visita, a mitad de incógnito, del enviado divino, que se dejará reconocer por sus milagros” 9.
¿Hay base histórica para tales suposiciones?
La respuesta (Mt. 11:15 y Lc. 7:22) no es una reseña biográfica de Jesús, sino la interpretación de su obra a través del libro de Isaías,
...con ella se ilumina la obra de Jesús. Las obras de misericordia de Jesús con los paganos, con la pobre viuda, con los publicanos y pecadores se entiende en profundidad, cuando se sabe quién es este misericordioso, y qué sucede realmente con tales hechos 10.
Se nos está diciendo que ya llegó la era futura de salvación. Sus bendiciones son una realidad ya presente. El mensajero último, definitivo, del amor fiel de Dios, de “su entrañable misericordia” (1:78), es Jesús de Nazaret. “El ha venido como la personificación de las bendiciones prometidas por el profeta” 11.
Como Jesús proclamó el Reinado de Dios y no se predicó a sí mismo, en buena conciencia no puedo atribuirle a él esta respuesta. Aquí se trata de una visión de fe, que tuvo de él una de las primeras comunidades cristianas.
b) “En la respuesta, Jesús conserva su secreto al revelarlo sólo una vez y oír que ve a la luz de la profecía, lleva al conocimiento” 12. Por sus hechos es como se reconoce a Jesús como el anunciado por la Escritura. Devuelve la salud y la capacidad para ganarse la vida y el respeto a la gente considerada estorbo o maldición: ciegos, sordos, inválidos y leprosos. Incluso resucita muertos. No obstante, la señal clara de que con él llegan las bendiciones prometidas, es que a los pobres se les anuncia la buena nueva: que Dios reina en beneficio de ellos.
Esta señal distinta a las demás mencionadas, enlistada al último, incluso después de la resurrección de los muertos, cita explícita de Is. 61:1s, es el indicio más claro de que Jesús es “el que ha de venir” y de que no tenemos que esperar a otro.
Ciegos, sordos, inválidos y leprosos, eran más que pobres en su mayoría. Junto a los ciegos y a los sordos, beneficiados por la intervención final de Dios, se alegrarán los oprimidos y los pobres, porque Dios habrá terminado con la tiranía y el cinismo de los opresores, según Is. 28:17-21.
Por eso,
...los beneficios concedidos a estos enfermos son prenda de un porvenir mejor, (pues)... la buena noticia anunciada a los pobres no puede ser más que la noticia de que cesarán de ser pobres y de sufrir la pobreza. Así como los ciegos ven, los sordos oyen, los muertos tienen vida, así a ellos no les faltará lo necesario. Ya no serán víctimas de la injusta repartición de bienes. Esto sucederá en el Reinado de Dios, que Jesús declara cercano, pues la pobreza es un mal, y la llegada del Reino de Dios acabará con ella, como con la situación miserable del ciego 13.
En la misión de Jesús, estas bendiciones son algo muy próximo, son algo ya presente.
c) Lo que nos ofrece Dios, en Jesús, el simple carpintero de Nazaret, según las primeras comunidades cristianas, no puede ser más opuesto a lo que nos ofrece la cúspide del poder económico. El hambre, el desempleo, la desnutrición, las amenazas a la salud y a la vida, ciertamente no son signos de la llegada del Reino de Dios. Por lo tanto, de ninguna manera puedo acatar esta forma de organizar la economía a escala mundial, por fidelidad a la primitiva comunidad cristiana.
III
Esta visión desconcertante y cuestionadora, ni Lucas ni las comunidades anteriores a él se la sacaron de la manga. Lo único que hicieron fue profundizar el mensaje de Jesús a la luz de la fe en la Resurrección.
En las tres primeras bienaventuranzas de Lucas (6:20 b-2l), haciendo a un lado el marco añadido por él (6:20 a) y las adaptaciones de 6:22-23, podemos encontrar el mensaje central de Jesús.
