LOS CAMINOS DE SOBREVIVENCIA
Una lectura del libro de Rut
Maria Antônia Marques
Resumen
La propuesta de este ensayo es leer la historia de Rut con especial atención al movimiento de migración presente en el texto. Acompañaremos la trayectoria de estas mujeres y sus esfuerzos por sobrevivir en una tierra extraña. Apoyadas en leyes tradicionales del pueblo de Israel, aunque aún a la sombra del ámbito patriarcal, las mujeres encuentran formas de mantener y garantizar la continuidad con la vida. La historia de Rut continúa actual e invita a las mujeres y hombres a buscar alternativas para sus andanzas de hoy.
Abstract
This essay is meant to propose a reading of the history of the Book of Ruth, with a special highlight given to the migration of the people that takes place in the text. We will follow the trajectories of the women and their struggles to live in the foreign land. Even though, being in the patriarchal society, these women find forms to preserve the continuity of life, having the Israelites’ traditional laws as their supports. The history of Ruth is still actual and relevant for the present day’s women and men, who are searching for alternatives of living through migration.
Noticias sobre explotación de mujeres en el exterior son cada vez más frecuentes. Algunas son obligadas a asumir trabajos deshumanos, y para muchas, la promesa de una residencia y un trabajo regular no se concretizan. Otras tantas se enfrentan a constantes amenaza, sin posibilidades de desligarse del trabajo asumido. La necesidad de casarse para obtener la ciudadanía las vuelve víctimas de una nueva explotación.
Recientemente la policía de España capturó a una banda acusada de esclavizar brasileñas. Las mujeres vivían como esclavas, obligadas a prostituirse, sufriendo amenazas y golpizas. Según las estadísticas oficiales, el 90% de las mujeres prostituidas en España –cerca de 20 mil– son extranjeras. Y de estas, el 60% son latinoamericanas .
No es fácil salir del país y dejar familiares y personas queridas, lugares, gustos y sabores experimentados desde la infancia. Siempre es una ruptura dolorosa, aunque esa salida sea por necesidad de estudio, por compromiso misionero o por un espíritu aventurero.
Desde la década de 1990, el flujo migratorio de mujeres se acentuó. Ellas suman casi la mitad de los migrantes internacionales. Salen de sus países o de sus regiones en busca de nuevas oportunidades, pero muchas veces acaban en una situación aún más humillante. A más de la explotación sexual, “hay denuncias de que las industrias también alimentan el tráfico de mujeres en Europa, para el corte de carne, la construcción civil, la agricultura, la gastronomía y las actividades de la rama textil” .Las mujeres, más que los hombres, asumen los trabajos pesados, se enfrentan a la explotación sexual y reciben salarios más bajos.
En medio de esa realidad de opresión, crece en todo el mundo la conciencia de que el migrante es un sujeto social, protagonista de su propia historia. Ejemplo de ello fue el Tercer Foro Social de las migraciones, realizado del 11 al 13 de septiembre del 2008, que reunió a más de tres mil personas, ligadas a cerca de dos mil entidades y movimientos sociales. El lema del encuentro –“Nuestras voces, nuestros derechos, por un mundo sin muros” – es una señal visible del movimiento a favor de la dignidad de los migrantes.
Las mujeres migrantes, de ayer y de hoy, son personas que, de cierta manera, desafían el orden social y procuran defender su vida y la de sus seres queridos. Es con esa realidad en la mente que recordamos el libro de Rut, donde hay un movimiento en defensa de la tierra, de la descendencia y del alimento, condiciones esenciales para la sobrevivencia. Evidentemente, la historia fue escrita en una perspectiva patriarcal, pero vale destacar las estrategias de sobrevivencia femenina utilizadas en aquellos tiempos distantes, y que quieren ser inspiración para nuestros días .
