LA PROCLAMA DE UNA INVERSIÓN TOTAL

La estructuración de Lucas 6,20-26

 

Rene Krüger

 

 

La exégesis del Sermón del Monte, según Mateo, y del Sermón del Llano, según Lucas, se ha desarrollado en múltiples direcciones. La crítica textual constata una serie de paralelismos en las copias de los textos; la crítica literaria tiene una amplia tarea en la definición de las respectivas relaciones de dependencia literaria de Mateo y de Lucas con respecto a la Fuente de los Dichos; la crítica de los géneros y las formas puede indagar las características del material acumulado en esas secuencias, clasificarlo y buscar colecciones preliterarias. La crítica redaccional, por su parte, da cuenta de la composición final y de la ubicación de ambos sermones en sus contextos mayores.


Aquí nos interesa otro enfoque: el de las estructuras, y particularmente de Lc 6,20-26 con sus bienaventuranzas y ayes.


Lc 5, 1ss marca un hito importante en el proceso jesuano, ya que en 4,14-44 Jesús ejerce un ministerio solitario, mientras que a partir de 5,1 trabaja acompañado por discípulos. El corte de 5,1 también corresponde a los énfasis distintos de las secuencias: Lc 3,21-4,44 profundiza más las líneas cristológicas (el análisis semiótico habla de “isotopías”); 5,1-6,19, la eclesiológico-comunitaria[1].


La unidad mayor Lc 5,1-6,19 halla una continuación directa en 6, 20-49, el llamado Sermón del Llano. Es importante tomar en cuenta la proyección eclesiológica de la secuencia anterior al Sermón, por cuanto ella informa sobre la dirección de esas enseñanzas, construyendo sus programas narrativos y su montaje figurativo sobre la isotopía del seguimiento. Esta isotopía podría llamarse “acolútica” o “acolítica”, en conformidad con la conceptología evangélica: Lc 5,11.27.28, etc.[2]

 

 En la secuencia Lc 6,20-49 los discípulos, constituidos en seguidores, reciben información sobre el programa de praxis. Ese orden de secuencia comunitaria -secuencia instructiva expresa un concepto central en la constitución de los seguidores: la nueva relación producida por Jesús y ejercida a su vez en el grupo, antecede a la instrucción verbal propiamente dicha. Jesús no es pues en primera instancia un maestro espectacular que ofrece curiosidades doctrinales, académicas, casuísticas, esotéricas; Jesús es primero un creador de relaciones nuevas que irrumpen en las estructuras endurecidas de esquemas fijos de separación y desprecio; y capacita a aquellos que se dejan mover, a los efectos de que prosigan esa construcción comunitaria en la que las personas despreciadas o menospreciadas llegan a adquirir identidad nueva. Esta constatación de la composición evangélica es fundamental para la tarea de la Iglesia: la creación de nuevas relaciones con marginados, y entre ellos, antecede al “adoctrinamiento” -acaso exactamente al revés de muchas prácticas que pretenden ser evangelísticas: primero enseñan verbalmente, convienen verbal y emocionalmente, después desean integrar comunidades. El auditorio del Sermón queda constituido por los Doce, una gran multitud de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo (Lc 6,17)[3]. El Sermón relaciona los tres grupos (apóstoles, discípulos y pueblo) entre sí, y el texto construye una gran escena representativa[4]. Jesús, tomando en vista a sus discípulos (Lc 6,20), dirige el Sermón al pueblo (Lc 7,1). Es importante constatar esta amplitud de la audiencia, por cuanto algunos exegetas la han restringido solamente al círculo de los discípulos, excluyendo al pueblo más amplio[5]. El Sermón se compone de tres secciones: Lc 6,20-26, Bienaventuranzas y Ayes; 6,27-38, amor incondicional; 6,39-49, celo y necesidad de la praxis. Las tres secciones son introducidas mediante indicaciones idénticas: 6,20 dijo; 6,27 digo; 6,39 dijo[6].

