UN MUNDO SIN MUROS
Cláudio Carvalhaes
No me quiero fugitivo.
Prófugo me basta.
Mia Couto
Resumen
El muro recientemente construido, que separa a los Estados Unidos de México evidencia una dramática situación mundial que se vive hoy: la concentración de riquezas en algunas partes del mundo forza a la migración de millones de personas en busca de formas de sobrevivencia; la creciente exclusión económica culpa a los pobres del desequilibrio del capital y de los problemas sociales y económicos de los países ricos; el descuido de los derechos humanos; el desajuste de cientos de comunidades locales; la explotación de mujeres y niños, y la muerte de millares de trabajadores. ¿Cómo leer la Biblia a partir de las realidades mundiales de esas personas que se debaten entre el derecho de ir y venir, y los muros del miedo, del odio, y de la xenofobia, entre la imposibilidad de moverse y el movimiento que la vida enseña y, a veces, hasta demanda? ¿Cómo puede la Biblia movilizarnos en un movimiento de lucha comunitaria? ¿Cómo leer la Biblia bajo la sombra de esos muros y crear hermenéuticas alternativas a la criminalización? ¿Qué debemos recordar para crearnos una resistencia y mejores formas de convivencia en un mundo que crea y vive de las divisiones de clases, y crea muros para mantenerlas? Estos son algunos de los desafíos para este número de RIBLA.
Abstract
The wall that was built recently separating Unites States and Mexico is evidence of a very dramatic situation in our world today: the concentration of the wealth only in some parts of the world forces the migration of millions of people in search for survival; the growing economic exclusion makes rich countries blame the poor for the unbalance of the capital and for their own socioeconomic problems; the disregard for the human rights, the social dismantling of hundreds of local communities, the exploitation of women and children and the deaths of thousands of people. How do we read the Bible from the contexts of these realities throughout the world, where people are hanging between the right to move and the walls of fear, hatred and xenophobia, between the impossibility of moving and the movement that life begs and even demands? How can the Bible help us mobilize ourselves into a movement of community struggle? How can we read the Bible under the shadows of these walls and create alternatives to criminalization of innocent bystanders? What do we need to remember in order to create resistance and better forms of life together in a world that creates these systemic walls to sustain these separations? This is some of the challenges we face in this new issue of Ribla.
Olivia limpia los escritorios de una escuela en los Estados Unidos. Como tantos otros inmigrantes sin documentos, ella vive a la sombra de la vida norteamericana, entre miedos, trabajo duro, prejuicios, limitaciones, perseverancias y sueños. Un día ella llegó, pasó por mi escritorio para recoger la basura y entonces le pregunté en español de dónde era. Ella me respondió en portugués que era de Brasil, del Estado de Pará; que aún no hablaba inglés, pese a que vivía en este país desde hace dos años. Conversamos un poco y luego ella se fue. Al día siguiente, sin embargo, ella apareció de nuevo frente a mi escritorio, asustada, temerosa y sin saber qué decir.
“¿Qué pasó Olivia?” – pregunté, y ella me respondió: “Mi hijo… la migra (migración) agarró a mi hijo y no sé dónde está. Él estaba volviendo del trabajo y la policía paró su carro y lo detuvo”. “¿Dónde está él?”. “¿Dónde puedo encontrarlo?”… “No sé Olivia”, le dije. “Su enamorada Russa estaba con él y ella me dijo que lo arrestaron en la carretera, pero que no sabe adonde lo llevaron”.
En los dos meses siguientes, Olivia y yo recorrimos diversos caminos para saber dónde estaba Elías y ver cómo hacíamos para sacarlo de la cárcel, sin que fuera deportado. Durante ese tiempo Olivia, que ya tenía la salud muy frágil de tanto trabajo y soledad, entró en una depresión. Su hijo adoptivo, el orgullo mayor de su vida, estaba en prisión por primera vez en su vida.
Elías limpiaba salas de cines y, dado que había trabajado más de 16 horas ese día, se quedó dormido al volante de su carro el día en que fue apresado; casi se choca. La policía se percató de ello, detuvo el carro y como él no tenía documentos, lo llevó a una prisión de inmigrantes sin documentos, donde quedó detenido.
