La historia (de la sucesión al trono) de David – 2Samuel 6.24
Ricardo Lengruber Lobosco
Resumen
El presente artículo tiene por objetivo presentar un breve comentario de 2Samuel 6-24, unidad literaria que narra la “historia de la sucesión al trono de David”. Como parte constitutiva, en la Biblia Hebrea, de los profetas anteriores, los libros de Samuel se concentran en tres grandes personajes, en torno a los cuales se desarrolla la historia: Samuel, Saúl y David. Queda evidente, por el análisis de los textos, que dentro de un proyecto teológico específico, los libros de Samuel subrayan tres aspectos: a) el origen, la naturaleza y las exigencias de la monarquía en Israel; b) la importancia del profeta como intérprete y mediador de Dios; y c) la centralidad política y religiosa de Jerusalén.
Abstract
This article aims to present a brief commentary of 2 Sm 6-24 which tells the “story of the succession to the throne of David”. As part of the Hebrew Bible of the Early Prophets, the books of Samuel are concentrated on three major characters around which the story takes place: Samuel, Saul and David. By analysis of these texts it is evident that, as part of a specific theological project, the books of Samuel stress three things: a) the origin, nature and requirements of the monarchy in Israel, b) the importance of the prophet, as interpreter and intermediary of God, and c) the political and religious centrality of Jerusalem.
Introducción
En la Biblia Hebrea, los libros de Samuel hacen parte de los llamados profetas anteriores (junto a Josué, Jueces y Reyes).
Su atribución a Samuel, tal vez provenga de una antigua tradición rabínica (Baba Bathra, 14b), basada en una incorrecta interpretación de 1Cro 29,29. En realidad, la presencia de Samuel queda circunscrita a la primera parte del primer libro, siendo Saúl y David los protagonistas del resto de la obra.
Originalmente, los libros de Samuel eran un solo libro. La división en dos partes tiene su origen en la Biblia de los LXX; y esta división terminó por imponerse, también en la Biblia Hebrea, a partir del siglo 15. Los traductores griegos unirán los dos libros de Samuel al de los Reyes (también divididos en dos) para formar los cuatro Libros de los Reyes. Correspondiendo los dos primeros a 1-2 Samuel. La traducción latina de la Vulgata respetó esta tradición en cuatro libros y los llamó los Libros de los Reyes. Así, en la Vulgata, 1-2 Reyes equivale a 1-2 Samuel; 3-4 Reyes equivale a 1-2 Reyes.
Hay relativo consenso sobre el hecho de que el texto hebreo masorético (TM) es difícil (desde el punto de vista de la compresión) y, por otro lado, presenta notables diferencias con los LXX. Esto, porque muy probablemente el texto griego procede de otro original hebreo. Los descubrimientos de Qumran (IV Q) mostraron numerosos fragmentos hebreos de los libros de Samuel que pueden remontarse a los siglos 3 y 2 a.C. y que presentan textos más aproximados a los LXX que al TM. Es posible que también haya habido dos formas del TM –una de las cuales sería más simplificada – que coexistieron antes de la era cristiana.
1. Contenido y división
Parece claro que, la determinar la estructura de los libros de Samuel, los capítulos 1-12 presentan afinidades con el libro de los Jueces y que los capítulos 1-2 de 1Reyes parecen la prolongación lógica de 2Sam 9-20. La actual división interna corta el relato de la muerte de Saúl (1Sam 31; 2Sam 1) y, sobre todo, la unidad más amplia de la subida de David al trono (1Sam 16; 2Sam 5).
A pesar de ello, la obra se presenta como una unidad literaria, histórica y teológica, ligada por sus tres protagonistas: Samuel, Saúl y David.
Su contenido puede ser comprendido de la siguiente forma:
I. 1Samuel 1,1-15,35 – Este primer bloque ilustra la transición del tiempo de los jueces al de los Reyes. Los protagonistas son Samuel, como último juez y Saúl como primer rey.
II. 1Samuel 16-2Samuel 5,7-8 – Este segundo bloque relata cómo David, originario de Belén de Judá, llega a la corte de Saúl y, después de diversas etapas, asume la sucesión de Saúl en el reinado. En esa ocasión, David unifica, en su persona, el dominio sobre Judá e Israel.
III. 2Samuel 6,9-20 – El tercer bloque de los libros de Samuel está formado por la historia de la sucesión al trono de David. Solamente en 1Reyes 1-2 Salomón es presentado como sucesor de David.
IV. Los capítulos de 2Samuel 21-24 deben ser comprendidos como adiciones o inclusiones en la historia de sucesión al trono. El material heterogéneo allí reunido contiene el relato sobre la venganza de los gabaonitas contra los hijos de Saúl (21,1-14), una lista de los héroes de David y sus acciones (21,15-22), la acción de gracias de David (22 = Sal 18), las últimas palabras de David (23,1-7), otra lista de sus héroes (23,8-39) y el censo promovido por David (24).
2. Surgimiento y fuentes
Hay indicios que había una historia relativamente larga en la formación de los libros de Samuel. La crítica literaria detectó la existencia de fuentes documentales y tradicionales diversas, las cuales, unidas a elementos redaccionales de origen deuteronomista, serían los materiales de los libros de Samuel.
