Judá bajo el dominio persa - Pactos para dominar y pequeñas alianzas para abrir caminos
Mercedes Lopes
Resumen
En este artículo, buscaré presentar algunas alianzas externas creadas por Ciro para subir al poder y organizar un inmenso imperio. Fueron estas y otras alianzas las que llevaron a los persas a mantenerse en el poder durante cerca de 200 años (del 539 al 332 a.C.), a pesar de la época turbulenta y de las continuas guerras. Citaré, también algunas alianzas que permitirán a los países dominados obtener el debilitamiento y la derrota del imperio persa. En este contexto, analizaré las alianzas internas de Judá para dar continuidad a la historia y a las tradiciones de Israel, creando espacios creativos de resistencia y de celebración de la fe. Abriré una ventana para ver las pequeñas alianzas que permitirán la creación de un espacio subterráneo de complicidad y bienestar, a partir de la mujer y de la casa, en el interior de la provincia de Judá.
Abstract
In this article I will present some external alliances created by Ciro to be in power and to organize an immense empire. It was these and other alliances that kept the Persians in power for about 200 years (from 539 to 332 B.C), in the midst of a turbulent epoch and the continuing wars. Also, I will cite some alliances that allowed the dominated countries to weaken and defeat the Persian Empire. In this context, I will analyze Judah's internal alliances to give continuity to history and to Israel's traditions, creating creative spaces of resistance and celebration of the faith. I will open a window to see the small alliances that allowed the creation of a subterranean space of complicity and well-being, starting from the woman and the house, at the interior of the province of Judah.
Muchos judíos que fueron llevados al cautiverio en Babilonia en el 598 y 587 a. C. (o 586), regresaron a Judá al año siguiente a la victoria de Ciro sobre los babilonios (539 a. C.). Ahora bien, si los babilonios arrancaron violentamente a los habitantes de Jerusalén y arrasaron la ciudad para “impedir que los egipcios tuviesen una cabeza de puente en Palestina” , ¿por qué luego de que sube al poder Ciro quiere restaurar y repoblar la ciudad? Según el libro de Esdras, el 538 a. C., Ciro mandó un edicto a todo el imperio (Esd 1,1-4; 6,3-5), permitiendo a los judíos que desearan retornar à su tierra que lo hicieran, llevando consigo los utensilios del templo que habían sido saqueados por el ejército de Nabucodonosor.
Es innegable que la comunidad reconstruida en Judá, bajo el colonialismo de los persas, había sido un elemento fundamental para la supervivencia de Israel como pueblo, tanto en Palestina como en la dispersión. Sin embargo, es necesario ver críticamente esta alianza entre judíos y persas, pues ella trae como consecuencia la identificación de la “ley de Dios con la ley del rey” (Esd 7,26) y posibilitó que en nombre de ella se mantuviese el poder del imperio y de sus intereses. Esta posibilidad ofrecida por los persas, creando una autonomía religiosa y una organización civil en Judá, fue una engañosa manera del imperio para mantener el poder definitivo de veto sobre la organización de los judíos. Ciertamente hubo reacciones internas contra tal injerencia, aunque sin muchas posibilidades de ser sustentadas. Sin embargo, hubo siempre un grupo fiel, cuyos intereses, en algunos aspectos, se confundían con los del poder de aquellos que los dominaban.
1. El imperio persa y sus alianzas estratégicas
Ciro era un rey vasallo de Anshan, del sur de Irán y pertenecía a una casa (los aqueménidas) relacionada con los medos. Él lideró una revuelta contra los medos y derroto al imperio el 550 a. C. En aquella ocasión, Nabónides era rey de Babilonia. Su forma de gobierno trajo grandes discordias entre los diferentes grupos religiosos allí existentes, debilitando el imperio babilónico. Cuando Ciro surgió en el escenario mundial con mucha fuerza y liderazgo, realizando una serie de campañas que irrigaron terror entre los babilónicos y esperanza entre los pueblos dominados, Nabónides hizo una alianza con Amasis, faraón de Egipto (570-526 a. C.) y con Creso, rey de Lidia (560-554 a. C.) para defenderse, pues, Babilonia estaba dividida internamente y mal preparada estratégicamente, para enfrentar tal amenaza.