Cada subunidad produce una inversión: la primera, en el orden socioeconómico; la segunda, en la ética de la reciprocidad[7]; la tercera, en la censura hipócrita y autosuficiente.

Literaria y estructuralmente la unidad Lc 6,20b-26 es una construcción artística con diversos retoques redaccionales, que opone en paralelismo antitético cuatro bienaventuranzas y cuatro ayes. Creemos que no corresponde hablar de maldiciones (como lo hace, por ejemplo, la Biblia de Jerusalén), pues las maldiciones constituyen un género o forma literaria muy especial y distinta.


Esa construcción de oposiciones, ubicada en el lugar tan importante. del comienzo del Sermón programático para la praxis de los discípulos y seguidores, da una orientación muy específica a toda la enseñanza de Jesús.

En cuanto a la dimensión histórico-crítica, hay varios puntos problemáticos con relación a la unidad en estudio: la cantidad exacta de macarismos en la Fuente de los Dichos; la persona original (singular/plural en segunda o en tercera persona), el origen de los ayes. Existe un cierto consenso en la exégesis sobre que la Fuente de Logia contenía solamente los cuatro macarismos presentados por Lc, y que Mt elaboró el resto (con la variante de que Mt quizás haya tenido una versión ampliada de la Fuente. Sin embargo, no debe descartarse del todo la posibilidad de que Lc haya hecho alguna selección). Con respecto a la persona original, la discusión oscila entre la segunda (Lc) o la tercera (Mt), transformada por Lc en segunda por influencia del cuarto macarismo (que comúnmente  se estima original en la segunda persona). Queda una tercera posibilidad: una forma original en tercera, transformada ya previamente por algún transmisor en segunda y así incorporada por Lc, y cambiada nuevamente a tercera por Mt[8].

Podemos prescindir del análisis de esta cuestión y fijamos sólo en la forma lucana actual así constatamos que el empleo de la segunda persona le da una estructura más dialogal a la unidad, permitiendo una mejor comunicación entre Jesús y sus seguidores/oyentes/lectores.


¿De dónde provienen los ayes? Puede manejarse toda una serie de posibilidades: los ayes provienen del material peculiar lucano (L), son formulación de Lc por influencia de elementos de L, son construcción genuinamente propia de Lc como antítesis a las bienaventuranzas, llegan de la Fuente de los Dichos. Si provienen de L, tienen que basarse en una tradición cuya primera mitad tuvo que haber pasado a la Fuente, ya que forman un perfecto bloque en paralelismo antitético.

 

Si son de la Fuente, posiblemente ésta le habrá llegado a Lc en otra versión que aquella que empleó Mt, dado que ese evangelista no sabe nada de los ayes. La compaginación de bienaventuranzas y ayes en paralelismo antitético no era desconocida en la literatura bíblica, la derivada y la apócrifa; Cf. Is 3,10-11; Ecle 10,16-17; Tobías 13,12; Apoc de Baruc (siríaco) 10,6-7; Henoc etiópico 5,7 y también todo el capítulo 99 (con una sobrecarga de ayes); Henoc eslavo capítulo 52 (antítesis de macarismos y maldiciones, con mayor fuerza que ayes). Lc 6,24-26, con su paralelismo antitético tan exacto a las bienaventuranzas, induce a pensar en un trabajo redaccional que contiene tantos elementos lucanos que podría prescindirse de la originalidad jesuana. Es decir, puede creerse que los ayes fueron construidos redaccionalmente a partir de los macarismos. Semióticamente los ayes no son sino fijación literaria de la contraparte de los macarismos. El análisis estructural puede afirmar que si Jesús pronunció las bienaventuranzas -así lo acepta unánimemente la exégesis-, “pensó” estructuralmente por oposición también los ayes. La exteriorización verbalizada, Y luego escrita, de esa oposición, es solo consecuencia del mecanismo lógico implícito en la formulación de la primera parte de la sección.