La historia de Rut
La historia de Rut evoca muchas memorias sobre la trayectoria del pueblo judío. Al inicio registra una situación de hambre en Judá. Algunas familias que poseían recursos emigraron a los países vecinos. Una de ellas estaba compuesta por la pareja formada por Elimelec y Noemí y sus dos hijos; ellos fueron a Moab, donde se establecieron como residentes extranjeros, con derechos y privilegios. Sin embargo, después de cierto tiempo Elimelec murió. Los hijos se casaron con mujeres de la región y, poco más tarde, también fallecieron, dejando tres mujeres viudas. Noemí (nombre que en hebreo significa mi dulzura), ya anciana y en tierra extraña, se hizo responsable de la familia.
Con la noticia de que la situación en Judá había mejorado, Noemí decidió volver, pero insistió que sus nueras Orfa y Rut se quedasen con sus familias en Moab, pues ella sabía lo que era vivir en el extranjero. Orfa fue a la casa de su madre, pero Rut (la amiga, en hebreo) decidió permanecer junto a su suegra. En Belén, Noemí fue reconocida por las mujeres, pero ella les pidió: “No me llamen Noemí. Llámenme Mara, porque el Todopoderoso me ha mandado una extrema amargura. Partí con las manos llenas, y el Señor me ha hecho volver con las manos vacías” (Rut 1,20-21).
En una sociedad patriarcal, la sobrevivencia de una mujer viuda y sin hijos era muy difícil. La situación se complicaba pues eran dos mujeres y una de ellas era extranjera. La presencia de Rut ni siquiera fue notada por las mujeres. A más de viuda y sin hijos, era moabita, un pueblo que era hostilizado por los judíos (Deut 23,4).
Espigar, el derecho de los pobres
Las mujeres llegaron a Belén al inicio de la cosecha de la cebada. Frente a las dificultades, Rut le comunica a Noemí (Rut 2,2) su deseo de ir a los campos a espigar (recoger en el campo las espigas que sobraban en la cosecha), una actividad considerada como un derecho de los pobres. En el libro del Deuteronomio leemos: “Cuando cortes el trigo en tu campo, si se te cae alguna gavilla, no volverás a recogerla, sino que quedará para el forastero, el huérfano y la viuda. Así Yavé te bendecirá en todos tus trabajos. Cuando coseches tus olivos, no pasarás otra vez para sacudirlos: el resto será para el forastero, el huérfano y la viuda. Cuando vendimies tu viña, no volverás a buscar lo que haya quedado. Esto será la parte del forastero, del huérfano y de la viuda (Deut 24,19-21; Cf. Lev 19,9-10; 23,22).
Rut fue a espigar en un campo que pertenecía a Booz, quien luego quiso saber “a quien pertenecía” aquella joven. En el Antiguo Oriente, la identidad de una mujer dependía de su padre o de su marido. El responsable de los campos describió la identidad de Rut y Booz se dirigió a ella con esta recomendación: “Hija mía, no vayas a recoger espigas a otra parte. Quédate aquí y no te separes de los trabajadores. Síguelos a cualquier potrero donde vayan a segar. Yo les daré órdenes de que no te molesten. Y si tienes sed, no tienes más que acercarte a los cántaros donde tienen agua” (Rut 2,8-9).
El aviso de Booz revela que las mujeres y los hombres, con funciones diferentes, trabajaban juntos en el campo. Y deja entrever que ellas eran blanco de violencia. Booz acoge a Rut y le garantiza agua y protección. Demostrando gratitud, “Rut se postró cara en tierra y le dijo: ‘¿por qué me acogiste tan favorablemente, al punto que me reconoces a mí, una extranjera?’” (Rut 2,10). Rut se presenta como una nokrî, término que designa a alguien con una posición social inferior a la del guer – residente extranjero. Ningún derecho era asegurado para el nokrî, ni siquiera la residencia.
La integración de Rut en tierra extraña es atribuida a su solidaridad con relación a su suegra. Booz fue comunicado de la historia de Rut e invocó sobre ella una bendición: “Que el Señor te recompense plenamente por lo que hiciste y que tu salario sea completado por el Señor, Dios de Israel, bajo cuya protección viniste a buscar refugio” (Rut 2,12; Sal 17,8).
