VI Asamblea General del CLAI
Lema: Afirmando un ecumenismo de gestos concretos

Tema bíblico:

Para que todos sean uno… para que el mundo crea que tú me enviaste. (Juan 17.21)
La Habana/Cuba, del  21-24 de Febrero del 2013

La Asamblea General del CLAI
La Asamblea General es el máximo cuerpo de gobierno del CLAI. La Asamblea tiene, entre sus funciones: promover el diálogo entre los miembros del CLAI para compartir experiencias y esperanzas con relación a la misión y el testimonio cristianos en el continente, asegurar la plena participación de las comunidades cristianas representadas en el diálogo y en los programas del CLAI, establecer las directrices para el plan general de trabajo y actividades del CLAI, al igual que las finanzas de la organización.  Es también responsabilidad de la Asamblea elegir a los miembros de la Junta Directiva y aprobar nuevos miembros.

El tema de la VI Asamblea
El CLAI surge en 1978 por la necesidad de responder eclesiológicamente a un contexto marcado por la miseria y la opresión de clases, razas y culturas enteras en América Latina y el Caribe. Dentro de ese contexto es misión del CLAI promover la unidad, la solidaridad y cooperación entre los cristianos latinoamericanos dando testimonio de su fe en el ámbito que radican, que en unidad procuran cumplir con su  misión vocación y misión para la gloria del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
En todo el Continente escuchamos  el clamor de las personas que  viven en situación de exclusión. La cuestión de la miseria de los pueblos, es para las iglesias del CLAI un problema  urgente, que tiene su causa  en el «pecado socialmente estructurado».  Por eso, la opción evangélica por los excluidos y excluidas, es para el movimiento ecuménico una «cuestión de principio», no una cuestión meramente estratégica. La memoria de Jesús en el movimiento ecuménico y en la comunidad de fe ha de andar siempre junto con la memoria de los excluidos y excluidas, como recomiendan los Apóstoles a Pablo (cf Gál 2, 10). El olvido del excluido y excluida es un peligro para la Iglesia y también para el ecumenismo.
Las mesas nacionales del CLAI evidenciaron una serie de temáticas de la realidad cotidiana en América latina y el Caribe. Son preocupaciones muy concretas de las iglesias acerca de la  migración, cambio climático, catástrofes naturales, climáticas y políticas, racismo, discriminación, derechos sexuales y reproductivos, diaconía y desarrollo, teología de la prosperidad, nuevas formas de poder en las iglesias neopentecostales. Todos esos temas reflejan preocupaciones muy practicas que viven las iglesias en su contexto congregacional y nacional. El simple análisis de esos problemas genera en muchos un sentimiento de impotencia, pues hay mucho por hacer mientras que los trabajadores y los recursos son pocos. Por eso, las iglesias buscan propuestas que puedan generar impacto delante de las dificultades y limitaciones de su acción diaconal.
Los desafíos prácticos tienen naturaleza esencialmente “ecuménica”. La violencia, la destrucción ambiental, el desempleo y otros problemas semejantes no se limitan por orientaciones confesionales o religiosos. Para el movimiento ecuménico en América Latina y el Caribe la “opción preferencial por los pobres” ha sido un prominente catalizador ecuménico, generando nuevas formas de comunión en la búsqueda de una sociedad alternativa, justa, igualitaria, gobernada por los valores del reino de Dios. Por eso, cuando falamos de ecumenismo en América Latina y el Caribe, nos interesamos no tanto en la unidad de las instituciones eclesiásticas, sino en la unidad de la humanidad, hermanada por la paz y por la justicia. Ese espíritu vivía, y aún vive, en la dinámica de las comunidades eclesiales de base, superando antiguas fronteras  denominacionales mediante el compromiso común en el proyecto de un mundo que corresponda mejor a los propósitos divinos y ofrezca   condiciones de sostenibilidad. Los movimientos ecológicos, anti racistas, feministas y pacifistas fueron descubiertos, por ese ecumenismo, como aliados en la lucha por la noble causa.

Cuando se trata de práctica, el ecumenismo exige el compromiso. La base del ecumenismo ya no es el consenso sobre una doctrina, sino el pacto. En América Latina se habla en “opción”, siendo que los pactos hechos sobre esa base reúnen otro público diferente al de los consensos sobre la doctrina. Son, en primer lugar, los mismos alcanzados por la injusticia, la guerra o la destrucción del medio ambiente quienes se empeñarán en la lucha. Y serán, en segundo lugar, todos y todas quienes se solidaricen con ellos, sean católicos, protestantes, cristianos o no cristianos.

Toda ética tiene bases “dogmáticas”. Ella necesita de una “teoría”, es decir de una “visión”, que le provea de parámetros. La doctrina y la praxis deben ser distinguidas, pero no pueden ser separadas. Por eso, proponemos un ecumenismo de “gestos” concretos.  Tanto la fe como la praxis necesitan del esfuerzo por la comunión. Se condicionan mutuamente. Sin el estímulo de la praxis, el ecumenismo creará moho en las oficinas de los profesionales. Sin la base teológica, retrocederá y resultará en un activismo estéril.

CLAI, por un ecumenismo de gestos concretos. Lo que proponemos es un ecumenismo con disposición para el dialogo, la reflexión y la invitación para la práctica del amor y de la solidaridad, porque para la defensa de la causa de Dios en este mundo, la acción social es tan imprescindible para el movimiento ecuménico como lo es el amor para la fe.