Entre las unidades originarias más importantes están, siguiendo la línea de interpretación de H. Niehr :
a) La existencia de bloques literarios pre-deuteronomista: la historia del arca (1Sam 4,1-7; 2Sam 6,2-23), las historias de la ascensión de Saúl (1Sam 7-11) y de David (1Sam 16-2Sm 5; 7-8) y la historia de la sucesión al trono (2Sam 6; 9-20 [+ 1Re 1-2]).
b) El relato favorable a los reyes, sobre el comienzo del reinado de Saúl (1Sam 9,1-10,16; 11), el choque con la existencia de un informe hostil al reinado (1Sam 8; 10,17-27; 12).
c) Hay duplicados: el rechazo de Saúl (1Sam 13,7 -14 || 1Sam 15), la introducción de David en la corte de Saúl (1Sam 16,14-23 || 1Sam 17,55-58), el papel de David en Aquis de Gat (1Sam 21,11-16 || 1Sam 27,1-7) y Saúl resguardado por David (1Sam 24 || 1Sam 26).
d) La figura de Samuel es caracterizada de maneras distintas: como profeta sacerdotal en Silo (1Sam 1,1-4,1), como visionario de Dios en la tierra de Suf (1Sam 9,1-10,16) y como hombre en Ramá, el último juez y el hacedor de reyes (1Sam 7,2-8,22; 10,17-27).
La síntesis de modelos presentada por G. Hentschel para explicar la génesis de los libros de Samuel, ayuda a esclarecer el proceso:
1. Con base en los trabajos de Julius Wellhausen, Leonhard Rost separó 2Sam (6)9-20; 1Re 1-2 como unidad pre-deuteronomista, “historia de la sucesión al trono” y 1Sam 4,16-7,1*; 2Sam 6* como “relato del arca”.
2. En seguida, Artur Weiser delimitó una historia de Saúl pre-deuteronomista, que incluía los elementos del relato del arca, de la historia de la ascensión de Saúl y el relato de la sucesión al trono. Se trata de fuentes independientes entre sí, que fueron compiladas en tiempos davídicos y que sufrieron apenas una pequeña revisión deuteronomista.
3. De acuerdo con Martin Noth , se debe presumir que en el tiempo pre-deuteronomista confluyeron tradiciones originalmente heterogéneas. Después de eso, sucedió una revisión deuteronomista por medio de la DtrG/ Deuteronomistisches Geschichtswerk, que interfirió muy poco en el material antiguo.
4. R. Smend y su círculo de alumnos (Timo Veijola , Walter Dietrich ) se dedicaron primordialmente a las diferentes capas redaccionales de los libros de Samuel. Walter Dietrich apuró un “libro de las historias de profetas”, un “libro de la ascensión de Saúl” y un “libro de la ascensión de David”. La composición de esos libros ocurrió por intermedio de DtrH en la época de inicio del exilio. Por medio de una redacción interesada en las narraciones acerca de los profetas que los destacó (DtrP), se acrecentó un énfasis contrario al reinado. Una redacción posterior nomista (DtrN) llegó hasta a rechazar el sistema de reyes.
3. El contexto histórico
En función del trabajo de revisión deuteronomista, el inicio de la composición de 1-2Sam debe ser fijado, lo más cercano, al final del periodo del reinado. En su forma final, los libros de Samuel son del tiempo del exilio y/o del pos-exilio, ya que ellos está descrita la génesis del reinado de Israel y Judá, tema que ganó relevancia, sobre todo, después de la deportación del rey judío Joaquín, en el año 597 (2Re 24,15).
Según H. Niehr, “como autor de los libros de Samuel entran en cogitación un círculo de funcionarios de la corte y sacerdotes de Jerusalén, que consideran, en consonancia con las exigencias del Deuteronomio, a Jerusalén como el lugar elegido para el reinado” .
4. 2Samuel 6-24 – La historia de la sucesión al trono de David
Tomándose en consideración la presencia de los capítulos de 2Sam 7-8 y los apéndices de 2Sam 21-24, el bloque de 2Sam 6-24 presenta el siguiente contenido:
• 2Sam 6 – Trasferencia del Arca al templo.
- 2Sam 7-8 - promesa de dinastía a David; victorias de David, sus oficiales].
- 2Sam 9 - misericordia con Meribaal.
- 2Sam 10 - guerra contra los arameos y amonitas.
- 2Sam 11-12 - David y Batsabé; nacimiento de Salomón.
- 2Sam 13-19 - Absalón y su insurrección contra David.
- 2Sam 20 – insurrección de Sebá.
- 2Sam 21,1-14 - relato sobre a venganza de los gabaonitas contra los hijos de Saúl.
- 2Sam 21,15-22 - una lista de los héroes de David y sus acciones.
- 2Sam 22 – acción de gracias de David.
- 2Sam 23,1-7 – las últimas palabras de David.
- 2Sam 23,8-39 – otra lista de sus héroes.
- 2Sam 24 – el censo promovido por David.
2Sam 6 – transferencia del arca al templo
[6,1-10] la alegre jornada de 30 mil (¡!) personas transportando el Arca a Jerusalén es interrumpida por la muerte de Uzzá en el momento en que toca el Arca (v. 6). David, trastornado por el acontecimiento, deja el Arca en la casa de Obed-Edom, significativamente identificada como ciudad filistea de Gat. David atribuye la cólera del Señor a la ausencia de sacerdotes y levitas.
[6,11-19] Cuando el rey oye hablar de las bendiciones para la casa de Obed-Edom, se arriesgó a otro intento. Con el traslado del Arca a Jerusalén, la ciudad se afirma como capital religiosa y política de Israel.
