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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas

 

LECTURA DE LA BIBLIA DESDE Y CON EL INDIO

Nelly Arrobo Rodas

 

Pequeña aproximación a lo que fue la tarea pastoral, cumplida por Monseñor Leonidas E. Proaño, como Obispo de Riobamba, provincia del Chimborazo, Ecuador; y, como Obispo Presidente del Departamento de Pastoral Indígena de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.

 

¿Quién inicia esta lectura?

Después de muchos años de silencio el indio volvió a hablar en Chimborazo. La Palabra de Dios ayudó al indio a hablar, a pronunciar su auténtica palabra... “Y el Verbo se hizo hombre” y el no-hombre, el estropajo vil y despreciable, se puso en pie y gritó sobre la alta montaña: aquí estoy, aquí existo, estoy vivo, soy hombre.., soy...

“Hubo un hombre enviado por Dios... él no era la Luz... iba en nombre de la Luz”, iba sembrando Luz, cultivando Verdad y cosechando la palabra nueva, el grito inédito, la plegaria llorosa del indio pisoteado.

Antes de él quizás nadie entregó la Palabra…, se había acostumbrado al indio a la doctrina ideológicamente concebida para mantener el someti­miento logrado desde la conquista…

Antes de él nunca nadie escuchó la “palabra” del indio sometido…, esa palabra que era más bien lamento.

Leonidas E. Proaño, Obispo de los Indios, título que primero le fuera proferido como insulto, se convirtió en discípulo del indio, empezó descubriendo en sus andrajos la dignidad del hijo de Dios y puso sus oídos atentos al mínimo balbuceo de sus labios. Reconoció que la Buena Nueva debe ser anunciada a los pobres y a esa tarea consagró sus esfuerzos.

Recorrió los caminos polvorientos hasta él mismo convertirse en camino. Ascendió las montañas encrespadas y adquirió la estatura de montaña. Descendió a las quebradas y a los valles profundos y la profundidad lo habitó generosamente.

Discípulo del indio: observó con devoción sus ritos y costumbres, no condenó sus creencias; defendió tenazmente sus derechos; pacientemente descubrió la Semilla del Verbo en su forma de vida y la propuso como alternativa a nuestra sociedad capitalista, individualista, conflictiva.

Así la voz del indio fue creciendo... no sólo en Chimborazo, en todo lado, se fue elevando “un sordo clamor” primeramente, y luego, “un grito tumultuoso y aun amenazante”. El indio que había permanecido por casi cinco siglos al margen de la Historia, sentado, ciego y mendigando todo, al paso de Jesús grita, recupera la vista, se pone en pie y camina junto al pueblo oprimido como protagonista de la Historia.

Así, se inicia, poco más o menos, la lectura de la Palabra de Dios desde el indio, con el indio, por el indio, y para su causa.

Y, así, Leonidas Proaño, a medida que entrega la Palabra descubre la realidad del indio y el indio le devuelve a Jesucristo y se va realizando un intercambio, y llega Jesucristo a identificarse con el indio, mientras el indio va, poco a poco, haciéndose hijo de Dios, pueblo de Dios, Historia.

Esta lectura no está terminada. Los indios de América la irán comple­mentando en su camino a medida que vayan descubriendo que en su lucha está siempre presente el Peregrino, el Dios Amigo, el que escucha -en presente- del pueblo los gemidos.

 

¿Qué Elementos se tiene en cuenta para esta lectura?

Un punto de partida:

* el indio-pueblo;

* el indio-pueblo oprimido;

* el indio-pueblo acallado.

 

Unos valores: las “Semillas del Verbo”:

* armonía en la concepción de la vida;

* profunda religiosidad;

* amor filial a la tierra;

* sentido comunitario de la vida;

* sentido de acogida y hospitalidad;

* estilo de vida sencillo;

* humanismo profundo;

* sentido de familia;

* sentido de la fiesta;

* capacidad de lucha.

Un punto de llegada: Iglesia India:

* Reflexión teológica desde su cosmovisión;

* Ministros formados en esa teología;

* Vivencia de sus valores culturales.

 

Pueblo Indio:

* Recuperación de su identidad;

* Defensa de sus valores culturales;

* Lucha por la autodeterminación;

* Liberación de toda forma de opresión

 

Tratemos de situar cada uno de estos punteados para una mejor comprensión.