Ciro también hizo alianzas, sobre todo con los sectores insatisfechos de Babilonia, lo que parece eran altos funcionarios de la corte y los sacerdotes de Marduc, que estaban disgustados con el gobierno de Nabónides. Mientras se tejían esas negociaciones con sectores babilónicos, Ciro conquistó el reino de Lidia el 546 a. C., disminuyendo así el poder del pacto estratégico armado por Nabónides y fortaleciendo su propia campaña. De esa manera, fue ampliando su dominio y, el 539 a.C. venció a Babilonia y rápidamente se volvió dueño de toda la región.
Como estrategia de dominación, Ciro hizo un pacto con una élite de judíos que estaba en Babilonia, apoyando el regreso de los exiliados a su tierra, para reconstruirla y repoblarla. Este no fue un privilegio apenas concedido a los judíos, ya que hacía parte de una estrategia política del imperio persa para integrar a los diferentes pueblos dominados en un conjunto viable y posible de gobernar, recibiendo de esos pueblos los anhelados tributos. Para ello creó una autonomía religiosa y cultural en las provincias y satrapías, combinada con un sistema de comunicación muy bien articulado y un espionaje y aparato policial rígidos . Fue dentro de esta perspectiva que el imperio favoreció el retorno de los pueblos cautivos a sus tierras, permitiéndoles restaurar sus cultos ancestrales y sus formas antiguas de organización de la vida en torno a sus principios religiosos.
Aunque la literatura bíblica haya interpretado el edicto de Cito como una adhesión al yahvismo (2Cro 36,22-23; Esd 1,1-4), en realidad ello representaba apenas un ejemplo de la postura política del imperio persa , ya que la misma actitud fue tomada con los otros pueblos que habían sido deportados o exilados de sus tierras.
Con esta política, el imperio persa se volvió una gran potencia que se extendía desde la frontera de India hasta el mar Ageo, frente a Grecia. Egipto fue conquistado por Cambises, el 525 a. C., y quedó bajo el poder de los persas hasta el 404 a. C. Durante el reinado de Artaxerxes I (423-404 a. C.), los egipcios se rebelaron contra los persas con la ayuda de los griegos. Aunque la revuelta fue contenida, representó el primer ataque importante contra el imperio persa y el inicio de su decadencia. Si al subir al poder y fundar el imperio, Ciro necesitó hacer alianzas, fueron las mismas alianzas de los países oprimidos y explotados por el imperio persa lo que lo llevó al declive.
2. La provincia de Judá y sus sueños de liberación
La reorganización y el control de las tierras conquistadas por el imperio persa fueron intensificadas bajo el poder de Darío I (522-486 a. C.). Fue durante su dominio que regiones inmensas fueron divididas en satrapías y provincias. Judá pasó a pertenecer a la V Satrapía, llamada Transeufratina (más allá del rio Éufrates). Pero, hasta llegar a ser provincia, un largo, conflictivo y doloroso proceso de reconstrucción fue experimentado por los que retornaron del exilio con la misión de reconstruir Jerusalén y por aquellos que se quedaron en la tierra cultivando la terca esperanza de los pobres: que la vida podía mejorar. Varias tentativas estratégicas fueron iniciadas, supuestos siempre los intereses bilaterales: los del imperio persa y el de los judíos.
2.1 Una alianza en torno al mesianismo davídico
Inicialmente, la restauración de Judá fue pensada por los judíos como un retorno a la monarquía. Después del decreto de Ciro (538 a. C.) fue enviada una comisión de Persia a Jerusalén, con la misión de restablecer la comunidad judaita (Esd 1,5-11; 5,13-15). Sesbasar era el jefe de esta misión. El cronista deja una inquietud al poner a Sesbasar (Senaser) como hijo de Sealtiel, descendiente de Jeconías, el último rey de Judá (1Cro 3,17-19). Sin embargo, nos deja sin informaciones sobre la manera de cómo él intentó la reconstrucción de Jerusalén, ni de los motivos de su fracaso. Norman K. Gottwald piensa que “Sesbasar, quizá no fue enviado como “gobernador” de una provincia plenamente establecida” . Esta observación de Norman Gottwald aumenta mi sospecha de que había un sueño de los judíos de restaurar el linaje davídico y, tal vez, éste habría sido el motivo que llevó al imperio persa a dejar de lado la misión. Es interesante observar que no se encuentra ninguna mención de un sacerdote que acompañase a Sesbasar en esta obligación.
