La cena del Señor como pacto - Una fisura en 1º Corintios 11,17-34
Pablo Manuel Ferrer
Resumen
Este artículo propone entender el contexto de la congregación de Corinto como un conflicto de pactos. Estos son aprehensibles a través de una fisura en la simbólica normativa de la cotidianeidad. Pablo propone el rito de la cena del Señor como un nuevo pacto que confronte los pactos imperiales vigentes en la comunidad de Corinto.
Abstract
This paper understands the communitarian context in the congregation of Corinth like a conflict of pacts. These are apprehensible through a fissure in the normative symbolic of every day. Pablo proposes the rite of the Lord’s Supper as a new pact that confronts the effective imperial pacts in the community of Corinth.
Observar lo que hoy vivimos…
Cuando pienso en pactos llegan a mi memoria demasiados ejemplos. Se arremolinan como queriendo imponer sus verdades. ¡Cuántos pactos dieron muerte a nuestros pueblos originarios! ¡Cuántos pactos de silencio impiden juzgar a quienes cometieron genocidios en nuestros pueblos latinoamericanos! ¡Estoy en Argentina y no puedo dejar de pensar en el pacto de Olivos entre presidentes, a espaldas del pueblo, en contra del pueblo! Y cada uno puede agregar desde la historia propia…
Cierto, hay de los otros… de los pactos que ayudan a las luchas de resistencia en cada país, esos pactos que no aparecerán nunca en los libros ni en los diarios porque se hacen en el silencio para proteger la propia vida.
Cierto también, hay de los otros pactos… los que cada día vamos armando en nuestro vivir cotidiano, en el trabajo, en la facultad, en el barrio, en la iglesia, en las ONGs, en la familia, los que armamos aún con nosotros mismos…
Tanto los primeros como los segundos son pactos que aparecen explícitamente como tales: acuerdos para determinados fines. Acuerdos que concientemente apoyan a unos y quitan el apoyo a otros. Acuerdos que explícitamente exponen lo que se gana y se pierde…
Pero en los pactos cotidianos surge una sutil diferencia. Yo diría que muchas veces no se reconocen como tales, muchas veces se tiende sobre ellos un manto de naturalidad, un barniz que los transforma en ‘lo que es así porque sí’. Un manto, un barniz, que logra que los pactos no sean concientemente entendidos como tales… simplemente son vividos como la vida que ‘normalmente’ es así. Entonces cada uno de nosotros vamos viviendo, haciendo pactos casi diría constantemente. Y es aquí, entonces, donde se filtran ideologías de dominio, ideologías de opresión y de muerte en nuestra vida cotidiana.
Y claro que no sólo esto, digo, no sólo los hechos cotidianos son infiltrados con la muerte de pactos más grandes, con la dinámica imperial de autoritarismo… también sucede al revés. Sí, es que con nuestros pequeños pactos cotidianos reforzamos, reconstruimos y, finalmente, reproducimos los grandes pactos sociales, culturales. Y esto es algo que se nos escapa de la reflexión en lo cotidiano: somos co-creadores diarios de la realidad en la que vivimos. ¡Cómo darnos cuenta que al comprar en la verdulería de la esquina, o en el supermercado, o en una tienda podemos ya entrar en diferentes pactos, podemos estar ya reproduciendo dinámicas sociales diversas, y tal vez dinámicas imperiales!
Ciertamente que, por ejemplo, los movimientos ecologistas nos han hecho ver la incidencia de nuestro pequeño actuar cotidiano sobre sistemas más grandes. O diversos movimientos de lucha social nos enseñan a observar determinadas conductas u opciones diarias como parte también de una lucha más grande. Esto se observa también en el uso del lenguaje en relación a las diferencias de género. Y todo esto es importante remarcarlo y rescatarlo.
