Mosaico literario de una historia de reyes y de profetas – 1Re 12-2Re 17
Cássio Murilo Dias da Silva
Resumen
El presenta artículo se concentra en los elementos literarios usados en la composición de la historia sincrónica de los dos reinos divididos, Israel/Efraim y Judá. El deuteronomista se vale de fuentes, documentos, relatos y modos de narrar para componer un relato que está lejos de ser neutral. Al contrario, el deuteronomista narra la historia de manera intencional; y tal intencionalidad está presente en detalles mínimos. Los varios géneros literarios, las opciones narrativas y teológicas y la coherencia de conjunto demuestran que 1Reyes 12 -2Reyes 17 no es solamente la historia de reyes, sino también, y principalmente, la historia de profetas.
Abstract
This paper focuses on the literary elements used in the composition of the synchronic history of the two separated kingdoms, Israel/Efraim and Judah. The deuteronomist employed sources, documents, reports and styles of speaking in order to compose an account far away from neutrality. Rather, the deuteronomist narrates the history intentionally, and that intentionality is present in the little details. The variety of literary genres, the narrative and theological options and the coherence in the whole work show that 1Kgs 12 – 2Kgs 17 is not only a history of kings, but also and mainly a history of prophets.
1. ¿La ruptura de un reino?
1Reyes 1-2 es el epílogo del “Libro de la Sucesión Dinástica”: después de largos capítulos de expectativa, finalmente el lector sabe quien subirá al trono de Judá, después de David. Una vez que Salomón está entronizado, sagrado y revestido, el deuteronomista describe los varios aspectos del sucesor de David: un rey sabio (1Re 3,1-5,14), eximio constructor (5,15-9,25), buen comerciante (9,26-10,29), pero cuyo reino contiene sombras y tensiones (11). Salomón está bastante idealizado, casi sin pecados; pero, de alguna forma, es un político hábil como su padre. David mantuvo unido el frágil consorcio Judá-Israel, por medio de su habilidad política; de manera diferente, Salomón requirió usar la fuerza. Las tensiones entre las dos porciones del reino de Salomón no fueron superadas, apenas quedaron adormecidas o mal ventiladas. La ascensión de Roboam, un rey totalmente sin preparación y sin mayor habilidad política, ofreció la ocasión para la ruptura.
Por lo tanto, se pregunta: ¿la separación norte-sur constituyó de hecho la división de un imperio? En términos administrativos, sí; en la práctica, sin embargo, apenas se oficializó el regreso a lo que había antes de David: las tribus de sur y la coalición de las tribus del norte. En otras palabras, aunque en la historia contada por el deuteronomista, la división del reino salomónico sea castigo por los pecados de Salomón (1Re 11), en verdad poseía raíces mucho más antiguas (Cf. 2Sam 20,1; repetido en 1Re 12,16).
2. El trabajo redaccional del deuteronomista
1Re 12- 2Re 17 narra, de modo sincrónico, las historias de los dos reinos hermanos: Judá (Sur) e Israel o Efraim (Norte). Ese bloque de texto presenta la siguiente organización:
1. La división del reino (1Re 12-13);
2. Los dos reinos antes de Elías (1Re 14-16);
3.- el ciclo de Elías (1Re 17 – 2Re 1);
4.- El ciclo de Eliseo (2Re 2-8);
5.- Los dos reinos hasta la caída de Samaria (2Re 9-17).
El deuteronomista no escribió su obra historiográfica ex nihilo. Antes, utilizó el material pre-existente algunas fuentes históricas oficiales y otras no-oficiales, narraciones populares, relatos proféticos y otras fuentes independientes . Por otro lado, el deuteronomista contó con material tradición, pero también heredó y aplicó esquemas de discursos y modos de narrar historias y, con ellos, compuso sus propios relatos. Se trata de géneros literarios presentes en larga escala en la historia de los reinos divididos. Un breve elenco permitirá concluir la importancia de esos géneros literarios en la historia sincrónica de los dos reinos hermanos. En orden alfabético:
- Anuncio de una señal: Normalmente, durante un anuncio de salvación o de castigo, el mediador profético declara que un evento futuro confirmará que sus palabras presentes son veraces. Normalmente, el mediador declara que Yahvé mismo hará ocurrir algo que servirá de señal: “Esta es la señal…”; en seguida explica la señal y describe ese evento futuro. En 1Re 13,3, después de vaticinar el nacimiento de Josías (v. 2), un hombre de Dios anónimo anuncia la señal que corrobora su palabra: el altar del santuario de Betel se agrietará y las cenizas que están sobre ella se desparramarán. Pese a que el nacimiento de Josías ocurrirá, aproximadamente, después de trescientos años, el altar de Betel se agrietará en aquel mismo instante (sin hablar de la mano de Jeroboam que se queda temporalmente paralizada).