Elías podía escribir cartas, y desde prisión le escribió una a su madre para pedirle perdón por la vergüenza que le estaba haciendo pasar. Ella le enviaba dinero para que se compre un abrigo para el frío. Después de algunos meses, Elías salió de prisión, pero estaba completamente perdido. Pasar en la prisión le marcó el cuerpo y el alma. Por suerte, o quién sabe porqué, no murió en la cárcel, como sí ocurrió con Edmar Alves Araújo (nombre verdadero) de 34 años, quien, bajo el resguardo del Servicio de Migración y Custodia de los Estados Unidos, murió no mucho tiempo atrás, en la ciudad deMilford, en el Estado de Massachusetts, por falta de cuidado y medicación. Y también, por suerte, o cualquier otra razón, no fue deportado, como Alicia Pérez.
Alicia trabajaba con un salario por debajo del mínimo pero, en una acción cada vez más frecuente de la migración norteamericana, fue acusada de trabajar ilegalmente y fue deportada sin dar ningún aviso a su familia. Por suerte, o por gracia divina su casa no fue invadida por la migración, como sí lo fue la casa de Alexandra Mirantes, quien fue inmediatamente llevada a prisión y luego deportada, teniendo que dejar a su hijo de 8 meses de nacido en casa, y en manos de extraños. Más aún, por suerte, o quizá a causa de su cabello negro, no fue arrancada de la sección de emergencias de un hospital, como lo fue Olga Trasgueras, quien fue deportada a un hospital del lado de México, donde recién fue operada.
Así como todos estos inmigrantes, Elías es una muestra clara de la lucha de clases que permea las estructuras políticas, económicas y sociales de todo el mundo por dar, a quien tiene dinero, acceso a documentos, pasaportes y capacidad de movilización por el mundo. Elías, mientras tanto, todavía hace parte del grupo de personas que puede moverse limitadamente y a un costo extremadamente elevado. Elías es un muchacho pobre que, sin educación formal, juntó lo que pudo y lo que no se pudo, para irse a vivir a los Estados Unidos para intentar la vida que no había conseguido tener en su propio país.
En ese proceso de búsqueda de Elías, fui conociendo mejor a Olivia. Ella me cuenta que vino a los Estados Unidos porque no conseguía mantener con el salario de enfermera que tenía en el centro de salud de su ciudad, a su otra hija ciega, enferma y separada, y a sus dos nietos que estaban en Brasil. En una de nuestras conversaciones, Olivia me dijo: “Claudio, en 18 años nunca pude llevar a mis hijos y a mis nietos a tomar un helado. A veces ponía un poco de harina en agua para darles a mis hijos algo que tomar. Cuando vi que ya no conseguía más, tuve que decidirme: vendí todo lo que tenía y me vine para acá”.
La historia de Olivia es parte de la historia de 12 millones de inmigrantes indocumentados, que viven en los Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida. Así como en los Estados Unidos, los inmigrantes de todo el mundo se buscan la vida en países donde se concentra el dinero, y las oportunidades de trabajo “no calificado” aparecen con mayor facilidad. Olivia, como la mayoría de los inmigrantes que vienen al norte de América, no busca realizar su sueño norteamericano o europeo, sino sólo encontrar una forma estable de sobrevivir.
CLANDESTINO
Solo voy con mi pena
Sola va mi condena
Correr es mi destino
Para burlar la ley
Perdido en el corazón
De la grande Babilonia
Me dicen el clandestino
Por no llevar papel
Pa' una ciudad del norte
Yo me fui a trabajar
Mi vida la dejé
Entre Ceuta y Gibraltar
Soy una raya en el mar
Fantasma en la ciudad
Mi vida va prohibida
Dice la autoridad
Solo voy con mi pena
Sola va mi condena
Correr es mi destino
Por no llevar papel
Perdido en el corazón
De la grande Babilonia
Me dicen el clandestino
Yo soy el quiebra ley
Mano Negra clandestina
Peruano clandestino
Africano clandestino
Marihuana ilegal
Solo voy con mi pena
Sola va mi condena
Correr es mi destino
Para burlar la ley
Perdido en el corazón
De la grande Babilonia
Me dicen el clandestino
Por no llevar papel .