Al trabajo hermenéutico y a la proclamación en sí no le afecta, pues, en lo más mínimo, negar la autenticidad jesuana de los ayes, pues los mismos ya estaban contenidos estructuralmente en los mecanismos de producción de los macarismos por parte de Jesús.


El texto presenta a tres sujetos: Jesús, atribuyendo valores a nivel cognitivo; un sujeto colectivo pobres/hambrientos/que lloran/odiados/expulsados/injuriados/proscriptos (o desechados); y otro sujeto colectivo ricos/hartos (o llenos)/que ríen/adulados.


Los objetos y valores poseídos, carenciados, quitados, atribuidos y transferidos, constituyen el siguiente esquema:

 

 

Pobreza                  Reino de Dios               riqueza                           no-consuelo

Hambre                  saciedad                        saciedad                        hambre

Llanto                    risa                                risa                                 lamento/llanto

 


odio

expulsión                                                     adulación                       mentira[9]

injuria                     recompensa                                                        

proscripción           en el cielo                                                           

 

 


identidad de                                                identidad de

situaciones             profetas                         situaciones                     pseudoprofetas

                                      sujeto pobre                                                        sujeto rico

 

 

En la primera parte, el programa de Jesús puede ser descrito como “atribuir querigmáticamente los objetos Reino de Dios, Saciedad, Risa, Recompensa” al sujeto colectivo pobre. Es importante recalcar que la comunicación de egos objetos se realiza a nivel querigmático. El Evangelio de Lc realiza esa atribución sobre distintos niveles: cognitivo, práctico, parenético, querigmático, relacional. (Como ejemplo de atribución práctica ha de mencionarse las curaciones, el perdón, la alimentación, las revivificaciones.

 

En términos más específicos, encontramos atribución en el primero y el cuarto macarismo; el segundo y el tercero contienen anuncios de acciones futuras. Nótese que la atribución del Reino y de la Recompensa es acción presente, no futura. La falta de verbo en Lc 6,23 no permite introducir aquí un “será” (como lo hace por ejemplo la Biblia de Jerusalén). Ello ni siquiera es autorizado por los dos imperativos y el “en aquel día”. Ese día no designa tanto el gran día escatológico, el Día del Señor, sino el día de la expulsión o proscripción de la comunidad sinagogal y/o el día de la persecución.

 

El concepto de Recompensa, introducido aquí por Jesús, construye una oposición al sistema de retribución del judaísmo. Para Jesús, la recompensa no es un premio ganado por una acción meritoria y que Dios estuviera obligado a conferir; sino que es un verdadero premio, una distinción que aquí expresa una opción de Dios, y que en diversos otros pasajes confiere al siervo obediente aun más confianza[10]. Con ello Jesús supera definitivamente la idea de recompensa exigible, del esquema de retribución[11].

¿En qué consiste la Recompensa? Por la especificación en el Cielo, se deduce que en la posición de hijos ante Dios, o sea, en la filiación divina y en la participación en la historia de la salvación.


Lc 6,20b ocupa el lugar estructural de titulo para la subunidad versículos 20b-23: al igual que luego el v. 24 para la segunda parte.


Los pobres son caracterizados como los que tienen hambre, lloran y son perseguidos.


Paralelamente, el Reino de Dios es descrito como estado de satisfacción de las necesidades básicas y de alegría. Esto es indicado mediante las figuras reír, alegrarse, saltar de gozo.


Como emisor de todo este programa a de atribuciones, tanto a nivel querigmático como practico, se perfila Dios mismo. Explícitamente lo hallamos en Reino de Dios y en Cielo; implícitamente, en el “pasivo divino” del v. 21: seréis saciados. Dedúcese que Dios también es sujeto agente del futuro reiréis.