Ya que la misión de Sesbasar no dio resultado, casi 20 años después, ya en tiempos de Cambises (520 a.C.), se retomó el pacto con Persia; los judíos, entonces, hicieron una alianza en torno a la persona de Zorobabel, que era también descendiente del rey de Judá (1Cro 3,19). Este segundo intento está narrado en Esd 3,1-3; 7,7b-8,1, donde encontramos una mención de Zorobabel y de Josué como iniciadores de los trabajos de restauración que Ciro había confiado inicialmente a Sesbasar, encargándolo de llevar los utensilios que habían sido saqueados del templo (Esd 5,13-16; 6,3-5).
Diferentes expectativas y perspectivas pueden ser encontradas en esta alianza: de parte del imperio persa, está el interés estratégico de que la nueva provincia funcione como una guardia fronteriza y, al mismo tiempo, como un camino abierto para llegar a Egipto; de parte del pueblo judío, se visualiza el sueño de continuar haciendo historia, rescatando la dinastía davídica. El remanente de Judá, que guardaba la memoria del tribalismo y vivían una etapa de realización de esa esperanza en el templo de Godolías (Jer 40,7-12), soñaban con un rey amigo de los pobres (Sal 72: Jer 22,15-16), ¡semejante a un líder tribal (Jer 30-31) y descendiente de David (Ag 2,20-23)! Pero, Sesbasar desapareció repentinamente de la historiografía bíblica, sin ninguna explicación, y a Zorobabel sólo le fue posible construir el templo ¡y también desaparece! Señal de que los persas interpretaban la alianza con los judíos de manera totalmente diferente, es decir a partir de sus propios intereses, tomando el debido cuidado para que los judíos no extrapolasen la concesión dada.
2.2 Una alianza en torno al templo
El tema central del profeta Ageo es el sueño de que la construcción del nuevo templo pueda congregar a las diferentes tendencias judías. A fin de cuentas, el templo era el símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo, como lo fuera el arca de la Alianza (Jer 3,16-17; 17,12). Pero, en el exilio de Babilonia, Ezequiel muestra el desastre que representó la engañosa relación entre el templo de Salomón y el palacio del rey (Ez 43,7b-8). Sin embargo, es el templo de Jerusalén de donde emana un rio que vivifica al pueblo y cura sus heridas (Ez 47,1-12). Estas contradicciones en el libro de Ezequiel manifiestan las dificultades muy reales en caso de realizarse una alianza en torno al templo. Pero, esta dificultades no llevarán a los judíos a desanimarse.
Ageo profetiza aprovechándose de la oportunidad ofrecida por el imperio persa que incentivaba a la construcción de templos y animaba a las prácticas religiosas de los pueblos dominados. Él percibe que en la situación concreta en que se encuentra el pueblo judío en el 520-519 a. C., la construcción del templo es una oportunidad especial para congregar a las diferentes tendencias religiosas de los judíos que volvieron del exilio y de aquellos que se habían quedado en la tierra. Por eso, el foco principal de la profecía de Ageo es la construcción del templo: “¡Suban a la montaña, traigan la madera y reconstruyan a casa! En ella yo pondré mi complacencia y seré glorificado, esto dice Yahvé” (Ag 1,8).