- Anuncio del nacimiento de un hijo: Este tipo de relato sigue un esquema estereotipado, no obstante cierta flexibilidad de elementos: un mensajero divino (normalmente un ángel) comunica a una mujer estéril que ella (milagrosamente) concebirá y dará a luz un hijo, al cual se le atribuye un nombre y un destino; se narra también las reacciones de la mujer; casi siempre el anuncio es seguido por su cumplimiento, esto es, por el nacimiento del niño. Pese a que 2Re 4,11-17 pertenece a este tipo de relato, tiene la particularidad de que Eliseo no ha sido enviado por Yahvé para comunicar tal noticia; antes bien, la promesa es una iniciativa de Eliseo, como un modo de agradecer a la sunamita por su hospitalidad. Incluso Eliseo extiende su mano como gesto de su autoridad y prerrogativa por ser hombre de Dios: la palabra de Eliseo es eficaz y la sunamita, efectivamente, concibe y da a luz un hijo. Sin embargo, 1Re 13,2 no se encuadra en este género literario: el anónimo hombre de Dios vaticina que nacerá Josías, pero tal noticia no es dada a la madre; esto está más bien, en función de la reforma que será narrada en 2Re 22-23.
- Declaración de alianza: Afirmación por la cual dos partes prometen fidelidad, colaboración y cumplimiento de obligaciones uno para el otro. Hay varios modos de afirmar tal compromiso. En 1Re 22,4 y 2Re 3,7, “yo soy como tú, mi pueblo es tu pueblo, mis caballos son tus caballos” tiene una connotación típicamente militar y la frase es usada para sellar la coalición de dos reyes de igual poder que salen juntos a la misma batalla. Hasta los mismos reyes muertos son invocados en 1Re 15,19: “una alianza entre tú y yo, entre mi padre y tu padre”. En todos estos casos, los reyes envueltos tienen una paridad de importancia y la alianza es propuesta para la realización de un proyecto conjunto. Algo semejante ocurre en 1RE 20,32-33, en el cual el término “hermano” indica que ambos, Acab y Ben Hadad, son reyes de igual poder y que no habrá ventaja para Acab en caso de muerte de Ben Hadad. Es manera diferente en 2Re 16,7: “soy tu siervo y tu hijo”, son palabras del rey vasallo para pedir socorro a su soberano. Es probable que cada una de estas declaraciones tuviesen su respectiva importancia en las relaciones oficiales entre los estados y, por lo mismo, eran incorporadas en los tratados escritos.
- Entrega de misión: Episodio en el que alguien con autoridad envía a un subordinado a decir algo a una persona específica. Es muy común en narraciones de profetas. Cuando se trata de entregar un mensaje, el esquema típico es: “vas a decir a…: así dice Yahvé:…”. En 1Re 12,22-24, Yahvé ordena que Semaya diga a Roboam y a su ejército que no suban a guerrear contra Jeroboam y las tribus del Norte. En 1Re 14,5.7-11, Yahvé manda que Ajías de Silo comunique a la mujer de Jeroboam que el hijo de ese rey moriría si ella entraba en la ciudad. En 1Re 21,17-19, Elías es enviado a acusar a Ajab por el asesinato de Nabot. El lector es siempre informado de que el mensaje es entregado y ha producido sus efectos: Roboam y su ejército desisten de partir a la guerra; cuando la mujer de Jeroboam volvió a su casa y pasó por la puerta de su casa, el niño ya estaba muerto; la respuesta de Ajab a Elías es una confesión de su crimen: “¡Entonces, me atrapaste!”. Aún hay que hacer notar la diferencia entre estos tres relatos. En el primero y en el tercero, el deuteronomista no describe la entrega del mensaje, sino que pasa del discurso de Yahvé al profeta, a la respuesta de los destinatarios: el deuteronomista deja al lector la tarea de llenar la laguna, una vez que el mensaje se entrega es urgente y no puede ser postergado. En el segundo relato, sin embargo, el deuteronomista retarde el contenido del mensaje, hasta el momento que Ajías repasa a la mujer. Esa dilatación aumenta el dramatismo del relato, a fin de exaltar la veracidad de las palabras de Ajias. Por otro lado, la misión puede forjar el hacer algo y no decirlo. En 1Re 19,15-16, Yahvé envía a Elías a ungir dos reyes y un nuevo mediador profético. De estas tres misiones, Elías comienza la tercera (ungir a Eliseo: 1Re 19,19-21) y realiza solamente ésta; Las otras se realizarán bajo el protagonismo de Eliseo, pero no exactamente como Yahvé ordenara a Elías: Eliseo apenas sugiere a Jezael que dé un golpe de estado en Damasco, pero no lo unge rey (2Re 8,7-15); quien efectivamente derrama óleo sobre la cabeza de Jehú no es Eliseo, sino uno de sus discípulos que él envía (2Re 9,1-13). De ese modo, el deuteronomista instiga al lector a esperar atento la ejecución de las órdenes dadas por Elías.