A diferencia de las bienaventuranzas del Antiguo Testamento, o de la literatura intertestamental, aquí no se formula condición alguna, y el adjetivo o el participio no son acompañados de ninguna precisión 14.
Como algo sumamente cercano se proclama la realización del anuncio profético de Is. 61:1-2, sin embargo, “en lugar de anunciarles la buena nueva”, se usa la expresión concreta de la buena nueva que les es destinada 15. El Reino de Dios es de ellos.
Se proclama algo realmente paradójico: dichosos los que viven en la desdicha; los pobres, los hambrientos, los que lloran, pero no porque son pobres, sino porque muy pronto Dios reinará en beneficio de ellos (Mc. 1:15). El futuro de Dios es para ellos. Para ellos es el gran regalo de Dios (12:30). La gran obra con la que se manifestará el Reinado de Dios, es precisamente acabando con el desamparo y la ignominia de ellos.
No se dice lo que los desdichados deben hacer, sino lo que Dios ha decidido hacer en favor de ellos. Ya no reinará el poder destructor del dinero, ni ninguna clase de opresión. Estos perderán su vigor. Dios reinará en favor de los pobres, dándoles bienestar, comida y alegría, cumpliendo así lo anunciado por boca del profeta:
...libraré a mis ovejas de las fauces de los pastores para que no sean su manjar... buscaré a las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas.. Sabrán que yo soy el Señor cuando haga soltarlas coyundas de su yugo y los libre del poder de los tiranos... no los devorarán las fieras salvajes, vivirán seguros, sin sobresaltos... no volverá a haber muertes de hambre en el país, ni tendrán que soportar la burla de los pueblos. Y sabrán que yo, el Señor, soy su Dios y ellos son mi pueblo (Ez. 34:10-30).
Está por llegar el momento en que Dios, “padre de huérfanos, defensor de viudas, que prepara casa a los desvalidos y saca con bien a los cautivos” (Sal. 68:6-7), mostrará toda su piedad a sus pobres (cfr. Is. 49:13).
Jesús les dice con todas sus letras que el sufrimiento de los pobres no es querido por Dios y que, por consiguiente, está por acabarse, porque Dios ha decidido ejercer su reinado.
Los pobres son los destinatarios de las bienaventuranzas, no por lo buenos que son ellos, sino por lo bueno que con ellos es Dios, que “no es parcial ni acepta soborno, hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al emigrante dándole pan y vestido” (Dt. 10:17-18). Esta es la justicia de Dios. Así reina Dios. Por eso quiere el Señor acabar con lo que humilla y hambrea a sus hijos.
En consecuencia, se puede decir que el tema central del mensaje evangélico: “Dichosos los pobres, porque el Reino de Dios es de ustedes”, no es más que una manera concreta de afirmar que el Reinado de Dios está cerca 16.
Las bienaventuranzas no son otra cosa sino la revelación de las inmerecidas, y absolutamente gratuitas, justicia y misericordia que caracterizan al Reinado de Dios
Los pobres se llenarán, porque tomarán parte en el banquete de Dios (Is. 25:6) y reinarán porque gozarán con la obra liberadora del Señor (Sal. 126:1-2).
Lo que Jesús promete en nombre de Dios, es la supresión de la situación actual que aplasta a los pobres.
Las bienaventuranzas (Lc. 6:20 b-21)
...son una proclamación profética, son absolutas y valen para todos los que en orden actual son los últimos. Pero su lógica paradójica sólo convence al que reconoce la pretensión de Jesús, que él formula con la proclamación del cercano Reino de Dios 17.
Huelga decir que el mejor comentario a las bienaventuranzas es el mismo Jesús: su trato con los descastados, con los impuros, con los Pecadores, con los enfermos, que ni siquiera pueden expresarse, con el gentío hambriento, con lisiados y otros enfermos mal vistos que ni siquiera se lo han pedido y los cura, incluso en sábado; con la fiesta que exige o que provoca para los que carecen de todo. Con sus parábolas sobre la escandalosa misericordia de Dios, que hace estallar toda lógica y todo cálculo. Con su respeto e identificación con los más débiles, con su sentido de grandeza, con su noción de autoridad, con su respeto a la mujer, con su alegría desbordante, con toda su vida, Jesús, parábola del amor de Dios, revela lo ilimitado y gratuito de la justicia y del amor de Dios, rey y padre.