Y el templo fue construido bajo la dirección de Zorobabel entre el 520 y el 515 a. C. (Esd 5,1-2; Ag 1-2.9; Zac 4,9). Hubo problemas con los samaritanos que consiguieron interrumpir la construcción (Esd 4,1-24a), pero la obra fue concluida. Entonces, Zorobabel desaparece de la escena. Pero, su memoria quedó en el corazón del pueblo. Él consiguió la cohesión de grupos de tendencias diferentes en torno a los trabajos de construcción del templo. Por eso, la profecía habla de Zorobabel en un tono mesiánico (Ag 2,20-23; Zac 3,8; 6,12).
2.3 Un sacerdote con corona y poder de monarca
La primera parte del libro de Zacarías (capítulos 1-8) se sitúa luego de la reconstrucción del templo, en la segunda mitad del siglo V a.C. . Aunque el texto presenta muchos problemas de corrupción textual y de interpolaciones , las visiones presentadas presentan los pasos del proceso de reconstrucción del pueblo judío e, inclusive, el cambio de proyecto cuando el retorno a la monarquía se volvió inviable.
En la primera visión presentada por la profecía de Zacarías (Zac 1,7-17), Yahvé promete volver a Jerusalén si el templo es reconstruido. Esta temática es desarrollada en la segunda visión (2,1-4) y también en la tercera (2,5-9). En la cuarta visión aparece claramente la propuesta de que el gobierno de Jerusalén sea animado por el sistema del templo, es decir liderado por el sumo sacerdote (3,1-3.4a.4c.4b.6.9a). En la quinta visión (4,1-10) se encuentra el proyecto de reconstrucción de la monarquía, y en la sexta visión (5,1-4) se instaura el derecho sacerdotal e se funden en templo y la ley . En la séptima visión (5,5-11), la Diosa es expulsada y refundida en un cajón para pesar granos y enviada a la tierra de Sinear, en Babilonia, donde le sería construido un templo e un pedestal. Junto a ella van sus adoradoras o sacerdotisas . En la octava visión (6,1-15) se corrige la propuesta de reconstrucción de la dinastía real. La corona es puesta en la cabeza del sacerdote Josué. Él portará las insignias reales y gobernará al pueblo desde el templo .
2.4 Intento de crear una cohesión en torno a la identidad judaica
Está claro que hubo una esperanza, tanto entre los remanentes de Judá como en aquellos que volvieron del cautiverio, de rescatar la historia y construir el futuro con relativa autonomía. Pero, este no era el interés del imperio. Lo que los persas buscaban era obtener una garantía de que iban a cobrar los tributos e iban a tener aliados para la defensa de su inmenso territorio. Para el imperio, Judá era un lugar estratégico por donde debían pasar las campañas contra los egipcios, por lo tanto los líderes judíos tenían que ser aliados que ayudarían a prever alguna invasión egipcia.
Desde el tiempo del exilio, aquellos que tenían conciencia de la situación, se cuestionaban cómo ser judío sin poseer territorio propio. Desde entonces, comenzaron a retomar y valorar algunas señales que identificaban al pueblo, como era el caso de la circunscición (Gén 17, 9-14) y la observancia de la ley (Sal 19,8-9; 37,31; 40,9; 78,5.10; 81,5; 119,51.55.72.165). Con la llegada de Nehemías y Esdras , se pusieron las bases para la consolidación de la identidad judía. La insistencia en la observancia de la ley fue uno de los enfoques principales, lo que respondía directamente a los intereses del imperio. Llegaron a confundir la “ley de Dios con la ley del rey” (Esd 7,26) y, a través de ella, pudieron controlar y hasta amenazar a los grupos que estaban insatisfechos con la explotación de los persas y con el sistema del templo. Fue también con base a la ley de la pureza de raza que excluyeron a las mujeres extranjeras (Esd 9,2; Neh 9,2), considerándolas culpables del desastre que había ocurrido en Israel. Los casamientos con mujeres extranjeras representaban una amenaza para la identidad del pueblo de Israel. La relación marido/mujer era muy próxima y representaba el peligro de caer en la “impureza” de los pueblos de las tierras (Esd 9,11), tanto en las costumbres de la vida diaria, como en el culto (Cf. Neh 13,23-27).