- Fábula: Una historia breve, en la cual animales o plantas hablan y hacen afirmaciones de cuño moral o ideológico. En 2Re 14,9, por medio de una fábula que implica una zarza, un cedro y unos animales salvajes (todos del Líbano), el rey de Israel intenta evitar una guerra contra el rey de Judá. El uso de los árboles para representar a los reyes es mencionado anteriormente por el deuteronomista (Jue 9,8-15) y la zarza es siempre el rey tirano.
- Historia de la batalla profética: Este tipo de relato describe un conflicto militar que es decidido por la actuación de un mediador profético. En 1Re 20,1-34, la actuación de un profeta (posteriormente calificado como hombre de Dios) garantiza por dos ocasiones la victoria de Israel sobre Aram. En el relato del deuteronomista, las dos intervenciones del mediador profético son una respuesta a las provocaciones que los arameos hacen al Dios de Israel: primero, Ben Hadad invoca sus dioses para la primera batalla; después, los siervos del rey de Aram afirman que Yahvé es incapaz de vencer en una batalla en la planicie.
- Leyenda profética: Una serie de episodios del ciclo de Eliseo son aquí caracterizadas: narraciones normalmente breves, en cada una de las cuales se narra in único milagro, una historia “cerrada”, independiente, sin ninguna relación con las demás . En una situación de crisis, Eliseo es llamado a intervenir por medio de su palabra y el problema es milagrosamente solucionado. En 2Re, son seis las leyendas breves que describen el poder de la palabra de Eliseo: dos milagros de curación (la fuente insalubre, en 2,19-22 y la sopa envenenada, en 4,38-41), dos milagros de multiplicación (el óleo de la viuda, en 4,1-7) y los panes de la proposición, en 4,42-44), una maldición (las osas que destrozas a los chistosos de Betel, en 2,23-24 ) y una victoria sobre las aguas (el hacha que flota, en 6,1-7). En esas historias, los personajes son planos, sin historia personal, sin trazos psicológicos, sin nombres, sin méritos para recibir un milagro, lo que a su vez no tiene ninguna importancia en la vida política nacional, ningún significado religioso y menos aún, un valor moral. La única finalidad didáctica es provocar temor, respeto y admiración por el mediador profético.
- Parábola jurídica: Episodio en el que algún personaje relata a otro (normalmente el rey) una violación del derecho o de las costumbres, a fin de que el oyente emita un juicio. Lo que el personaje oyente no sabe es que la violación narrada es una transposición simbólica de un crimen que el oyente mismo cometió y, condenando el violador usado en el relato simbólico, se está condenando a sí mismo. Solamente después de emitir su sentencia, el oyente es informado acerca de artificio. Así, en 1Re 20,39-42 (con una extraña pre-historia en los versículos 35-38): Acab desobedeció las órdenes de Yahvé y no ejecutó a Ben Hadad; un mediador profético anónimo y disfrazado, por medio de una parábola jurídica, hace que Acab decrete su propio castigo.
- Relato de acción simbólica: Se trata de una narración en la cual el narrador profético representa de modo teatral el significado de su mensaje. El esquema típico de esos relatos es: a) Yahvé instruye un mediador para que haga determinadas acciones; b) el mediador profético ejecuta tales acciones, y c) presenta el significado de ellas ligándolas a su predicación. En 1Re 11,29-39, el rasgado del manto de Ajías de Silo y los diez pedazos pegados por Jeroboam representan la ruptura del imperio salomónico y la separación Norte-Sur.
- Relato de revelación a un profeta: Este tipo de historia relata un mensaje confidencial de Dios para el mediador profético. En general, se usa la fórmula introductoria “y la palabra de Yahvé vino a…” antes del contenido del mensaje. En 1Re 17,2-4 y 8-9, Elías es instruido acerca de los lugares a los cuales debe ir. La finalidad de esos desplazamientos no es huir de Jezael, sino ausentarse del periodo de la gran sequía, para que Yahvé pueda humillar a Baal y convencer a los israelitas de que sólo Él, y no Baal, es el verdadero Señor de las lluvias. En 1Re 21,28-29, Yahvé explica a Elías que cambió de idea y decidió postergar la desgracia que, en principio, recaería sobre Acab: Él vendrá en los días de Ocozías. Este tipo de relato enfatiza la intimidad entre Yahvé y su mensajero, al punto que Yahvé siente la necesidad, no sólo de instruir al mediador profético. Sino también darle la satisfacción de sus decisiones.
