La decadencia del rey y el ascenso del Mesías – 1Samuel 13 – 2Samuel 5
Marcos Paulo Bailão
Resumen
En este artículo analizamos la Historia de la Ascensión de David al poder (1Samuel 13-2Samuel 5) como obra literaria que narra como el betlehemita salió de los campos pastoriles y vino a ser rey de Judá e Israel. Él fue escogido por Yahvé y legitimado por la unción de Samuel, lo que antes ya fuera anunciado. Hasta llegar al trono, cumple una trayectoria como jefe guerrero, un Mesías legitimado por la profecía. El profetismo utiliza esta narración para establecer un paradigma para la relación entre los reyes y los profetas.
Abstract
In this study we analyze the history of Davidd’s rise (1Sm 13 – 2Sm 5) as literary work that relate how the bethlehemite leave the pastoral fields and turned out king of Judah and Israel. He is the chosen by Yahweh and legitimated by the Samuel’s anointing and the one who had already been announced. Until his arrival at the throne, he fulfills a trajectory as warrior chief, a messiah that is legitimated by the prophecy. The prophetism utilizes this narrative to establish a paradigm for the relationship between kings and prophets.
La así llamada Historia de la Ascensión de David al poder (esto es: 1Sam 13 – 2Sam 5) está aproximadamente en el centro de los profetas anteriores, pues hay 57 capítulos antes y 66 capítulos después de ella. Ella presenta la situación de crisis y rechazo de Saúl, por parte de Dios y la elección de Yahvé del futuro rey betlehemita. Narra como David, antes un pastor de pocas ovejas, de una pequeña familia de Belén, alcanza la realeza de Judá e Israel. Y se vuelve un paradigma para los otros reyes de Israel y de Judá.
A pesar de que entre los cristianos este libro estaba incluido entre los libros llamados “históricos”, en este artículo no nos aproximaremos a él buscando una reconstrucción histórica. Procuraremos, antes, observarlo en cuanto composición literaria, a fin de comprender sus expresiones teológicas, dentro del espacio de los Profetas Anteriores.
Pasamos, entonces, al texto.
¿Dónde comienza y termina la historia de la ascensión de David?
Donde comienza y termina esta historia no es un consenso. Asumimos que ella comprende la narración de 1Sam 13 hasta 2Sam 5. En 1Sam 13, Samuel expone el rechazo de Saúl y anuncia la promesa de la venida de un escogido por Yahvé, “un hombre conforme a su corazón”. Por lo tanto, allí inicia la historia de la ascensión de David, incluso antes de que el mismo betlehemita aparezca en escena.
Esta historia concluye con la narración de 2Sam 5, en el cual David asume el trono de Israel, después de haber asumido como rey de Judá; David confirma su posición, luego de un intento de los filisteos por destronarlo.
Son 23 capítulos que componen un importante trecho de los profetas anteriores. Observemos con mayor detalle esos capítulos.
¿Qué es el texto que trabajamos?
Los libros de Samuel, como todos los profetas anteriores, son considerados frutos de un proceso redaccional que reunió y editó un gran número de fuentes, algunas muy antiguas, otras más recientes.
Esta sección de los libros no escapó de la regla. En ella aparecen duplicados narrativos, por ejemplo, los que cuentan que David salvó la vida de Saúl (1Sam 24 y 26) o que David estuvo entre los filisteos (1Sam 21,11-16 y 27). Hay, inclusive, versiones contradictorias como las que describen la muerte de Saúl (1Sam 31,1-6 y 2Sam 1,5-10). Esto demuestra que también el redactor –oriundo de los círculos proféticos – de este ciclo se sirvió de diferentes tradiciones para componer esta unidad, probablemente en Jerusalén, luego de la caída de Samaria.
Sí, ¡él compuso una unidad! O más que una unidad, él construyó una narración. A partir de las diversas tradiciones, y a pesar de las incisiones ya mencionadas, el redactor compone una historia llena de sentido. Más que una historia es un relato teológico. Por ser narración teológica, no nos aproximamos al texto en un intento de una reconstrucción histórica en el estilo moderno que entendemos la historia, sino buscando su sentido. Así, de esa composición nos preguntamos por su intención y su significado, no sólo en las distintas capas del texto, sino también en su redacción final.