El telón de fondo de estas historias es simple, veamos el resto: la estructura económica mundial, basada en el mercado liberal, concentra el capital en algunos países, en algunas corporaciones y en algunas familias alrededor del mundo. Con la producción de ingresos concentrada en manos de algunos individuos, algunas corporaciones y algunos países, la capacidad mínima de vida y las condiciones de supervivencia son extremadamente escasas para millones de personas, pues escasea el trabajo, la comida, la vivienda y la salud para una quebrada mayoría de personas pobres alrededor del mundo. A más de ello, este sistema económico, de mayor tasación para unos y de menor valía para otros, genera guerras y conflictos en diversas partes del mundo, lo que acaba por producir un movimiento humano aun mayor, que produce alteraciones constantes.
Es esa misma estructura económica la que define los tratados gubernamentales y comerciales entre países “desarrollados” y “emergentes”, que intervienen directamente en las economías de los países involucrados, fortaleciendo la economía de los países ricos y desfasando la economía de países de por sí frágiles. Sea por causa de la corrupción, de la búsqueda de visibilidad o de acceso e inclusión en el mercado económico y a sus seductores préstamos, los países más pobres dependen cada vez más de las corporaciones y de la buena voluntad de los países ricos. Las que siempre quedan al margen y abandonadas son comunidades locales enteras, que van perdiendo sus tierras, su orgullo, su lugar en el mercado de trabajo y de consumo, su fuerza y su poder de negociación, su resistencia, su derecho a ir y venir, su derecho a tener acceso a la salud y a la educación, más aún, el derecho a su propia alma.
El resultado de esos acuerdos bilaterales desterritorializa a millares de personas que perdiendo sus formas de sustento, se ven obligadas a mudarse del campo e ir a otras ciudades y países, buscando el sustento en esos otros lugares. Así ocurrió con José Montregon que sembraba maíz en México y que tuvo que dejar a su mujer y a sus hijos para buscarse la vida en los Estados Unidos, dado que no podía competir con el maíz subsidiado por el gobierno norteamericano. Igual pasó con Edith Sesmolia de Haití, quien no pudo comprar más comida para su familia, sin embargo no pudo inmigrar a otro lugar, ya que no tenía ni siquiera los recursos económicos para moverse de donde estaba.
Igual pasó con María Andaluz quien al no tener cómo cuidar a sus hijos, salió desde Ecuador hasta los Estados Unidos, pero entre las fronteras del sur y del norte de México perdió todo lo que tenía, fue violada, quedó embarazada y hoy está en una institución social en México, esperando por un pasaje de bus que le permita volver a Ecuador para estar con sus hijos. También pasó con Vicente Rodríguez que, al intentar cruzar el desierto de Arizona, fue hallado por Andrew Gorrone, un indígena de la región que lo salvó del cansancio, del hambre y de las graves heridas de sus pies.
También está el caso de Juanito Salvador, quien se perdió de su madre en el desierto durante una acción de la policía de fronteras de los Estados Unidos, llamada “Operación Polvo”. En dicha operación, un helicóptero se aproximó a los caminantes del desierto y, cerca del suelo, creó una nube de polvo de metros de altura, asustando y separando a los grupos que andaban juntos por el desierto. Cuando las personas quedaron dispersas, el helicóptero de la policía se retiró. Asustado por el helicóptero, Juanito se perdió de su madre, y hoy está en una institución mexicana que cuida a niños perdidos en el desierto; y no sabe de qué lado del desierto está su madre.
Así pasó con Lorena, Imelda y José, quienes viviendo en los Estados Unidos, no supieron que sus padres habían sido detenidos en una operación de migración norteamericana a una fábrica de carne, y se quedaron esperando a que sus padres vuelvan del trabajo. Después de tres semanas, estos niños fueron localizados y llevados de vuelta a Nogales, en México, donde yo los encontré. Hasta aquel día, agosto del 2008, ellos no sabían dónde estaban sus padres y a dónde ellos mismos irían. Igual pasó con María de Lourdes, una pequeña que cumplió sus 15 años en medio del desierto de Arizona, y murió en ese mismo desierto, de hambre y de sed, intentando llegar a los Estados Unidos. Igual ocurre con barcos súperpoblados de africanos que esperan un chance en las proximidades de los países europeos para, en un intento suicida, entrar a Europa y buscar nuevas formas de sobrevivir.
Historias como éstas marcan el movimiento migratorio hoy en el mundo. Son 200 millones de personas que se mueven alrededor del mundo, buscando nuevas alternativas de vida, nuevos lugares de pertenenecia, nuevas conexiones, nuevas estructuras de relaciones y de “mera” sobrevivencia. Ese movimiento de personas es como si toda la población de Brasil estuviese en movimiento.
