El rol de la Iglesia en las respuestas a emergencias

Nuestros pensamientos siguen tomados por las catástrofes naturales.
Cuál es el papel de las iglesias en esos momentos? Por supuesto que la oración y la solidaridad son la principal actitud que siempre debemos practicar. Pero, en situaciones de catástrofes siempre hay dos momentos muy importantes. El primer momento es de ayuda inmediata, de movilización urgente por rescatar vidas, de enviar recursos, alimentos, primeros auxilios. Por lo general es el momento de la ayuda internacional que se hace visible sea por ayuda de gobiernos u organismos no gubernamentales. Pero, luego llega el momento en que todos esos recursos se van. Comienza entonces el segundo momento..
Ese segundo momento, es el momento de la reconstrucción. Y reconstrucción no significa solamente levantar paredes. Significa también reconstruir vidas, reconstruir esperanza. Es el tiempo de preguntarse: ¿Qué queremos reconstruir? ¿Qué tipo de sociedad queremos de aquí por delante? Toda reconstrucción es también la oportunidad de rectificar, de hacer cambios. Por lo general, las catástrofes producen muchos cuestionamientos hacia el poder de Dios, que necesitan ser expresados y trabajados. Así, ese es el momento de las iglesias en que se exige acompañar las personas en sus dificultades y volver a reconstruir sus vidas, sus esperanzas y su fe.
Jesús nos orienta por medio del evangelio de Marcos, capitulo 6, versos del 34 al 44. Mucha gente acudía a escuchar a Jesús. Venían de lejos y muchos por su situación de pobreza extrema no traían nada que comer. Los discípulos están preocupados y por eso recomiendan a Jesús que despida la gente para que puedan comprar algo de comer. Jesús les contesta diciéndoles que les den ellos mismos de comer. Los discípulos dicen que ni mismo el salario de 200 días de trabajo seria suficiente para comprar pan y alimentar toda esta gente. Jesús utiliza el verbo dar, mientras que los discípulos insisten en el verbo comprar. Para los discípulos la solución de los problemas de la gente está en el mercado. Jesús pregunta acerca de los recursos que disponen: “¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a verlo.” Pronto Andres regresa con el informe “por ahí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces. ¿Pero que eso no es nada para tanta gente?” La suma de los pescados y panes es siete, que en términos bíblicos significa infinito. O sea, la constatación de los discípulos parece ser: “Por ahí hay unos cuantos panes y pescados,. ¿Pero qué es eso para tanta gente?” Frente a esta constatación, Jesús no hace ninguna magia, sino realiza un milagro. Magia seria si Jesús hubiera puesto un pañuelo sobre los 5 panes y 2 pescados, pronunciado algunas palabras mágica – tipo a-ba-ca-da-bra – , luego sacando el pañuelo y de pronto aparecen miles de panes y pescados. Jesús no hizo magia, sino que realizó un milagro.
El primer paso para el milagro es organizar a la gente en pequeños grupos. Luego Jesús da gracias a Dios por los dones de la vida, por los panes y por los peces, aunque no sean muchos, pero los reconoce como dádivas de Dios. Y luego Jesús realiza el milagro en el corazón de las personas que pasan a compartir los pocos recursos que disponen.
El desafío eclesial y ecuménico frente a las dificultades está en posibilitar que el mensaje del Evangelio logre hacer milagros, transformando los corazones de las personas , para que puedan levantarse de sus dificultades y que se dispongan a compartir. Ese es el milagro que necesitamos. Amén.
P.Nilton Giese
Secretario General del CLAI