 

Indio-Pueblo: el indio no es sólo un ser individual, es un pueblo. El sentido de pueblo es hondo en la vivencia del indio. No se concibe a sí mismo como un ser aislado. Es un ser en relación, en comunicación con otros, vinculado a un espacio físico, a una comunidad y a un Ser Supremo. Ni la conquista española, ni la agresión capitalista han logrado destruir este precioso don que ha recibido el indio.

 

Indio-Pueblo oprimido: es larga y penosa la historia de opresión que ha sufrido el indio-pueblo. No ha sido oprimido tampoco sólo como individuo, sino como pueblo. Como pueblo ha estado impedido de ser, siempre expuesto a la tentación de no-ser, de dejar-de-ser. Siempre ha sido oprimido para desaparecer. Sin embargo, por ser pueblo se ha mantenido “resistiendo” por medio de varios mecanismos de defensa y de formas de lucha que han desafiado las más refinadas políticas etnocidas y gracias a eso pueden decir ahora: ¡aquí estamos!

 

Indio-Pueblo acallado: quizás enmudeció ante el dolor indescriptible que sembró el conquistador cuando hizo retumbar sus botas sobre el territorio indio.., quizás aprendió a callar ante las repetidas ocasiones en que el dominador le decía que es bruto, que es ignorante, que su lengua no es lengua... quizás quedó callado para evitar que junto con el oro le usurparan también su sabiduría, su palabra creadora, transformadora... o fue acallado así violentamente, condenado al silencio a fuerza de que nadie lo escuchara. Quizás quedó callado como pueblo, por todo eso que he dicho... y quizás también por eso cuando ahora recupera su tierra o defiende su territorio, cuando se sabe poseedor de una sabiduría, cuando alguien se detuvo a escucharlo como pueblo su palabra resonó por los aires con timbre de esperanza.

Porque el indio es pueblo entiende la Palabra de Dios como dirigida a él mismo. Se identifica con el pueblo escogido que es objeto de un amor de predilección por parte de Dios.

Porque ha sufrido y sufre aún la opresión que le lleva a ser extraño en su propia tierra, el pueblo indio reconoce como suya la historia de la liberación de Egipto. Egipto y Babilonia para el pueblo indio tienen el nombre de ayer y del presente: los imperios, los gobiernos de turno.

Y, ¡cómo no van a reconocer en el Dios del Éxodo al mismo Pachacá­mac de sus antepasados que quería el mundo para la felicidad de todos los hombres y que cuida de todos escuchando hasta los gemidos que les arrancan sus opresores!

Este es, entonces, el punto de partida.

 

Unos Valores: Las “Semillas Del Verbo”

* Armonía en la concepción de la vida gracias a su cosmovisión globalizadora. No hay dualismos ni en su pensar, ni en su actuar. No hay prisas, ni violencias.

* Profunda religiosidad. Son hombres contemplativos, silenciosos, profundos, con un gran respeto por la naturaleza y por los otros hombres como creación de Dios.

* Amor a la tierra: se sienten afectivamente vinculados a ella. La consideran su madre. Por eso la cuidan y la trabajan con verdadero amor y devoción.

* Sentido comunitario de la vida: saben compartir, son solidarios, su organización no excluye a nadie. Toda forma de división es una herida mortal.

* Sentido de acogida y hospitalidad: se desprende de su sentido comunitario que no es cerrado sino abierto al que necesita. Dan de lo que tienen y lo dan gratuitamente. Son generosos. La persona vale más que el dinero.

* Estilo de vida sencillo: sin complicaciones, Son prácticos y concre­tos.

* Humanismo profundo: hay respeto por el otro. Fidelidad a la palabra dada. Respeto a la vida.

* Sentido de familia: que sobrepasa los límites del parentesco. Un niño huérfano, por ejemplo, nunca quedará sólo, siempre encontrará un hogar que lo acoja. Todos son hermanos.

* Sentido de la fiesta: todo se celebra, se baila, se comparte la alegría y la comida comunitaria. Quizás es un secreto de su resistencia.

* Capacidad de lucha: han desarrollado varios mecanismos de lucha para resistir. Tienen una capacidad increíble de soportar inclemencias del tiempo, palizas, torturas... en todo demuestran gran fortaleza, y, tienen sabiduría para “torear” al enemigo cuando no se ven capaces de enfrentarlo.

Todos estos valores son auténticas “Semillas del Verbo” desde donde se logró una comprensión vital de la Palabra de Dios.