Esta “crisis de inmigración” tiene asustados a los llamados países desarrollados que, en medio de la xenofobia, han cerrado su “Estado” –sus fronteras, con un cerco contra los migrantes. Este cambio no es sólo cambio de policía de frontera, sino un cambio más grave, más profundo: es un cambio hermenéutico. Países con gran influencia de inmigrantes tienen bien definidos los términos del debate y de la creación de leyes de migración, alrededor del término ilegalidad, pero no los tiene respecto a los derechos fundamentales que tiene el ciudadano de moverse por el mundo, y de las causas y consecuencias que sobrevienen de ese movimiento. Así, el proceso que se cierra contra los inmigrantes es un proceso de criminalización e ilegalidad de inocentes, personas simples que andan en busca de la vida.
Mary Pat Brady llama a este proceso de criminalización de los inmigrantes “masacre en camara lenta... un tipo de pena de muerte para quien está fuera de dichas regulaciones” . “ilegalidad”, dice Neferti Tadiar, “es una categoría limitada que pone fronteras afectivas en los sentimientos y una falta de deseo de pertenecer a la humanidad”.
Esa desviación hermenéutica trae serias complicaciones para los inmigrantes, tanto a los ojos de la opinión pública, como en el aspecto legal de protección de sus derechos. Los inmigrantes se tornan criminales y son vistos como amenaza a la salud, al empleo y a la economía en general, a la seguridad, a las creencias, etc. Se convierten en un cáncer que debe ser severamente extirpado de la sociedad, lo más rápido posible.
Ejemplos de estos pueden ser vistos diariamente en las formas como la Unión Europea y los Estados Unidos han creado los términos y las condiciones de debate y han fomentado las leyes. La Comunidad Europea ha creado leyes cada vez más severas contra la presencia de inmigrantes indocumentados. En ese sentido, Nicolas Sarkozy fue elegido presidente de Francia, gracias a su promesa de extraditar 25 mil inmigrantes indocumentados por año. Italia cerró brutalmente el cerco contra los gitanos del Este europeo y, recientemente, el parlamento Europeo sancionó un proyecto de detención y expulsión de inmigrantes que ha hecho que diversos países rechacen con vehemencia tal actitud .
En los Estados Unidos, la política de inmigración del presidente Bush aumentó considerablemente el sentimiento de xenofobia en todo el país, lo que lo llevó a cerrar brutalmente las fronteras a los inmigrantes, después del 11 de septiembre del 2001, como si ese fuera el mayor problema del país. El Departamento de Seguirdad Interna (Department of Homeland Security) ha destinado enormes recursos para el control de la inmigración en las fronteras con México; ese proyecto político-económico se ha basado en la militarización de toda la policía de la frontera. Junto al pesado equipamiento militar de última generación, se ha contratado a ex combatientes de la guerra contra Irán y Afganistán, que tienen serias secuelas emocionales producto de la guerra; ellos son los que combaten a personas simples como costureras, pequeños agricultores, amas de casa, cantantes, tejedores, madres y padres de toda América Central y del Sur, que tienen que atravesar las fronteras entre México y los Estados Unidos.
Como estrategia para mantener el flujo de dinero para ese proyecto fronterizo, esos espacios geográficos son publicitados por la misma policía de frontera como lugares por donde los terroristas se infiltran. Esos casos son raros, si es que llega a existir algún caso, pues hasta hoy no se ha podido confirmar ninguno en toda la frontera. El tráfico de drogas sí es un problema, dado que los coyoteros/poyeros, al hacer atravesar a las personas por las fronteras, muchas veces las obligan a llevar drogas en sus cuerpos. Sin embargo, el problema de las drogas no es suficiente para validar todo el arsenal e inversión que ha hecho el gobierno en esa zona geográfica, y por eso la necesidad de darle al terrorismo el mismo carácter de criminalidad e ilegalidad que a los inmigrantes.
