1Corintios – Tiempos mesiánicos: pistas para leer 1Corintios y nuestra realidad

Pablo Manuel Ferrer

Resumen: Este trabajo busca ofrecer una clave de lectura de 1Corintios. Se propone cambiar la clave de lectura de una comunidad esperando el fin de los tiempos por una comunidad viviendo en tiempos mesiánicos.

Abstract: This paper offers a hermeneutical key for reading 1 Corinthians. Instead of being a letter written for a community awaiting the end of the world, it should be read as written to a community living in messianic times.

Introducción: Apocalipsis, fin, nuevas comunidades

Cuando observamos las ideas predominantes en relación a lo apocalíptico que circulan por nuestras distintas comunidades, podemos notar que en su gran mayoría se refieren al fin del mundo. El final (generalmente catastrófico al modo Hollywood) sería hoy el significado popularmente extendido que se relaciona con lo apocalíptico.

Esta asociación entre fin del mundo y lo apocalíptico es también corriente como clave de lectura de textos bíblicos del siglo I. Esta lectura de una espera del fin inminente por parte de las primeras comunidades cristianas fue, o sigue siendo en muchos casos, una clave de lectura de las cartas paulinas. No es poco frecuente escuchar explicaciones tales como “Bueno, Pablo pensó y dijo esto y aquello porque estaba convencido que el Cristo volvía pronto”.

Prestando atención, no podemos dejar de notar que esta clave de lectura tiene un problema: el pensamiento paulino es filtrado a través de ella y entonces el horizonte paulino (el fin está por llegar) en nada se asemeja al nuestro. El nuestro es un horizonte que no está marcado por la expectativa de una pronta venida del Mesías sino por un destino histórico que fluye. En todo caso somos concientes como humanidad que el fin lo estamos provocando nosotros al destruir la vida sobre la Tierra. Pero nada tiene que ver esto con una intervención divina.

Es visible a la vez, y reafirmando esta observación anterior, la numerosa cantidad de películas referidas a la vida de grupos humanos después de catástrofes mundiales. En algunos casos es conocido este género de película como post-apocalíptico en referencia a la idea que recién mencionamos sobre la equiparación entre los conceptos “apocalíptico” y “fin del mundo”. Mencionar una de ellas – la más extendida en lo referido a lo comercial – nos dará la pauta de esta afirmación: “El día después” como referencia de una catástrofe climática que lleva a los sobrevivientes a reorganizarse como comunidad. Esta reorganización de los que quedan luego de una catástrofe mundial tal vez sea uno de los sub-guiones de estas películas (principal o secundario, lateral o directo, esto es otra discusión): pensar, proponer, cuestionar, reafirmar modos de armar comunidades humanas. La reciente película “La ceguera” basada en el libro de Saramago trabaja también este tema.

Trasponiendo los guiones del cine a la vida social y política en América Latina (aunque creo que en lo cotidiano es al revés, el cine es un exponente de temas que surgen de la arena político-cultural de la sociedad) podemos notar que la situación de repensar lo comunitario es un tema candente en nuestro continente, como en el mundo entero. América Latina tiene gobiernos hoy que ponen en cuestión la idea de nación, de país, de municipios y de Estado que había sido sostenida por el neoliberalismo de los ’90.

Y se ven los duros conflictos entre quienes quieren una nueva comunidad, solidaria, inclusiva, que respete los derechos de los pueblos originarios, que proteja las industrias nacionales, que cuide los recursos naturales en contra de otros que tienen arraigados sus intereses en la vieja comunidad, la de los ’90 en donde el neoliberalismo y sus agentes conformaron una economía devastadora, un estado desmantelado. Aún, ante la crisis mundial del capitalismo financiero, podemos notar que estos grupos no dan lugar a una nueva comunidad.

1Corintios: ¿Fin de los tiempos?

La carta que los apóstoles escriben a las iglesias de Corinto, la que llamamos 1Corintios, nos llama la atención sobre la idea del tiempo mesiánico. Y queremos remarcar esto. Tanto en Pablo como en muchos primeros cristianos lo apocalíptico no era un discurso sobre el final de los tiempos sino un discurso que buscaba revelar el sentido de los acontecimientos. El tiempo mesiánico no era el último. El tiempo inaugurado por el Mesías Jesús no era el final de la historia humana.