Al final del día, Rut volvió a la casa de su suegra, con una gran cantidad de cebada. Al saber donde ella había espigado, Noemí exclamó: “¡Bendito sea el Señor que no abandona su fidelidad, ni con los vivos, ni con los muertos!”. Y completó: “Ese hombre es nuestro pariente próximo; es uno de aquellos que tiene el derecho de rescate” (Rut 2,20). Él es un go’el, palabra que significa “rescatar, reivindicar, proteger”. Se trata de una institución familiar de Israel. De acuerdo con la ley, el go’el es un pariente próximo que tiene la obligación de ayudar al hermano que se haya vuelto esclavo a causa de una deuda (Lev 25,47-49). Al momento en que un israelita necesitaba vender su patrimonio, era el go’el quien tenía el derecho preferencial para comprárselo (Lev 25,25; Jer 32,6-7).
El plan
Como mujer inmigrante, Rut necesitaba de un mínimo de seguridad. Booz le recomendó que se quedase junto a sus empleados durante el periodo de la cosecha. Noemí, por el contrario, le pidió que se quedara con las empleadas de Booz y no se expusiese a peligros. Se trataba de una mujer sola, y Noemí quería evitar que Rut se viese envuelta con otro hombre que no sea aquel que tenía el derecho al rescate.
Con el final de la cosecha, era necesario armar un plan para garantizar que Booz asumiese su papel de rescatador. Sin perder tiempo, Noemí instruyó a Rut: “Lávate, perfúmate, ponte tu manto y desciende a la era” (Rut 3,3). El siguiente paso era osado y podía poner en riesgo la reputación de la mujer. La acción debía ser bien planeada. No había margen al error. “Cuando él se acueste, verás el lugar donde duerme: aproxímate, descúbrele los pies y acuéstate; él mismo te dirá lo que tienes que hacer” (Rut 3,4).
El verbo acostar, šākab, en general es usado para mencionar las relaciones sexuales (Gén 19,32-35; 30,15-16; Ex 22,15; Lev 20,11.12.12.18; Deut 27,20). Gālâ significa “descubrir, revelar, exponer”, y es usado con frecuencia para indicar actividad sexual. Ese término “se usa cerca de veinte veces en Lev 18 al 20, en la expresión ‘descubrir la desnudez’, que indica una relación sexual en condiciones prohibidas” . Pero, ¿qué es lo que Rut debe dejar al descubierto? El término utilizado es margelot, que traducido por “pies” puede indicar un lugar o área (Gén 28,11), o también puede ser un eufemismo para designar los órganos sexuales (Rut 3,4.7.8.14) .
Manteniendo su autonomía y creatividad, Rut cumplió con el plan de Noemí al pie de la letra. Su aceptación en Judá dependía de su suegra y de su casamiento con un go’el; esa sería la salida perfecta para ambas. Cuando Booz percibió que había una mujer acostada a sus pies preguntó: “¿Quién es?”. La respuesta fue directa: “Soy Rut, tu sierva. Extiende tu manto sobre tu sierva, pues tienes el derecho de rescate” (Rut 3,9). La palabra hebrea usada para manto es kānāp, que también puede ser traducida por ala para indicar protección (Sal 17,8; 36,8). Rut reivindicó su derecho. La expresión “extiende tu manto” puede simbolizar también el matrimonio (Deut 23,1; 27,20).
La aceptación de Rut en el país que la acogió fue gradual. En algunos pasajes ella es presentada como moabita (Rut 1,22; 2,2.6.21; 4,5.10). Noemí y Booz le dieron un tratamiento cariñoso, que puede expresar acogida: “Hija mía” (Rut 2,2.8.22; 3,1.10.11.16.18). La propia Rut se presentaba, inicialmente, como extranjera, nokrî, (2,10), esclava, shipḥâ (2,13) y sierva, ‘āmâ (3,9). El término shipḥâ está relacionado a la familia o al clan y puede indicar la voluntad de ser considerada como alguien del pueblo. Y ‘āmâ es la auto-designación de una esposa o una mujer lista para casarse (1Sam 25,14; 1Re 1,17) . Las mujeres piadosas se auto-denominaban con el término “sierva” (1Sam 1,11).