“Veo que los indígenas cumplen más a fondo el Proyecto de Dios con su solidaridad, gratuidad, entrega... con todos esos valores formidables que vemos plasman de manera evidente lo que Dios quiere. En la justicia, en el compartir, en la comunidad, en la armonía, se realiza el Reino de Dios”.

“Veo relacionado al Pueblo Indio con el Pueblo Judío que vivió la voluntad de Dios de manera fraterna. En este siglo los indígenas son luz y esperanza de todos los pueblos como ese pequeño resto de Israel”.

“Dios se manifiesta en la Historia de los pueblos, especialmente en esos pueblos pobres, en este caso, en el Pueblo Indio. Tenemos que comprender la Historia del Pueblo Indio como Dios la ve, como Dios se manifiesta en esa Historia, como Dios está presente en medio de ellos”.

Todos estos párrafos entrecomillados están tomados del “Estudio del Documento de Bogotá sobre Pastoral Indígena, realizado por Mons. Proaño con Agentes de Pastoral del Ecuador, en Riobamba, enero de 1986” .

Sin embargo, estos valores, estas preciosas semillas son pisoteadas por el Proyecto de Muerte que se cierne desde el imperio que no reconoce el derecho a la diferencia, y que, en su afán expansionista y de control, busca uniformizamos a todos para que se recupere el capitalismo transnacional y financiero que sufre una grave crisis.

Pisotean estas semillas quienes no las conocen, quienes continúan con concepciones discriminatorias y segregacionistas. Instituciones, partidos políticos y aun la misma Iglesia cuando no se abre a aprender de los indios y no les da el puesto que les corresponde. Todos tenemos que hacernos un mea culpa en este sentido.

 

Cultura India: Propuesta de Interpretación

Monseñor Leonidas Proaño, no fue antropólogo de carrera. A decir de los mismos indios “fue un indio entre los indios”. Como pastor, como buen pastor que debe conocer a sus ovejas, se dedicó a conocer en profundidad el complejo y formidable mundo del indio. Puso en funcionamiento su gran capacidad de observación, su silencio para ir madurando los resultados de su observación, su tremenda capacidad de escucha para ir aprendiendo del indio mismo, su amor para desplazarse sin cesar a las recónditas comunida­des y compartir allí el pan de la Palabra y de la Eucaristía, y el pan cotidiano derramado en los ponchos y chalinas. Pudo así vivir de cerca, sentir el sufrimiento de su hermano, e irse preguntando juntamente con ellos y sin cesar: ¿por qué? hasta dar con las causas; y, luego imaginar las consecuen­cias: ¿qué pasaría...? Y, por fin, buscar la historia, la historia verdadera, la que pueda contar los hechos desde el indio; leer, estudiar, reunirse con otros... De todo este esfuerzo sacó una propuesta de interpretación de la cultura india que la expongo a continuación como la he asimilado y apoyado en algunos párrafos entre comillas que proceden de los mismos indios.

El hombre es un ser de relaciones:

* se relaciona con el mundo;

* se relaciona con los otros hombres; y

* se relaciona con Dios.

 

La manera peculiar de vivir estas relaciones da paso a las diversas culturas que existen en el mundo.

 

Relaciones con el mundo: para el indio la tierra es su madre. “De ella he nacido. Ella me da de comer, de beber, de vestir. En su seno descanso cuando estoy fatigado. A su seno he de volver cuando muera. La tierra es nuestra vida. Nosotros estamos dispuestos a morir por la tierra”. Esto dicen los indios. Esto viven los indios.

“El indígena convive con la tierra, la cuida, la mantiene, la recupera y guarda el equilibrio ecológico”.

“Con la tierra los indígenas se sienten ellos mismos, es su signo de identidad, se podría decir que la tierra es la cultura misma del pueblo indígena. Un indígena migrante en la ciudad está como perdido... está apagado, no se siente persona... no sabe quién es”.

La tierra “es el lugar para vivir el espíritu comunitario incluso en la producción: mingas, cambiamanos. Es el lugar de los valores religiosos”.

“No se puede preguntar de quién es la tierra, así como no se puede preguntar quién es el dueño o a quién pertenece el sol, el agua, el aire... La tierra así es de todos... y para todos”.