En este sentido tanto Pablo como sus compañeros y compañeras en la misión no tenían una clave de lectura social, política y de acción estratégica en lo cotidiano que tuviera como horizonte el fin inminente provocado por una acción divina. Esto es notorio en 1Corintios. Los temas cotidianos no son tratados con un horizonte de final. Los temas comunitarios no son tratados con el fin como marco. La sociedad no es comprendida como si viviera en el fin de los tiempos. Para algunos el capítulo 15 de esta carta, en el que se habla sobre la resurrección inminente de los muertos, ha sido notoriamente el texto por el cual se leyó la ideología paulina como escatológica, en el fin de los tiempos. Sin embargo, este texto toma otro matiz al observar la cantidad del texto relacionado a la vida no en el fin sino que continúa.

Veremos que Pablo tenía otra idea sobre el tiempo mesiánico y propondremos ésta como clave de lectura de 1Corintios además de proponerla como clave de lectura de nuestra realidad y nuestra accionar cotidiano.

¿Cuál es el acercamiento paulino a la realidad histórica que vivía?

Tomemos 1Cor 10,11:

Estas cosas sucedían típicamente a aquellos, escritas para instrucción a nosotros, a quienes las extremidades (telos) de los tiempos se han enfrentado (katantaô).

En este versículo podemos tener un resumen de la comprensión y propuesta paulina en relación al tiempo mesiánico. El texto se encuentra luego de un relato histórico que Pablo narra. Pero para Pablo este relato histórico no es sólo esto sino que tiene un valor agregado. Pablo transforma este relato histórico del tiempo del Éxodo en una herramienta que le permita a la comunidad de Corinto rever sus acciones, sus estrategias, sus ideas. Este relato se encuentra en 1Cor 10,1-10 y es caracterizado, en el versículo 11, como un relato típico. Las comprensiones acerca de la interpretación típica son diversas a través de distintos autores. Tomamos el enfoque que consideramos más adecuado.

Brevemente, la comprensión de la interpretación típica en Pablo la podemos entender de la siguiente manera: un evento del pasado (el tipo, Antiguo Testamento) sólo estará completo al encontrarse con un evento similar en el presente paulino (Nuevo Testamento, el anti-tipo). A la vez el evento sucedido en el tiempo paulino no estará completo en su sentido sin estar unido al evento del pasado. De esta forma – tipo y anti-tipo – se encuentran para darse mutuamente valor y significado. Uno sin el otro no puede ser plenamente vivido.

Este encuentro entre los dos eventos es el tiempo mesiánico. Por esto es que traducimos junto con Agamben el verbo katantaô de 1Cor 10,11 como enfrentarse, y no cumplirse. La relación entre anti-tipo y tipo es una tensión que hace que el tiempo se vuelva sumamente denso, un tiempo único.

El tiempo y la forma de enfrentar las cosas

Esta forma de entender el tiempo en Pablo nos ayuda a acercarnos a una carta como 1Corintios desde una perspectiva distinta a la de estar leyendo un texto de personas esperando el fin de los tiempos. Ya vimos que en su lugar es un texto de una comunidad que se auto-comprende viviendo un tiempo mesiánico, un tiempo en que pasado y presente se unen dándose sentido en este encuentro.

A la vez tenemos que recordar que este tiempo mesiánico no se encuentra aislado del tiempo circundante que podríamos llamar el tiempo de este mundo. El tiempo mesiánico se inserta en el tiempo de este mundo. 1Cor 10,11 nos muestra esto y dice que este tiempo mesiánico transforma la vida de las personas: “a nosotros a quienes los extremos de los tiempos se han enfrentado”. Estas personas eran parte del tiempo mesiánico y vivían desde ese tiempo la vida. Esto producía una fuerte relativización del otro tiempo, el del mundo.

La pregunta que surgía entonces era: “¿Qué tiempo es realmente significativo para la existencia, para la toma de decisiones, para las esperas?” Para los seguidores de Jesús el tiempo iniciado por el Mesías era la realidad que daba sentido y fuerza a todo el vivir. Era desde ese tiempo que se leía lo que sucedía y lo que se decía en el mundo.

El tiempo mesiánico y las autoridades

A la largo de la historia el problema de los calendarios, el problema de las festividades (profanas o sagradas), en fin, la forma de definir los tiempos (años, meses) era un asunto que ponía de manifiesto un juego de poder. ¡Recordemos que algunas ciudades de Asia deciden comenzar su calendario con el cumpleaños de Augusto como evidencia de fidelidad a esta autoridad! Notemos cómo un historiador como Suetonio toma este tema:

Dedicándose en seguida a la organización de la república corrigió el calendario, tan desorganizado por culpa de los pontífices y por el abuso, antiguo ya, de las intercalaciones, que las fiestas de la recolección no caían ya en estío ni las de las vendimias en  otoño: arregló el año al curso del sol y lo compuso de trescientos sesenta y cinco días, suprimiendo el mes intercalario aumentando un día a cada año cuarto. Para que este nuevo orden de cosas pudiese comenzar en las calendas de enero del año siguiente, añadió dos meses entre noviembre y diciembre, teniendo por consiguiente este año quince meses, contando el antiguo intercalario que ocurría en él .