3. El futuro es garantizado a partir da casa judía
Quiero recordar que hubo, en este periodo, una participación muy concreta de las mujeres en la lucha por la reconstrucción de la ciudad y en el empeño por la realización de la justicia. Sylvia Schroer resalta el hecho de que hubo “mujeres que, después del retorno del exilio, tuvieron una participación importante en la reconstrucción de casas y ciudades. En Neh 3,12 es mencionado expresamente que las hijas de Salum estaban participando de la construcción del muro en Jerusalén. De acuerdo a Neh 5,1-5 fueron mujeres del pueblo pobre las que se empeñaron en mantener la propiedad de la casa y protestaron contra la esclavitud de sus hijos e hijas por causa de las deudas; ellas se sentían responsables, al igual que sus maridos” . Esta decidida actuación de las mujeres genera una nueva visión sobre ellas mismas, y abre una perspectiva nueva para la comunidad.
Según la descripción de Neh 5, hubo, de parte de los nobles y gobernantes, el interés de conducir a sus coterráneos al endeudamiento. Esta fue una de las causas de la extrema pobreza que llevó “a los hombres del pueblo y a sus mujeres a levantar una gran queja contra sus hermanos, los judíos” (Neh 5,1). Aquí aparecen algunas de las contradicciones causadas por la explotación y las injusticias sociales dentro del pueblo judío, en la época de la reconstrucción de las murallas. Si, por un lado, el libro de Esdras (Esd 9 y 10) responsabiliza a las mujeres extranjeras por esa extrema situación de pobreza en la que encontraba el pueblo en el post-exilio, por otro lado hay una reacción que se expresa en una riqueza de vivencias y símbolos, creando en el post-exilio un espacio subterráneo para la formación de pactos y alianzas entre las mujeres, a partir de sus experiencias cotidianas de lucha por la vida y de sus expresiones religiosas.
Poco a poco se forma una nueva mentalidad, más abierta e inclusiva. Algunos aspectos de esta nueva visión se expresan en el libro de Jonás, que presenta una imagen de Dios de muy buen humor, abierto a los pueblos extranjeros . El libro del Cantar de los Cantares, con su visión deslumbrante e integradora de los cuerpos y del amor, y la novela del libro de Job, con sus cuestionamientos de la teología de la retribución, también hacen parte de este movimiento contestatario, frente a la tendencia a la cerrazón de la élite sacerdotal que estaba en el poder durante el periodo persa.
La antigua visión de la mujer dominada por el marido (Gén 3,16b) fue superada porque la situación socio-económica y religiosa posibilitó que las mujeres del interior de Judá desarrollasen su perspicacia para los negocios y así tomasen iniciativas necesarias para llevar a buen término la realización de actividades necesarias para garantizar la vida de la casa (Prov 31,16-20). Esta nueva visión de las mujeres tiene sus raíces en una tradición de mujeres sabias, contadoras de historia y madres que orientan a sus hijos a la vida (Prov 1,8; 2,1-2; 6,20). Aunque nueva, esta visión de las mujeres es fiel a las tradiciones del pueblo israelita, con su experiencia liberadora de Dios y su religión basada en la justicia y en el derecho. De esta manera, una complicidad solidaria experimentada y tejida a partir de la casa, lleva a las familias del interior de Judá a redefinir su realidad y a encontrar pequeñas salidas para la situación .
Podemos entender que la base de esta salida proviene de una alianza sutil entre las mujeres. Ello surge de una reacción contra la expropiación de sus bienes (Lev 12,8; 15,29-30) y al hecho de ser culpadas por las desgracias y miserias del pueblo en el post-exilio (Esd 10,44; Neh 10,31; 13,26). No es posible quedar impasible frente a la injusticia. Es necesario reaccionar, conversar, reflexionar. El resultado del diálogo es una búsqueda común, que manifiesta el crecimiento y un descubrimiento que resultan del compartir y de la reflexión entre las mujeres. Aún más, muestra que esta alianza entre mujeres no quedó restringida a un grupo de vecinas, sino que se volvió un movimiento que contó con el apoyo de sus compañeros y amigos, de sus hijos, cuñados y hermanos, en un pacto por la vida que está atestiguado por la literatura bíblica, en libros como Jonás, Job, Proverbios 1-9 y 31, Cantar de los Cantares, Rut y Ester.