La tierra “es el don de Dios: el indígena espera que la tierra dé fruto para vivir y educar a sus hijos: la tierra da al indígena seguridad y ayuda a ponerse en contacto con Dios para agradecer todo lo que le da”.

“Dios creó la tierra para que nos dé el alimento para vivir de los cuales el hombre se aprovecha. Dios creó en la tierra plantitas, animales para que nos sirvan de alimento. No creó Dios a la tierra para adorno, sino para trabajarla y para subsistir, para que vivamos en comunidad, en igualdad, en unión. Para que podamos manifestar nuestra fe en Dios. Para que sea una instancia para vivir como hermanos”.

“Dios creó la tierra para todos los seres vivos, para que todos los seres vivos gocemos de ella y así todos juntos alabemos al Señor como Único Creador del Universo. Esto indica que la tierra es la VIDA y nos manifiesta que Dios puede hacerlo todo. Dios es familia con el hombre y le hace partícipe de su amor grande dándole todo lo que ha creado. La tierra es de todos los seres vivos”.

Todas estas reflexiones nos hacen ver que esta concepción sobre la tierra supone una conducta que está reñida con el comportamiento que exige el sistema capitalista, pero, está en comunión con el pensamiento que Dios nos ha revelado sobre la tierra. La conducta del indio es de respeto al ritmo de la naturaleza, respeta el día y la noche; la siembra y la cosecha. El indio ritma su vida con el ritmo de la naturaleza. “No somos nosotros quienes poseemos la tierra, es la tierra la que nos posee a nosotros”.

Esta concepción de la tierra supone que haya una manera distinta de dominarla para cumplir con el mandato de Dios en el Génesis. Se puede dominar por la fuerza, aun de las armas; o por el amor.

La fuerza violenta para dominar, destruye, engendra muerte. Tal es el caso de las conquistas a través de la historia. Tal es la forma de dominio que mantiene el imperialismo sobre nuestros pueblos. Tal es, también la forma de explotación inmisericorde a la que somete el capitalismo a la tierra a la que considera mero objeto de ganancia y comercio.

El amor respeta. El amor mantiene el eco-sistema; no destruye ni prostituye la naturaleza; no explota los recursos hasta el agotamiento; no busca la esterilización de la tierra; no la vuelve mercancía porque eso sería profanarla. ¡Si la tierra es madre con qué corazón se va a vender o profanar a la propia madre!

Y, vemos que de esta manera de relacionarse con la naturaleza nacen espontáneamente las relaciones comunitarias con los hombres y las relacio­nes religiosas con Dios.

 

Relaciones con los hombres: “Dios crea la tierra para que sea el espacio en el cual tengamos la posibilidad de vivir como hermanos”.

Vemos como surge de suyo la organización comunitaria. Las relacio­nes de los indios entre sí son fraternas, de ayuda mutua, de reparto equitativo de los bienes. Desde el seno de la familia se va desarrollando esta vocación comunitaria del hombre hecho a imagen y semejanza del Dios-comunidad.

La educación india a más de mantener una lengua común, unas tradiciones, unas costumbres, un vestido, los forma en un espíritu solidario que se traduce en un trabajo comunitario donde el esfuerzo común tiene una recompensa común. Desde pequeño el niño indio sabe que tiene que vincularse con sus semejantes por una participación en las tareas que están a su alcance. Esta educación ha hecho posible que se salvaguarden valores culturales a pesar de quinientos años de dominación y atropellos estructu­rales y cotidianos.

La educación no es sólo tarea de la familia sino de la comunidad que va ayudando al niño y al joven indio a insertarse en la vida comunitaria por medio del trabajo, de la comida, de la fiesta, de la lucha por la defensa de sus derechos.

Por todo esto, la educación “oficial”, “formal”, les resulta tan extraña y funciona como agente de agresión a su cultura.

Tanto por este elemento de la educación, como por el aspecto de la vida misma, la comunidad es la prolongación de la familia.

“La comunidad se realiza en relación con la tierra”. Todas las tareas agrícolas se realizan en mingas (trabajo comunitario): la preparación del terreno, la siembra, la deshierba, la cosecha. La minga también se utiliza para obras de mejoramiento de las condiciones de vida: apertura de caminos, construcción de viviendas particulares o casas comunales, construcción de locales escolares o centros de salud. Con todo esto se construye la comuni­dad.