¿No fue entre otros un problema de calendarios lo que llevó a la comunidad de Qumrán a separarse? ¿Quien tiene el poder de decidir el cuándo de las actividades de un grupo de personas? El tiempo del mundo tenía y sin dudas tiene sus autoridades, las cuales tenían y tienen el poder para hacer cumplir esos tiempos.

En razón de esto, poder concebir 1Corintios como la propuesta de un tiempo que radicalmente se insertara en otro tiempo es ciertamente concebir una comunidad que estaba desconociendo la autoridad imperial que imponía un uso y concepción del tiempo. La problemática de las autoridades se ve en 1Cor 8,4-6:

Acerca, pues, de los alimentos que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para quien nosotros existimos; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual han sido creadas todas las cosas y por quien nosotros también existimos.

O bien podemos observar cómo se concibe a las autoridades de este mundo como incapaces de comprender la lógica mesiánica del tiempo en 1Cor 2,6-8:

Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez en la fe; no la sabiduría de este mundo ni de los poderosos de este mundo, que perecen. Pero hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la cual ninguno de los poderosos de este mundo conoció, porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de la gloria.

El tiempo mesiánico y las relaciones sociales

1Corintios 7 es una de las respuestas que Pablo da a una serie de preguntas que le mandaron los corintios (1Cor 7:1). En esta respuesta, extensa por cierto, podemos observar que Pablo invita a relativizar toda relación de pareja y otra relación social al ponerla enfrentada a la posibilidad de que el tiempo de este mundo es efímero, pasajero. De hecho toda relación social es una construcción de este tiempo. Las relaciones sociales en el tiempo mesiánico pueden ser otras. El tiempo mesiánico inserto en el mundo juzga al mundo y sus relaciones, las relativiza y propone otras nuevas.

En una interesante síntesis podemos ver que 1Cor 7,29-31 nos muestra esta idea de un tiempo de este mundo que pasa:

Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto. Resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran, y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutaran, porque la apariencia de este mundo es pasajera.

El tiempo mesiánico y la comunidad

Si bien cada tiempo tiene su autoridad, sus lógicas y sus formas de construir las relaciones sociales, tenemos que notar algo que es bien evidente en 1Corintios. En esta carta se observa que el escenario donde estos dos tiempos se encuentran y se enfrentan es en la comunidad. La comunidad de Corinto es un escenario en el cual el tiempo de este mundo y el tiempo mesiánico se ponen frente a frente. Los tiempos mesiánicos y los de este mundo no son abstractos. Son fidelidades a determinadas autoridades, obediencias y desobediencias, esperanzas y toma de decisiones. Todo esto se ve en la comunidad de Corinto.

La imagen del cuerpo en 1Corintios 12 o las jerarquías de los dones en 1Corintios 14 son puestas en escena de un tiempo mesiánico. Un tiempo inserto en otro tiempo. Sin dudas que la imagen de cuerpo-comunidad que tenía el tiempo de este mundo no era igual a la de 1Corintios 12. Sin dudas que las jerarquías de dones del tiempo de este mundo no era igual a la propuesta de 1Corintios 14.

El tiempo mesiánico abre un paréntesis dentro de la comunidad que permite e invita a construir una sociedad diferente. Este paréntesis busca recomponer las personas que fueron descartadas por el tiempo de este mundo y sus agentes, como nos dice 1Cor 1,26-29:

Considerad, pues, hermanos, vuestra vocación y ved que no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte;  y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.

El tiempo mesiánico es una nueva forma de escoger. Ya no según las escalas del tiempo de este mundo. Ahora la elección del tiempo mesiánico abre un paréntesis que permite llamar y convocar a los que fueron dejados de lado en el tiempo de este mundo. Y esto, ciertamente, cuestiona fuertemente el tiempo de este mundo junto con sus esquemas, jerarquías y estrategias.

El tiempo mesiánico y el fin

Dijimos que el marco de comprensión de la comunidad de Corinto no era el fin de los tiempos sino la inclusión de un tiempo mesiánico dentro del tiempo del mundo. Pero no podemos dejar de tener en cuenta que la idea del día final estaba presente, por ejemplo, en 1Cor 1,7-8:

de tal manera que nada os falta en ningún don mientras esperáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os mantendrá firmes hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.