Estructura
Podemos delinear la estructura de esta bien organizada narración en tres divisiones principales: el rechazo al rey (1Sam 13-15), la ascensión del Mesías (1Sam 16-31) y el Mesías que se vuelve rey (2Sam 1-5).
1) El rechazo al rey (1Sam 13-15):
- Ruptura entre Samuel e Saúl (cap. 13).
- Victoria sobre los filisteos y derrota para Saúl (cap. 14).
- Guerra contra los amalecitas y nuevo rechazo a Saúl (cap. 15).
2) La ascensión del Mesías (1Sam 16-31):
- El surgimiento del Mesías (16-17).
- La unción de David (16,1-13).
- David aclama a Saúl (16,14-23).
- David vence a Goliat (17).
- David en la corte de Saúl (18).
- La amistad entre David y Jonatán (18,1-5).
- El canto que provoca celos en Saúl (18,6-9).
- Saúl intenta matar a David con una lanza (18,10-11).
- A razón de la sucesión de David (18,12-16).
- Saúl indirectamente intenta matar David (18,17-30).
- Saúl planea matar a David y éste huye (19-21).
- Jonatán intercede con Saúl por David (19,1-7).
- Saúl intenta matar David con una lanza (19,8-10).
- Mical salva a David (19,11-17).
- David se refugia con los profetas (19,18-24).
- Jonatán ayuda a David a huir (20,1-21,1).
- David en el santuario de Nob (21,2-21,10).
- David entre los filisteos (21,11-15).
- David como jefe guerrero (21,22-30).
- David agrega, alrededor suyo, a los excluidos (22,1-5).
- Saúl mata a los sacerdotes de Nob (22,6-19).
- Ebiatar se junta a David (22,20-23).
- David libera Queila (23,1-13).
- Jonatán hace alianza con David (23,14-18).
- Saúl persigue a David en Zif (23,19-28).
- David salva la vida de Saúl (24).
- Muerte de Samuel y la historia de David, Nabal y Abigail (25).
- David salva la vida de Saúl (26).
- David se vuelve vasallo de los filisteos (27).
- Saúl y la mujer de Endor (28).
- Los jefes filisteos rechazan luchar con David (29).
- David lucha contra los amalecitas (30).
- La muerte de Saúl (31).
3) El Mesías se vuelve rey (2Sam 1-5):
- David recibe la noticia de la muerte de Saúl (1).
- David, rey de Judá en guerra con Isbaal (2-4).
- David, rey de Judá e Israel (5).
1Sam 13-15 forma la primera división de este conjunto, pese a que David no aparece en ella, se prepara el ambiente para el surgimiento del betlehemita. El capítulo 13 narra el rompimiento entre Samuel y Saúl por causa de una cuestión que envuelve el sacrificio. Saúl había avanzado sobre una atribución suya, sino de Samuel. En esa ocasión, Samuel profirió el anuncio profético de que Saúl era rechazado por Yahvé. Por eso Dios ya había escogido a otra persona, un “hombre conforme su corazón” (v. 14) para ser jefe del pueblo. Es importante notar que no se trata de un rey (meleq), sino de un jefe al estilo tribal (nagid). Este anuncio es de gran importancia para el desarrollo de la historia de la ascensión de David, pues todo lo restante de la narración está teológicamente dependiendo de ello.
Otro relato de cuño deuteronomista, en 1Sam 15, cuenta otro episodio del rechazo a Saúl, por parte de Yahvé. En este caso, el motivo es el haberse guardado lo mejor de los ganados conquistado, después de la guerra contra los amalecitas. Si en el relato anterior la cuestión era por la disputa de poder, aquí tiene que ver con el enriquecimiento y la acumulación de riquezas, en este caso específico, ganado.
La segunda división (1Sam 16-31) se inicia con una importante subdivisión: los tres relatos, originalmente independientes, sobre el surgimiento de David (capítulos 16-17). En la forma en que están reunidos, ellos indican la siguiente secuencia: David es ungido, posteriormente es llevado a la corte para aclamar a Saúl a través de la música y, por fin, se muestra como un héroe al derrotar al gigante Goliat. La aparición de David es presentada en antítesis con Saúl (1Sam 8-10). Saúl es ungido porque el pueblo pide un rey a Samuel; David es escogido por Dios, quien manda al profeta de Ramá a ungirlo. Saúl es rico, hijo de una importante familia, de una tribu poderosa; David es el hermano más joven, pastor de un pequeño rebaño de una familia común de Judá. Saúl es alto y se destaca entre la multitud; David es tan pequeño que se ahoga con la armadura de combate.