En el v. 22 el texto introduce al sujeto agente de las acciones odiar/expulsar/injuriar/echar: los hombres. Es posible que el desprecio se refería originalmente a los pobres del ‘am ha’ ares, despreciados y odiados por la jerarquía del templo y de los grupos religiosos prestigiosos. El movimiento jesuano transfirió entonces esas palabras a las personas y situaciones de los discípulos pobres, agregando la mención más concreta del Hijo del hombre como motivo de la persecución[12].


En la versión actual el cuarto macarismo expresa diversas formas de distanciamiento que van desde el odio (nivel emotivo-relacional) hasta la situación de expulsión (nivel de acción). Se sobreentiende que aquí hay marcas dolorosas y alusiones directas al conflicto sinagoga versus iglesia.


A esta altura el texto asume otra dimensión más. Ya no solamente habla de atribuciones de objetos y valores, sino de pugna entre sujetos diferentes, cada cual con sus papeles concretos. Si ahora nos animamos a seguir escribiendo el mensaje evangélico, así como muy posiblemente Lc siguió escribiendo lo que ya estaba contenido estructuralmente en las bienaventuranzas, llegamos a un cuadro más amplio de los roles de los sujetos opuestos -siempre partiendo del principio semiótico de que cada programa, sujeto, objeto, estado o acción implica su respectivo anti. Colocamos las deducciones estructurales entre paréntesis, para diferenciar estas caracterizaciones de las que se encuentran expresamente en el texto:

 

Sujeto pobre                            Antisujeto

 

Pobres                                       (los que hacen pobres)

Hambrientos                             (los que hacen hambrientos)

que lloran                                  (los que hacen llorar)

perseguidos                               los hombres que odian, expulsan, injurian, echan

 

 II                                              II

 

profetas                                     sus padres

 

El v. 23b establece una conjunción temática entre los pobres perseguidos y los profetas, basada en la identidad del sufrimiento. La estructuración con “titulo” -dos caracterizaciones más concretas- macarismo especial, constituye una inversión total de criterios socio-económicos y de relaciones en vigencia[13].

 

El programa narrativo de la sección de macarismos contiene pues dos facetas complementarias: atribución de los objetos y valores al sujeto pobre, y anuncio de una inversión en los órdenes indicados. Retomaremos este dato luego del repaso de los ayes.

 

Repentinamente el discurso cambia su dirección y se dirige a otro sujeto: los ricos, caracterizados como llenos, que ríen, adulados. En todos los órdenes, este sujeto colectivo se opone al pobre. Ya que Lc constituyen un paralelismo antitético tan refinado, ¿por qué no dice porqué el Reino de Dios no es vuestro? Quizás el evangelista no quiso erigirse en juez absoluto con atribución de excluir explícitamente del Reino de Dios[14]; aunque de hecho lo hace, pero implícitamente. Por lo menos no lo dice así. El enunciado habéis recibido contiene una figura interesante: el término proviene aquí del lenguaje comercial y significa haber recibido algo, por ejemplo un importe, y extender un recibo por el mismo.

Resta esclarecer consuelo. El Evangelio de Lc emplea el término únicamente dos veces: aquí y en 2,25. Allí Simeón esperaba el “consuelo de Israel”. Entonces el consuelo se realiza con la aparición del Mestas. Mejor dicho, la aparición del Cristo es la paráklesis de Israel -así se deduce de las palabras de despedida del anciano-. Puede establecerse, pues, que consuelo no es un tópico de la cura de almas o una dimensión meramente espiritual (esto no descalifica la dimensión de la espiritualidad, al contrario, trata de precisar alcances); consuelo es una expresión de la esperanza histórico-escatológica de Israel. En lugar de emplear entonces una formulación negativa, Lc usa un equivalente teológico a Reino de Dios, dando a entender que los ricos ya han extendido un recibo par el Reino que es invitación abierta, pero no han hecho uso del mismo. Esta interpretación de consuelo se atiene estrictamente al empleo contextual del término. Si se quiere, también puede interpretarse que la riqueza es el único consuelo de los ricos, y que no recibirán ningún otro. No obstante, aún así consuelo apunta igualmente a la dimensión soteriológica: la riqueza es el consuelo de los ricos; el Reino de Dios, el de los pobres. Y nuevamente estamos ante la presencia del Mesías como contenido del verdadero consuelo.

