
La estructuración de Lucas 6,20-26
La exégesis del
Sermón del Monte, según Mateo, y del Sermón del Llano, según Lucas, se ha
desarrollado en múltiples direcciones. La crítica textual constata una serie de
paralelismos en las copias de los textos; la crítica literaria tiene una amplia
tarea en la definición de las respectivas relaciones de dependencia literaria
de Mateo y de Lucas con respecto a la Fuente de los Dichos; la crítica de los
géneros y las formas puede indagar las características del material acumulado
en esas secuencias, clasificarlo y buscar colecciones preliterarias. La crítica
redaccional, por su parte, da cuenta de la composición final y de la ubicación
de ambos sermones en sus contextos mayores.
Aquí nos interesa otro enfoque: el de las estructuras, y particularmente de Lc
6,20-26 con sus bienaventuranzas y ayes.
Lc 5, 1ss marca un hito importante en el proceso jesuano, ya que en 4,14-44
Jesús ejerce un ministerio solitario, mientras que a partir de 5,1 trabaja
acompañado por discípulos. El corte de 5,1 también corresponde a los énfasis
distintos de las secuencias: Lc 3,21-4,44 profundiza más las líneas
cristológicas (el análisis semiótico habla de “isotopías”); 5,1-6,19, la eclesiológico-comunitaria[1].
La unidad mayor Lc 5,1-6,19 halla una continuación directa en 6, 20-49, el
llamado Sermón del Llano. Es importante tomar en cuenta la proyección
eclesiológica de la secuencia anterior al Sermón, por cuanto ella informa sobre
la dirección de esas enseñanzas, construyendo sus programas narrativos y su
montaje figurativo sobre la isotopía del seguimiento. Esta isotopía podría
llamarse “acolútica” o “acolítica”, en conformidad con la conceptología
evangélica: Lc 5,11.27.28, etc.[2]
En
Cada subunidad
produce una inversión: la primera, en el orden socioeconómico; la segunda, en
la ética de la reciprocidad[7]; la
tercera, en la censura hipócrita y autosuficiente.
Literaria y
estructuralmente
Esa construcción de oposiciones, ubicada en el lugar tan importante. del
comienzo del Sermón programático para la praxis de los discípulos y seguidores,
da una orientación muy específica a toda la enseñanza de Jesús.
En cuanto a la
dimensión histórico-crítica, hay varios puntos problemáticos con relación a la
unidad en estudio: la cantidad exacta de macarismos en la Fuente de los Dichos;
la persona original (singular/plural en segunda o en tercera persona), el
origen de los ayes. Existe un cierto consenso en la exégesis sobre que la
Fuente de Logia contenía solamente los cuatro macarismos presentados por Lc, y
que Mt elaboró el resto (con la variante de que Mt quizás haya tenido una
versión ampliada de
Podemos
prescindir del análisis de esta cuestión y fijamos sólo en la forma lucana
actual así constatamos que el empleo de la segunda persona le da una estructura
más dialogal a la unidad, permitiendo una mejor comunicación entre Jesús y sus
seguidores/oyentes/lectores.
¿De dónde provienen los ayes? Puede manejarse toda una serie de posibilidades:
los ayes provienen del material peculiar lucano (L), son formulación de Lc por
influencia de elementos de L, son construcción genuinamente propia de Lc como
antítesis a las bienaventuranzas, llegan de la Fuente de los Dichos. Si
provienen de L, tienen que basarse en una tradición cuya primera mitad tuvo que
haber pasado a la Fuente, ya que forman un perfecto bloque en paralelismo
antitético.