“Y la comunidad se construye -como dice Mons. Proaño- alrededor de las chalinas y de los ponchos que se tienden en el suelo y que sirven de manteles para la comida comunitaria de productos de la tierra... Y la comunidad se construye también con ocasión de los sufrimientos y desgra­cias, de la enfermedad y de la muerte. Los indígenas, entonces, se muestran profundamente solidarios”.

Por ignorancia, por aceleramiento o por falta de respeto, personas acaso bien intencionadas han pasado por encima de esta característica cultural de los indios y los han obligado a establecer organizaciones de tipo sindical o cooperativo que no corresponde a su ser íntimo y que han contribuido a romper la vida comunitaria.

La experiencia va mostrando que la comunidad que por surgir de la madre tierra “no deja en olvido a nadie”, vela por el bien de todos, valora a cada quien por su dignidad humana y no por el dinero que posee, pone a todos en igualdad de derechos y obligaciones. Entonces, una organización de corte capitalista que convoca sólo a los más pudientes o destruye en el indio su ser mismo o no cuaja como el sistema capitalista espera.

La organización comunitaria crea dirigentes comunitarios que no buscan su bienestar personal y procuran, más bien, la suma de voluntades en una causa común. Allí donde se ha respetado y se ha estimulado el fortalecimiento de la comunidad se tiene en cuenta, como en las primeras comunidades cristianas, a los pobres: huérfanos, viudas, ancianos que no pueden tener una participación igualitaria en el trabajo, para el reparto de los frutos del trabajo para que puedan hacer frente a sus necesidades.

Todo esto lo viven en un marco de austeridad y pobreza porque no está en el indio el espíritu de acumulación. Viven pendientes de “la ración diaria del maná” y siguen fielmente el imperativo de Jesús “Bástele a cada día su afán”. De la ausencia de este deseo de acumulación nace la espontaneidad para el compartir, la generosidad, que son formas de expresar la confianza total en Dios que es Padre y Madre.

Relaciones con Dios: los indios son religiosos. Lo religioso atraviesa su vida. Todo lo que vive en relación a Dios y a Dios lo encuentran en todo lo creado, como origen y fin de todo lo que existe. Nos surge la pregunta: ¿serán tal vez rezagos de creencias antiguas? ¿estamos optimizando o sobrevalorando algo que no es tan real?, podemos seguimos preguntando. Los Obispos reunidos en Bogotá en 1985, en su documento “La evangeli­zación de los indígenas en vísperas del medio milenio del Descubrimiento de América” afirman con valentía que los antepasados desarrollaron una “notable teología”.

Sin embargo, podemos hallarnos frente a un misterio sobre los caminos que tiene Dios para mostrarse a los hombres. No podemos caer en el deseo de “cristianizar” a los indios que vivieron antes de 1492, pero, tampoco podemos aceptar que Cristo necesitó de las carabelas de Cristóbal Colón para llegar a América. Las Semillas del Verbo que las encontramos en los otros aspectos de la vida de los indios, se manifestaron en lo religioso. Uno de los testimonios valiosos en este sentido es el del tío del Inca Garcilaso de la Vega, que éste recoge en su libro “Comentarios Reales”. En resumen el Inca dice esto:

* Creían en un dios espíritu, invisible, “creador y mantenedor de todo”, fuente de toda vida, ante quien se inclinaban con profunda reverencia cuando se pronunciaba su nombre Pachacámac. A éste no le dedicaron ningún templo.

* Creían en un dios visible, el sol, Inti en su lengua. Lo consideraban como dios porque era lo más bello que sus ojos podían ver, y, por su bondad con todos: es agente de vida, da luz y calor, y junto con la lluvia fecunda la tierra y madura los frutos.

* Adoraban también a Huiracocha.

* La misma tierra llamada Pachamama (madre de todos) era otra deidad, y así mismo la luna, los ríos, las montañas, los árboles eran dioses inferiores que cumplían tareas de vigilancia y protección.

* Disponían de una casta sacerdotal encargada del culto, y de varias “acllahuasi” o casas de escogidas, donde moraban las Vírgenes del Sol en clausura y castidad perpetuas, dedicadas a bordar los adornos del Sol y de su hijo el Inca.

* La muerte era el paso necesario para reunirse con los antepasados. La enfermedad era soportada y asistida comunitariamente. Aún conservan rasgos de sabiduría inmensa en el conocimiento del valor curativo de hierbas, piedras, animales. Pero, no se aferran a la vida como tampoco llegan a estados depresivos o desesperantes.