Frente a la reivindicación de Rut, Booz elogia su solidaridad, por el hecho de no buscar a un joven rapaz, rico o pobre, sino por el deseo de hacer cumplir una ley de Israel, que garantizaba los intereses de la familia. Booz afirmó: “Todos entre nosotros bien sabemos que eres una mujer de valor” (Rut 3,11; Prov 12,4; 31,10). Pese a ello, Booz recordó que había otro pariente más próximo con el derecho de rescate. Delante de los ancianos, sin embargo, esa persona renunció a ese derecho, pues aceptaba comprar la tierra,pero no aceptaba el levirato.
La ley del rescate se encuentra en Levítico 25. Y la del levirato en el Deuteronomio 25,5-10. El libro de Rut une las dos leyes, hecho único en la Biblia Hebrea. Una no podía ser ejecutada sin la otra, y se extendía también al levirato no sólo para cuñados, sino también para el pariente más próximo. Esta puede ser la propuesta de este libro, o sea una relectura de las antiguas leyes tradicionales del pueblo judío, para que respondan a las necesidades de aquel momento.
Booz adquirió, entonces, la tierra de Noemí y la mano de Rut. Su actitud fue alabada por un coro de hombres: “¡Qué el Señor tome a la mujer que entre en tu casa, como Raquel y Lía que edificaron juntas la casa de Israel. Haz fortuna en Efratá y se vuelva célebre en Bet-Lehem: y así, por la descendencia que el Señor te dé de esta mujer, tu casa sea como la casa de Peres, que Tamar produjo para Judá” (4,11-12).
Nació un hijo de este matrimonio. Un coro de mujeres bendijo a Noemí, restableciendo su lugar dentro de la sociedad de Israel: “Bendito sea el Señor, que no ha permitido que un pariente cercano de un difunto faltase a su deber con éste, sin conservar su apellido en Israel. Este niño será para ti un consuelo y tu sustento en tus últimos años, pues tiene por madre a tu nuera, que te quiere y vale para ti más que siete hijos” (Rut 4,14-15). Las mujeres alababan las acciones de Rut. En una sociedad patriarcal, afirmar que una mujer vale más que siete hijos corresponde a un gran elogio. El hijo de Rut se llama Obed, el siervo. Él fue quien posibilitó la sobrevivencia de Noemí.
La historia de Rut termina con la presentación de una lista genealógica, probablemente un añadido posterior. La lista incluía a Obed como hijo de una moabita y termina con David, un importante rey de Israel que tuvo, por lo tanto, antepasados extranjeros. Es una clara protesta contra la política sacerdotal que excluía y discriminaba a las mujeres extranjeras.
Localizando el libro de Rut en la historia.
La historia de Rut comienza con la crisis que afligió al país y la superación de este difícil momento. Podemos recordar aquí el exilio en Babilonia, considerado un divisor de aguas en la historia del pueblo judío. Las élites son deportadas a una tierra extraña, algunos fueron a parar a los países vecinos. Conforme a la mentalidad de la época, YWHW, el protector del pueblo, fue derrotado por Marduk, la divinidad de los babilónicos. Algún tiempo después, alrededor del 538 a.C., los persas pusieron fin a la dominación babilónica.
Los nuevos dominadores adoptaron una política diferente. Permitieron la libertad religiosa a los pueblos subyugados, garantizando la sumisión política. Un grupo llamado de gōlāh volvió con el apoyo del imperio. Estaba formado por los remanentes de la antigua élite de Israel, probablemente de la primera deportación (2Re 24,10-17). Esas personas querían retornar sus tierras, que habían sido distribuidas entre las capas más pobres, los ‘am-hā’āres (2Re 24,14; 25,12; Jer 39,10; 40,7; 52,15ss). Es posible encontrar trazos del proyecto de ese grupo en el libro del Ezequiel, que propone la restauración de la monarquía, siguiendo el linaje de David, la formación de un reino único y la reconstrucción del Templo (Ez 37,22-28).