Peca de redundancia confesar que por ningún motivo, si creo en la proclamación del Reinado de Dios hecha por Jesús, puedo aceptar el reinado de ese ídolo devorador que es el dinero, causa del genocidio llamado deuda externa.
IV
a) Después de todo esto parece que no queda otra conclusión lógica sino la de la oposición total del Reinado de Dios y el reinado del dinero. No obstante, aquí entramos en uno de los mayores misterios de iniquidad presente en todas las ramas del archidividido cristianismo.
A pesar de que aceptamos a Jesús como palabra definitiva de Dios, a pesar de que Jesús habló suficientemente claro para quien quiera entenderlo, y a pesar de que Jesús mismo nos transmite esta conclusión, en todos los
tiempos y en todas las ramificaciones del cristianismo hemos complicado estas palabras tan claras y esta vivencia transparente de Jesús. ¿No será éste el pecado contra el Espíritu? (Mc. 3:29). ¿No será que muchos de los que nos decimos seguidores de Jesús, mantenemos viva la oposición encarnizada de los responsables de su asesinato? (Mc. 8:17-21).
Por esto, se hace casi imposible estudiar desapasionadamente el logion de Jesús transmitido por Lc. 16:13 y Mt. 6:24.
b) El logion se compone de un proverbio, de una explicación y de una aplicación a los oyentes. En él “se utilizan palabras y construcciones raras o inusuales en relación al resto del Nuevo Testamento” 18.
En concreto, mamoná —fuera de nuestro logion—, sólo se encuentra en Lc. 1.6:9, 11.
Las dos versiones, la de Mateo y la de Lucas , aparte de la mención del oiketes en Lucas, prácticamente coinciden en todo. Por lo tanto, vienen de una fuente anterior a estos escritos, aunque sin ninguna referencia a las circunstancias en las que el logion fue dicho.
c) No se trata de la simple oposición de “Dios” y “dinero”, sino de la oposición entre “servir a Dios” y “servir a la riqueza”.
En las frases de la explicación tenemos un quiasmo:
odiar |
  
|
amar |
|
|
|
adherirse |

|
despreciar |
Lo que está en juego, por ende, es una disposición afectiva, es el amor, es la adhesión cariñosa a alguien. No se trata nada más de cumplir una obligación, sino de darle a alguien, con hechos, el corazón. Es una llamada a tomar una decisión sin compromisos.
La oposición es absoluta: o se sirve a Dios o se sirve a mamoná. Si no se sirve a Dios, se sirve a mamoná. No hay esfera (de la vida) que esté libre de señorío 19.
Ni en la Biblia hebrea ni en el Nuevo Testamento, fuera de las excepciones aludidas, encontramos la palabra mamoná, sin embargo, sí se encuentra en Sirácida 3 1:8: “Dichoso el hombre que se conserva íntegro y no se pervierte por mamoná. Esta es una palabra aramea, tomada del hebreo, que significa “en lo que uno pone su confianza” 20.
Pablo había escrito: o Dios o pecado (Rm. 6:19-22). En este logion la alternativa es más concreta: o Dios o mamoná . Este tiene un poder demoníaco tan grande que compite con Dios por el señorío 21.
Son dos realidades totalmente contrapuestas. Mamoná aparece como un poder personificado contrario a Dios. Es el ídolo en oposición directa a Dios. Se opone rotundamente al reinado de Dios. Es el gran contrario de Dios.