* El saludo de los indios era el recuerdo de los tres mandamientos fundamentales: “Ama Shua, Ama Llulla, Ama Quilla”, esto es, “No robes, no mientas, no seas haragán”.

Todo esto nos hace pensar en una religión bien estructurada, y espon­táneamente hallamos las semejanzas con algunos elementos de nuestra fe cristiana.

* Pachacámac tiene las mismas características del Dios de la Biblia a quien los hebreos llamaron Yavéh.

El Sol o Inti nos hace pensar en Jesucristo: el Dios-hecho-hombre, Dios visible que ha dicho de sí mismo “Yo soy la Luz del mundo”.

* Huiracocha, de quien no se conoce mucho, pero, que es mencionado a la misma altura de los dos anteriores, nos hace pensar en el Espíritu Santo.

* La madre tierra Pachamama, nos hace pensar en la Virgen María , Madre de Dios y de todos los hombres. Las deidades menores nos llevan a recordar los santos a quienes consideramos nuestros protectores y a quienes no consideramos como dioses, pero sí como manifestación de algún aspecto de Dios.

Tal vez se critique esta manera de ver las cosas aduciendo que pretendemos recuperar todo a la fe cristiana y que no respetamos la religión y la religiosidad india, pero, un indio en la época de la conquista se expresó más o menos así: no es que adoremos al sol sino que viendo al sol adoramos al dios que lo creó.

La visión de la muerte les mantenía en esperanza. La visión de la vida centrada en los tres mandamientos fundamentales se topa con la visión cristiana de la moral y estos mandamientos se convierten, así, en garantía de una vida comunitaria y de un culto verdaderos.

Por todo lo expuesto, y a decir de indios que han profundizado en sus valores culturales y religiosos, ellos (es decir varias comunidades indias) han llegado a aceptar la Fe cristiana.

¿Qué reclaman ahora los indios de la Iglesia Católica ?

Me permito transcribir textualmente a Mons. Leonidas Proaño en lo que expresa en el Plan Nacional de Pastoral Indígena:

“Los indígenas manifiestan ahora, abiertamente, su disconformidad con la manera de evangelización insuficiente en contenidos, reducida al aprendizaje mecánico de la Palabra de Dios, cultual y sacramentalista; evangelización insuficiente en extensión por el hecho de haber dejado prácticamente en el abandono a comunidades numerosas alejadas geográfi­camente de los centros parroquiales; evangelización desenfocada, realizada desde la cultura envolvente y dominante, interesada y explotadora, ajena al núcleo central de la cultura indígena; evangelización desconfiada que ha convertido al indio en “objeto, en receptor y no en sujeto creador de su proceso de evangelización y promoción humana integral”.

Reconoce, sin embargo, que la Iglesia Católica , lamentablemente no todos de quienes actúan en nombre de ella, ha cambiado en su manera de evangelización y en su comportamiento. A este cambio se debe la importan­cia capital que las comunidades indígenas dan a la lectura reflexionada de la Palabra de Dios, la captación del mensaje y su puesta en práctica, el nacimiento de Comunidades Cristianas indígenas y la “proliferación de ministerios, tales como animadores, catequistas, misioneros, lectores. Así, la Pastoral Indígena ha comenzado a hacer su aparición en el territorio ecuatoriano”.

 

Punto de Llegada: Pueblo Indio - Iglesia India

¿A dónde conduce la lectura de la Palabra de Dios?

- Conduce a producir o profundizar la fe.

- Conduce a iniciar o radicalizar el compromiso cristiano.

- Conduce a interpelar la vida personal y la vida social.

- Conduce a la conversión del pecado personal y a la subversión de la sociedad que propicia y mantiene la situación estructural de pecado.

- Conduce a ser patente el Reino de Dios a través del testimonio personal y a través de la lucha transformadora de la sociedad que destruya “el pecado del mundo” y construya “el cielo nuevo y la tierra nueva” por la instauración de los valores del Reino.

- Conduce a celebrar la Vida y la Palabra en un solo movimiento de amor que reconoce a Dios actuante en la Historia.

 

Con los indios, esta lectura conduce a algo más concreto:

- La Fe se inserta en su vida y en su cultura;

- El compromiso cristiano aparece como algo vital, permanente;

- La Palabra cumple la tarea de “re-crear” todo: ¡el corazón, la comu­nidad, la tierra... todo!