Si son de la
Fuente, posiblemente ésta le habrá llegado a Lc en otra versión que aquella que
empleó Mt, dado que ese evangelista no sabe nada de los ayes. La compaginación
de bienaventuranzas y ayes en paralelismo antitético no era desconocida en la
literatura bíblica, la derivada y la apócrifa; Cf. Is 3,10-11; Ecle 10,16-17;
Tobías 13,12; Apoc de Baruc (siríaco) 10,6-7; Henoc etiópico 5,7 y también todo
el capítulo 99 (con una sobrecarga de ayes); Henoc eslavo capítulo 52
(antítesis de macarismos y maldiciones, con mayor fuerza que ayes). Lc 6,24-26,
con su paralelismo antitético tan exacto a las bienaventuranzas, induce a
pensar en un trabajo redaccional que contiene tantos elementos lucanos que
podría prescindirse de la originalidad jesuana. Es decir, puede creerse que los
ayes fueron construidos redaccionalmente a partir de los macarismos.
Semióticamente los ayes no son sino fijación literaria de la contraparte de los
macarismos. El análisis estructural puede afirmar que si Jesús pronunció las
bienaventuranzas -así lo acepta unánimemente la exégesis-, “pensó” estructuralmente
por oposición también los ayes. La exteriorización verbalizada, Y luego
escrita, de esa oposición, es solo consecuencia del mecanismo lógico implícito
en la formulación de la primera parte de la sección.
Al trabajo hermenéutico y a la proclamación en sí no le afecta, pues, en lo más
mínimo, negar la autenticidad jesuana de los ayes, pues los mismos ya estaban
contenidos estructuralmente en los mecanismos de producción de los macarismos
por parte de Jesús.
El texto presenta a tres sujetos: Jesús, atribuyendo valores a nivel cognitivo;
un sujeto colectivo pobres/hambrientos/que
lloran/odiados/expulsados/injuriados/proscriptos (o desechados); y otro
sujeto colectivo ricos/hartos (o
llenos)/que ríen/adulados.
Los objetos y valores poseídos, carenciados, quitados, atribuidos y
transferidos, constituyen el siguiente esquema:
![]()
Pobreza Reino de Dios riqueza no-consuelo
Hambre saciedad saciedad hambre
![]()
![]()
![]()
Llanto risa risa lamento/llanto
![]()
odio
expulsión adulación mentira[9]
injuria recompensa
proscripción en el cielo
![]()
identidad de identidad
de
![]()
![]()
![]()
situaciones profetas situaciones pseudoprofetas
sujeto
pobre sujeto
rico
En la primera
parte, el programa de Jesús puede ser descrito como “atribuir querigmáticamente
los objetos Reino de Dios, Saciedad, Risa, Recompensa” al sujeto colectivo
pobre. Es importante recalcar que la comunicación de egos objetos se realiza a
nivel querigmático. El Evangelio de Lc realiza esa atribución sobre distintos
niveles: cognitivo, práctico, parenético, querigmático, relacional. (Como
ejemplo de atribución práctica ha de mencionarse las curaciones, el perdón, la
alimentación, las revivificaciones.
En términos más
específicos, encontramos atribución en el primero y el cuarto macarismo; el
segundo y el tercero contienen anuncios de acciones futuras. Nótese que la
atribución del Reino y de la Recompensa es acción presente, no futura. La falta
de verbo en Lc 6,23 no permite introducir aquí un “será” (como lo hace por ejemplo la Biblia de Jerusalén). Ello ni siquiera es autorizado por los dos
imperativos y el “en aquel día”. Ese día
no designa tanto el gran día escatológico, el Día del Señor, sino el día de la
expulsión o proscripción de la comunidad sinagogal y/
El concepto de Recompensa, introducido aquí por Jesús,
construye una oposición al sistema de retribución del judaísmo. Para Jesús, la
recompensa no es un premio ganado por una acción meritoria y que Dios estuviera
obligado a conferir; sino que es un verdadero premio, una distinción que aquí
expresa una opción de Dios, y que en diversos otros pasajes confiere al siervo
obediente aun más confianza[10]. Con
ello Jesús supera definitivamente la idea de recompensa exigible, del esquema
de retribución[11].
¿En qué consiste
la Recompensa? Por la especificación en el Cielo, se deduce que en la
posición de hijos ante Dios, o sea, en la filiación divina y en la
participación en la historia de la salvación.
Lc 6,20b ocupa el lugar estructural de titulo para la subunidad versículos
20b-23: al igual que luego el v. 24 para la segunda parte.