Y con esta mirada llegar al texto bíblico…
Ahora me propongo ir al texto de 1º Corintios 11,17-34. Ahí podremos ver esta dinámica que estuvimos comentando antes, sobre lo cotidiano y su capacidad de reproducir o inventar nuevos pactos.
Tengo que decir que esto no era algo desconocido para Pablo. El texto que vamos a ver habla sobre la cena del Señor. Y no es un texto dogmático sobre cómo debe interpretarse o llevarse a cabo la misma. No. Tampoco es un texto que nos alerta sobre nuestro estado espiritual al participar de la Cena del Señor. Es una acalorada discusión sobre lo cotidiano. Veamos, si no, la primera parte, 17-22:
17Al anunciaros esto que sigue, no os alabo, porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor.
18En primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo.
19Es preciso que entre vosotros haya divisiones, para que se pongan de manifiesto entre vosotros los que son aprobados.
20Cuando, pues, os reunís vosotros, eso no es comer la cena del Señor.
21Al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y mientras uno tiene hambre, otro se embriaga.
22Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.
Esta sección del texto está regida por verbos que se encuentran en presente. Esto, en griego, nos da la perspectiva de acciones que se realizan continuamente. Podríamos nombrarlo el presente continuo. De modo que Pablo registra aquí la acción cotidiana: reunirse, encontrarse en la iglesia, comer, tener casas…
Pero Pablo no sólo describe lo cotidiano sino que registra, también en el interior de la cotidianeidad, una fisura por la cual se filtra un acontecimiento, o bien una fisura por la cual se puede acceder a la verdad que ha sido “tapada” por el presente continuo. Esto se da en los v.18-19:
18En primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones (sjisma); y en parte lo creo.
19Es preciso que entre vosotros haya divisiones (hairesis), para que se pongan de manifiesto entre vosotros los que son aprobados.
En realidad el quiebre en la ‘normalidad cotidiana’ es registrado por todos, como dice el v. 18:
oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo.
Lo que hace Pablo es comprender ese sjisma, palabra que podríamos traducir literalmente por “rajadura” o “desgarro”, como un sesgo, abertura o desvío que permite acceder a otra realidad. Esa otra realidad, dirá Pablo, es de hairesis. Una realidad dividida. El presente continuo, marcado discursivamente por los verbos, podría ser una serie de hechos que buscan ocultar esa otra realidad. El sjisma es el quiebre del tiempo presente continuo. Este desgarro pone en evidencia a los sujetos que están participando de la realidad:
“para que los aprobados (dokimoi) evidentes (faneroi) lleguen a ser entre vosotros”.
¿Acaso no eran manifiestos, evidentes? ¿O los sujetos se mostraban en el presente continuo de una forma diferente a la que revela el sjisma?
En este sentido tengo que decir que lo que se muestra mirando a través de la ruptura de la cotidianeidad se expresa en los siguientes versículos:
20Cuando, pues, os reunís vosotros, eso no es comer la cena del Señor.
21Pues al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y mientras uno tiene hambre, otro se embriaga.
El v. 20 retoma, ilativamente, la acción de reunirse (recordemos que se expresa en presente, en este caso un participio) que ya se había mencionado en el v.18 también en modo de participio y antes, en el v.17, el mismo verbo apareció en indicativo presente. Pero ahora a esa acción cotidiana de juntarse, expresada en presente continuo se le opone otra, negativa, también en presente continuo: no es comer la cena del Señor.
Notemos que las dos proposiciones de presente continuo tienen una diferencia radical entre sí. La primera es una proposición de hacer: cuando vosotros os reunís. La segunda proposición es una proposición de estado (negativo en este caso): no es comer la cena del Señor.
Este contraste es una revelación a partir del sjisma: la cotidianeidad de juntarse no es la cena del Señor. La revelación pone un hecho concreto, casi podríamos decir mensurable (todos podemos observar que la gente se está juntando) asediado por una afirmación evaluativa que describe el hecho de juntarse a partir de un símbolo: la cena del Señor. Este símbolo es puesto sobre la realidad cotidiana y revela que esa realidad no se puede inscribir como parte del símbolo.