Los capítulos 18-21 tratan sobre la ascensión de David como guerrero a los ojos del pueblo, principalmente de Jonatán y Mical, hijos de Saúl, lo que genera celos en el rey. A partir de entonces, el rey planea matar a su guerrero. En un episodio que es contado dos veces (1Sam 18,10-11 y 19,8-10), Saúl intenta hacerlo directamente con una lanza. Lo intenta también indirectamente enviando a David a una confrontación con los filisteos. Pero, en todas estas ocasiones, el betlehemita se libra y huye con el auxilio de los hijos del rey.
Los capítulos 18-20 tienen una redacción poco clara, en que episodios como el intento de Saúl por matar a David con una lanza o la fuga del betlehemita con ayuda de uno de los hijos del rey (Mical o Jonatán) se repiten. En la redacción final llega a aparecer que David, habiendo sufrido el atentado una vez, huye e intenta volver a la corte, donde sufre de nuevo igual atentando, para de ahí fugar definitivamente. Esa interposición de diferentes tradiciones sirve para demostrar que hasta los hijos de Saúl reconocían el carisma davídico.
Una pequeña, pero muy importante nota se encuentra en 1Sam 18,12-16. En ella se presenta la razón teológica del fracaso de Saúl y de la sucesión del hijo de Jesé: ¡Yahvé abandona al rey benjaminita y está con David! Por dos ocasiones se hace esta afirmación. A partir de ese punto, la narración presenta un David que supera todos los percances y un Saúl cada vez más envuelto en continuos fracasos y perturbaciones.
David huye a las cavernas del desierto de Judá (capítulo 22) y allá se encuentra con cuatrocientos hombres “en dificultades”, “divididos” y “descontentos”, o sea todos aquellos a quienes el sistema tribal no fue capaz de integrar. ¡El sistema tribal en Judá también se encontraba en crisis! En esta situación, David asume plenamente el carácter de nagid, un jefe guerrero al estilo tribal. Con su grupo defiende a sus amigos, saquea a los enemigos y sirve al extranjero. En este punto del relato, se cumple lo que fue anunciado proféticamente en 1Sa, 13,14. Pese a que David no es llamado el ungido, él es el mesías, pues en él se cumple la promesa antes anunciada.
En esta condición aparece delante de David la ocasión de matar a su perseguidor (en narración duplicada, 1Sam 24 y 26), pero él se rehúsa a “levantar la mano contra el ungido de Yahvé”. De ahí se establece el contraste: Saúl persigue y quiere matar a David, pero no lo consigue; David tiene la ocasión de matar a Saúl, pero no lo hace porque no quiere; Saúl es el ungido por derecho, pero no cumple los anhelos que se esperan de él; David es el mesias de hecho, pues el cataliza, en torno suyo, las esperanzas populares y responde a ellas. Sin embargo, el mesías de hecho no osa extender su mano contra el ungido por derecho.
El carácter de jefe tribal de un grupo de excluidos se muestra claramente en el episodio de la confrontación de David con Nabal (1Sam 25). Este relato, de cuño sapiencial, habla de la incorporación de las clases ricas y poderosas de Judá al grupo de apoyo de David. Esta incorporación, como lo demuestra la narración, no fue tranquila, aunque no se llegó a una confrontación directa.
En este capítulo, Nabal es arrogante, ingrato y tonto. Si hubiese dependido de él, habría guerra. Por su parte, Abigail ejerce un papel de mujer sabia, que evita la violencia, participa activamente en el desarrollo de los acontecimientos y se incorpora al grupo de mando, próximo a David . Por su oportuna intervención, la venganza pretendida por el betlehemita es detenida a través de su matrimonio --¡respecto a lo cual, ella misma decide! Que incorpora su grupo al davídico. A través de la unión con una mujer, representante de otro grupo de excluidos de la sociedad patriarcal, es que el grupo de campesinos ricos de Judá se une al jefe tribal David.
David, como escogido de Yahvé, no necesita levantar la mano contra el rey. La propia turbación de Saúl lo hunde cada vez más. Mientras él se amedrenta frente a la perspectiva de guerra contra los filisteos y –en una actitud de total desesperación – se involucra con la mujer de Endor, David no se compromete luchando contra Israel, sino que libera a los suyos de los amalecitas e incluso envía parte del botín a Judá.