Los pobres son caracterizados como los que tienen hambre, lloran y son
perseguidos.
Paralelamente, el Reino de Dios es descrito como estado de satisfacción de las
necesidades básicas y de alegría. Esto es indicado mediante las figuras reír, alegrarse, saltar de gozo.
Como emisor de todo este programa a de atribuciones, tanto a nivel querigmático
como practico, se perfila Dios mismo. Explícitamente lo hallamos en Reino de
Dios y en Cielo; implícitamente, en el “pasivo divino” del v. 21: seréis saciados. Dedúcese que Dios
también es sujeto agente del futuro reiréis.
En el v. 22 el texto introduce al sujeto agente de las acciones odiar/expulsar/injuriar/echar: los hombres.
Es posible que el desprecio se refería originalmente a los pobres del ‘am ha’
ares, despreciados y odiados por la jerarquía del templo y de los grupos
religiosos prestigiosos. El movimiento jesuano transfirió entonces esas
palabras a las personas y situaciones de los discípulos pobres, agregando la
mención más concreta del Hijo del hombre como motivo de la persecución[12].
En la versión actual el cuarto macarismo expresa diversas formas de
distanciamiento que van desde el odio (nivel emotivo-relacional) hasta la
situación de expulsión (nivel de acción). Se sobreentiende que aquí hay marcas
dolorosas y alusiones directas al conflicto sinagoga versus iglesia.
A esta altura el texto asume otra dimensión más. Ya no solamente habla de
atribuciones de objetos y valores, sino de pugna entre sujetos diferentes, cada
cual con sus papeles concretos. Si ahora nos animamos a seguir escribiendo el
mensaje evangélico, así como muy posiblemente Lc siguió escribiendo lo que ya
estaba contenido estructuralmente en las bienaventuranzas, llegamos a un cuadro
más amplio de los roles de los sujetos opuestos -siempre partiendo del
principio semiótico de que cada programa, sujeto, objeto, estado o acción
implica su respectivo anti. Colocamos las deducciones estructurales entre
paréntesis, para diferenciar estas caracterizaciones de las que se encuentran
expresamente en el texto:
Pobres (los que
hacen pobres)
Hambrientos (los que hacen
hambrientos)
que lloran (los que
hacen llorar)
perseguidos los hombres que
odian, expulsan, injurian, echan
II
II
profetas sus padres
El v. 23b
establece una conjunción temática entre los pobres perseguidos y los profetas,
basada en la identidad del sufrimiento. La estructuración con “titulo” -dos
caracterizaciones más concretas- macarismo especial, constituye una inversión
total de criterios socio-económicos y de relaciones en vigencia[13].
El programa
narrativo de la sección de macarismos contiene pues dos facetas
complementarias: atribución de los objetos y valores al sujeto pobre, y anuncio
de una inversión en los órdenes indicados. Retomaremos este dato luego del
repaso de los ayes.
Repentinamente
el discurso cambia su dirección y se dirige a otro sujeto: los ricos,
caracterizados como llenos, que ríen, adulados. En todos los órdenes, este sujeto
colectivo se opone al pobre. Ya que Lc constituyen un paralelismo antitético
tan refinado, ¿por qué no dice porqué el
Reino de Dios no es vuestro? Quizás el evangelista no quiso erigirse en
juez absoluto con atribución de excluir explícitamente del Reino de Dios[14];
aunque de hecho lo hace, pero implícitamente. Por lo menos no lo dice así. El
enunciado habéis recibido contiene
una figura interesante: el término proviene aquí del lenguaje comercial y
significa haber recibido algo, por ejemplo un importe, y extender un recibo por
el mismo.