4. Alianzas en el mundo globalizado
Este resumen de algunas alianzas hechas durante el período persa muestra que hay pactos que fortalecen los sistemas de dominación y hay otras alianzas que abren caminos, posibilitando alternativas de vida. Las esperanzas creadas por la victoria de Ciro llevarán al pueblo bíblico a superar la traumática experiencia de dominación y a soñar con nuevas posibilidades de construir su historia. Sus esfuerzos de tejer alianzas, con la certeza de que Yahvé estaba con ellos, pueden iluminar nuestras búsquedas en la coyuntura actual, donde alianzas y pactos son realizados continuamente, tanto para mantener y reforzar la dominación y de explotación, como para iluminar caminos y estrategias de articulación del poder popular.
Una de las grandes alianzas de dominación y muerte es aquella formada por el G-8. En 1975, el entonces presidente francés Valéry Giscard d'Estaing convidó alos dirigentes de Alemania, Estados Unidos, Japón, Inglaterra e Italia a una reunión informal, aunque su objetivo era discutir cuestiones económicas generadas por la crisis del petróleo. Los participantes decidieron que los encuentros tenían que ser anuales. A partir de 1976, invitaron también a Canadá; así se formó el G-7. A Rusia se la integró oficialmente a ese grupo a partir del encuentro de Birmingham, en 1998, y el G-7 se transformó en el G-8.
Entre otros asuntos, las reuniones del G-8 ha discutido sobre África y los migrantes africanos; los recursos naturales y su explotación, especialmente el petróleo y el agua; la prevención de conflictos; el tráfico de armas y el terrorismo; la deuda y los ajustes estructurales; el medio ambiente y el impacto de la globalización, entre otros. Estas discusiones tienen como resultado una postura asistencialista de los países ricos, preocupados por las consecuencias de la desigualdad social que genera enfermedades ligadas a la pobreza, tales como la diarrea, la desnutrición, la malaria, la tuberculosis, el dengue, el VIH, que matan millones de personas en el mundo, generando insatisfacciones peligrosas para el imperio. Junto a estos espacios de debates y alianzas, el mercado global cuenta con el Fórum Económico Mundial, que se reúne anualmente en Davos, Suiza. La unión e influencia de estos dos espacios se vuelven evidentes por el interés común entre sus miembros: obtener ganancias cada vez mayores, corriendo riesgos cada vez menores.
El Fórum Social Mundial/FSM es un espacio internacional para la reflexión y organización de todos los que se oponen a la globalización neoliberal y buscan construir alternativas para favorecer el desarrollo humano. Busca la superación de la dominación de los mercados en cada país y articula relaciones internacionales de debate. Los ejes temáticos de esas discusiones han sido: militarismo, guerra y paz; información, conocimiento y cultura; medio ambiente y economía; exclusiones, derechos e igualdad. Hay, también, ejes trasversales que traspasan todas las discusiones como son: la globalización imperialista, el sistema patriarcal, los regímenes de castas, el racismo y las exclusiones sociales, el sectarismo religioso, las políticas de identidad y fundamentalismo (comunalismo), el militarismo y la paz. Esta organización tiene articulada entidades y movimientos sociales que tejen una trama de complicidad que alimenta la esperanza de los pobres.
Pero, quiero centrarme en la afectuosa y temida solidaridad entre las mujeres pobres, entre las familias carentes de las periferias y de las zonas rurales de nuestra América Latina. Por donde paso, la creatividad y la generosidad de los pobres me cautiva. Es verdad que todo está muy mezclado, que hay mucha deshumanización, violencia, violaciones, machismo, divisiones entre los pobres. Pero hay también mucha garra, mucha creatividad en medio de las personas excluidas del mercado del trabajo que, al asumir los riesgos de la informalidad son constantemente desafiadas a inventar nuevas maneras de ganar el pan de cada día.