Sí, el fin se esperaba. Pero también es cierto que el tiempo mesiánico era el mientras tanto, ese tiempo “mientras esperáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, el cual os mantendrá firmes hasta el fin”. 1Corintios no discurre sobre el fin sino sobre como resistir hasta el fin. La idea del tiempo mesiánico es la esperanza de ese tiempo donde se puede abrir un paréntesis para resistir. Esto es lo que se profesaba en el ritual de la Cena del Señor, según 1Cor 11,26:

Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

El ritual de la Cena del Señor era la memoria de estar viviendo ese tiempo en que se anunciaba la muerte del Señor que había abierto un nuevo tiempo hasta el fin en que volvería a disolver toda diferencia de tiempos.

El tiempo mesiánico en nuestra América Latina

Los tiempos mesiánicos que proclamó y vivió la comunidad de Corinto son horizontes que hoy se fusionan con nuestros horizontes. Los paréntesis abiertos por aquellos cristianos y cristianas son espacios que hoy se nos proponen a nosotros para recordarnos que el tiempo mesiánico es de aquellos que se animan a vivirlo, a proclamarlo. Sobre todo a creerlo.

1Corintios nos muestra algo similar a nuestra realidad latinoamericana: tiempos neoliberales con sus jerarquías, con sus lógicas, sus asesinatos. Por otros lados, un tiempo de búsqueda. Un tiempo indiferenciado, un tiempo de conflictos. Un tiempo de paréntesis donde todo se puede tomar como provisorio con tal de cuidar la vida. Toda doctrina, toda estrategia, toda alianza no puede ser sino un elemento del tiempo mesiánico. Ese tiempo que para los cristianos es un encuentro entre la comunidad corintia y la latinoamericana. Ese tiempo mesiánico que se mete en el tiempo de este mundo en el cual se quiere volver a disolver la posibilidad de encuentro con los pueblos originarios, con economías solidarias, con justicia para los excluidos.

No vivimos en los tiempos finales. Ya lo dijimos. Sí los esperamos, con ansiedad. Y deseamos que pudieran ser el día de hoy mismo. Pero en el “mientras tanto”, al igual que los corintios, hay que ir conformando comunidades en donde sea posible vivir el tiempo mesiánico. Sabiendo que dentro de esas comunidades se dará la batalla contra el tiempo de este mundo. La comunidad entonces no es una comunidad del fin. Es una comunidad en el tiempo mesiánico. Que permite abrir el paréntesis para resistir hasta que llegue el fin.

Esta resistencia-paréntesis se conforma en el ritual de la comunidad que activa la memoria y reafirma el tiempo mesiánico, se conforma en la vivencia de relaciones sociales que se establecen para resistir el tiempo del mundo (resistir es amar, creer, esperar, pero por sobre todo amar, según Pablo en 1Corintios 13). La resistencia-paréntesis se solidifica en la formación de nuevas comunidades que se relacionen extendiendo el paréntesis solidario tal como lo hicieron las comunidades de Galacia, Acaya, y Macedonia con los hermanos de Judea (1Cor 16,1-3). La economía también es esencial en el tiempo mesiánico pues ayudará a estructurar otros caminos, otras relaciones, otras formas de trato con el medio ambiente y el prójimo.

1Corintios entonces nos ayudará a encontrarnos con aquellos seguidores y seguidoras de Jesús que vivieron en un tiempo mesiánico. Y a partir de ese encuentro seremos llamados a profesar el tiempo mesiánico en América Latina.

Pablo Manuel Ferrer
IUISEDET, Buenos Aires, Argentina
pablomanuelferrer@yahoo.com.ar

 

Sobre los diferentes abordajes en la cuestión de la interpretación típica, véase: Pablo Manuel Ferrer, Imperio interno. Discurso, antropología y política en 1º Corintios 10 (Tesis doctoral; Buenos Aires: IUISEDET, 2008), pp. 107-10

Giorgio Agamben, El tiempo que resta. Comentario a la carta a los romanos (Madrid: Trotta, 2006), p. 78.

J. Comby, J. y Jean Pierre Lemonon, Vida y religiones en el Imperio Romano en tiempos de las primeras comunidades cristianas. (Navarra: Verbo Divino, 1986), p. 18.

Suetonio, Los doce Césares, Cayo Julio César XL (trad. F. Norberto Castilla; Buenos Aires: Editorial Albatros, 1945), p. 42.