- La Palabra dinamiza la transformación: busca adecuar la vida personal y comunal a las exigencias que descubren sin cálculos ni miramien­tos;

- El Reino de Dios se vuelve el punto de atracción, la referencia, la manifestación de las más hondas aspiraciones de los indios.

 

El Reino de Dios está concebido como el regalo que Dios ha hecho al hombre en su Hijo Jesucristo quien viene a revelamos el rostro del Dios Vivo y Verdadero. Aceptar el Reino nos lleva a vivir y defender ciertos valores: La gratuidad, la vida, la verdad, la justicia, la libertad, el amor, la fraternidad, la alegría y la paz.

Esta vivencia y esta defensa de valores del Reino deben darse en el tiempo y en el espacio, en las diversas experiencias históricas, a sabiendas de que su cabalidad se dará sólo en el cielo. De esta búsqueda permanente de una vivencia cada vez más nítida de los valores del Reino de Dios nacen la inconformidad y la esperanza del cristiano. Es una tarea de nunca acabar. Es una tarea que llena una vida, aunque una vida no baste para verla terminada.

Este Reino tiene que irse realizando en dos dimensiones según Mons. Leonidas Proaño: la Iglesia y la Sociedad.

* En la Iglesia que debe ser signo visible del Reino, esto es, como una muestra de que este Reino es posible y viable históricamente; y

* En la Sociedad, que debemos procurar que se ciña cada vez más a las exigencias del Reino si queremos contribuir a la realización del Plan de Dios de “recapitular todas las cosas en Cristo”. Este trabajo, el cristiano, debe cumplirlo con gran humildad en unión con otros que viven el mismo esfuerzo.

 

En cuanto al indio, Monseñor Proaño descubrió que la lectura de la Palabra de Dios suscitaba dos objetivos: Iglesia India y Pueblo Indio. Monseñor distinguía que para todo cristiano comprometido lo primero en la intención era lo social, el pueblo; pero, lo primero en la realización, la Iglesia, y desde la Iglesia ir al pueblo.

 

Los dos objetivos de la Pastoral India :

1. La construcción de la Iglesia India , en el seno de la Iglesia Católica , que sea capaz de asumir los valores culturales y las manifestaciones religiosas propias, de modo que la Palabra se encarne en la identidad india por:

* la reflexión teológica, desde su cosmovisión;

* la formación de los ministros y más servidores en ese pensamien­to y en esa teología;

* la vivencia de los valores culturales en la liturgia asumiendo ritos, símbolos, signos que faciliten la comunicación, la comprensión y la celebra­ción del mensaje de Jesús.

 

Esto sería un paso formidable que contribuiría a un enriquecimiento de la Iglesia Católica en toda esa gama inmensa de valores que hemos visto al detenemos a hablar de la Cultura India ; y así mismo a un rejuvenecimiento de la misma Iglesia al hundir en verdad sus raíces en las Semillas del Verbo siempre nuevas en las culturas dominadas, justamente porque la dominación no las ha dejado emerger, no les ha permitido ni estrenarse, peor gastarse.

La “Nueva Evangelización ” más que prédicas con nuevos contenidos, debería ser, nuevas actitudes de escucha, de acogida, de reconocimiento, de celebración de la presencia de Dios en el pueblo indio y en los oprimidos de nuestro continente... Esta actitud nos facilitaría el maravilloso descubri­miento, éste sí, verdadero descubrimiento del mundo indio; y, permitiría el autodescubrimiento de los indios como sujetos de evangelización y de edificación de una Iglesia que les entregue el Dios liberador, hermano, cercano, que come en su mesa, que llora con sus penas y disfruta con sus alegrías.

2. La construcción del Pueblo Indio, en el seno del pueblo ecuatoriano. Este Pueblo Indio tiene que constituirse de las diferentes nacionalidades que tienen como tarea:

* La recuperación de su identidad, sin dejarse envolver por la sociedad dominante que los deja sin nombre y sin destino;

* La defensa de sus valores culturales, sobre todo, la defensa de la tierra, como núcleo de la cultura india. La tierra no sólo como porción que les permite extraer los alimentos a nivel familiar y comunitario, sino, como territorio, esto es, espacio vital indispensable para que superviva el pueblo y desarrolle su cultura, la vida comunitaria y el culto a Dios en tranquilidad, seguridad y libertad;

* La lucha por la autodeterminación, esto es, la salvaguarda de su organización propia, la toma de decisiones políticas de acuerdo a sus intereses, el derecho a expresar su ser y su pensamiento rompiendo toda forma de dependencia y dominación;

* La liberación de toda forma de opresión que será más bien la conse­cuencia de todo lo anterior y la realidad que se alcance en una lucha permanente.