Luego, en el v. 21, Pablo explicará la razón por la cual la realidad de juntarse es cuestionada por el símbolo de la cena del Señor. Aquí se descubre otro elemento más que es revelado a través del sjisma: los actores se relacionan con su propia cena y esta situación provoca un contraste: unos quedan hambrientos mientras que otros se emborrachan.
Si ponemos en paralelo:
A. Cuando, pues, os reunís vosotros (v.20)
Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; (v.21).
B. eso no es comer la cena del Señor (v.20)
mientras uno tiene hambre, otro se embriaga (v.21).
El paralelo A muestra lo “normal”, lo que se da continuamente. Podríamos decir que revela pactos ya establecidos que se están vivenciando. Esos pactos se actúan a partir de la reunión, del encuentro. E interesantemente se reproducen en el acto de comer.
A la vez, el sjisma revela el paralelo B por el cual se juzgan los pactos que se están viviendo en la realidad cotidiana (cada uno tiene su propia cena) y están desplazando otro pacto: la cena del Señor. Finalmente el resultado del pacto que se propone en A es visto en la segunda parte de B: uno tiene hambre y otro se embriaga.
Quiero finalizar esta primera parte acercándome al v.22:
22Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.
Destaco que aquí no se están oponiendo tan sólo espacios geográficos. “Casas” e “iglesia de Dios” no podemos tomarlo simplemente como lugares físicos. Son dos espacios simbólicos donde se viven diferentes pactos. La casa romana genera y transmite toda una serie de pactos a través de su tradición familiar, de su culto a los antepasados. Pactos que luego se expanden hacia el vici, el vecindario. Ahí también reordenan las relaciones entre clientes y patrones, entre esclavos y patrones, entre libertos y ex patrones, entre varones y mujeres y entre amigos. Cuando leemos “casas” aquí tenemos que leer todo esto. Y, claro está, estos pactos vividos en las casas se reinscriben hasta llegar a la casa mayor, con el pater patriae: el emperador.
Por otro lado, Pablo busca reeditar y vivir otra clase de pactos en lo que él entiende como iglesia de Dios. El sjisma será entonces esa fisura que mostrará una realidad de pactos en conflicto.
Como hemos visto hasta aquí, es la realidad cotidiana el lugar donde Pablo percibe la reproducción de pactos. Pero para ser más específicos, es a través de las fisuras que dejan ver el conflicto de pactos que Pablo accede a los perjuicios de algunos pactos que no son “la cena del Señor”: algunos tienen mucho (se emborrachan) y otros no tienen nada (pasan hambre). No hay una observación de lo cotidiano a partir de dogmas desde los cuales se podrían deducir determinados juicios. Lo cotidiano se revela desgarrado y por las fisuras de esos desgarros aparecen los hechos que han sido ocultados.
La tradición de otro pacto
Luego de esta descripción de la situación en la congregación, Pablo pasa a otra parte discursiva. Esta se extiende desde el v. 23 hasta el v. 25.
La característica discursiva de esta parte es el cambio de tiempo en los verbos. Del presente continuo ahora se pasa a un pasado puntual, aoristo.
En realidad esto no es un mero cambio de tiempos verbales. Este cambio expresa la opción de Pablo para enfrentar lo que emerge desde el sjisma.
Entonces se nota que el cambio hacia tiempos pasados muestra la estrategia paulina de traer ante esta situación cotidiana ‘algo’ que la cuestione con autoridad, con poder. Pablo apela a un ritual, recibido y transmitido, con sus palabras, con su apelación a la memoria. Y tengo que decir aquí que mi percepción del ritual es la que propone Catherine Bell:
“los sistemas rituales no funcionan para regular o controlar los sistemas de las relaciones sociales, ellos son el sistema y algo conveniente antes que algo ordenado. En otras palabras, la organización más o menos práctica de las actividades rituales ni actúan sobre ni reflejan el sistema social; antes, estas actividades están constantemente diferenciando e integrando, estableciendo y subvirtiendo el campo de las relaciones sociales. Desde el momento en que ellas establecen relaciones sociales jerárquicas están interesadas con la distinción de las identidades locales, el ordenamiento de las diferencias sociales o el control de la contención y la negociación comprendida en la apropiación de símbolos”.