Resta esclarecer
consuelo. El Evangelio de Lc emplea
el término únicamente dos veces: aquí y en 2,25. Allí Simeón esperaba el
“consuelo de Israel”. Entonces el consuelo se realiza con la aparición del
Mestas. Mejor dicho, la aparición del Cristo es la paráklesis de Israel -así se
deduce de las palabras de despedida del anciano-. Puede establecerse, pues, que
consuelo no es un tópico de la cura
de almas o una dimensión meramente espiritual (esto no descalifica la dimensión
de la espiritualidad, al contrario, trata de precisar alcances); consuelo es una expresión de la
esperanza histórico-escatológica de Israel. En lugar de emplear entonces una
formulación negativa, Lc usa un equivalente teológico a Reino de Dios, dando a
entender que los ricos ya han extendido un recibo par el Reino que es
invitación abierta, pero no han hecho uso del mismo. Esta interpretación de
consuelo se atiene estrictamente al empleo contextual del término. Si se
quiere, también puede interpretarse que la riqueza es el único consuelo de los
ricos, y que no recibirán ningún otro. No obstante, aún así consuelo apunta
igualmente a la dimensión soteriológica: la riqueza es el consuelo de los
ricos; el Reino de Dios, el de los pobres. Y nuevamente estamos ante la
presencia del Mesías como contenido del verdadero consuelo.
El montaje en
paralelismos antagónicos de bienaventuranzas versus ayes permite verificar
ahora los papeles temáticos de los antisujetos y proyectarlos en oposición:
![]()
Sujeto colectivo
ricos = Antisujeto efecto Suj. Colect. pobres
Ricos = los que hacen
pobres pobres
los llenos = los que hacen
hambrientos hambrientos
los que ríen = los que hacen llorar los que lloran
los adulados/ = perseguidores / sus padres perseguidos/profetas
pseudoprofetas
Gusten o no
estas identificaciones, el trabajo estructural las presenta: la unidad declara
que los pobres están en esa situación porque los ricos los han hecho pobres;
los hambrientos tienen hambre porque los que están llenos los han convertido en
hambrientos; los que lloran lo hacen porque los que ríen los hacen llorar, los
perseguidos sufren porque los prestigiosos, adulados y famosos, los persiguen.
La cuarta
identificación es algo más complicada, por cuanto el discurso parece pegar un
salto. Sin embargo, un montaje completo aclara la cuestión:


los hombres persiguen a los discípulos
pobres
sus padres persiguieron a los profetas
![]()


los hombres adulan a los ricos
sus padres adularon a los falsos
profetas
![]()
Como la subunidad vs.20b-23 establece una congruencia entre los
que hacen pobres/hambrientos/llorar y los hombres que persiguen, y en la
segunda subunidad, vs. 24-26, los que hacen pobres/etc. son los ricos/etc., se crea
una identificación amplia entre los perseguidores, sus padres, los aduladores,
los padres de estos, los ricos adulados y los pseudoprofetas.
El texto dibuja
así varias inversiones totales: una primera inversión de los valores
socio-económicos y relacionales a la que ya nos hemos referido; una segunda,
que es equivalente a la primera, aplicada ahora a los ricos y prestigiosos. El
mismo esquema antitético contiene en sí otra inversión, pues la segunda (vs.
24-26) es inversión de la inversión hecha en las bienaventuranzas. Con ello tanto
los macarismos como los ayes no solo son juicio ético, sino también anuncio de
condiciones y, en términos semióticos, verificaciones.
La primera parte establece que lo que parece malo, no lo es: lo negativo en
realidad es positivo. La segunda afirma que lo que parece bueno, en realidad no
lo es: lo positivo realmente es negativo. La situación de los pobres es
secretamente positiva: bienaventuranza, Reino de Dios, etc., aunque no lo
parezca. La de los ricos es una situación mentirosa: parece excelente, pero no
lo es. Esto es reforzado dramáticamente a nivel terminológico: “Pero, ¡ay
de...!”. Siendo Dios el emisor y sujeto agente de las inversiones de la primera
subunidad, el también asume el mismo rol actancial para la sección de los ayes.