La atención prioritaria del gobierno a los inmigrantes indocumentados también afecta profundamente al sector jurídico del país. Salomón More, escribiendo para el diario New York Times, dice que el número de casos de inmigración tratados en el ámbito federal se había duplicado en el último año. En su artículo este periodista resalta:
“Ese énfasis (en la inmigración), dicen jueces y procuradores federales, ha eliminado recursos que debían haberse usado para tratar otros crímenes, para aumentar la moral de los abogados federales y aumentado enormemente el sistema de la corte federal. Muchos de esos otros crímenes, incluyendo el tráfico de armas, el crimen organizado y la creciente violencia del tráfico de drogas han sido frecuentemente destinados a la jurisdicción municipal y estatal que, a su vez, dicen no tener recursos ni autoridad para procesar a los criminales debidamente”..
La administración del presidente norteamericano George W. Bush responde repitiendo lo que hemos afirmado en este artículo: “el enfoque en los crímenes de inmigración es el resultado de la estrategia del gobierno para contener el terrorismo, y de una vigorosa persecución a los inmigrantes con fichas criminales”.
Otro punto importante de señalar está en la forma como el gobierno americano trabaja en los dos lados de su frontera, el norte y el sur. En su frontera con México ha hecho una zona militar y ha construido allí un muro entre sus tierras y las de México, lo que es una política muy diferente a las actividades que ha desarrollado en la zona fronteriza del norte, con Canadá, lo que evidencia que este gobierno norteamericano mantiene una continua lucha de clases. Al norte, una política menos militarizada y sin muros de separación. Al sur, armas y muros, una política de muerte a los inmigrantes hispano-latinos. Actualmente, un inmigrante muere cada día en la frontera entre México y los Estados Unidos .
Esa política de muerte afecta profundamente al lado mexicano de la frontera, donde los coyoteros/poyeros hacen un tráfico de personas del que nunca se sabe si van a llegar al otro lado. Ana Domingos intentó cruzar la frontera 18 veces y perdió todo lo que tenía. Hoy sólo vive para pagar a los traficantes y está constantemente amenazada. Rosalita Sopros tiene miedo de que los coyoteros le hagan algún mal a su familia, si ella no paga el dinero extra que los traficantes le piden.
Instituciones que luchan para ayudar a los inmigrantes están perdiendo profundidad y están siendo presionadas por las leyes de jueces xenófobos, que continúan con la política de muerte al inmigrante . La organización humanitaria “No More Deaths” (No más muerte), del Estado de Arizona, por ejemplo, sigue siendo procesada por ofrecer ayuda humanitaria a los inmigrantes del desierto. Debido al cambio hermenéutico en el debate y en la creación de leyes que criminalizan no sólo al inmigrante, sino también al espacio donde el inmigrante anda y a las personas que se relacionan con él/ella, actividades como llevar agua al desierto, ayudar a hombres y mujeres que tienen los pies en carne viva y los tobillos quebrados o que han sufrido ataques cardiacos, crisis de diabetes, o dar cualquier otra ayuda imaginable, se vuelve un crimen sujeto de procesos criminales y de condena.
Junto a la construcción del muro, se están construyendo prisiones privadas, a un costo mucho mayor con relación a las prisiones destinadas a los criminales americanos, a lo largo de la frontera, para albergar a inmigrantes atrapados en su travesía, quienes deben enfrentar procesos de criminalización. Esas cárceles son tierras sin ley donde los inmigrantes dependen exclusivamente de la buena voluntad del sistema, que no tiene ninguna buena voluntad con los inmigrantes. Juanita, madre de familia de 38 años, estuvo más de seis meses en una de esas prisiones, sin saber dónde estaba ni dónde iría. Ninguna ayuda legal le fue ofrecida, y después de ser procesada como criminal, fue deportada a Guatemala.
El muro que está siendo construido en este momento a lo largo de toda la frontera entre los Estados Unidos y México tiene una distancia de 2.949,92 kilómetros que le va a costar al tesoro de los Estados Unidos la cantidad de 1.2 billones de dólares. Y se escucha decir que el gobierno contrata a trabajadores indocumentados, “ilegales”, para construir el muro de más de 4.5 metros de alto .
El muro fue y sigue siendo denunciado por los diversos países y organizaciones como una profunda vergüenza para los Estados Unidos. País formado fundamentalmente por indios e inmigrantes. Los EE.UU. ahora tienen que aislar al mundo, en un proteccionismo histriónico y xenofobo que produce miedo, horror, odio, ansiedad y muerte en todo el país. Mientras tanto, invadir constantemente territorios ajenos, usando la fuerza no parece ser erróneo en la política norteamericana.