[6,20-23] David encuentra otro problema: el escarnio de Mical, que considera la danza indecente (v. 20). La respuesta herida de David hace que ella recuerde que el Señor rechazó a la casa de su padre. Su castigo es no tener hijos. El Señor, que se cree está presente en el Arca, indica así que es libre de habitar donde Él quiere, y no necesariamente conforme al deseo del rey.
2Sam 7-8 – promesa de dinastía para David; victorias de David, sus oficiales
[7,1-17] En paz con las naciones circundantes, David tiene tiempo para dedicarse a los asuntos internos, inclusive al culto público a Dios. El hecho de que el Señor no se comunique directamente con David, sino por intermedio de Natán, revela la siempre importante importancia de la profecía con relación a la monarquía. Mencionando su simple morada en el desierto, el Señor cambia el tono del relato y, ahora, es Él mismo quien establecerá una casa, una dinastía que gobernará para siempre (v. 13).
En un curioso juego de palabras, “casa” significa palacio (v. 1), casa (v. 2.5.6.7), dinastía real (v. 11.16) y templo (v. 13). Haciendo que David se recuerde de sus orígenes humildes, el Señor le promete, incondicionalmente, un gran nombre (v. 9) y un trono firmemente establecido (v. 13.16).
Este pasaje ha sido interpretado como una alianza personal del Señor con David. En ella, el gobierno directo del Señor sobre Israel es sustituido por un rey humano, escogido por Dios. Posteriormente, ese rey continuará ocupando el trono por todas las generaciones. La actitud, anteriormente hostil de Samuel, en cuanto a dejar a Israel ser como las otras naciones, se transforma en un endoso divino de la realiza divídica y también en el establecimiento de su firme sucesión dinástica. Junto con el Sal 89 y 1Cro 17, este texto es el fundamento bíblico para la teología de la realeza, según el cual el rey era el representante del Señor que trae a Israel victoria y bendiciones.
[7,18-29] En respuesta a la promesa del Señor, David compara su propia pequeñez con la grandeza del Señor (v. 18.19.22). Como el Señor hizo en el v. 6, David también recuerda la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto (v. 23). En una renovación de la Alianza, David reafirma a Israel como el pueblo del Señor y al Señor como su Dios (v. 24).
[8,1-18] El verbo, variadamente traducido como “derrotar”, “vencer” y “matar” aparece en los versículos 1.2.3.5.9.13. La lista de victorias comienza con los filisteos y continúa por las naciones que hacen frontera con Israel. El hecho de que David utilice apenas cien caballos de carro muestra la inferioridad de su ejército con relación al de sus enemigos. A más de ser un líder militar, David se muestra como quien gobierna y administra con justicia.
2Sam 9-20
David, en el trono de Jerusalén, tiene paz con los vecinos. Convencido de una dinastía duradera (capítulo 7), busca hacer el bien con su poder y fortuna. En un momento de pasión, trasgredí la Ley, trayendo sobre sí el castigo divino, que pasa por su familia y amenaza hasta su mismo trono. 2Sam 9-20 incluye una unidad llamada narración de la corte, porque relata la historia de la vida de David como rey.
2Sam 9 – misericordia con Meribaal
David se acuerda de la alianza y de la amistad con Jonatán, a cuyos descendientes puede demostrarles bondad . Cuando el hijo alejado de Jonatán, nieto de Saúl, es traído a la casa de Maquir, a la corte de David (Cf.17.27), David hace todo lo posible para que Meribaal se sienta bienvenido y se vuelva parte de la familia de David y tenga el honor de comer en su mesa. Sibá, su criado, es designado para que cultive la tierra de la familia, lo que sustentaría a todos ellos. Al hacer esto, cumple el juramento y muestra que nada tiene que temer de ese descendiente de Saúl. El texto menciona dos veces que Meribaal era paralítico, diciendo efectivamente que él no calificaba para ser rey (v. 3.13).
2Sam 10 – guerra contra los arameos y amonitas
David envía condolencias al rey amonita, por la muerte de su padre. Pero, debido a los consejos negativos de los auxiliares del joven rey, la situación se complica cuando afeitan la barba y exponen la desnudez de los emisarios de David.
Esperando represalia, los amonitas se preparan para atacar primero, con la ayuda de mercenarios arameos. Después de disponer hábilmente los soldados para la defensa, Joab los encorajó para que luchen con bravura y dejen el resultado por cuenta del Señor. El evento del combate será, entonces, la típica combinación bíblica del esfuerzo humano y el poder de Dios.
Cuando los arameos huyen delante de Joab, sus aliados amonitas hacen lo mismo delante del resto de las tropas bajo el mando de Abisai (v. 10). La victoria fue temporal pues los arameos, después de reunir reclutas de soberanos simpatizantes, del otro lado del Eufrates, intentan una vez más conquistar Israel. Ahora, David lidera el combate personalmente, vence al enemigo y vuelve a los arameos súbditos. El relato marca el punto más alto de las campañas militares de David.
2Sam 11-12 – David y Betsabé; nacimiento de Salomón
[11,1-15] Mientas su ejército permanece cerca de Rabá, David, desde su palacio, ve a una hermosa Betsabé y la manda a buscar. En un prolongado juego de palabras con el verbo “enviar”, el autor hace que David envíe con frecuencia en los capítulos 10 y 11, resaltando sus plenos poderes reales. Mientras tanto, también Betsabé envía cuando informa a David que está embarazada (v. 5) y Joab envía a Urías de vuelta a las líneas del frente (v. 6).