Es decir que comprendo el ritual como esa actividad que se contrasta con otras actividades similares de la cotidianeidad y en ese contrastarse las confronta. Las confronta ya que al separarse, al establecerse como diferente, como especial en realidad no puede estar avalando las actividades cotidianas sino que las está asediando.
Ahí está Pablo. El pacto que se estableció en el ritual de la cena del Señor y que se rememora y revive cada vez que se parte el pan y se toma de la copa, ahora confronta los sistemas de pacto que están estructurando la vida de la comunidad.
Me gustaría remarcar algunas características de este pacto vivido desde la cena del Señor y que cuestiona la realidad cotidiana.
En primer lugar es un pacto que surge cuando parece imposible realizar pactos. La tradición recibida por Pablo tiene como contexto temporal-político-existencial la muerte próxima del Señor Jesús: “la noche que Jesús fue entregado”. Es difícil comprender que en ese momento ante una posible ejecución por parte del imperio, alguien quiera establecer pactos. Sin embargo, es precisamente cuando surge la dificultad de pactar que se pacta, propone el ritual. Y Pablo, al final del relato de la tradición, también recupera este contexto: “así mismo, nosotros cada vez que comemos este pan y bebemos la copa, la muerte del Señor anunciamos”. Cierto también que Pablo agrega la frase que produce una tensión: “hasta que él regrese”. El pacto que se propone está tensionado entre un presente, de muerte y de gran dificultad para establecer pactos de vida, y una espera por el regreso de Jesús.
Posiblemente este pacto ante la posibilidad de la muerte estaba contrastando los pactos cotidianos. ¿Cómo? Ya vimos que, en el pacto llevado a cabo cuando se encuentra a comer la comunidad, unos están en situación cercana a la muerte (pasan hambre) mientras que otros tienen abundancia. Pero también vimos que esta realidad no pareciera ser notoria, esta realidad de escasez hasta la muerte para unos y sobreabundancia para otros es revelada-denunciada a través del sjisma. Para quienes participan, como también para nuevos integrantes de la comunidad, lo que se ve como pacto y propuesta en la congregación es que “conviene” hacer pacto con quienes tienen el poder de la sobreabundancia. Aquí podemos retornar al capítulo 1 y 3 de 1º Corintios donde Pablo anuncia, como tema recurrente a lo largo de la carta, que Dios pacta con aquellos que el mundo no pacta (por ejemplo 1,26-28). La cena del Señor, la copa de sangre del pacto más aún, es un pacto con una víctima. Y esto es realmente novedoso para la comunidad de Corinto y, en definitiva, para un sistema imperial de pactos patronales. Ahora la víctima es la que propone un pacto nuevo, la víctima que está por ser atrapada, torturada y asesinada.
Debo decir aquí que entiendo que esta víctima pasa a ser el sjisma. Esta víctima ahora es ese desgarro que sale del presente continuo. Ese presente continuo no tiene a la muerte violenta como parte de sí mismo. Por lo menos es eso lo que dice el presente continuo. “La noche en que Jesús fue entregado” - es el desgarro del tiempo cotidiano de Jesús y sus seguidores. Y, como vimos antes, ese desgarro podría denunciar otra realidad. Pero, como acabamos de decir, ese desgarro de la víctima abre la realidad cotidiana trayendo el nuevo pacto en la sangre.
En segundo lugar, quiero notar que Pablo invita a celebrar este pacto como sjisma. La propuesta paulina con relación a la tradición-pacto recibida y entregada es:
“así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis la copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”.