El muro es señal ultrajante al el respeto mutuo y el derecho de ir y volver que tiene cualquier ciudadano. En varias secciones del muro se pueden ver manifestaciones de todo tipo, condenando ese odio, esa violación, ese pecado, esa afrenta a la libertad y a la coexistencia humana. Por todo el muro se ven manifestaciones artísticas retratando la vida de la frontera: carros cruzando el desierto con cadáveres, coyoteros clavando calaveras y anunciando la muerte, cruces con y sin nombres, marcando el valor de la vida humana y la necesidad de decir lo que fue silenciado. El muro no es el diagnóstico, sino síntoma, el síntoma del miedo de un país que no soporta el hecho de que hoy, indudablemente, tenga que pagar por la exploración del mundo. El muro es una llaga abierta a los ojos abiertos: “fronteras: cicatrices en la tierra”.
Sin embargo, y a despecho de todo, la esperanza de encontrar una vida nueva y de avistar un nuevo horizonte, hace que los inmigrantes continúen en su búsqueda de nuevas tierras, de nuevas oportunidades, de nuevos sueños. En varias partes del muro se intenta crear otra hermenéutica: “muros tumbados pueden servir de puentes”, “Si cruzar la frontera es un pecado, que Dios me perdone pero voy a pecar”. Talvez es allí, en el muro mismo y en las envolturas del mismo donde se puede continuar buscando una nueva hermenéutica, no de odio, de miedo de muerte, sino una de justicia, de solidaridad, de formas viables de control y de protección al inmigrante.
El muro entre México y los Estados Unidos es síntoma cada vez mayor de una crisis de migración mundial, de relaciones internacionales inseguras, de debilitamiento de la idea de nación-estado y de naciones soberanas, de una injusticia perpetrada por la explotación económica a los países pobres, de la continua fuerza de proyectos colonialistas, de la íntima relación entre las estructuras económicas, sociales, culturales, raciales, de clase, corpóreas, de sexualidades y de género, de la importación/exportación no sólo de personas, sino de sexo y de deseos, de las redefiniciones de trabajo, de la búsqueda de pertenencia a algún lugar y de la construcción de comunidades que sirvan como tejido común en la búsqueda de una vida justa y digna. La presencia de fronteras y muros divisorios es una afrenta al pobre y a toda la condición humana.
En este sentido, si las fronteras visibles entre México y los Estados Unidos están hechas de muerte e injusticia, las fronteras invisibles al sur de México parecen no estar mejores. Los coyoteros y poyeros que ganan dinero con el tráfico de inmigrantes que vienen de América Central y del Sur son sanguijuelas que viven de las desgracias de leyes separatistas y hermenéuticas de criminalidad. Mujeres, hombres y niños pasan por experiencias trágicas en esa travesía. Mujeres que son frecuentemente abusadas sexualmente y que, si sobreviven, cargan marcas de esa desgracia por el resto de sus vidas. En todas partes los inmigrantes pobres viven en tierras sin ley, en una especie de “estado de excepción” donde ninguna ley de protección existe, y si existe es controlada por quien se beneficia de ella; todos ellos son perpetuadores de la violencia, de la deshumanización, de la muerte .
Como efecto, este estado de excepción se ve diariamente en México y en los Estados Unidos. La explotación de mujeres que ya están en los Estados Unidos continúa viva. Viviana trabajaba para una maquiladora en México. Sin embargo fue despedida y entonces se fue a trabajar a los Estados Unidos para mandar dinero a su madre, quien cuidaba a sus cinco hijos. Una vez que llegó, fue a trabajar en una fábrica de tejidos, donde fue advertida por su jefe, quien sabiendo su situación la amenazó con entregarla a la migración si ella no le prestaba favores sexuales. Sin ninguna ayuda, muriéndose de miedo de ser deportada y no teniendo dinero para sustentar a sus hijos, Viviana tuvo que ceder a los favores sexuales que le exigía su jefe. Con el tiempo, las cosas fueron empeorando y Viviana tuvo que huir. Nunca más hemos oído hablar de Viviana.
Hay mucho que pensar y hacer en medio de esta “crisis de inmigración”. Quizá nuestro mayor desafío sea tratar esta cuestión como un derecho humano, y entonces luchar contras las fronteras y sus consecuencias, y no como se lo hace ahora: como una criminalidad. Los inmigrantes son ciudadanos del mundo en busca de una vida digna, no son criminales. El principio de hospitalidad debe ser el punto de partida en las discusiones del movimiento por el mundo. Una hospitalidad que no tenga límites, sino que sea la primera parte del principio de la oferta de parada y estadía para todos.