- Sumario de actualización: En estilo etiológico, la fórmula “hasta los días de hoy” atestigua que los efectosde lo que fue narrado permanece incluso en los tiempos del narrador. Completando el fin de un episodio, tal fórmula establece la continuidad histórica de varios hechos: la separación de los dos reinos hermanos, en 1Re 12,19; la salida de Edom de la dominación de Judá, en 2Re 8,22a; la destrucción del templo de Baal y la ignominiosa construcción hecha en su lugar, en 2Re 10,27; la disputa territorial narrada en 2Re 16,6; la deportación de los israelitas del Norte, en 2Re 17,23; la práctica religiosa ambigua de los samaritanos, en 2Re 17, 34.41.
El elenco de los géneros literarios y de las fórmulas usadas por el deuteronomista para completar su historia del periodo de los reinos divididos podría prolongarse, y mucho: oráculo, declaración de inocencia, discurso de acusación, lamento, itinerario, profecía de punición, juramento solemne, relato de invasión y varios otros. Estos ejemplos bastan, no sólo para ilustrar la variedad de material que el deuteronomista tenía a su disposición, sino también para corroborar cuan inmenso fue el trabajo redaccional para armonizar todo en su proyecto literario-teológico. De hecho, el deuteronomista no sólo utilizó el material pre-existente (selección, estructuración, plan y redacción final), sino que también acrecentó los elementos redaccionales que caracterizan su narración. Como elementos redaccionales, en 1Re 12 – 2Re 17, es posible
- Hay siempre un mediador profético en los momentos-claves de la historia:
- Cisma (Ajías de Silo y el hombre de Dios anónimo de 1Re 13).
- Idolatría de Acab (Elías).
- Golpe de estado de Jehú (un hijo de profeta anónimo, enviado por Eliseo).
- Hay siempre un personaje-clave, emblemático, en momentos históricos, temas e instituciones:
- Jeroboam (cisma);
- Jezabel (el culto a Baal).
- El esquema de fondo es la promesa-cumplimiento:
- División del reino (1Re 12,15 prometido en 1Re 11,29-39).
3. Reyes y mediadores proféticos
La historia de los reinos no es solamente la historia de los monarcas: es también la historia de los mensajeros de Yahvé. En efecto, la preocupación del deuteronomista es eminentemente religiosa, pues el escribe una historia sagrada: los avances y retrocesos políticos y económicos son juzgados bajo el telón de fondo de la fidelidad a la alianza. Por eso, hay dos tipos de personajes-ejes que polarizan todos los episodios: el rey y el mensajero divino. Todo gira alrededor de la relación entre ellos. Pero, a veces aparecen sacerdotes, pero no se llegan a “robar la escena”.
La historia de los reyes no es narrada de modo entusiasta. Antes bien, a veces lega a ser monótona: un formulario fijo es aplicado a todos los monarcas y, en algunos casos, es toda la información que el deuteronomista nos ofrece.
De manera diferente, los relatos que envuelven a los mediadores proféticos enviados por Yahvé, son vívidos y provocativos: normalmente, el lector es instigado a tomar partido por el mensajero divino. A pesar de que son dos las figuras prominentes –Elías y Eliseo –, otros mediadores de menor envergadura hablan y actúan en nombre de la divinidad.
3.1 Reyes
Mientas que el reino del Sur lucha por mantener la fidelidad a la dinastía davídica, el del Norte conoce sucesivos golpes de estado y, por lo tanto a varias dinastías (nueve o cinco, en el caso que se considere o no como iniciadores de las dinastías a los reyes que no fueron sucedidos por sus hijos, así como a los dos monarcas que reinaron pocos días (Zambra, siete; Salud, treinta)
Esta es la lista de los soberanos de ambos reinos en este período:
Israel/Efraim (Norte) |
Judá (Sur) |
Jeroboam I — 931-910 Nadab I — 910-909 Jehú — 841-814 |
Roboam — 931-913
Josafat — 870-848 Joram — 848-841
Jotam — 740-736 |
Para presentar cada uno de esos monarcas, el deuteronomista utiliza un formulario patrón, compuesto de tres elementos: introducción, juicio, conclusión.
- Introducción:
Noticias biográficas (nombre del padre y duración del reinado; de dos reyes del Sur se informa también la edad con la que subió al trono, y el nombre de la madre) y reyes contemporáneos. Se trata de las coordenadas históricas y biográficas. Ejemplos: 1Re 14,21-22; 15,25; 2Re 15,1-7.