Ni siquiera la información de que Betsabé era mujer de uno de los oficiales de su ejército impide a David de poseerla. Cuando se entera que está embarazada, él comienza una cuidadosa intriga para encubrir su paternidad. Cuando le hace a Urías la triple pregunta de cómo están Joab, el pueblo y la guerra, disfraza su verdadero intento de hacer que Urías descienda a su casa y que esté con su mujer. Este intento es repetido durante tres noches (v. 8.10.13), pero, en vez de eso, Urías pernota fielmente con los siervos del rey. Cuando David pregunta sobre el motivo de tal fidelidad, la respuesta sorprendente de Urías contrasta las malas intenciones del rey con la honradez de su soldado. La tercera noche, pese a que David lo emborracha, él persiste en evitar ir a su casa. El frustrado David, entonces, planea una solución para su dilema, instigando la muerte de Urías bajo la cobertura de un combate. Es irónico que David envíe las instrucciones a Joab en una carta llevada por la propia víctima.
[11,16-27] Las instrucciones de David a Joab no son cumplidas a cabalidad. David esperaba que Urías fuese muerto y que el hecho pareciese un accidente. Joab, comprensiblemente preocupado por su propia reputación como estratega militar, atrae a los hombre de Rabá al ataque, provocando la muerte de algunos israelitas, entre ellos Urías. Cuando comunica lo ocurrido al rey, por medio de un mensajero, que es cuidadosamente preparado para una reacción airada del David. Sin embargo, la reacción de David es inesperadamente suave. Cosas así ocurren en la guerra, dice él, y la espada devora, ora de un lado, ora del otro lado (v. 25). El relato sigue con el luto de Betsabé por Urías, su matrimonio con David y el nacimiento del hijo de ellos, todo en los versículos 26-27. Completado el adulterio y el homicidio, el juzgamiento del Señor viene finalmente: lo que David hizo desagradó al Señor (v. 27). Ese juzgamiento es la clave para lo que sigue.
[12,1-7a] Ahora es el Señor quien envía. El David embriagado por el poder está presto para recobrar el juicio. Natán, el profeta que había traído la promesa de un reino estable para David (7,16), ahora transmite la desaprobación del Señor. En una parábola, Natán cuenta sobre el pobre (Urías) cuya oveja querida (Betsabé) fue tomada por un rico (David). La imagen de la vida cotidiana de la oveja con su dueño refleja el casamiento feliz que David usurpó por egoísmo y crueldad. Pese a que nada dice la parábola sobre el homicidio, David lo interrumpe decretando la muerte del rico. Cuando agrega que el ladrón pagará una indemnización cuatro veces mayor, inadvertidamente –lo que hace creer la secuencia de los relatos – preanuncia la perdida de sus cuatro hijos (12,18; 13,28; 18,15; 1Rs 2,24-25).
[12,7b-15a] Reproduciendo las palabras del Señor, Natán enumera todos los beneficios concedidos a David. Por otro lado, el castigo que Natán describe viene en orden inverso a los hechos que lo provocaron; a) por causa del homicidio, la espada jamás se marchará de la casa de David; b) Porque él tomó a Betsabé, otro (su identidad no es revelada) se deleitará de las mujeres del rey; c) Como David hizo eso secretamente, el castigo ocurrirá delante de todos; d) cuando David admite humildemente haber pecado, Natán responde que el Señor ya lo perdonó; y, por fin, e) la muerte que David merecía no será la suya, sino la del hijo de Betsabé, aún por nacer.
[12,15b-25] Pese a que, además de la oración David ayuna y duerme en el campo (trazo irónico en vista de la preocupación de David por el sueño, en el capítulo 11), el niño nacido de Betsabé se enferma y muere. Con afecto, David presiente la muerte con antelación y, cuando ésta le es confirmada, sorprende a sus familiares, levantándose, lavándose, cambiándose de ropas y comiendo . Después que David consoló a Betsabé, ahora su mujer, el Señor bendice la unión con otro niño. La aprobación divina es marcada por el envío de Natán para aumentar el nombre “amado del Señor”, al nombre ya dado al niño, Salomón.
[12,26-31] Joab, en lugar de tomar la ciudad sitiada de Rabá, llama a David para que tome posesión de ella. Junto a una corona de oro de la divinidad amonita Milton, David toma muchos despojos y muchos cautivos que son puestos a trabajar. La historia pasa, ahora, de las victorias militares de Davidal David, rey y padre.
2Sam 13-19- Absalón y su insurrección contra David
Los capítulos 13 al 19 describen la insurrección de Absalón contra David, la larga jornada de fracaso y tristeza del rey David y su recuperación del poder y de la honra. Esta secuencia central de 7 capítulos revela bien el dramatismo que la obra quiere describir de la monarquía, especialmente sobre David.