Necesitamos pensar que la migración está entrelazada a situaciones más amplias que causan el movimiento desenfrenado de personas alrededor del mundo. En la medida en que los Estados Unidos siga usando el 45% de total de los recursos naturales del mundo, en detrimento de la pobreza y escasez de recursos naturales en tantas otras partes del mundo; en la medida en que no haya reforma agraria y una buena distribución de las tierras; en la medida en que el mercado financiero no sea cuestionado y el sistema de inclusión y exclusión no sea eliminado; en la medida en que existan otras formas de productividad para los pequeños agricultores y trabajadores en general; en la medida en que no haya una socialización de los bienes y espacios humanos; en la medida en que la lucha de clases no sea severamente defendida; en la medida de que quien tiene dinero puede viajar en primera clase, con pasaportes autorizados, mientras que otros no pueden ni siquiera moverse de donde están; en la medida que nuestras mesas eucarísticas no ofrecen comida, bebida y descanso para quien llega; en la medida que no se ofrece un sentido mayor de hospitalidad y que la constante oferta de cuidado y amparo a los migrantes del mundo no se desarrolla alrededor de nuestras pilas bautismales ; en la medida en que no hay posibilidad de visibilidad y oportunidad para los trabajadores del mundo y no se vive intensamente un sentimiento de gracia y pertenencia al mundo, seguiremos viendo el abuso de una ley y de una ética que son instrumentos para desmanes, destrucciones y protección sólo de algunos privilegiados de la (des) gracia de Dios.
¿Cómo leer la Bíblia a partir de las realidades de estas personas que oscilan entre el derecho de ir y venir y los muros del miedo, del odio y de la xenofobia; entre la imposibilidad de moverse y el movimiento que la vida enseña? ¿Cómo la Biblia puede movilizarnos en un movimiento de lucha comunitaria? ¿Cómo leer la Biblia y crear hermenéuticas alternativas a la criminalización? ¿Qué debemos recordar para craer resistencia y mejores formas de convivencia en un mundo que crear y vive de las divisiones de clase y crea muros para mantener dichas divisiones? Estos son algunos de nuestros desafíos.
Olivia golpeó otra vez a mi puerta la semana pasada. Necesitaba que yo le ayudase a hablar con su expatrón que le pedía un dinero que Olivia decía que no le debía. Nos sentamos juntos: yo, Olivia y su patrón. Él me decía que si ella no le pagaba lo que le debía la llevaría a migración, que a su vez la deportaría. Por más que yo, que no soy ciudadano norteamericano, pero que tengo los documentos en regla, quisiese denunciarlo por amenazas o intentara demostrar que Olivia no le debía nada, vi que no tenía chance de negociar, por lo que acabamos haciendo un acuerdo. Cuando su patrón salió de la sala, Olivia lloraba y decía: “yo voy a pagar, pero eso no es cierto. Yo no debo nada… pero no puedo correr el riesgo de ser deportada, porque sino mi hija y mis nietos no van a tener qué comer en Brasil…”.
Hicimos una oración y Olivia se fue. Pero, el nudo que sentía en mi estomago y la sensación de impotencia me hacía recordar los años de trabajo como pastor en una comunidad de inmigrantes indocumentados, y de las tantas veces que la ley presionaba a los más débiles. Ese fue solamente un día más en la vida de una inmigrante, mujer, indocumentada y desamparada, en los Estados Unidos.
Andamos por las fronteras del mundo, rodeando los muros y andando por los desiertos, a lo largo de puentes y en medio del mar, esperando en los barcos súperpoblados, o andando por las calles, en los restaurantes y en las ciudades del mundo; somos un grupo creciente de personas que caminan obstinadas, llenas de esperanza, en busca de cualquier forma de futuro, en búsqueda de la vida o de la muerte, pero siempre pensando en la “simple” sobrevivencia. Esa búsqueda no es simple, está demarcada por leyes y reglamentos, actos y sentimientos que, cada día más, excluyen al extranjero de cualquier tierra. Si la teología y la lectura bíblica son un “acto segundo”, es necesario vivir en medio del “remolino” de las cosas, de la vida y de la muerte, para conocer lo que talvez fue, lo que es o lo que será. Es necesario acoger al migrante en nuestra casa, visitar las calles por donde caminan los indocumentados. Es necesario oír sus historias, porque la historia de ellos es también, y fundamentalmente, la historia de nuestros antepasados y de cada uno de nosotros.