- Juicio:
Los reyes son clasificados en las siguientes categorías:
a) “hizo el mal” (todos los del Norte y algunos del Sur):
– todos los de Efraim, porque continuaron la ruptura de Jeroboam;
– Los del Sur, porque no prohibieron el culto a Yahvé en los santuarios locales, o porque permitieron la idolatría;
– Ejemplos: 1Re 14,22; 15,26.
b) “hizo el bien parcialmente” (seis reyes del Sur):
– no centralizaron el culto;
– Ejemplos: 1Re 15,11-14 .
- Conclusión:
Las indicaciones de los textos en que se puede leer los otros hechos de tal rey (fuentes) y las informaciones concernientes a la muerte, la sepultura y el sucesor. Ejemplos: 1Re 14,29-31; 15,23-24.
Sin duda, se trata de un esquema teológico, cuyos criterios para avalar y juzgar los reyes no son otros sino los establecidos en el libro del Deuteronomio, principalmente el culto a un único Dios (Yahvé) en el santuario central (el templo de Jerusalén).
El balance final es pesimista, es decir, el saldo es negativo. El Norte, en poco más de dos siglos de independencia tuvo diecinueve reyes de diversas dinastías: todos condenados. El Sur, con un caminar de poco más largo (cerca de trescientos cuarenta y cuatro años, hasta la caída bajo el dominio de Nabucodonosor) y una monarquía más estable (veinte reyes de una única dinastía, la davídica), no es que estuvo mejor: los monarcas del periodo incluido en 1Re 12 – 2Re 17 son todos censurados, en mayor o menor grado.
Se debe, todavía, anotar que el deuteronomista se niega a proporcionar a Atalia ese formulario patrón (2Re 11,1-3). Pese a que ella había reinado cerca de seis años en Jerusalén, la ausencia de tal currículum vitae indica que, para el deuteronomista, Atalia no reinó legítimamente. El hecho causa más extrañeza aún, porque en el caso de los reyes más perversos e idólatras, el deuteronomista no deja de consignar tal formulario .
La existencia de algunos de esos reyes (y, por tanto, la presencia de Israel y de Judá en el escenario político internacional del Antiguo Oriente Próximo)es comprobada por documentos extra-bíblicos , entre los cuales citamos:
• Acab de Israel, en una inscripción sobre la campaña de Salmanasar III, rey de Asiria, contra los reyes siro-efraimitas. Año 853.
• Omrí de Israel, en la estela de Mesa, rey de Moab. Entre los años 852 y 842.
• Acab y Joram (talvez también Jehú), de Israel, así como Joram y Ocozías, de Judá, en la estela de Tel Dã, erigida en honor a Jazael, rey de Damasco. Entre los años 852-841 . Paralelos bíblicos: 2Re 9,14-29; Os 1,4-5.
• Jehú de Israel, en dos textos asirios sobre los tributos pagados por los reyes vasallos a Salmanasar III, rey de Asiria. Año 841.
• Menahem de Israel, en una lista de reyes que pagaron tributo a Teglatfalasar III, rey de Asiria. Año 738. Paralelo bíblico: 2Re 15,19-20.
Para completar este periodo se puede anexar la caída de Samaria, que 2Re 17,5-6; 18,9-11 y la “Crónica Babilónica” atribuyen a Salmanasar V, en el 722, pero que Sargón II se atribuyó a sí mismo, en una inscripción del 721.
3.2 Los mediadores proféticos
Muy a propósito, hasta el momento presente, este artículo evitó, en tanto y cuanto fue posible, hablar de los “profetas”. La razón es simple: es necesario observar el uso de los términos con los cuales se designan a los hombres cuya misión es ser portavoces de la divinidad. La Biblia Hebrea conoce cuatro términos: roeh “vidente”, hozeh “visionario”, ’ish ’elohim “hombre de Dios” u “hombre divino”, y nabi’ “profeta” . Aunque en 1Re 12 – 2Re 17, excepto una única aparición de hozeh en 2Re 17,13, sólo se encuentran los términos ’ish ’elohim y nabi’. Muchas veces, el ’ish ’elohim también es llamado nabi’, pero esa doble nomenclatura apenas puede indicar dos aspectos de una única actividad de mediación: el ’ish ’elohim tiene una palabra poderosa para transformar la realidad, mientras que la palabra de nabi’ denuncia el presente y anuncia el futuro.