La celebración de este nuevo pacto en la sangre del Mesías Jesús, hecho ritual, provocará que se haga memoria y se anuncie la muerte del Señor hasta que él venga. Esto será el quiebre que se provocará ante los pactos cotidianos. La copa de ese pacto de esa víctima pondrá en evidencia, cada vez que se realice, la forma de la muerte del Mesías. Puedo suponer que aquí Pablo busca hacer actividad ritual (es decir separar, hacer densa de significados) lo que en la comunidad se había transformado en actividad cotidiana. Ésta última (el juntarse a comer como algo cotidiano) sustentaba pactos imperiales por los cuales unos poseían en abundancia y otros morían de hambre.
El ritual, como nuevo pacto
Los v. 27-34 muestran el ritual como pacto. Este ritual es un nuevo pacto re-afirmado cada vez que se lo realiza. Pablo pide con insistencia que cada uno revise su propia postura con relación a este pacto y acceda al ritual a partir de una profunda reflexión y toma de conciencia de que lo que se hace en la cena del Señor no es algo cotidiano sino una irrupción en lo cotidiano.
El v. 27 da comienzo a este bloque y une a los que realizan el pacto en un momento determinado con los que estuvieron en la inauguración del pacto:
“[hoy] el que come el pan y bebe la copa del Señor sin considerar lo que hace (anaksios es hacer algo sin darle la debida dignidad), será culpable [juntamente con los culpables históricos] del cuerpo y la sangre del Señor.”
A partir de este versículo se irá mostrando cómo acercarse a la cena del Señor y la necesidad de ser concientes de este acercamiento. El discurso llegará a lo que considero el dato de lo cotidiano: el v. 30. El v. 28 era regido por imperativos, el v. 27 ya visto por un futuro y ahora los v.29 y 30 están regidos por presentes. Nuevamente entonces lo cotidiano. ¿Y qué ve Pablo en ese dato de lo cotidiano que se expresa en el v. 30? Que quien come y bebe de la cena del Señor sin considerar esa acción ritual como un pacto corporal (de un cuerpo grupal) provoca la debilidad, enfermedad y muerte de muchos. Dicho de otro modo: comer y beber de la cena del Señor en forma de los cotidianos pactos imperiales refuerza y justifica la muerte de muchos. Esto es lo que vimos a través del sjisma.
Nuevamente la aparición de la ruptura de lo cotidiano en la presencia de las víctimas. Nuevamente es ahí donde se aprecia la mortalidad de los pactos patronales, imperiales. ¡Esto y no otra cosa es tomar indignamente la cena del Señor! No hay en Pablo una preocupación dogmática, litúrgica o formal en relación al rito de la Cena del Señor. Pablo ve que la cena del Señor que debe ser una proclama de nuevos pactos se ha transformado en una reproducción de pactos imperiales. Pablo ve que la cena del Señor, que debía ser una ruptura de lo cotidiano enfermante y mortal, ahora se había transformado en algo que justificaba eso cotidiano y mortal.
En fin, Pablo terminará su discurso proponiendo un pacto sumamente pequeño: ¡esperarse unos a otros para comenzar a comer (v. 33)! ¿Curioso no? El pacto que Pablo propone no es más ni menos que una actitud cotidiana. No propone Pablo un gran pacto social sino el pacto cotidiano que permite reencontrarse unos y otros. La realidad de injusticia en la distribución de la comida, la debilidad, la enfermedad y la muerte comenzarán a ser enfrentadas a través de nuevos pactos que reconozcan a unos y otros como parte de un mismo cuerpo. Es desde ese reencuentro cotidiano, en todo caso, que se podrán realizar otros pactos más amplios.
Pablo Manuel Ferrer
Camacuá 282
1406 Buenos Aires
Argentina
pablomanuelferrer@yahoo.com.ar