Podemos contemplar sus búsquedas de vida que se van concretizando en los pequeños brotes de una nueva conciencia étnica y ecológica. Podemos contemplarla en la alegría de las fiestas de fin de semana, como expresión comunitaria del sueño de que habrá un tiempo de abundancia, de paz, de vida buena y placentera, de dignidad y de derechos reconocidos, de convivencia espontánea, de felicidad. En los encuentros festivos de fin de semana se manifiesta la identidad de un pueblo que gusta de vivir, que busca intensamente la vida y que sabe dónde encontrarla. En el intercambio de favores, en los préstamos, en las varias formas de ayuda se encuentran gestos muy reales de la tan mentada solidaridad. Ella está silenciosa y sutilmente salvando, cuidando vidas, dando gratuitamente. Ella está señalando dónde está presente Dios, hoy, ¡recreando la vida y transformando la historia!
Mercedes Lopes
rua Major Barros 57
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Brasil
Hasta el 586 a. C., El nombre judío yehudim tenía un significado limitado a “judaítas”. En el período persa, esta denominación identificaba principalmente a los habitantes de la provincia de Judá, como una subdivisión política. Sin embargo, aquellos que escogieron permanecer en Babilonia también continuaron siendo conocidos como “judaítas”, así como todos aquellos israelitas que estaban dispersos por otras tierras, como Transjordania, Fenicia, Siria y Egipto, designando una identidad religiosa y cultural. Véase Norman K. Gottwald, Introdução socioliterária à Bíblia Hebraica, São Paulo: Ediciones Paulinas, 1988, p. 394.
Milton Schwantes, Ageu, Petrópolis: Vozes, São Leopoldo: Sinodal, 1996, p. 9 (Comentario Bíblico del AT).
Antonius H. J. Gunneweg afirma que el edicto de Ciro, mencionado en Esd 1,1-4, es una creación del cronista, pues difiere en forma y contenido de la versión aramea de Esd 6,3-5. Pero, la versión aramea tampoco puede ser fechada, pues la situación general del imperio persa, en fase de consolidación, no ofrecía condiciones para tal edicto. Véase más en Antonius H. J. Gunneweg, História de Israel – Dos primórdios até Bar Kocha e de Theodor Herzl até nossos dias, tradução de Monika Ottermann, São Paulo, Ediciones Loyola, 2005, p. 220-221.
El nombre del imperio: Persia es originario de una región del sur de Irán, conocida como Persis o Passárgada, una de las tribus de Anshan, región de donde provenía Ciro.
Las dimensiones del rollo de la ley son las mismas del atrio enfrente del templo de Jerusalén, construido por Salomón (1Re 6,3).
Las adoradoras o sacerdotisas de la Diosa están aquí simbolizadas por las mujeres aladas. Hay una gran discusión sobre el sentido de estas imágenes, pero no es mi objetivo entrar en este debate aquí, ya que el objetivo de mi investigación es otro. Quiero, apenas, visualizar un aspecto del contexto religioso oficial en Jerusalén durante el período persa. Para una profundización de este tema, véase Joyce G. Baldwin, Ageu, Zacarias e Malaquias – Introdução e comentário, tradução de Hans Udo Fuchs, São Paulo: Vida Nova, 1991, p. 104 y Erich Zenger, Introdução ao Antigo Testamento, tradução de Werner Fuchs, São Paulo: Loyola, 2003, p. 534.
La discusión sobre las fechas de las misiones de Nehemías y Esdras continúa abierta, sin embargo, sitúo la primera misión de Nehemías alrededor del 445 a. C. y su retorno a Judá el 430 a. C. La misión de Esdras, “en el séptimo año del rey Artaxerxes”, al que entiendo como Artaxerxes II (404-358), sería alrededor del 398 a. C. Véase más en Carlos Mesters y Milton Schwantes, La fuerza de Yahvé actúa en la historia – Breve historia de Israel, México: Dabar, 1992, p. 76-78.
Silvia Schroer, “Die göttliche Weisheit und der nachexilische Monotheismus”, em Der eine Gott und die Göttin – Gottesvorstellungen des biblischen Israel im Horizont feministischer Theologie, p. 158.