En la obra deuteronomista, el término nabi’ es aplicado a varios personajes: Débora (Jue 4,4), Samuel (1Sam 3,20), Gadeom (1Sam 22,5), Natán (2Sam 7,2; 12,25), Elías (1Re 18,22.36), Eliseo (1Re 20,22.38), Jonás ben Amitai (2Re 14,25), Isaías (2Re 19,2) y otros. Si, por un lado, el deuteronomista omite profetas famosos (tales como Amós, Joel, Oseas),por otro lado, habla de varios grupos proféticos, llamados bene há-nebi’im “hijos de los profetas”. Y, no obstante que había profetas al servicio del rey, la gran mayoría de profetas y hombres de Dios tenían una relación, más o menos, belicosa con relación a los monarcas y a la casa real.
Por ser también aplicado a los profetas de Baal y a los falsos profetas, el título nabi’ no implicaba un juicio positivo. Algo muy diferente ocurre con ’ish ’elohim y con bene ha-nebi’im, que son ejemplos de una profecía, normalmente “periférica”, que surge en tiempo de crisis y a favor de los oprimidos. Esos dos tipos de mediadores actúan en grupos (varias veces, el ’ish ’elohim está asociado a los bene ha-nebi’im, que parecen constituir su grupo de discípulos) y, por actuar en una profecía periférica, su Dios también es periférico y a-moral (su principal característica no es la bondad, sino el poder).
Los bene ha-nebi’im actúan en varias localidades, normalmente juntos, pero eventualmente tienen una misión individual. Aparentemente Eliseo y su grupo tuvieron el apoyo de la sociedad efraimita (2Re 4,8-17.42-44); no obstante, son periféricos como Elías.
No es el caso del término nabi’ que parece ser más bien aplicado a una “profecía central”, que nace por presiones sociales, a fin de criticar o legitimar la moralidad pública. El nabi’ normalmente actúa de forma individual, sin un grupo alrededor. El Dios de la profecía es central (el centralizador) é central y moral (Yahvé bendice o castiga conforme el comportamiento ético del ser humano).
Sumando los capítulos de los dos libros de los Reyes, son cuarenta y siete; de estos, veintidós son consagrados a mediadores proféticos o citan su actuación. La mayoría de esos veintidós capítulos se encuentran en el bloque de textos estudiados en este artículo. En 1RE 12 – 2Re 17, a lado de los mediadores proféticos, cuyo nombre conocemos, son citados, anónimamente diversos otros (de Yahvé o de Baal). Casi siempre es posible identificar a los reyes en cuyo reino actúan:
MEDIADORES PROFÉTICOS |
REYES |
El nabi’ Ajías de Silo (1Re 11,29-39; 12,15; 14,4.7-11) |
Salomón y Roboam (Israel unido), Jeroboam I (Norte) |
El ’ish ’elohim Semaya (1Re 12,22-24) |
Roboam (Sur) |
Un ’ish ’elohim que viene de Judá y un nabi’ de Betel, ambos anónimos (1Re 13) |
Jeroboam I (Norte) |
El ’ish ’elohim y nabi’ Elías (1Re 17-19; 21; 2Re 1-2) |
Acab y Ocozías (Norte) |
Los cem nebi’im escondidos por Abdías (1Re 18,4) |
Acab (Norte) |
Un nabi’ anónimo (1Re 20,13.22), también llamado ’ish ’elohim (v. 28) |
Acab (Norte) |
dos bene ha-nebi’im anónimos, uno de ellos también llamado de nabi’ (1Re 20,35-43) |
Acab (Norte) |
nabi’ Miqueas ben Yemla (1Re 22) |
Acab (Norte) e Josafat (Sur) |
El ’ish ‘elohim y nabi Eliseo (2Re 2-9; 13) |
Joram, Jehú, Joacaz (Norte). |
Los bene ha-nebi’im de Betel, Jericó (2Re 2) |
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Los bene ha-nebi’im de Guilgal (2Re 4,38-41) |
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Uno de los bene ha-nebi’im discípulo de Eliseo (2Re 9,1-10) |
Joram e Jehú (Norte) |
El nabi’ Jonás ben Amitai (2Re 14,25) |
Jeroboam II (Norte) ¿? |
Todos los nebi’im de Yahvé (2Re 17,13.23) |
|
Este elenco, no obstante sumario, dice mucho. La casi totalidad de los mediadores proféticos citados en 1Re 12 – 2Re 17 actúan en el reino del Norte y, normalmente, en contraposición a la casa real. Diferentemente, los mediadores proféticos que actúan al Sur (apenas uno es citado en el periodo de la existencia de los dos reinos hermanos), parecen estar, de algún modo, ligados a la casa real: Natán (1Re 1), Isaías (2Re 18-20) y Julda (2Re 22).
A más de eso, la abundante presencia de mediadores proféticos confiere coherencia y dinamismo a la historia deuteronomista: a lo largo de ella, se van cumpliendo los vaticinios y oráculos de los mensajeros divinos.