La desesperación y los filisteos llevan a Saúl al suicidio, en el capítulo 31.
Esta segunda división del texto narra el aparecimiento y la continua ascensión de David, porque Yahvé estaba con él, y la decadencia de Saúl, porque Yahvé lo había abandonado.
La tercera división (2Sam 1-5) narra el recibimiento de la noticia de la muerte de Saúl por parte de David, y como él se convierte en rey, primero de Judá y después también de Israel. Para nuestro propósito aquí es importante acercarse a la lista de hijos que están en 2Sam 3,2-5 y 5,13–16. Ellas relacionan a los hijos nacidos en Hebrón y Jerusalén, respectivamente. Como afirma Hans Wilhelm Hertzberg estas listas no excluyen la posibilidad de otros hijos, dado que sólo los primogénitos son mencionados. Estas listas son así releídas, porque están relacionadas con la legitimación de la sucesión dinástica. O sea que la narración sobre David comienza a incorporar preocupaciones típicas de la monarquía. De ese modo, vemos que David deja de ser jefe, nagid, para volverse rey, meleq.
La historia de la ascensión de David termina cuando él deja de ser nagid y asume la posición de meleq, buscando legitimación para él, e iniciando así su decadencia.
Legitimación, elección y esperanza: los motivos del texto
Algunos comentaristas presentan como motivo para la redacción de esta historia de la decadencia de Saúl y ascensión de David, la necesidad de legitimar el gobierno del rey betlehemita, en sustitución del benjaminita. El tono defensivo, apologético, que empapa la narración tendría por objetivo responder a las acusaciones de que David habría tramado contra Saúl y sus descendientes, a fin de tomarse el poder, y que para ello habría servido a los poderosos enemigos filisteos.
Sin negar esta intención, entendemos que un texto que atraviesa siglos, siendo leído y releído, no puede tener un único objetivo. P. Kyle McCarter está en lo correcto cuando identifica una lectura profética de la ascensión de David que tendría el propósito de colocar toda la monarquía en sus debidos términos, o sea el rey es legítimo desde que sea escogido por Yahvé –y reconocido por los profetas – y procura hacer su voluntad.
Gerhard von Rad afirma que ese texto presenta una serie de concepciones mesiánicas y que su intención es ofrecer la esperanza de restauración monárquica en los tiempos del exilio. También esa opinión debe ser considerada-
Considerando que los libros de los profetas anteriores tuvieron una larga historia redaccional, y que sufrieron varias revisiones e inserciones, no se puede pretender un único propósito, ni para su conjunto, ni para cada una de sus partes. Para cada relectura hecha en diferentes contextos, se juntan nuevos propósitos a los antiguos, sin excluirlos.
Un jefe, según el corazón de Dios
Como ya afirmamos antes, el profetismo fue un importante agente en la redacción de este texto. Como tal, la presencia de personajes y de ambientes proféticos empapa positivamente todo el texto. Samuel es el profeta que profiere la execración de rey y el anuncio de un nuevo líder (1Sam 13,13-14), unge al nuevo jefe y lo acoge y protege en su fuga (1Sam 19,18-24). Otro profeta, Gad, orienta a David en la fuga (1Sam 22,5). ¡Y hasta personajes no proféticos, como Jonatán, Saúl y Abigail profetizan (1Sam 23,17; 24,20 y 25,30)!
Sin embargo, más que personajes, los profetas ejercen un papel más fundamental. Ellos proclaman la voluntad de Dios en el curso de la historia. Lo que ellos proclaman no es fortuito, casual, sino que constituye el rumbo histórico y confiere significado al curso de los acontecimientos.
Otra cuestión fundamental nos habla respecto al hecho de que David, en los profetas anteriores, se volvió una especie de paradigma con el cual los reyes posteriores fueron juzgados . Ciertamente que el David paradigmático no es el de la historia de la sucesión, pero este jefe del relato de la sucesión, es el hombre según el corazón de Dios, No el rey, sino el jefe. El jefe que es todo el tiempo dirigido y sometido por los profetas. ¡El hombre según el corazón de Yahvé, es el jefe conducido por la profecía!