 

El montaje en paralelismos antagónicos de bienaventuranzas versus ayes permite verificar ahora los papeles temáticos de los antisujetos y proyectarlos en oposición:

 

Sujeto colectivo ricos    = Antisujeto                    efecto           Suj. Colect. pobres

Ricos                             = los que hacen pobres                         pobres

los llenos                       = los que hacen hambrientos                hambrientos

los que ríen                    = los que hacen llorar                           los que lloran

los adulados/                 = perseguidores / sus padres                 perseguidos/profetas

pseudoprofetas

 

Gusten o no estas identificaciones, el trabajo estructural las presenta: la unidad declara que los pobres están en esa situación porque los ricos los han hecho pobres; los hambrientos tienen hambre porque los que están llenos los han convertido en hambrientos; los que lloran lo hacen porque los que ríen los hacen llorar, los perseguidos sufren porque los prestigiosos, adulados y famosos, los persiguen.

La cuarta identificación es algo más complicada, por cuanto el discurso parece pegar un salto. Sin embargo, un montaje completo aclara la cuestión:

 

 


los hombres                     persiguen                                a los discípulos pobres

sus padres                        persiguieron                            a los profetas

 

 


los hombres                     adulan                                     a los ricos

sus padres                        adularon                                 a los falsos profetas

 

 

 

 


Como la subunidad vs.20b-23 establece una congruencia entre los que hacen pobres/hambrientos/llorar y los hombres que persiguen, y en la segunda subunidad, vs. 24-26, los que hacen pobres/etc. son los ricos/etc., se crea una identificación amplia entre los perseguidores, sus padres, los aduladores, los padres de estos, los ricos adulados y los pseudoprofetas.

El texto dibuja así varias inversiones totales: una primera inversión de los valores socio-económicos y relacionales a la que ya nos hemos referido; una segunda, que es equivalente a la primera, aplicada ahora a los ricos y prestigiosos. El mismo esquema antitético contiene en sí otra inversión, pues la segunda (vs. 24-26) es inversión de la inversión hecha en las bienaventuranzas. Con ello tanto los macarismos como los ayes no solo son juicio ético, sino también anuncio de condiciones y, en términos semióticos, verificaciones.


La primera parte establece que lo que parece malo, no lo es: lo negativo en realidad es positivo. La segunda afirma que lo que parece bueno, en realidad no lo es: lo positivo realmente es negativo. La situación de los pobres es secretamente positiva: bienaventuranza, Reino de Dios, etc., aunque no lo parezca. La de los ricos es una situación mentirosa: parece excelente, pero no lo es. Esto es reforzado dramáticamente a nivel terminológico: “Pero, ¡ay de...!”. Siendo Dios el emisor y sujeto agente de las inversiones de la primera subunidad, el también asume el mismo rol actancial para la sección de los ayes. El texto anuncia pues el papel temático de Dios como productor de inversiones. El esquema de los diversos objetos y valores se compone de miniestructuras quiásmicas:

 


A

pobreza

hambre

llanto

persecución

 

B

Reino de Dios

saciedad

risa

recompensa

 

B’

riqueza

saciedad

risa

adulación

 

A’

no-consuelo

hambre

lamento / llanto

mentira


 

La atribución de los objetos y valores en B al sujeto colectivo pobre por parte de Dios/Jesús, es correlativa a la privación o el despojo de los objetos y valores de B’ al sujeto colectivo rico. Se trata de un proceso más complejo que una mera atribución, por un lado, y una privación, por el otro. Como en ambos casos la operación es transitiva, estamos ante una transferencia.