3.3 Mediadores proféticos y sucesión monárquica
La idea de que la legitimidad de un mediador divino es garantizada por sus críticas mordaces al rey es simplista y no corresponde a la realidad. De hecho, en diversas ocasiones se encuentra un nabi’ o un ish elohim actuando en una línea bien diversa. En diversas ocasiones, el deuteronomista usa un tipo de relato profético, en el cual el mensajero divino garantiza y legitima al rey, independientemente de el monarca, en el ejercicio de su realeza, sea fiel a Yahvé o no y al santuario de Jerusalén. Ya en 1Samuel se encuentran los relatos de las unciones reales de Saúl (9,1-10,16) y de David (16,1-13). Ambas cuentan con los mismos elementos:
|
Saúl (1Sam 9,1-10,16 |
David (1Sam 16,1-13) |
• Unción |
10,1 |
16,13 |
• Privacidad |
9,27; 10,14-16 |
16,2-5.13 |
• Aprobación de Yahvé |
9,15-17; 10,1 |
16,1.3.7-9.12 |
• Designativo nagid “líder, príncipe” |
9,15; 10,1 |
16,1 |
• Consecuencias |
10,7.9; 11,6 |
16,13 |
Este mismo modelo se repite en el relato de la unción de Jehú, por un discípulo de Eliseo:
|
Jehú (2Re 9,1-13) |
• Unción |
9,6 |
• Privacidad |
9,6.11 |
• Aprobación de Yahvé |
9,3.6 |
• Designativo nagid “líder, príncipe” |
9,3.6 |
• Consecuencias |
10,7-9a |
Sin embargo, son muy diferentes los relatos de las unciones regias de Salomón y de Yoás: ambos son ungidos en el Templo y en público para que sean melek, “rey”, y quien los unge no es un nabi’, ni un ’ish ’elohim, ni uno de los bene ha-nebi’im: la unción es realizada por el sacerdote (Sadoc unge a Salomón,el nabi’ Natán está presente, pero apenas como testigo: 1Re 1,3-40; Yoyada unge Yoás, sin la presencia de ningún nabi’ ni ningún ’ish ’elohim: 2Re 11,12-14).
Por otro lado, la nominación de Jeroboam como primer rey del Norte, tampoco encaja en el modelo: no obstante se da en un ambiente privado, el nabi’ Ajías de Silo no unge a Jeroboam. A pesar de que el texto afirma la privacidad del acto (ambos estaban solos en el campo), el rito de “entronización” se resumen en el gesto simbólico de la rasgadura del manto de Ajías y la colecta de diez pedazos. Por otro lado, sin embargo, se debe preguntar porqué esa diferencia o, en otras palabras, qué tipo de rey es ungido por el mediador profético. Esa cualidad de unción parece estar ligada al inicio de una nueva dinastía. De hecho, Salón y Yoás, no obstante haber recibido una unción regia, no la recibirán de un mediador profético, sino de un sacerdote: ambos continúan la dinastía davídica, y no inauguran una nueva. La unción del sacerdote implica la aprobación institucional del nuevo monarca. Nada más coherente: Salomón, ungido rey por un sacerdote, construirá el templo de Jerusalén. En el caso de Jeroboam, es bien probable que el deuteronomista niegue la unción regia al monarca que reactivará los santuarios de Dan y Betel y que, en ellos, instalará los becerros de oro para declarar su independencia religiosa con relación al templo de Jerusalén.
4. Conclusión
El deuteronomista tiene como marca general de su obra, explicar no sólo el exilio de Judá en Babilonia, sino también la deportación sufrida por Israel/Efraim. Estas dos catástrofes parecen desmentir la promesa de Yahvé, con sus consecuencias sociales, políticas, económicas y religiosas. La permanencia en la tierra prometida está vinculada al cumplimiento de las cláusulas de la alianza (Cf. Deut 30,15-20). Pero, la historia del pueblo de Yahvé en la tierra prometida es una historia de continuo deterioro. De hecho, la fidelidad al pacto del Sinaí va empeorando cada vez más: Josué lideró una generación fiel; la generación de los Jueces alternaba fidelidad e infidelidad; pero con la monarquía (Samuel y Reyes), la infidelidad se institucionaliza, al punto de que los monarcas promueven la ruptura de la alianza. Para tratar de sanar este problema, Yahvé manda a los profetas.