Siendo el jefe David un modelo para los reyes de Israel y Judá y estando él sometido y dirigido por los profetas, podemos decir también que la historia de la ascensión establece, juntamente con otros relatos, paradigmas para la realeza. Esos paradigmas dicen, respecto a la relación entre rey y profeta, que el primero debe ser guiado por la palabra de la profecía. En resumen, la realeza es legitimada y limitada por la autoridad profética.
El camino del mesías
Este jefe e, desde el inicio, legitimado por la profecía, a través de la unción (1Sam 16,1-13). Él es, por lo tanto, ungido, mesías. Sin embargo, no es el ritual de la unción que le confiere características mesiánicas. Las características mesiánicas de David presentadas en este texto son:
Ser escogido por Yahvé. Al contrario de Saúl, que fue escogido por los ancianos de los sectores dominantes de Israel, David fue escogido por Yahvé por la intermediación de Samuel. Aunque el mismo Moisés interfirió en la escucha, pues él inicialmente habría escogido otro hijo de Jesé.
Ser tomado por el espíritu de Yahvé. En el pasaje de los v. 13 y 14 de 1Sa, 16 consta una importante nota que determina toda la historia siguiente: el espíritu de Yahvé tomó a David y se retira de Saúl. A partir de ahí el betlehemita pasa a elevarse cada vez más, hasta su muerte. Ser tomado por el espíritu de Yahvé hace que David sea guiado por Dios a través de los obstáculos que aparecen en su camino.
Ser precedido por esperanzas mesiánicas. No es el mesías que suscita en el pueblo las esperanzas de una situación de paz y seguridad, sino que es la presencia de esos anhelos lo que permite el surgimiento de algún líder carismático que pretenda conducir al pueblo a esta condición.
En esta narración, el anunció de Samuel que está en 1Sam 13,14 sirve como demostración de que el gobierno de Saúl ya no atendía los intereses, al menos de los profetas, y que había un profundo deseo de la venida de otro jefe que condujese la nación a la situación que se aspiraba.
Ser catalizador de los anhelos del pueblo. El mesías no impone al grupo que lidera sus deseos y esperanzas, sino qe funciona como una especie de catalizador de los anhelos del pueblo. Él incorpora en su persona y en su historia tales expectativas del cumplimiento de ellas.
Varios elementos de esa narración demuestran esa característica en David. Sin embargo, ninguno es más claro que la reunión, en torno al betlehemita, de los que se encontraban en dificultades, divididos y descontentos (1Sam 22,2), cuando él se retira de la corte de Saúl. Con ellos forma su propio bando de guerreros, con ellos alcanza las victorias.
Tales características hacen de David un líder carismático, a semejanza de los jefes tribales y que, ungido y tomado por Yahvé, conduce al pueblo a la conquista de sus esperanzas previas. Por cuenta de esas características podemos decir que David es el primer mesías de Israel
Conclusión
La historia de la ascensión de David es una narración con larga historia redaccional. Ella muestra un David idealizado, escogido por Dios y legitimado por la profecía. Ella presenta al betlehemita como un jefe tribal, capaz de reunir en torno suyo a personas desesperanzadas y conducirlas a una situación de satisfacción.
Esa narración tiene varias finalidades. De entre sus objetivos debe ser destacado el establecimiento de una relación entre reyes y profetas que imponen límites a los mandatarios de Israel y Judá, al tiempo que los legitimaba. También debe ser considerada la esperanza de la restauración que esta narración despertaba, al ser releída en tiempos sin perspectivas, como lo fue el exilio en Babilonia.
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Marcos Paulo Bailão
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Sobre el tema de la mujer sabia en este capítulo, véase: Luiz José DIETRICH, Shigeyuki NAKANOSE y Francisco OROFINO, Primeiro livro de Samuel – Pedir um rei foi nosso maior pecado, Petrópolis/São Leopoldo, Vozes/Sinodal, 1999, 313p. y Peter Kyle McCARTER Jr., I Samuel, Nova Iorque, Doubleday, 1980, 474p. (The Anchor Biblie, 8).
Véase, por ejemplo, Luiz José DIETRICH, Shigeyuki NAKANOSE y Francisco OROFINO, Primeiro livro de Samuel – Pedir um rei foi nosso maior pecado, y José Luis SICRE DIAZ, De David ao messias - Textos básicos da esperança messiânica, Petrópolis, Vozes, 2000, 376p.