No hay lugar para el auto-engaño. El verdadero dueño del que se apega al dinero, es este poder demoníaco esclavizante. “Lo que está en juego aquí es la fidelidad a Dios o a la idolatría” 22. Se niega el señorío de Dios si se sirve a Mamoná , la riqueza acumulada o derrochada sin consideración por el pobre (12:13-21, 16:19-31), fruto de la explotación (20:47) o de la rapacidad (11:37), la no compartida con los necesitados (18:22-23, 24-25), la causa del poder que excluye y que margina (14:21).
Si uno sirve al dinero, lo ama, se adhiere a él y, consiguientemente, no puede “amar a Dios con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas y con toda su mente” (10:27); por lo mismo, uno no vive la fe en el único Dios. Al tener dos dioses, rebajo a Dios a la condición de ídolo.
Si sirvo al dinero, soy esclavo de éste y no puedo servir a Dios. Si sirvo a Dios, “no soy esclavo, porque Dios me hace su hijo” 23. Esa esclavitud “pervierte al grado de no oír ni a Moisés ni a los profetas. Lo asevera Abraham mismo —16:31” 24.
Este es el gran pecado. Esta es la verdadera y radical oposición al Reinado de Dios y su justicia. Esto no sólo es ateísmo, es antiateísmo, y del peor.
Está demasiado claro: nuestra fe en Dios es pura farsa si nos ponemos al servicio de su mayor enemigo. No hay manera de llegar a un compromiso: o amamos a Dios o servimos a mamoná, ese terrible ídolo que está en oposición diametral al Reinado de Dios, protector de los pobres.
d) La aplicación de este logion de Jesús a nuestra situación, sale sobrando. Es algo que se pasa de claro.
Entonces, ¿alguien debe pagar la deuda externa?... Quienes la provocaron y quienes se han aprovechado de ella.
Para este caso sería iluminador el estudio de la perícopa sobre el impuesto al César (Mc. 12:13-17), porque no se trata de un deber hacia un estado cualquiera, sino hacia el poder imperial.
Pero resulta que me pidieron un artículo, no un libro.
1 R.C. Tannchill: The narrative unity of Luke —Acts I, 61 (Fortress Press, 1986).
2 J. Dupont: Études sur les évangiles synoptiques 1,39 (P.U.L., 1985).
3 Ch. Perrot: “Luc. 4,16-30 et la lecture biblique dans l'ancienne synagogue”, en Revue des Sciences Religieuses, 47 (1973).
4 J. Dupont: op. cit., 95. S.S. Freyne: Galilee, Jesus and the Gospels, 160 (Fortress Press, 1988).
5 S. Freyne: Galilee, Jesus and the Gospels , 160 (Fortress Press, 1988).
6 Sh. H. Ringe: Jesus, liberation and the biblical jubilee, 27s (Fortress Press, 1985).
7 D. Zeller: Kommentar zur Logienquelle, 39 (KI3W, 1986).
8 P. Hoffmann: Studien zur Theologie der Logienquefle, 201 (NTA. 1982).
9 J. Dupont: op. Cit., 68.
10 H. Schürmann: Das Lukasévangeliwn I,406 (Herder. 1969).
11 J.A. Fitzmyer: The gospel according to Luke I, 667 (Anchor Bible, 1981).
12 H. Schürmann: op. cit., 411.
13 J. Dupont: op. cit., 69.
14 E. Schweizer: Formgeschichtliches zur den Seligpreisugen Jesu (NTA. Jan. 1973, pág. 125).
15 J. Dupont: op. cit., 69.
16Idem.
17 H. Merklein: Dic Gottesherrschaft als Handtungsprinzip, 53 (Echter, 1981).
18 J. Dupont: op. cit., 553.
19 H. Weder: Die Rede der Reden, 202 (TVZ. 1985).
20 J. A. Fitzmyer: op. cit., 1109.
21 H. Moxnes: The economy of the Kingdom, 143 (Fortress Press, 1988).
22 J. Mateos y F. Camacho: El evangelio de Mateo, 73 (Cristiandad, 1981).
23 H. Weder: op. cit., 203.
24 S. Freyne: op. cit. 101. |