Hay un cierto consenso entre los exegetas de que gran parte de 1Re 12 – 2Re 17 habría sido escrito durante la reforma de Josías (entre el 622 y el 609 a.C.), muy probablemente para animarla y propagarla. En el relato sobre la historia de los dos reinos hermanos y divididos, el deuteronomista sobrecarga la presencia de los mediadores proféticos en el reino del Norte, para enfatizar que si los reyes de Samaria hubiesen seguido la orientación de los mensajeros de Yahvé, Israel/Efraim no hubiera sufrido la destrucción, pues el pecado del monarca arrastra también al pueblo. El presente de Judá (tiempo de Josías) es el momento ideal para que el pueblo e Yahvé en Judá reencuentre el camino de la fidelidad, predicado por los profetas y hombres de Dios.
No es azar que el deuteronomista, en su balance final sobre el reino de Israel/Efraim afirme con todas sus letras:
“Yahvé advirtió a Israel y Judá por medio de todos sus profetas y de todos sus videntes, diciendo: ‘conviértanse de sus caminos perversos y guarden mis mandamientos y mis estatutos, conforme a toda la ley que ordene a sus padres y que les comuniqué por medio de mis siervos, los profetas” (2Re 17,13).
La historia de la monarquía en Israel (del Israel unido, así como de los dos reinos divididos) no es solamente la historia de los reyes: es también la historia de los mensajeros de Yahvé. No es azar, por lo tanto, que los libros de Josué – Jueces – Samuel - Reyes, en la Biblia Hebrea, sean llamados de los “profetas anteriores”.
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En el 2003, en un congreso internacional sobre la historia antigua de Israel, Nadav Na’aman presentó una aproximación crítica respecto de las fuentes que el deuteronomista tenía a su disposición. El texto completo de su conferencia se encuentra en Nadav Na’aman, “The Sources Available for the Author of the Book of Kings”, en Mario Liverani (editor), Convegno Internazionale “Recenti Tendenze nella Ricostruzione della Storia Antica d’Israele”, Roma, Accademia Nazionale dei Lincei, 2005. Un resumen se encuentra en http://www.orientalisti.net/trends.htm. Para una discusión de las varias propuestas acerca de la composición de la Obra Histórica Deuteronomista, compárese Enzo Cortese, Deuteronomistic Work, Jerusalem, Franciscan Printing Press, 1999 (Studium Biblicum Franciscanum - Analecta, 47).
Un amplio estudio sobre las leyendas breves se encuentra en Alexander Rofé, Storie di Profeti, Brescia, Paideia, 1991 (Biblioteca de historia e historiografía del tiempo bíblico, 8).
Un análisis del simbolismo de este relato se encuentra en Cássio Murilo Dias da Silva, “A careca de Eliseu, os moleques e as ursas”, en Perspectiva Teológica, Belo Horizonte, Departamento de Teología da Facultad de Filosofía y Teología, vol. 39, 2007, p. 379-386.
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Hay, sin dudas una tercera categoría (“hicieron el bien íntegramente…”), reservada a los reyes reformadores-centralizadores del culto, Exequias y Josías, que son equiparados a David. Pero, la historia de estos reyes está fuera del bloque de texto tratado en este artículo (2Re 18,3; 22,2).
Sobre el reinado de Atalia, confróntese las varias observaciones de Norman K. Gottwald, The Politics of Ancient Israel, Louisville, Westminster John Knox, 2001; así como Rita de Cácia Lo Atalia rainha de Judá, São Bernardo do Campo, Universidad Metodista de São Paulo, 2006 (disertación de maestría, disponible en: http://ibict.metodista.br/tedeSimplificado/tde_busca/ arquivo.php?codArquivo=303).
Cf. William W. Hallo (editor), The Context of Scripture, Leiden/Boston, E. J. Brill, 2003, 3 vols.; James Bennett Pritchard (editor), Ancient Near East Texts/ANET, Nova Jersei, Princeton, 3a edición, 1969; Jacques Briend, Israel e Judá - Textos do Antigo Oriente Médio, São Paulo, Paulus, 1985 (Documentos del mundo de la Biblia, 2); un resumen se encuentra en Antonio González Lamadrid, “História Deuteronomista”, en José Manuel Sánchez Caro (editor), Historia, narrativa, apocalíptica, Estella, Verbo Divino, 2003, p.185-189; Confróntese también, del mismo Lamadrid, As tradições históricas de Israel, Petrópolis, Vozes, 2001, p. 145-149.
Esta misma estela de Tel Dã provoca disensión entre los estudiosos, una vez que cita la “casa de DWD”. Hay quien interpreta el vav como mater lectionis para ô y, por lo tanto, seria la “casa de Dôd” (personaje totalmente desconocido). Háay, sin embargo, quien vocaliza DWD como “DaWiD”, lo que sería la única referencia extra-bíblica a David, comprobando, así, su existencia histórica. Un resumen de esta discusión, con indicaciones bibliográficas, se encuentra en http://www.airtonjo.com/historia_israel03.htm y en http://www.airtonjo.com/ historia20 .htm.