POESÍA INDOCUMENTADA
Nadie amenaza tu sombra,
los crepúsculos son cobija del inmigrante,
sus vasos se revientan con la noche,
hace frío y los sahumerios quedaron tan lejos
en las orillas del beso de la madre.
La caminata ha sido a vuelta de luna,
seis meses detrás de los veranos
el universo hizo flotar edades y memorias
heridas que se arrugan en el dolor de calle
mitad hambre, mitad tristeza
contigo viajan con pasaporte y dobladas en un papel
las esquinas de la casa de tu pueblo
calentado por el polvo que solloza.
El pueblo es un olvido con aliento de aguaceros
Y hambre de niños con que juega húmeda la luna
Así somos, un pueblo que camina hacia otros pueblos,
Un paisaje de árboles y ríos paralelos
Una música de guitarras y cañuelas
De olvidos difusos, de amores que sólo
Caben en esta cicatriz que deja el dolor del viento
Los indocumentados somos un río que sube con la estación de los muertos
Nuestros pasos siempre arrastran lo mejor de nosotros a la muerte
El sombrero blanco de la niebla en los picachos
Y el negro de tus ojos y de tu piel
Es un nervio suelto de la tierra
Que ahora besa las manzanas en California
Y limpia las ventanas para que el sol entre a las calles de Manhattan
Reynaldo Garcia
En tiempo: al terminar la revisión de este artículo, leo en los diarios brasileños que el gobierno brasileño va a presentar un proyecto de amnistía para cerca de 50 mil inmigrantes indocumentados que viven el Brasil . Con este gesto, si es verdadero, el Brasil va a sanar algunas debilidades de la historia reciente en políticas de inmigración mundial, especialmente de Europa occidental y de los Estados Unidos, y apunta hacia nuevos rumbos, no sólo posibles y viables, sino fundamentalmente necesarios para la sobrevivencia de la vida del mundo. Una política de apertura al inmigrante, que avance en las relaciones de acogida internacional y que ofrezca hospitalidad y bienestar nunca será sólo una política para los inmigrantes, sino también un movimiento de acogida a todos los extranjeros de este mundo de Dios.
Cláudio Carvalhaes
carvalhaes1@gmail.com.br
Ese número representa solamente el 4% de la población de los Estados Unidos. El censo más reciente muestra una disminución del influjo de los inmigrantes indocumentados en este país.Véase Jeffrey S. Passel, Trends in Unauthorized Immigration: Undocumented Inflow Now Trails Legal Inflow, www.pewhispanic.org
Mary Pat Brady, “The Homoerotics of Immigration Control.” edición 63: Verano 2008, Borders on Belonging: Denger and Immigration. The Scholar and Feminist Online, The Barnard Center for Research on Women. www.barnard.edu/sfonline/immigration
La Unión Europea aprueba nuevas reglas para immigrantes ilegales. www.folha.com.br Associated Press, Efe y France Press, 08/06/2008.
Más de un inmigrante por dia en la frontera entre México y Estados Unidos. EFE, 03.11.2008, http://ultimosegundo.ig.com.br/mundo/2007/11/03/morre_um_imigrante_por_dia_na_fronteira_entre_mexico_e_eua_1068377.html
Con todo, es necesario saber que buena parte de las tierras que hoy pertenecen al sur de los Estados Unidos fueron tomadas de México durante la guerra de México-Estados Unidos entrre 1846-1848. Para muchos moradores de México, fue la frontera la que cruzó sobre ellos y no al contrario.
Las mujeres son explotadas, abusadas sexualmente y asesinadas en la ciudad de Juarez, en la frontera de México con los Estados Unidos y hasta hoy nadie sabe el número de esas mujeres asesinadas, puesto que simplemente desaparecieron.
“Gobierno prepara amnistía general para extranjeros ilegales que viven en Brasil”, Renata Giraldi, Folha Online, 11/11/2008; “Lula admite que gobierno va a presentar um proyecto de amnistía para inmigrantes ilegales” da Folha Online, 30/01/2009 http://www1.folha.uol.com.br/folha/brasil/ult96u496527.shtml