Otro grupo, liderado por Zorobabel y Josué, volvió a Judá. El primero es descendiente de la casa de David, y el segundo de la casa de Sadoc, linaje sacerdotal. Ellos contarán con el auxilio de los profetas Ageo y Zacarías, quienes apoyaban la reconstrucción de templo. Incluso contra la voluntad de varios grupos, por ejemplo, los que ocupaban las tierras de los deportados y los samaritanos, el templo fue reconstruido, posiblemente el 515 a.C. Con la política de Persia de transformar Jerusalén en una fortaleza y centro de recaudación de tributos, los sacerdotes asumirán el gobierno de Judea, a partir del templo. Fue ese grupo el que dio inicio a la teocracia, transformándose en intermediarios entre el Imperio persa y la comunidad judaica.
Las murallas de Jerusalén fueron fortificadas, la Ley de Dios se volvió la ley del rey (Neh 2,11-3,32; Esd 7,25-26) y se intensificó la ideología del pueblo santo y de la etnia pura (Neh 7,6-22; Esd 1-2). La ley del puro y del impuro fue sistematizada, definiendo quien estaba más cerca o más lejos de Dios en la defensa de los intereses de las élites gobernantes (Neh 13; 23-27; Esd 9-10). Es dentro de ese contexto político y económico donde debe entenderse la expulsión de las mujeres extranjeras.
El libro de Rut nació de los grupos que se organizaron para sobrevivir. Una de las estrategias era la relectura y actualización de las antiguas leyes, como la de la espiga, la del rescate y la del levirato. El objetivo era proteger a las mujeres extranjeras, defendiendo la justicia y la solidaridad como valores fundamentales en la reconstrucción del pueblo. Era una protesta contra la política pos-exílica de aislamiento social y eliminación de los extranjeros, defendida por la teocracia de Jerusalén. Al poner a una mujer moabita como modelo de solidaridad y como antepasado de David, la historia propugna la acogida de los extranjeros, a la vez que protestaba contra la prohibición de matrimonios mixtos.
Mundo sin muros
Entre el libro de Rut y nuestros días, han pasado más de dos mil años, sin embargo su mensaje continúa siendo actual. Es importante releer esa historia y prestar atención a los pequeños gestos y a las actitudes solidarias que sustentan la vida. Cerca de 200 millones de personas emigran de sus países. Existen desigualdades sociales y económicas entre países –lo mismo que al interior de un país, generadas por motivos políticos. La crisis mundial es muy profunda y va más allá de las diferencias sociales, llegándose incluso a crear muchas dificultades para impedir la migración. Más allá de las fronteras externas – geográficas, políticas, legales, culturales – crecen las barreras internas, presentes en las diversas formas de preconcepto y acciones contra los extranjeros.
Conocer la realidad de los migrantes que viven a nuestro lado es un primer paso para tener una presencia solidaria. Hay personas y grupos que desarrollan acciones comprometidas con la transformación de las condiciones de los inmigrantes y refugiados. Debemos unirnos en ese esfuerzo, alimentado el sueño de construir un mundo sin muros.
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Maria Antônia Marques
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Este artículo es fruto de las conversaciones con asesoras y asesores del Centro Bíblico Verbo. De manera especial, agradezco a Vanda Pita por la revisión del texto.
Mulheres escravizadas na Espanha, www.pco.org.br/noticias/ler_materia.php?mat=1980, acceso el 9/1/2009. Según lo divulgó la red británica BBC, el día 6 de diciembre del 2008, 25 personas fueron apresadas acusadas de esclavizar mujeres brasileñas en prostíbulos españoles. Las 19 brasileñas encontradas en el local fueron deportadas por su situación irregular en el país.
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