[13,1-39] Absalón, tercer hijo de David, es el personaje central en este capítulo, a causa de su relación con Tamar, a quien su medio hermano Amnon ama. El relato de la historia de la enfermedad de Amnon y la visita de David, preparan la escena para el episodio en que Amnon exige a Tamar que se acueste con él. Usando el verbo acostar en los versículos 5.6.8.11.14, el narrador recuerda el hecho de que David se acostó con Betsabé y la negativa de Urías de ir a acostarse a su casa (capítulo 11). La reiteración de hermano y hermana parece señalar el mal que consume a la familia de David. Tamar hace una súplica enternecedora y elocuente para que Amnon no cometa un crimen intolerable (literalmente “infamia”) en Israel, lo que es despreciado por Amnon. Llena de dolor, Tamar rasga su vestidura de princesa y al final encuentra una casa con Absalón. Pese a que se irrita cuando conoce de este caso, David no hace nada contra su primogénito. La cólera silenciosa de Absalón tiene un aire de presagio. Absalón espera dos años para ajustar cuentas con el odioso Amnon, por el crimen que su padre dejara de castigar. Absalón usurpa la prerrogativa de su padre y, con ello, el texto revela que David, como pocos, pierde el control sobre sus hijos.
[14,1-33] Cuando Joab considera que es la ocasión propicia, manda a buscar una mujer para instigar el regreso de Absalón. Como en la parábola de Natán (12,1-6), la historia lleva a David a hacer un juzgamiento sobre un caso semejante a la verdadera situación del rey. Como en el caso de David, la historia es de una mujer que tiene dos hijos que luchan y, como consecuencia de ello, uno muere. Cuando David promete proteger al hijo de ella, la mujer inmediatamente hace una analogía con la situación de David. Sin percibirlo, el rey se juzgó a sí mismo, porque lo que dijo por el hijo de ella, lo tendrá que hacer por su propio hijo (v. 13). La mujer enfatiza su propósito: Dios no trae los muertos a la vida, pero propone los medios para hacer volver a los desterrados. Si el rey está dispuesto a proteger al hijo de ella de la muerte que busca un vengador, también debe estar dispuesto a hacer lo mismo con Absalón (v. 17).
El estratagema de Joab permite traer de vuelta a Absalón, por la aparente razón de que la nación necesita tener un heredero al trono. Mientras tanto, Absalón vuelve a Jerusalén sin estar completamente reconciliado con su padre, pues David no autoriza su presencia en la corte.
Como en un hueco, el narrador se concentra en la narración de la belleza de Absalón y en el peso de su cabello. Eso debe alertar sobre un eventual problema ya que, de manera semejante, Betsabé y Tamar tenían problemas a causa de su belleza.
En el encuentro de Absalón con su padre, no hay ninguna palabra de bienvenida o perdón, ¡sólo un beso!
[15,1-12] Absalón adopta una vida de exhibición, con carros, caballos y hombres que corren delante de él. Asumiendo el papel de juez de litigantes que van a Jerusalén y adulando a los que provienen de las tribus del norte, Absalón se esfuerza por ampliar la brecha entre los del norte y los del sur, en Israel. Así como fue engañado para permitir que Tamar fuese hasta Amnon (13,5-7) y Amnon hasta Absalón (13,26-27), una vez más David deja que la espada amenace su casa, permitiendo que Absalón vaya a Hebrón. En verdad en Hebrón, lugar de nacimiento de Absalón (3,2-3) y lugar donde David fue ungido rey de Israel (5,3), Absalón recluta a sus seguidores, inclusive Ajitofel, consejero de David.
[15, 13-16,14] La gravedad de la amenaza de Absalón se refleja en la decisión inmediata de David de huir de Jerusalén. Al mencionar que el rey deja diez concubinas para cuidar la casa, el narrador anticipa otro cumplimiento de la profecía de Natán (12,11).
Durante la travesía saliendo de Jerusalén, el grupo hace una primera parada frente a la subida del monte de los Olivos.
En cuanto su pueblo pasa delante de él, David se paró e insistió a Etai de Gat que vuelva al rey, refiriéndose no a sí mismo, sino a Absalón, en Jerusalén. La fiel determinación de Etai de quedarse, para la muerte o para la vida (15,21), contrasta con la traición de Absalón. Después de esta segunda parada, David atraviesa el Cedrón.
La huida para por tercera vez cuando surgen los sacerdotes Sadoc y Ebiatar con el Arca. David continúa su camino subiendo por el monte de los Olivos, llorando y descalzo. Las cabezas de todos están cubiertas como señal de profunda tristeza. Cuando el rey se entera que su consejero se alió con Absalón, públicamente ora para que los consejos de Ajitofel se vean frustrados (15,31).
En 15,32-37, David y el pueblo alcanzan la cumbre del monte de los Olivos. En esta cuarta parada, la ayuda viene a David, en la persona de su amigo y confidente Cusai.
La ola de la adversidad comienza a volverse en favor de David cuando desciende de la montaña. En la quinta parada de David, Siba, criado de Meribaal (9,2-4.9-10) viene a su encuentro con provisiones: transporte, alimento, y bebida. David es informado que Meribaal está en Jerusalén, esperando ser coronado rey. Se acentúa, de ese modo, un resentimiento de David, por lo que puede ser el resurgimiento de la casa de Saúl y la amenaza persistente de la sucesión por parte del norte.
La sexta parada de la fuga de David de Jerusalén pone al rey en confrontación con otro miembro de la casa de Saúl: Simei. Luto, humillación, duda y traición atormentan la travesía de David, desde su salida de Jerusalén. El apoyo del pueblo, la lealtad de Etai y la promesa de ayuda de Cusai y de los hijos de los sacerdotes (15,36) son sus únicas alegrías. Exhaustos, rey y pueblo llegan al Jordán, su séptima parada.