No es necesario que haya identidad total en todos los órdenes y términos. Así por ejemplo, el Reino de Dios es “más”, cuantitativa y fundamentalmente cualitativamente, que la riqueza de los ricos; y la risa de los bienaventurados es producto de la saciedad y comunión, y no risa burlona, cínica, marginante y despreciativa, como la del sujeto rico.

Con esta sección Lc retoma lo anunciado en el Magnificat: la inversión de las relaciones de poder y la inversión de las relaciones de propiedad.

 

¿Qué quiere lograr el evangelista con estos anuncios?

La introducción al Sermón del Llano se enmarca dentro de un plan muy amplio que abarca todo el Evangelio de Lc. La crítica de los ricos egoístas se presenta bajo diversas modalidades: inversiones, críticas abiertas, juicios, advertencias, reproches. La mejor expresión de la oposicionalidad /Jesús-pobres-marginados/ versus /ricos/, se halla en las tablas de inversiones, dos de ellas programáticas y una parabólica. Las programáticas son el Magnificat y Lc 6,20b-26; la parabólica es Lc 16,19-31, el rico y Lázaro, el pobre.

La doble inversión de los “destinos” de ambos grupos, frecuentemente ha servido como base para la afirmación de la existencia de líneas o tendencias ebioníticas en el Evangelio de Lc. La lectura semiótica de los tres textos, en cambio, puede proponer otra interpretación.

Vale la pena dibujar el panorama completo de estos textos:

Pobres

Ricos

—> Inversión —>

—> Inversión —>

Lc 1,48

humildad de la esclava

vista por Dios

 

 

 

50

para los que le temen

es su misericordia

51

planes arrogantes

desbarató

52

humildes

exaltó

 

poderosos

derribó de su trono

53

hambrientos

colmó de bienes

 

ricos

despidió vacíos

54

a su siervo Israel

acogió

 

 

 

6,20

pobres

bienaventurados, de vosotros es el RD

24

ricos

¡ay!, ya no consuelo

21

hambrientos

seréis saciados

25

saciados

tendréis hambre

 

los que lloráis

reiréis

 

los que reís

tendréis aflicción y lloraréis

22

perseguidos

tendréis recompensa

26

adulados

= adulación mentirosa

16,20

Pobre Lázaro

bienaventurado 22

19

rico

en el infierno 23

25

recibió los

ahora es consolado

25

recibiste lo bueno

ahora eres atormentado

 

 

Lc 13,20 y 14,15-24 también trabajan con el esquema inversor. El mismo principio también está presente en varias parábolas del material peculiar L: uno de los gemelos parece positivo al principio (deudor menor, sacerdote y levita según status religioso, hijo mayor obediente y trabajador, rico bendecido con cosecha abundante y con muchos bienes, fariseo perfecto): pero después resulta que la persona aparentemente negativa es la mas beneficiada / bendecida (gran deudor, samaritano, hijo menor, pobres, publicano).


La confrontación de tablas y otros materiales inversores con el cúmulo de mandatos éticos del Evangelio de Lc, evidencia que más allá de una tendencia ebionitista simplista, Lc emplea las tablas con un valor definitivo adquirido por los mandatos, y que el documento entero tiene objetivos fraseológicos finales. Por sí solas las inversiones representan consuelos y amenazas; recién su función estructural como elementos de influencia para las exhortaciones les confiere valor movilizador. Esta constatación de la interrelación entre los elementos de la mencionada tríada prohíbe hablar de un ebionitismo lucano meramente inversor, sin otro objetivo que el de animar a los pobres y anunciar el juicio a los ricos. Al contrario, el texto emplea el mecanismo estructural del quiasmo inversor a los efectos de fundamentar debidamente el proyecto de conversión económica:

 

Los pobres pasan del            No               al                 Sí;

 

los ricos pasan del                                al                 No.