El texto anuncia pues el papel temático de Dios como productor de inversiones. El esquema de los diversos objetos y
valores se compone de miniestructuras quiásmicas:
A
pobreza
hambre
llanto
persecución
B
Reino
de Dios
saciedad
risa
recompensa
B’
riqueza
saciedad
risa
adulación
A’
no-consuelo
hambre
lamento
/ llanto
mentira
La atribución de
los objetos y valores en B al sujeto colectivo pobre por parte de Dios/Jesús,
es correlativa a la privación
No es necesario
que haya identidad total en todos los órdenes y términos. Así por ejemplo, el
Reino de Dios es “más”, cuantitativa y fundamentalmente cualitativamente, que
la riqueza de los ricos; y la risa de los bienaventurados es producto de la
saciedad y comunión, y no risa burlona, cínica, marginante y despreciativa,
como la del sujeto rico.
Con esta sección
Lc retoma lo anunciado en el Magnificat: la inversión de las relaciones de
poder y la inversión de las relaciones de propiedad.
¿Qué quiere lograr el evangelista con estos anuncios?
La introducción al Sermón del Llano se enmarca dentro de un plan muy amplio que abarca todo el Evangelio de Lc. La crítica de los ricos egoístas se presenta bajo diversas modalidades: inversiones, críticas abiertas, juicios, advertencias, reproches. La mejor expresión de la oposicionalidad /Jesús-pobres-marginados/ versus /ricos/, se halla en las tablas de inversiones, dos de ellas programáticas y una parabólica. Las programáticas son el Magnificat y Lc 6,20b-26; la parabólica es Lc 16,19-31, el rico y Lázaro, el pobre.
La doble inversión de los “destinos” de ambos grupos, frecuentemente ha servido como base para la afirmación de la existencia de líneas o tendencias ebioníticas en el Evangelio de Lc. La lectura semiótica de los tres textos, en cambio, puede proponer otra interpretación.
Vale la pena dibujar
|
Pobres |
Ricos |
||||
|
—> Inversión —> |
—> Inversión —> |
||||
|
Lc 1,48 |
humildad de la esclava |
vista por Dios |
|
|
|
|
50 |
para los que le temen |
es su misericordia |
51 |
planes arrogantes |
desbarató |
|
52 |
humildes |
exaltó |
|
poderosos |
derribó de su trono |
|
53 |
hambrientos |
colmó de bienes |
|
ricos |
despidió vacíos |
|
54 |
a su siervo Israel |
acogió |
|
|
|
|
6,20 |
pobres |
bienaventurados, de
vosotros es el RD |
24 |
ricos |
¡ay!, ya no consuelo |
|
21 |
hambrientos |
seréis saciados |
25 |
saciados |
tendréis hambre |
|
|
los que lloráis |
reiréis |
|
los que reís |
tendréis aflicción y
lloraréis |
|
22 |
perseguidos |
tendréis recompensa |
26 |
adulados |
= adulación mentirosa |
|
16,20 |
Pobre Lázaro |
bienaventurado 22 |
19 |
rico |
en el infierno 23 |
|
25 |
recibió los |
ahora es consolado |
25 |
recibiste lo bueno |
ahora eres atormentado |
Lc 13,20 y 14,15-24 también trabajan con el esquema inversor. El mismo principio también está presente en varias parábolas del material peculiar L: uno de los gemelos parece positivo al principio (deudor menor, sacerdote y levita según status religioso, hijo mayor obediente y trabajador, rico bendecido con cosecha abundante y con muchos bienes, fariseo perfecto): pero después resulta que la persona aparentemente negativa es la mas beneficiada / bendecida (gran deudor, samaritano, hijo menor, pobres, publicano).
La confrontación de tablas y otros materiales inversores con el cúmulo de
mandatos éticos del Evangelio de Lc, evidencia que más allá de una tendencia
ebionitista simplista, Lc emplea las tablas con un valor definitivo adquirido
por los mandatos, y que el documento entero tiene objetivos fraseológicos
finales. Por sí solas las inversiones representan consuelos y amenazas; recién
su función estructural como elementos de influencia para las exhortaciones les
confiere valor movilizador. Esta constatación de la interrelación entre los
elementos de la mencionada tríada prohíbe hablar de un ebionitismo lucano
meramente inversor, sin otro objetivo que el de animar a los pobres y anunciar
el juicio a los ricos. Al contrario, el texto emplea el mecanismo estructural
del quiasmo inversor a los efectos de fundamentar debidamente el proyecto de
conversión económica:
![]()
Los pobres pasan del No al Sí;
los ricos pasan del Sí al No.