[16,15-23] De vuelta en Jerusalén, Absalón reúne un consejo de guerra. Frente a las exclamaciones de Cusai de “¡Viva el rey!”, la vanidad de Absalón lo lleva a presumir que él mismo es “el rey”. Absalón también entiende que la dedicación que ahora ofrece Cusai sobre aquello de “que el Señor escogió y todo este pueblo y todos los hombres de Israel” (v. 18), se refiere a él. Con estas dos certezas aparentes, basta la promesa de Cusai de servirlo como sirvió a su padre, para convencer a Absalón de la sinceridad de Cusai.
[17,1-18,18] Analizando la situación de David, Ajitofel aconseja a Absalón avanzar silenciosamente contra el exhausto rey. El desanimo de los seguidores de David provocará pánico y fuga, dejando al rey solo y expuesto. Con David fuera de camino, el pueblo se pasará, en paz, a lado de Absalón. Absalón pide a Cusai que también hable. Éste dice que todo Israel debe ser convocado para la batalla y que el mismo Absalón debe conducir al ejército. Como el plan de Ajitofel no le dará al príncipe un papel en la persecución, Absalón parece considerar esta alternativa como muy atrayente. El narrador comenta que el eficiente plan de Ajitofel fue rechazado porque el Señor planeaba la ruina de Absalón (17,14).
Cusai insiste con David para que no se demore de aquel lado del Jordán. David y su pueblo pasan la noche atravesando el Jordán, movimiento que significa separación y también seguridad.
Ajitofel sabe que el plan de Cusai trata de derrotar a Absalón y a los rebeldes. El suicidio es actitud de un realista que jugó alto y perdió. Su muerte no es vergonzosa, pues él fue enterrado en la tumba de la familia.
Bien al frente de Absalón, David llega a Majanayim. El príncipe amonita Sobi y Bersillai, rico partidario de Saúl, trajeron provisiones necesarias y bienvenidas para los exhaustos hombres de David.
Los preparativos para el combate incluyeron la división del ejército en tres comandos y la orden de David de que traten a Absalón con suavidad. En la batalla, sin embargo, Joab clavó el corazón de Absalón; David, sensible a la voluntad de Dios, ama a su hijo por encima del poder real. Con la muerte de Absalón, David es cada vez más conciente de la espada punitiva que, conforme a la profecía de Natán, nunca se alejaría de su casa (12,10).
Al sonar de la trompeta (18,16) termina la batalla por el trono. Los israelitas huyen y Absalón es cubierto por un monte de piedras, la sepultura de un criminal (Cf. Jos 7,26).
[18,19-19,15] Joab impide que Ajimaas se adelante a contarle al rey lo ocurrido con Absalón y, después de que la narración se extiende por 13 versículos, la noticia de la muerte deja a David devastado. La simple repetición de las palabras: “¡mi hijo Absalón, mi hijo, mi hijo!” transmite la profunda aflicción de David, más que cualquier descripción. De la misma forma, el pueblo entra furtivamente en la ciudad, como un ejército derrotado (19,4).
Curioso es que Joab funcione como la voz de la razón y del estado, en contraste con la preocupación de David sobre una muerte, de la cual él tenía la esperanza de poder evitarla. Joab sabe de la aflicción y tristeza de David, pero lo alerta sobre el insulto que significaría no aclamar al pueblo la razón de la victoria. David es un hombre abatido, muy diferente del monarca de los capítulos 9 y 10, que practicaba gratuitamente buenas acciones. Ahora, es forzado a practicarlas.
Cuando David oye decir que quieren que él vuelva (palabra frecuente en los versículos 11-15) se transforma en un político persuasivo, prometiendo cambiar el mando de Joab y dárselo al antiguo general de Absalón, Amasa (17,25).
[19,16-44] El benjaminita Simei, quien maldijera y apedreara a David, se presta para ser el primero en hacer pasar al rey, el río Jordán. Siba acompaña a Simei (v. 18), demostrando que su lealtad estaba con la casa de Saúl todo el tiempo. Cuando Simei pide perdón, Abisai, más de una vez, se ofrece para matarlo, pero David no quiere venganza en su día de victoria y se refiere a Abisai como ¡Satanás!
A esta altura, todo Judá y la mitad de Israel están con David. Los israelitas, que habían reconsiderado su posición, acusan a los judaicos de tener aprisionado a David, talvez con la intención de encubrir su propia indecisión. Los judaicos se defienden con vigor, a pesar de las protestas israelitas de que tienen más derecho sobre el rey (v. 44). El retorno de David a Jerusalén encubre una división muy profunda entre las dos partes de la tierra, que explotará con violencia sobre Roboam, nieto de David (1Re 12).
2Sam 20,1-26 – insurrección de Seba
El benjaminita Seba, que el narrador califica como un individuo rebelde (literalmente hijo de Belial), se rebela contra David y grita al pueblo. “cada cual para sus tiendas”, lo que significa que una vez los hombres abandonen a David.
Para tratar esta nueva amenaza, David designa a Amasa para que forme el ejército judaico. Cuando Amasa fracasa, David, ignorando a Joab, ordena a Abisai que persiga a Seba. Inesperadamente (v. 7), el relato muestra a Joab y sus hombres marchando en persecución de Abisai. En camino de Gabaón, Joab interrumpe la persecución para, con un golpe mortal, eliminar a su rival Amasa. Después de reiniciada la persecución, Joab llega a Abel-Bet-Maacá, donde se encuentra con una mujer que, sintiéndose delante de una amenaza de destrucción de la ciudad, revela que está dispuesta a sacrifica apenas una vida por su pueblo, y entrega la cabeza decapitada de Seba.