 

Ello es indicio clarísimo de una doble dirección del Evangelio de Lc: en cuanto a los destinatarios, se dirige a los ricos egoístas, precisamente a los cristianos ricos egoístas; y en cuanto a la meta, les propone vehementemente la conversión a sus hermanos pobres. Las inversiones constituyen el rechazo estructuralmente más brillante de la ideología que confundía y justificaba la riqueza con señal de bendición divina, y la pobreza con castigo.

 

El esquema triunfalista de la identificación de la riqueza con la bendición divina, halló varios enemigos en la historia de Israel. Los profetas denunciaban la falsedad de los ricos y poderosos, atacando su explotación de los pobres y otros sujetos clásicamente débiles (viudas, huérfanos, extranjeros); la sabiduría posexí1ica estableció una vinculación entre el pobre y el piadoso, por un lado, y el rico y el impío o necio, por otro.

El proyecto jesuano arribó a una síntesis superior, retomando elementos valiosos del bagaje profético crítico. La pobreza fue desenmascarada como situación escandalosa: no es el destino de los piadosos, ni virtud ideal. Es dolor, hambre, llanto, marginación. El Reino de Dios iniciado por Jesús implica el ejercicio de la voluntad de Dios en todos los órdenes, por consiguiente también en el económico. Esto significa el establecimiento de relaciones sociales y económicas justas. Las clásicas inversiones, entre ellas Lc 6,20b-26, son un paso literariamente fijado por la memoria querigmática y didáctica del cristianismo joven, precisamente un paso necesario en estos procesos. Si las inversiones asustan, ya logran la mitad de su cometido; si movilizan, convierten, producen obediencia al llamado completo del Evangelio de Jesucristo, lo logran por completo.



[1] M. Theobald, “Die Anfänge der Kirche. Zur Struktur von Lk 5,1-6,19”; NTS 30 (1984), pág. 91.

[2] El lenguaje eclesiástico-litúrgico católico ha reducido el significado del término “acólito” al ministro de la iglesia cuyo oficio es servir al altar, y al monaguillo. Solo en sentido figurado se emplea el término para referirse a un adicto o cómplice –con evidente carga semántica negativa en muchos casos.

Interesante ejemplo de distorsión conceptológica mediante la cual se le ha ido quitando casi toda su fuerza a un término evangélico muy comprometedor.

[3] Nótese que la muchedumbre del pueblo de toda Judea y Jerusalén y La región de Tiro y Sidón (¡afluencia de gente de zonas paganas!), puesta en conjunción con Jesús (“vinieron para escucharlo a él y a ser sanados”), contrasta vivamente con los fariseos y maestros de la ley venidos de todos los pueblos de Galilea, Judea y de Jerusalén. Lc 5,17: estos personajes vienen para hacerle la contra a Jesús.

Así el texto crea la magnífica figura descriptiva de la afluencia de grandes masas hacia Jesús -figura esta que se opone a la imagen judeocéntrica o israelcentrista o jerosolimitanocéntrica de la esperada afluencia de los pueblos a Sión-Jerusalén. Aquí, como en diversos otros textos lucanos (por ejemplo las historias de la infancia y la ascensión), la persona de Jesús va sustituyendo cualitativamente el templo y ese centro que fue Jerusalén, hasta “destruirlos” literariamente mediante la limpieza del santuario y las palabras sobre la destrucción de la capital.

[4] M. Theobald, art. cit., pág. 100.

[5] Así por ejemplo, K.H. Rengstorf, Dos Evangelium nach Lukas (NTD 3) (Vandenhoeck & Ruprecht, Gotinga, 1975), pág. 84.

[6] Algunos autores creen poder distinguir en el Sermón del Llano una sección con palabras para un público mayor y otra para un grupo más reducido, precisamente por los cambios en el tenor a partir de Lc 6,39. así. W. Grundmann, Das Evangelium nack Luk