Ello es indicio clarísimo de una doble dirección del Evangelio de Lc: en cuanto a los destinatarios, se dirige a los ricos egoístas, precisamente a los cristianos ricos egoístas; y en cuanto a la meta, les propone vehementemente la conversión a sus hermanos pobres. Las inversiones constituyen el rechazo estructuralmente más brillante de la ideología que confundía y justificaba la riqueza con señal de bendición divina, y la pobreza con castigo.
El esquema triunfalista de la identificación de la riqueza con la bendición divina, halló varios enemigos en la historia de Israel. Los profetas denunciaban la falsedad de los ricos y poderosos, atacando su explotación de los pobres y otros sujetos clásicamente débiles (viudas, huérfanos, extranjeros); la sabiduría posexí1ica estableció una vinculación entre el pobre y el piadoso, por un lado, y el rico y el impío o necio, por otro.
El proyecto jesuano arribó a una síntesis superior, retomando elementos valiosos del bagaje profético crítico. La pobreza fue desenmascarada como situación escandalosa: no es el destino de los piadosos, ni virtud ideal. Es dolor, hambre, llanto, marginación. El Reino de Dios iniciado por Jesús implica el ejercicio de la voluntad de Dios en todos los órdenes, por consiguiente también en el económico. Esto significa el establecimiento de relaciones sociales y económicas justas. Las clásicas inversiones, entre ellas Lc 6,20b-26, son un paso literariamente fijado por la memoria querigmática y didáctica del cristianismo joven, precisamente un paso necesario en estos procesos. Si las inversiones asustan, ya logran la mitad de su cometido; si movilizan, convierten, producen obediencia al llamado completo del Evangelio de Jesucristo, lo logran por completo.
[1] M. Theobald, “Die Anfänge der Kirche. Zur Struktur von
Lk 5,1-
[2] El lenguaje
eclesiástico-litúrgico católico ha reducido el significado del término
“acólito” al ministro de la iglesia cuyo oficio es servir al altar, y al
monaguillo. Solo en sentido figurado se emplea el término para referirse a un
adicto o cómplice –con evidente carga semántica negativa en muchos casos.
Interesante
ejemplo de distorsión conceptológica mediante la cual se le ha ido quitando
casi toda su fuerza a un término evangélico muy comprometedor.
[3] Nótese que
la muchedumbre del pueblo de toda Judea y
Jerusalén y La región de Tiro y Sidón (¡afluencia de gente de zonas
paganas!), puesta en conjunción con Jesús (“vinieron para escucharlo a él y a
ser sanados”), contrasta vivamente con los fariseos y maestros de la ley
venidos de todos los pueblos de Galilea,
Judea y de Jerusalén. Lc 5,17: estos personajes vienen para hacerle la
contra a Jesús.
Así el texto
crea la magnífica figura descriptiva de la afluencia de grandes masas hacia
Jesús -figura esta que se opone a la imagen judeocéntrica o israelcentrista o
jerosolimitanocéntrica de la esperada afluencia de los pueblos a
Sión-Jerusalén. Aquí, como en diversos otros textos lucanos (por ejemplo las
historias de la infancia y la ascensión), la persona de Jesús va sustituyendo
cualitativamente el templo y ese centro que fue Jerusalén, hasta “destruirlos”
literariamente mediante la limpieza del santuario y las palabras sobre la
destrucción de la capital.
[4] M. Theobald, art.
cit., pág. 100.
[5] Así por
ejemplo, K.H. Rengstorf, Dos Evangelium nach Lukas (NTD 3) (Vandenhoeck &
Ruprecht, Gotinga, 1975), pág. 84.
[6] Algunos autores creen poder distinguir en el Sermón del Llano una sección con palabras para un público mayor y otra para un grupo más reducido, precisamente por los cambios en el tenor a partir de Lc 6,39. así. W. Grundmann, Das Evangelium nack Luk