Con el gobierno de regreso a Jerusalén, Joab está a salvo en su liderazgo. Una lista de funcionarios encierra el largo segmento narrativo, contenido en los capítulos 9-20.
2Sam 21-24 – Apéndices
Estos capítulos dan información sobre David que no encajan en la narración continua de 2Sam 9-20. Se realza la dedicación de David al Señor, de modo que su fidelidad a la alianza divina recuerda el tema deuteronomista de la obediencia al Señor y las bendiciones que la acompañan. La historia de la vida de David termina en 1Re 1-2, con la ascensión de Salomón al trono y la muerte de David.
2Sam 21,1-14 – relato sobre la venganza de los gabonaitas contra los hijos de Saúl
Aquí, después de consultar con el Señor, David oye que la venganza de sangre a la cual Saúl quedó sujeto en un ataque, necesita ser cumplida. Aparentemente, Saúl trasgredió la alianza que los gabonaitas había inducido a los israelitas a cumplir (Jos 9,3-27). No son los gabonaitas sobrevivientes, sino el Señor quien exige reparación. Mientras tanto, los gabonaitas deciden los medios de expiación, para lo cual David escoge dos hijos y cinco nietos de Saúl que serán ejecutados. La muerte envuelve la exposición de los cadáveres a las aves del cielo y a los animales salvajes, lo que era considerado un horror en Israel. Con una dedicación impresionante, Rispá guarda los cuerpos de los muertos, dos de los cuales son sus hijos (v. 8). El relato de esa bondad despierta la simpatía de David, que hace que todos los siete muertos y también los huesos de Saúl y Jonatán (1Sam 31,11-13) sean sepultados en una tumba de Cis, padre de Saúl (v. 14).
2Sam 21,15-22 - una lista de los héroes de David y sus acciones
Se siguen cuatro breves narraciones de batallas con gigantes filisteos, equipados como Goliat (1Sam 17,4-7). La referencia a David como lámpara de Israel indica las consideraciones afectuosas de los soldados (Cf. 18.3-4).
2Sam 22 – acción de gracias de David
En este poema majestuoso, duplicado del Salmo 18, David alaba al Señor con humildad y gratitud, por tenerlo a salvo de sus enemigos.
2Sam 23,1-7 - las últimas palabras de David
Estas “últimas palabras” de David comienzan al estilo de los oráculos de Balaam (Núm 24,3-4.15-16; Cf. Gén 49; Deut 33). Después de que se describe como criado, ungido de Yahvé, el poeta atribuye sus palabras al espíritu del Señor (v. 2). Un gobernante justo, que guarda el temor a Dios, es comparado con la acción de la luz de la mañana jugando con el césped mojado (Cf. Os 6,3). El gobierno de David fue establecido en un pacto duradero (2Sam 7), pues él vio la salvación y la satisfacción de todos los deseos (v. 5-6). En contraste, los necios son peligrosos al tacto y, como espinos, destinados al fuego (Cf. Sal 118,12).
2Sam 23,8-39 - otra lista de sus héroes
En esta perícopa, David ligó a sí un grupo fiel de guerreros excepcionales. Ellos se destacan por la fuerza y la bravura (v. 8-12). Juntos arriesgan la vida para retirar a David del agua de una cisterna, guardada por el enemigo (v. 16).
2Sam 24 – el censo promovido por David
Aquí, una peste en Israel comienza debido a la curiosidad de David por saber el tamaño de su pueblo, conocimiento que, evidentemente, está reservado al Señor. Joab intenta disuadir a David de hacer el censo, pero fracasa (v. 3-4). Su consecuente viaje por la tierra le da una idea de la extensión de Israel durante el reinado de David. El reino limita con el mar Mediterráneo al oeste; Guilgal al este, Dan al norte y Bersabá al sur. Contando mujeres, niños y ancianos, el total de la población podía ser hasta cinco veces el 1 millón y el 300 mil relacionados (v. 9).
Después del arrepentimiento del rey, el profeta Gad ofrece que escoja de tres tipos de expiaciones, cada una de las cuales contiene tres unidades de tiempo. David escoge los tres días de peste, la más corta, sin embargo, la más intensa.
Más adelante, en 24,18-25, como conclusión general de 1Samuel, la orden de erigir un altar en Jerusalén, con la promesa de hacer una casa duradera para David (7,8-16) es la base para la teología de Sión de Israel, que celebra a Jerusalén, la montaña sagrada de Dios, lugar central de culto para toda la humanidad (Cf. Is 2-4; Sal 46; 47; 76; 84; 87; 122).
5. Mensaje y énfasis teológicos
Los libros de Samuel hacen parte de un gran proyecto teológico, conocido como la Historia Deuteronomista. Se designa así al trabajo de reflexión histórico-teológico realizado cerca del año 550 a.C. por un grupo de teólogos, guiados ideológicamente por los principios de la teología del Deuteronomio, a partir de las fuentes plurales y heterogéneas preexistentes, orales y escritas. Su propósito no era presentar una “exposición neutra” de la Historia, sino afirmar su “importancia teológica”, a partir de la dolorosa experiencia del destierro en Babilonia (586 a.C.).
