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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

Editorial
Pablo Richard

La Lectura Popular de la Biblia hoy día en América Latina está rescatando positivamente la literatura apocalíptica y re-interpretándola desde una perspectiva histórica y liberadora. La teología apocalíptica es apropiada como teología política, como teología de esperanza, como teología de la historia. La apocalíptica surge en períodos de persecución para animar la esperanza del pueblo de Dios; la apocalíptica anuncia el juicio de Dios que pone fin a la crisis que sufre el pueblo y anuncia la llegada inminente del Reino de Dios en la historia; la apocalíptica descubre la realidad de Dios en la historia que es la realidad del pueblo pobre de Dios; la apocalíptica es el momento de la verdad y de la justicia. En ese sentido la apocalíptica es la esperanza de los oprimidos.

La apropiación de la literatura apocalíptica exige un estudio exegético y un discernimiento histórico. Hay mucha literatura apocalíptica “extraterrestre”, con un lenguaje y simbología extravagante y confuso. Pero también está la apocalíptica histórica, cuyo mensaje liberador es posible reconstruir a partir del análisis literario, exegético e histórico. Una primera lista de esta literatura apocalíptica histórica sería la siguiente:

- Daniel (1-12)

- Libro de los sueños de Enoc (I En. 83-90)

- Apocalipsis de las Semanas (I En. 93,1-10+91,11-17)

- Libro de los jubileos (esp. 23,16-32)

- Judit

- De la literatura de Qumran: Documento de Damasco (C.D.), Regla de la Comunidad (I Q S), Rollo de los Himnos (I Q H)

- Testamento de Levi

- Testamento de Moisés (Asunción de Moisés)

- Salmos de Salomón

- Libro 3 de los Oráculos Sibilinos

- Adiciones al libro de Ester

- 2 Enoc

- 3 Macabeos

- Sabiduría de Salomón

- 2 Baruc (o Ap Bar. Siríaco)

- 4 Esdras

- Apocalipsis de Abraham

- 3 Baruc (o Ap Baruc Griego)

- Apocalipsis de Juan (canónico del NT)

 

Ya con esta lista tenemos todo un programa de estudio. Con la edición de Alejandro Diez Macho de los Apócrifos del Antiguo Testamento (Madrid, ediciones cristiandad, 5 volúmenes publicados, desde 1984 adelante) este estudio de la literatura apocalíptica de carácter histórico se hace ya posible y productivo. En esta lista hemos destacado Daniel y Apocalipsis, que son los dos apocalipsis canónicos más elaborados y que marcan el horizonte visible de la literatura apocalíptica. Esta literatura a su vez es el testimonio visible de muchos y variados movimientos apocalípticos. Estos movimientos y esa literatura, desde Daniel hasta el Apocalipsis, es el contexto histórico, cultural, religioso, teológico y espiritual, al interior del cual surgirá el movimiento de Jesús y la primera misión apostólica. Cada día se descubre más el transfondo apocalíptico de Jesús y de Pablo.

La literatura apocalíptica tiene como contexto histórico fundamental el enfrentamiento Pueblo de Dios-Imperio. No se trata tanto de un enfrentamiento político-militar, sino de un enfrentamiento cultural, ético, espiritual y teológico. El Imperio, idolátrico y asesino, se enfrenta con el Pueblo de Dios, que busca construir el Reino de Dios aquí en la tierra. Los que están con el Imperio, están contra el Reino de Dios. Los que están con el Reino, están contra el Imperio. El Reino de Dios, realidad espiritual y teológica, adquiere en la apocalíptica una radical densidad histórica y política. Por esto mismo la apocalíptica adquiere tanta importancia hoy día en América Latina, especialmente en las Comunidades Eclesiales de Base. También hoy los cristianos se enfrentan con el Imperio, con su cultura consumista, individualista y espiritualista; con su ética de la muerte y de la mentira; con su espiritualidad fetichista e idolátrica. Contra el Imperio, las Comunidades asumen el proyecto del Reino de Dios.

La apocalíptica es sobre todo una “reconstrucción del cielo”. Cuando la tierra aparece destruida y amenazada de muerte, cuando las mayorías pobres y oprimidas son cada día más excluidas de las posibilidades de vida, entonces se hace imperioso reconstruir en la conciencia el proyecto de Dios, ese misterio de Dios, oculto a los poderosos, pero revelado a los humildes (Mt 11,25-26). La apocalíptica es la conquista de la conciencia (la reconstrucción del cielo), para la transformación de la tierra. Cuando la destrucción de la vida es tan intensa, el pueblo de Dios necesita de apocalipsis, de revelación, para tener claro dónde está Dios y dónde está el demonio en esta nuestra historia. La revelación va en contra del ocultamiento; la apocalíptica es lo contrario de la ideología. Lo que el Imperio oculta, la apocalíptica lo revela, pero lo revela a los pobres, a los oprimidos por el Imperio.

Otro aspecto de la apocalíptica que la hace importante en el hoy de América Latina es su concepción de la escatología. En la apocalíptica de tipo histórico, lo escatológico es lo que pone fin a una situación de crisis y sufrimiento del pueblo. Lo escatológico no es fundamentalmente lo que está al final de la historia, sino lo que en la historia pone fin a la crisis que sufre el pueblo. El juicio de Dios, que destruye a la Bestias-Imperios y que da todo el poder al pueblo de los santos (cf. Dn 7), es lo que pone fin a la crisis. Lo que viene después de la crisis es el Reino de Dios, realidad opuesta al interior de la historia al poder de los Imperios. Nace así una escatología histórica, que anima la esperanza del pueblo en su lucha contra los imperios y por el Reino de Dios.

En este número de Ribla presentamos 7 artículos que nos introducen en esta lectura popular y liberadora de la literatura apocalíptica. El primer artículo, de Severino Croatto, “Apocalíptica y esperanza de los oprimidos”, además de tener un carácter introductorio para la temática que se aborda, analiza el contexto socio-político y cultural del género apocalíptico. El segundo artículo, de Pablo Richard, “El Pueblo de Dios contra el Imperio”, es un estudio del contexto literario e histórico de Daniel capítulo 7. Busca también introducir, con un ejemplo concreto, en la literatura apocalíptica con una clave liberadora. El tercer artículo, de Néstor Míguez, “Para no quedar sin esperanza”, es un estudio de la apocalíptica en Pablo, en la primera carta a los Tesalonicenses. El cuarto artículo, de Dagoberto Ramírez, “Compromiso y Perseverancia. Estudio sobre Marcos 13” , es un estudio exegético y un intento de lectura de este texto apocalíptico desde la realidad de las Iglesias de América Latina. El quinto artículo, de Jorge Pixley, versa sobre las persecuciones; estudia el conflicto de algunos cristianos con el Imperio, como clave para entender la teología apocalíptica. El sexto artículo, de Juan Snoek, trata el difícil tema de la ética apocalíptica. Este tema lo aborda a partir de Joel capítulos 1 y 2. Por último, Uriel Molina nos ofrece una reflexión sobre Isaías (Is 26,16-19)en el contexto actual de Nicaragua.

Esperamos que estos artículos contribuyan a la lectura popular de la apocalíptica desde América Latina. Como es el método tradicional de nuestra revista, hemos tratado de combinar la exégesis con el espíritu y el trabajo de interpretación bíblica de las Comunidades Eclesiales de Base. Creemos que nuestra revista nace de esa fecunda convergencia entre ciencia bíblica y práctica profética de nuestras comunidades cristianas. Convergencia que se hace sobre la base del proceso histórico de liberación de los pobres y oprimidos de nuestro continente.

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.