 

Conclusión

Con esta tarea, el pueblo indio se convierte en redentor del conjunto del pueblo ecuatoriano:

- nos ayuda a recuperar nuestra identidad, desde la raíz más pura y más noble;

- nos ayuda a construir una cultura con características propias, diferen­ciada de la “american way of life” que busca imponerse en nuestros pueblos quitándonos el ser después o al mismo tiempo que saquea nuestros recursos el imperio;

- nos ayuda a descubrir nuestra vocación de pueblo, nuestros intereses, nuestra conciencia, nuestro pensamiento;

- da una forma propia a nuestra lucha libertaria y nos pone ante un modelo factible y nuestro de Nueva Sociedad.

Así, el indio no lee la Palabra de Dios por leer, ni por satisfacciones devocionales... La lee dentro de un horizonte de redención: liberándose va liberando al pueblo mestizo, tantos años agente interno de la dominación imperialista; construyéndose como pueblo va proponiendo la Nación Nueva ; haciéndose testigo de Jesús devuelve a la Palabra de Dios su fuerza que saca del adormecimiento y del acomodo a la Iglesia y contribuye así a irla renovando como realidad histórica y dinámica, a la vez que portadora del Espíritu de Dios al mundo sumido en el pecado.

Misión irremplazable del indio en esta hora de América Latina (¡Y, parece que estamos en la última hora!). Llamado urgente a los hombres y mujeres de Fe a fin de que consagren sus fuerzas, su imaginación y su corazón a la causa india desde la perspectiva del indio, para leer juntos la Palabra de Dios que nunca regresa vacía... Llamado urgente a los hombres y mujeres de buena voluntad para empeñar sus energías en la causa del indio a fin de apoyar sus aspiraciones y fortalecerse como Pueblo, en el respeto de sus planteamientos y decisiones. Llamado urgente al Indio-pueblo, a la madre-india, al indio joven y niño... a todos... “que se convoque a todos”... ¡estamos en la gran minga de acoger el Reino de Dios en el pueblo indio para que pueda cumplir la misión de “siervo de Yahvé” en este siglo!

(1) El mal mayor que hizo la conquista fue dejar a los pobladores de nuestras tierras sin nombre (¡y creían que los dejaban sin destino!); de allí la dificultad de ponernos de acuerdo en cómo mismo se llaman. En Perú y Bolivia se ha generalizado el vocablo andinos. En Ecuador, este término no ha cuajado. “Indio”, en el Ecuador, como en el resto de los pueblos de América fue algo insultante durante muchos años, ahora, este término se lo va recu­perando y en algunos lugares ya es motivo de orgullo. Indígena se utilizó en Ecuador y aún se utiliza, con el deseo de designarlos de un modo que no los hiera, pero el vocablo indígena no descubre la realidad que pretendemos expresar, indígena quiere decir originario de un lugar. Lo que van deste­rrando cada vez más es que los llamen campesinos porque esa ha sido una de las políticas implementadas para hacerlos desaparecer como esa etnia, como esa cultura, como esa raza, como ese pueblo con características propias, asimilándolos a otros que viven del campo. Esto como explicación al uso de los vocablos indio e indígena, de preferencia en este trabajo.

(2) La autora de este trabajo no es teóloga, es una simple compañera del pueblo y del pueblo indio en su trajinar con Dios en la Historia de Liberación, por eso debe haber muchos vacíos en el presente trabajo. Además, por la cercanía vivida con el Obispo de los Indios se ha atrevido a recoger estas inquietudes que marcan el camino de varias comunidades indias en el país. Faltaría mucho recoger aspectos históricos pero, eso será motivo de otro trabajo realizado por quienes más entienden. Pretende simplemente que esta Luz dejada por Mons. Proaño en el corazón de los indios ilumine a muchos más en esta hermosa tarea que nos ha encomen­dado Jesús al llamarnos a su seguimiento y a su servicio.

Nelly Arrobo Rodas, Apartado 207 , Ibarra, Ecuador.

 

 
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