Esta historia está estructurada en cuatro grandes etapas: conquista de la tierra (Josué), confederación tribal (Jueces), institución de la monarquía (Samuel) desarrollo y final dramático de la monarquía (Reyes). Se trata de una relectura histórico-teológica de estos acontecimientos. Los elementos redaccionales son aunque más perceptibles en Jueces y Reyes, no están ausentes en los libros de (1Sam 2,22-36; 4,18; 7; 8; 10,17-27; 2Sam 2,10-11; 5,4-5; 7).
Dentro de este proyecto teológico, los libros de Samuel subrayan tres aspectos: a) el origen, la naturaleza y las exigencias de la monarquía en Israel; b) la importancia del profeta como intérprete y mediador de Dios; y c) la centralidad política y religiosa de Jerusalén.
a) Origen, naturaleza y exigencias de la monarquía israelita: la introducción de la monarquía en Israel, como forma de gobierno, no estaba exenta de reticencias y ambigüedades: podía suponer una remoción de Yahvé, el único y verdadero Señor. Además de eso, los modelos monárquicos existentes alrededor de Israel implicaban cierta divinización del rey, y adaptarlos suponía un gran riesgo, acrecentado por causa de las estructuras de la religión yavista. El equívoco se deshace porque el propio Señor da su aprobación. Sin embargo, queda claro que la monarquía israelita no es democrática ni autocrática, sino teocrática. Tanto Saúl como David (y Salomón) son “ungidos” de Dios y “obligados” a mantenerse sumisos a su voluntad, pues Yahvé es el verdadero rey del pueblo.
Hay, por un lado, una contumaz crítica al reinado: en la perspectiva exílica , la monarquía no realizó nada de bueno, por causa de su alejamiento de Yahvé y de sus cambios sociales. Por otro lado, ocurrió, por paradójico que parezca, una especie de legitimación del reinado y del estado: en la historia de la ascensión de David, que defiende el reinado davídico y, de ese modo, el reinado en sí, juntamente con los cambios sociales inaugurados por esa institución.
Con la experiencia del exilio y de la pérdida del reinado, las esperanzas fueron orientadas a un rey salvador, prometido por Yahvé, un Rey Mesiánico que debería descender de la casa de David. Su dinastía jamás desaparecería (2Sam 7).
En lo que se refiere a la cuestión del poder, está claro que en los libros de Samuel todo poder y toda fuerza pertenecen a Yahvé. La historia transcurre exclusivamente bajo la dirección de Yahvé. Se deben someter a esta realidad incluso los poderosos protagonistas de los libros de Samuel, es decir Samuel, Saúl y David, porque de los contrario pierden su posición de poder, como muestra el ejemplo de Saúl.
b) Importancia del profeta: El profeta aparece como contrapunto del poder monárquico; es la memoria constante del señorío de Dios.
Hacer frente a la tendencia institucional (2Sam 7), significa el elemento carismático; y, frente a la pretensión absolutista del poder, asegura la conciencia crítica (2Sam 12). Samuel y Natán encarnan, de manera especial, esas funciones. La historia, en todas sus instancias (políticas, sociales, religiosas), debe estar abierta al juicio de Dios; y el profeta es el instrumento del que Dios se sirve para ello.
c) Centralidad de Jerusalén: Convertida por Dios en capital política y religiosa, Jerusalén pasa ser una de las señales de identidad más importantes el judaísmo. A pesar de que su importancia política decayó, su estructura religiosa adquirió gran desarrollo. La teología de Sión expresada, en los llamados “Cantos de Sión” (Sal 46; 48; 76; 87) y en gran parte de la predicación de Isaías, son una prueba de ello. Los libros de Samuel subrayan intencionalmente estos aspectos (2Sam 5; 6; 24,18-25). Por eso, Jerusalén será también centro de todas las instituciones teológicas de Israel.
Curioso es que el acercamiento religioso del reino del Norte de Israel al templo de Jerusalén ocurra por medio del Arca, originario del santuario de Silo y, después de diversos incidentes, depositadas en el templo de Jerusalén, como símbolo de la unidad.
Los libros de Samuel preparan la idea del gran reino davídico-salomónico. Demuestran la impotencia del reinado de Saúl y el creciente poder de David y de los davídicos. Por este medio se impone, al mismo tiempo, la importancia mayor de Jerusalén frente al Norte.
Conclusión
Por fin, vale destacar que, según la narración de 2Samuel, el Señor satisface dos importantes necesidades del pueblo: un profeta para transmitir la palabra divina (Natán) y un rey (David) para gobernarla. Esos son los líderes por los cuales el Señor guía la historia de ese pueblo, castigándolo o liberándolo conforme ser necesario. Yahvé exige obediencia y fidelidad, pero no abandona al pecador, incluso en sus más profundas crisis. La vida de todos, independientemente del miedo, está llena de la bondad y el amor de Dios.
Referencias
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Con lazos tan estrechos con la casa de Saúl, es extraño que David tuviese que preguntar si había algún sobreviviente de la casa de Saúl. Si ubicamos los eventos relatados en el capítulo 21, en el que David salvó a Meribaal cuando entregó a la venganza gabaonita a dos hijos y cinco nietos de Saúl, antes de los relatados en el capítulo 9, queda más fácil entender porqué sólo Meribaal fue salvado.
